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| Fernando Magallanes |
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| Nao Victoria |
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| Fernando Magallanes |
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| Nao Victoria |
El 19 de septiembre de 1710, el rey Felipe V, por Real Carta dio a Cuenca los títulos de Ciudad Fidelísima y Noble, y el 11 de mayo de 1727 le añadió el dictado de Heroica, porque sin jefes y casi sin soldados, detuvieron ante sus muros a los ingleses y portugueses, partidarios de D. Carlos.
En 1706, decidida la retirada del archiduque Carlos de Austria a Valencia desde Madrid y Toledo, el general Perterbourgh que la deseaba, hizo llegar a Cuenca 3.000 valencianos, para asegurar los pasos. D. Juan de Cereceda, cogió en Tarancón todo el contundente de tropas de Perterbourgh y antes de concluir el año recobró el teniente general D. Gabriel Hesio a Cuenca, haciendo 2.000 prisioneros.
Otra ocupación de Cuenca por las tropas del Archiduque parece ser la que describe Estrada diciendo: “En 1706 entraron tropas inglesas a 11 de agosto, mandadas por el teniente general Hugo Wildham, a quien destacó desde Madrid el marqués de las Minas; pues aunque los naturales la defendieron, tuvieron que ceder a superior fuerza. La Ocuparon dos mil ingleses y portugueses hasta el 10 de octubre, cortadas las aguas (llegó a valer más el agua que el vino) la tomó el comandante D. Gabriel Hesio, destacado por el duque de Berwich.
En 1706 escribieron el marqués de las Minas y el conde de la Corzana a los habitantes de Cuenca, para ver si los podían atraer al partido del Archiduque. Les hicieron grandes promesas; pero no quiso la ciudad responderles, y envió las cartas a Felipe, cuando estaba en Jadraque.
El general inglés, que llevaba seis cañones y dos morteros empezó a hacer fuego; los ciudadanos de Cuenca respondieron con el fusil, de modo que Hugo se llenó de inquietud, creyendo que había tropa arreglada para defender la ciudad, redoblando el ataque. El pueblo no acostumbrado a tales sobresaltos pidió la rendición y hubo capitulaciones, dándose rehenes mutuamente, esto sucedió el 10 de agosto, al día siguiente entró el general inglés con 200 caballos.
Felipe recobró Cuenca en septiembre del mismo año. El 9 de junio de 1707 se recibió en Cuenca una carta de D. Felipe V, para que se celebrase la fiesta de san Marcos con procesión general, en acción de gracias por la victoria de sus armas en los campos de Almansa.
Y el día 19 de septiembre de 1710, Felipe V por Real Carta dio a Cuenca el título de Ciudad Fidelísima y Noble, y por otra le notició la fausta nueva de la victoria de Brihuega. En el ayuntamiento celebrado el 11 de abril de 1711 está copia la Real orden para celebrar fiesta perpetua de desagravios a Cristo Sacramentado e imágenes de Ntro. Sr. y de sus santos, puestas en precio y destrozadas por nuestros enemigos; y según el Inventario de privilegios, legajo núm. 13, en 11 de mayo de 1727 D. Felipe V añadió el dictado de Heroica a los que ya diera y antes llevaba la ciudad de Cuenca, porque sin jefes, ni soldados detuvo con su fidelidad y decisión ante sus muros a los ingleses y portugueses, auxiliares del Archiduque.
Publicado en Cuenca, 19 de septiembre de 2020 y 19 de septiembre de 2025.
Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.
San Jenaro. Festividad del 19 de septiembre.
San Jenaro nació hacia el año 270, según las fuentes más modernas, en Nápoles. Su padre era gobernador y hubiera querido tener por sucesor a su hijo; así se opuso al principio de su vocación eclesiástica. Fue ordenado en el año 302, y fue nombrado pronto obispo de Benevento.
Hacia el año 303 estalló la gran persecución de Diocleciano. Tan valiente como caritativo, san Jenaro visitaba a los cristianos encarcelados por la fe y los asistía con sus limosnas y exhortaciones. Al fin el Jenaro fue detenido en Pozzuoli, encarcelado y luego enviado a Nola para comparecer ante el gobernador Timoteo. Después de varios tormentos fue expuesto en el anfiteatro a las fieras, que lo respetaron.
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| San Jenaro |
Por último, fue decapitado con seis compañeros el 19 de septiembre del año 305.
Una tradición añade que el cuerpo del Obispo fue abandonado en el lugar del martirio; una piadosa mujer recogió, en dos pequeñas ampollas, la sangre que se había derramado y con este tesoro se retiró a Antignano, pequeña aldea entre Nápoles y Pozzueli.
El cuerpo de san Jenaro, enterrado a corta distancia del lugar del martirio, estuvo allí hasta el edicto de Milán del año 313. El 19 de septiembre del 315 se hizo el solemne traslado, y en el momento en que el cortejo pasaba por Antignano, la mujer que había recogido las gotas de su sangre presentó al obispo las dos ampollas que guardaba reverentemente. El obispo las colocó junto al cuerpo y se dice que entonces tuvo lugar por primera vez el milagro que se debía renovar a través de los siglos hasta nuestros días, secos y coagulados, se licuó súbitamente.
El milagro de san Jerónimo consta de una serie de fenómenos extraordinarios que se repiten en determinadas épocas del año, ahora en Nápoles donde están las reliquias y en Pozzuoli, donde se conserva una piedra porosa empapada con la sangre del mártir.
La licuación de la sangre se realiza el 19 de septiembre. Con relación a la piedra porosa que se conserva en Pozzuoli tiene en la cara exterior unas manchas grises y otras rosáceas. Dos veces al año las manchas grises se convierten en rojas y las tojas toman un color más vivo. En algunos años tiene lugar una especie de sudor que deja húmeda toda la piedra. Y esto sucede precisamente a la misma hora en que se verifica la licuación la ampolla de Nápoles.
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| Ampolla con la sangre de san Jenaro. |
En Nápoles se realizan los tres fenómenos siguientes:
1º la licuación, en determinados días del año, de la sustancia sea y coagulada que se encierra en una pequeña ampolla de cristal y que según la tradición es la sangre del obispo Jenaro, decapitado en Pozzuoli, en el año 305, en odio a Cristo.
2º El aumento de volumen de esta sustancia, encerrada herméticamente en la ampolla de cristal.
3º El tercer prodigio sería la disminución de volumen de la misma sustancia y en las mismas condiciones.
Este triple prodigio se verifica generalmente siempre que se pone la ampolla de cristal enfrente del busto argénteo donde se guarda la cabeza de san Jerónimo. En mayo, durante nueve días consecutivos, en memoria de la traslación del 315; en septiembre, del 9 al 26, aniversario y octava del martirio y en diciembre, solamente el 16, día del patrocinio de san Jenaro, proclamado solemnemente por los napolitanos en el año 1631.
Publicado en Cuenca, 19 de septiembre de 2020 y el 19 de septiembre de 2025.
Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.
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FUENTES
CONSULTADAS:
-Año
Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.
-La
casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.
-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.
Hoy se celebra la fiesta de un hijo glorioso del serafín de Asís, el humilde y carismático san José de Cupertino, insigne no menos por su simplicidad evangélica que por sus éxtasis y arrebatos místicos.
La naturaleza no le brindó ni salud, ni talento, ni prestigio, ni gracia, ni riqueza; pero Dios le dio todos los tesoros del cielo. Nació en Cupertino, pequeña aldea entre Brindis y Otranto, en el año 1603, y murió en Osimo en 1663.
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| San José de Cupertino |
San José de Cupertino es un ejemplo de lo poco que entendemos los hombres las maravillas y obras de Dios. Los hombres no lo comprenden; incluso los más buenos, le cierran las puertas y lo despiden, como un ser inútil, como un desecho. A duras penas sabía leer y escribir, cerrado de mollera y además torpe y de una manera exasperante: todo se le caía, todo lo rompía, aprender los trabajos más sencillos le costaba meses. Personaje simplón y ridículo, además de enfermizo y enclenque.
Fue un milagro de la Providencia el que pudiera ordenarse. Fray Asno, como se llamaba a sí mismo, sólo sabía obedecer, ser humilde, paciente, enamorado de Dios y devotísimo de la Virgen. Pero si era negado para los estudios, a su alrededor florecían prodigios que atraían a multitudes y despertaban las suspicacias de la Inquisición. ¡Qué fraile más raro!
Su día a día era una visión y éxtasis constante, con solo el tañido de una campana, una imagen o cuadro de la Virgen, era suficiente para transportarlo al cielo. Es difícil creer en tales cosas si no estuviera documentada su vida por varias personas y sus relatos coinciden. Se cuenta que un día, paseando por el huerto, le dijo un compañero: “Fray José, ¡qué hermoso hizo Dios el cielo!” y nuestro Santo lanzo un grito, atravesó los aires y fue a posarse de rodillas en la copa de un olivo. La rama, según informes de quien lo vio, se balanceaba como bajo el peso de un pajarillo.
Algunos envidiosos o mal intencionados lo denunciaron a la Inquisición, para que su virtud fuera más sólida y probada en el horno de la persecución y de la calumnia. Como oro, salió más puro y brillante, fue beatificado por Benedicto XIV en el año 1753 y canonizado por Clemente XIII en el año 1767.
Es Patrón de los parias, de los que no sirven para nada, de los que no tocan con los pies en el suelo, santo aéreo que con su vida quizá nos reproche ser tan útiles, hábiles y listos como nos empeñamos en parecer.
Publicado en Cuenca, 18 de septiembre de 2020 y el 18 de septiembre de 2025.
Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.
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FUENTES
CONSULTADAS:
-Año
Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.
-La
casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.
-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.
No puedo dejar pasar esta festividad poco conocida y muy representada. En nuestra catedral está presente en el retablo de san Bartolomé y en el retablo de san Gregorio del siglo XVI, donde la figura de san Francisco de Asís arrodillado, en actitud de oración y con las manos abiertas. Bajo el ángulo superior izquierdo se ve el mismísimo Serafín que en forma de Cristo crucificado hace surgir de entre sus alas de fuego cinco cordones de luz, que van a dar en los pies, las manos y el costado de san Francisco, que queda así marcado con las llagas de Cristo (*).
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| San Francisco de Asís. Retablo de San Bartolomé. Siglo XVI Catedral de Cuenca. |
Paulo V la volvió a poner en el grado de semidoble libre. Luego la hizo obligatoria Clemente IX, hasta que otro Papa franciscano, Clemente XIV, la restituyó en grado de rito doble que hoy tiene. La comisión que nombró Benedicto XIV para la reforma del Breviario propuso nuevamente la supresión de esta fiesta.
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| San Francisco de Asís. Retablo de San Gregorio. Siglo XVI Catedral de Cuenca |
La aparición de los estigmas en san Francisco se cuenta: que próxima la fiesta de la Exaltación de la Cruz, estaba san Francisco de rodillas, rezando las oraciones de la mañana y de repente vio un ser que era a la vez un hombre y un Serafín; tenía los brazos extendidos y los pies juntos y su cuerpo estaba fijo en una cruz. Dos alas se alzaban sobre la cabeza; otras dos extendidas como para volar y otras dos le cubrían el cuerpo. La car era de una belleza superior a la de la tierra, pero tenía las huellas del sufrimiento.
De pronto, en un momento de sufrimiento indecible, el Serafín le hirió en el cuerpo y en el alma, de modo que Francisco sintió gran temor. Mas el Serafín le habló como a un amigo, declarándole muchas codas que hasta entonces le habían estado ocultas. Pasado un instante, que pareció un siglo, desapareció la visión.
San Francisco siguió en profunda oración y Dios le abrió el sentido de la visión. En su cuerpo aparecían las señales del Serafín Crucificado; en sus manos y en sus pies estaban las llagas de las heridas y en las llagas la impresión de los clavos, formados de manera que podía tomarse por los verdaderos clavos de la Cruz; las cabezas redondas, de apariencia negra, sobresalían en las palmas de las manos y en las plantas de los pies aparecían las puntas retorcidas. Su costado derecho lo vio como perforado por una lanza. El Serafín de la visión era el espíritu de la Crucifixión padeciendo por amor, que había tomado plena posesión del pobrecillo de Dios. Las señales exteriores de las llagas eran el sello y prueba también exterior de la interna posesión de su alma por Dios.
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| Detalle del Serafín y san Francisco. Retablo de San Gregorio. Catedral de Cuenca. |
Según cuenta su biógrafo, al principio no pensó san Francisco revelar a nadie su visión. Pero las llagas no se podían ocultar por mucho tiempo a los que vivían constantemente con él. Dudaba también si sería mayor servicio de Dios indicar algo, para fruto y consuelo de sus hijos. Preguntó un día a sus compañeros si se debían callar o revelar los favores de Dios. Ellos le dijeron que, si eran para provecho de muchos, no se debían callar. Entonces contó san Francisco tímidamente la visión y las llagas. No obstante, siguió ocultando a todos las señales de su cuerpo cubriendo manos y pies con la túnica. Tan sólo a León mostro las heridas para que le mudase los lienzos, restañando la sangre que manaba de ellas, y mitigando así el dolor que sentía.
Publicado en Cuenca, 17 de septiembre de 2020 y el 17 de septiembre de 2025.
©José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.
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FUENTES
CONSULTADAS:
-(*)
“Aggelos” Catedral de Santa María. Cuenca. José María Rodríguez González. 2019
-Año
Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.
-La
casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.
-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.