sábado, 10 de octubre de 2015

Belmonte, belleza medieval

BELMONTE, SORPRESA Y BELLEZA

Belmonte hoy es noticia al acoger en su Castillo el torneo internacional de combates medieval.
Por los años ochenta, visité por primera vez Belmonte quedando sorprendido, descubrí que este pueblo era un remanso histórico, al amparo de las bellas reliquias del pasado que dan una impresión de paz y de armonía, de austeridad y de recogimiento.

Mi visita estuvo motivada para congratularme con los gratos recuerdos que tenía mi novia, actualmente mi mujer, al haber vivido con sus padres algunos años en el pueblo. En la puerta del Templo coincidimos con antiguas vecinas, lo que originó que nos trataran como si fuéramos hijos del pueblo, no cobrándonos la entrada de la vista a la Colegiata.  

Para conocer Belmonte es imprescindible bucear por su pasado. Buscando e indagando he conseguido  una idea aproximada de su pasado esplendoroso.

Belmonte o mejor dicho BELLO-MONTE, Debe su nombre a las encinas y pinos que antiguamente colmaban sus montes y que probablemente la voracidad de los incendios y de la codicia o ambos a la vez, han hecho desaparecer casi por completo.

Su fundación viene ligada también a sus montes, pues se cree que unos carboneros fueron los que poblaron inicialmente el paraje, levantando un poblado de casas provisionales y sea por necesidad de su industria, por la belleza del lugar o por la abundancia y calidad de sus aguas potables, que el agua siempre tuvo gran influencia en la fundación de poblaciones, el hecho es que el poblado provisional se convirtió en una aldea al principio, denominándose “Las Chozas”  sin duda por ser esas las primeras construcciones y luego tomó el nombre de Belmonte.

Esta aldea perteneció al señorío de Alarcón hasta que el Rey Don Enrique II la eximió de la jurisdicción de este señorío haciéndola villa independiente, pues aunque casi todos los historiadores atribuyen este hecho a Don Pedro I de Castilla, lo cierto es que enel archivo de la Catedral de Cuenca hay un documento original que es la confirmación de Don Juan II y Don Enrique III del privilegio otorgado por Don Enrique II; el hallazgo feliz de este valioso documento se debe a Don Eusebio Ramírez, que sobre él tiene escrito un pequeño libro que así lo acredita.

El primer Señor de esta Villa fue Don Juan Fernández Pacheco, que no hay que confundir con el primer Marqués de Villena, que también usó este nombre. Dicho señor, primero de Belmonte, consta que fue: ”muy antiguo, muy principal y muy dichoso en la guerra y muy prudente en la paz”. Casó con Doña Inés de Meneses, de este matrimonio nació Doña María Pacheco que casó con Don Alfonso Téllez Girón y que fueron los padres de Don Juan Pacheco, Maestre de Santiago y Don Pedro Girón, Maestre de Calatrava.

Este Don Juan Pacheco es el primer Marqués de Villena y a él debe Belmonte todo su esplendor.
En efecto, este poderoso señor favorito de Enrique IV, consiguió un privilegio en el que a cambio de la cesión de sus derechos a la villa de Atienza, que en unión de su hermano el Maestre de Calatraba, Don Pedro Girón, habían conseguido de los Reyes de Navarra le concedieran: juro de heredad y descargo de los pechos a la Villa de Belmonte, lo que fue origen de su notable desarrollo.

Consiguió también el omnipotente Marqués de Villena, por bula expedida en Mantua por el Sumo Pontífice Pío II en 1459, se erigiese en Colegiata la iglesia parroquial de San Bartolomé, la que mandó reedificar en la forma espléndida en que aún puede admirarse.

La obra se encomendó a arquitectos vizcaínos, entre ellos un tal  Marquina y a Bonifacio Martín. Su construcción duró varios años, pues mientras el arte gótico se ostenta todavía airoso en el ábside con sus agudas ojivas y contrafuertes, su decadencia se observa en las dos portadas, aunque la severa estatua del apóstol titular y una pequeña claraboya recortada en estrella comunican a la principal un carácter más antiguo. Todo el edificio se compone de tres elegantes naves, sostenidas por gruesos pilares. Elevándose más la del centro en la que se encuentra el magnífico coro bajo, cuya sillería, que es la primitiva de la Catedral de Cuenca, por ser de nogal labrado, en ella se representa artísticamente pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento.

La Capilla mayor, de orden gótico-arábigo, es de gran belleza y gallardía en donde en elegantes nichos góticos campean las bellísimas estatuas de los fundadores de las casas de Villena, de Don Alfonso Tellez Girón y Don Juan Fernández Pacheco y las de sus esposas.

Cercan las tres naves multitud  de hermosas Capillas de fundaciones particulares elegantes verjas de hierro, algunas de extraordinario mérito, construidas la mayor parte en los tiempos del renacimiento por Berruguete.

Tenía la Colegiata cuatro dignidades: prior, chantre, tesorero y maestescuela, seis canónigos, cuatro racioneros, cuatro medio racioneros y ocho capellanes.
Fundó también el convento de Franciscanos observantes de la provincia de Cartagena y el Hospital de San  Andrés.

Pero sobre todo a la soberbia y ambición del opulento Marqués le debe Belmonte la valiosa joya de su magnífico castillo que se alza en un bello paraje presidiendo la población. Quince años duró su construcción, de 1455 a 1470. Tiene seis colosales torreones de los que arrancan seis lienzos de los cuales unos son rectos y otros forman ángulo hacia dentro, formando su planta a modo de estrella; todo él está rodeado por una artística barbacana o antemural coronada de almenas. Franqueada la pesada puerta de hierro que da acceso al Castillo  se contempla un hermoso patio triangular y en su interior puede aún admirarse los restos de su antigua magnificencia en las espaciosas estancias en las que aún quedan algunos maravillosos artesonados de la época, las artísticas chimeneas y el caprichoso alfeizar de sus ventanas protegidas por gruesas y magnificas rejas exteriores.

 El castillo sufrió una restauración  en tiempos de la Condesa de Montijo, la Emperatriz Eugenia, que aunque no sin ocasionar algunas profanaciones, hizo posible que aun podamos contemplarle de pie y su dueño posterior, el Duque de Peñaranda, mandó hacer otras restauraciones que eran muy necesarias para mantenerlo en pié.

Las mazmorras con sus muros de tres o cuatro metros de espesor y su horrible agujero en el techo por donde dicen que arrojaban los presos para no volver a salir más y una puerta tapiada llamada de Beltraneja, por la que cuentan los lugareños, huyó esta desgraciada princesa.

De ambos lados del Castillo arranca la almenada muralla que cercaba el pueblo y que mandó construir el Marqués al mismo tiempo que el castillo, a sus expensas la tercera parte y las otras dos a expensas de los vecinos, aún quedan en pié varios trozos de muralla y los arcos de las puertas que daban  entrada al pueblo.

El sucesor de Don Juan Pacheco, su hijo Don Diego, trasladó a Belmonte  en 1502 el Convento de Dominicos, fundado en La Alberca por el infante Don Juan Manuel, dándole por albergue su antiguo palacio y por dotación 500 fanegas de pan anualmente y otras dotaciones.

Don Alfonso Severo, vecino del pueblo, lo que fue beaterio y casa de inquisición lo convirtió en Convento de Franciscanas de la Purísima.

El edificio que en 1933 fue la cárcel y el teatro lo mandó construir a sus expensas la Ilustre señora Doña Francisca Ponce de León en 1627 para Colegio de la Compañía de Jesús, por eso aún se denomina a este edificio “La Compañía” colegio que alcanzó gran esplendor llegando a reunir más de 600 alumnos hijos de nobles familias castellanas.

Había en Belmonte muchas ermitas de las cuales en diferentes épocas se destruyeron las de San Sebastián, San Lázaro, San Cristóbal, San Juan, San Ildefonso, San Antón, Sata Quiteria, Santa Ana y Ntra. Señora de las Nieves, que existieron unas dentro del pueblo y otras en diversos puntos de sus alrededores y sólo quedan hoy la de Santa Lucía y la de la Virgen de Gracia, patrona del pueblo. Esta última se fundó en 1428 por Don Alonso Téllez Girón, según la tradición para perpetuar la memoria de un milagro, que la protagonista una mujer llamada “La Revejida” refirió así: que habiendo caído en un pozo con mucha agua se encomendó a Ntra Sra. de Gracia que milagrosa y visiblemente la salvó. Se refieren muchos milagros a esta imagen y es muy venerada y querida por el pueblo.

Cuenca, 10 de octubre de 2015


José María Rodríguez González. Profesor e Investigador histórico. 

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