domingo, 22 de noviembre de 2015

Hoy hace 293 años que se llevó a cabo el primer AUTO DE FE en Cuenca


La Inquisición en Cuenca

Un domingo, 22 de noviembre de 1722 se celebrara en el convento de la Orden de Predicadores de San Pablo de Cuenca, un auto de fe.

El auto de fe era un acto público organizado por la Inquisición en la que el condenado abjuraba de sus pecados, mostrando su arrepentimiento, sirviendo de lección a todos los fieles que se congregaban en la plaza o lugar público.
Pedro Berruguete (1495)
Santo Domingo presidiendo un Auto de fe


El tribunal de la Inquisición se hallaba establecido en Cuenca desde 1498 en que fue nombrado Inquisidor General Fr. Tomás Jorquera, entendido en todos los asuntos de la Diócesis y del Priorato de Uclés, que pertenecía a la orden Militar de Santiago, aunque por lo que respecta a este último, ordenó el Inquisidor General en 1518 que, cuando hubiera que sentenciarse algún hereje del mismo, citaran al Prior o a un Vicario.

Establecido en un principio donde hoy está ubicado el Palacio Episcopal, se traslado en 1574 a la calle de San Pedro y a los pocos años se traslado al Castillo, donde hoy está el Archivo Provincial, siendo esta su última ubicación.

Por gracias o ventura son muchos los documentos que han llegado hasta nosotros de la historia de la Inquisición en Cuenca, aunque no son pocas las depredaciones y saqueos en las invasiones y revueltas que las mermaron, también los hurtos, como se cuenta del historiador de la institución en España, Juan Antonio Llorente, se apoderaba de gran número de documentos que luego vendía a la Biblioteca Nacional de París.

Se dice que el tribunal de Cuenca no es de  los que merecen las mayores censuras, porque no dio lugar a procesos notablemente escandalosos, ni a inmotivadas competencias con los de la jurisdicción ordinaria, se puede decir que sus sentencias fueron las más justas que se revela en los anales inquisitoriales.

Uno de los juicios más sonados fuero el de la Beata de Villar del Águila, que tuvo repercusión nacional. El juicio se formó porque la procesada fingió que Jesucristo había consagrado su cuerpo, lo que creído por la gente sencilla, dio lugar a que la tributasen el culto de LATRÍA, que sólo a Dios es debido, y la llevaran en procesión como si del Santísimo se tratara. Según Muñoz y Soliva, la acusada murió de enfermedad, ya reconciliada y fue enterrada en el cancel de la parroquia de San Pedro.

Otro proceso célebre de la Inquisición en Cuenca fue el del licenciado Torralba que nacido en esta ciudad, estudió Medicina en Roma, donde decía tener un amigo llamado Zequiel, que  le dejaba ver en los días notables de luna, como en el plenilunio y cuarto creciente. Torralba llegó hacer revelaciones de sucesos futuristas, que con el paso del tiempo se cumplieron; entre otros la toma de Roma por las tropas imperiales, el 5 de mayo de 1527, que no sólo lo anticipó, si no que Zequiel le llevo a presenciar cabalgando en un bastón, desde Valladolid, donde se hallaba de visita, a las once de la noche, transportándole en una hora, para después de hacerle ver la entrada de las tropas y demás sucesos, volvería al mismo sitio en hora y media. Divulgado todo esto, se le procesó; confesándolo todo y arrepentido no sufrió más castigo que los cuatro años que estuvo en la cárcel hasta su sentencia.

En el acto que hoy hace 293 años que ocurrió, fueron 3 reos, 8 reconciliados, resultando condenados a menos de un año de cárcel y 3 más a penas de azotes y prisión de mayor duración.

No caigamos en la tentación desafortunada de juzgar los actos de la Inquisición, hay que ponerse en su ambiente y tiempo.

Cuenca, 22 de noviembre de 2015


José María Rodríguez González Profesor e investigador histórico  

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