jueves, 16 de marzo de 2017

La reliquia de la corona de espinas y Luis IX de Francia


SEGUNDO VIERNES DE CUARESMA


Siguiendo con los relatos de los viernes de Cuaresma hoy os traigo como consiguió la reliquia de la Corona de Espinas el rey de Francia Luis IX que llegó a ser San Luis IX de Francia.

Cuenta la historia que San Luis IX de Francia, cuya generosidad hallaba remedio para todos los infortunios, había auxiliado con importantes cantidades a Balduino II, último emperador latino de Constantinopla, cuyas necesidades pecuniarias fueron extrema en la guerra onerosa que sostuvo contra los búlgaros. El desgraciado príncipe, llegó a Francia den demanda de subsidios, acabó por declarar a San Luis IX que sus ministros, carentes de recursos, iban a verse en la necesidad de empeñar a extranjeros la sagrada corona de espinas, venerada en su capilla imperial.

Como viera la penosa impresión que sus palabras producían en el santo rey, aprovechó la ocasión de agradecerle sus múltiples liberalidades y añadió: “A vos, que sois mi primo, mi señor y mi  bienhechor, y al reino de Francia que es mi patria, desearía ofrecer ese precioso tesoro. Os ruego que lo aceptéis como un puro don”. San Luis complacido aceptó la ofrenda.

La menor dilación podía hacer fracasar sus combinaciones. Sin demora envió a Constantinopla a dos religiosos dominicos, Santiago y Andrés, uno de los cuales había sido prior de un convento de la mencionada ciudad y había tenido ocasión de ver la santa reliquia.

A su llegada se enteraron de que los ministros del emperador obligados por extrema necesidad habían empeñado a los venecianos, mediante una gran cantidad de dinero, la corona de espinas. Ya se había sacado la reliquia del palacio real y estaba en depósito en la iglesia que los venecianos poseían en Constantinopla, dispuesta a ser llevada a Venecia y entregada a las personas que reembolsarían a los venecianos las cantidades que habían adelantado.

Los emisarios de Francia negociaron con presteza cerca de los ministros de Balduino y de los venecianos. Convinieron en entregar la corona de espinas a los enviados de Luis IX y llevarla a Venecia acompañada de los embajadores y personalidades de Constantinopla; en Venecia, los franceses pagarían a los venecianos la cantidad convenida y se encargarían de llevar a Francia el sagrado tesoro.

Este programa se cumplió al pie de la letra. Antes de salir de Constantinopla, los dos dominicos tomaron las providencias necesarias para asegurar la autenticidad y la conservación de la reliquia. El arca en que se guardaba se selló con los sellos de los nobles franceses. El viaje fue visiblemente bendecido. Se hizo la travesía del Mediterráneo en época desfavorable, o sea por Navidad del año 1238, y ninguna tormenta puso en peligro el navío.

Enterado el emperador griego Vatacio de la traslación y queriendo vengar el dominio momentáneo  que los latinos ejercían sobre los griegos de Constantinopla, envió varias galeras en persecución del preciado tesoro, pero por mucho que lo buscaron no dieron con el barco que lo llevaba. La Providencia velaba solícita por la sagrada corona. Llegaron felizmente a Venecia y fue depositada en la capilla de San Marcos.

Complacido el santo rey francés del feliz resultado de las negociaciones, cumplió sin vacilar lo tratado con los venecianos, adelantando la cantidad estipulada, pero exigió que pusieran una escolta para proteger la sagrada corona en lo restante del camino hasta  Francia.

Aquí me quedo por este viernes, pues aún nos restan unos pocos hasta el Viernes de Dolores. Queda pendiente para el próximo el recibimiento que hizo Luis IX a la Santa Corona a su llegada a Francia. Qué paso con la reliquia durante la Revolución francesa y por último os hablaré sobre la dispersión de las espinas por distintos países.

Un saludo y gracias por leerme.

Cuenca, 17 de marzo de 2017

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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