domingo, 23 de abril de 2023

Visita guiada gratuita sobre la luz y el color en las Vidrieras de la Catedral de Cuenca

 Visita guiada gratuita sobre la luz y el color en las Vidrieras de la Catedral de Cuenca.

La luz a través de las vidrieras produce sensaciones distintas según la estación del año.

Con esta visita terminamos el ciclo de visitas por este año. Como en anteriores visitas se precisa, para su participación, mandar un correo: chemarogo@gmail.com para que sea incluido en el grupo, éste no será superior a 24 personas. Sábado 6 de mayo, a las 11:00h.

 

Vitreos. Catedral de Cuenca.

El sábado, día 6 de mayo a las 11.00 horas de la mañana, el investigador José María Rodríguez González realizará una visita guiada sobre los vítreos de la Catedral de Cuenca. TERMINANDO EL CICLO DE VISITAS POR ESTE CURSO. El arte abstracto hecho luz.

La luz se convierte en color y el color en emociones. Esto es lo que ocurre en el interior de la Catedral de Cuenca. ¿Quiénes fueron los autores de los vítreos? ¿Qué reglas siguieron para su realización?

Las vidrieras artísticas que exhiben sus formas y colores son verdaderas obras de arte. En la pintura de los artistas sólo se da el color, pero en las vidrieras tuvieron que tener en cuenta la luz, no solo a la hora de realizarlas sino también en el lugar donde iban a ser situadas porque según se reflejara en ellas la luz, los colores tendrían una intensidad y formas diferentes.

El 24 de abril de 1995 se inauguraban las nuevas vidrieras de la Catedral. En la visita se hablará de sus autores, Gustavo Torner, Bonifacio Alonso, Gerardo Rueda y Henri Dechanet. Un recorrido por su obra, por su manera de realizarla y de lo expresado en ellas.

Cuenca, 25 de abril de 2023

José María Rodríguez González Profesor e investigador histórico.

sábado, 8 de abril de 2023

No está aquí. Domingo de Resurrección.

Domingo de Resurrección.
No había nacido el sol cuando las mujeres se encaminaron al huerto. Esa mañana sobre las colinas de oriente una niebla blanca, ligera como el reflejo de una tierra vestida de lirios y de plata, se levantaba lentamente entre el palpitar de las constelaciones, venciendo poco a poco, la claridad opaca y el centelleo de la noche.
Imagen de Jesús Resucitado

    Eran cuatro, porque a María de Magdala y a María de Betania se habían unido Juana de Cusa y Salomé, pero eran mujeres y debilitadas por la pena.
    Más cuando llegaron a la roca, el estupor las detuvo. La obscura entrada de la gruta se abría en la obscuridad. No creyendo a sus ojos, la más atrevida tanteó con mano temblorosa los umbrales. A la luz del día que, a cada instante se intensificaba, advirtieron que la piedra estaba allí a un lado, apoyada en los peñascos.
Las tres Marías
    Las mujeres, mudas por el espanto, miraron en el entorno como si esperaran que viniera alguien para preguntarles lo sucedido en esas dos noches en que habían estado ausentes. María de Magdala pensó inmediatamente que los judíos hubieran hecho robar, en ese intervalo de tiempo, el cuerpo de Cristo, no satisfechos con lo que le habían hecho sufrir estando vivo.
    Pero no era sino un presentimiento. Tal vez Cristo descansaba todavía dentro, envuelto en sus vendas olorosas. No se atrevieron a entrar; y sin embargo, no podían pensar regresar sin saber algo de lo que había sucedido en el lugar. Al despuntar el sol por la cresta de los collados, iluminó la entrada de la gruta y eso hizo que cobraran atrevimientos para entrar.
    En el primer momento no vieron nada, pero se sintieron agitadas por un nuevo terror. A la derecha, sentado, un joven vestido de blanco –su vestido en aquella obscuridad, era blanco y resplandeciente como la nieve – parecía esperarlas.
    El hombre de blanco les dijo: No os asustéis. Aquel a quien buscáis no está aquí ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? ¿No os recordáis de lo que os habló en Galilea de que sería entregado a los pecadores y que al tercer día resucitará?
    Las mujeres escuchaban asombradas y medrosas sin poder contestar y el joven le dijo: Id donde sus hermanos y decidles que Jesús ha resucitado y que pronto lo volverán a ver.
    Las cuatro mujeres temblando de miedo y de alegría, salieron de la gruta para ir corriendo donde habían sido mandadas. Así lo hicieron, menos María de Magdala que se detuvo, no sabía porque había disminuido el paso, tal vez por haber oído algo detrás de ella. Repentinamente se vuelve y ve a su lado, contra los arbustos y el sol a un hombre. No lo reconoció ni cuando le habló: -Mujer ¿Por qué lloras? ¿A quién buscas?, ella creyó que sería un trabajador de José que había ido al lugar hacer algún mandado. Ella respondió: -Lloro porque se han llevado al Señor e ignoro donde lo han puesto. Si tú te lo has llevado de aquí dime en donde  lo has puesto y yo lo llevaré de nuevo a su lugar.
Ntra. Sra. del Amparo. Cuenca
    El desconocido, enternecido por aquella pasión demostrada, no contesto más que una palabra, un solo nombre, el de ella, pero con la voz conmovedora e inolvidable con que tantas veces la había llamado “María”. Entonces ella lo reconoció: ¡Rabboni! ¡Maestro! Y se arrojó a sus pues, en la yerba mojada por el rocío y le apretó con sus manos aquellos pies desnudos que mostraban todavía la doble rojura de los clavos.
    Jesús le dijo: Ve a mis hermanos y diles “subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios” y diles también “que voy delante de ellos a Galilea”, e inmediatamente se apartó de la arrodillada y se alejó por entre las plantas, nimbado (resplandeciendo) de sol.

    María lo contempló como desaparecía y luego corriendo fue a casa de Jonás, donde se escondían los discípulos y volvió a narrar lo que les había sucedido coincidiendo con la versión de las otras tres. De inmediato pensaron que eras alucinaciones, delirios de mujeres. ¿Cómo puede haber resucitado después de sólo dos días? Nos dijo, es cierto, que volvería más no inmediatamente. ¡Se han de ver cosas terribles antes de aquel día! Creían en la resurrección del Maestro, pero no antes del día en que todos los muertos han de resucitar, en la venida de Él en la gloria, al principio del Reino.

    Al afirmar María que había hablado con el Maestro, Simón y Juan salieron fuera de la casa precipitadamente y echaron a correr hacia el huero de José. Juan, que era más joven, se adelantó al otro y llegó primero al sepulcro. Introdujo la cabeza y vio en tierra las vendas, más no entró. Simón, jadeante se precipitó dentro de la gruta. Las vendas estaban esparcidas por el suelo; pero el sudario que había cubierto la cabeza del cadáver estaba a un lado, plegado y envuelto. Entró también Juan y vio y creyó.

Feliz Domingo de Resurrección.
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Narrado de la HISTORIA DE CRISTO de Juan Papini, traducida del italiano al español por Monseñor Agustín Piaggio. 1923. Ed.Lux

Publicado en Cuenca, 21 de abril de 2019. Actualizado el 9 de abril de 2023.
Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico

jueves, 6 de abril de 2023

Tambores y clarines en la noche de Viernes Santo

Noche de inquietud y espera.

A la caída de la tarde del Jueves Santo, la difusa luz del sol poniente ilumina la hoz conquense, hasta convertirla poco a poco en silenciosa y oscura antesala de la muerte. Allá lejos, por lo alto del Huécar aparecen densos y majestuosos nubarrones que se van propagando por el cielo infinito. El aire, se torna fresco en la noche. Una soledad aterradora se cierne en torno mío; ni una sola alma cruzaba en aquellos instantes el puente de la agonía, sin embargo, mi corazón, en aquellos momentos violentamente agitado por una fuerza sobrenatural, no se enteraba de lo que sucedía. La cerrazón tormentosa había cubierto el claro cielo del plenilunio lunar, cuando un clarín rompe la calma, seguido de un ronco tambor que rasga, el silencio profundo de una Cuenca de pasión nazarena.

Mientras tanto caminaba guiado por los vuelos de mi enloquecida imaginación, con el pensamiento puesto en una sola idea, la de poder ver sólo su rostro divino me hizo acelerar el paso. Por fin, extenuado llegué a lo alto y allí, destrozado y falto de fuerzas quedé sumido en un sopor tal que si alguien hubiera pasado hubiera pensado que estaba muerto, más no era así, mi corazón latía y seguía abstraído en la misma idea, del mismo pensamiento y de la misma esperanza.

El toque de tambores y clarines me hizo volver en sí. Por un instante lo vi; pasó su imagen como la de un fantasma, con los brazos abiertos como un alma en pena, se alejaba hacia la multitud que enloquecida se burlaba y reía del Señor que bajo el peso del madero sufría el escarnio de un pueblo que desconocía el milagro de la Cruz, su espíritu se torno en imagen, la talla del Jesús Nazareno.

Inicia su paso lento y jovial por las empinadas calles que llevan al Gólgota conquense, le sigue San Juan y la imagen divina del hada del Amor, María, cuando los  relámpagos rasgan el firmamento e iluminan el camino, dejando un sendero de lluvia fresca.

Las primeras luces del alba rompen las tinieblas cuando veo tu efigie de bella misteriosa, queriendo acercarme, pero es vana mi locura, la muchedumbre me lo impide. Trascurre el ascenso al monte del perdón, se aleja de mi la comitiva.

Quedo atrás, esperando una respuesta al absurdo martirio que no alcanza a comprender mente humana alguna.

El día avanza en sus horas tempranas, el sol emerge por el horizonte llegando a mi ventana un rayo de luz que penetrando en la estancia roza mi mejilla como si fueran los labios de la Madre que besa a su hijo dándole los buenos días. Al despertar me pregunto ¿Es cierto o lo he soñado?    



Semana Santa de 2015. Actualizado. Cuenca 7 de abril de 2023

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico





 

 
 

miércoles, 5 de abril de 2023

Luz de luces en la Semana Santa Conquense

En la noche toda duerme, Cuenca reposa. Eres Luz y promesa. 

    Bajo el puente ha nacido una luz. Luz que se viste de misterio en los albores de la noche de la Semana Grande de Cuenca; noche de sombras y temores, de pasiones y flaquezas. Una luz maravillosa que arde sobre el agua en su marcha incesante, vertiendo resplandores en las aguas del río que la cuna y la lleva a lo largo de su curso. Luz que se mira y se difunde con los juncos del río en el murmullo incesante de su paso. Una Luz poderosa que mira desde el Cielo a los hijos de Cuenca.
Aguas del Júcar, que abren su verde espejo de esmeralda reflejando en ellas las promesas piadosas de sus gentes que buscan la limpieza de espíritu y el bienestar para los suyos en tus morenas mejillas que alegran la vida de tus devotos hijos.

    Al caer la tarde tu luz se manifiesta. En la noche toda duerme, Cuenca reposa. Eres Luz y promesa, velarás por tus hijos a los pies de la Cruz, noche de cirio y Pasión Nazarena.
Virgen de la Luz sobre el río Júcar

    Sopla el viento, soplo divino que despierta las almas pecadoras. Los cielos se nublan en la noche de las Noches. Llueve en la ciudad, gotas saltarinas que fecundan los campos humanos germinando los granos y fructificándolos. Luz de la Madre en las sombras, hecha rayo de Sol, convierte la mies en ese Pan Bendito, manjar de Fe y de Vida. Será el rayo de Luna que ilumina en la noche recortando las tinieblas del mal. Estrella salvadora que nos marca el puerto milagroso.

    Encendida visión del caminar de la procesión de Jueves Santo que partiendo de su lado se encamina al Gólgota conquense. Encendida visión que desde el Cielo nos guía cariñosamente por senderos de amor en la corriente indecisa de la vida por caminos de luz en las tinieblas de la incertidumbre.

    Como testigos hemos seguido la ruta, vacilante, sin perdernos en la noche. Tu claridad eterna se envolvía en los instantes amargos de la vida. Madre de la Luz has teñido los cielos del color de tu manto, de tu blancura infinita das la vida. El sol de nuestra Cuenca quemó tu Faz Divina, Faz serrana y morena. Tu candil encendido bajó desde la Sierra por las aguas del Júcar, meciéndose en la noche, noche de Pasión Divina.

    En la mañana tu Luz se confunde con el Sol. Cuenca entera despierta, te aclama como Reina y quiere compartir tu corona, corona de amor y dolor, gemas hechas de besos y lágrimas.

Las horas son testigo de la Pasión, ya desciende de la Plaza, Calvario conquense que se desvanece cuando el ruido de los banzos se aproximan a tu morada, vuelven tus hijos  y tú de nuevo abres del Júcar su espejo de ese verde esperanza que hace enmudecer la noche, noche de eterna plegaria. 

Cuenca, 31 de marzo de 2021.
José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

Jueves Santo en el recuerdo. Cuenca


Una Semana Santa diferente pero se lleva en el corazón.
Cuenca, 1 de abril de 2021.
José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.