viernes, 11 de abril de 2014

La crucifixión, el suplicio de la ignominia


LA CRUCIFIXIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN, LA BASE DE LA FE CRISTIANA


«Mors turpissima crucis»: «la muerte en la cruz es la infamia suprema», escribe Orígenes (In Mt. XXVII, 22: GCS 38, p. 259).

Desde mi más tierna infancia, al nacer en el seno de una familia cristiana, nunca me he planteado el hecho de la muerte de Jesús, ni me he puesto a analizar el proceso, sólo lo he asumido como algo natural e inevitable para el desarrollo del cristianismo en sus orígenes. Sólo a lo largo de los años y bajo una perspectiva distinta me lo planteo y quiero compartir con todos el fruto de mi reflexión sobre este hecho que cambió el comportamiento de una sociedad de la que somos herederos.
Justus Lipsius 1594
De Cruce p.10

En Oriente Medio y concretamente en Persia, parece que comenzó, por primera vez, a  emplearse la cruz como instrumento de suplicio. Este instrumento de tortura se inició de la forma más simple, con un palo vertical, que podía ser un árbol, un poste o una viga,  al que se le ataba al reo abandonándolo a la muerte. También fue utilizada por otros pueblos como los asirios y los fenicios. Este poste fijo fue completado con un travesaño en la parte superior, donde se colocaban los brazos del ajusticiado, este hecho fue copiado por los romanos de los cartagineses.

Que la cruz era el símbolo de la ignominia (1) lo prueba fácilmente el hecho de que solía aplicarse casi exclusivamente a los vencidos en campo de batalla para cuya muerte sobraban todas las consideraciones. Los romanos empezaron a aplicarlo exclusivamente a los esclavos como complemento de la “horca” que transversalmente colocaban sobre la nuca del esclavo-reo a quien obligaban a pasear de esta forma su deshonor por las aldeas vecinas.


Calvario. Retablo de San Fabián y San Sebastián
Catedral de Cuenca. Foto: José Mª Rodríguez
Los procedimientos que los romanos empleaban en la aplicación de este suplicio no podían ser más tortuoso; previamente se azotaba al reo con varios instrumentos y después le obligaban a cargar con el madero hasta el lugar de la ejecución, en medio del gentío que podía insultarles, escupirles y apedrearles impunemente. Atados o clavados en la cruz, por la situación del cuerpo, los clavos o ligaduras solía ocasionar la muerte por ahogamiento, pérdida de sangre o dificultad de circulación casi siempre dentro de las 24 horas.

La crucifixión de Cristo es relatada en los evangelios. Pero además el proceso realizado por Poncio Pilato esta atestiguado por el historiador pagano Tácito (Annales XV, 44-45) y el judío Flavio Josefo (Antigüedades Judías XVII, 64)  lo que da veracidad a los relatos Evangélicos. La organización de los relatos de los cuatro evangelistas son descritos con el mismo esquema general comprendiendo los mismos elementos.

calvario - Retablo renacentista. siglo XVII
La crucifixión de Jesús se llevó a cabo en circunstancias muy especiales. Los judíos querían a toda costa que muriera en este horrible suplicio, pero ellos no podían condenarle. Después de la pérdida de sangre ocasionado por la flagelación que a Cristo se le aplicó con varias clases de látigos y un número muy elevado de azotes, tras una noche entera de sufrimiento y una mañana de ir y venir de uno a otro tribunal y con la honda pena moral de verse entregado por sus propios compatriotas y abandonado de sus discípulos, todavía se le obligó a cargar con la Cruz, no solo el travesaño, sino los dos maderos previamente encajados. Sólo después de andar un largo trecho y con el miedo de que perdiese la vida antes de ser expuesta a la burla de la gente en lo alto del Gólgota, permitieron a Simón de Cirene que cargara con el instrumento del suplicio.

Cerca de tres horas duró todavía en la Cruz a la que no le ataron sino que le clavaron, según unos en el suelo antes de alzar la Cruz, según otros, con la Cruz levantada y durante este tiempo hubo de soportar la burla de los soldados y el tremendo tormento de la sed.
El Buen Pastor- Catedral de Cuenca

Siempre me he preguntado ¿Por qué el símbolo de la Cruz no se empleó hasta pasados muchos años de la muerte de Jesús? Pues bien hoy tengo la respuesta. El crucificado era maldito en todos los aspectos. Su nombre era borrado de la historia y era un delito recordarlo, tanto para romanos como para los judíos. Para la gente de la época de Jesús creer en un Dios crucificado era una cosa absurda e irracional. A los seguidores de Jesús les fue muy difícil superar el trauma de la muerte en la cruz y sobre todo culturalmente, posiblemente esa fuera la razón del desánimo de los Apóstoles. San Pablo en su discurso en el “Aereópago” (2) no relató la crucifixión de Jesús. Las primeras imágenes simbólicas de Jesús fueron las del Buen Pastor.

El historiador Cornelio Tácito (61-117 d.C.) dice a propósito del incendio de Roma: “Nerón señaló como culpables y castigó con la mayor crueldad a una clase de hombres, aborrecidos por sus vicios, a los que la turba llamaba cristianos. Cristo, de quien tal nombre trae su origen, había sufrido la pena de muerte durante el reinado de Tiberio, por sentencia del procurador Poncio Pilatos. La execrable superstición, momentáneamente reprimida, irrumpía de nuevo no sólo en Judea, origen del mal, sino también en Roma, lugar en el que de todas partes confluyen y donde se celebran toda clases de atrocidades y vergüenzas”.

Para los romanos, los cristianos negaban la existencia de los dioses del panteón estatal y en consecuencia rechazaban su cultura. Por ello los cristianos eran considerados ateos. Del año 64 al 313 se persiguió a los cristianos por monoteístas, por practicar una religión exclusivista, por proselitismo, porque no daban culto al emperador (delito de alta traición) y por ateísmo. Para verse libres de esta persecución sólo deberían realizar un sacrificio a los dioses.
Dibujo del Gólgota.
Ante tanta contrariedad no hay quien lo soporte si la convicción no es profunda y supera al sufrimiento y al mismo miedo de morir que posee todo ser humano. Dos son los signos que promueven el cambio del creyente: “El velo del templo se desgarra en dos, de arriba abajo; tembló la tierra y las rocas se hundieron”, (Mateo 27, 51). Ello explica la conclusión de la era antigua. Lo más prodigioso del relato es el reconocimiento del centurión de que Jesús era el hijo de Dios. Dice el relato bíblico: “Por su parte, el centurión y los que con él estaban guardando a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron: Verdaderamente este era el Hijo de Dios” (Mateo 27, 54). Estos dos signos poseen en sí mismo un valor distinto, donde se aprecia que la muerte de Jesús ya no es considerada como un punto final, sino como un punto de partida, ambos signos revelan su fecundidad y la presentación como impulso victorioso hacia la resurrección (Mateo 28). 
Esta realidad es fácil asumirla en nuestra era, pero difícil de vivirla en los años posteriores a la resurrección de Cristo. La sociedad romana y judía no estaba preparada para la asimilación del cambio, los seguidores de Cristo se ven obligados a ocultar sus creencias y a practicarla en la clandestinidad, utilizando lugares donde el ciudadano normal no iria, como las catacumbas (3).
Catacumbas de San Calixto en Roma

En las catacumbas la representación simbólica de la cruz es inexistente, en ellas se encuentra el ancla y la “tau” (4) griega sobre todo. La victoria de Constantino, ligada a la visión que tuvo el emperador de la insignia de la cruz, llevó a su representación en los escudos y en las monedas, principalmente el monograma de Cristo  “XP”, las dos primeras letras griegas del nombre de Cristo. El criptograma empezó a aparecer en las monedas romanas después del Edicto de Milán (año 313) con el que Constantino establecía la libertad de culto para los cristianos.

Por el año 430, uno de los cuarterones de la puerta de madera esculpida en Santa Sabina de Roma representa a los tres crucificados del Gólgota, cuyo movimiento de los brazos clavados reproducía el gesto de los orantes. En el siglo VI, el mosaico del ábside de la iglesia de San Apolinar de Rávena, sobre el año 549, presenta una composición teológica centrada en torno a la cruz de Cristo; por encima de la cruz se encontraba la palabra griega ICTHYS (pez), anagrama de los títulos de Cristo; debajo estaba la inscripción latina “Salus Mundi”. Por el año 586 en el evangelio de Rábula (5) surge la propuesta de asociar, de manera superpuesta la crucifixión de Jesús con el sepulcro vacío y más tarde con la crisis iconoclasta que afectó a Oriente se respetó la cruz, convirtiéndose en el único símbolo representativo. La Cruz de ser un símbolo odiado pasó a ser una representación gloriosa, de odiosa se hizo espléndida y motivo de decoración artística siendo el símbolo triunfal de la victoria de Cristo sobre la muerte.

José María Rodríguez González - Profesor e investigador histórico
 10 de abril de 2014
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(1)     La ignominia es una ofensa pública que sufre el honor o la dignidad de una persona o un grupo social, es decir deshonor, descrédito de quien ha perdido el respeto de los demás a causa de una acción indigna o vergonzosa.

(2)     Según el libro Hechos de los Apóstoles, que figura en el Nuevo Testamento cristiano, cuando el Apóstol Pablo visitó Atenas, fue invitado a hablar a la elite ateniense en el Areópago expresó lo siguiente: «Atenienses, veo que vosotros sois, por todos los conceptos, los más respetuosos de la divinidad. Pues al pasar y contemplar vuestros monumentos sagrados, he encontrado también un altar en el que estaba grabada esta inscripción: «Al Dios desconocido.» Pues bien, lo que adoráis sin conocer, eso os vengo yo a anunciar…

(3)     Las catacumbas son galerías subterráneas que fueron utilizadas como lugar de enterramiento durante varios siglos. Los enterramientos de los ciudadanos paganos, judíos y los primeros cristianos de Roma. En las catacumbas comenzaron a realizarse en el siglo II y no se verían finalizados hasta el siglo V. La palabra catacumba, que viene a significar "al lado de la cantera", proviene del hecho de que las primeras excavaciones para ser utilizadas como lugar de enterramiento fueron realizadas a las afueras de Roma, junto al terreno de una cantera.

(4)     La Tau «T» es la última letra del alfabeto hebreo. Decimonona letra del alfabeto griego, que corresponde a la que en el nuestro se llama «te». Pero es también una señal o signo, todo un símbolo. San Francisco profesaba una profunda devoción al signo Tau, del que habla expresamente el profeta Ezequiel (9,3-6) y al que se refiere implícitamente el Apocalipsis (7,2-4).

(5)     El evangelio de Rábula, que está escrito en Siria, fechado en el 586, y firmado por el monje Rábula. Tradición diferente al a de Constantinopla.

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