miércoles, 11 de febrero de 2026

Efemérides conquenses. 11 de febrero. Se le expide el título de Maestro y Trazador Mayor de las Reales obras al conquense Juan Gómez de Mora.

     Juan Gómez de Mora fue arquitecto, hijo del pintor Juan Gómez y Francisca de Mora, hermana del arquitecto de Felipe II, Francisco de Mora. Desde muy pequeño, sus padres lo dejaron con su tío, que viendo en él talento y aplicación le hizo estudiar a fondo las matemáticas y arquitectura para lo que demostró excelentes dotes.

El 11 de febrero de 1611, el Rey le nombró Arquitecto en la vacante que, por fallecimiento, dejó su tío, expidiéndole el título de Maestro y Trazador Mayor de las Obras Reales, tal como lo fuera su tío.

Las obras principales de este arquitecto son: El convento de la Encarnación de Madrid; de Agustinas Recoletas, el convento de San Gil, en la plaza de España y donde había de inaugurarse con la Abadesa, hija de un célebre conquense, D. Luis de la Cerda, Secretario de Cifra del rey Felipe II, y de su sucesor Felipe III.



Cuenca, 11 de febrero de 2021 y el 11 de febrero de 2026.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

Santa Eulalia de Barcelona, virgen y mártir. Festividad del 12 de febrero.

   Por el año 289, nació en Barcelona la gloriosa virgen y mártir, Santa Eulalia. De sus padres sólo se sabe por la vida de la Santa que escribió Renallo, que eran cristianos, nobles y piadosos; lo cual insinúan también con bastante claridad las actas de los padres Bolandos. Su familia debió de vivir en alguna quinta de los alrededores de Barcelona, y al desatarse la persecución de Diocleciano y llegar a la ciudad su prefecto Daciano, se dijo a sí misma que la fe tenía que plantarle cara. No era ya una niña que no supiera lo que se hacía, tenía 25 años.
Santa Eulalia.

Al primer canto del gallo sale de su casa, que la tradición sitúa en el Desierto de Sarria o tal vez en lo que hoy es Santa Eulalia de Provençana, en cualquier caso muy lejos de las antiguas murallas, y recorre a pie este larguísimo trecho, entre campos, torrentes y casas de labor.

La andarina y madrugadora tiene prisa por proclamar ante el siniestro Daciano: “Soy Eulalia, sierva de Cristo, rey y señor de señores”. Como –ayer los mismo que en nuestros días-  no hay más rey y señor que el César ni más ley que la de la autoridad civil, la de los políticos, para hacerla apostatar se recurre a la persuasión, a las amenazas, a los zotes y al potro. Por fin, dentro de un tonel lleno de cuchillas rueda por una calle en pendiente, la bajada que hoy lleva su nombre.

Ya muerta, su cuerpo se expone en una cruz extramuros, y una nevada milagrosa viste su desnudez. Tres días estuvo su cuerpo en la cruz, sin que faltasen de allí los guardias; pero la piedad de los fieles fue más solícita para custodiar aquel tesoro, pues a la tercera noche pudieron bajar el cuerpo de Santa Eulalia de la cruz sin que los soldados sintiesen el robo.

Envolvieron su cuerpo en un blanco lienzo y le ungieron con olorosos aromas, y de este modo lo colocaron en un sepulcro. Su entierro fue honrado con un noble milagro. Se hallaba presente San Félix. Este Santo, como resentido de no haber todavía dado su sangre por Cristo, exclamó: “¡O Señora! Tú mereciste ser la primera que lograte en nuestra región la palma del martirio”. Al acabar de pronunciar estas palabras se sonrió la Santa; y los que estaban presentes comenzaron a cantar a Dios alabanzas diciendo: Clamaron los justos, y el Señor los oyó, y los libró de todas sus tribulaciones.

Publicado en Cuenca, 12 de febrero de 2020 y el 12 de febrero de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

martes, 10 de febrero de 2026

Nuestra Señora de Lourdes. 11 de febrero.

     Hoy me es grato recordar un hecho inmemorable como es la aparición de la Virgen María a una niña sencilla e inocente, llamada Bernardita. Se cuenta así la primera aparición:

En la casita del pobre y honrado molinero Francisco Soubirous, vecino de Lourdes, no había leña para preparar la comida el 11 de febrero de 1858, y Luisa, la hacendosa dueña de la casa, le dijo a María, su segunda hija: “Vete a recoger leña seca por las orillas del río Gave o en el bosque”. El Gave es el río que atraviesa Lourdes, tan famoso ya desde la citada fecha.

Hacía mucho frío, la hermana mayor de María, llamada Bernardita, llegó del campo donde hacía de pastora en casa de unos labradores. Era de constitución débil y delicada, sumamente inocente y sencilla, y toda su ciencia se reducía a saber rezar el rosario. Luisa Soubirous no se atrevía a dejarla salir a causa del frío, pero tanto insistió su hermana María y la vecinita Juana Abadíe que al fin consintió en que las acompañara.

Caminando las tres amiguitas a lo largo del riachuelo, en busca de leña llegaron a eso del mediodía frente a una gruta natural excavada y conocida con el nombre de Massabielle. No iba el Gave crecido, y Juana y María se descalzaron y lo pasaron. Estaba descalzándose Bernardita para seguirlas, cuando le pareció oír a su espalda como un ruido de un viento huracanado que de repente se levantaba en la pradera. Volvió la cabeza y quedó sorprendida al notar que no se movía ni una hoja, pensó “me habré equivocado” y siguió descalzándose.

Volviéndose a repetir ese viendo, miró en la dirección de donde procedía y al ver algo resplandeciente se puso a temblar llena de miedo y doblándosele las piernas cayó de rodillas. Encima de la gruta, en un nicho natural de la roca estaba de pie envuelta en celestiales resplandores una señora de belleza incomparable.

Desde el primer momento de su pasmo echó la niña mano a su rosario y quiso hacer la señal de la cruz, pero no pudo levantar el brazo por el temblor que agitaba todo su cuerpo. La Virgen la animó en su propósito trazando Ella la señal de la Cruz y Bernardita, ya si dificultad, la imitó y se puso a rezar el rosario.

No fue una visión vaga, pues tenía la figura humana bien definida, era una persona viva, diferente de las demás por la aureola luminosa que la envolvía y por el resplandor divino que de todo su ser emanaba.

A esta aparición le siguió una segunda y una tercera. Después de tres años de minuciosos estudios y pruebas, Mgr. Laurence, Obispo de Tarbes, declaró oficialmente que los fieles podían tener como verdaderas las apariciones.

Se empezaron los trabajos para la construcción de la basílica, y en 1866 consagró el Obispo los alteares de la cripta. Pero ya desde 1864 acudían en procesión multitud de gente, conforme al deseo manifestado por la Virgen.
Gruta de la Virgen de Lourdes.

En 1892, el Papa León XIII concedió oficio propio de las Apariciones para la fiesta del 11 de febrero. En 1908, con ocasión del jubileo del cincuentenario de las apariciones, el Papa Pío X extendió la fiesta a toda la Iglesia con rito de doble mayor.
Publicado en Cuenca, 10 de febrero de 2021 y el 11 de febrero de 2026.

Por José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

Efemérides conquenses del 11 de febrero. Muerte del obispo Wenceslao Sangüesa y Guía.

 Corría el año de 1922 cuando en la noche del miércoles 11 de febrero y tras una larga e ingrata enfermedad fallecía, en esta ciudad, el Excmo. Sr. D. Wenceslao Sangüesa y Guía, Obispo de esta diócesis.

Su cuerpo, revestido de los ornamentos pontificales, fue expuesto al público durante todo el día y la noche del jueves, siendo visitado y venerado por multitud de personas.

El viernes, 13 de febrero, a las diez de la mañana se dirigió la comitiva, que se había organizado en la Catedral, hacia el Palacio Episcopal, de aquí salieron con el cadáver del Prelado, Excmo. Sr. Wenceslao, llevado en hombros por seis sacerdotes, recorriendo, en procesión, toda la Plaza Mayor, para introducirlo en la Catedral, donde se celebró Misa de corpore insepulto, cantada por la Capilla de Música, la Misa de Nadal; y al final de la ceremonia el responso Libera me, de Perosi; siendo inhumado el cuerpo en la Capilla de la Virgen del Pilar, cumpliéndose así la voluntad de nuestro amadísimo Prelado, que durante su episcopado tuvo que resolver la caída de la Torre del Giraldo y la construcción del nuevo puente de San Pablo, cuya construcción tuvo que afrontar con sus fondos y los del Seminario Conciliar como así reza en los dos medallones que lucen en la mitad del puente.

Medallón del Puente de San Pablo. Cuenca.
FOTO: José María Rodríguez González.

Ofició los oficios el Ilmo. Sr. Deán D. Eusebio H. Zazo, presidiendo el duelo los Sres. Provisor y Vicario general, los sobrinos del fallecido, don Diego y d. Antonio Márquez Meler, el Excmo. Ayuntamiento, Gobernador militar, Presidente de la Diputación, Presidente de la Audiencia, Ingenieros, Jefes de Obras Públicas y Montes, Juez de Instrucción, Jefes de Correos y Telégrafos, Director del Instituto y de las Escuelas Normales y los Sres. D. Arturo Ballesteros, Senador y el Director y Diputado a Cortes, D. Joaquín Fanjúl, que con los Sres. D. Paulino Corrales, Párroco de San Marcos; D. Joaquín Berrocal, Sacristán Mayor de la Real Capilla; don Francisco Álvarez, Rector de los Naturales y D. Julio Camargo, Coadjutor de los Dolores, vinieron expresamente desde las Cortes con el fin de acompañar al difunto hasta su última morada, testimoniando así el afecto que le tuvieron en vida.

Al funeral asistieron millares de personas de todas las clases sociales, recordando a los señores D. Eduardo Taylet, D. Aureliano y D. Pedro de Orbe, D. Jesús Cano, D. Antonio Benítez, D. Manuel Bisier, José María Sánchez Valdés, don Sebastián Carrión, D. José Brieba, D. Antonio Llansó, etc.

Descanse en paz el Prelado tan querido de todos sus diocesanos en su 102 aniversario de su fallecimiento.

Puente de San Pablo en hierro, mandado construir por
el Obispo Wencslao Sangüesa.
FOTO: José María Rodríguez González.

Desde los primeros momentos de su llegada al Episcopado de Cuenca, supo granjearse las simpatías, el respeto, la veneración y cariño de sus diocesanos con su bondad extraordinaria que cautivaba a cuantos a él se acercaban, y su liso y trato llano  de padre, no exento de distinción. El Ayuntamiento de Cuenca lo declaró Hijo Adoptivo de la Ciudad. El 13 de octubre de 1903 se le concedió la Gran Placa de Honor y Mérito de la Asamblea Suprema de la Cruz Roja Española y el 22 de marzo de 1907 fue nombrado por el Gobernador Caballero de la Gran Cruz de la Real y distinguida Orden de Isabel la Católica. En la legislatura de 1900 representó en el Senado a la provincia eclesiástica de Toledo.

Cuenca, 11 de febrero de 2026.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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Fuentes documentales:

-         El Mundo. Redacción y Administración Calderón de la Barca, 12-14 Cuenca. 13 de febrero de 1922. Núm 107.

-         Periódico la Razón de 13 de febrero de 1922.

lunes, 9 de febrero de 2026

Santa Escolástica (480-543). 10 de febrero. Fundadora de las Madres Benedictinas.

   Santa Escolástica nació en Nurcia (Italia), hija de nobles padres y hermana de San Benito. Según una antigua tradición, ambos eras gemelos, sin que tengamos muchas noticias acerca de su vida y de su santidad al florecer su culto a la sombra del gran fundador San Benito. Los crió a ambos su padre Eutropio en el santo temor de Dios, y ambos se decidieron por la vida monástica y religiosa: San Benito fundó su primer monasterio en el monte Casino, y junto a él levantó Escolástica su primera casa de religiosas, santificada por los consejos y visitas de San Benito.

Sabemos pocas cosas de su infancia. Tendría unos veinte años cuando Benito, después de empaparse bien de la vida y doctrina de los famosos eremitas de Oriente, San Atanasio, San Jerónimo, etc., trató de imitarles en Roma, para ello se retiró del mundanal ruido. No fue fácil la fundación y los primeros pasos, se vieron cuajados de abrojos y espinas que muchas veces procedían de sus mismos discípulos.
Santa Escolástica.

Escolástica le gustaba meditar sobe las palabras que su madre le había dejado escritas en el Testamento. En él ponía: “Debes saber hija mía, que los adornos postizos, los ricos vestidos y los collares de perlas, no valen nada delante de Dios. El mayor elogio que puede hacerse de una doncella es su modestia y piedad”. Nunca olvidó Escolástica tales consejos. Trató de llevarlos a la práctica desde su más tierna infancia. Renunció a cuantas lisonjas le ofrecía el mundo, su belleza y su alta alcurnia, y se entregó de lleno a su amado Jesucristo, a quien consagró toda su vida.

Inspirado por Dios, y ayudado por su hermana San Benito, fundó el primer convento de religiosas Benedictinas, pero un poco distante de los religiosos. A pesar de estar tan cercanos había puesto un muro voluntario de separación y tan sólo una vez al año se veían, y aun separados de ambos Monasterios, en una casita que había entre ambos. Cuenta San Gregorio esta admirable entrevista:

Por el año 543, Escolástica prevé que va a ser la última entrevista que va a tener con su hermano, con el que compartió su vida desde la niñez. Pasan todo el día hablando de cosas espirituales. Al atardecer, se levanta su hermano y le dice: “Adiós, hermana. Hasta el año que viene”. Escolástica, volvió a pedir a su hermano que pasaran juntos aquella noche, pero no aceptando San Benito ella hizo una breve oración a Dios pidiéndole esta gracia y al instante sobrevino una gran tempestad de truenos, relámpagos y agua que impidió al abad dejar la compañía de su hermana. Tres días después Santa Escolástica entregó su alma a Dios, estando presente su hermano que puesto en oración la vió subir al Cielo en forma y figura de blanca paloma. Su dichoso tránsito fue el día 10 de febrero de año 543.

Publicado en Cuenca 10 de febrero de 2020. Actualizado 10 de febrero de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

domingo, 8 de febrero de 2026

Santa Apolonia. Patrona de los odontólogos. 9 de febrero.

    Dice de ella el Santoral Cristiano del Padre Juan Croisser, que era una venerable doncella por el delicado y constante ejercicio de una sólida virtud. Algunos dicen, que fue de ilustre nacimiento, y que desde sus más tiernos años había sido criada en la religión cristiana. Lo que todos contestan es, que era toda veneración  y el ejemplo de los cristianos de Alejandría, que vivía en sumo retiro, en un continuo ayuno, en oración perpetua, y en la más exacta práctica de todas las virtudes.  

Fue y es una santa muy popular porque se la invoca contra el dolor de muelas debido a que sus torturadores le golpearon en el rostro hasta arrancarle todos los dientes. Se la suele representar con unas tenazas en la mano como las que se utilizaban en la antigüedad para las extracciones.
Santa Apolonia.

Era de Alejandría, diaconisa (mujeres que en la primitiva Iglesia se ocupaban del cuidado de los pobres), ya de avanzada edad a comienzos del siglo III, según la Leyenda Aurea, Santa Apolonia era: “virgen venerable a la que adornaban las flores de la castidad, la austeridad y la limpieza de corazón”.

En un tumulto contra los cristianos quisieron persuadirla de que sacrificarse a los dioses, ante su firme negativa la desdentaron a golpes y luego encendieron una hoguera amenazandola con quemarla viva si no apostataba.

El final es un poco turbador porque Apolonia, después de abismarse en una corta plegaria, se arrojó ella misma al fuego y en él murió. Quedaron atónitos los gentiles, mirándose los unos a los otros, como embargada la voz, y llenos de suspense, sin atreverse a creer lo mismo que veían, porque no acertaban a comprender como era posible que una doncella tuviese ese valor, y se diese más prisa a ofrecerse a Dios en sacrificio siendo consumida por las llamas, que ansias tenían ellos de verla cuanto antes reducida a cenizas.

Los cristianos se aplicaron con el mayor cuidado a recoger lo que pudieron del sagrado cuerpo, con especialidad los dientes esparcidos por el suelo, que como preciosas reliquias, fueron distribuidos por varias iglesias de la cristiandad.
   Los continuos favores que cada día experimentan los que recurren a la intercesión de Santa Apolonia acreditan el gran poder que nuestra Santa tiene con Dios, y la bondad con que atiende a los que implorar su protección.

En nuestra Catedral conquense se dispone de una imagen de Santa Apolonia, situada en el lado izquierdo del Altar de la Virgen del Alba. Esta imagen es obra de José Martín de Aldehuela, que dejó en ella la impronta de su sensibilidad y de su buen gusto.
Santa Apolonia. Obra de José Martín de Aldehuela.
Siglo XVIII - Catedral de Cuenca.
    En los Breviarios más antiguo de las iglesias, se hallan oraciones particulares para pedir a Dios por la intersección de Santa Apolonia, que nos libre de varias enfermedades corporales y singularmente de los males de dientes, como se ve por esta oración que se lee en el Breviario de la iglesia de Colonia:

O Dios, por cuyo amor la bienaventurada virgen, y mártir Santa Apolonia sufrió con tanta constancia, que le arrancasen todos los dientes; te suplicamos nos concedas, que todos aquellos que implorasen su intersección, sean libres de males de dientes, y de cabeza; y después de las miserias de este destierro, les otorguéis la gracia de que arriben a los gozos eternos de la patria celestial. Por nuestro Señor Jesucristo, Hijo vuestro, que siendo Dios, vive y reina con vos en unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén”.

Publicado en Cuenca, 9 de febrero de 2021. Actualizado el 9 de febrero de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.




sábado, 7 de febrero de 2026

San Juan de Mata. Festividad del 8 de febrero.

San Juan de Mata (1160-1213).

 Es un santo Provenzal, nacido en el condado de Niza y en parte se le debe que hoy disfrutemos del Quijote, pues un miembro de su Orden rescató del cautiverio a Miguel de Cervantes.

Este santo es el fundador de la Comunidad de la Santísima Trinidad, o Padres Trinitarios.  El decía que las dos actividades que más le agradaban eran la oración y el dedicarse a ayudar a los pobres. Con frecuencia se retiraba a una ermita alejada del pueblo y allí pasaba varios días dedicado a la meditación.
San Juan de Mata

Después de haber estudiado en Niza el bachillerato, su padre lo envió a París donde se doctoró y fue ordenado sacerdote. En su crónica se dice que durante la primera celebración, durante la Misa tuvo una visión, unos pobres cristianos prisioneros de los árabes, con peligro de renunciar a su religión, observó como un religioso vestido de blanco con una cruz roja y azul en el pecho los libraba y los salvaba de perder la fe. Esto le llevó a sentir que debería fundar una comunidad para la liberación de cristianos.

Con esta historia fue a consultar a San Félix de Valois, y le narró la idea, a San Félix le pareció muy buena idea y los dos partieron para Roma a conseguir el permiso del Papa.

Tras varios días de oración obtuvieron el permiso del Papa Inocencio III, aunque no era muy partidario de ello. Juan fue consagrado obispo y a los religiosos se les concedió un hábito blanco con una cruz roja y azul en el pecho. El Superior General de la Comunidad fue nombrado Juan de Mata.

Con la autorización del rey de Francia, Felipe Augusto y con fondos que el mismo rey les proporcionó, hizo varios viajes a África a libertar cautivos. En el año 1201 Juan de Mata y sus religiosos lograron rescatar en Marruecos a 186 prisioneros. Al año siguiente en Túnez rescataron 110. Por cada uno había de pagar una suma de dinero y los Padres Trinitarios iban de ciudad en ciudad pidiendo para conseguir el dinero con que pagar el rescate de los pobres esclavos.

Cuenta sus crónicas que volviendo de África con 120 rescatados, un grupo de piratas musulmanes asaltaron el barco, destruyendo el timón y rasgando las velas. Todos creyeron que iban a morir pero el santo hizo unas nuevas velas uniendo los mantos de todos ellos y se puso a rezar y así sin timón pero llenos de confianza en Dios y colocándose en la proa del barco con un crucifijo en las manos logró desembarcar sanos y salvos en Ostia (Italia).
El milagro del regreso de San Juan de Mata.

Un religioso de su comunidad, llamado Padre Juan Gil, rescató en 1580 a Miguel de Cervantes, autor del Quijote, que estaba prisionero de los musulmanes desde 1575.

Los últimos años de su vida los pasó en Roma, dedicado a la predicación y a conseguir ayudas para los pobres. Murió santamente el año 1213. En 1666 el Papa Alejandro VII autorizó el culto a San Juan de Mata.

Publicado en Cuenca. 8 de febrero de 2020. Actualizado el 8 de febrero de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.