domingo, 15 de diciembre de 2013

Embrujo y misterio en las noches de Luna llena en la ciudad de Cuenca


EMBRUJO Y MISTERIO EN LAS NOCHES DE LUNA LLENA EN LA CIUDAD DE CUENCA
Son muchas las experiencias vividas en los dos años que pasé tras las Luna llena por la hoz del río Huécar que se vió plasmada en la exposición y libro titulado “Selene. Mitología de la Luna llena en la hoz del Huécar”. A raíz de esa investigación raro es el mes que en su Luna llena no se me van los ojos tras de ella, como Selene buscando a Endimión.
La Luna llena está siempre acompañada de misterio y Cuenca es la ciudad ideal del ensueño de las lunas. Pero antes de mis vivencias tras “Selene” ha habido otros conquenses ilustres que descubrieron su encanto viéndose atrapados por su hechizo como Federico Muelas y César González Ruano. Este último nos habla de sus sueños de luna: “Desde el hotel, enclavado en la ciudad nueva, extendida por lo que era el Arrabal y la Albufera, Cuenca, sobre todo en las noches de Luna, tiene su carácter irreal y casi fantástico”. 

Cuenca en sí es una leyenda viva, que se repite cada mes con su seducción de luz de luna llena que baña sus tejados, calles y rincones, llenando a sus gentes de vivencias e historias que día a día son soñadas y vividas.
Cuenta la leyenda fechada por los años de la reconquista, cuando fue escondido un tesoro ante la eminente llegada de las tropas cristianas a la ciudad mora de Qūnka. Y  en la última luna del año, a la hora del gallo y la Luna ve al Sol, sus primeros destellos son los que iluminan la entrada de la cueva que los guarda y oculta.

¿Qué habrá de cierto en todo esto? La tradición de los tesoros ocultos no podía faltar en la historia de Cuenca. Según la leyenda, se encuentran enterrados en el cerro de la Majestad o cerro de la Mora. Los Tesoros se creen depositados en la cueva del Madero, pero la verdad es que nadie ha dado con ella. ¿Quién sabia que los moros escondían sus tesoros en la cueva del Madero? ¿Qué tesoros escondían? ¿Eran las ricas joyas que adornaban los cuerpos de las moras en los bailes privados con los que deleitaba a su amor en las noches de pasión bajo el influjo de los rayos de luna llena? ¿O son las ricas joyas de Zaida, hija del rey moro de Sevilla y esposa de Alfonso VI las que allí se hallan?

El rey Alfonso VI de León se refugió primero en Toledo y luego en Sevilla, al hacerle la guerra a su hermano Sancho II, el Fuerte; Allí se enamoró de Zaida, hija del rey Abenabeth, la cual tomó el nombre de María Isabel al bautizarse. Aportó como dote las plazas de Cuenca, Huete y Uclés (año 1091). AL invadir los almorávides el reino de Castilla, Alfonso VI manda con el ejército a su hijo Sancho Alfonsín, muriendo en la batalla de Uclés (1108) y Sagrajes, perdiendo las plazas de Uclés y Cuenca.
 No sabemos, si es que alguna vez  existieron, de quien pudieron ser estas joyas del misterioso tesoro que se cree enterrado. La realidad poco importa, para el juego que hoy me ocupa. En esta noche fría de diciembre sintiendo la humedad del río, este Huécar casi oculto que cruza entre las últimas huertas que quedan en la hoz, próximas a las antiguas murallas que defendieron a esta digna ciudad eterna. Poco importa quien fuera la mora. El verdadero tesoro es esta noche fantástica, en que a través de su silencio, también irreal, sentado sin prisa a esperar la aparición de la luna por el cerro de la Majestad para inmortalizar el momento de su salida como guardián y amante de la reina de la noche. La ciudad duerme y sueña con sus antiguas grandezas.  Todo hombre tiene el derecho a soñar, a conquistar la vida ante la muerte, sagrado derecho del sueño que se ve iluminado por el hechizo lunar. Cuenca sueña, sus calles llenas de casones con historia, Cuenca encantada ante la majestad de su templo regio que guarda sus tesoros del tiempo pasado y presente, como el cerro de la Mora. Y cuando la Luna se esconde, tras las primeras luces de la mañana, la ciudad despierta a la realidad de su presente que es el mejor tesoro que posee. El amor de sus gentes a la ciudad del presente. “Cuenca en volandas” como cantó su poeta.
José María Rodríguez González
15 de diciembre de 2013

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