domingo, 17 de julio de 2016

Zóbel, la generosidad de un artista

En agradecimiento de llevar su nombre el Instituto de Educación Secundaria de Cuenca

Entre lo abstracto y la luz figurativa de sus obras se capta la viveza de las luces de sus dos ciudades adoptivas: Sevilla y Cuenca, en ellas quedó atrapada la visión de un hombre amante de la cultura, haciendo de Cuenca el foco más atractivo del arte de toda la generación de artistas de su época. Esta ciudad le fluía por las venas como queda reflejada en la serie Río Júcar, La vista u Orillas.

Siempre despertó en mí una gran curiosidad sus lienzos, su limpieza en el trazo y su interioridad en su reflexivo concepto de la pintura. No conocía nada sobre su persona hasta que el destino me transportó al Instituto que lleva su nombre. En los años de Jefe de Estudios me llevó a tener un contacto más directo con la familia de Fernando Zóbel, con motivo de los funerales anuales que organiza el Centro en la ermita de San Isidro.

Son muchas las preguntas que me he formulado, entre ellas, de como fue el trato del Pintor con el Instituto, algunas me quedaron resueltas por D. José Gómez Brihuega, que tuve la suerte de conocer y disfrutar de su amistad y otras a través de D. Carlos Martínez Morazo, siendo él Director y yo el Jefe de Estudios de su equipo directivo. Hoy, después de más de dieciocho años de docente en este centro he tenido en mis manos el libro de Actas del periodo de 1968 a 2001 donde se refleja el procedimiento seguido para al cambio de nombre de INSTITUTO MIXTO a FERMANDO ZÓBEL. En la página 21 del libro dice así: “Real Decreto 264/1977, de 21 de Enero (B.O.E de 28 de Febrero), el claustro de profesores del I.N.B. Mixto de Cuenca, tras consideran las muy especiales circunstancias que concurren en Don Fernando Zóbel de Ayala, fundador y propietario de la colección que se exhibe permanentemente en el Museo de Arte Abstracto de nuestra ciudad y su labor desinteresada y fecunda en pro de la educación y de la cultura en Cuenca durante largos años acuerda por unanimidad proponer al Ministerio de Educación como nombre que individualice el centro el de “Fernando Zóbel” y en cumplimiento de lo previsto en el citado Reglamento, aprueba por unanimidad den traslado de este acuerdo a la Asociación de Padres  de Alumnos y al Excmo. Ayuntamiento de la Ciudad”. Días antes la Junta Directiva había visitado a D. Fernando Zóbel para darle a conocer el acuerdo de que el Instituto Mixto llevaría su nombre y recababa su autorización a este respecto Fernando les afirmó que se sentía muy complacido.

La siguiente Acta donde se refleja el cambio de nombre es la del 28 de mayo de 1981, siendo directora Dña. Elvira Ruiz Page y Secretaria Guadalupe Medina Navarro.

Me he percatado que dos cosas me unen con Fernando, el que le gustara aprovechar las primeras horas de la mañana para trabajar y la cámara fotográfica, que junto con su cuaderno de apuntes fueron sus instrumentos de observación que más utilizó.

Cuando tengo alguna hora libre me gusta sentarme en la mesa camilla de la sala de profesores del ala Sur del Instituto y observar sus cuadros, imitando su proceder en los años que visitaba el Museo del Prado. Él acostumbraba a sentarse delante de una obra y observarla tomando apuntes y dibujando bocetos sobre la obra que llamaba su atención.

La colocación de sus obras en esta sala es caprichosa, minuciosa y personal ya que él mismo con los empleados del Museo Abstracto fue colocando cuadro a cuadro hasta que quedó decorada la sala. Forman figuras geométricas, principalmente triángulos, buscando un orden y un perfecto equilibrio en las formas creadas en cada una de las paredes en las que cuelga su obra. Es curioso observar que para la decoración de la pared Oeste de la sala a la izquierda se abre formando un triángulo equilátero con tres cuadros cada uno de distinto tamaño; el resto de la pared lo decoran tres obras. El primer cuadro es alargado, en su interior, tres obras. En la parte baja del cuadro y escrito a mano del propio autor: “La serie MELANOS consta de cuatro heliografiados sobre Zeire estampados en Cuenca por (Welli) Rafael  Pérez Madero sobre papel (firma de Zóbel) hecho a mano en Cuenca por Segundo Santos. Las ediciones varían entre 20 ejemplares y 70. La estampación se llevó a cabo en el verano de 1970.

En el lado Este, seis cuadros formando el triángulo en ambas formaciones, separadas por la puerta de la terraza que da al Júcar. Al Norte el espacio es reducido por las ventanas lineales que posee por lo que optó con formar una hiera vertical de tres cuadros formando una línea recta. Al Sur se repite la formación triangular de la decoración.

No hay cuadro que no contenga algún comentario suyo, como si quisiera revelarnos las claves que le interesa en cada obra, unas veces se trata de explicaciones, otras de fragmentos o detalles, reflejando la atmósfera de cada cuadro.

Hoy me he vuelto a sentar en la mesa camilla de la sala como queriendo descubrir el pensamiento de Fernando cuando sentado daba las instrucciones pertinentes a los trabajadores para ubicar cada obra donada a este Instituto que lleva orgulloso su nombre. Mi imaginación vuela al antiguo Egipto en la acción de “tender la cuerda entre dos piquetas”, esa acción era una de las más importantes operaciones sagradas en la construcción de un templo, después de observar las estrellas circumpolares, después de medir el tiempo con la clepsidra a fin de fijar la orientación del templo, se tensaba la cuerda sobre el emplazamiento de los muros y se determinaban cuatro ángulos sobre el emplazamiento de los mismos determinándose los cuatro ángulos picando el rey sobre las estacas con un mazo de oro mientras se recitaban los textos sagrados. Algo así tuvo que pasar por la cabeza de Zóbel al determinar la posición de sus obras en los cuatro puntos cardinales que conforman las paredes de la sala y él como el Faraón consagraba la posición definitiva y así ha perdurado a través del tiempo sin tocar ni cambiar una escarpia bendecida por su autor.

Y me vuelvo  a preguntar: ¿Por qué eligió la formación en triángulo para las salas de profesores? Probablemente porque en la cultura china el triángulo equilátero significa la reunión, la armonía y el bien supremo del hombre, o tal vez sería porque el triángulo constituye el símbolo capital del ternario. Se dice que tres es un número triangular porque tres puntos dispuestos al azar forman un triángulo y sólo uno.

El tres es considerado el número perfecto porque es el primer impar y porque es igual a la suma de los números que le preceden y porque es preciso para formar y establecer cualquier relación. Tal vez por eso eligiera de esta forma la colocación de las 11 filas de tres fotos que forman armoniosamente la serie de fotografías de la colección personal del pintor, en la biblioteca del Centro. Cada una comentada minuciosamente en su contenido, fotografías de la Cuenca gloriosa y de sus gentes. Tres horizontales, tres verticales, formando una línea recta perfecta en su altura para dejar como colgadas la serie en su parte baja, posiblemente imitando al símbolo por excelencia de esta ciudad, las Casas Colgadas.

Compone la serie doce filas y cada fila con tres fotos a excepción de una que posee una sola foto (las series se han visto mermadas en alguna ocasión por la desaparición de alguna de ellas). Un número simbólico es aquel que no indica una cantidad, sino que expresa una idea, un mensaje. El número doce está unido con la medición del tiempo heredado de los babilonios, quienes crearon el zodiaco y el cálculo del tiempo. El doce significa elección, la posibilidad de poder elegir y descubrir el contenido de cada libro.  Cada libro que contiene la biblioteca no deja de ser un mundo donde queda reflejada la sabiduría y el talento de su autor, es como una nueva oportunidad de aprender a descubrir el pasado para crear un futuro en los jóvenes que pasan a diario por ella. La serie continúa con un solo cuadro para terminar a continuación en otro conjunto de tres que forman la llave que abre y cierra la más interesante colección de imágenes originales de un pasado glorioso de la ciudad de Cuenca. Una sola fotografía rompe la armonía y el ritmo, preguntándome ante este hecho si realmente la unidad, la imagen más sencilla es capaz de hacer visible que la dualidad sea resuelta por la unidad. El mismo Zóbel decía: “Soy una persona que paso mi vida entre libros y museos”.

¡El color de sus paredes¡ ¿Qué puedo decir del color? Días paso Fernando Zóbel haciendo pruebas de color con el pintor, para encontrar ese amarillo tirando a verdoso que lo hace peculiar como ninguno. ¿Qué deseaba que trasmitiera a los visitantes del lugar? Sabemos que Fernando meditaba muy bien cada paso que seguía y como buen conocedor de la gama de colores las pautas seguidas con éste no fue aleatoria. En este lugar quiso dejar su pensamiento no con palabras sino como él bien sabía, con la imagen y con el color.

El color amarillo simboliza la luz del sol, estimula la actividad mental, representa la alegría, la felicidad, la inteligencia y la energía. ¿Qué mejor color que éste para una biblioteca?

El instituto siempre estará agradecido a este gran hombre que desbordó generosidad con las gentes de Cuenca. Año tras año el instituto organiza en su honor el Certamen de Artes Plásticas desde el año 1987. Este año de 2016 será su 28 edición. Cada año son más los jóvenes artistas que participan. Las nuevas generaciones vienen pisando con fuerza e ilusión y este Instituto quiere contribuir a que el nombre del pintor permanezca y sea conocido.

No puedo terminar este artículo sin expresar mi admiración y mi respeto hacia un hombre que supo dejar una huella imborrable de su hacer y de su persona.


José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico

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