viernes, 29 de mayo de 2026

San Fernando. Festividad del 30 de mayo.

   La Iglesia de España celebra hoy la fiesta de san Fernando III el Santo, una de las más puras glorias de España y al que le tengo gran aprecio por mis estudios e investigaciones (recordemos a Beatriz de Suabia, primera mujer de Fernando III y a quien le debemos las tres naves de la Catedral conquense (1*). Es llamado el Montesino porque nació en un monte entre Zaragoza y Salamanca, cuando viajaban sus padres don Alfonso IX y doña Berenguela. Allí rodeado de grandes y soldados, en una tienda de campaña, bajo el cielo estrellado de la tierra leonesa, nace el Santo conquistador de Andalucía el año 1199.
San Fernando. Trascoro de la Catedral de Cuenca.

El niño creció entre los esplendores de la corte leonesa y entre las caricias y cuidados de su santa madre. A los diez años la muerte acechaba en torno a su vida. Cuando los médicos perdieron las esperanzas, su madre lo llevó hasta el monasterio de Oña, rezó, lloró durante una noche entera ante la imagen de la Virgen, “y el meninno empieza a dormir et depois que foi esperto, luego de comer podía”.

La fortuna acompaña a este santo príncipe. Por la muerte de su tío Enrique I y renuncia de su madre doña Berenguela, queda como rey de Castilla. A los dieciocho años es armado caballero en el monasterio de Santa María de las Huelgas, junto a Burgos. Desde entonces siente que su misión es la de dilatar el reino cristiano. Su espada sólo puede desenvainarla contra los enemigos de la fe. Al morir su padre Alfonso IX de León, el año 1230, entra pacíficamente en la posesión de un segundo reino, León, sin derramar una sola gota de sangre cristiana. En León, lo mismo que en Castilla, todas las gentes le aman. Tiene la obsesión de la justicia, una profunda piedad, un dominio perfecto de sí y de los hombres. El  ideal de todos sus actos fue siempre la restauración de la España cristiana.

A los veinticinco cabalga muy gentilmente sobre un brioso corcel y se acerca por vez primera a las orillas del Guadalquivir, el gran río, inaugurando aquella gesta gloriosa de treinta años que sólo la muerte podía interrumpir.

La victoria vuela sobre su yelmo de oro. No tiene nunca un revés porque es “el caballero de Dios”, “el siervo de Santa María” y “alférez de Santiago”.

Aún se conserva una pequeña estatua de marfil que llevaba siempre consigo en el arzón del caballo, que colocaba a la cabecera de su cama, mientras dormía, y delante de la cual pasaba largas horas arrodillado en los momentos más apurados de su vida llena de azares y peligros.

Grandes mercedes e honras e bienandanzas nos fizo et mostró aquel que es comienzo e fuente de todos los bienes y esto non por los nuestros merecimientos, más por la su gran bondad e por la su gran misericordia, e por los ruegos e merecimientos de  Cristo, cuyo caballero somos, e por los ruegos de Santa María, cuyo siervo nos somos, e por los merecimientos de Santiago, cuyo alférez nos somos, e cuya enseña traemos e que nos ayudó siempre a vencer”.

 Así es como fue recobrando palmo a palmo las tierras andaluzas, que la morisma cruel nos había arrebatado. En 1224 toma Quesada con seis castillos más; en 1226, Iznatoraf; en 1233, Úbeda; en 1236, Córdoba; en 1243, Murcia; en 1244 llega hasta las puertas de Granada, y al final de 1245 entra en Jaén y proyecta la conquista de Sevilla, donde había de descansar después de muerto.

Empezó el cerco de Sevilla en 1247 y duró más de un año. La enseña de San Fernando tremoló en el Alcázar el día de San Clemente del año 1248. La entrada no fue el triunfo del conquistador, sino el de Santa María. La Virgen entró victoriosa sobre un carro triunfal, adornado de joyas, tapices y brillantes.

Desde el año 1248 ya no salió San Fernando de Andalucía. Mientras su primo San Luis caminaba al cielo por la adversidad, Dios le llevó a él por el camino de las aventuras. Dios le bendecía siempre y la misma naturaleza parecía ser su esclava. “ca en el su tiempo anno malo nin fuerte en toda Espanha nin vino, et señaladamente en la su tierra”.
San Fernando. Imagen de la Parroquia conquense que lleva su nombre.

Esta protección visible de Dios acrecentaba su fe y su amor. Derramaba lágrimas de agradecimiento y ansiaba llevar la bandera de la cruz por todo el mundo.

A los cincuenta y dos años, cuando pensaba pasar a África, le sorprende la última enfermedad, que su hijo, el Rey Sabio, nos ha contado en su “Historia general de España”.

Entra el Señor en su alcoba regia, los caballeros lloran, el rey salta de su lecho, se postra en tierra, coge una soga y se la echa al cuello. Después empieza a besar una cruz. “ferinedo en los sus pechos muy grandes feridas, llorando muy fuerte de los oios et culpándose mucho de los sus pecados”.

Cuando le preguntan cual quiere que sea la inscripción que pongan en su sepulcro, responde que no necesita ninguna, pues sus obras son el mejor epitafio. Su última oración nos la ha copiado su hijo:

Sennor, graicas te do, et entrégote el reyno que me diste, con aquel aprovechamiento que yo en él facer, et afréscote mi alma para que la recibas entre companna de los tus siervos”.

Después bajo las manos, adoró el cirio como símbolo de fe católica, y, mientras los clérigos cantaban el Te Deum, él “muy simplemente et muy paso inclino los oios et dio el espíritu a Dios”.

En 1671 el Papa Clemente X lo colocó entre el número de los Santos.

Publicado en Cuenca, 30 de mayo de 2020 y el 30 de mayo 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:
(1*) Arcángeles del siglo XIII –Catedral de Santa María de Cuenca. José María Rodríguez González. Cuenca.2017.
-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.
-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.
-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.


jueves, 28 de mayo de 2026

La Luna Azul de mayo. Segundo Plenilunio del mes.

 

La Luna Azul de mayo. Segundo Plenilunio del mes.

Un fenómeno poco habitual que no volverá a repetirse hasta dentro de unos años. El mes de mayo se despide con un fenómeno astronómico, una Luna Azul. No confundamos el nombre de la Luna con su color. La coincidencia de tener dos lunas llenas o Plenilunios, corresponde a un simple desajuste entre el calendario y el ciclo lunar.  La luna tarda unos 29 días y medio en completar un ciclo completo en su fase, los meses con 31 día son los más propicios para estos eventos astronómicos. En esta ocasión tuvimos un plenilunio el día 1 de mayo y al terminar el ciclo lunar en 29 días tenemos el segundo plenilunio el 31 de este mismo mes.


Su mayor esplendor se dará el 31 de mayo a las 4:45 horas de la madrugada. La anterior luna Azul se dio el 30 de agosto de 2023 y la próxima se dará el 31 de diciembre de 2028.

Luna Azul del 31 de agosto de 2023. 

En esta ocasión se da otro fenómeno, es decir una microluna, ya que se encontrará la luna en el apogeo, es decir, en el punto más alejado de la Tierra dentro de su órbita, lo que hará verla más pequeña de lo habitual, pero a decir verdad, no habrá mucha diferencia de lo que es habitual.

El llamar a este fenómeno astronómico Luna Azul, según estudiosos, procede de una deformación del lenguaje inglés. Hace muchísimo tiempo se utilizaba la palabra “belewe”, que significa “traidor” para denominar a la segunda luna llena en el mismo mes. Hemos de pensar que antiguamente una luna llena adicional alteraba los calendarios religiosos y obligaba a modificar periodos de ayuno como la Cuaresma,  por lo que una luna llena extra en un mes determinado era mal vista por ese motivo se le dio el nombre de “Luna Traidora”. Con el tiempo la palabra evolucionó hasta convertirse en “Blue”, que su traducción al castellano sería “Azul”, de ahí que al nombre de esta segunda luna en el mismo mes se le dé el nombre de “Luna Azul”.

Cuenca, 29 de mayo de 2026.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

Santa María Magdalena de Pazzi (1556-1607). Festividad del 29 de mayo.

   Esta Santa carmelita nació en Florencia el 2 de abril de 1556 y murió en el convento de Santa María de los Ángeles el 25 de mayo de 1607. Su nombre de pila fue el de Catalina, pero al vestir el hábito del Carmen, el 30 de enero de 1583, tomó el nombre de María Magdalena.
Santa María Magdalena de Pazzi.

Ya de niña odiaba los juegos, las aguas perfumadas, los jabones de olor, las cintas y las peinetas. Cuando salió del colegio, su madre quiso darle una sorpresa, mostrándole un traje blanco, que debía ser la admiración de toda la buena sociedad florentina; pero nada más verlo, la niña se echó a llorar.

El palacio de los Pizzi, en la mejor vía de la ciudad, era para ella una ermita. A los cinco años conocía por el olfato cuándo comulgaba su madre; a los siete años hacía la meditación según el método de san Ignacio; a los diez se consagró a Dios con voto su virginidad, y a los quince entró en el Carmelo.

Su vida religiosa es uno de los casos sorprendentes de misticismo cristiano. Por orden de sus superiores dictó a otras religiosas todos los hechos sobrenaturales que en ella tenían lugar. Y se formó un extenso volumen de sus revelaciones, que fue, tras largo examen, aprobado por la autoridad eclesiástica.

Jesús le trazó el plan de vida y la sujetó a las exigencias del divino amor. Un día le dice: “Vas a vivir a pan y agua”. Otro día le pide que ande descalza. En una ocasión le enseña una caverna espantosa. De ella salen rugidos de leones, silbidos de serpientes, aullidos de perros, graznidos, olor de azufre, humo y lamentos. Era preciso que entrase en aquella madriguera y viviese en ella cinco años. Así le revelaba Dios el período de terribles tentaciones con que la quería purificar, como el oro en el crisol. Las tentaciones vinieron. Del fondo de su alma se levantaban voces amenazadoras contra la existencia de Dios, la providencia de los Santos, la presencia real de Cristo en la Eucaristía, blasfemias horribles, asaltos de la sensualidad, de la gula. Parecía como envuelta en una oscuridad infernal, y un torbellino de desesperación le atormentaba sin cesar.

Las tentaciones pasaron y la nube descargó en forma de lluvia bienhechora de cinco gracias extraordinarias; los estigmas espirituales, la corona de espinas, los desposorios místicos, la entrega del Corazón de Jesús y la participación de la pureza divina. Los éxtasis eran continuos: durante largas horas, y a veces días enteros. Le sorprendían orando, lavando, comiendo o levantando el vaso para beber. Le bastaba oler una flor, ver una estrella, oír el nombre de Jesús o pronunciar la palabra amor. Muchas veces le vinieron los éxtasis mientras pintaba, pues era aficionada a pintar imágenes devotas, o pulverizaba el oro y bordaba o cosía.

Objeto de las predilecciones divinas, era la monja más humilde del convento: “Creedme, hermanas mías, solía decir, si la gracia de Dios no me hubiese traído al convento, habría terminado en un presidio”. Y besaba los muros de su reclusión, se postraba a la entrada de la iglesia para que todas pasasen por encima de ella, caminaba de rodillas en el refectorio pidiendo limosna.

El dolor era placer. La máxima de Santa Teresa “o padecer o morir”, la cambió ella en esta otra: “No morir, sino padecer”. Había comprendido perfectamente que la vida no tiene otro valor que le de sufrir por Jesús y que nuestra gloria eterna estará en función de los sufrimientos padecidos acá abajo en unión con el Salvador.

Fue beatificada el 8 de mayo de 1626 por Urbano VIII y canonizada el 28 de abril de 1669 por Clemente IX. Su fiesta se celebraba primeramente el 27 de mayo, hasta que León XIII la trasladó al 29 de mayo, cuando se hizo universal la fiesta de san Beda.

Publicado en Cuenca, 29 de mayo de 2020 y el 29 de mayo de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:
-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.
-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.
-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.




miércoles, 27 de mayo de 2026

San Agustín de Cantorbery. Festividad del 28 de mayo.

   San Beda el Venerable nos cuenta cómo nació la idea de evangelizar Inglaterra. Paseaba en el foro romano el abad de Monta Celio, que se llamaba Gregorio, y entre la muchedumbre de esclavos vio a unos jóvenes que la llamaron la atención por su belleza, la blancura de su te y la largura de sus cabellos rubios.

-¿De  dónde son estos esclavos? –preguntó al mercader.

-De la Isla de Bretaña, donde aún no se conoce a Cristo.

-¡Qué lástima que la gracia de sus frentes –exclamó Gregorio- coincida con un alma vacía de la gracia interior!
San Agustín de Cantorbery.

Y desde entonces concibió el propósito de predicar el Evangelio en Inglaterra. Pero el pueblo romano no le dejó, al aclamarlo poco después por su obispo.

Elevado al Sumo Pontificado, Gregorio no olvidó sus deseos de evangelizar a los ingleses. El no podía hacerlo personalmente y pensó entonces en Agustín, que era prior del monasterio de Monte Celio.

Salió san Agustín de Roma con otros cuarenta compañeros el año 596 y desembarcó a principios del año siguiente en la región de Thanet, en el mismo lugar donde había desembarcado Julio César. Lo que éste no había logrado con sus legines lo iba a lograr Agustín con sus cuarenta compañeros: la conquista de Inglaterra para Cristo.

Autorizados por el rey Etelberto, hicieron los monjes su entrada triunfal en la capital de Kent, Cantorbery. Iban procesionalmente precedidos por san Agustín, alto y de prestancia patricia. Junto a él un monje llevaba la cruz de plata y otro un estandarte de madera con la imagen de Cristo. Todos cantaban la oración de las Rogativas: “Conjurámoste Señor, por tu misericordia, que aparte tu ira de esta ciudad y de tu santa casa, porque hemos pecado. Alleluia”.

Así empezó la conquista espíritu de Inglaterra, para el imperio de Cristo, al mismo tiempo en que los barbaros invadían Italia y arruinaban la civilización de Roma. El pacífico escuadrón de Agustín domina pronto en toda la isla, donde las águilas romanas no habían podido posar su vuelo. No hay en la historia una conquista más pacífica y grandiosa.

El rey Etelberto recibió pronto el bautismo con todos los grandes de su corte. Un año, en el día de Navidad, bautizó en el río Jorch varios millares. Los enfermos sanaban al mismo tiempo de sus dolencias corporales.

San Agustín volvió a Francia para ser consagrado obispo. Y luego él consagró a otros varios en Inglaterra, que envió por diversas regiones, mientras fijaba la sede primacial en Cantorbery.

La predicación  de san Agustín estuvo acompañada, como la de los Apóstoles, con multitud de milagros y gracias extraordinarias. San Gregorio, sabedor de estas maravillas, le escribe desde Roma recomendándole la virtud de la humildad.

El apostolado de san Agustín duró solamente siete años. Su muerte acaeció el 26 de mayo del año 609. Su fiesta la introdujo en el Romano León XIII, con el deseo de atraerse a los ingleses hacia la Iglesia Madre. Oremos por la conversión de la que fue un tiempo isla fecunda de Santos y Mártires.

Publicado en Cuenca, 28 de mayo de 2020 y el 28 de mayo de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:
-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.
-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.
-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.




martes, 26 de mayo de 2026

La evangelización de Inglaterra

Hoy 27 de mayo celebramos la festividad de San Agustín de  Cantorbery que mucho tuvo que ver con la evangelización de Inglaterra.
La historia nos la cuenta el monje benedictino llamado Beta el Venerable que vivió entre los años 672 y 735, fue escritor y erudito. Su obra más conocida fue “Historia eclesiástica del pueblo de los Anglos”  donde nos relata la evangelización de Inglaterra.
San Agustín de  Cantorbery

Cuenta que paseaba en el foro romano el abad de Monte Celia, que  se llamaba Gregorio, entre la muchedumbre de esclavos vio a unos jóvenes que le llamaron la atención por su belleza, la blancura de su tez y la largura de sus cabellos rubios. Preguntando de dónde eran estos esclavos, al mercader; éste le contestó que de la isla de Bretaña, donde aún no se conocía a Cristo.
Desde ese momento Gregorio se interesó por su evangelización pero el pueblo romano no le dejó al aclamarlo poco después como su obispo.

Poco después Gregorio fue elevado a Sumo Pontífice y no olvidando sus deseos de evangelizar a los ingleses, al no poder ir él personalmente pensó entonces en Agustín, que era el prior del monasterio de Monte Celio.
Salió San Agustín de Roma con otros cuarenta compañeros el año 596 y desembarcó a principio del año siguiente en la región de Thanet, en el mismo lugar donde había desembarcado Julio César. Lo que éste no había logrado con sus legiones lo iba a lograr ahora Agustín con sus cuarenta compañeros: la conquista de Inglaterra para Cristo.

Autorizados por el rey Etelberto, hicieron los monjes su entrada triunfal en la capital de Kent, Cantorbery. Iban procesionalmente precedidos por San Agustín, alto y de prestancia patricia. Justo a él un monje llevaba la cruz de plata y otro un estandarte era coa imagen de Cristo. Todos cantaban la oración de las Rogativas: “Conjurámoste, Señor, por tu misericordia, que apartes tu ira de esta ciudad y de tu santa casa, porque hemos pecado. Alleluia”.
Así empezó la conquista espiritual de Inglaterra para el imperio de Cristo, al mismo tiempo que los bárbaros invadían Italia y arruinaban la civilización de Roma. El pacífico escuadrón de Agustín domina pronto en toda la Isla, donde las águilas romanas no habían podido posar su vuelo. No hay en la historia una conquista más pacífica y grandiosa.

El rey Etelberto recibió pronto el bautismo con todos los grandes de su corte. Un año, en el día de Navidad, bautizó en el Jorch varios millares. Los enfermos sanaban al mismo tiempo de sus dolencias corporales.
San Agustín volvió a Francia para ser consagrado obispo. Y luego él consagró a otros varios en Inglaterra, que envió por diversas regiones, mientras la sede principal fue establecida en Cantorbery.

La predicación de San Agustín estuvo acompañada, como la de los Apóstoles, con multitud de milagros y gracias extraordinarias. San Gregorio, sabiendo estas maravillas, le escribió desde Roma recomendándole la virtud de la humildad.
El apostolado de San Agustín duró solamente siete años. Su muerte acaeció el 26 de mayo del año 609. Su fiesta la introdujo en el Misal Romano el Papa León XIII, con el deseo de atraerse a los ingleses hacia la Iglesia Madre.
Cuenca, 28 de mayo de 2019 y el 27 de mayo de 2026.
José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

lunes, 25 de mayo de 2026

San Felipe Neri. Festividad el 26 de mayo.

    En Cuenca tenemos la suerte de tener en nuestra ciudad un Oratorio de San Felipe Neri, en la calle Alfonso VIII, que fue fundado por el Obispo Don Isidro de Carbajal y Lancaster y su hermano D. Álvaro, canónigo de Cuenca, lo fundaron a sus expensas en el año 1738.
    Muy poco sabemos de este Santo, es por ello que me he decidido a contaros un poco sobre él.
Nació un 21 de julio de 1515 en Florencia. Su padre era notario, estudió humanidades y con 16 años lo enviaron cerca de la abadía benedictina de Montecassino, a trabajar en negocios de la familia. Allí acudía a meditar a una ermita de la orden, sintiendo la vocación religiosa. Decidió irse a Roma y mientras daba clases, estudió filosofía y teología. La ciudad estaba sumida en el libertinaje tras el saqueo de Roma en 1527 por las tropas de Carlos V. El Santo se dedicaba a la oración y comenzó a predicar la necesidad de volver a una vida más cristiana. Por este motivo se le conoce como el apóstol de Roma, porque volvió a evangelizar la ciudad.
San Felipe Neri
    Se afirma que un día de Pentecostés del año 1544, mientras rezaba, se le apareció el Espíritu Santo para entregarle el amor divino en forma de bola de fuego, que penetrando por su boca, le dilató tanto el corazón que le rompió dos costillas para que pudiese caber dentro de su pecho, por eso se le representa con un corazón llameante. Esta herida nunca se le cerró. Los latidos del corazón eran tan fuertes que la gente era capaz de oírlos y también podía ver el resplandor que emanaba de su pecho, sobre todo cuando decía misa.

    En 1551 es ordenado sacerdote, y aunque aceptó el cargo de párroco de una iglesia romana, vivía de la caridad junto a varios compañeros. Organizó conversaciones espirituales durante las cuales rezaban, hablaban y leían textos religiosos.
    Poco a poco fue aumentando el número de simpatizantes y la gente los empezó a llamar oratorianos porque tocaban la campana e invitaban a orar a los fieles. En 1575 el Papa Gregorio XIII aprobó la congregación del Oratorio, cuyos miembros son religiosos seculares que viven en comunidad pero sin prometer votos y que tienen como principal objetivo orar, predicar ministrar los sacramentos. Entre los simpatizantes se encontraba el músico Giovanni Palestrina, que compuso e interpretó para ellos varias piezas musicales. De esta manera nació el oratorio como género musical.

    Era conocido por su buen humor y su alegría, que contagiaba a todos, aunque en los últimos años de su vida tuvo numerosos achaques y enfermedades. Cuentan que una vez la Virgen María se le apareció, le curó una inflamación vesicular y le dio un maternal abrazo. Eran frecuentes sus arrebatos de éxtasis, como atestiguaban los asistentes a sus misas y oficios.
    Es representado iconográficamente con capelo cardenalicio, otras veces con corazón llameante, con libro abierto donde se lee Dilatasti cor meum (Salmo 118) que traducido del latín quiere decir “Ensanchaste mi corazón”.

Publicado en Cuenca, 26 de mayo de 2019 y el 26 de mayo de 2026.
Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

domingo, 24 de mayo de 2026

San Gregorio VII. Festividad del 25 de mayo.

  La historia de este Papa tiene parecido con la se san Atanasio. Si san Atanasio fue en el siglo IV el campeón invencible de la divinidad del Verbo, san Gregorio fue en el siglo IX el gran defensor de la moral cristiana y de la autoridad pontifical.

El mundo no le había dado nada, ni dinero, ni nobleza, ni potencia, ni hermosura. Era hijo de un pobre cabrero de Savona. Su padre le llamó Hildebrando, que quiere decir espada que relumbra. Un tío suyo le sacó de entre las cabras y le vistió de cogulla benedictina en el monasterio de santa María de Roma.

Hombre de lucha, tuvo que vencer primero su carne, y lo hizo con el estudio y la fatiga. Cuando tenía 25 años fue elegido Papa su maestro Graciano, con el nombre de Gregorio VI. Desde un principio tomó a Hildebrando como su brazo derecho. León IX no quiso tampoco prescindir de la fuerza y rectitud de Hildebrando.

En 1073 moría Alejandro. Como arcediano que era, Hildebrando tuvo que presidir los funerales del Papa. En medio de la ceremonia, la multitud, clero y pueblo prorrumpió en grito unánime: “Hildebrando Papa”. El pueblo se apoderó de él y lo entronizó casi a la fuerza. Se llamó Gregorio VII, en memoria de su maestro Gregorio VI, cuya campaña de reforma iba a continuar.

En el Sínodo cuaresmal de 1074 renovó los decretos de Nicolás II, “para desarraigar la herejía y restablecer la castidad sacerdotal”.

Numerosas cartas y mensajes de Roma con este fin. Particularmente en Alemania, se levantó una gran tempestad entre los clérigos interesados.

El Papa no cedió y mandó una Encíclica a los alemanes, exigiendo al pueblo que negara la obediencia a los obispos que no corrigiesen los excesos de sus clérigos.

El Sínodo cuaresmal de 1075 prohibió las investiduras de los legos y excomulgó a cinco consejeros del emperador que habían intervenido en la coalición simoníaca de los eclesiásticos. Mandó también un aviso al monarca, reprendiéndole sus injusticias y vicios. Enrique IV no se corregía, y el Papa tuvo que apelar a la excomunión y a la deposición. Era la primera vez que el Papa excomulgaba y deponía a un rey.

El efecto fue desastroso para el emperador de Alemania: los grandes le amenazaron con nombrar otro emperador si, en el término de un año, no era absuelto de la excomunión.

Enrique tuvo que humillarse, y en el rigor del invierno se dirigió a Italia, con muy pequeña escolta, y fue a Canosa, donde estaba Gregorio VII, para pedirle perdón. El Papa, que desconfiaba de su sinceridad, se negó a recibirlo. El emperador apareció entonces tres días, del 25 al 28 de enero de 1077, ante el castillo con los pies desnudos y en hábito de penitente, pidiendo misericordia. El Papa otorgó al fin la absolución.

Pero, como se temía, el rey no cumplió sus promesas. Siguieron los abusos. En el Sínodo cuaresmal de 1080 promulgó una segunda excomunión y la deposición. El emperador reunió un ejército y se dirigió a Italia para imponer por la fuerza su voluntad. Entró en Roma en el año 1084, a tercer día del haberlo sitiado. El Papa se había refugiado en el castillo de Sanct´ Angelo. Más tarde tuvo que huir a Nápoles, y el 25 de mayo de 1085 le sorprendió la muerte en Salermo, donde se conserva su cuerpo. Sus últimas palabras fueron célebres: “He amado la justicia y aborrecido la iniquidad. Por esto muero en el destierro”.

Moría vencido por la fuerza bruta, pero con el consuelo del justo que ha amado siempre la verdad y obrado la justicia.

Publicado en Cuenca, 25 de mayo de 2020 y el 25 de mayo de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:
-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.
-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.
-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.