domingo, 25 de enero de 2015

Los reyes españoles que visitaron y vieron el cuerpo incorrupto de San Julián


Más paciencia que un santo

Las perturbaciones al sueño de San Julián

Faltaban unos días para la festividad de San Julián cuando por mediación de mi madre me indicó mi abuelo que subiera cuanto antes; así que esa misma tarde después de salir del Colegio Español, desde Calderón de la Barca encaminé mis pasos hacia la Plaza mayor. Preguntándole por la premura me contestó: ¡Hoy vas a poder tocar la urna de San Julián! A ella vinieron a visitar los reyes Felipe II, Felipe III, Felipe IV, Fernando VII y Alfonso XIII, cada uno en su tiempo de reinado.

Me pareció sorprendente tal privilegio y no dudé en acompañar a mi abuelo a la Catedral como tantos otros días. Al entrar se apreciaba un olor intenso a incienso, recorrimos la nave de la Epístola del templo hasta la capilla de la Virgen del Sagrario donde una urna de plata estaba dispuesta en su centro, llamando mi abuelo al sacristán “Pepito” nos abrió la puerta, pasamos y me invitaron a tocar con mi mano la “caja sagrada”. Como niño recorrí, tocando con el dedo índice, todo el lateral de la urna, como si con ello pudiera intuir su contenido. Pronto, el sacristán, nos hizo salir de la capilla y cerró con llave la puerta diciendo: “Sabino un día de estos me vas a poner en un compromiso”. 

Mi abuelo se sentó en un reclinatorio que tenía asiento, me dió el cojín indicándome que me sentara en el suelo y empecé a bombardearlo a preguntas.  Josemari, calla y escucha que todas esas preguntas te las responderé según te lo vaya contando.

Ahí dentro están los restos de San Julián, segundo Obispo de Cuenca. La devoción que despertó después de su muerte, por sus muchos milagros, hizo que fuera conocido en todo el reino de España y que el pueblo de Cuenca acudiese ante el primer sepulcro de San Julián instalado en la capilla de Santa Águeda.

La gente necesitada de consuelos para sus males o por el simple hecho de proveerse una reliquia del Santo comenzó a arrancar pequeños fragmentos del sepulcro de San Julián, tal fue el deseo de la gente de Cuenca en conseguir esas reliquias que al poco tiempo la caja del Santo quedó al descubierto con un gran agujero.

En la ciudad de Cuenca, por esos días, corrió el bulo de que los burgaleses querían a todo trance apoderarse del cuerpo de San Julián, su paisano. Esto irritó los ánimos de los conquenses que llegaron a promover un amotinamiento y armados de hoces, palos, piedras y picos se presentaron en manifestación a ver al Sr. Corregidor y al Obispo, D. Diego Ramírez de Fuenleal, solicitando decididamente ver el cuerpo de su Santo Patrono.

Ante este hecho el Cabildo nombró una comisión formada, entre otros, por los Canónigos D. Eustaquio Muñoz y el Tesorero D. Gómez Carrillo de Albornoz. En la noche del domingo, 17 de enero de 1518 procedieron a levantar la losa, separándola un palmo del sepulcro, permitiendo que todos los presentes pudieran contemplar el cuerpo del Santo Obispo perfectamente conservado y con las vestiduras intactas (hacía 311 años de su enterramiento), esa misma noche los maestros canteros Diego de Flandes y Juan Vizcaíno en unión del carpintero Alfonso de León, volvieron a colocar la lápida en el lugar que antes ocupaba.

Evidenciada la existencia del cuerpo de San Julián, el viernes, día 29 de enero de 1518 se volvió nuevamente a descubrirlo y a manifestarlo a la veneración de los fieles. El Doctor Pedrosa fue el cronista de esta manifestación quien afirmaba que parecía dormido no muerto y con las vestiduras pontificales bien conservadas; tenía a su lado la palma que le había dado la Santísima Virgen María cuando lo visitó en su agonía, conservándose tan fresca y lozana cono recién cortada de la palmera. El cuerpo quedo expuesto al público hasta el 1 de febrero que se hizo una gran procesión, saliendo de la Catedral llegó a las calles de las Tablas, Puerta del Postigo, Monjas Benitas y plazuela del Salvador, regresando a la Catedral. Terminada la procesión quedó el cuerpo, durante 60 días en un nuevo sarcófago de sabina y éste en otro de hierro con tres llaves, guardado en la Capilla Mayor, mientras se preparaba su traslado a otro sitio que ofreciera más seguridad que el altar de Santa Águeda. En el año 1518, el cuerpo se colocó en la capilla de la Reliquia.

La multitud de enfermos curados milagrosamente por la intercesión de San Julián hizo que llegaran ruegos y suplicas para que el cuerpo del Santo fuera expuesto, haciéndolo tres veces en el mes de mayo de 1518, una en junio y otra en agosto.

Al rey Felipe II le llegaron noticias de los numerosos milagros y la asombrosa incorrupción de su cuerpo, accedió a la invitación de D. Fray Bernardo de Fresneda, Obispo de Cuenca y confesor de él. El 30 de abril de 1564 llego a Cuenca, el día 1 de mayo, después de oír misa mayor, subió a la galería viendo y reverenciando el cuerpo del Santo.

El 26 de mayo de 1604 llegó a Cuenca el rey Felipe III, y sintiendo como su padre, gran devoción por San Julián, determinó visitar y admirar su cuerpo. Al efecto, al día siguiente después de la Misa Pontifical que celebró el Obispo D. Andrés Pacheco, a las nueve de la noche se manifestó el Santo Cuerpo ante el Rey, los tres Príncipes de Saboya y demás Señores que le acompañaban. En esta exhibición se notó que el cuerpo del Santo tenía hundido el ojo derecho y le faltaba algo de la ternilla de la nariz ignorándose la causa de ello.

Visto el deterioro que había experimentado el cuerpo del Santo Obispo, el Sr. Pacheco, juntamente con el Deán y el Cabildo de la Catedral promulgaron y juraron un Estatuto por el que se prohibió manifestar el Cuerpo de San Julián bajo ningún pretexto, caso, ni persona.

Abuelo ¿por ese juramento no se pudo ver más el cuerpo de San Julián? Que va, te cuento, con motivo del levantamiento de Cataluña se dirigía a Zaragoza el Rey Felipe IV pasando por Cuenca, llegando a la ciudad el 27 de mayo de 1642, alojándose en el palacio del Obispo, que era entonces D. Enrique Pimentel y encontrándose muy  a gusto en la estancia proporcionada por el Sr. Obispo, prolongó su visita treinta días. Estando en Cuenca recibió la grata noticia de la victoria alcanzada en Flandes por sus tropas sobre las francesas; todas estas noticias animaron al Monarca a solicitar con gran insistencia se le permitiera ver y reverenciar el cuerpo de San Julián a pesar del Estatuto promulgado y juramento del 11 de febrero de 1605.

Entonces ¿no pudo ver el rey el cuerpo del Santo? Pues mira Josemari, creo que tanto al Obispo como al Deán les temblaron las piernas por la insistencia del Monarca y al final accedieron a su petición. Después de desfilar en la procesión del Corpus el jueves, 19 de junio de 1642 el propio Monarca, El Obispo y el deán solicitaron la dispensa del juramento, obteniendo el beneplácito el día 20 de junio y se abrió la caja de hierro y la caja de sabina en el Altar Mayor estando presentes, el Rey, el Cardenal Spinola, el Embajador de Alemania, el Conde duque de Olivares, el Obispo de Cuenca y el de Málaga y también se le entregó al Rey una reliquia.

Abuelo, ¿la caja de hierro cuando la cambiaron? Si Josemari, mira en septiembre de 1695 se tributaron solemnes y extraordinarios cultos con motivo del traslado del cuerpo de San Julián desde la caja de sabina a la valiosa y artística caja de plata, exponiéndose a la veneración del pueblo por espacio de dos días el cuerpo de San Julián, es decir los días 2 y 3 de septiembre de 1695 y en 1760 fueron trasladados a la capilla del Trasparente donde están ahora.

Pero no fueron éstas las únicas veces en que se quebrantó el juramento de no manifestar el cuerpo de San Julián. Sin pensar y saliéndome del alma, dije: ¡Como dice la abuela, quien hace un cesto, hace cientos! Así es Josemari, quien incumple una vez no le cuesta volver a incumplir una vez y mil veces más al ver que no hay castigo.

Con motivo de la venida a la ciudad del Rey D. Fernando VII, el 30 de julio de 1816 se volvió a exponer al público el cuerpo del Santo. En esta ocasión vino con el Rey el infante de España D. Antonio de Borbón, el Duque de Alagón y D. Pedro Cevallos, Ministro de Estado y demás personas de la comitiva regia estuvieron viendo el cuerpo del Santo. En 1850 la Reina Dña. María Cristina vino a Cuenca y el día 5 de septiembre, después de la Misa Pontifical se hizo otra manifestación del Cuerpo del Santo, siendo Obispo D. Fray Fermín Sánchez Artesero.

Desde esta fecha no se registra ninguna manifestación más del Santo, hasta el 5 de mayo de 1905, que vino a esta ciudad el Rey D. Alfonso XIII, que después de su coronación proyectó la visita a todas las capitales de su reino. Componía la comitiva regia el Presidente del Consejo de Ministros, Sr. Fernández Villaverde; el Ministro de la Guerra, Vicente Martitegui; el Sr. Conde de Grave; el grande de España, Sr. Santillana; el Doctor Alabar; el Presidente del Tribunal de Cuentas, D. Mariano Catalina y los Senadores y Diputados a cortes por la provincia de Cuenca.

¿Qué es lo que hay actualmente dentro de la urna? Mira Josemari, durante la Guerra Civil, Cuenca quedó en el lado republicano y los primeros días aquí reinó el caos produciéndose los mayores destrozos y saqueos, entre ellos el de la Catedral y el Palacio Episcopal, donde se quemaron los restos de San Julián, un día de octubre de 1936. Así que dentro de la urna están los huesos que se recogieron y fueron enviados a la Escuela de Medicina Legal de la Universidad de Madrid en 1944, que fueron los encargados de analizar los huesos y certificar los que eran realmente de San Julián, huesos que están depositados en su interior. El decreto de autenticidad de los restos fue firmado el 19 de octubre de 1945.

El sol entraba por el rosetón de la fachada principal cuando abandonamos la Catedral, esa tarde comprendí que en este mundo no se respeta ni a los vivos ni a los muertos y que San Julián fue Santo en vida, y después de muerto, teniendo más paciencia que el Santo Job.

Cuenca, 25 enero de 2015

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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