jueves, 19 de febrero de 2026

Plenilunio de marzo. Luna del Gusano y la Luna de Sangre.

 Plenilunio de marzo. Luna del Gusano.

Esta es la última luna del invierno, la tierra empieza a despertar apareciendo los gusanos y con ellos los pájaros y la primavera. Otras tribus conocían a esta luna con el nombre de Luna llena del Cuervo, el graznido del cuervo señalaba el final del invierno, y otros pueblos le daban el nombre de Luna llena de la Savia, porque marcaba la época en que los árboles comienzan a revestiré.

Con la luna de marzo de este año, traerá un evento astronómico al que se le llama “Luna de Sangre”, este nombre lo recibe cuando se produce un elipse total. Esto es: la Tierra se interpone entre el Sol y la Luna, quedando oscurecida totalmente la Luna y danto un color rojizo como si se hubiera teñido, eso es debido a la refracción de la luz en la atmósfera terrestre. Se podrá contemplar en la madrugada del 3 de marzo, cuando la Luna llena coincida con su plenilunio.


A medida que la luna ascienda en el cielo, su color cambiará gradualmente de su color natural a un rojo anaranjado.

Esta Luna de marzo es la que simboliza, como antes dije, el renacer de la naturaleza y el despertar de la vida.


El 3 de marzo de 2026 alcanzará su punto máximo a las 11:04 horas. El efecto durara una hora y seis minutos, durante la cual se volverá completamente roja.

Cuenca, 23 de febrero de 2026.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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Fuentes documentales:

Mitología de la luna llena en la hoz del Huécar. 2010. Fundación Antonio Pérez. Autor José María Rodríguez González.

San Euchério (Euquerio), Obispo (690-738). Festividad del 20 de febrero.

   San Euchério, uno de los más santos Prelados de la iglesia de Francia, florecía en el octavo siglo, así por el resplandor de su eminente virtud, como por su fervoroso celo en promover la disciplina eclesiástica. Nació en Orleans hacia el año 690, de una de las familias más notables de aquella ciudad. Su madre era una señora de singular virtud, y de costumbres tan arregladas, que tenía pocas imitadoras.

Volviendo una noche de la iglesia, donde había asistido a maitines, se retiró a su cuarto y tuvo un sueño que la consoló mucho. Se le apareció un ángel y después de haberla alabado la devoción y la frecuencia con que asistía a los divinos oficios, le anunció que el hijo de que estaba preñada sería hijo de bendición, y con el tiempo un santo obispo.

El nacimiento de aquel querido hijo regocijó extraordinariamente a toda la familia. Enterados todos de la visión de la madre, se preguntaban unos a otros: ¿Qué cosa será este niño con el tiempo?

El deseo de no perdonar a medio alguno que contribuyese a proporcionar las grandes esperanzas que habían concebido de él, movió a sus padres a suplicar a San Amsberto, Obispo de Autun, cuya fama de santidad volaba entonces por toda la Francia, que se dignase hacerles la honra de bautizarlo.

A la edad de siete años le pusieron a estudiar, como tenía mucho ingenio y era dócil en poco tiempo hizo admirables progresos, distinguiéndose en las letras humanas y en las artes. Estudió de joven teología y los sagrados cánones, de manera que en poco tiempo fue correspondiente a su virtud su sabiduría. 
A este joven la lectura de san Pablo le cambió la vida: "La sabiduría del mundo es necesidad ante Dios", hay que invertir, pues, el orden de valores, lo que todos aprecian no vale nada, y lo que desdeña como vil, renunciar a las cosas por el amor más alto que no se ve, es el camino de la eternidad. Por eso Euquerio se hizo monje en la abadía normanda de Jumièges.

Fue tan grande la luz de su santa vida y la opinión que todos tenían de él, dice un hagiógrafo, que a la muerte de su tío Suavarico, Obispo de Orleáns, el pueblo le eligió para sucederle, y ante su resistencia tuvo que intervenir  el príncipe Carlos Martel, cuya autoridad le obligó a aceptar, aunque no sin desconsuelo, pues lloraba copiosamente al ser consagrado.

Fue un bien obispo, y por serlo se opuso a las pretensiones de Carlos Martel, quien expoliaba a la Iglesia para atender las necesidades de sus campañas; el choque entre ambos acabó con el destierro de Euchério, primero en Colonia y luego en Lieja, siempre rodeado de una inmensa veneración, y finalizando su vida en un monasterio benedictino.

Fue su dichoso tránsito el día 20 de febrero del año 743, y en poco tiempo ilustró el Señor la gloria de su sepulcro con muchos milagros. Lo enterraron en la iglesia de San Tron, y casi desde entonces se comenzó a celebrar su fiesta. Ciento treinta y siete años estuvo su santo cuerpo en la sepultura, hasta que en el año 880 fue elevado de la tierra, juntamente con el de San Tron, y expuesto en lugar eminente a la pública veneración. La incursión de los Normandos, que sucedió el año siguiente, obligó al Obispo Francon a ocultar los dos cuerpos en la gruta donde hoy son reverenciados. Se venera en una rica urna todo el cuerpo de San Euchérico, a excepción de un hueso que en el año de 1606 se dio a la santa iglesia de Ordeans.

Publicado en Cuenca, 20 de febrero de 2021 y el 20 de febrero de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

miércoles, 18 de febrero de 2026

San Gabino, presbítero y mártir. Festividad del día 19 de febrero.

    El martirologio romano anuncia en este día de 19 de febrero el glorioso nacimiento al cielo de San Gabino, presbítero y mártir, hermano de San Cayo Papa. Después de haber estado largo tiempo en la cárcel y con duras prisiones, por orden del emperador Diocleciano, adquirió los gozos del Paraíso por medio del martirio.

San Gabino originario de Dalmacia, pariente del emperador Diocleciano, hermano del Papa San Cayo, y padre de Santa Susana, aquella que fue inmortal honor de las Vírgenes romanas, pues prefirió la dicha de ser esposa de Jesucristo a la gloria de ser emperatriz de todo el mundo, derramando su sangre y dando su vida por la fe. No se sabe con qué ocasión vinieron a vivir a Roma San Gabino y San Cayo. Puede ser que la fortuna de Diocleciano, que había ascendido por todos los grados de la milicia hasta el supremo empleo del ejército, tragase a su parentela a la capital del universo en aquel momento.

Era San Gabino casado; no tuvo más que una hija llamada Susana, a cuya crianza se aplicó con el más vigilante desvelo. Después de morir su mujer se dedico plenamente a estudiar la ciencia de la religión. Quiso ser admitido en el clero; elevado a la dignidad del sacerdocio; tras su ordenación pasaba las noches enteras en las lóbregas concavidades de las rocas para celebrar el sacrificio de la Misa, y para alimentar con el divino Pan a los que estaban en vísperas de ser sacrificados.

Su hija fue arrestada y torturada. Apenas triunfó Susana de los tormentos y coronada su virginidad con el generoso sacrificio de su vida, fue arrestado su padre, San Gabino y encerrado en un calabozo que fue para él lugar apacible de delicias. Con el encierro quisieron doblegarlo para que renunciara de su fe, por el tedio, por las incomodidades de la prisión, o dejándole morir en ella de hambre y de miseria, le hicieron padecer cuantos tormentos puede inventar la más cruel barbarie del hombre. El hedor intolerable del calabazo, la eterna oscuridad en que estaba sepultado, el hambre, la sed y todas las incomodidades no pudieron hacer que renunciara de sus creencias.

Seis meses pasó San Gabino en estos tormentos después de la preciosa muerte de su hija Santa Susana, hasta que el Señor coronó su paciencia con el glorioso martirio el día 19 de febrero del año 296 en el que fue decapitado, dos meses antes que lograse la misma suerte su hermano el Santo Pontífice Cayo. Fue enterrado por los cristianos San Gabino en el cementerio llamado de San Sebastián.

En año 1608, Carlos de Neuville, marqués de Alincourt, señor de Villeroy, gobernador de la ciudad de León y embajador de Roma, deseó traer un cuerpo santo con que enriquecer su patria. Madama Jaqueline de Harlay, su esposa, se lo pidió al Papa Paulo V, quien le dio el cuerpo de San Gabino y esta señora se lo presentó a la iglesia de la Santísima Trinidad del colegio de la Compañía de Jesús de la ciudad de León, donde se guarda con mucha veneración en una rica urna de plata, conservándose en el archivo del referido Colegio las letras auténticas originales de esta preciosa reliquia.

Publicado en Cuenca, 19 de febrero de 2020 y el 19 de febrero de 2026.
 
Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

Efemérides conquenses del día 19 de febrero.

  Tal día como hoy de 1943, se acuerda en el Ayuntamiento de Cuenca, a propuesta de Sr. Alcalde D. Jesús Merchante, adquirir los terrenos para realizar un lugar de esparcimiento y baño para los conquenses, lo que hoy es la playa artificial del Júcar.
Playa artificial de Cuenca.

También se acuerda la entronización en la capital, del Sagrado Corazón de Jesús, dedicándole por suscripción popular, un monumento grandioso en el cerro del Socorro.

Se aprueba la construcción de casas para los maestros en la calle Alfonso VIII y viviendas protegidas junto a la plaza de toros. También la construcción de un Instituto de Enseñanzas Medias y Escuela de Formación Profesional. Se aprueba la creación de un Museo en la ciudad y de la realización de un monumento a los Caídos por Dios y por España.

Publicado en Cuenca, 19 de febrero de 2020 y el 19 de febrero de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

martes, 17 de febrero de 2026

MIÉRCOLES DE CENIZA. 18 de febrero de 2026.

    Comienza la Cuaresma con el ritual de la ceniza:
 “Meménto homo quia pulvis es”.
"Recuerda, hombre, que polvo eres y al polvo volverás".

La ceniza, símbolo de humildad y penitencia tuvo un papel muy importante en la vida de los Santos. Incluso nuestro san Julián cuando vio que se le acercaba la hora de la muerte se hizo tumbar en ceniza.

La imposición de ceniza a los fieles tiene un sentido piadoso. Hasta el siglo XI, sólo fue obligatorio para los grandes pecadores públicos. Los buenos cristianos se contentaban con asistir a la ceremonia, o si voluntariamente se sometían a esta humillación, era para expiar alguna culpa secreta o por mero motivo de devoción y fervor.

Para dar con el sentido de la ceremonia del miércoles de Ceniza, es indispensable tener presente la antigua disciplina eclesiástica tocante a la penitencia pública y examinar los vértigos que de ella quedan.

En el siglo IX, los griegos anticipaban la cuaresma en una semana, para ayunar exactamente cuarenta días como Jesucristo. Por entonces advirtieron a los latinos que la Cuaresma de seis semanas que ellos guardaban, no contaba, excluyendo los domingos, sino treinta y seis días de ayuno. Por devoción y también por condescendencia con sus hermanos orientales, anticiparon los latinos, los cuatro días del ayuno cuaresmal, por lo que correspondió empezar el miércoles después del domingo de Quincuagésima. La ceremonia de imposición de ceniza se trasladó a dicho día, llamado desde entonces Miércoles de Ceniza.

Al cesar la disciplina de la penitencia canónica, se mantuvo el rito de la imposición de la ceniza. Hacia largo tiempo que muchos fieles se sometían de por sí a dicha ceremonia; presentándose también como pecadores y se juntaban con los penitentes públicos por devoción. Aun pasado el siglo XI perduró esta piadosa costumbre.

Con esto se llegó al rito actual, todos los fieles juntos con los mismos sentimientos de humildad, presentan su frente al sacerdote para que trace en ella la señal de la cruz con ceniza, al tiempo que les dice estas palabras: Acuérdate, oh hombre, que eres polvo y que en polvo te convertirás.

Cuenca, 17 de febrero de 2021. Actualizado 18 de febrero de 2026.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

Festividad del día 18 de febrero. San Simeón, obispo de Jerusalén y mártir.

   San Simeón o Simón, tuvo conexión con Jesucristo. Fue hijo de Cleofás, hermano de San José, y por consiguiente primo-hermano del Salvador. Su madre se llamó María, aquella misma de quien dice el evangelio que era cuñada de la Virgen (por serlo de su esposo San José).

Era Simón de sangre real, como sobrino de San José, legítimo descendiente de la casa de David; pero su mayor y más ilustre distintivo fue haber sido discípulo de Cristo, obispo santo y mártir glorioso.

Después del martirio de Santiago el Menor, en el año 66, se decidió por unanimidad, en la Iglesia de Jerusalén, que ocupase aquella silla Simeón, hijo de Cleofás. Eran unos tiempos de revolución y guerra. Se acerca la destrucción de Jerusalén, anunciada tan detalladamente por el Señor. El año 70 los ejércitos de Tito y Vespasiano la iban a circundar; sus alrededores se iban a poblar de cruces, hasta el punto de que faltarían árboles con que hacerlas; sus habitantes iban a perecer por el hambre, la discordia civil, la espada y el fuego.

Los cristianos guiados por San Simeón, se acordarían de la palabra de Jesús: “cuando se acerquen los días de la ruina y desolación, huid fuera.”

Pudieron a tiempo salir de la ciudad con su obispo, pasaron al otro lado del Jordán y se establecieron en la ciudad de Pella, al sureste del lago de Galilea.

Terminada la guerra, San Simeón volvió a cruzar el Jordán y vino a establecerse en las ruinas de Jerusalén. No quedaban más que piedras negras y calcinadas, escombros y miseria. Así había pagado el César, aclamado por rey y señor la mañana del Viernes Santo, y así se había realizado el triste augurio de Jesús cuando, sentado sobre la falda del Monte de los Olivos, anunció a Jerusalén su ruina y lloró enternecido por ella.

En medio de aquellas ruinas se alzó una cristiandad floreciente, que dirigió por muchos años San Simeón.

Aunque pudo escapar a las pesquisas que hicieron contra los descendientes de David los emperadores Vespasiano y Domiciano, al fin sucumbió en tiempos de Trajano, entre los años 107 y 109, a los cientos veinte años de edad. Era el último vástago de David y pariente de nuestro Divino Redentor.

Nicéfano Calixto, historiador concienzudo, nos dice que fue martirizado por ser cristiano y descendiente de la familia real de David. Los romanos estaban decididos a acabar con todas las esperanzas de restauración judía.

San Simeón fue detenido por Atico, lugarteniente del emperador en Judea, quien lo hizo azotar primero y luego lo mandó crucificar.
Martirio de San Simeón. Grabado de 1851

Unido a Jesús por los lazos de la sangre, de la amistad y del amor, terminaba también su carrera en el mundo con el mismo género de martirio. Fue su martirio en el año 107, después de haber gobernado la Iglesia de Jerusalén por espacio de cuarenta años. Algunas iglesias de Occidente, como las de Brindis y Bolonia en Italia, la de Bruselas en los Países Bajos, y la de Torrelaguna en España, se tienen por felices en poseer reliquias de este gran Santo.

Publicado en Cuenca, 18 de febrero de 2021 y el 18 de febrero de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.




Efemérides conquenses del día 18 de febrero. Incendio en la Catedral de ocho sillas del coro y un órgano.

  Hoy hace doscientos cincuenta y nueve años de un grave incendio que nos dejó sin uno de los doce ángeles de tenía el triforio, situado en el lugar donde está, actualmente, el órgano de la Epístola, sucedió un 18 de febrero de 1767. Ardieron ocho sillas del coro y el órgano mayor, pagado a expensas del Obispo San Martín, que construyó el afamado Domingo de Mendoza en 1629.

El incendio se cree que se produjo después de los rezos de maitines, a media noche, debido a alguna mecha mal apagada de las velas que pudo caer sobre las esteras del suelo sin percatarse de ello.

Después de mucho rebuscas en las hemerotecas, encontré hace unos años, la crónica del incendio y dice así: ”Proporcionando daños de consideración en nuestra Basílica, el 18 de febrero de 1767, redujo a pavesas ocho sillas del coro y la capilla de San Antolín. Se inició en una estera cuando al apagar las velas, concluidos los maitines celebrados a medianoche, cayeron pabilo encendido en la estera pasando desapercibido”.

Fue reparado el daño ocasionado, por el incendio, por el arquitecto D. Ventura Rodríguez, que para ello obtuvo un permiso especial, firmado en El Pardo por Carlos III, el día 9 de marzo siguiente, a solicitud del Cabildo, trazando un plan de reparación que lo llevó a efecto el arquitecto titular de la Catedral, D. José Martín de Aldehuela, ascendiendo su coste a la cantidad de 375.057 reales con 25 maravedís”.

Como resultado del incendio, los maitines fueron trasladados al anochecer, hasta el año 1820 que por mandato del Obispo Sr. Falcón se trasladaron nuevamente después de completas.

Publicado en Cuenca, 18 de febrero de 2020. Actualizado el 18 de febrero de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.