miércoles, 19 de abril de 2017

Un libro puede cambiar tu vida. Día internacional del libro

Libros, caminos y días dan al hombre sabiduría”.


Recuerdo algunos libros con cierto cariño que de alguna manera influyeron en mí, haciéndome despertar el interés por la lectura en mis años jóvenes, el primero fue “La Madre”, de Pearl S. Buck, su contenido constituye un puente entre nuestro mundo y el país asiático en un marco histórico de la década de 1930, y el otro fue el de los “Tres  mosqueteros”, de Alexandre Dumas, libro ambientado en el reinado de Luis XIII de Francia, como todos sabéis narra las aventuras del joven Dartañán en su intento en convertirse en mosquetero del rey, libro que leí de un tirón.

Es alarmante cuando oyes y lees en los medios de comunicación que el 39% de los españoles no leyeron nunca un libro, cifras del año 2015. El Día Internacional del Libro nos conciencia en esta asignatura pendiente que tenemos. Desde el año 1995, promovido por la UNESCO, se viene celebrando el día de la lectura. El 23 de abril de 1996 se inició en varios países y en 2008 la alcanzó la celebración a la mayoría de los países del mundo.

Como investigador no puedo pasar por alto explicar la elección del 23 de abril como el “Día Internacional del Libro”. El rey Alfonso XIII firmó el 6 de febrero de 1926 un Real Decreto por el que se creaba oficialmente la Feria del Libro Español coincidiendo con el nacimiento de Cervantes, pensándose que había nacido el 7 octubre, por lo que se estableció ese día como el más idóneo para dicha celebración.
Como siempre hay alguien que se le ocurre la idea, y este fue el escritor valenciano Vicente Clavel Andrés, quien propuso a la Cámara Oficial del Libro de Barcelona, esta fecha del nacimiento de Cervantes, aprobándose su celebración en marzo de 1925, coincidiendo el primer año con la Exposición del Libro Español de Buenos Aires.

En el año 1930, se instauro la fecha el 23 de abril, enraizando rápidamente por todo el territorio nacional, pero en la zona de Cataluña fue diluyéndose poco a poco al coincidir la festividad con la “Diada de Sant Jordi” (Día de San Jorge), haciéndose tradicionalmente en Cataluña, el intercambio de regalos de una rosa y un libro entre las parejas y personas queridas.

En el año de 1995 la Conferencia General de la UNESCO decide aprobar su celebración el 23 de abril para rendir un homenaje universal a los autores y a los libros al pensar que en esa fecha exacta se daba la coincidencia del fallecimiento de tres grandes personajes de la literatura: Cervantes, Shakespeare  y Garcilaso de la Vega.

El tomar el 23 de abril como fecha exacta del fallecimiento de los tres personajes es un error que se ha venido cometiendo desde el día de su instauración. Si tomamos a Miguel de Cervantes Saavedra, como primer nombrado, no murió un 23 de abril, sino el día 22 de abril. Figuró la fecha del 23 durante muchos años debido a que por aquella época de 1616 era costumbre consignar como fecha de fallecimiento la del entierro, figurando así en el “libro de difuntos”, del archivo parroquial de la Iglesia de San Sebastián de la calle Atocha de Madrid, en el libro 4º folio 270.

Con relación a William Shakespeare, el error parte del calendario juliano. En 1616 regía este calendario en Inglaterra; si tuviéramos que cuadrarlo en nuestro calendario actual, que es el calendario gregoriano, nos encontramos con que Shakespeare habría fallecido once días más tarde, por lo que estaríamos hablando del 3 de mayo.

Si hablamos de Garcilaso de la Vega, son muchos los historiadores, investigadores y expertos que no se ponen de acuerdo con la fecha exacta de su fallecimiento que se toma como el 23 de abril de 1616. Hay inscripciones en la que aparece el 22 de abril y en otras el 23 e incluso el 24 por lo que es difícil el constatar cual de los tres días fue el del fallecimiento, posiblemente pueda ocurrir lo que nos pasa con la muerte de Cervantes que fallece un día y es enterrado en otro.

Esto se puede tomar como anecdótico, lo importante es el tener un día de celebración donde se recuerde la necesidad de leer. En muchísimas ocasiones hemos sido y seguiremos siendo testigos de que un libro ha hecho la fortuna de un hombre o que ha cambiado su vida. Un libro es un amigo que te espera pacientemente, que te descubre mundos sin necesidad de moverte de casa, que te abre puertas al conocimiento infinito.

Terminaré con un proverbio árabe que decía: “Libros, caminos y días dan al hombre sabiduría”.
Feliz día del libro.

Cuenca, 23 de abril de 2017


José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico

domingo, 16 de abril de 2017

Mi agradecimiento a Miguel Romero, Miguel Ángel Albares y Raquel Carrascosa

El periódico de la Tribuna del fin de semana de 8 y 9 de abril de 2017 en la crónica semanal que hace Miguel Romero, me fue grato el leer su comentario sobre la conferencia que impartí en la Sala Capitular de la Catedral, el día 3 a las 18:30 horas con motivo de los Lunes  Culturales de la Catedral.
Siempre es bueno contar con gente que apoya tu trabajo como Miguel Ángel Albares y Miguel Romero. A ambos mi más sincero agradecimiento y por su apoyo incondicional a mis investigaciones.

También me gustaría expresar mi agradecimiento al Aula Poética de Cuenca, en la persona de Raquel Carrascosa, por cederme su espacio para impartir la primera de las dos conferencias sobre los ángeles del falso triforio, bajo el título: "Dos reinas para una catedral". La tarde del 16 de marzo en al Biblioteca "Fermín Caballero".
Ampliando mi agradecimiento a todos los miembros del Aula Poética por su humanidad y apoyo, en especial a Lira por su detalle del cuaderno con la portada de la Luna. Felicidades Lira por la magnifica exposición de tus obras en Aguirre, fue un placer contemplar la belleza de la naturaleza vista a través de tus ojos.




Cuenca, 16 de abril de 2017
José María Rodríguez González

sábado, 15 de abril de 2017

La quema del judas en el Domingo de Resurrección

"Creemos en Aquel que resucitó de entre los muertos"

No hay otro día más importante para el cristiano que el día que se celebra la resurrección de Cristo. Su resurrección nos descubre nuestra vocación misionera de acercar nuestras creencias a todos los hombres. El cristiano no puede perder jamás la esperanza de la victoria del bien sobre el mal.

Hoy Domingo de Resurrección es el día de la esperanza universal, el día en que en torno al Resucitado se unen y se asocian todos los sufrimientos humanos.
Procesión de Jesús Resucitado por
la Calle de Calderón de la Barca
Cuenca

Hace años en Cuenca era tradición colgar en los balcones y mantear al pelele que representaba al traidor, Judas Iscariote, en el Domingo de Resurrección.

A la largo de la procesión se disponían distintos peleles o judas, colgando de los balcones, en especial por las calles por donde discurría las procesiones del encuentro.

Se cantaban coplillas en desagravio por la traición cometida, así como esta:
Soy Judas, el falso apóstol;
soy Judas, el Gran Traidor;
¡el que como yo se aparte,
ha de verse como yo!

La procesión del Encuentro discurría por las calles, una con la gran Señora, llena de virtudes y de gracias, con manto raso azul, sembrado de estrellas, con banda de encajes y ricas alhajas, con el rostro tapado. Por la calle transversal discurría el Hijo al encuentro con su Madre. Al juntarse se le quitaba el velo que el rostro le cubría y cientos de cohetes surcaban el cielo celebrando el encuentro del Hijo con su Madre. Ambas procesiones se disponían unidas a la iglesia de comienzo.

Los judas eran descolgaban y en grupos de mozos y mozas los manteaban gritando: ¡Arriba con él…! ¡Arriba con él…! ¡Arriba con él…! A cada grito, el Judas era empujado con brío hacia lo alto. Y Seguían cantando:
Este judas, pelele
Que sube y baja,
Pagará todas juntas;
Aquí en la plaza;
Aquí en la plaza,
Este judas, pelele
Que sube y baja

Lo manteaban hasta que quedaba hecho jirones, destrozado. Los despojos eras recogidos y llevados a la era de la “Camacha” o a las cuevas de “La Peñita” donde se hacía una hoguera con ellos. Así terminó el día donde el traidor ardía por su pecado de traición y cobardía.

Virgen del Amparo

La talla de Nuestro Señor Jesucristo Resucitado es obra de Leonardo Martínez Bueno de 1952 y las andas que lo portan es diseño del mismo autor pero realizadas por los hermanos Pérez del Moral, Nemesio y Modesto. Con relación a la talla de María Santísima del Amparo, no se conoce el nombre del autor al haber sido esculpida en los talleres de Royo-Barrasa, en el año 1952. Las andas fueron diseñadas y realizadas por los hermanos Nemesio y Modesto Pérez del Moral. Desde 1973 recorre nuestras calles el Domingo de Resurrección todos los años.

Después de sumergirme por la hemeroteca de la década he encontrado un artículo donde se hace referencia a la fiesta del Pelele de Judas pero nada sobre la antigüedad de la procesión del Encuentro, que nos pudiera dar una idea de su existencia antes de la Guerra Civil, tan solo el artículo haciendo referencia al manteo y la queda de los judas en la procesión del Domino de Resurrección.

Quiero cerrar este artículo con las misma promesa que se hace en el Evangelio de San Juan referida a Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida: Quien cree en mí, aunque hubiera muerto, vivirá; y todo aquel que vive y cree en mí no morirá para siempre”. (Jn. 9, 25).

16 de abril de 2017


José María Rodríguez González. Profesor e investigar histórico.

El fuego Sagrado del cirio Pascual

El fuego nuevo, símbolo de la resurrección, era recibido con veneración por nuestros antepasados. 


Poco a poco la Semana Grande de Cuenca, su Semana Santa va trascurriendo. Las procesiones han recorrido nuestras calles, representando la Pasión de Cristo, en el particular Gólgota de la ciudad. Días para unos de divertimiento y expansión y para otros días de reflexión y arrepentimiento de sus faltas, omisiones y pecados que año tras año se ven redimidas por el Redentor del mundo.

Siempre he oído que después del calvario viene la gloria y que no hay gloria sin sufrimiento. El Sábado Santo después de la hora Nona, que viene a ser sobre las tres de la tarde, el obispo acompañado de su clero iba a al Templo. En el atrio, se encontraba el fuego que había sido encendido con una chispa de pedernal. En aquella época no se conocían las cerillas ni mecheros, pues estoy hablando del siglo IX. Cada día antes de Vísperas se encendía las lámparas y cirios con el fuego sacado de la propia naturaleza, porque nada profano había de mezclarse con la sublime majestad del oficio divino, bendiciéndose el fuego, antes de la ceremonia, con una oración.

Aquella costumbre fue cayendo en desuso durante el siglo X pero se conservó en la solemnidad del Sábado Santo, por su particular significado. El fuego nuevo al brotar repentino del pedernal recuerda a Jesús, verdadera Luz del mundo, que escondido bajo la losa del sepulcro, sale resplandeciente del mismo en su gloriosa resurrección.

El simbolismo en todas las religiones es muy importante y como estudioso del tema os hablaré de ello: En el interior del templo se apagaban todas las lámparas para reanimarlas luego al contacto del fuego bendecido. Recordando que a la muerte de Jesucristo una profunda obscuridad cubrió la faz de la tierra y sobre todo que el mundo moral que se hallaba envuelto en las más densas tinieblas; pero con la resurrección del Señor, en la Iglesia renace la fe, los Apóstoles proclaman la divinidad de Jesucristo, y todo hombre recibe el Don inefable de su Luz Divina.

El simbolismo prosigue con la ceremonia. El diácono, servidor del obispo, se reviste en su presencia de la dalmática blanca, anunciando el gozo, y mientras su prelado continúa con la capa morada de los días de penitencia. El diácono, que simbolizando el retorno del sepulcro, entra en la iglesia y anuncia por tres veces a los fieles congregados, con tono más y más elevado el Lumen Chisti: “Ved ahí la luz de Cristo”. Cada vez que entona prende con el fuego nuevo una de las candelas que lleva puestas en una caña, con lo cual parece decir: “Cristianos dad gracias a Dios, pues Cristo acaba de resucitar y os trae la luz con la cual podréis reconocer un solo Dios en tres Personas, como tres son las candelas que forman un solo cuerpo con la caña”.

Dicho fuego nuevo, símbolo de la resurrección, era recibido con veneración por nuestros antepasados y en algunas regiones antes de ir a la iglesia apagaban los hogares y al volver los reanimaban con el fuego nuevo llevado de la Iglesia.

En los escritos de Dom Gueranger (1*) dice que cada año en la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén si obraba un milagro. Ante el pueblo fiel congregado una de las lámparas que estaba suspendida sobre el sagrado monumento de la victoria de Cristo, se encendía por sí sola. Su llama servía para encender las demás lámparas, cirios de la iglesia y las velas que llevaban los fieles para renovar el fuego en sus casas.

Durante los siglos XI y XII fue el espíritu de recobrar los Santos lugares, como el Santo Sepulcro, lo que llevó al Papa Urbano II a predicar la primera Cruzada, aludiendo al citado milagro como una de las razones por las cuales los pueblos deberían venerar el Santo Sepulcro de Cristo.

El cirio Pascual que es una vela grande de peso y tamaño, representa la figura de Jesús vuelto a la vida. Para que tenga presente el sentido misterioso de aquella luz, el cirio se adorna, como el cuerpo glorioso de Cristo, con cinco cicatrices formadas por los cinco granos de incienso que el diácono clava en la cera en forma de cruz, cantándose el Exúltet, con el cual se anuncia la fiesta de Pascua.

Por muchos años sirvió el cirio pascual de calendario, pues en su misma cera o en tablillas de él suspendidas se escribía la fecha de las festividades móviles dependientes de la Pascua. Era el patriarca de Alejandría, ayudado de sus célebres astrónomos, quienes calculaban la fiesta de Pascua y enviaba al Papa el canon o lista de las fiestas del año. El Papa lo comunicaba a las Iglesias de Occidente y a los Obispos, a falta de impresos, las anunciaban a los fieles por medio del cirio Pascual.
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(1*) Dom Posper, fue abad del priorato benedictino de Solermes (Francia) y fundador de la Congregación de la Orden de San Benito Abad en Francia. Sus escritos permitieron redescubrir el sentido de la liturgia, la fuente del verdadero espíritu cristiano.


Cuenca, 15 de abril de 2017

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico

miércoles, 12 de abril de 2017

El Monumento y los altares del Jueves Santo


Los fieles que recorrían los siete Monumentos realizaban una breve meditación en cada uno de ellos

En estos días de Jueves Santo y Viernes Santo son muchos los recuerdos que fluyen a la mente, días plenos donde se palpa la implicación de los conquenses en sus hermandades y en los desfiles procesionales.

Hay costumbres que desaparecen y otras que fluyen aún cuando se tenían por perdidas.

El Jueves Santo era costumbre el visitar los monumentos que se alzaban en las iglesias y sobre todo en la Catedral, que era monumental. Estos altares se realizaban ensalzando la Hostia, consagrada de antemano para la misa del siguiente día, guardada dentro de un cáliz, y encerrada en el tabernáculo, recibiendo la adoración de los fieles.

El origen de los monumentos surge de la costumbre de desnudar los alteres el día de Jueves Santo, y por lo tanto de purificarlos y limpiarlos. Todo eso implicaba el tener reservada la sagrada Hostia consagrada para el siguiente día. De ahí la necesidad de un sitio decente donde colocarla. La piedad de los fieles transformó poco a poco este hecho, en verdadero triunfo para Dios de la Eucaristía lo que se hacía al principio sólo por necesidad. Se empezó adornando suntuosamente el sagrario; fueron luego multiplicándose las luminarias; vino la costumbre de mirarlo como lugar de exposición del Santísimo, y así se establecieron prolongadas adoraciones de día y de noche. La Iglesia alentó cuanto pudo tan devota costumbre. Los Papas concedieron indulgencia plenaria a la visita a los monumentos del Jueves Santo.

Siguiendo esta tradición el Cabildo Catedral de 1649, mandó pintar los doce Apóstoles al pintor Cristóbal García para adornar los laterales de la nave central de la Catedral donde se colocaba el Monumento el día de Jueves Santo. Al día de hoy, estos cuadros adornan las paredes de la Sala Capitular.

Desde un principio, parece ser, fueron guardados en la Sala Capitular, sitio donde únicamente se retiraban cuando se montaba el Monumento Eucarístico, situándolo entonces delante del crucero, entre los pilares de los actuales púlpitos, y se extendía hasta la puerta de entrada, a través de toda la nave de los Reyes; las entrecalles de la parte baja se adornaba con los cuadros de los doce Apóstoles y en el cuerpo superior, los correspondientes a otros doce Profetas. El orden en que se colocaban los cuadros era; a la derecha del Salvador: San Pedro, San Andrés, San Juan, Santiago el Menor, San Bartolomé, San Simón y San Matías. A la izquierda: San Pablo, Santiago el Mayor, Santo Tomás, San Felipe, San Mateo y San Judas. Cada apóstol es conocido por el atributo que porta y por su nombre, que en esta ocasión está estampado en la parte inferior del cuadro. En el siglo XX el monumento se montaba, no con tanta suntuosidad, en la puerta de Jamete.

Estos monumentos se preparaban exclusivamente el Jueves Santo, al término de la Misa “In Coena Domini”, que conmemora la institución de la Sagrada Eucaristía y del sacerdocio de la Iglesia. El tabernáculo o sagrario queda vacío en memoria de la muerte de  Jesús, es cuando se hace la reserva del Santísimo Sacramento en los tradicionales Monumentos. De esa forma, desde la noche del Jueves Santo hasta la Misa de Resurrección los sagrarios quedan vacíos en todas las iglesias para simbolizar la crucifixión, muerte y sepultura de Nuestro Señor.

Con el paso de los siglos el traslado de la Hostia adquirió un carácter solemne, realizándose de modo procesional, acompañado de cánticos como el “Tantum Ergo”.

Años más tarde surgió la costumbre de visitar siete Monumentos en la noche de Jueves Santo y en la mañana del día siguiente. Esta costumbre fue introducida en Roma en el siglo XVI por San Felipe Neri, para contrarrestar la decadencia social y religiosa y la falta de moral acaecida con el Renacimiento. Esta idea fue secundada por Papas y cardenales, organizándose visitas a  siete históricas iglesias romanas, como son las cuatro Basílicas: la de San Pedro, Santa María Mayor, San Pedro extramuros, San Juan de Letrán y las iglesias de San Lorenzo, Santa Cruz y San Sebastián.
Los fieles que recorrían los siete Monumentos realizaban una breve meditación en cada uno de ellos, rezando cinco Padrenuestros, cinco Avemarías y cinco Glorias, en acción de gracias por la institución de la Sagrada Eucaristía y un sexto por las intenciones del Papa.

También se meditaba sobre los siete recorridos que hizo Jesucristo, desde el Cenáculo hasta el Monte Calvario. Ese número corresponde a las siguientes estaciones por las que pasó Jesús durante su cautiverio: 1º Desde el Cenáculo hasta el huerto de Getsemaní; 2º del huerto hasta el palacio de Anás; 3º del palacio de Anás al tribunal de Caifás;  4º del tribunal de Caifás al pretorio (palacio de gobierno) de Pilatos; 5º del pretorio del Pilatos al palacio del rey Herodes; 6º del palacio del rey Herodes (de vuelta) al pretorio de Pilatos; 7º del palacio de Pilatos al monte Calvario.

Cuenca, 13 de abril de 2017

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

lunes, 10 de abril de 2017

La última cena de Jesús. Siguiendo con la traición de Judas

Institución de la Santa Eucaristía


Fue en la ÚLTIMA CENA donde se descubrió la traición. Llegaba ya a su fin el mes de Nisán (*) Era la tarde del jueves, pero según el modo de contar el tiempo de los judíos, había ya empezado  en viernes, primer día de los ácimos.

Era el momento de cumplir con los ritos simbólicos de la Pascua.

El Cenáculo estaba dispuesto para recibir a Jesús y a sus discípulos. Todos llegaron al anochecer. Venían de Betania. Sentándose a la mesa los doce alrededor del Maestro, y empezaron a cenar.
Ninguno de los ritos ordenador omitió Aquel que un día dijo a Juan Bautista: “Menester es que cumplas todas las prescripciones de la Ley”.
Tras la primera parte de la cena en que se comía el cordero pascual con pan sin levadura y lechuga silvestre, seguía la otra que era menos ordenada y estaba separada de la primera por la ablución de las manos.

En esta segunda parte de la cena instituyó Jesús el más augusto de los Sacramentos, la Eucaristía, y la más sublime de las dignidades, el sacerdocio.
No traeremos aquí todos los pormenores del relato evangélico, pero sí recordaremos los hechos principales.
“Mis amados apóstoles –dijo el Señor- con vivas ansias deseé comer esta Pascua con vosotros, antes de que padezca”.

En el momento en que el ritual ordenaba a los convidados que se lavasen las manos, Jesús, el Hijo de Dios, a punto de pasar de este mundo al Padre, sabiendo ya que Judas le había vendido, quiso dar a los suyos a quienes tanto amaba, nuevo y supremo testimonio de su amor. Tomó un paño y se lo ciñó a la cintura, vertió agua en un lebrillo y arrodillándose ante sus apóstoles, empezó a lavarles los pies.
Simón Pedro no pudo aguantarlo. Cuando Jesús se llegó a él, exclamó: “¿Ti Señor, tú lavarme a mí los pies?
-No entiendes ahora lo que hago- respondió Jesús con mansedumbre- ; más adelante lo sabrás.
-Jamás toleraré- repuso Pedro- que Tú me laves los pies.
-Si no te lavo los pies, no tendrás parte conmigo.
-¡Oh! Si es así, señor, lávame no solamente los pies, sino las manos y la cabeza.
-No es necesario- insinuó Jesús- El que acaba de lavarse limpio está; sólo necesita lavarse los pies, para limpiar las manchas del viaje. Vosotros, limpios estáis, bien que no todos.
Nuevamente se sentó Jesús a la mesa, afligido estaba visiblemente por la inminente traición de Judas: “En verdad, en verdad os digo, que uno de vosotros me hará traición, y ese tal como conmigo”.
Los discípulos horrorizados se miraban unos a otros, dudando de quién hablaría. “¿Quién es?, dijo Pedro al oído de San Juan. Y Juan, recostándose más sobre el pecho de Jesús, le preguntó: “Señor, ¿Quién es?
-Es aquel a quien Yo daré ahora pan mojado.
No oyeron los demás apóstoles estas palabras: “Señor, ¿seré yo por ventura? También Judas le preguntó: “Señor, ¿soy yo acaso?” “Tú lo has dicho”, le respondió Jesús, como para obligarle a que parase mientes en la gravedad de su pecado. Esta respuesta de Jesús la oyó solamente el traidor y la entendió, pero se obstinó en su culpa.

Teniendo muy presente a su espíritu la inicua traición de Judas, instituyó Jesús el Sacramento por el que se dio a en comida a todos los fieles hasta la consumación de los siglos.

Tomó el pan con sus santa y venerables manos, lo partió y dio a sus discípulos diciendo: “Tomad y comed: esto es mi Cuerpo”.

Tomando asimismo el cáliz. Dio gracias, y se los dio diciendo: “Bebed todos de él: porque ésta es mi Sangre, Sangre del nuevo Testamento, la cual será derramada por muchos para remisión de sus pecados”. Y Añadió: “Haced esto en memoria mía”.

Tales fueron con admirable sencillez e inefable grandeza, la primera comunión y la primera ordenación. La fe y la pereza de corazón tan admirable de los once apóstoles fieles, consolaron algo al Divino Maestro de la infame traición de Judas.

Cuenca, 10 de abril de 2017

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.
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(*) Nisán: El mes de abril en el Hebreo se le conoce como el mes de Aviv o Nisán. Este mes es el primero del año para los Hebreos y celebran la Pascua (Ex. 12, 1-2) porque fue en una noche del mes de Aviv cuando Dios los sacó de Egipto (Dt. 16, 1).

La traición de Judas


Por desgracia siempre hay un judas en la vida

Muchas veces me he planteado cómo fue capaz Judas de traicionar a Jesús, siendo uno de las personas más cercanas a Él. Siempre pensé que Judas jamás se creyó que Jesús fuera el Mesías, pues mientras otros discípulos lo llamaban “Señor”, Judas siempre se dirigía a Jesús como “Rabí”, esta expresión denota que únicamente lo reconocía como maestro, esta falta de fe en Jesús posiblemente fue uno de los motivos de su traición. Judas tenía muy poca relación personal con Jesús, en los evangelios sinópticos cuando son nombrados los apóstoles siempre Judas es nombra al final de la lista, lo cual indica su relativa falta de relación.
Judas. Figura de la fachada
 de la Catedral de Cuenca
(C) José María Rodríguez González

El único diálogo que albergan los evangelios entre ambos es para reprenderlo después de su reacción motivada por la avaricia, en relación a la acción de María: “Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos… Dice Judas Iscariote… ¿Porqué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?” (Jn.12, 1-8), cuando Judas niega su traición (Mt. 26, 25) y la traición misma (Lc. 22,48).

Como vemos Judas era consumido por la avaricia y no le importaba, no solo traicionar la confianza de Jesús, si no la de sus condiscípulos como se aprecía en (Jn 12, 5-6). Posiblemente Judas siguió a Jesús por el gran negocio que se avecinaba, por la gran cantidad de seguidores, pudiendo ver el beneficio que suponía las ofrendas hechas para el grupo y el hecho que Judas fuera el encargado de la bolsa del dinero indicaba el interés desmesurado por las riquezas de este mundo (Jn. 13, 29).

Esta reflexión nace de la observación de la obra de Vicente Lampérez en la fachada de la Catedral, en la puerta del Perdón nos dejó la figura del Judas plasmando la traición de la que nunca nos podremos desprender en este mundo.

Cuenca, 10 de abril de 2017.
José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico