lunes, 2 de mayo de 2016

Festividad de la Santa Cruz, 3 de mayo. Su origen

Cuenca celebraba con tres días de fiesta la Santa Cruz

Cuenca se vestía de gala hace años para celebrar la festividad de las “Cruces de Mayo”. Era una fiesta con sentido religioso de gran arraigo en la ciudad. Cada Barrio, en la calle, hacía una Cruz y se festejaba por tres días consecutivos. Durante estos días los chicos pedían a los vecinos del  barrio la voluntad con la frase: “un chavico para la Santa Cruz”. En la tarde del tercer día se celebraba una merienda con lo recaudado por las hoces y la Alameda.

Capilla de Santa Elena. Catedral de Cuenca
(C) José María Rodríguez González
¿Pero cuál es el origen de esta festividad? Hemos de remontarnos al año 312, cuando el emperador Constantito al frente de sus ejércitos contempló en los aires la Cruz milagrosamente aparecida y rodeada de esta leyenda: “In hoc signo vincis”, que significa: Por esta señal vencerás, venciendo a Majencio. Posteriormente hizo grabar en sus banderas la Cruz que sustituyó desde ese momento al águila imperial romana. Se acuñó la moneda del Imperio Romano con la efigie de la Cruz.

Santa Elena, madre del emperador Constantino fue a Jerusalén en busca del leño sagrado en el año 326, a la edad de 80 años. Al llegar a Jerusalén se encontró que en el lugar donde fue crucificado Jesús se había levantado un monumento a Venus y Júpiter, dioses romanos. Los hizo derribar y debajo de ellos se encontraron tres cruces y los clavos que habían taladrado los pies y las manos de Jesucristo y la inscripción que hizo grabar y poner sobre la Cruz Poncio Pilato.

Una vez encontradas las cruces era necesario saber cual fue la que  sostuvo a Jesús y para ello tuvieron la idea de hacer transportar las tres cruces a casa de un noble que tenía a su mujer gravemente enferma y a punto de morir. Primero aproximaron a su cuerpo una por una las cruces. La primera no causó efecto alguno a la enferma, así como la segunda, pero apenas se le aproximó la tercera, la señora curó instantáneamente, recuperando la salud de inmediato. La  iglesia ha perpetuado estos hechos en la festividad de la Invención de la Santa Cruz que se celebra el 3 de mayo.

San Cirilo, obispo de Jerusalén, escribía veinte años después sobre la invención de la Cruz: “Si negase la Pasión de Cristo, sería desmentido por el Gólgota, del que estamos tan próximos, y también lo sería por el madero de la Cruz que dividido en multitud de fragmentos, ha salido de esta ciudad para ser distribuido por todo el mundo”.

Haciendo un estudio diré que las reliquias de la verdadera Cruz se conservan en los siguientes lugares: En el convento del Monte Athos, en la iglesia de Santa Cruz de Jerusalén en Roma, en Bruselas, en Gante, en París, en Venecia y en muchas otras ciudades y en varios monasterios.

Se cuenta de innumerables apariciones de la Cruz. San Ambrosio, obispo de Milán fue el primero en cantar la aparición de la Vera Cruz, en el funeral del emperador Teodosio I el Grande en el año 395.

Para cerrar este artículo contaré lo que dice la Crónica del arzobispo de Toledo Don Rodrigo: “El Rey Alfonso VIII de Castilla, en las Navas, quiso humillar al moro y asestarle un golpe decisivo; para lo cual reunió gran contingente de fuerzas de todo su reino y hasta pidió y obtuvo ayudas de los reyes de Aragón y de Navarra, e indulgencias al Papa Inocencio III para los que se alistaran en la cruzada contra la Media Luna.

El punto de la cita fue Toledo. Primero cayó la plaza de Calatrava, luego Alarcos. El moro se concentró en Jaén para el ataque; pero entretanto, la caballería cristiana había ya ocupado las alturas y el grueso del ejército acampaba en la llanura de las Navas de Toloso.

Entraron por fin en refriega, no sin prepararse antes con una sincera confesión de sus culpas y la recepción del cuerpo de Cristo; recibida la bendición del arzobispo entraron en la lid. A la postre los moros aflojaron sufriendo una sangrienta derrota y saliendo victoriosos los cristianos, merced a la protección del cielo”.

De ahí el origen de la fiesta del Triunfo de la Santa Cruz, pues a ella más que a las fuerzas y bravura de nuestros soldados fue atribuido aquella señaladísima victoria el 16 de julio de 1212.

Para su celebración se  vinieron haciendo hogueras en los atrios de las iglesias, en las plazas y en las calles de todas las ciudades, celebrándose días de fiesta y de gozo en las vísperas de la Santa Cruz.

3 de mayo de 2016
José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico




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