lunes, 13 de octubre de 2014

El ébola ¿La primera peste del siglo XXI?


La prevención y el aislamiento son las únicas armas contra el virus

Desde la antigüedad, todas las civilizaciones en diversas épocas, sufrieron el azote de las enfermedades epidémicas y todas ellas abordaron el problema a partir de tres elementos. En primer lugar se puso en marcha algunas medidas de carácter religioso-mágico, con el fin de aplacar a los dioses y fuerzas naturales. En segundo lugar, desde donde alcanza la documentación, se trató de utilizar el conocimiento científico a través de la actuación profesional de los médicos (1*) y también fue constante la implicación de los poderes públicos en la lucha para vencer la pandemia al ser un ataque a la convivencia social de un pueblo.

La peste de Azoth 
En el conocimiento sobre este tipo de enfermedades se encuentran algunas de las emblemáticas plagas de Egipto, que fueron impactantes en los relatos bíblicos (2*). Más adelante destaca la epidemia que afectó a los filisteos (peste Azoth, la gente enfermaba y moría de repente, nadie sabía la causa), que los hebreos interpretaron como el castigo divino por haberse apoderado del Arca de la Alianza. “Los que no murieron fueron atacados con tumores y los alaridos de angustia de la ciudad subieron hasta el cielo” (1 Samuel  5,12). Es curioso que esta pandemia manara de los efluvios que surgieron de la apertura del arca sagrada y relacionado con la violación del espacio Sacro. A ésta siguió otra que fue atribuido a los pecados cometidos por el rey David (3*) y es un hecho, en los escritos proféticos, la amenaza divina del castigo a través del hambre y la peste. Por el influjo bíblico en las civilizaciones occidentales han tenido cierto impacto icónico. Muchas veces estas enfermedades contagiosas mencionadas por la Biblia, se han interpretado como castigo divino.

Cuenca no se vió libre de ellas. La peste castellana de 1422 no es muy conocida y afectó principalmente a Cuenca, Ocaña, Alcalá de Henares y Sevilla. No faltan testimonios literarios que nos ayuden a establecer el panorama histórico de este brote de peste. Va a ser la crónica de Alvar García de Santa María la que nos suministra noticias sobre la propagación de ésta en el reino de Castilla: “Esto fizo el Rey, sin llamar sobre ello á Cortes, según se solía acostumbrar, por cuanto muchas partes del reino había pestilencia é era peligroso que á la corte viniesen gentes de estos tales lugares”. Y con relación a la situación de Cuenca nos lo relata la catástrofe Juan Fernández  de Valera “servidor e húmil fechrura” de D. Enrique, tras excusar su tardanza se dirige a su señor de esta manera: «... a duras penas so guarido de la landre, de la qual ha açerca de quatro meses que so pasionado. E en este comedio finó mi mujer e una fija mía, e toda mi familia, e Garçi Sánchez mi padre, e mis abuelos lo han Fernandes e su muger, e dos hermanos míos, e otros sobrinos e parientes e amigos muchos, tanto e en tal manera, señor, que fablando verdat a vuestra alteza, yo me siento muy solo e desabrigado en esta çibdat» (4*).


Parte del retablo de la Virgen de las Nieves en la Catedral de Cuenca. Inscripción sobre las petes acaecidas  
Y así tenemos escritos en el retablo de la Virgen de las Nieves, que acredita la intervención divina para las acaecidas de 1492 y 1717 y anteriormente a éstas, la peste sufrida en el primer años del pontificado de San Julián, representada en los cuadros de Bartolomé Mataranas (1573-1605), actualmente expuestos en la Capilla Honda de la Catedral de Cuenca. Éste pintor dedicó, allá por el 1595, diversos cuadros a la vida de San Julián. Es en uno de ellos, en el que representa “el Milagro de la Peste”, donde  elige como escenario el fondo de nuestra Catedral, concretamente en el margen izquierdo representa una parte de la fachada con dos de sus tres puertas principales y las escaleras de acceso.
La peste en Cuenca. Milagro  de San Julián.

Nuevamente y en nuestra época, un mundo globalizado, surge otro principio de pandemia, el ébola. Según el Coordinador de la ONU para el ébola, David Nabarro: “la aparición de nuevos casos fuera del continente propagador (África) no queda descartada ni en Europa ni  en ningún continente”. Según Nabarro, se trata de la peor emergencia sanitaria de todos los tiempos porque se ha declarado en un mundo globalizado, donde las distancias no existen: “con la hoja de ruta de la OMS estamos en el camino de controlar la epidemia y frenar los contagios gracias al despliegue logístico y a la formación de miles de personas para atender a los enfermos”. Según el último boletín de la OMS la epidemia persiste y las victimas aumentan. No hay ningún índice que permita concluir que está bajo control. La situación continúa deteriorándose y ya hay contabilizadas unas 8.399 víctimas de las cuales 4.033 son mortales. Por ahora la prevención y el aislamiento son las únicas armas contra el virus, porque para la vacuna habrá que esperar hasta mediados de 2015.

Todo esta intranquilidad social que estamos viviendo nos lleva a la desconfianza, tal vez, como en aquella época anterior que relato, la gente se olvida de lo que es un virus y deposita la causa de lo sucedido a la malevolencia de agentes humanos enemistados con el resto del mundo, ya no a los dioses. No hay que ponerse trágicos, en nuestros días se resuelve gracias al mecanismo infalible de la víctima propiciatoria o chivo expiatorio que consiste en designar aleatoriamente un culpable y dirigir contra él toda la agresividad social. Podría haberse escogido entre enfermeras, médicos, celadores pero estamos acostumbrados a elegir políticos. Hemos de pensar que ni en la actual epidemia de ébola ni las pestes de otros tiempos, que he expuesto, tiene ni tuvieron propagadores conscientes y voluntarios ni gente que quieran ser portadores de la infección ni de su contagio, seamos conscientes y civilizados y esperemos que esta pandemia sea controlada adecuadamente por quien tenga el poder de hacerlo.
José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico
Octubre de 2014
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(1*) La bibliografía sobre medicina en la antigüedad es particularmente numerosa y existen monográficos dedicados a la medicina de las civilizaciones – NUTTON, V. Ancient. Medicine. Nueva York. 2005. Historia universal de la Medicina. Barcelona. 1972.

(2*) The Plagues of Egypt. Archaeology, History and Science look at ehe Bible, New Jerey, 205.

(3*) “Yahveh envió la peste a Israel desde la mañana hasta el tiempo señalado y murieron  70.000 hombres del pueblo” (1 Crónicas 21,14) y (2 Samuel 24,15).

(4*) Alvar García de Santa María. Cronista de Juan II. CODOIN, XCIX, p. 310.

 

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