martes, 16 de junio de 2015

La sociedad romana en la rejería del siglo XVI


El reflejo de la sociedad romana en la rejería del siglo XVI en la Catedral de Cuenca


Detalle Crestería reja del Coro
Son muchos los misterios que esconde la Catedral de Cuenca, con la exposición “El hierro hecho arte” que en estos momentos está expuesta en la Sala de exposiciones de la Catedral y que estará hasta el 31 de agosto de 2015, hay un apartado dedicado a los rostros repujados de la rejería del siglo XVI.
Este apartado de la exposición nos recuerda que el Renacimiento vuelve al orden clásico greco-romano y como tal los rejeros, bajo las directrices de quienes realizaron la traza y el contenido catequético de la reja, dejaron plasmadas, en las bases de las columnas principales, ilustraciones de rostros femeninos y masculinos emulando al pueblo romano.

Nos recuerda que la sociedad antigua de Roma estaba constituida por hombres libres y esclavos, pudiendo ser ciudadanos romanos sólo los hombres libres (cives) y los extranjeros (peregrini). En  los personajes que aparecen en las rejas se pueden apreciar esa distinción, al igual que los patricios y plebeyos que eran los que formaban la ciudadanía romana hasta el 302 a.C. tiempo en que la plebe consigue el acceso a todas las magistraturas. En tiempo de Cristo la sociedad romana sufre otro cambio, en el Imperio aparecen entre los hombres libres los llamados “clientes”, ciudadanos libres que se ponían bajo al amparo de una persona rica (patronus). En el siglo II d.C. se contabilizan 150.000 clientes procedentes del proletarii (hombres para quienes la única riqueza era su descendencia). Todo este cambio que experimenta la sociedad romana se ve impregnado en las rejas, emulando en la mayoría de los casos, las penurias que va pasando el pueblo judío en su historia hasta alcanzar la tierra prometida o el Cielo para los cristianos ya en nuestro tiempo.
Peinado modo Octavia
De los tres rejeros que intervienen de la Catedral de Cuenca a lo largo del siglo XVI son dos los que se recrean en los rostros romanos, Esteban Limosín, desde 1526 a 1530 y Hernando de Arenas de 1548 a 1570.

A Esteban Limosín corresponden las rejerías de las capillas: de los Caballeros, 1526; del Peso 1527; de la Asunción, 1551 y de los Apóstoles, 1530. A lo largo de ellas nos da una visión muy completa de las costumbres romanas. Como la vestimenta se mantiene similar durante siglos, se centra en los estilos del peinado. Observamos el “peinado de Octavia” que se llevaba en los primeros años del Imperio. Octavia era la hermana del primer emperador de Roma, Augusto, (año 40 a.C.) y ella representaba las virtudes femeninas. Este peinado consistía en un copete sobre la frente y una trenza recogida en un moño en la nuca. En el periodo imperial de Augusto se impone el modelo de peinado  
Tipo de peinado de nudo
griego. La emperatriz Livia, esposa de Augusto lucía el  “peinado de nudo” consistente en la frente y los laterales ondulados hacia dentro y recogido en un moño en la nuca.


Peinado de nido de abeja
con polvo de oro
El rejero Hernando de Arenas presenta los rostros en dos de sus rejas, la Capilla de San Martín, 1548 y  el Coro del año 1550. Su trabajo se centra en los teñidos. Principalmente en el cabello femenino de la mujer patricia. Presenta el cambio que se dió en la moda del peinado en la Dinastía Flavia (del 69 al 96 d.C.). Destaca el denominado “nido de abeja” que hizo popular Julia, la hija del Emperador Tito, consistente en rizos formando abultamiento en altura tipo colmena,  haciéndose muy popular junto con la moda de tintarse el cabello de color rubio, consiguiéndolo al echarse sobre el cabello polvo de oro, presente en la Capilla de San Martín.
Teñidos rojizos
Los romanos adoptaron de los griegos la costumbre de teñirse el pelo amarillo rojo, este color lo conseguían con jabón realizado a base de sosa caustica mezclado con sebo y cenizas. Este estilo lo podemos observar en los medallones de rostros femeninos del Coro. 
Con relación a los hombres, el rejero Esteban Limosín, en la Capilla de los Apóstoles nos presenta la moda de la barba en los primeros años del Imperio romano, que se importó de Grecia y fue promovida por Adriano.

Primeros años del Imperio
Hernando de Arenas en la capilla del Peso, nos presenta unos rostros más depurados, afeitados y con un pelo arreglado. Hay que saber que el hombre se empieza a afeitar casi cinco siglos antes del nacimiento de Cristo, se trataba de recortarse la barba y no de afeitarse. Escipión el Africano que murió en el año 129 a.C. fue el primero en afeitarse la cara todos los días.
Postizos masculinos

En el siglo I lo que imperaba era el rostro afeitado por completo, hasta el siglo II se llevaba la cabeza rapada o el pelo muy corto. Julio Cesar sentía gran preocupación por su calvicie por lo que siempre llevaba en la cabeza la corona de laurel. Cuenta la leyenda que al ser rechazado varias veces por uno de sus grandes amores por su calvicie, que fue el jefe Galo Vercingétorix, lo mandó ejecutar y se hizo una peluca con su larga y rubia melena. El cabello era símbolo de masculinidad, valentía y fertilidad, su pérdida significaba la disminución de virilidad y poder. Otros casos de calvicie lo tenemos en Tiberio o Domiciano, quienes dejaban crecer su pelo en la parte posterior de la cabeza y era peinado hacia delante, recurriendo a último término a pelucas y postizos fabricados con pelo real de esclavos y prisioneros.
El afeitado en el hombre

Como podemos observar, la rejería del siglo XVI nos pone en contacto con ese mundo romano para explicarnos en unas ocasiones las vanidad de este mundo (Capilla de los Apóstoles), en otras la importancia de la mujer como participante en la redención (El Coro), en otras la miseria y la esclavitud  en que se ve sometido el hombre que precisa de la ayuda de Dios para abandonar las miserias en las que se ve sometido en su caminar hasta encontrar el camino que lo llevará al paraíso prometido (Capilla de la Asunción, de Santa Elena y del Pozo) y por último, las virtudes que debe de practicar el cristiano (Capilla de San Martín).

Cuenca, 15 de junio de 2015

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.



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