sábado, 25 de febrero de 2017

El "Pelele" espantajo protagonista

El “Pelele” típica fiesta en los pueblos de Cuenca
El “pelele” es el típico espantajo que es manteado, consiste en un muñeco de paja que suele representar a algún personaje impopular.
El pelele más conocido es el que pintó Francisco de Goya, encargado para el despacho de Carlos IV del palacio de San Lorenzo de El Escorial en 1790. Cuatro jóvenes vestidas de majas mantean un pelele en un entorno bucólico con paisaje frondoso, atravesado por un río. En esta ocasión representa el poder de la mujer sobre el hombre.
Estos juegos eran practicados en las fiestas populares y rito de despedida de la soltería. También es practicado al comienzo de la primavera, especialmente el Jueves Lardero siendo el punto de partida del Carnaval. En Cuenca esta tradición se perdió sobre al año 1960, es en estos últimos tiempos cuando empieza a resurgir, con cierta fuerza de nuevo, en los pueblos como Villar de Cañas, Horcajo de Santiago, etc.
En Cuenca  los peleles han estado asociados a la Semana Santa. Era tradición el mantear a Judas Escariote el Domingo de Resurrección. Después de sumergirme por la hemeroteca de la década de los cincuenta he encontrado un artículo donde se hace referencia a la fiesta del Pelele y es muy interesante el contenido, con referencia a la procesión del Domingo de Resurrección. En el artículo se narra lo que va sucediendo a lo largo del desfile procesional por las calles de Cuenca, especialmente el encuentro entre el Resucitado y la Virgen Santísima. Intentaré trasmitirles las conclusiones del artículo lo más veraz posible ya que apenas es legible, incluyendo texto y coplillas que se cantaban. El narrador explica al niño crecido su actuación en ese día tan señalado en Cuenca es el Domingo de Resurrección
“El desfile procesional se inicia, la procesión seguía con parsimonia… Al doblar de una esquina, al entrar en la calle de la Hiedra… ¡Cielos…! ¿Qué es eso? ¡Judas Iscariote en persona! ¡Es él, padre! ¿Cómo es posible? ¿Cómo vino a ahorcarse aquí en el balcón de mi tía Clementina? ¡Qué idiota! ¿No sabía lo que le esperaba? ¿Ya decía yo que ese Judas era tonto de capirote! “Todo esto pensaste y hablaste en medio de tu perplejidad”.
Sí, allí estaba fachendoso: con sombrero de jipi-japa, con botines con doblo  corbatín, el corbatín del dogal de esparto crudo, que le hizo sacar dos palmos de lengua sucia –una lengua negra, asquerosa, repugnante- y el corbatín de seda, amarillo chillón, ya bastante deslucido al que se ponía en las grandes fiestas tu tío Juan –Felipe el escribano, el buen esposo de tu tía Clementina. Allí estaba el pelele con el letrero en la panza que decía:
Soy Judas, el falso apóstol;
soy Judas, el Gran Traidor;
¡el que como ya se parte,
has de verte como yo!

-“Y peor que te vas a ver ¡imbécil! ¡Aguarda, aguarda que salgamos de misa! – le dijiste, muy quedo, mirándole iracundo.
Seguía la procesión despaciosa… ¡Otro en el balcón de doña Clara! ¿Otro en la Calle del Agua! ¡Y otro en El Toledillo! ¡Todos por igual estrafalarios, ridículos! ¡Y todos en el letrerillo! Pero… ¿Qué es esto, Dios? ¿Cuántos Judas vendieron a Jesús, cuántos? ¡Bien, para tdos habrça! Llamaremos a Luisillo, a Angelete, a Mateo y el “Villo”. ¡Ah, y a Garrón, que tenía mucha fuerza, no me acordaba! ¡Nos vamos a hinchar…
Llagamos a la plaza y la procesión. Tú no sabías a qué se debía esta parada. Pronto apareció por la calle del Clavel otra procesión en que venía la Gran Señora, llena de virtudes y de gracias, con manto raso azul, sembrado de estrellas, con banda de encajes y ricas alhajas. Traía tapado el rostro. Aquella procesión también se detuvo. Desvelaron la imagen y de súbito, sonrió. Tú quedaste prendado de aquella divina sonrisa; era como una sonrisa dulce, encantadora, inefable… ¡materna! La Santa Madre hizo tres humildes reverencias ante el hijo muy amado - ¿Qué gran misterio encierra esta humillación de Madre al hijo esta humillación inversa podemos decir? –Se hicieron unos rezos y unos cantos en latín. Las campanas redoblan su repique en este momento grandioso. Otra vez la Banda de Música en himno nacional. Otra vez estallaron docenas de cohetes. ¡Otra vez se regocijaban los cielos y a tierra! También te pareció que la Virgen decía - ¿Verdad?- “Es, Hijo mío. ¡Sol mío, ya te encontré de nuevo y no quisiera más perderte. Tú no sabes hijo, como me acibaran el corazón tus ausencias. ¡Ya estamos reunidos! ¡Vamos, vamos Hijo mío, a nuestra Casa”.
En marcha la procesión hacia el templo, la gran Casa que a todos nos cobija. En ese trayecto, más Judas -¡Cuantos, cuantos has visto en el curso de tu vida!- más fantoches, mas peleles. ¡Qué feos qué osados, qué insolentes! ¡Presentarse así, en medio de tanta grandeza y majestad, de tanta pompa y alegría, de tanto alborozo y galanura! ¿Ya veréis ya!...
Ahora, a la Misa de Tres, larga, solemne, ceremoniosa… Y a la salida, escaparte de la mano de tu padre, corriendo como loco en busca de tus amigos.

-¿Los has visto, Periquillo?
-Sí, chico, ¡Hay cuantos! ¿Qué hacemos?
-¡Pero hombre, no te acobardes! ¡Vamos pronto a llamar también al “Villo” y a Garrón, y a todos. ! Seis o siete son, pero como si fueran cientos! No te quedes ahí como un pasmarote. Y pasasteis veloces, avisando a todos. Os reunisteis y trazasteis el plan de ataque: cuatro para casa Judas. Corríais, gritando furibundos: ¡A ellos!

Ya estaban los peleles descolgados, rodeados cada uno de un grupo nutrido de mozos y mozas. En cuanto llegaste al que correspondía lo destrozaste en un santiamén. Una moza te dio un cachete por querer rematarlo tan pronto. Ante este castigo injusto, aturdido y sin saber bien lo que había sucedido, te retirarse lloriqueando rabioso. Entre tanto, las mozas en un periquete, metieron de nuevo el mondongo al pelele, hicieron rápida la quirúrgica operando y  gritaron alborotadas ¡A mantearlo, chicas, a mantearlo! Pronto  se te pasó el lloro, iluminando tu rostro una clara sonrisa ante la idea peregrina.

-Sí, sí ¡A mantearlo, a mantearlo – gritaste con aquella que te pegó, mirándola contento. Una manta extendida, muy amplia y en ella el Judas. Cogidos todos del extremo de la manta, chicos y chicas danzaban al pelele al compás de la canción:
El pelele esta malo.
¿Qué le daremos?
Agua de caracoles,
que cría cuernos;
que cría cuernos,
el pelele esta malo
¿Qué le daremos?

¡Arriba con él…! ¡Arriba con él…! ¡Arriba con él…! A cada grito, el Judas era empujado con brío hacia lo alto. ¡Qué risa, que risa con sus grotescas posturas! Subía y bajaba con ojos de susto, conteniendo los brazos y las patas en actitudes cómico-trágicas; a veces él mismo se daba un azote en el gordo trasero.
Nuevamente el corro danzaba cantando:
Este judas, pelele
Que sube y baja,
Pagará todas juntas;
Aquí en la plaza;
Aquí en la plaza,
Este judas, pelele
Que sube y baja

¡Arriba con él…! ¡Arriba con él…! ¡Arriba con él…! Abollada la cabeza, derrengado, derrotado por tu paliza te miraba triste, como pidiendo compasión ¿A ti compasión para él? ¡Está listo! ¿La tuvo él acaso, ni un momento para el dulce Jesús? ¡Arriba con él…! ¡Arriba con él…! Esta vez cayó sobre el bran Garrón, que del primer zarpazo le arrancó el rojo sucio corazón de trapo, y del segundo, en el gañote, le obligó a sacar otro palmo más de lengua.
Y a danzar y a cantar. El corro entonó de nuevo:
Por tres cochinos cuartos;
¡Te la has buscado!
Eres raja, miserable,
Tonto y malvado.
Tonto y malvado
Por tres cochinos cuartos
¡Te la has buscado!

¡Arriba con él…! ¡Arriba con él…! ¡Arriba con él…! Le revientan los calzones por el trasero y empieza a arrojar ´-¡guarro!- inmundicias y basura.
Los mozos y mozas se alejaron cuando el pelele quedó hecho jirones del todo, destrozado, la cabezota rodando por el suelo, las extremidades separadas el tronco, inútil ya para la diversión. Con los despojos se preparó una hoguera  en la era de la “Camacha” otro pelele ardiendo en la “Puerta Salinera” y un tercero se veía en las cuevas de “La Peñita” que ardía.
Así terminó el día donde el traidor ardía por su pecado de traición y cobardía.

Cuenca, 25 de febrero de 2017
José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.



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