miércoles, 27 de enero de 2016

El Giraldo, San Julián y el Rey Alfonso XIII

El Rey Alfonso XIII visitó en 1905 la ciudad de Cuenca

El día estaba claro aún siendo invierno y el sol calentaba agradablemente cuando nos sentamos en el bordillo de la barandilla que da a la calle Solera de la Plaza Mayor. Como día festivo que era en la ciudad, por la celebración del Patrón, había mucho movimiento de personalidades que se disponían a entrar en la Catedral para la celebración de la Santa Misa. Eso dio pie a mi abuelo para contarme lo sucedido en la visita que realizó el rey Alfonso XIII a nuestra ciudad.

Corría el año de 1905, a tres años vista de la caída de la torre del Giraldo, cuando la prensa del momento informaba de la visita del Monarca a nuestra ciudad. El 27 de abril, después de las Horas Canónigas Vespertinas, el Sr. Obispo, previo recado de atención, reunió a todos los señores Capitulares en la sala de sesiones para informarles que el miércoles de la semana siguiente visitaría la población S.M. el Rey Don Alfonso XIII y habría que enseñarle el cuerpo de nuestro glorioso Patrono. Ante los hechos lo más conveniente, pensó el Cabildo y su secretario sería, abrir la urna del Santo con antelación y examinar el estado en que se encontraba el cuerpo, no sea que al venir el Rey hubiera alguna dificultad en ello.

Aceptada unánimemente la idea, se procedió, trayendo las tres llaves de la urna que estaban en poder, una de Su Ilustrísima, otra la poseía el Sr. Deán y otra el Obrero. Abierta sin dificultad la caja se observó el perfecto estado del Cuerpo del Santo, por lo que se podría exponer a su veneración, regresando a la sala Capitular se tomo nota de cómo proceder en el día de la visita.

El Cabildo se reunió el día 1 de mayo de 1905 con objeto de comunicar que según el telegrama del señor Gobernador de la provincia había recibido del Ministro de la Gobernación que llegaría a esta capital el miércoles próximo a la una de la tarde. Visto el comunicado el cabildo acordó que se recibiera a S.M. el Rey en la forma que se había hecho en otras visitas regias y se procediera según dispone el Pontifical Romano para tales casos.

A la una y media, del día tres de mayo de 1905 llegó S.M. a las escaleras de esta Catedral en cuya parte baja le esperaban el Ilmo. Sr. Obispo de la Diócesis, vestido de Pontifical, acompañado de dos diáconos de honor, vestidos de capa pluvial y de todo el Cabildo y el cuerpo de Beneficiados, vestidos de traje coral; a continuación estaba el clero de la Ciudad revestido de sobrepelliz (1*) y los Colegiales del Seminario y San Pablo. En medio de las dos filas y a la puerta de la Iglesia, esperaba el palio cuyas varas eran llevadas por cuatro Capitulares de la iglesia y cuatro concejales del Ayuntamiento. La subida de las gradas estaba hermosamente adornada con vistosos arcos cubiertos de ramaje con cintas y banderolas, y a los lados y a la entrada de la Iglesia, a pesar del estorbo o embarazo de los andamios que se estaban haciendo para la obra de la torre, se habían colocado algunos de los valiosos tapices que tenía el Cabildo, resultando de efecto sorprendente la entrada de la Catedral.

Llegado Su Majestad a las gradas, el Ilmo. Sr. Obispo le dio a besar el Lignum crucis, poniéndose a la derecha; al entrar en la Iglesia le aspergeó con el hisopo de agua bendita y se colocó debajo del palio, marchando por la nave primera a los acordes de la marca real tocada en el órgano grande. Subieron todos por entre la valla hasta la Capilla Mayor en el Presbiterio, en donde se arrodilló S.M. en el reclinatorio al efecto preparado. El Ilmo. Sr. Obispo entonó el Te Deum, que continuó cantando la Capilla de música en el coro con toda solemnidad; terminado el Te Deum y dichas las preces del Pontificado, se cambiaron de ropa los oficiantes y marcharon con S.M. hacia la Sala Capitular donde estaba colocada la urna que contenía el cuerpo del Santo Patrón, abierta y en disposición de ser visto el cuerpo del Santo por S.M. La Sala Capitular producía un efecto grandioso; las paredes estaban cubiertas con los preciosos tapices de la Iglesia; en la parte superior se había levantado un hermoso trono, ocupando el centro la imagen de Ntra. Sra. Del Sagrario, a sus pies la rica urna del Santo y a los lados multitud de cirios que daban a la Sala un aspecto fantástico. Una vez que S.M. adoró el cuerpo de San Julián, el Sr. Obispo dió las gracias a S.M. por la honra que dispensaba a esta Iglesia con su visita, en nombre de su Cabildo que tan gustoso se había prestado para obsequiarle, del Clero y de los fieles de la Diócesis y al verse al lado de los venerandos restos de Ntro. Patrono San Julián, recordó tan profundamente emocionado que apenas podía hablar, la última vez que hubo que sacar esos preciosos restos de su lugar, de su casa propia, para trasladarlos a otra Iglesia que ofreciese seguridad, con motivo del triste acontecimiento del hundimiento de la torre, concibiendo entonces la esperanza de que si un Alfonso había puesto la primera piedra de esta catedral, otro Alfonso había de ser el que reconstruyera la torre, y eso había de hacerlo Su Majestad.

Después le hizo ver que la urna del Santo solo se abría cuando Sus Majestades visitaban esta Ciudad, concediéndoles este especialísimo honor y terminó recomendando a S. M. siguiera las doctrinas de nuestra sacrosanta religión, cuyas enseñanzas había recibido de Su Augusta Madre. S. M. el Rey se dignó contestar personalmente, agradeciendo al Ilmo., Sr. Obispo las manifestaciones que le había hecho, saludando en su nombre a todo el pueblo de Cuenca, ciudad que pensaba haber visitado hacía ya tiempo y que si no lo había hecho antes, era por esperar a que estuviesen presupuestados los gastos de la torre, lo cual entendía estaba ya hecho, pero que de todos modos él empeñaba su palabra de Rey de que la torre se construiría”.

El Ilmo. Sr. Obispo entregó a Su Majestad dos medallas de oro tocadas al cuerpo de San Julián, una para él y otra para su Augusta Madre. Desde allí pasó a ver las reliquias y alhajas de la Catedral, que estaban expuestas en la sacristía, desde donde marchó a visitar el artesonado de la capilla del Sagrario Corazón de Jesús (capilla Honda) y después fue a ver el arco de Jamete destruido, saliendo de la Catedral a los acordes de la marcha real, en la forma que había entrado.

Los dos días siguientes, es decir el jueves y el viernes, estuvo el cuerpo del San Julián expuesto en la Capilla del Sagrario, según estaba acordado, siendo visitado y venerado por todos los fieles de la Ciudad. Al visitarlo se permitió pasar rosarios, medallas y objetos piadosos por el cuerpo del Santo, tocando los objetos sus vestimenta.

El viernes por la noche se trasladó el cuerpo del Santo  desde la capilla del Sagrario a su propia Capilla, cerrando la verja y quedando todo en la forma ordinaria, de todo lo cual dió fe el Secretario, Dr. Timoteo Hernández Mulas, levantando certificado de todo lo acontecido.

Así fue como sucedió y así lo cuento. ¿Cómo es que la torre del Giraldo no se construyó  si el Rey afirmó que estaba presupuestado el coste de su reconstrucción? Eso Josemarí es harina de otro costal.
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(1*) Sobrepelliz, hábito coral y para administrar los Sacramentos, semejante al roquete que es la vestidura de dignidad, propia de Obispos y Canónigos, como una especie del alba corta con mangas estrechas y largas y el sobrepelliz lleva las mangas anchas y cortas.

Cuenca, 27 de enero de 2015
José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico


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