martes, 4 de octubre de 2016

Rosario ¡Qué lindo nombre!

El nombre de Rosario

Día 7 de octubre festividad de la Virgen del Rosario

En mis años de formación tuve la suerte de tener como profesor un hermano Marista al que llamábamos el hermano Rey, hombre cargado de años y de sabiduría que pasaba grandes temporadas en Costa de Marfil donde la Congregación Marista tiene una casa de apostolado.

Él nos decía que se podía afirmar con toda exactitud que España había enseñado a rezar a la Cristiandad. Fueron los grandes personajes que inundan nuestra historia los que iniciaron los más ricas oraciones. Comenzando por el Obispo de Granada, Monseñor Oseo, quien redactó el Credo de Nicea. La oración de la Salve fue compuesta por un santo gallego, San Pedro de Mezonzo. El Rosario fue formulado por un santo castellano llamado Domingo de Guzmán. San Ignacio de Loyola fue el inspirador y creador de los ejercicios espirituales y así podríamos seguir enumerando personajes españoles que inspiraron oraciones comunes en nuestro devenir diario.

El Rosario es la oración de las almas sencillas, es el himno enamorado, una canción de la primavera del alma que el pueblo canta a la Virgen María. Con anterioridad al nombre actual se llamo al Rosario “Salterio de María”, oración compuesta por ciento cincuenta Avemarías.


La palabra Rosario, designa un lugar plantado de rosas. Las alabanzas a la Madre de Dios quedó completada al recurrir a la salutación del arcángel Gabriel a María: “Dios te salve María…”.

Cuenta la tradición y era costumbre que llevaran las vírgenes el día de sus desposorios con Cristo, una corona de rosas, pues la rosa que florece entre espinas, es el símbolo de la virginidad, cuyo perfume guarda la mortificación. Es por ello que se vió apropiado ofrecer rosas a la Reina de las Vírgenes, como es María. Las sagradas Escrituras la comparan con los jardines de Jericó (Eccli. 24,18). A esa rosa de Jericó que es toda gracia, toda esperanza de vida y de virtud, van dirigidas las ciento cincuenta rosas místicas del santo Rosario que florecen como azucenas, despiden fragancia y echan graciosas ramas.

La poesía cristiana ha sabido tomar magníficamente por tema esta graciosa comparación, fue cantada por el sacerdote y poeta del siglo V, Celio Sedulio:

Como entre espinas aguas  brotó la rosa deliciosa, inofensiva,
eclipsando con su hermosura a la del arbusto que le da vida:
así del tallo de Eva ha brotado María,
y la Virgen de la nueva Alianza ha expiado la prevención de la virgen de la antigua.
Como el espino produce rosas, así la Judea produjo a María”.

Cuenca, 7 de octubre de 2016


José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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