miércoles, 26 de junio de 2013

Hoy hace 112 años de la caida de la torre del Giraldo de la Catedral de Cuenca

LAS CUATRO TORRES DE LA CATEDRAL DE CUENCA

Tercera parte: La torre del Giraldo

Por José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico

El nombre de Giraldo proviene de los giros que se producían en la figura que culminaba la torre, hacíendo las veces de veleta. Con el tiempo ese nombre paso a ser el propio nombre de la torre de las campanas.
Panorámica de Cuenca. Torre del Giraldo de la Catedral
En el año 1902 se produce el hundimiento de la Torre del Giraldo de la Catedral de Cuenca adosada exteriormente al rincón formado por la Iglesia y el Claustro, en el brazo norte del Transepto. Su ruina, y lo mediático de una noticia con fallecimiento de personas, sitúa al edificio en primera página de la prensa del momento. El periódico “El Progreso conquense” y bajo la pluma de Eusebio Chust, relata paso a paso lo sucedido ese día fatídico.

A continuación trascribo textualmente el artículo.

EL PROGRESO CONQUENSE 14/04/1902

Cabecera del "Progreso Conquense" del 14 de abril de 1902

La desgracia ha tendido una vez más sus fatídicas alas sobre esta desventurada tierra, inundando el corazón y el alma de los conquenses de duelo y de tristeza. La Giralda, hermosa y majestuosa torre, digno coronamiento de nuestra magnifica Catedral, hundiéndose ayer mañana.
La que durante cinco siglos, ha sostenido erguida y arrogante, fuerte donde las haya con los elementos, cayó sobre su misma base, cumpliéndose la inapelable sentencia de muerte, de que todo lo que existe ha de morir; caída que nos recuerda aquellos versos que dicen:
“Las torres que despreció el aire fueron
a una gran pesadumbre se rindieron”.

LAS PRIMERAS NOTICIAS:
Con la velocidad del rayo circuló la noticia, en la mañana de ayer de que sobre las diez o diez y cuarto, La torre de la Catedral Basílica, hubiese hundido.
Increíble pareció en un principio dudándose mucho de la variedad de tal versión, confirmada poco después, por la insistencia de los que la referían, y por la multitud que afluía hacia la parte alta de la población.
En un momento, la Plaza de la Constitución se vio totalmente llena de numeroso público que con la sorpresa natural que producen las grandes catástrofes, contemplando mudo y anonadado un enorme montón de ruinas.
El estupor y el desconsuelo se reflejaba en todos los semblantes, aumentado después, al saber que sobre poco más o menos había que lamentar desgracias personales y que sería un número imposible de calcular.
Sobre las 10:30 horas, acudieron al lugar del suceso siempre imposible en aquel momento recoger datos que con certeza nos pusieran en conocimiento el tan sensible desgracia.
Dos canónigos y beneficiados, sorprendidos por un estruendo al que siguió una espesa nube de polvo que impedía el distinguir a las personas a una distancia de 4 metros – aún no terminado el rezo del Coro y de las Horas Canónicas – salieron a temor dado ante el peligro inminente de la destrucción de la fábrica, precipitándose a la calle con los mismos trajes que llevaban puestos seguidos del público que había en el interior de la Catedral y blancos completamente por el polvo.

PRIMEROS AUXILIOS:
Un grupo de hombres del pueblo, repuesto del susto y de la impresión lanzasen a prestar auxilio a una familia compuesta de la madre y cuatro hijos de corta edad que se hallaban en la casa cubierta por los escombros del hundimiento, consiguiendo sacarlos después de infinitos sacrificios y despreciando su vida,
pues el único machón que ha quedado de la torre con dos enormes campañas amenazan caer inmediatamente.
Casi asfixiados por el polvo que produjo el hundimiento han sacado, y merced a los auxiliados en un estado satisfactorio.
Machón con dos campanas

LAS AUTORIDADES:
Poco a poco han acudido a la Plaza Mayor todas las autoridades.
En ella se encuentran y transmiten órdenes importantes el Excmo. Sr. Gobernador, el Sr. Alcalde que han subido de un juicio oral en el que actúa de magistrado y el que ha sido suspendido, varios jefes de la Guardia Civil y poco después alguna pareja del benemérito Instituto.
Todas las autoridades, así como el vecindario han dado ánimo a los afectados de la desastrosa catástrofe de ayer, distinguiéndose el Excmo. Sr. Gobernador y los agentes a sus órdenes cuyas felices iniciativas son dignas de mayor elogio.
EL juez Sr. Torres, se ha multiplicado en los sitios de mayor peligro, impulsando siempre por sus excelentes deseos, de rebuscar en los más recónditos y ocultos lugares a las víctimas que en ellas se ocultan.
El Sr. Gobernador militar, Sr. Vela, fue de los primeros en visitar las ruinas. Los jefes y oficiales de la Guardia Civil, organizaron el servicio de la tropa.
Pero ante el tremendo desastre se ha distinguido la primera autoridad popular. EL Sr. Ballesteros, oyendo a todos y cercado de entusiasmo ya que no tuvo a mano personal técnico, acudió al primer sitio de la catástrofe, visitó las casas contiguas, ordenó la retirada de los vecinos, acudió a la escombrera de la torre y recorrió la catedral por todos sus naves y dependencias, animando con su ejemplo al vecindario que tan valiosamente ha secundado sus órdenes.

LA FAMILIA DEL CAMPANERO:
A casa del barbero, Manuel Sancho es llevada la familia del campanero que ocupaba las habitaciones interiores de la torre en el momento del hundimiento y que ha tenido que bajas por una escalera que une la salida por la iglesia catedral junto al altar de Ntra. Sra. De las Nieves.
Toda la familia reunida menos una hija que estaba repicando y la que ha sido sepultada entre el escombro, representa una escena por de más desagradable y difícil de relatar.
Llantos de angustia y de dolor salen de los labios de la desolada familia que a todo el público arranca lágrimas a varios circundantes.

¡A SALVAR A LOS ENTERRADOS!
De boca en boca recorre una cifra de muerte que aterra. Ha caso ascender dicho número a 15 ó 21 y un numeroso grupo de gente del pueblo de hijos del trabajo despreciando su vida lanzándose a quitar piedras para ver de cómo extraer a alguno de los que hallan entre aquel enorme montón de piedras.
Ramón Verdú, Andrés Ebole, Cruz Gómez, Jesús Guijarro, Máximo Martínez, Vicente Cantero, Antonio Cavero, Ricardo …, Gregorio Montero, Sotero Palomo, Andrés …, Julián Niño y nuestro querido amigo D. Eulogio Serdan y el otro acompañados de un apareja de la Guardia Civil, suben al ver desde aquella pirámide de escombros y arañando con las manos – pues ni un pico tenían - las grandes piedras de sillería que se hallaban en la parte superior, consiguen quitar algunas pero sin hallar ni rastro de ser viviente. De este hecho nos ocupamos en otro lugar.
De pronto, unas voces, salidas de entre las piedras y maderas les lleva hacia allí y con un valor propio de la noble clase obrera, consiguen poner al descubierto un bulto humano que la vida alienta.
Comunicando a la muchedumbre la noticia, un clamoroso y un rumor de ansiedad renueva por toda la Plaza Mayor.
Es un niño el que acaban de descubrir y para poder ya sacarlo hace falta picos que puedan mover enormes piedras que impiden su salida.
Varios vecinos de la calle San Pedro los facilitan y logran sacarlo a las 11:20. Extraen al pequeño con dos heridas en la cabeza de las que mana abundante sangre y todo el cuerpo sucio del volvo blanco de las ruinas.
Como triunfo victorioso es bajado a la calle a Francisco Requena que así se llama el niño y desde allí lo trasladan a una casa próxima donde fue asistido y curado de primera atención por el médico D. Joaquín Lumbreras, el que desde los primeros momentos no se apartó del sitio del suceso por si hacía falta sus servicios.
Reconocido por este señor de le aprecian las dichas heridas, las que calificó de leves.
Mientras tanto prosiguieron los trabajos para buscar a los demás que faltan sin resultado alguno.

LAS VÍCTIMAS:
Las personas que se hallaban tocando las campanas y que indudablemente han perecido son:
María Antón, agraciada joven de 20 años. Hija del campanero. Gregorio López Ochoa, de 10 años.
Reyes López, de 8 años; José López, Alejandro Mena y el ya salvado:Francisco Requena, que tiene 15 años de edad.

A más de estos, aseguran que había varios niños jugando en la puerta de entrada a la torre, los que sin duda habían perecido y se añade que algún serrano que estaría buscando las cargas de leña ha sufrido igual suerte.

CONTINUAN LOS TRABAJOS:
Toda la mañana de ayer continuaron los trabajos para quitar piedras con el fin de ver si se consiguen hallar algún niño; pero aquel resultaron infructuosos, hasta las dos de la tarde, hora en que se halló el cadáver de María Antón en un hueco de la escalera, hallazgo hecho por haber abierto un boquete en el interior de la Catedral en la puerta de estrada al Claustro.
Hallase el cadáver de la infortunada María, medio cuerpo suspendido en el aire y el de la parte superior empotrado entre unas enormes vigas y una millonada de escombro.
Se le ve la falda y las piernas a una de las cuales le falta un zapato.
Es imposible sacarle por su posición, so pena de que salga hecha pedazos, por lo que se desiste de ello, después de haber intentado hundir más de la escalera, cosa que ha prohibido el arquitecto municipal para evitar que de los golpes pueda hundirse la pared que queda con las campanas.
Durante toda la tarde y por la noche (a cuyo fin se instalarán focos eléctricos) han continuado los trabajos hasta las tres de esta mañana, que se suspendieron por la pertinaz de la lluvia, sin que se haya conseguido extraer ningún cadáver.

FRANCISCO REQUENA:
Con la intención de visitarle fuimos a su casa, calle de San Pedro, nº 28, donde se nos recibió con gran amabilidad por toda su apreciable familia, y solicitados algunos datos nos lo facilitó su ilustrado hermano Ovidio diciéndonos que el herido había dicho que es lo siguiente: Estando tocando las campanas, empezaron a caer arenilla y piedras ante lo cual les dijo María que se bajaran enseguida, que se desplomaba la torre. Habiéndose él parado para coger la capa y echaron a correr escalera abajo, donde les sorprendió el hundimiento, habiendo quedado sepultado todo el cuerpo excepto la cabeza, que él cree haber tenido metida en el biso de una campana no perdiendo el conocimiento durante el tiempo que estuvo entre ruinas hasta que le sacaron.

EL SEÑOR OBISPO:
Atribulado nuestro venerable Prelado a quien las lágrimas bañaban sus ojos, recorría el lugar del suceso acompañado de sus familiares, sin darse cuenta de la tremenda desgracia que presenciaba. Sus dulces palabras expresaban el profundo sentimiento que embargaba su ánimo y su estado denunciaba la intranquilidad de todo su ser.
El Cabildo Catedral y el clero parroquial lamentaba la catástrofe, que priva por mucho tiempo a los fieles conquenses de utilizar el magnífico templo cuya primera piedra colocó el monarca Alfonso VIII.

UN DETALLE HERÓICO:
Tan pronto comenzaron a secundarse las disposiciones de los señores Alcalde y Juez de instrucción y único muro de la de ruinada torre, a fin de salvar, si era posible a las desgraciadas víctimas de tan terrible accidente, ofrecieron sé denodados y valerosos obreros, sin ningún género de herramientas a practicar tan filántropo como arriesgado registro.
La ascensión, dificilísima, a través de los derruidos sillares de las campanas de los restos del famoso Giraldo y de un montón de cascotes, no fue obstáculo para coronar la eminencia y escuchar los ayes lastimosos de un muchacho que envuelto entre miles de toneladas de piedra debió su milagrosa salvación a la colocación de unas vigas colocadas a gaisa de soporte, y que sostuvieron, no se cabe como la considerable avalancha del material desprendido. Procedió se con sumo cuidado a separar las enormes piedras que amenazaban por segundos la existencia de aquel pequeñuelo al mismo tiempo que una pareja de la Guardia Civil y otros varios obreros, tan valientes como los primeros, vivalizaban en heroísmo para arrancar a la muerte una de sus víctimas.
De pronto y cuando el éxito casi coronaba a tan gigantescos esfuerzos, oyóse una voz alarmante tan desolada como terrible ¡Que se cae el muro! ¡Que se viene abajo! ¡Fuera! ¡Fuera! Y ante el instinto de conservación inicióse un movimiento de retirada ¡Quietos! Gritó nuestro amigo Sr. Serdán ¡No hay cuidado todavía! ¡Vamos a sacar a este muchacho! Y aunque el desmoronamiento del muro era incesante y los cascotes, las piedras y el polvo impedían las faenas del desescombro consiguióse, merced al denodado arrojo de Cruz Gómez Lozano, de Antonio Molteceres, un guardia de seguridad, Andrés Leganés y de algún otro, extraen al pobre muchacho, que auxiliado por estos, por la Guardia Civil y por Ciriaco Collado, Vicente del Castillo, D. Juan Verde, el tabernero del Castillo y otros cuyos nombres sentimos ignorar, trasladaron al herido fuera de tan siniestro lugar, haciéndose cargo de él el inteligente facultativo, D. Joaquín Lumbreras, presente en aquellos momentos de angustia y de tribulación.
Entrada provisional a la Catedral tras el derrumbe
Bien lucharon exponiendo generosamente sus vidas, los que realizaron actos tan heroicos que debe remirarse con señalada distinción; pero testigos presenciales del hecho que narramos, nos es muy grato el consignar en aras del respeto y entusiasmo que sentimos por el buen mérito cuerpo de la Guardia Civil que la serenidad y sangre fría demostrada por los guardias segundos, Sres. Julián Niño Ballesteros y Eleuterio Alonso Gómez, quienes con su honroso uniforme y su armamento oyeron impávidos y sin inmutarse las voces de alarma desafiando a la muerte con estoico valor, y permanecieron inalterables en aquellos momentos de estupor y de pánico que su conducta, así como la de su compañero Fausto Martínez Ruiz, que minutos más tarde, se encontraba en la cima de aquel informe montón de escombros, sea conocida de sus dignísimos jefes y recompensaba en la forma que determinen los sabios Reglamentos de ese benemérito Instituto.
No es lo mismo utilizar las armas en defensa propia, batiéndose contra el enemigo o contra los bandidos, que aguantar inmóviles y con estupenda indiferencia la muerte que pudo sobrevenir, por segundos, en tan desolado lugar.
La Providencia ha mantenido enhiesto aquel formidable muro, cuya caída hubiera causado en esta población desgracias sin cuento.
Esperamos que el Ilmo. Sr. Gobernador consigne en la hoja de servicios del guardia Leganés, el nuevo que hoy ha prestado y hacemos la misma súplica en infatigable Alcalde de esta ciudad en obsequio de los valientes obreros cuyos nombres quedan apuntados.

LO QUE SE DICE:
Durante todo el día de ayer, han circulado rumores y se han hecho comentarios que para insertarlos no habría espacio en todo el periódico.
Se censuró ayer mañana, la falta de herramientas y personal idóneo para haber efectuado los primeros trabajos, así como la tardía llegada del señor Arquitecto al sitio de la catástrofe.
Estando tan cerca el almacén de herramientas del Municipio ¿Por qué no se llevaron? ¿O es que no las hay?
Dícese que su SS Ilma. Se sintió enfermo ayer tarde habiéndose que acostarse. Hablase de una suscripción a favor del desventurado campanero. Desearemos que así se haga, para lo cual cuenten sus organizadores con nosotros, ofreciendo desde ahora nuestras columnas para el indicado objetivo.
También se nos ha dicho que se preparan solemnes funerales por el descanso eterno de las víctimas del siniestro, a los cuales se piensa invitar a las autoridades y al pueblo.
Parece ser que el Arquitecto indicó al señor Navarro, que al reponerse de su enfermedad, consultaría al Cabildo, sobre su arreglo.
Ha sido comunicada la noticia por telégrafo a los Senadores de la provincia.

ÚLTIMA HORA:
A la hora de entrar en máquina este número continúan los trabajos en máquina este número continúan los trabajos sin haberse hallado ningún cadáver.

Soldados de la Compañía del Cuerpo de Zapadores
Se asegura que esta tarde llegarán dos compañías de Ingenieros del Cuerpo de Zapadores Minadores.
Al telegrama puesto por el Sr. Obispo al Excmo. Señor Ministro de Gracia y Justicia, ha contestado anoche.
Se ha reunido esta mañana el Cabildo Catedral ignorando o que habrán tratado. Hoy no se han celebrado ningún culto en la Catedral y las horas canónicas y el rezo del coro se hará en la iglesia de la Merced.

José María Rodríguez González
Cuenca, 13 de abril de 2014










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