sábado, 31 de mayo de 2025

La Ascensión del Señor a los cielos.

Las huellas de los pies del Salvador.
Este año de 2025, cuarenta días después del domingo de Resurrección. Este domingo, 1 de junio se cumplen los cuarenta días. Conmemora la Ascensión del Señor al cielo, en presencia de sus discípulos, tras anunciarles que les enviaría el Espíritu Santo. Este es un día festivo en muchos países del mundo, siendo una festividad muy antigua que muestra la glorificación de Jesús. Todo un contrapunto a la humillación sufrida durante el suplicio y la muerte que representa la Semana Santa.


Como el día de la Ascensión cae este año en jueves, cumpliéndose el cuadragésimo día desde el primer día de Pascua. Esta festividad se ha trasladado al domingo siguiente, pasándose a llamar Domingo de la Ascensión, que este año es hoy 1 de junio de 2025.
Según el Nuevo Testamento, su origen parte de que Jesucristo se reunió varias veces con sus discípulos durante los 40 días después de su Resurrección, con el fin de instruirlos sobre cómo llevar a cabo sus enseñanzas. Se cree que cuando se cumplieron los cuarenta los días llevó a sus discípulos al Monte de los Olivos, donde vieron cómo ascendía al cielo.

Al subir al cielo, Jesucristo dejó los vestigios de sus pies divinos impresos en la roca en que descansaron por última vez. Durante muchos siglos han sido visibles, y besados con respeto y regados con lágrimas de arrepentimiento y amor. San Jerónimo, San Sulpicio Severo y San Pauino de Nola han atestiguado este hecho milagroso. “Se va a la Judea –dice San Agustín- para adorar las huellas de los pies de Jesucristo que se ven en el monte de los Olivos”.
Monte de los Olivos y la mezquita en la actualidad
Durante el sitio de Jerusalén por Tito, el ejército romano acampó largo tiempo en esta montaña, sin que ni los movimientos de las tropas, ni las patas de los caballos, ni los trabajos del campo pudiesen borrar esas huellas sagradas.

Santa Elena, llena de veneración, hizo construir en el mismo lugar una iglesia con una cúpula elevada, cuya cúspide nunca se llegó a cubrir ni artesanalmente.
Cuenta San Eusebio, que cuando se quiso pavimentar y cubrir de mármol las huellas de los pies, se tuvo que desistir del intento por imposible. Todo cuanto se ponía era rechazado al instante por una fuerza invisible, y no hubo más remedio que dejar al descubierto el lugar de las huellas. Dios quería que los fieles pudiesen contemplar a la vez las huellas sagradas del Salvador en la tierra, y por encima, el paso por donde El tomó su ruta hacia el cielo.
Lugar de la Ascensión en el interior de la mezquita
Hacia finales del siglo VII el edificio se encontraba aún en este mismo estado, pero fue destruido durante las guerras de los sarracenos. La parte de la roca que guarda las santas reliquias, fue encuadrada en cuatro piezas de mármol, se halla en la actualidad encerrada en una pequeña mezquita. Sólo se ve el pie izquierdo, pues la devoción de los peregrinos, según se cree, ha hecho desaparecer el pie derecho.

Cuenca, 1 de junio de 2025.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

martes, 27 de mayo de 2025

Festividad del 28 de mayo. San Germán de París (c. 496-576).

 Germán nació en las cercanías de Autum, en la Borgoña, en el seno de una familia numerosa y complicada de la que estuvo a punto de ser mártir, su tío, que hacía vida eremítica, se lo llevó con él, y así vivieron en la soledad quince años; durante su santo aprendizaje, se interesó por el joven el obispo de Autúm, quien le hizo sacerdote para luego nombrarlo abad de San Sinforiano.

San Germán de París.

La fama de sus virtudes y su lucha sin tregua contra la esclavitud y el paganismo atrajeron la atención del rey Childeberto, que le nombró obispo de París, y empieza así sus esfuerzos por cristianizar las costumbres del soberado franco, que buena falta le hacía, y de los magnates de su corte.

Las caridades de Germán no tiene límite, y cuando el rey le abre sus arcas, hace fundir su vajilla de plata y le entrega además la cadena de oro que adornaba su cuello, el obispo se lo agradece exhortándole a ser más generoso aún: “no dejéis de dar, la Providencia es una fuente que nunca se seca”.

También hace milagros para salvar vidas apagando con sus oraciones el incendio de una casa, y al ver que los que no pueden pagar los impuestos llenan las cárceles, cae de rodillas ante las prisiones implorando al Cielo su libertad, y en seguida las puertas se abren solas (por eso en su escudo hay cadenas y llamas).

Antes de morir octogenario, el santo obispo funda en las afueras de París una abadía dedicada a san Vicente, una de cuyas reliquias acababa de recibir de Zaragoza; allí será enterrado, y la iglesia, con las transformaciones de muchos siglos de historia, aún hoy perpetúa su nombre en la ciudad, que es también el de un barrio famoso en el mundo entero, Saint-Germain-des-Prés.

Cuenca, 28 de mayo de 2025.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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Fuente documental:

La casa de los santos .Carlos Pujol. Ediciones Rialp.S.A. Madrid. 1989

lunes, 26 de mayo de 2025

San Beda el Venerable, confesor y doctor de la Iglesia. 27 de mayo.

   San Beda, apodado el Venerable, desde la edad de siete años fue confiado a san Benito Biscopio para que él lo educara.

La fiesta de este viejo monje inglés entró en el Misal Romano en tiempos de León XIII. Sus contemporáneos, no pudieron honrarlo con el título de Santo, lo llamaban “el presbítero venerable”, y así ha pasado a la historia. En la última página de su historia, él mismo nos ha dejado una breve autobiografía.

“Yo, Beda, siervo de Cristo y sacerdote del monasterio de san Pedro y san Pablo de Wearmouth y Yarroy, he compuesto con la ayuda de Dios esta historia, aprovechando en ello los documentos antiguos, las tradiciones de los ancianos y lo que he podido ver con mis ojos, Nací en el pueblo de dicho monasterio (675), y cuando no tenía más de siete años, mis padres me pusieron bajo la dirección del abad Benito.

Desde entonces he pasado mi vida toda dentro del claustro, repartiendo el tiempo entre el estudio y las Sagradas Escrituras, la observancia de la disciplina monástica y la carga diaria de cantar en la iglesia. Todas mis delicias eran aprender, enseñar y escribir.

A los diecinueve años fui ordenado de diácono, y a los treinta, de sacerdote. Ambas órdenes las recibí del obispo Juan Beverleg. Desde mi admisión al sacerdocio hasta el año presente en que cuanto cincuenta y nueve de edad, me he ocupado en redactar para mi uso y el de mis hermanos algunas notas sobre la Sagrada Escritura, sacadas de los Santos Padres o en conformidad con su espíritu e interpretación”.

Este breve párrafo nos revela las aficiones del Santo y su amor al trabajo. Entre sus libros hay de teología, de filosofía, historia, hagiografía, meteorología, física, aritmética, retórica, gramática, música y versificación. Y en todo muestra un conocimiento nada común de los autores cristianos y paganos.

Por un gran número de pasajes se ve que ni aún de noche descansaba. Cuando no leía o meditaba sobre un antiguo manuscrito, estaba rodeado de un ejército en cuyas filas, además de los seiscientos monjes de Wearmouth y Yarrou, había otros muchos venidos de Inglaterra, de Flandes y de Francia. Estuvo componiendo hasta su última enfermedad, la única de sí mismo: “Todo lo hago, dicto, redacto y transcribo”.

La ciencia y el trabajo le llevó siempre a amar a Dios, según aquella máxima de san Agustín: “En lo temporal busco lo eterno, y en lo visible aquello que está sobre nosotros”. Al fin de uno de sus libros se encuentra esta reveladora plegaria: “Oh Jesús amante, que te has dignado abrevar mi alma en las ondas suaves de la ciencia, concédeme la gracia de hacerme llegar un dúa hasta Ti, que eres la fuente de la sabiduría, y no permitas me vea defraudado para siempre de tu divino rostro”.

A una ciencia verdaderamente enciclopédica unió la santidad del monje austero y observante. En él se cumple a la letra la máxima de todo buen religioso: ora et labore, oración y trabajo. San Bonifacio, el apóstol de Alemania, lo llamó luminar de la Iglesia y el Concilio de Aquisgrán doctor admirable.

San Beda murió anciano el 27 de mayo de 735 y su última oración fue la antífona del Oficio de la Ascensión: “Oh rey de la gloria, envíanos el Espíritu Santo de verdad que nos has prometido”. A las palabras “huérfanos” se deshacía en lágrimas. También repetía con san Ambrosio: “No he vivido de una manera tal que tenga que avergonzarme de estar entre vosotros; pero tampoco tango miedo a morir, porque tenemos un Señor muy bueno”.

Publicado en Cuenca, 27 de mayo de 2020 y el 27 de mayo de 2025.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:
-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.
-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.
-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.

domingo, 25 de mayo de 2025

La Santísima Trinidad. Celebración litúrgica del domingo 15 de junio de 2025.


Fiesta y su representación iconográfica a través del tiempo

Este año la fiesta de la Santísima Trinidad se celebra el domingo 26 de mayo, corresponde al octavo domingo después de Pascua. Este misterio que se refiere a que Dios es la vez Padre, Hijo y Espíritu Santo, misterio difícil de asimilar por nuestra mente humana.

    Se cuenta que San Agustín, uno de los grandes pensadores de la Iglesia cuando intentaba descifrar este misterio, una tarde paseando por la orilla del mar se encontró a un niño que habiendo cavado un hoyo en la arena intentaba meter el mar en él, llevando agua con una concha. El Santo le dijo que eso era imposible, respondiéndole en niño que igual no podría meter esa agua allí él tampoco con su mente podría llegar a comprender el gran misterio de la Santísima Trinidad.
Anónimo del siglo XV, Volto trifronte della Trinità,
iglesia de Santa Ágata de Perugia.

    Fue instituida esta festividad por el Papa Juan XXII el año de 1320, se celebra por todo el mundo en el día octavo de la Pascua de Pentecostés.

    Hay un milagro que confirma este Misterio. Cuenta la historia que Gregorio, obispo neo-cesariense, estando en oración, se le apareció la Virgen y con ella Juan Evangelista, el cual, por mandato de la Señora, le dio la fórmula de la fe que había de tener y predicar y en ella expresamente se contenía el misterio de la Trinidad, como lo escribe en su vida San Gregorio Niceno, hermano de San Basilio. Habiendo sido desterrado San Hilario de su Iglesia porque confesaba el misterio de la Trinidad, libró por virtud de la misma Trinidad a una isla de innumerables serpientes que la infestaban, y resucitó a un muerto, como lo escribe Fortunato en su vida. Estos milagros y muchos otros son relatados por San Gregorio Papa, como el de la ciudad de Espoleto, o los realizados en los tiempos de las persecuciones por otros santos obispos católicos, que hicieron muchos milagros en confirmación de la fe de la Santísima Trinidad, que ellos predicaban.

    Como estudioso de la iconografía diré que la referente a la Santísima Trinidad es una de las partes muy importantes en el arte cristiano. Representar artísticamente el dogma de la Santísima Trinidad no fue fácil. Una imagen de Dios como “uno y trino” fue una idea que a lo largo de la historia del arte dio lugar a numerosas controversias en su forma de representación.

    Una representación que ha perdurado a través del tiempo ha sido el representar a Dios Padre por medio de una mano que aparece en el cielo. Al Dios Hijo se le ha venido representando en forma de cordero “Agnus Dei”, ateniéndose a las palabras de San Juan Bautista (Jn 1,29-36). Al Espíritu Santo siempre se le ha representado en forma de paloma, fórmula derivada del Evangelio de San Mateo que describe el bautismo de Jesús (Mt. 3, 16).
Pórtico occidental de la Basílica de Saint Denis - Francia

    Según se iban surgiendo distintos pensamientos sobre el Misterio surgió la representación de forma abstracta, sobre el siglo V y VI, llegando a ser representada por medio de un triángulo equilátero incluyendo en su interior un ojo, también fue representado por tres círculos entrelazados.

    También surgió la idea de la representación utilizando tres personas iguales y distintas, como se puede encontrar en el manuscrito de San Dunstán, arzobispo de Canterbury a comienzos del siglo X, idea que proviene del Gnénesis (Gn 18,1-3).

    En el siglo XII se divulgó una imagen de la Trinidad inspirada en la respuesta de Jesús da al Sumo Sacerdote en el Sanedrín (Mt. 26, 64). El padre se representa como un anciano, frecuentemente como nimbo triangular, con un cedro, una esfera o ambos elementos en las manos y sentado en un trono; a su derecha, el hijo entronizado, acompañado de los símbolos de la Pasión; y entre ellos la paloma que representa al Espíritu Santo.

    Una forma muy representada fue con tres ángeles, procedente de la tabla de Antonello de Messina, donde los tres ángeles representan la hipóstasis de Dios. La escena se suele representar como una prefiguración de la eucaristía. Es verosímil que la tradición iconográfica de los tres huéspedes de Abraham en la mesa de Mamra fuera la que inspiró la representación del Misterio de la Santísima Trinidad, era representado por tres figuras iguales y distintas, cada una de ellas con el aspecto convencional de Jesucristo, sentadas en la mesa con el cáliz eucarístico, así fue realizado en el siglo XVI.
Iglesia abacial de Nuestra Señora de Guebwiller, 1768-1785.

    La Trinidad con la esfera celeste se difundió cobre todo en el siglo XVII. La esfera celeste se sitúa entre las figuras de Padre, Hijo y Espíritu Santo rodeado de nubes. La esfera suele ser transparente con aspecto de cristal, representa a todo el universo, sobre el que la Trinidad impone su poner divino, lo que a veces se indica poniendo los cetros de Padre e Hijo sobre ella.

    Y para no cansaros más os diré que otra solución que tomaron para su representación fue por el siglo XII, empleando una figura tricéfala o tres cabezas constituidas por un solo cuerpo. Este tipo de iconografía terminó por suscitar recelos por lo que se mando su destrucción en el Concilio de Trento.         Supervivientes a esta destrucción tenemos ejemplos en la iglesia parroquial de la Asunción de María en el pueblo italiano de Armeno, pero no hay que ir a Italia para poder ver este tipo de representación, tenemos las dos formas de representación que menciono en dos ménsulas del crucero de la Catedral de Cuenca. 

Publicado en Cuenca, 11 de junio de 2017 y 15 de junio de 2025.

Por: José María Rodríguez González

La festividad de la Ascensión del Señor. Este año el 29 de mayo de 2022.

 La catedral de Cuenca rememora el acontecimiento, unos días antes, con la llegada del sol al cuadro de la Ascensión del Señor en la Capilla de la Virgen del Sagrario.

La festividad de la Ascensión del Señor se celebra justo cuarenta días después del domingo de Resurrección, dentro del Tiempo de Pascua.

Dicen los cánones que “dichas las supremas palabras de despedida, a la vista de los Apóstoles, Jesús se elevó y una nube le ocultó sus ojos. Vidéntibus illis elevátus est. Esta naturaleza humana –dice san León- se alzará por encima de todas las criaturas celestiales para ser colocada más arriba que los arcángeles, y no detenerse en su vuelo sublime más que en la mansión del Padre, a cuya diestra tomará definitivo asiento. Quinientos discípulos, presididos por la feliz Madre del  Señor le vieron subirse a los cielos en aquel jueves luminoso con esperanzas de cielo y ansias de eternidad. Fue para ellos una sorpresa que los sobrecogió por lo inusitado del portento. Se quedaron mirando a lo alto absortos y silenciosos. Ni María que sabía más que nadie de los secretos de su Hijo, ni los dichosos testigos de la Transfiguración que vieron brevemente la gloria de Jesús, se explicaban el hecho.

Este hecho está representado en la Catedral de Cuenca, en un cuadro de Andrés de Vargas, situado al Oeste, en la capilla de la Virgen del Sagrario, donde se representa la Ascensión de Nuestro Señor, y es unos días antes de la festividad, cuando el sol lo ilumina dando así el aviso de la pronto llegada del momento de su celebración.

Ascensión del Señor. obra de Andrés de Vargas.
Capilla de la Virgen del Sagrario en la Catedral de Cuenca.

Se cuenta que cuando subió Jesús a los cielos, dejó los vestigios de sus pies divinos impresos en la roca en que descansaron por última vez. Durante muchos siglos han sido visitables y besados con respeto y regados con lágrimas de arrepentimiento y de amor. San Jerónimo, san Sulpicio Severo y san Paulino de Nola, han atestiguado este hecho milagroso. “Se va a Judea-dice san Agustín- para adorar las huellas de los pies de Jesucristo que se ven en el monte de los Olivos”.

Huellas de los pies de Cristo.

Durante el sitio de Jerusalén por Tito, el ejército romano acampó largo tiempo en esta montaña, sin que ni los movimientos de las tropas, ni las patas de los caballos, ni los trabajos del campamento pudiesen borrar esas huellas sagradas.

Santa Elena, llena de veneración, hizo construir en el mismo lugar una iglesia coronada con una cúpula elevada, cuya cúspide nunca se llegó a cubrir no artesonar.

Cuenta Eusebio que cuando se quiso pavimentar y cubrir de mármol las huellas de los pies, se tuvo que desistir del intento por imposible. Todo cuanto se ponía era rechazado al instante por una fuerza invisible, y no hubo más remedio que dejar al descubierto el lugar de las huellas. Dios quería que los fieles pudiesen contemplar a la vez las huellas sagradas del Salvador en la tierra, y por encima, el paso por donde Él tomó su ruta hacia el cielo.

Huella de los pies de Cristo.

Hacia finales del siglo VII el edificio se encontraba aún en este mismo estado, pero fue destruido durante las guerras de los sarracenos. La parte de a roca que guarda las santas reliquias, encuadrada en cuatro piezas de mármol, se halla en la actualidad encerrada en una pequeña mezquita. Sólo se ve el pie izquierdo, pero la devoción de los peregrinos, según se cree, ha hecho desaparecer el pie derecho.

Cuenca, 26 de mayo de 2022 y el 29 de mayo de 2025.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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Fuentes:

-Festividades del año Litúrgico. Dr. Vicente Tena. 1945.