lunes, 14 de julio de 2014

Frailes y marineros unidos por la devoción a la Virgen de Carmen


CARMELITAS Y MARINOS, UNIDOS BAJO UNA MISMA DEVOCIÓN A LA VIRGEN DEL CARMEN

Sus orígenes en Cuenca

Fue el Papa Clemente X quien concedió por bula el 2 de noviembre de 1674 la recitación del oficio divino de esta fiesta y desde entonces se viene celebrando la festividad de la Virgen del Carmen, Patrona de los marinos.
Espadín de las campanas del convento de las
Carmelitas Descalzas de San José

En Cuenca se ha tenido siempre gran devoción, tal vez por haberse establecido en la ciudad la Orden de los Carmelitas Descalzos desde el siglo XVII. En 1613, se ubicaban en la llamada isla del Júcar, en 1708 pasaron a tener la residencia en el convento próximo al santuario actual de la Virgen de las Angustias. Las Carmelitas estaban situadas en la provincia en el pueblo de Villanueva de la Jara, el llamado convento de Santa Teresa y había otro en la localidad de Huete, fundado en 1588, sus hermanas fueron trasladas al convento de Cuenca en 1603.


Escapulario
El origen del nombre “Carmen” procede de Galilea. El nombre deriva de la palabra Karmel o Al-Karem que podría traducirse como “jardín”.  Cuenta el Libro de los Reyes, que en este monte vivían numerosos anacoretas. Según la interpretación veterotestamentaria, en el año 300 a.C. azotó una gran sequía a Galilea (36 meses sin llover) subiendo el profeta Elías al monte Carmelo para implorar la lluvia, divisó una nube blanca que emergía de las aguas del mar, fue creciendo hasta convertirse en una inmensa nube que descargo abundante agua sobre las tierras sedientas. Alías comprendió que aquello simbolizaba la llegada del Salvador, que nacería de una doncella inmaculada para traer una lluvia de bendiciones. 

Con el devenir de los años se estableció en ese mismo lugar una comunidad de monjes, iniciándose el germen de la Orden del Carmelo o Carmelitas. Entre estos monjes sobresale uno, San Simón Stock. Cuenta la biografía del Santo que se le apareció la Virgen llevando en sus manos un escapulario, y le dijo: “Este debe ser un signo y privilegio para ti y para todos los Carmelitas: quien muera usando el escapulario no sufrirá el fuego eterno”. Esta aparición tuvo lugar el 16 de julio de 1251, de ahí que
Convento de los Carmelita Descalzos, anteriormente de los Dominicos
se celebre todos los años el 16 de julio la festividad de la Virgen del Carmen.

Mi interés por los Carmelitas parte de la investigación que llevé a cabo en el año 1988 sobre los moradores del Desierto de San Joaquín (del Cambrón) en el término de Villalba de la Sierra, apareciendo entre los legajos en el Archivo Nacional de Madrid, la escritura del convento de San José de Cuenca de la Orden de las Carmelitas Descalzas, actual sede de la Fundación Antonio Pérez. En el año 1980 la Comunidad de las Hermanas Descalzas de San José se trasladaron a su actual ubicación, en la carretera de Nohales.
Convento de las Carmelitas Descalzas de San José

Como he dicho al principio de este artículo las Carmelitas, procedentes de Huete llegan a Cuenca el 1 de septiembre de 1603 siendo Obispo Sr. D. Andrés Pacheco. Acompañó a las Madres el Provincial de la Orden, el Padre Fray Alonso de Jesús María. Siendo la Priora, la Madre Isabel de San José. Fueron 11 las monjas trasladadas que con 2 vocaciones de Cuenca formaron la Comunidad 13 religiosas. Al no reunir las condiciones adecuadas de habitabilidad el futuro convento, fueron instaladas en una casa junto a la parroquia de San Martín, donde pasaron 5 años. El desarrollo de los trabajos de acondicionamiento del edifico del convento se desarrollaron lentamente a causa de la falta de fondos, ocupando las estancias del edificio el año 1608. Lo más costoso fue la realización de la capilla que gracias a las limosnas donadas por D. Jerónimo Aguilar que llegaron a 4.000 ducados, se puedo realizar los cimientos. Las obras cesaron por espacio de 16 años, hasta que en 1642, con la llegada del rey D. Felipe IV, por mediación del licenciado D. José González, el Rey donó la cantidad de 3.000 ducados que complementados con otras aportaciones del inquisidor, D. Fernando Heras Manrique, se pudo acabar la capilla. El día 3 de abril de 1646, día de la Pascua de Resurrección en solemne procesión, desde la parroquia de San Nicolás, fue trasladado el Santísimo Sacramento y consagrada la nueva Iglesia por el Ilustrísimo Señor D. Enrique Pimentel, obispo de Cuenca.
Imagen de la Virgen del Carmen en la
Capilla Honda de la Catedral de Cuenca

El relacionar a la Virgen del Carmen con el mar, procede del desplazamiento de los Carmelitas del Monte Carmelo a consecuencia de la invasión sarracena. Una antigua leyenda habla que antes de partir de aquel lugar se les apareció la Virgen mientras cantaban el “Salve Regina” prometiendo ser para ellos la “Estrella del Mar”. En el siglo XVII, el almirante mallorquín D. Antonio Barceló Pont de la Terra impulsó su celebración entre la marinería que él dirigía, siendo a partir de ese momento, cuando la Marina Española sustituyó el patrocinio de San Telmo, por el de la Virgen del Carmen.

Parece increíble la existencia de marineros en nuestra provincia al estar tan alejados del mar, pero sin embargo son varios los conquenses que han despuntado en las artes marinas. Así tenemos con los Reyes Católicos, un Mosén Diego de Valera, autor de un “Memorial de lo que convenía para el armada que mandaban fazer para guardar el estrecho”, en el que da cuenta de la cantidad y calidad de las naves, sus dotaciones y sueldos, bastimento y administración, en interesante documento para el estudio de la marina en su tiempo, como dice Carriazo al comentar la Crónica de los Reyes Católicos.

A su hijo Carlos de Valera le vemos en 1476 salir de Barrameda con dos galeras y cinco carabelas, para pelear con los portugueses, llevando el mando de las últimas y ganando el combate a sus contrarios y el mismo año, como Capitán de Guinea, marchando al frente de veinticinco carabelas y otras tres embarcaciones.
Virgen del Carmen

En la gesta de América tenemos a Alonso de Ojeda, el Caballero de la Virgen, explorador de Venezuela y Colombia, jefe en 1499 de cuatro naves, en 1502 de otras tantas y en 1504 de otra en que lleva como saldadas a Hernán Cortés y Pizarro.

En el mismo siglo XVI Mateo Serrano, de San Clemente, Capitán y Gobernador de Brujas, organiza muchas expediciones marítimas y fluviales, como Julián Romero, de Huélamo, héroe de San Quintín, va a Flandes con el duque de Alba, como jefe de la infantería de cincuenta y cuatro navíos y cuando se intenta levantar el sitio de Midleburgo se encarga del mando de los buques pequeños de la escuadra en la que los grandes iban bajo la dirección de Sancho Dávila. Igual que tenemos a Juan Ortiz Barriga, de Belinchón, al mando de una fragata en la conquista de Veragua y de un bergantín de la lucha con los corsarios. Todos ellos, de pobre cuna conquense, se afanaron en cosas de mar.

En el siglo XVII, Don Fernando Casado de Torres, de humilde familia del pueblo de Zafra, es ingeniero naval a los treinta y dos años, hace entre otros muchos el proyecto de navegabilidad del río Nalón, según se consta en el de Ministerio de Marina, como comandante general de Ingeniero Jefe de la Armada y colaborador de Isaac Peral.

Como trofeo marino no debemos olvidar el estandarte existente en la Capilla del Espíritu Santo de la Catedral, que las fuerzas enviadas por D. García Hurtado de Mendoza tomaron al corsario Drake frente al Callao y que, según Rizo, le había sido regalado por la Reina de Inglaterra.
Escapulario de la Virgen del Carmen

No puedo acabar este artículo sin relatar un milagro atestiguado que ocurrió en el verano de 1845 en el barco ingles llamado “Rey del Océano”. Hallándose en medio de un atroz huracán el barco y temiendo naufragar, el tripulante irlandés, John McAuliffe se quitó el escapulario que llevaba en su pecho y haciendo la señal de la cruz  lo lanzó al océano, calmándose el viento  y volviendo la calma, solamente una ola llegó a la cubierta trayendo con ella el escapulario que quedó depositado a los pies del tripulante. Testigo de hecho fue el ministro inglés Fisher que viajaba con su familia en el navío. Interrogando al tripulante sobre el escapulario, se convirtió, él y su familia al catolicismo.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico

Cuenca 11 de julio de 2014


   

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