viernes, 6 de septiembre de 2013

Alfonsípolis. Principios de la Cuenca cristiana. Alfonso VIII


Principios de la Cuenca Cristiana. Alfonso VIII y Alfonsípolis

Catedral de Cuenca
No pensemos que Alfonso VIII, con relación a la conquista de Cuenca, hizo célebre la frase del cónsul romano Julio César, al dirigirse al Senado romano describiendo su victoria sobre Farnaces II de Ponto en la batalla de Zela: “vini, vidi, vici” y que se traduce por "Vine, vi, y vencí".
En el año 1176, el rey Alfonso VIII se dirigió hacia Cuenca, llegando a sus puertas a finales de diciembre de ese mismo año. El sitio donde acampó fue en la confluencia de los ríos Júcar y Huécar, se conocía el lugar como la Albufera, lo que hoy conocemos como el Sargal, la UNED y el barrio de San Antón.

Por las características orográficas del terreno, Cuenca era una ciudad difícil de tomar sin gran derramamiento de sangre, es por ello que el rey determina cercarla para que fuera el hambre el que les obligara a rendirse. El sitio se completó el 6 de enero de 1177.
Escudos en las paredes Catedralicias
Toda contienda precisa de una gran inversión de capital. El asedio se alargaba, ello llevo a la falta de fondos para continuar, obligando a Alfonso VIII a partir para Burgos con la intención de solicitar nuevos impuestos en las Cortes que permitiera seguir pagando la campaña de Cuenca, dejando al cargo del asedio a su tío Alfonso II de Aragón y de Don Pedro Ruiz de Azagra, señor de Albarracín.

Acompañaban a Alfonso VIII en esta conquista los obispos de Burgos, Sigüenza, Ávila, Palencia y los representantes de los grandes linajes de Castilla, además los caballeros de la Orden del Temple.
Disuelta las cortes de Burgos, en el mes de septiembre, el rey Alfonso VIII regresa a Cuenca, en esos momentos la ciudad está muy asfixiada por el cerco de nueve meses. Por fin el día 21 de septiembre de 1177 se rinde la ciudad, coincidiendo con la festividad de San Mateo.   

Era costumbre de Alfonso VIII llevar consigo una imagen de la Virgen, además del estandarte Real. Con ellos entró triunfante en la ciudad conquistada. El estandarte se exhibe el día de San Mateo, desplazándose desde la Catedral al Ayuntamiento, regresando de nuevo, al final de las fiestas. La imagen de la Virgen quedó depositada en la Catedral. Es una talla románica. En el año 1655, fue partida en dos para vestirla y poder colocarla en la hornacina central del retablo de la capilla del Sagrario, donde hoy es venerada.     
Virgen del Sagrario o de las Batallas
Otra de las curiosidades de esos primeros años fue la elaboración del escudo de la ciudad. Compuesto por una estrella y un cáliz. Según la versión oficial, la estrella representa el astro que guió a los Reyes Magos, coincidiendo con el primer día de asedio a la ciudad. El 21 de septiembre, se rinde la ciudad, festividad de San Mateo al que dicen representar bajo el símbolo del cáliz.

Lo chocante es que a San Mateo, se le representa simbólicamente, con un libro o un rollo de pergamino. Si examinamos su biografía, observamos que fue recaudador de impuestos, ello dio pie a ser simbolizado también, con una bolsa de dinero o un tablero de contar, pero nunca con un cáliz.

Si profundizamos en los orígenes del rey Alfonso VIII, tal vez, encontremos otra explicación más razonable.

Contando con la idea de que el rey Alfonso VIII tenía pensado hacer de Cuenca su residencia y el establecer su Corte, tomando el nombre de “Alfonsípolis  es normal pensar que quisiera dejar constancia simbólica, en el escudo de la ciudad, de la estirpe a la que él y su esposa pertenecían.

Según el texto de Wolfram von Eschenbach (*) tanto Alfonso VIII como su esposa pertenecían a la estirpe Real, descendientes directos del rey David. Teniendo en cuenta esto, el Grial y la estrella encima del cáliz, habría que buscar su significado en el libro del Apocalipsis según San Juan, en él encontramos que el planeta Venus, es el lucero de la mañana que distingue a los descendientes del rey David y no en la fecha del asedio. Así dice el libro de las Revelaciones: “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias.  Yo soy la raíz y el linaje de David,  la estrella resplandeciente de la mañana” (Ap. 22,16).
Escudo de la Ciudad de Cuenca


Las páginas finales del poema épico de Eschenbach (**)son una copia de lo sucedido en la vida de Alfonso VIII y Leonor de Plantagenet con nombres cambiado. Me explico: en ellas una vez concluida la aventura de la búsqueda del Grial, el autor nos cuenta lo que ocurre con sus principales protagonistas. Parsifal se casa con la reina Condwiramurs y se convierte en el rey del Grial y tienen un hijo, Lohengrin, llamado el "Caballero del Cisne". Se trata de un personaje al que los romances medievales convertirán en héroe mítico de la cultura sajona. Como vemos, Lohengrin es descendiente del rey David, al igual que el rey Alfonso VIII y también es un Anjou, como la reina Leonor. Pues bien, una narración del siglo XV, para señalar el origen de este "Caballero del Cisne", dice que ha venido "del monte en el que Venus está dentro del Grial". De manera que aquí tenemos la referencia directa a este símbolo contenido en el escudo de Cuenca: la estrella Venus, el lucero del alba, suspendida sobre el Grial, señalando a otro ilustre miembro de la estirpe sagrada.

Visto esto no resulta extraño que Alfonso VIII, casado con Leonor de Plantagenet que llevaba sangre de Anjou,  escogiera la estrella en representación del Rey y el cuenco o cáliz en representación de la Reina.
José María Rodríguez González
(*) Wolfram von Eschenbach. Poeta épico alemán, considerado el poeta épico más importante de la Alemania medieval. Nació en Eschenbach, cerca de Ansbach (Franconia). Se sabe que fue un caballero y, durante algún tiempo, un Minnesinger en la corte de Turingia. La fama de Wolfram von Eschenbach se debe sobre todo a su Parzival, un poema épico sobre el Santo Grial, de aproximadamente 25.000 versos, y que fue terminado hacia el año 1210.
(**) La revista Enigmas, en el número 124 (marzo, 2006), ha publicado un artículo dedicado al Santo Grial: “El Grial de Cuenca”, firmado por Javier Navarre, en el que se plantea la relación de Alfonso VIII conquistador de Cuenca y los reyes castellanos y aragoneses con los condes de Ajou y los duques de Aquitania y su relación con el Grial.

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