domingo, 11 de octubre de 2015

Un pilar de nuestra Catedral

El estuco conmemorativa de la aparición de la Virgen a Santiago de la Capilla del Pilar de la Catedral de Cuenca

Era el mes de octubre, el otoño se apreciaba en el cambio del paisaje, siendo  palpable dentro y fuera de la ciudad de Cuenca, sus colores verdes se tornaban en amarillos oro con matices arcillosos de el borde de las hojas como presagio del frio invierno que se avecinaba, pero los estucos de la capilla del Pilar seguían tan blancos como el día de su inauguración, obra de Martín de Aldehuela en 1770. Hoy era el día de su festividad.

Como niño inquieto y ávido de aprender no dudé ni un instante en preguntar a mi abuelo Sabino por tal interesante motivo. Abuelo, ¿Me cuentas la historia de esta Virgen? Josemari debes de saber que esta Virgen es la del Pilar y que se apareció a Santiago allá por los años 40 en Zaragoza.
Estuco de la representación de la
aparición de la Virgen a Santiago.
Capilla del Pilar en la Catedral de Cuenca.
Foto: (C) José María Rodríguez González

Nos abrió Pepito, el sacristán, la reja y nos sentamos en unos reclinatorios que había en su interior el estuco de la aparición de la Virgen lucía con sus mejores blancos al llegar la luz del medio día a la linterna de la capilla. Comenzó su relato con voz profunda, alta y segura que hizo que Pepito le oyera y se quedara junto a la reja escuchando. En los márgenes del Ebro oraba Santiago el Mayor con sus discípulos. Cuenta la tradición que se apareció al Apóstol la Virgen María, Madre de Dios, entre coros de ángeles y sobre una columna de mármol, pidiéndole al Santo que edificara una capilla en ese lugar. Nadie impugno esta vieja tradición hasta que Baronio, apoyado en documento que daban pié para negar la predicación de Santiago en España y con ella la aparición del Pilar dió motivo a las discusiones. No existen ciertamente testimonios evidentes que comprueben la verdad histórica. En los primeros años del cristianismo los perseguidores de la Iglesia destruyeron cuantos escritos existían. Diocreciano destruyó todos los libros sagrados y más tarde la invasión sarracena en la Península. No obstante los defensores de la tradición encuentran indicios que con los testimonios de los siglos posteriores sirven en apoyo de la misma. Admitiendo la verdad de la predicación de Santiago en España en las de Prudencio se hacen alusiones a nuestra tradición y en los tiempos posteriores a la dominación musulmana hay indicios manifiestos de la existencia del templo del Pilar. Así pues se hace remontar la existencia del templo al siglo VII en los tiempos de San Braulio, Obispo de Zaragoza (590-651).

Alfonso el Batallador va a visitar a Nuestra Señora en su templo inmediatamente de ser reconquistada la ciudad. El Obispo Pedro Torroja, en 1181 hace donaciones para la fábrica y culto de la Iglesia del Pilar. Alfonso II de Aragón consignó en su testamento una manda para el culto de la Virgen en el Templo del Pilar. En honor a la Virgen  se creó en Sevilla una hermandad por los soldados de Aragón que tomaron parte en la reconquista en 1249. Las Cortes de Aragón de 1080, pidieron a Roma oficio propio de la Virgen con la historia de esta aparición y la Santa Congregación se negó a tal propósito. En 1704 reintentaron las peticiones y repitió también la negativa de Roma. Se promovieron consultas en 1723 con el promotor de la fé Cardenal Lambertini, después de Benedicto XIV y al fin se accedió. Clemente XII permitió celebrarlos en todos los dominios del Rey Católico, el 12 de octubre el oficio de la conmemoración. Pío VII elevó esta festividad a rito de primera clase y Pío IX extendió esta concesión a todos los dominios de España.

Más tarde nació la idea de la peregrinación nacional. Pío X manifestó el deseo que tenía de ver y bendecir la Corona de la Santísima Virgen del Pilar. En la Corona hay dos mil ochocientos treinta y seis brillantes, cinco mil setecientos veinticinco rosas, ciento cuarenta y cinco perlas, sesenta y cuatro esmeraldas, setenta y dos rubíes y seis zafiros y el resplandor que sirve como de fondo a la Corona está compuesto de cuarenta y siete brillantes, dos mil trescientos once rosas, ciento treinta y siete perlas, mil noventa y siete perlas hiladas, ochenta y tres esmeraldas, setenta y tres rubíes, cincuenta y siete zafiros, noventa y cinco granates, ciento veinte anatistas, ochenta y siete topacios, cuarenta y cuatro turquesas y catorce corales grandes. El día 20 de mayo de 1905 se colocaron las coronas primero al Niño Jesús y después a la Virgen.

En 1677, el propio rey Carlos II colocó la primera piedra del Templo actual de la Virgen. En 1750 es Fernando VI quien da otro impulso a la catedral, ordenando en 1750 la construcción de la Santa Capilla o Capilla del Pilar, con los planos que Ventura Rodríguez modificó. El 8 de septiembre de 1804 se inauguró a capilla de Santa Cristina y el 10 de octubre de 1872 se consagro solemnemente el Templo. El Cardenal García Cuesta, Arzobispo de Santiago, por Real Orden de 23 de julio de 1904, fue declarado Monumento Nacional.

¡Vaya lío que se trajeron hasta que la terminaron! Josemari las obras grandes requieren grandes inversiones y eso no está al alcance del pueblo, es el Estado quien tiene que ser el promotor y pagador, pero es la Fé del pueblo quien los impulsa hacer estas grandes obras que perduran en el tiempo. Y que te conste que Ventura Rodríguez es también el autor de nuestro Altar Mayor y el Transparente.

Cuenca, 11 de octubre de 2015


José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico

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