jueves, 5 de diciembre de 2013

La Capilla del Obispo en la Catedral de Cuenca


LA CAPILLA DEL OBISPO CRUZ LAPLANA LAGUNA Y LA FIGURA DEL OBISPO EN LA TOMA DE POSESIÓN DE LA SILLA EPISCOPAL DE LA DIÓCESIS DE CUENCA.

Capilla del Obispo. Catedral de Cuenca
Navegando en la hemeroteca del año 1922, he hallado y he quedado, gratamente sorprendido, al encontrar el artículo sobre la llegada del prelado a la ciudad. Está sacada del periódico “La Razón” y que paso a trascribir para disfrute y conocimiento del acontecimiento y para saber algo más sobre nuestro Obispo Cruz Laplana Laguna, que sustituyó a Wenceslado Sangüesa y Guía, disponiendo de su propia capilla en la Catedral de “Santa María” de Cuenca.
El 30 de noviembre de 1921, la Santa Sede le nombra obispo de Cuenca. La consagración tuvo lugar en la Basílica del Pilar de Zaragoza el 26 de marzo de 1922 por el Cardenal Juan Soldevilla y Romero, tomando posesión de su diócesis el 10 de abril de  1922.
Así expone el periódico “La Razón” de 10 de abril de 1922 la toma de posesión del Obispo: “Por fin se ha visto calmada la ansiedad de los conquenses por conocer a su Obispo, ansiedad justificada en extremo aunque sólo tengamos en cuenta los grandes elogios que de la virtud, talento, bondad de carácter y sencillez de costumbres del Dr. Laplana nos habían traído la prensa, el telégrafo, las cartas particulares y los comisionados del Cabildo, Ayuntamiento y Diputación que a su consagración acudieron.
Foto del Prelado en la edición del La Razón 
El sábado y el tren correo que llega a esta capital a las cuatro de la tarde llegó a Cuenca, siendo recibido en la estación a los acordes de la marcha de infantes por las representaciones de todas las colectividades: Gobernador civil, Ayuntamiento, Diputación, Instituto, Escuelas Normales, Cabildo, Clero parroquial, Delegación de Hacienda, ingenieros de Obras Públicas, comisiones de los Cuerpo de Correos y Telégrafos, Órdenes religiosas, ingenieros de Montes y mil más que mezcladas entre un gentío enorme hicieron objeto de una ovación cariñosa al Prelado desde el momento en que entró el tren en agujas hasta que fue recibido en la sala que en la misma estación tenían dispuesta para hacer las presentaciones de rúbrica.
Allí tuvimos la ocasión de saludar a Su Ilustrísima así como a todas las personas que habían formado su acompañamiento durante el viaje y que, salvando omisiones involuntarias, eran el diputado a Cortes D. Joaquín Fanjul, el señor Piniés, hermano del ministro de la Gobernación que por obligaciones de su cargo se vio imposibilitado para asistir, familiares del señor Obispo, subdirector del Banco Zaragozano, penitenciario de esta Catedral, Sr. Olmo presidente de la Diputación D. José María Arribas, diputado a Cortes por Cañete, los señores jefes de Obras Públicas y Montes, el señor gobernador militar de esta plaza, D. Manuel “Bisier” y Julio León.
Todos ellos se mostraron satisfechísimos del entusiasmo inenarrable manifestado por los pueblos en masa en todas las estaciones del tránsito correspondientes a la diócesis conquense pero haciendo sobre todo grandes elogios del recibimiento dispensado por los pueblos Sta. Cruz de la Zarza, Tarancón, Huete y Chillarón.
Terminadas las presentaciones de todos los comisionados de la capital se puso en marcha la comitiva para hacer la entrada solemne en la ciudad. Por expreso deseo del Prelado se hizo ésta a pie abriendo marcha una sección de Guardia Civil a caballo; a continuación iba el Sr. Obispo que llevaba a ambos lados a los señores Gobernador Civil y Alcalde de Cuenca y detrás la muchedumbre de comisiones seguida de un numeroso gentío.
El paso de la comitiva por las calles de D. Mariano Catalina, Calderón de la Barca, Puente de la Trinidad, Subida del Instituto, Andrés de Cabrera y Alfonso VIII fue saludado con prolongadas aclaraciones que unidas al aspecto hermosísimo de las mismas, engalanadas con vistosas colgaduras y con los arcos triunfales construidos por la Empresa del Salto de Villalba, Sucursal del Banco Zaragozano, Cámara de Comercio, Centro de Acción Católica de San Julián. P. Socorro y Ayuntamiento constituyeron el recibimiento más clamoroso y entusiasta que en Cuenca se recuerda.
Gran número de coches, cedidos espontáneamente por sus dueños seguían la comitiva.
Cuando ésta llegó al Ayuntamiento, fue recibido el Ilmo. Señor Obispo por la Corporación en pleno y el Cabildo revestido y acompañado al Salón de actos, vistiendo el manto de larga cola dirigiéndose inmediatamente a la Catedral, cuya entrada estaba artísticamente adornada con los ricos tapices pertenecientes a la misma.
Antes de entrar en la iglesia y en la misma puerta, donde lo mismo que en el salón del Ayuntamiento se había dispuesto un pequeño altar, vestido el Prelado de Pontifica, oró brevemente en la Capilla de la Virgen del Sagrario y en la tumba de su antecesor doctor Sangüesa y entonándose después el solemne Te-Deum y Salve. Dirigió luego salutación a los fieles sin que apenas pudiera oírse por el murmullo que producía la muchedumbre que llenaba totalmente las naves de la iglesia.
Últimamente las comisiones representativas de las colectividades conquenses fueron obsequiadas en la Sala Capitular con un espléndido lunch.
Sea bienvenido a nuestra tierra el Iltmo. Sr. D. Cruz Laplana y quiera el Cielo concederle todo el acierto y muchos años de satisfacciones y venturas.” (Equis)
Su triunfal entrada y toma de posesión del Prelado contrasta con su muerte.
Tras el fracaso de golpe de estado de julio de 1936, Cuenca fue fiel al gobierno republicado por obra del teniente coronel Francisco García de Ángela. A los pocos días de la llegada de las milicias anarquistas mandadas por Cipriano Mera, empiezan a producirse desmanes en la ciudad. En la tarde de 20 de julio hizo explosión una bomba en la puerta del Palacio Episcopal. El 28 de julio el obispo es obligado a dejar su residencia acompañado de su mayordomo Manuel Laplana y su familiar, Fernando Español. Bajo custodia es conducido al Seminario que era utilizado como cárcel. El 7 de agosto de 1936 es fusilado. Fue beatificado, junto con otros 497 mártires, el 28 de octubre de 2007.

Cuenca, 5 de diciembre de 2013
José María Rodríguez González

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