jueves, 29 de enero de 2026

Santa Martina. Festividad del 30 de enero.

   El Martirologio Romano celebra hoy la memoria de Santa Martina, virgen y mártir. Las Actas  de su martirio son poco críticas, como se ve por la tendencia que muestran a multiplicar los milagros y prodigios en las diversas etapas del martirio. Estilo poco sencillo y plan preconcebido de glorificar a la mártir y mostrar el lado glorioso y potente de los siervos de Dios, que ordinariamente se oculta en este mundo bajo el velo del dolor y de la humillación.
Santa Martina
   El Papa Urbano VIII restauró la basílica de la Santa junto a la cárcel Mamertina. Su culto en Roma no pasa más allí del siglo VII. Esto prueba que no es una mártir estrictamente romana. La hipótesis que hoy admiten como más probable los críticos es que Santa Martina y sus compañeros vivían en un lugar de la Vía Ostiense y allí fueron también martirizados. Más tarde fueron transportadas sus reliquias a la Ciudad Eterna. Las Actas ponen el martirio en tiempo de Alejandro Severo, que reinó en la primera parte del siglo III y fue más condescendiente con los cristianos, llegando hasta poner la imagen de Cristo en su larario, junto con las de Abrahán, Orfeo y Apolonio. En su palacio había hecho esta máxima del Evangelio: “No hagas a otros lo que no quieras para ti”.

Cuenta la historia de Martina que al quedar huérfana dejó todos sus bienes a los pobres para dedicarse a la oración y la caridad. Debido a esto fue arrestada en tiempos de Alejandro Severo. Después fue llevada al templo de Apolo donde Martina se negó a aceptar al dios pagano, mientras que para probar la veracidad de su fe cristiana, destruye el templo y la estatua de Apolo. Ello le llevó a sufrir una cantidad de tormentos como golpes, azotes, aceite hirviendo en las heridas. Al final murió decapitada en el año 235.

El Papa Honorio I, en el año 625, ordeno erigir una iglesia en honor a Santa Martina. No fue sino hasta el año 1624 cuando fue ubicada su tumba, en las excavaciones de la vieja iglesia del foro romano. El papa Urbano III, estableció su festividad el 30 de enero, siendo considerada una de las patronas de Roma.

Publicado en Cuenca, 30 de enero, de 2020 y actualizado en 30 de enero de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

miércoles, 28 de enero de 2026

San Valero. Festividad del 29 de enero.

   Fue Obispo de Zaragoza, maestro de San Vicente Mártir y confesor de la fe cristiana. Es el Patrón de la ciudad de Zaragoza, en la cual se veneran sus reliquias desde el siglo XII.

Se sabe que murió el 29 de enero del año 315. Durante su vida sufrió la persecución del emperador romano Diocleciano por difundir la fe cristiana abiertamente y tras ser sometido a juicio fue desterrado a un pueblo del Pirineo, Barbastro, donde murió.
San Velero
Su historia tiene parte de leyenda y de realidad aunque se conservan algunos escritos y también los testimonios del poeta romano Prudencio que fue su biógrafo.

San Valero de Zaragoza está acreditado que asistió como obispo de la ciudad, al cónclave celebrado en Granada, en el año 306. También sabemos que nació en la familia consular de los Valerios, de la alta sociedad, y fue un hombre longevo, muriendo muy anciano.

Se dedicó a difundir la fe cristiana abiertamente, con su diácono Vicente, lo que le acarreó problemas, pero él no desistió en su empeño de ayudar a los perseguidos y difundir el cristianismo, que el emperador Diocleciano quería erradicar. Ambos fueron detenidos y condenados en juicio. Parece que fue San Vicente quien habló en la defensa de ambos, y fue él el torturado convirtiéndose en mártir, mientras que a San Valero no se le torturó.

En la fiesta de San Valero, en Zaragoza es tradición la degustación de roscones. Desde 1992 se viene celebrando el reparto de un roscón gigante en la conocida Plaza del Pilar, muy cerca de la Catedral del Salvador de Zaragoza, popularmente conocida como La Seo, donde reposan las reliquias de San Valero. Este roscón gigante suele medir aproximadamente un kilómetro de longitud con una tonelada de peso, y se forman largas cosas para su reparto y degustación. 
Roscón de San Valero en Zaragoza.


Publicado en Cuenca, 29 de enero de 2020 y el 29 de enero de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

martes, 27 de enero de 2026

San Julián de Cuenca. Padre de los pobres. Festividad del 28 de enero.

SAN JULIÁN. PADRE DE LOS POBRES. 28 de enero

    Hoy celebramos la festividad del patrón de Cuenca y siempre viene bien el repasar su biografía y hablar de su obra y milagros.
    ¿Quién no ha ido al paraje de San Julián “El Tranquilo” a comerse un bocadillo de tortilla en su festividad y recoger los panecillos de caridad que ofrece la hermandad?

    San Julián nació en Burgos en 1128. Recibió las órdenes sacerdotales en 1166, dedicándose por completo a su ministerio sagrado y a visitar a pobres y enfermos, a quienes socorría con abundantes limosnas.
    Al ver que en su época tantas personas desconocían los mensajes de Cristo, en particular moros y judíos, sin descartar a los cristianos, decidió salir a esparcir la luz de la verdad, recorriendo España en su predicación, acompañado de un muchacho de gran santidad, llamado Hermes. Unos veinticinco años llevaba predicando la doctrina de Jesús, cuando al Arzobispo de Toledo, Don Martín López de Pinaga, le nombró Arcediano de la Catedral Primada en el año 1192.

Ermita de San Julián el Tranquilo

Al quedar vacante el Obispado de Cuenca, el rey Alfonso VIII, conquistador de esta ciudad y fundador de su iglesia Catedral, resolvió nombrar Obispo para la misma. En el mes de junio de 1196 fue consagrado por el mismo Arzobispo de Toledo, tomando posesión de su diócesis en agosto del mismo año.
    Durante su vida en Cuenca, no hizo otra cosa que remediar necesidades; las rentas de la Mitra las repartía entre los pobres, juntamente con el producto de la venta de las cestas que él mismo fabricaba con mimbres; visitaba y socorría enfermos, consolaba a los huérfanos, enterraba a los muertos y pedía constantemente al Todopoderoso por el bienestar moral y material de los hijos de esta tierra.

    Durante su vida, y aún después de su muerte, obró sorprendentes milagros. Uno de los milagros que más repercusión social tuvo fue el que paso a relatar:
    Al quedar arrasados los campos de Ocaña, Ucles, Huete y Cuenca  por el avance de las tropas del Califa de Córdoba, Yacub Aben Yucep,  las reservas de trigo se agotaron en la ciudad, quedando patente el milagro que obró San Julián. Lesmes, fiado de la Santidad de su Obispo y Señor más que en el testimonio de sus ojos que le decían que no quedaba en los trojes ni un grano de cereal, volvió y encontró los graneros llenos, socorriendo a aquellos pobres que pedían pan para sus hijos y que propagaron la fama del trigo milagroso. Dios, haciendo otro alarde de su amor por su santo, obró el prodigio del trigo. Multitud de acémilas, grandes recuas cargadas de trigo entraron en Cuenca, sin conductores y sin guías. Se dirigieron a la casa episcopal, deteniéndose a las puertas como término de su viaje, reparando de esta forma la hambruna del pueblo conquense.
Capilla del Transparente o de San Julián

    San Julián murió en nuestra ciudad a la edad de ochenta y dos años, y doce de pontificado. Dicen los libros que antes de morir fue visitado por la Reina del Cielo acompañada de multitud de ángeles que entonaban esta antífona: “He aquí un gran sacerdote, que en sus días agradó al Señor y fue hallado justo, el cual sirvió de reconciliación en los tiempos de venganza”. La Virgen trajo un ramo de palma verde, que entregó al moribundo diciendo: “Toma siervo de Dios, esta palma en señal de la virginidad y pureza que siempre has guardado”. Después puso la Virgen una corona de rosas sobre la cabeza del santo y se retiró majestuosa. Al morir salió de su boca un ramo de palma blanca que se elevó  hasta el cielo; se oyeron cantos angélicos y todas las campanas de la ciudad dejaron oír sus sonidos sin que persona alguna las tocara.
    En el cuarto Concilio de Letrán, en el año 1215, fue elevado a la categoría de Santo y colocado en el martirologio en el siglo XVI por los Papas Gregorio XIII y Sixto V.

    En distintos épocas ha sido abierta la caja que guarda su cuerpo incorrupto, para contemplación del pueblo de Cuenca.
Urna con los restos de San Julián

    La primitiva urna fue colocada en la desaparecida capilla de Santa Águeda; pasando después a la del Sagrario en 1518, y posteriormente a la de la Reliquia. En 1695 se encerró la caja de sabina en una urna de plata repujada que hoy no existe, siendo colocada definitivamente el 5 de septiembre de 1760 en el altar de San Julián o del Transparente, levantado con mármoles, serpentina y bronces dorados.

    Los medallones de mármol blanco, tallados en alto relieve por Francisco Vengara de la Academia de Roma, representan distintos pasajes de la vida del Santo, siendo lo más notable de este soberbio altar el grupo escultórico de las virtudes teologales, debidas también al cincel de ese glorioso Vergara y que se hallan colocadas en el coronamiento del retablo.

  Publicado en Cuenca, 11 de enero de 2014, actualizado el 28 de enero de 2026.
Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.
 

 

San Julián, el Anacoreta del Cerro de la Majestad de Cuenca.

   Hoy 28 de enero, día del Tránsito de San Julián, Patrón de Cuenca quiero traer a colación la vida anacoreta que llevo en el paraje hoy conocido como la Ermita de San Julián el Tranquilo. Será de la mano del Biógrafo de San Julián, D. Juan José Bautista Martínez.
En las faldas del fornido Cerro de la Majestad, hay abierta en el vientre de la roca una gruta, asomada a la pendiente de un paraje seco y agrio, a la que denominan los conquenses “Cueva del Tranquilo”, caverna de la que el documento de la tradición afirma, a través de todas las edades, haber prestado asilo, de cuando en cuando, a la sagrada persona del segundo Obispo de Cuenca.
Lesmes y San Julián. Cuadro de Bartolomé Matarana.
Catedral de Cuenca.

Nos cuentan que por la pendiente de la montaña se ven dos figuras, una curvada y la otra, fornida de elevada estatura, con cabello blanquecino. Ambos se han detenido en el umbral de la cueva, son Lesmes y D. Julián, que planifican los últimos detalles:

-Lesmes, dame el jarroncillo para llenarlo ahí, en la fuente.

-Señor, ya lo llené yo esta mañana -replica el Capellán- cuando vine a arreglar vuestro aposento.

-Pues, entonces, márchate, y con cuidado, no resbales al bajar.

-Señor, -interrogó Lesmes-: ¿Y no podría quedarme yo?

,¡No! Responde el Prelado-; habría que cerrar la casa, y los pobres quedarían sin comer; así que ¡vete!, y el Señor te bendiga.

-Digo que, como la cuesta es trabajosa y áspera para tí –subas con un pan cada tres días.

-¿sí?... ¿Y no será poco?

-No, porque con un pan tengo, sí, tengo bastante… ¡¡ Adiós!!

Lesmes tomaba el serpenteo del camino de descenso del Cerro de la Majestad, mientras D. Julián penetraba en el agujero oscuro de la roca, sepulcro de piedra, que encerrará a un hombre, herido de punta de divina daga, por espacio de seis días.

El plano de la cueva ni es angosto ni dilatado; en su área semicircunferencial hay: al fondo, dos grandes haces de mimbres recostados sobre la roca; a un lado –y no muy retirado de ellos- un pedrusco que sobre su superficie dejó Don Julián un pergamino de los santos Evangelios, el Breviario y un manojo de teas, por si precisara por la noche; a la derecha, de la entrada una capa de hojas de maíz extendidas por el suelo y una gavilla de sarga, atravesada en uno de los extremos de  ellas, como cabecera de cama: un jarroncillo de barro arábigo, sin vidriar, lleno de agua, a un lado de la piedra; y al otro lado de ésta, un pan.

El, por unos días, Anacoreta del Cerro de la Majestad, extremará durante ellos sus penitencias; más incomodidad en el lecho, más caricias de cilicio y más abstinencia…

Las sombras han ido dando pinceladas de negrura a los altos de la sierra, haciéndose opacas, mientras que, resbalando por los repliegues, han ahuyentado a la tímida luz de la tarde, que ha escalado los cielos para asomarse con las estrellas por los ventanales de la noche; Don Julián, después de un pequeño refrigerio y una muy larga oración, se ha dejado caer en el lecho de hojas, recostando su cabeza sobre el incómodo almohadón.

Cuando la alondra madrugadora comenzó a cantar con la saltarina fuente, ya la luz matinal había sorprendido a Don Julián, levantado, con las primeras oraciones hechas y recogido en honda meditación, que durante estos días será solamente interrumpida por la recitación del oficio divino, el tableteo de las disciplinas y el suave resbalar de los mimbres, cuando, obedientes a sus dedos, se vayan trenzando unos con otros hasta tomar la forma de mimosas cestillas que, cuando Lesmes suba, habrá de bajarse a la Ciudad para adquirir el yantar cotidiano.

Y así discurren los días y las horas, y los Ejercicios ya van tocando a su fin.

Y despuntó el sexto día, ocupado, como los anteriores en el cumplimiento del horario, sin omitir el alboreo de cestería con los mimbres que remojados, había traído de la fuentecilla, compañera arrulladora de aquellas soledades.

Iba mediando la tarde; el sol serrano se había parado a orear su frente, en el ventilado pretil de la montaña, y Don Julián, terminando la tejedura del último cestillo, coloca sobre la tosca superficie de la piedra el pectoral de madera y da principio a su última oración.

Recordemos este año al subir a la Ermita de San Julián el Tranquilo que el lugar es sagrado, subamos con respeto recordando al Patrón de Cuenca que pisó ese lugar y lo santificó con su oración y sacrificio, respetemos el lugar y recemos una oración para que San Julián nos proteja y bendiga un año más.

Feliz día del Patrón.

 
Cuenca, 28 de enero de 2020 y el 28 de enero de 2026
      José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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Fuentes:

-Biografía de San Julián de Juan José Bautista Martínez. IMPRENTA CONQUENSE. 1945.

-Noticias del Culto Atribuido a San Julián. Rogelio Sanchiz Catalán. 1909






Efemérides conquenses del día 28 de enero.

   Tal día como hoy, un 28 de enero de 1208, moría en Cuenca su segundo Obispo, Julián, a la edad de 83 años y de haber gobernado esta diócesis trece años. Expiró sobre el suelo cubierto de ceniza, después de recibir los Santos Sacramentos, implorando la misericordia de Dios, como si fuera un gran pecador. En su tránsito, según dice sus biógrafos, tuvo el consuelo de la Santísima Virgen, que acompañada de una gloria de ángeles vino y le entregó una rama de palma verde en sus manos, símbolo de la virginidad.
San Julián. Su transito. Obra de Andrés de Vargas. siglo XVIII
  
  Cuatro años llevaba Julián de Arcediano de Toledo cuando murió D. Juan Yáñez, fue el mismo Rey Alfonso VIII, quien pidió la mitra conquense para Julián al ser conocedor de la caridad, celo, prudencia, sabiduría e infatigable laboriosidad como Arcediano de Toledo, nombrándole para la Mitra de Cuenca en el año 1196 y tan extendida estaba la fama de su santidad, que esta ciudad y el Cabildo lo pidieron para esta diócesis, ignorando que ya había sido concedida esa gracia por el mismo Alfonso VIII.

La sorpresa fue muy agradable, porque además de las heroicas virtudes que acompañaban a su futuro obispo, en su persona se atraía las simpatías de la perfección humana, por su candor y afabilidad. Su talla era de dos varas y sesma (1.80m aprox.); su cuerpo robusto y adornado con cabellera cumplida; su frente ancha; sus ojos vivos y graves; su barba poblada y entre canosa y su talante ingenuo y bondadoso. Pero la sorpresa pasó a admiración a pocos días de ver la frugalidad, modestia y caridad de su Prelado. (Así lo describe Muñoz y Soliva).

Cuando San Julián entro en Cuenca, la ciudad estaba invadida por la peste. Asistió a los cristianos apestados con limosnas, con los santos sacramentos y con fervorosas exhortaciones, y a los que morían les daba sepultura por sí mismo. 
La peste en Cuenca y el Milagro de San Julián.
Obra de Bartolomé Matarana. Siglo XVI

A los moros y judíos con paternal solicitud los cuidaba, socorría y llamaba a la luz del Evangelio, y sus súplicas a Dios y sus penitencias fueron tan eficaces, que dicen los historiadores, que orando en la Santa Iglesia Catedral con algunos prebendados, para que cesase el cruel azote, se oyó una voz celestial que decía: “por los ruegos de vuestro Obispo tiene Dios a bien que cese esta plaga. Enmendaos vosotros de vuestros pecados”.
Así fue el primer milagro que logro San Julián en esta diócesis.

Feliz día de San Julián para todos.

Publicado en Cuenca, 28 de enero de 2020 y el 28 de enero de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

lunes, 26 de enero de 2026

San Juan Crisóstomo. Festividad del día 27 de enero.

   Hoy abrimos el día recordando a San Juan Crisóstomo, obispo, confesor y doctor, que nació en Antioquía hacia el año 354. Como otros grandes Padres de la Iglesia del siglo IV, San Juan Crisóstomo se bautizó muy mayor, probablemente en el 372, de manos del Obispo Melecio de Antioquía. Su apodo Crisóstomo, que significa boca de oro, alude a su excepcional elocuencia. Sacerdote de Antioquia, fue nombrado patriarca de Constantinopla. Su rigor y su celo reformista le crearon una serie de opositores, formándose contra él un conciliábulo, que le depuso de su silla patriarcal; siendo desterrado, pero apenas se había puesto encamino de su destierro, cuando un pavoroso terremoto movió a la emperatriz Eudoxia a restablecerlo en su silla.
Dos meses después por haber predicado contra los juegos públicos, de nuevo la emperatriz Eudoxia cumplió sus amenazas, desterrándolo a una miserable población de Armenia, a donde llegó muy enfermo y fatigado por los despiadados tratamientos que sufrió en el viaje. Entones cayó sobre Constantinopla una tempestad de piedra que hizo horrorosos estragos. La emperatriz murió de muerte repentina y casi todos los perseguidores de Crisóstomo vieron sobre sí la venganza del cielo.
Crisóstomo, que inicialmente fue desterrado a Arabia, y después al desierto de Pitias, conociendo que había llegado su hora postrera, se cubrió con una vestidura blanca para recibir la sagrada Comunión, en la iglesia de San Basilisco, donde entregó al Señor su alma.
Desde el siglo VI se le viene dando el título de Crisóstomo, boca de oro, porque es el más grande entre todos los oradores de la Iglesia griega. Pio X le proclamó Patrono especial de la elocuencia sagrada.
Publicado en Cuenca, 27 de enero de 2020 y el 27 de enero de 2026.
Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

domingo, 25 de enero de 2026

Visita guiada gratuita del 7 de marzo. Un recorrido por el mundo angelical de la Catedral de Cuenca.

Recordando que la visita a la Catedral será el sábado, 7 de febrero, a las 11:00h. 

Como en anteriores visitas se precisa, para su participación, mandar un correo: chemarogo@gmail.com para que sea incluido en el grupo, éste no será superior a 35 personas. Sábado 7 de febrero a las 11:00h.

Dos trabajos son los que cubren la visita: la publicación del libro: “Aggelos” Catedral de Santa María de Cuenca, que fue en 2019; prólogo del Deán José Antonio Fernández Moreno. Presentado en la Feria del Libro de Cuenca de ese mismo año y la exposición “La intemporalidad de los Ángeles”, realizada en la sala de exposiciones de la Catedral, del 30 de enero al 19 de abril de 2020.

Si hay alguien interesado en el libro "Aggelos", puede encontrarlo en la Librería Evangelio o que me lo diga y le subiería un ejemplar.

El mundo angelical que posee esta catedral la hace distinta a cualquier otra. La palabra ángel queda reflejada en 24 libros de las Sagradas Escrituras.

 Alfonso X, en la Cantiga 420, desglosa el orden de las diversas jerarquías angelicales. Al igual que en la literatura la catequética del triforio aborda esencialmente las funciones de los ángeles, como son: la de mensajero, la de auxiliador y portador de almas y psicostasis. Palabra que viene del griego, soplo, aliento vital, alma, lucha, disputa; entendido en el mundo cristiano como el pasaje de las almas. Esta acción se dará en el Juicio Final. 

Para que no sea, un servidor, incluyo parte del prólogo del libro, palabras del Deán-Presidente del Cabildo Catedral, contenido que define muy bien lo que veremos en la visita del sábado 7 de febrero:

<<El autor de este libro, el profesor José María Rodríguez, como si de un buscador de tesoros se tratara, ha descubierto en cada uno de los rincones de nuestra catedral la representación artística de estos seres espirituales, poderosos ejecutores de las órdenes de Dios y mensajeros de su palabra. Y, basándose en un estudio concienzudo de la teología, de la historia y del arte, nos los presenta para que veamos “de cerca” lo que habitualmente solo podemos ver “de lejos”.

Ángeles del siglo XII al XVIII; en piedra, en talla de madera o en pintura; unos sonrientes, otros de aspecto más severo y serio; los hay con flores, palmas, cetros o incensarios en sus manos; los hay también aguerridos luchadores con casco de caballero y con espadas de fuego o de metal; unos contemplan, sonríen, juegan y hacen fiesta, mientras otros les hacen los coros acompañados de instrumentos varios. Es “El cielo en la tierra” >>.

Cuenca, 28 de enero de 2026.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.