sábado, 21 de enero de 2017

El arte, testigo social de la fe


Desposorios de María y José

Muchos son los retablos que hay en la Catedral conquense donde se refleja la festividad de los desposorios de Nuestra Señora. Festividad del año litúrgico que se celebra el 23 de enero.

De singular belleza son las siete tablas del retablo plateresco de la capilla de San Roque o de los “Pozos”, con escenas de la vida de la Virgen. La sexta tabla refleja los Desposorios de María y José: Aparece en el centro el sacerdote, llevando a su derecha a la Virgen, y a su izquierda a San José, con la vara florecida. Se completa la escena con siete figuras más de personajes vestidos al estilo del siglo XV, y como fondo, un dosel, en el centro, por encima del sacerdote. El retablo se le atribuye a Gonzalo de Castro. Data de comienzos del siglo XVI, aproximadamente del año 1511.
Desposorios de María y José
Capilla de los Pozos
Catedral de Cuenca
Foto: José María Rodríguez González

¿Cómo era el casamiento entre los judíos? Los judíos celebraban las fiestas del casamiento después de los esponsales, cuando la novia iba pomposamente a la casa del novio. Ordinariamente sucedía esto por la noche. La comitiva se trasladaba desde la morada del esposo a la de la esposa. Rompían la marcha los músicos, los tocadores de flauta, cimbales y tambores; seguían los hombres que repartían a la multitud y a la gente menuda aceite y nueces; tras ellos, los niños portantes de coronas y finalmente el esposos con sus compañeros.

Una vez llegada la comitiva a casa de la esposa, ésta, engalanada con sus mejores atavíos pero cubierta con un velo, se juntaba a la comitiva con sus compañeros y todos con lámparas o antorchas regresaban a la mansión del esposo. Aquí presentaban la esposa al esposo; ambos iban adornados con guirnaldas: el contrato estaba arreglado, intercambiaban  los anillos y recibían la bendición. Luego tenía lugar el festín de bodas. Con frecuencia seguían las danzas y los juegos durante varios días seguidos. (Mat. 25, 1).

Museo Diocesano de Cuenca
Desposorios de María
Se cree que las fiestas de los desposorios fueron celebradas en Nazaret, aldea pacífica de la Galilea, y no en Jerusalén, la ciudad real. El palacio de David estaba ya ocupado por un extranjero, por Herodes el Ascelonita. Para librarse de su crueldad, los descendientes de David habían abandonado la capital y vivían ignorados de todos. El matrimonio de María y José, los más nobles y santos retoños de la antigua familia real, no fue, pues un casamiento real, como aquel que Salomón encomienda por su magnificencia a las hijas de Jerusalén invitándolas a que vinieran a presenciarlo, como lo hace en el libro del Cantar de los Canteares. El espíritu del mundo no tomó parte alguna en ella. Refieren las antiguas tradiciones que los pretendientes que habían visto a José prefirieron dar sus felicitaciones, rompiendo sus varas delante de la casa de los esposos y se marcharon a toda prisa.

El matrimonio de María y José fue la última preparación externa para el advenimiento de Jesucristo. La tienda de campaña de David se erguía nuevamente, pobre sin duda, pero santificada y adornada con el esplendor de todas las virtudes. El apacible jardín de la infancia y de la juventud de Jesús donde discurrieron las horas dulces y hermosas de la vida mortal, el jardín de sus delicias en la tierra, estaba dispuesto. El salvador era esperado con ansias indecibles. Gracias a este enlace, Jesús podía a los ojos de todos, tomar auténticamente el nombre de “Hijo de David”.

Cuenca a 23 de enero de 2017.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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