martes, 29 de abril de 2014

La capilla del Espíritu Santo y D. Andrés Hurtado de Mendoza

La capilla del Espíritu Santo, vínculo de unión entre dos ciudades.


Los restos mortales del fundador de la ciudad de Cuenca de Ecuador descansan en la capilla del Espíritu Santo de la Catedral de Cuenca
Hay que felicitar al Cabildo Catedralicio por hacer visitable la capilla del Espíritu Santo, desde el claustro, por su entrada principal. Coincidiendo con este acontecimiento, hay que destacar que un Lunes Santo del 12 de abril de 1557,  se inauguró la ciudad de Cuenca en el Ecuador y por los avatares de la vida coincide la apertura de la Capilla donde están enterrados los restos de su fundador, Don Andrés Hurtado de Mendoza, Virrey del Perú.
Sarcófago de Andrés Hurtado de Mendoza

El Ilustre conquense, D. Andrés Hurtado de Mendoza, que fue Virrey y Capitán General del Perú, el cual encomendó al gobernador de Quito, D. Gil Ramírez Dávalos, el buscar un emplazamiento adecuado para que “su pueblo, un pueblo de españoles que se intitule la ciudad de Cuenca”. El 11 de septiembre de 1556 se toma posesión del valle, pero el acto solemne de la fundación tuvo lugar unos meses después, el 12 de abril de 1557, en el valle de Paucarbamba. De nuestra homónima, la Cuenca ecuatoriana se decía: “llano grande como el cielo”. Su primer Alcalde fue D. Gonzalo de las Peñas. El nombre del Valle “Paucarbamba”,  en la lengua indígena significa: “cubierta de flores”; es recorrido por cuatro ríos, diciéndose del valle que “el Divino Hacedor había creado allí el Paraíso Terrenal”.

La distancia que nos separa es de 9.600 kilómetros. La Cuenca ecuatoriana está enclavada en un hermoso valle sostenida por los gigantescos Andes, a 2580 metros sobre el nivel de mar, nos dobla en altitud por mucho.
Aquí la idea y nombre de Cuenca son consecuencia de una población cuyo origen se pierde en el pasado. Allí la idea y nombre de Cuenca existió antes de que existirá tal población, siendo su causa nuestra Cuenca, cuya imagen y recuerdo estaban muy vivos en el Virrey de aquellas tierras, D. Andrés Hurtado de Mendoza. Nuestra Cuenca se esconde entre peñas para bien guerrear, aquella se asentó en la llanura de la paz. Aquí sus habitantes “Conquenses”; allí sus habitantes “Cuencanos”.
D. Andrés Hurtado de Mendoza
No fue el primero el Marqués de Cañete quien encontró dicha tierra para una gran población, sino el Emperador Inca “Tupac Yupenqui”, fundada allí la opulenta aldea de “Tomebamba”, donde había de nacer su hijo Huayna Cápac.

D. Gil Ramírez de Dávila, reunió a españoles e indios el lunes 12 de abril de 1557, proclamando por medio de un  intérprete la titularidad y posesión del lugar: “que digan y decidieran el de fundarse y poblase la dicha ciudad e Cuenca en dicho asiento de Paucarbamba, les viene algún daño o perjuicio y si reciben o podrán recibir alguna vexación o motesia en la dicha fundación” luego en nombre de su Majestad y orden del Virrey, fundó la ciudad de Cuenca “y dió jurisdicción civil, criminal, bajo mero, mixto, imperio, con horca y cuchillo para la execución de la Justicia Real de Su Majestad”. Hincándose en la plaza un rollo y picota de madera símbolo de la autoridad del Monarca. Después se distribuyen los solares. Surge así una población en inmejorables condiciones, el Virrey la protege, y el vigor que diera a este germen está manifiesto en la actualidad.
Quiero hoy recordar, para rendir con gratitud homenaje de respeto a los fundadores de esta ciudad y homenaje de veneración a la Providencia, quien es la que ordena y guía a los hombres a altos y trascendentales destinos. Reflejo de estos acontecimientos es la Capilla Panteón del Espíritu Santo de nuestra querida Catedral, baluarte de una Ciudad que se extendió por el Nuevo Mundo.
El blasón de Cuenca llevaba bordada la frase: “Primero Dios y después vos” Es el lema del espíritu cristiano y del amor de la libertad, armonizados con el amor de la autoridad.

José María Rodríguez González

Profesor e investigador histórico

Cuenca, 29 de abril de 2014

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