domingo, 16 de octubre de 2016

Tradición e historia


Desfile extraordinario de la Soledad del Puente por su 75 aniversario de su llegada a Cuenca.

El Rosario como manifestación de devoción a la Madre de Dios.

No hace muchos días escribía un artículo sobre el rosario destacando que había pasado de ser un instrumento de devoción a un utensilio de decoración y complemento de vestir. Cuál es mi alegría cuando ayer se convirtió de nuevo su rezo por las calles de Cuenca parte de culto y adoración de la Virgen de la Soledad del Puente.
Virgen de la Soledad del Puente.
75 aniversario de la entrega de la talla

Ayer, sábado, a las siete de la tarde salía la Soledad de la Parroquia de San Antón. La voz de lejanas épocas se hizo presente. El canto del verso añejo con voz grave de presencia anacrónica tuvo ayer el auténtico valor que da la historia de los pueblos, fortaleza y solidez.

Hay una fortaleza que consuela en esa fe se evoca y palpa, el conjuro de las campanas que son las mismas de otros tiempos que ayer sonaban a la salida de la Soledad. Sonido poético que es el contrapunto de lo nuevo. Se citaron las campanas de las iglesias en el silencio otoñal de la ciudad dormida en la tarde del Rosario. La armonía de los bronces exaltados, ha puesto un revolar de versos en el silencio de las hoces. Las “Ave María” del rezo del Rosario ha inundado de paz la hoz del Júcar haciéndose eco de gozo, despertando los rincones y recovecos sólo distraídos por el ruido de sus fuentes al verter sus aguas al caminar constante del río. En la tarde del Rosario el repique procesional de las horquillas de los venceros pusieron la nota de un ayer lejano en el cantar litúrgico de la fe presente. Se ha teñido la escena de la devoción Mariana con el tinte añejo de la vieja fe, tomando así valor de verso tradicional, esa tradición perdida pero presente en el alma de los conquenses.
Cielos del 15 de octubre de 2016 en Cuenca


La tarde otoñal cubrió de gloria los cielos, mil colores surgieron para evocar el paso de la Señora por las calles de la Cuenca de todos los tiempos, pintado de ocres y oro las hoces extasiadas al paso de María. Han cantado los bronces de las campanas y han dado la armonía de su verso limpio y auténtico a una escena de fe y tradición, ¡pródigo de las cosas viejas! Como un conjuro que quisiera despertar la emoción que justifica el olvido de un pueblo que va vacilando de la fe de sus mayores. 

Un mal actual que día tras días va haciendo mella en las creencias de los pequeños por falta de la trasmisión de las tradiciones y creencias a las nuevas generaciones. ¡Dios quiera que se obre el milagro de que los hombres no olviden su historia y se pueda saber a dónde vamos…! 

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