lunes, 15 de abril de 2019

Un símbolo en llamas.


Notre Dame arde.

Hoy vemos con horrorizados como 850 años de historia caen con la aguja central de la torre de Notre Dame de Paris. El incendio se declaró sobre las siete de la tarde de este lunes. A esa hora se cierran sus puertas y miles de turistas admiraban con tristeza como uno de los monumentos más históricos de la humanidad estaba a punto de reducirse a cenizas.
La imagen más impactante del incendio ha sido la caída de la aguja central de la catedral, aguja que se incorporo al edificio en el siglo XIX. Junto con la aguja, la cubierta también ha quedado destruida. También se ha dañado gran parte del interior. Es una suerte que las reliquias que atesora el centro, como la Corona de Espinas de Cristo, no se han visto afectadas.

Este es un momento triste pero debemos centrar nuestros pensamientos en la esperanza, en superar los momentos de decaimiento por lo sucedido y volver la vista al futuro, hay que reconstruir el pasado para crear el presente y asegurar el futuro, así debe ser en la realidad y de hecho toda Europa se ha unido en el dolor y al mismo tiempo en la esperanza de devolver el esplendor al símbolo más influyente del cristianismo de todos los tiempos.


El fuego es y ha sido el enemigo mayor de estos magníficos templos. Nuestra catedral no se ha visto exento de ellos en su historia, ahora mismo recuerdo, por haberlo estudiado hace poquito tiempo, el sucedido en 18 de febrero de 1767, que redujo a pavesas ocho sillas del coro y el magnífico órgano mayor que por orden y a expensas del Ilmo. Sr. San Martín, construyó en 1629 el afamado organero Domingo Mendoza, viéndose dañado también el otro órgano y se calcinó parte del pilar y de la bóveda de la nave de la derecha, en la inmediación de la capilla de san Antolín. Por suerte ese mal momento se superó y fue D. José Martín de Aldehuela, quienes reparó las ocho sillas y las cajas de los órganos, siendo Julián de la Orden, quien devolvió la brillantez a los órganos que hoy podemos disfrutar de ellos.

 De Notre Dame, no tengo dudas, que con el tiempo volverá a ser reconstruida y seguirá siendo el templo y símbolo del catolicismo Europeo, donde todos nos reflejamos y de donde muchos hemos sacado la inspiración, como lo sacó Vicente Lampérez, para la fachada de nuestra Catedral actual y de donde tanta gente, poetas y escritores han sabido obtener su momento de iluminación para contar al mundo sus glorias y virtudes.

Cuenca, 16 de abril de 2019

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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