domingo, 6 de marzo de 2016

Luz de luces en la Semana Santa Conquense


En la noche toda duerme, Cuenca reposa. Eres Luz y promesa. 


Bajo el puente ha nacido una luz. Luz que se viste de misterio en los albores de la noche de la Semana Grande de Cuenca; noche de sombras y temores, de pasiones y flaquezas. Una luz maravillosa que arde sobre el agua en su marcha incesante, vertiendo resplandores en las aguas del río que la cuna y la lleva a lo largo de su curso. Luz que se mira y se difunde con los juncos del río en el murmullo incesante de su paso. Una Luz poderosa que mira desde el Cielo a los hijos de Cuenca.
Aguas del Júcar, que abren su verde espejo de esmeralda reflejando en ellas las promesas piadosas de sus gentes que buscan la limpieza de espíritu y el bienestar para los suyos en tus morenas mejillas que alegran la vida de tus devotos hijos.

Al caer la tarde tu luz se manifiesta. En la noche toda duerme, Cuenca reposa. Eres Luz y promesa, velarás por tus hijos a los pies de la Cruz, noche de cirio y Pasión Nazarena.
Virgen de la Luz sobre el río Júcar

Sopla el viento, soplo divino que despierta las almas pecadoras. Los cielos se nublan en la noche de las Noches. Llueve en la ciudad, gotas saltarinas que fecundan los campos humanos germinando los granos y fructificándolos. Luz de la Madre en las sombras, hecha rayo de Sol, convierte la mies en ese Pan Bendito, manjar de Fe y de Vida. Será el rayo de Luna que ilumina en la noche recortando las tinieblas del mal. Estrella salvadora que nos marca el puerto milagroso.

Encendida visión del caminar de la procesión de Jueves Santo que partiendo de su lado se encamina al Gólgota conquense. Encendida visión que desde el Cielo nos guía cariñosamente por senderos de amor en la corriente indecisa de la vida por caminos de luz en las tinieblas de la incertidumbre.

Como testigos hemos seguido la ruta, vacilante, sin perdernos en la noche. Tu claridad eterna se envolvía en los instantes amargos de la vida. Madre de la Luz has teñido los cielos del color de tu manto, de tu blancura infinita das la vida. El sol de nuestra Cuenca quemó tu Faz Divina, Faz serrana y morena. Tu candil encendido bajó desde la Sierra por las aguas del Júcar, meciéndose en la noche, noche de Pasión Divina.

En la mañana tu Luz se confunde con el Sol. Cuenca entera despierta, te aclama como Reina y quiere compartir tu corona, corona de amor y dolor, gemas hechas de besos y lágrimas.


Las horas son testigo de la Pasión, ya desciende de la Plaza, Calvario conquense que se desvanece cuando el ruido de los banzos se aproximan a tu morada, vuelven tus hijos  y tú de nuevo abres del Júcar su espejo de ese verde esperanza que hace enmudecer la noche, noche de eterna plegaria. 

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