martes, 17 de marzo de 2015

El Cristo de la Agonía en el tercer centenario de la fundación de su Hermandad


CUENCA, EL GÓLGOTA DE LA PASIÓN EN LA NOCHE NAZARENA

Guardo gratos recuerdos de la niñez cuando subía animosamente las cuestas, como si fueran llanuras, por el sólo hecho de ver los desfiles procesionales desde el balcón de la casa de mis abuelos en la calle Alfonso VIII. Todo se trasformaba y la vida cobraba aires de piedad y recogimiento, con el rezo del Santo Rosario por las tardes, contemplando desde las ventanas que daban al barrio de San Martín, el morir del día y el emerger de la grandiosa Luna llena de primavera que se elevaba airosa por el Cerro del Socorro, como faro anunciador de la Semana Grande de Cuenca.


Se oyen los tambores, las puertas del balcón engalanado se abren, mientras esperamos a divisar la cabecera de la procesión los minutos se hacen horas. Mi abuelo, como buen conocedor de las costumbres conquenses, aprovecha para decirme que en la época de los gremios cada oficio tenía su paso y que en la actualidad aún queda ese rescoldo de aquel tiempo pasado; pues el señor Ambrosio, como buen hortelano su hermandad es la Oración del Huerto; Abilio  que era albañil, seguía y cuidaba de  Jesús Amarrado a la Columna; el sastre, que vivía dos puertas más abajo, el Cristo de los Espejos; los señores letrados sacaban a Jesús Yacente en el Santo Sepulcro y él como carpintero, se enorgullecía de su más amado paso, San Juan Evangelista.
Cristo de marfil

Este año celebramos el tercer centenario de la fundación de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Agonía, que fue fundada el 12 de mayo de 1715, por lo que el próximo mes de mayo hará 300 años de su fundación.

¿Se tiene constancia de como se realizó su constitución? Intentaré relatar lo que dicen los anales de la época: en la desaparecida iglesia de Santo Domingo de Silos, el 17 de julio del citado año quedaron presentadas las constituciones de esta hermandad para su aprobación ante el Licenciado Don Francisco de Añoa y Busto, dignidad y Canónigo de la Santa Iglesia Catedral, Provisor de la Ciudad y Obispado que gobernaba el Ilmo. Sr. Don Miguel del Olmo. Informadas las constituciones por el Fiscal General, Don Juan Francisco Calvo, el 24 de julio de 1715, se dictaba auto de aprobación de las mismas por el Provisor Señor Añoa y Busto.

San Juan Evangelista

Hemos de saber que la Venerable Hermandad del Santísimo Cristo de la Agonía tiene concedida perpetuamente a cada uno de sus cofrades indulgencia plenaria, bajo ciertas condiciones, por bula expedida en Roma por el Papa Clemente II, fechado el 5 de enero de 1717. Pero no sólo ésta, el Papa Pío VI, otorgó otra bula el 23 de noviembre de 1784, dando el título de Altar Privilegiado el del Santísimo Cristo de la agonía, en su Capilla de la Iglesia donde se recoja en la Ciudad de Cuenca, igualmente sostenía el privilegio de poder usar ornamentos encarnados en su función religiosa anual, que tradicionalmente se venía celebrando el Santísimo Cristo de la Agonía. Este privilegio fue ratificado el 9 de mayo de 1877 por el Ilustre Gobernador Eclesiástico Don Diego Izquierdo. La Hermandad poseía un precioso crucifico de marfil, donado por Don Juan Cerdán de Landa y en recuerdo de esta donación la Hermandad tomó un acuerdo, el día 16 de mayo de 1713, de sufragar una misa anual en el altar del Santísimo Cristo de la Agonía por el descanso eterno de tan piadoso donante. 

Hay datos curiosos que han llegado a mí poder. Una de las Hermandades Religiosas que tuvo mayor arraigo en nuestra ciudad ha sido siempre la titulada al Apóstol y Evangelista San Juan. Su fundación data del año 1702, como lo atestigua el acta primera de su Cofradía que dice textualmente: “Cofradía de San Juan Evangelista, sita en la Iglesia del Convento de San Agustín de esta Ciudad, que se fundó el año 1702”. Como curiosidad digna de recuerdo debemos consignar que el día de San  Bartolomé (24 de agosto de 1816) hubo una solemne procesión organizada por esta Hermandad que trascurrió desde la parroquia de El Salvador, calle de El Peso y Bajada por la Trinidad, hasta el convento de San Agustín, con asistencia del Cabildo de Curas y Beneficiados, Comunidades Religiosas y Autoridades y Cofrades. En esta procesión figuraban las Sagradas Imágenes de Jesús Nazareno, Cristo Crucificado, con el título de “La Luz”, María Santísima de la Soledad y el glorioso Evangelista San Juan. Los pasos fueron llevados por hermanos vestidos de nazarenos como si hubiera sido un Viernes Santo.

Volvamos a la visión desde el balcón. Suenan los agudos clarines y los redobles de tambores nos hacen sentir la majestuosidad del desfile de los nazarenos. Los pasos se mecen en el vaivén de los bancaros mientras en el aire flotan los compases de marchas fúnebres que lloran notas de dolor. Las túnicas se arrastran por los adoquines con sus largas colas buscando el perdón. Sobre las sombras de la noche rompen las luces de los cirios en las tulipas… ¡Ya se aleja la procesión! ascendiendo por la cuesta  que lleva al Gólgota conquense, perdiéndose por los arcos de la Plaza, por fin se pierde por completo entre un temblor de luces oscilantes y las graves notas de un miserere, nuestros ojos aún permanecen abiertos largo rato buscando la silueta del Salvador de la Cruz y el rostro transido de la Madre Dolorosa que cierra el desfile en la noche de la Semana Grande de Cuenca.

Semana Santa de 2015

José María rodríguez González. Profesor e investigador histórico

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