jueves, 6 de octubre de 2016

El Rosario ha pasado de instrumento de oración a instrumento de decoración

Laudes y alabanzas a la Virgen del Rosario

El Rosario ha pasado de ser instrumento de oración a ser instrumento de decoración y de complemento de vestir, pero para una gran mayoría de personas no ha perdido su valor religioso.

Son muchos los pueblos que estos días están celebrando la festividad de la Virgen del Rosario, entre ellos, el pueblo de: Fuentes, Albalate de las Nogueras, Arguisuelas, Buenache de la Sierra, Valparaiso de Abajo, La Cierva,  Fuertescusa, Masegosa, Pineda de Cigüela, Piqueras del Castillo, El Provencio, Quintanar del Rey, Sotos, Las Valeras, Vara del Rey, Villa García del Llano, Villar del Humo, Zafra de Záncara y Zarzuela. Algunos de estos pueblos cambian la celebración al mes de agosto, cuando el número de habitantes es mayor, pero no por ello son menos devotos de la Virgen del Rosario.

Fue el Papa Gregorio XIII quien señaló el primer domingo de octubre para la fiesta del Santísimo Rosario, y aprobó el oficio correspondiente. Hoy esta fiesta está fijada el 7 de octubre aniversario de la victoria de Lepanto.
Rosario repujado de plata con cuentas de cristal

Otros pontífices concedieron a los cofrades del Rosario innumerables indulgencias; Clemente XI hizo obligatoria esta fiesta para toda la cristiandad en memoria de la victoria de Peterwardein. León XIII, por numerosas Letras Apostólicas, impulsó la propagación de esta devoción, sobre todo durante el mes de octubre, segundo mes del año fue consagrdo a la Santísima Virgen. Elevó la fiesta del Rosario al rito doble de segunda clase, y también por su deseo y orden los fieles añadieron a las letanías lauretanas la invocación: “Regina Sacratíssimi Rosárii, ora pro nobis”: Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.

Haciendo historia, se puede decir que hubo un tiempo que no había cristiano que desconociera el Rosario y que no lo llevara consigo. Apenas fundada esta oración fue adoptada  por todas las clases sociales; se rezó en público y en privado, en los templos y en los hogares. El pueblo cristiano aceptó esta devoción con una unanimidad increíble.

Ha habido épocas de mayor fervor y otras de abandono, pero siempre renace cuando alguna amenaza de algún peligro acecha a la sociedad, ejerciendo una influencia saludable, es como si la reiterada invocación a María respondiera a una necesidad del corazón cristiano.

La impiedad de nuestro tiempo ha logrado arrancar del seno de las familias la bendita costumbre de rezar el rosario en familia.

Al rezo del Rosario el racionalista sonríe al ver desfilar a los devotos que repiten las mismas palabras: “el que está alumbrado con mejor luz comprende que el amor no tiene más que una palabra  que dicha: y con decirla una y otra vez no se repite jamás” ( Lacordaire).

Cuenca, 7 de octubre de 2016


José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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