domingo, 2 de agosto de 2020

Ntra. Sra. de los Ángeles.

Después de que los pinceles de Giotto, Cimabúe Simeone Martini y Tadeo Saddi magnificaran la basílica del Poverello con sus geniales creaciones, viene el español Murillo a volcar su paleta de maestro en homenaje al Santo que más simpatías ha despertado con su sencillez entre los medios intelectuales y artísticos del mundo entero.
Ntra. Sra. de los Ángeles de Murillo.
La ciudad de Asís, apellidada justamente la “perla de Umbría”, se alza sobre una graciosa colina señoreando un plácido valle que ostenta una vegetación exuberante y una riqueza incomparable de productos agrícolas. Casi a los pies o en la base de este montecillo en que parece descansar, contempla la ciudad inmortalizada por el seráfico Patriarca, el insigne Santuario de Ntra. Sra. de los Ángeles, cuna de la ínclita Orden franciscana.
La erección de un edificio sagrado en este lugar se pierde en la noche de los tiempos y tiene algo de legendario. No obstante referiré algo de lo que nos dice la historia tocante a sus orígenes y a las vicisitudes por las que el monumento ha pasado a través de los tiempos hasta que se hizo cargo de él el “Pobrecito” de Asís.
Parece ser que por los años 361 de nuestra era, unos piadosos romeros regresaban de Palestina y al detenerse en la Ciudad Eterna para postrarse a los pies augustos del Vicario de Cristo, que lo era a la sazón san Liberio, le suplicaron que les autorizara el establecerse en la llanura de Asís. Obtenida la oportuna licencia levantaron allí un sencillo eremitorio y construyeron al propio tiempo una modesta capilla en la cual depositaron algunas reliquias del sepulcro de Ntra. Señora que consigo habían traído al regresar de su peregrinación. Dicho oratorio fue dedicado a Ntra. Sra. en el misterio de su Asunción.
Siglo y medio más tarde o sea hacia el año 516, pasó por la región de Asís el gran Patriarca de los monjes de Occidente san Benito, y aceptó el pequeño santuario que se le ofrecía junto con  un reducido predio adjunto, de donde se originó, a no dudarlo, el apelativo de Porciúncula (porción pequeña) con que fue conocido posteriormente. Posesionados ya del santuario los Benedictinos, fue en breve un centro de piadosa atracción para las poblaciones cristianas que acudían en devotas y numerosas romerías, tanto más cuanto que, según parece, más de una vez bajaron del cielo las milicias angélicas y fueron oídas entonando himnos en loor de su Reina; de ahí el nuevo título: “Santa María de los Ángeles”.

Cuenca, 2 de agosto de 2020.
José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.
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FUENTES CONSULTADAS:
-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.
-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.
-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.

1 comentario:

  1. Bendiciones!!! Excelente y brillante información. Esperamos más cómo estas

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