domingo, 21 de junio de 2015

Atentado a la cultura


El grafiti como reivindicador social 

La educación empieza en la familia. No se puede luchar contra una sociedad con gente que sin más van tirando al suelo cualquier desperdicio, teniendo a pocos pasos una papelera para depositarlo. Día tras día somos testigos de la acción de gente que se agrupa en la entrada de los edificios públicos y en las puertas de los bares fumando, tirando sin ningún miramiento la colilla del cigarro al suelo o lanzándolo al aire como avión de papel y grafitis que ensucian las paredes de la ciudad por doquier, de una ciudad que es Patrimonio de la Humanidad. Ejemplos que demuestran  un problema educativo no atribuible a los sistemas educativos docentes. Ser educado no es sinónimo de poseer títulos académicos. La educación es la que un individuo lleva día a día de puertas adentro de su casa, viéndose reflejada de puertas afuera. Un sistema poco puede hacer para instaurar normas que los padres han olvidado de practicar y trasmitir o de exigir a sus descendientes.

La educación es social y en una sociedad donde las preocupaciones van por otro camino poco se puede hacer, la educación no es sinónimo de escolarización, lo digo como docente, sino es sinónimo de ser persona.

D. Lucas Aguirre
Parque de San Julián (Cuenca) 
Todo esto viene por que ayer paseando por el parque de San Julián avisté el busto de D. Lucas Aguirre manchado de pintura. No es la primera vez que esto ocurre y siempre me acuerdo de una frase que fue acuñada a su persona: “Todos los males que padecen los pueblos provienen de la incultura e ignorancia de sus habitantes”, D. Lucas Aguirre, siendo descendiente de una familia humilde de esta ciudad, decidió legar su fortuna para la construcción y mantenimiento de escuelas dedicadas a la educación de los hijos de Cuenca. Creo que esta acción es un ultraje a su memoria y de la ignorancia de quien lo ha realizado.

Una ciudad como Cuenca, Patrimonio de la Humanidad, no puede permitir que sus calles estén llenas de grafitis, ni un solo hueco existe sin manchar. Hay quien piensa que los grafiteros son como los perros, grafitean las paredes para dejar su marca, marcando su territorio, ocultando su actuación en la oscuridad de la noche.

Como profesor e investigador soy consciente de que los grafitis han existido desde el principio de la historia del hombre, anticipándose a las técnicas de la plantilla y el spray, cuando grababan en las paredes de las cuevas dibujos con huesos y piedras cortantes. En la segunda Guerra Mundial, los nazis emplearon pintadas en las paredes para provocar el odio hacia los judíos y disidentes. También fue empleado por los movimientos de resistencia para hacer pública su oposición, tenemos el  ejemplo del grupo “La Rosa Blanca” en Alemania, que a partir de 1942 manifestaban su rechazo a Hitler a través de pintadas hasta que en 1943 fueron detenidos.

El grafitis se inició en 1970 en Nueva York y Filadelfia con la aparición en las paredes  de la ciudad y en las estaciones del metro de Manhattan, de los nombres de los artistas Taki 183, Julio 204, Cat 161 y Cornbreal, trasladándose con el tiempo a los trenes de Nueva York. Muchos de estos artistas buscaban la fama con estas acciones, buscando la comunicación con el transeúnte, utilizaron los trenes porque viajaban alrededor de las ciudades y eran vistas sus pintadas, en 1980 no había ni un solo tren que no estuviera pintado de arriba abajo. Estas acciones se truncaron en 1986 cuando las autoridades de Nueva York tomaron medidas para protegerse de los grafiteros montando vallas de separación en las estaciones y limpiando los trenes de manera regular.

Hoy en día se están dando dos tipos de grafiteros, unos que atienden a un trabajo “legal” realizando murales de gran espectacularidad y técnica y los ilegales para los que todo lugar es válido para dejar su impronta. La opinión de algunos escritores es la que el grafitis es la lucha en contra de lo establecido, es la libertad de expresión en estado puro, más allá de las leyes y de las normas establecidas. No sólo es el hecho del vandalismo realizado en la ciudad sino una agresión en toda regla a la ciudad que da una mala imagen a sus visitantes. En mi opinión, es misión del Ayuntamiento velar por la imagen de la ciudad, Cuenca no se merece tener grafiteadas todas las paredes desde la parte nueva hasta el casco antiguo.

 Esperemos que esta nueva corporación tengo en  cuenta la imagen de la ciudad y de prioridad a estos detalles que dice mucho del comportamiento de sus habitantes.

22 de junio de 2015

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico

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