jueves, 24 de mayo de 2018

Un momento glorioso. La batalla de Lepanto.


Festividad de Nuestra Sra. Auxiliadora

No es Lepanto la ocasión única en que María Santísima se mostró como decisivo auxilio material y moral de los cristianos militantes. Pero es sin duda “la más alta y famosa ocasión que vieron los siglos ni esperan ver los venideros”, como escribió Cervantes, el glorioso príncipe de las letras españolas que allí perdió la mano izquierda.

El Sultán Selim II reclamaba la isla de Chipre a Venecia y amenazo con no ser esta la única reivindicación  de lo que un día la historia le arrebató al Islam. Ante esta arrogancia se formó una Santa Liga para combatir la arrogancia de Sultán, fue el Papa Pio V quien publicó, por este motivo un jubileo universal.
Cuadro de la Batalla de Lepanto

Los turcos provocando a la coalición católica, entraron en el Adriático y después de tomar el litoral de Dalmacia, volvieron a refugiar sus navíos en el golfo de Lepanto. La escuadra de la Santa Liga a las órdenes de Don Juan de Austria, salió de Mesina y al cabo de dos días encontró la armada enemiga. Los turcos eran muy superiores en número y tenían sus navíos mejor equipados. Sin embargo, los guerreros cristianos tenían tal opinión de la santidad de Pío V, que la mayoría de ellos, tanto soldadas como generales, principalmente Don Juan, no dudaron de la victoria que el mismo Papa les había asegurado.

Comenzó la batalla, el viento, hasta entonces contrario a nuestras armas cambio de dirección enviando todo el humo de los cañones contra la artillería turca. Fueron momentos de mucha tensión. Algunos, heridos caídos al agua, luchaban contra las olas al mismo tiempo que se defendían de sus enemigos.

Una de las andanadas alcanzó de lleno al navío del capitán de la flota otomana y los  cristianos se apresuraron a proclamar la victoria.

Si alguno se ha preguntado ¿Qué hacía el Papa Pío V que había lanzado a estos cristianos la batalla? Les diré que él rezaba y hacía rezar. Invitó especialmente a los asociados del Rosario a que implorasen de la Reina de los Cielos, para los cruzados de 1571 la asistencia que tres siglos antes concediera a los cruzados tolosanos en guerra contra los albigenses.

El 7 de octubre coincidió aquel año con el primer domingo de mes, día en que los cofrades del rosario acostumbran a celebrar procesiones en honor a la Santísima Virgen. Hacia las cinco de la tarde, el Papa enfrascado en sus negocios, abandona súbitamente su asiento, abre la ventana en dirección de Oriente, fija por unos momentos sus ojos en el cielo, y después con el rostro iluminado exclama: “Cesen ahora los negocios y no pensemos más que en dar  gracias a Dios por el gran triunfo que acaba de conceder a nuestra armada”.

Nadie de cuantos rodeaban a Pío V se atrevió a divulgar esta exclamación del Papa, temiendo, en caso de que la fortuna fuese adversa, ocasionar perjuicio a la reputación del Santo Padre. Sin embargo, 14 días después, el 21 del mismo mes, a altas horas de la noche, penetró en el Vaticano un mensajero llegado de Venecia y confirmó la predicción.

Al día siguiente, en todas las Basílicas e iglesias de la ciudad Eterna se canto el Te Deum en medio de un entusiasmo indescriptible.

Tal liberación merecía un exvoto perdurable. San Pío V lo ofreció a la Santísima Virgen insertando en las Letanías Lauretanas la invocación: Auxilium christianorum, ora pro nobis. De aquí procede el hermoso nombre de Auxiliadora que se añade al de Nuestra Señora y con el cual el pueblo cristina saludaba desde antiguo a la Madre de Dios. Y para manifestar más claramente aún su homenaje de gratitud, Pío V instituyó al mismo tiempo la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias.

A sazón de esta festividad y con motivo de la Batalla de Lepanto, el Conde de Priego, D. Fernando Carrillo de Mendoza, mayordomo mayor de Juan de Austria, prometió al Señor que si salía vivo, él y sus hijos, de la Batalla de Lepanto, mandaría construir un convento religioso cuyo nombre sería el de la advocación que el Papa Pío V a la Virgen que les ayudó poniendo por nombre al convento: “De las Victorias”.  
Convento "De las Victorias" Priego (Cuenca)

La festividad de hoy 24 de mayo día de María Auxiliadora procede de otro pasaje histórico que se fraguo con Napoleón. El papa fue hecho prisionero en el castillo de Fontainebleau por Bonaparte, dedicando gran parte de sus oraciones a María Auxiliadora de los Cristianos, para que protegiese a la Iglesia perseguida, desgobernada y desamparada. Los ruegos del Papa fueron escuchados y en 1814 Napoleón firma su abdicación.
María Auxiliadora

En 1815, cuando la Iglesia recuperó su posición, el Papa para manifestar el agradecimiento de todo el orbe católico a la Virgen María, creo la advocación de Auxilio de los Cristianos e instituyó la fiesta de María Auxiliadora el día 24 de mayo, para perpetuar el recuerdo de su entrada triunfal a Roma al volver de su cautiverio en Francia.

Cuenca, 24 de mayo de 2018
José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico

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