lunes, 18 de enero de 2016

El amigo de San Julián

San Lesmes,  el criado y limosnero de San Julián

La vida en mejor siempre con compañía”, esa frase la solía repetir con frecuencia mi abuelo Sabino.  El domingo, 21 de enero de 1962, al salir de misa de la capilla Honda nos sentamos frente al Transparente, señalando con la garrota el  altorrelieve de la izquierda donde está el Santo con la tradicional cesta y a su lado su compañero San Lesmes. ¿Sabés quien es el acompañante de San Julián? No abuelo contesté, es San Lesmes, contesto mi abuelo. Era la primera vez que oía tal nombre y repliqué, ¡San Lesmes, es raro hasta el nombre!
San Julián y San Lesmes.
Capilla del Transparente de la Catedral de Cuenca

Te contaré su historia y promete que nunca la olvidarás, ¡lo prometo, pero eso no quita que el nombre sea muy raro! Prosiguió, el nombre nos parece raro porque es de procedencia francesa, su verdadero nombre era Alleame, que castellanizado se quedó en  Adelelmo y tras los años degeneró en Lesmes.

El portador del nombre a España fue el Abad Alleame (Lesmes, Patrón de Burgos) nació en la aldea francesa de Loudun, de la región de Poitou. Su familia era rica. A la muerte de sus padres vendió todo, se lo dió a los pobres y se fue de peregrinación a Roma. Se hizo monje y llegó a ser Abad del monasterio de La Chaise-Dieu en La Auvernia. Vino a Burgos por deseos de la reina Constanza de Borgoña, que era francesa, esposa de nuestro rey Alfonso VI, para asesorar a la Corte y contribuir a remediar los males que aquejaban a la tierra de Castilla. Fundó el monasterio benedictino de San Juan Evangelista. En 1085 intervino en la toma de Toledo haciendo el milagro de separar las aguas del Tajo para que el ejército castellano pudiera tomar la ciudad de Toledo. En 1097 falleció siendo enterrado en el monasterio que fundó en Burgos y es el Patrono de esa ciudad.

De este personaje tomó el nombre nuestro Lesmes, nacido en Burgos en el seno de una familia pobre pero honrada. ¿Por qué dices lo de honrada? Porque nosotros los pobres es lo único que tenemos y no debemos perder.  (Según la biografía de San Julián de Juan José Bautista -1945 - y el historiador burgalés Izarra), San Julián se queda con el criado más joven de cuantos sirvieron en la casa de sus padres, este era Lesmes, a quien expone detalladamente su proyecto de retirarse a la casa, que había mandado construir, en el Valle de la Semella para vivir en oración y retiro. Se cuenta de Lesmes (que llegaría a ser santo como San Julián) que era un mozo de recia configuración, rostro curtido por los soles de Castilla y de contextura pacífica y sosegada, más por virtud que por temperamento; mocetón que raya en los veinticinco años y de fornida musculatura… en estos días de retiro su misión fue la de orar, limpiar la casa, preparar la modesta comida y servir a San Julián convertido en anacoreta.

En los meses que pasan juntos en la casa del Valle de la Semella, Lesmes tras la meditación y el recogimiento dibuja en su ser la dignidad sacerdotal y tras la Eucaristía diaria siente deseos y ansias vehementes del Sacerdocio, manifestándoselo a San Julián, quien con permiso del Prelado de Burgos queda bajo sus enseñanzas. No pasó mucho tiempo cuando el Obispo de Burgos le confiere las Órdenes menores y sagradas hasta el Presbiterado a Lesmes.

Tras varios años San Julián sintió la necesidad divina de evangelizar y tras consultarlo con un religioso de reconocida virtud, experiencia y letras tomó la firme e irrevocable resolución de hacerse sembrador de la semilla del evangelio.
San Julián y San Lesmes en la elaboración de cestas

Al despuntar el día y puesto en pie San Julián, llama a Lesmes y le dice: ¿Quieres acompañarme? ¿A dónde, señor? Le responde Lesmes, ¡A recorrer España!, con vos hasta la muerte, dijo Lesmes por toda contestación y llevando el Breviario, el crucifijo, una estampa de la Virgen y una muda, como equipaje, San Julián y Lesmes abandonan la casita junto al río Arlanzón, alejándose de las tierras burgalesas.

Cuatro años llevaban los dos apóstoles del bien en la religiosa conquista de mahometanos, herejes y judíos cuando en 1191 se hallaba próximo a Toledo trabajando en la recristianización de las almas cuando fallecía el Arzobispo de la Iglesia de Toledo, D. González Pérez y le sucedió en la Sede vacante D. Martín López, bienquisto (apreciado, querido, respetado) del monarca Alfonso VIII. El citado Arzobispo le remitió a San Julián el nombramiento de Arcediano, que aunque a primera instancia fue rechazado, ante la insistencia del Prelado terminó aceptando el cargo. Toledo le abrió las puertas al famoso predicador que había recorrido España entera y como caballero andante a lo Divino (comparándolo con Don Quijote), había dejado impreso en el corazón del alma española el anagrama de dos únicos amores: Cristo y María. San Julián y Lesmes quedaron instalados en una modesta casa de la ciudad Imperial, tomando posesión del Arcedianato.

Alfonso VIII conocía a San Julián personalmente, le había oído predicar muchas veces en la Catedral toledana y estaba además informado por el Arzobispo D. Martín López de las cualidades altamente excepcionales de su Arcediano, destacando en humildad, celo, elocuencia y sabiduría, con un especial trato de gentes y el Monarca testigo de la caridad, prudencia e infatigable laboriosidad del Arcediano le propuso la mitra de Cuenca en el año 1196. Nombramiento que San Julián rechazó y tuvo  que intervenir el Arzobispo para que aceptara quedando por las letras Apostólicas de Celestino III, nombrado Obispo electo de la Diócesis conquense.

Sesenta y ocho años contaba San Julián cuando fue consagrado Obispo. San Lesmes y su Obispo salen a pie por sendas y vericuetos, recorriendo los ciento cincuenta y tantos kilómetros que separan Toledo de Cuenca. Cinco jornadas son las que tardaron en llegar a Cuenca y avisados que la ciudad les prepara un recibimiento, San Julián y San Lesmes  retrasan su entrada aguardando que llegue la noche y con la débil luz de las estrellas cogen las enriscadas cuestas en que está situada la ciudad y orientados por un rapazuelo se internan por el Barrio de la Judería, rozando los muros del Alcázar y tomando el camino de descenso que les llevaría a la morada donde  habitó, D. Juan Yáñez, mandada construir por el mismo Alfonso VIII que más tarde amplió Don Mateo Reinal en el siglo XIII (1250). San Lesmes vivió con San Julián hasta su muerte de su Obispo, el 28 de enero de 1208, siendo testigo de los muchos prodigios y milagros. Tras su muerte San Lesmes regresó a Burgos, sobrevivió diez años a su Santo Señor, no se sabe el día exacto de su tránsito, por lo que algunos apuntan el mismo día de la muerte de San Julián, 28 de enero y otros apuntan el 30 de enero, día en que murió el Abad San Lesmes, Patrono de Burgos y al cual se pareció en el nombre y en sus virtudes.

Y aquí nos quedamos por hoy, ¿Jamás se separó Lesmes de San Julián? Pregunte a mi abuelo. Mira Josemari los amigos son personas que hacen más fácil  la vida, procurando lo mejor para la otra persona, es considerar a la otra persona en primer lugar siendo honrado, leal y casto en todo. Un amigo es la persona que realmente nos estima, valora y sabemos que podremos contar con ella en los momentos más difíciles de nuestra vida y eso fue San Lesmes para San Julián.

Dos cosas aprendí ese día: quien era Lesmes y quien es un buen amigo  en esta vida.

Cuenca, 18 de enero de 2015 –

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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