jueves, 4 de junio de 2015

El traidor y la pérdida de la custodia de los Becerril


Saqueo de la Catedral de Cuenca por las tropas francesas
Festividad del Corpus Cristi

Cada año al aproximarse la festividad del Corpus mi abuelo me contaba lo sucedido con la custodia más impresionante que esta ciudad haya tenido. Esa custodia fue realizada en el año 1573 por Francisco Becerril y terminada de dorar por su hijo Cristóbal al fallecer su padre. En ella se grabaron todos los hombres del saber que existían en España y estaba distribuida en tres cuerpos. Me contaba, que por su realización se pagaron la gran suma de 16.616 ducados.  La última vez que desfiló en procesión por las calles de Cuenca fue el 16 de junio de 1808, día del Corpus, estando en Cuenca el Marical Moncey (Moncei) que tuvo a bien desfilar con sus tropas en la procesión. Al día siguiente partiría para Valencia para sofocar los levantamientos que se estaban produciendo.
Custodia actual
Al paisano, Joseph Garrote, en el paraje de “Las Zomas” cercano a Cuenca, se le requisaron tres cartas y un Pagaré o Carta Orden. El Pagaré decía: “a la entrega de estas cartas entréguesele cuatro onzas de oro al portador, por el general de división Frere, si pone en manos de este mismo General el paquete. En caso de no encontrar al General Frere, debe el portador continuar hasta Valencia y entregar los documentos al Señor Mariscal Moncey (Moncei), que le entregará dicha suma y abrirá el paquete” (1*).
Una de las cartas, con fecha 26 de junio de 1808, procedente desde Madrid, decía así:
 “Mon cher Général: il parait qu´il ya du movement à Cuenca; le Général Caulaincourt est parti ce matin avec environs 3000…”
Traducida la carta decía: “Mí estimado General, perece que hay disturbios en Cuenca, el general Caulaincourt partió esta mañana, desde Madrid, con unos 3000 hombres para ese punto, a fin de disipar los grupos que pudieran alzarse. Si suponéis que el enemigo tiene allí fuerzas, y creéis que vuestra presencia sea necesaria, podéis permanecer en ella, a menos que el Mariscal Moncei os necesite para apoyarle en Valencia, lo que no es creíble. Cuando el General Caulaincourt haya concluido su operación en Cuenca, se comunicará con el Mariscal Moncei y con vos. Él permanecerá en Cuenca o en Tarancón, según las circunstancias lo exijan, disponiendo de un Regimiento de Infantería con su artillería y Cazadores a caballo del primer Batallón de Marcha.
Desde vuestra carta de Tarancón no he sabido de vos. Mañana hago partir mil doscientos hombres para establecerse en Madrilejos, y mantener su comunicación con Vedel. Buenos días, mi amado General = Belliard.
Procesión Corpus de 2014
Llegando a Cuenca los franceses desplegaron la Caballería alrededor de la ciudad, avanzando la Infantería por las calles e hicieron corren la sangre de los conquenses con la muerte del tío “Cuervo” y “Parrillas” que se encontraban a su paso y a Antonio Vindel que estaba trabajando en su huerta le hirieron en una pierna de un pistoletazo. Cuando Caulaincouert subía por la calle de “Correduría” (actual Alfonso VIII) apareció “Malpesa” queriendo impedir su paso lanzando tejas desde el tejado de una casa y fue muerto de un tiro de fusil. Conseguida la plaza mandó saquear la ciudad, reservándose para sí y sus oficiales los tesoros de la Catedral, la cual mandó cerrar a cal y canto. Lo único que se salvó fue lo que el campanero, señor Calleja pudo ocultar, algunas lámparas, candelabros y vasos sagrados.
Deseoso el cabildo de conservar la custodia, ajustó su rescate con el Mariscal francés en 500.000 reales y mientras se iba a recoger los dineros a varios pueblos de la provincia, donde habían huido canónigos y otras dignidades. Unos soldados franceses descerrajaron las puertas de la Catedral, penetraron en ella y al encontrar la custodia, se armaron de hachas y empezaron a destrozarla; avisado el Mariscal Caulaincourt de lo que sucedía, subió presuroso acompañado de dos ayudantes y fue tal su furor al ver que con aquella destrucción perdía medio millón de reales que sacando su espada, arremetió con sus soldados, dos de los cuales murieron allí mismo y otros tres en el hospital a las pocas horas.
Se llevó todos los trozos de plata de la destruida Custodia, infinidad de alhajas, lámparas, candelabros y cálices y todo cuanto tuvo a mano para su rapiña, calculándose el saqueo que sufrió la Catedral, en más de treinta millones de reales. De la Custodia, únicamente se libró el viril (2*) que sin duda alguna a golpes de hacha saltó lejos quedando oculto en algún rincón a las miradas de los franceses.
Contento con lo realizado, con fecha de 9 de julio, Caulaincourt manda una carta al general Belliard a Madrid explicándole su hazaña en Cuenca:
Procesión Corpus de 2014
“Esta es, mi querido General, la cuarta carta, confío que sea más feliz que las otras, pues una de ellas costó la vida al espía que la llevaba. Yo entré aquí el día 3, ya que es necesario repetirlo, y dos horas de pillaje o saqueo deben inspirar horror a los demás pueblos que quieren imitar el ejemplo de Cuenca. Si mis instrucciones no me lo hubieran impedido, hubiera borrado a Moya del Mapa de España: Pero si este pueblo no entra inmediatamente en su deber, tendrá que experimentar un castigo terrible. Prevenid, mi estimado General, al Mariscal Moncei, que dicha Ciudad es una cueva de frenéticos. Os remito mi carta para este Mariscal, y otra que viene del Estado Mayor General. Os renuevo con gusto la seguridad de mi cariño y respeto. Caulaincourt”.

Después de su relato, poniendo su mano sobre mi hombro me dijo, como ves, Josemari, el pueblo de Cuenca no se rindió a los pies de su invasor, luchó cuanto pudo, pero cuando la fuerza es mayor que la razón sólo queda el doblegarse o morir, como los valientes conquenses que bien merecen un monumento a tal heroica acción.
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(1*) Las cartas fueron requisadas el día 13 de julio de 1808 al espía Joseph Garrote.
(2*) Caja de Cristal con un pequeño cerco, que encierra la hostia consagrada colocándose en la custodia para su exposición.

FUENTE DOCUMENTAL: Documentos sacados de las Cartas publicadas por: ”La Gazera” de Madrid de varios generales franceses sorprendidas a dos espías. Las mandó publicar la Junta Suprema del Gobierno en el año 1808.

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