viernes, 15 de mayo de 2015

Festividad de San Isidro en Cuenca


San Isidro de Cuenca en el barrio del Castillo

San Isidro
Hoy es la festividad de San Isidro, Cuenca celebra al Patrono de los campos en su ermita del Castillo. La ermita fue fundada en el siglo XVIII por el prelado D. Juan De Lancaster Noroña, duque de Abrantes y D. Isidro Carbajal y Lancaster, inquisidor y Corregidor de la Ciudad de Cuenca en ese momento.

San Isidro es un salto que vivió en el siglo XII. Fue una persona sencilla a lo algo de su vida no hizo nada extraordinario y sin embargo llego a la santidad.

Sus días transcurrían en la llanura del Manzanares trabajando a jornal de Juan  de Vargas. Durante su jornada, el labrador apenas si reposaba ni hablaba; pero es hermosa la obra que de ella se desprende, un canto de amor a la pródiga mano de aquel que bendice su sudor y le procura óptimos frutos para su sustento, es también un canto de admiración hacia la belleza de todo lo creado. Porque su alma sencilla, que ignora la ambición, se complace solo en el cumplimiento del Divino Precepto y sabe extraer de éste y de los puros goces que Dios coloca al alcance de todas las criaturas, sus mejores satisfacciones.

Al dejar su labor, en su casa, cuando la noche cae sobre el campo le esperan su mujer Santa María de la Cabeza y su hijo. La vida de los tres trascurren en paz. Sólo el percance del hijo que se cae al pozo y se ahoga, rompe el equilibrio. Pero San Isidro y Santa María de la Cabeza rezan con fervor sin atreverse a pedir a Dios que evite el dolor de la pérdida del hijo. Pero no obstante el hijo les es devuelto sano y salvo por la Divina Bondad de quien adoran.


En otra ocasión es la hija de Juan de Vargas, su amo, la que muere y una vez más se manifiesta el poder milagroso de la intervención de San Isidro el labrador bueno y sencillo: LA NIÑA VUELVE A LA VIDA.


Ermita de San Isidro - Cuenca
Así pasan los días, sin que el bueno de Isidro, sienta otras tentaciones que la de orar en las pausas del trabajo; buscando en la oración un encuentro con el Creador, para relatarle sus íntimos pensamientos y el amor que encierra su corazón por los bienes que le dispensa. Ni él mismo se da cuenta de su fervor religioso y su extremada bondad hacia sus semejantes le están abriendo el camino de la santidad. Sus manos tienen poder milagroso: abren manantiales en la roca y cuando la oración le distrae algo más de la cuenta, su yunta, guiada por otra figura, en todo semejante a la suya, sigue labrando, según ve su amo que vigila su labor.

Disfrutemos de este día que se nos brinda y subamos a la ermita de San Isidro como devotos del Santo a disfrutar del pareja, de los panecillos y de su bendición.

Cuenca, 15 de mayo de 2015

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