martes, 30 de marzo de 2021

El valor de la imagen

La imagen es la escritura que despierta los sentidos.

Sin duda alguna, uno de los textos más elocuentes sobre el valor de la imagen en el siglo XII es el conocido de san Bernardo cuando, en 1124, arremetió en su polémica contra el lujo escultórico cluniacense.

Dejando al margen la intención de la polémica, que no trae nada más que enfrentamientos, nos encontramos un hecho paradigmático en la historia de cómo los cluniacenses reaccionaron de forma diametralmente opuesta a los cistercienses ante una misma imagen. Valorando estos hechos diré que mientras los cistercienses necesitaban de apoyos visuales para el desarrollo de sus oraciones, los cluniacenses ven en ellas distracción y evasión en su recogimiento.

Si buscamos en los anales de la historia nos encontramos con una carta escrita por el Papa Gregorio Magno a Sereno, obispo de Marsella, por causa de haber destruido las imágenes de su diócesis; le recrimina al obispo porque al destrozar las imágenes ha privado a los fieles, especialmente a los incultos, de las enseñanzas que el pueblo podrá recibir visualmente, puesto que “una cosa es adorar y otra conocer a través de la historia pintada, qué es lo que hay que adorar. Porque lo que la Sagrada Escritura proporciona a los que saben leer, es lo que la pintura proporciona a los analfabetos que saben mirar”.
Sátiros. Reja del Coro. Siglo XVI. Catedral de Cuenca.

Para cerrar esta introducción antes de proseguir con las criaturas de las que hablamos ayer, describiéndolas iconológicamente manifestaré las tres causas que señaló santo Tomás de Aquino para justificar la presencia de las imágenes en los templos.

La primera es ya conocida sobre la instrucción al pueblo, que al no saber leer queda ilustrado con sólo verlas. La segunda razón es que no le basta con oír hablar de los misterios de la fe, los recuerda mejor si ha visto una ilustración tanto de la palabra de Dios como de la vida de los santos; así pues, las imágenes proporcionan un efecto semejante al de las lecturas y finalmente, la tercera razón es que las imágenes nos recuerdan tanto el amor de Dios como los ejemplos de los santos, y en consecuencia el hombre asimila mejor lo que oye si lo apoya con un soporte visual.

Espero que tras estas explicaciones comprendamos mejor el poder catequético que desempeña este conjunto de imágenes en el arte del Medievo e incluso en nuestro tiempo una vez que se le explica a la gente el cometido que tienen estas bellas imágenes que inundan tantos los muros, como las rejas del siglo XVI de la Catedral  de Cuenca, como así es también en el resto de catedrales del mundo.

Publicado Cuenca, 31 de marzo de 2020.

Por José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico

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