domingo, 10 de junio de 2012

Equinoccio de otoño

Equinoccio de otoño. 21 de septiembre.
Catedral de "Santa María" de Cuenca España
  
En tiempo de equinoccio, los dos hemisferios reciben prácticamente la misma cantidad de luz y marcan la transición entre dos de las estaciones más extremas, verano e invierno.

En los meses de marzo y septiembre, los rayos solares caen perpendicularmente sobre el Ecuador terrestre, dando origen al nombre de EQUINOCCIOS (del latín aequinoctĭum = noche igual)
La declinación d es el ángulo que forma el rayo solar con el plano del ecuador en cada época del año, determinando las estaciones climáticas. En el caso del hemisferio norte, las principales fechas estacionales son:
Equinoccio de otoño
21 de septiembre
Declinación d = 0º

   
En el equinoccio de otoño, en el lado derecho del crucero, los amplios vitrales crean un sinfín de luces y colores. Si el sol es más intenso, la luz se transforma en un mar de tonalidades, que hacen las delicias a cuantos visitan en esa época el templo.

En la ruta cíclica anual que sigue el sol a través de nuestros cielos, el 21 de septiembre se celebra el equinoccio de otoño.  El verano ha pasado, y los días se han ido acortando poco a poco hasta llegar a este día, en el cual la duración del día es igual a la duración de la noche.  Es el punto medio entre solsticio y solsticio, entre el día más largo del año y el día más corto del año.
En esa semana se da la luna de la cosecha, o la última luna llena antes del equinoccio de otoño.  En las sociedades antiguas esta era una semana de festividades para celebrar el fin de los trabajos agrícolas para el resto del año, y para darle la bienvenida a los tiempos de descanso, para los agricultores, y para la tierra.
También de ahí viene el festival del día de los muertos, celebrado en algunos sitios el 31 de octubre, y en otros el 2 de noviembre.  La frialdad que se posa sobre la tierra, y la aparente muerte de la vegetación es observada en estos festivales de orígenes paganos, recordándonos dentro de los ciclos de la Tierra nuestra propia mortalidad.
Cuenca, 10 de junio de 2012
José María Rodríguez González

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