lunes, 10 de octubre de 2016

EL TEMPLO DEL PILAR


Historia de su construcción y evolución en el tiempo.


Son muchos los vínculos de unión que vinculan a mi familia con las tierras aragonesas. Varias son las visitas que hemos realizado al grandioso templo del Pilar y no ha faltado el paso de cada uno de mis hijos por el manto de la Virgen, es por ello que hoy no quiero dejar pasar el poner en conocimiento de quien lo desee la historia de este magnífico baluarte de la fe cristiana en España.
Templo del Pilar de Zaragoza.

La primera ampliación del templo primitivo se efectuó a finales del siglo II y principios del siglo III, como se deduce de una lápida sepulcral hallada dentro de la iglesia y que aún se conserva. En ella esculpido, trae el nombre de un levita llamado Lorenzo y la fecha del 15 de julio del año 196. Otro epitafio de la misma época recuerda los nombres de doce presbíteros sepultados en distintos lugares y juntados debajo de la misma losa. De ahí puede desprender que ya por entonces acudía regular concurso de fieles al templo de la Virgen del Pilar.

Hay pruebas que atestiguan de que en el año 284, al enviar el emperador Diocreciano a Zaragoza, al procónsul Daciano, casi la ciudad era cristiana. Entonces dieron su sangre y su vida por la fe, además de la ilustre virgen Santa Engracia, toda aquella pléyade de héroes cristianos que la Iglesia venera con el nombre de Innumerables Mártires de Zaragoza.

Por los años 318 el emperador Constantino otorgó mercedes al templo del Pilar ensanchando su capacidad notablemente, pues se habla de 50 pies de largo por 29 de ancho y la forma del Lábaro de Constantino  prueban su remota antigüedad.

Malos tiempos corrieron para Zaragoza con la dominación de los Godos del 414 al 711, prosiguiendo los malos tiempos al tomar la ciudad los moros en el año 716 provocando una espantosa carnicería entre los cristianos, no obstante se cumplió fielmente la profecía que hizo la Virgen a Santiago: “Yo moraré en este lugar y nunca faltaran aquí cristianos que adoren a su Dios y alaban el nombre de mi hijo y el mío”, esto fue así porque con haber elegido los moros a la ciudad de Zaragoza como uno de los centros de su imperio nunca llegaron a extinguir en ella el culto del verdadero Dios ni su devoción del pueblo zaragozano a la Virgen María.

Fueron cuatro siglos los que pasaron hasta que rey Alfonso el Batallador libró al reino de Aragón de sus opresores. Los pormenores de esta restauración los trae D. Pedro Librana, que fue su primer obispo tras la reconquista.

En el año 1291 se efectuó otra restauración en los muros, contribuyendo para sufragar los gastos todo el pueblo con sus limosnas o con su trabajo, ensanchando los límites del templo. Así quedaría hasta el año 1515, en que el arzobispo D. Alfonso, príncipe aragonés añadió nuevas pertenencias al sagrado edificio, mandando levantar un suntuoso altar de alabastro, enriqueció el coro con una suntuosa sillería y mandó instalar un ostentoso órgano.

El templo del Pilar era la iglesia parroquial y los oficios privados eran rémora para los devotos que venían a presentar sus votos a la Virgen, tanto fueron las protestas que el Cabildo remedió este inconveniente construyendo otra iglesia por el lado de la puerta de San Onofre en la que se celebraran los oficios parroquiales sin molestar a los muchos peregrinos que acudían.

El complejo de Pilar se convirtió en un cúmulo de construcciones surgiendo las quejas y pidiendo que se construyera una basílica en condiciones. En el año 1697 D. Juan de Austria, virrey de Aragón, dió oídos a los deseos de todos los devotos españoles llevó a la corte del rey Carlos II la petición y el Rey accedió a su construcción tomando a pecho esta empresa y llamó a los más afamados arquitectos de la península para que propusiesen sus planos. Se concedió el trazado a Francisco de Herrera, caballero de la Orden de Santiago, comenzando de inmediato los trabajos durando su construcción varios años. Finalmente el 11 de octubre de 1718 se inauguro el nuevo templo, asistiendo a la ceremonia inaugural el duque de Caylus, caballero del Toisón de oro, gobernador de Zaragoza y capitán general del reino de Aragón, ostentando en aquella ceremonia la representación oficial del Rey de España.

El sumo Pontífice le otorgó al templo indulgencias y favores que lo colocaron en importancia después de las basílicas de Roma, Jerusalén y Santiago de Compostela.

El ilustre Sadá y Salvany escribió sobre la Pilarica: “Así como diecinueve siglos han corrido al pie de este Pilar, ora manos, ora borrascosos, como las aguas ora suaves, ora embravecidas del río Ebro que lame los muros del santo templo, así también se estrellarán contra la santa Columna todas las tempestades del porvenir”.

El papa Clemente XII señaló el día 12 de octubre para la festividad de la Virgen del Pilar, la cual suele celebrarse en toda España con extraordinaria solemnidad y regocijo.

Cuenca, 12 de octubre de 2016


José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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