miércoles, 27 de mayo de 2026

San Agustín de Cantorbery. Festividad del 28 de mayo.

   San Beda el Venerable nos cuenta cómo nació la idea de evangelizar Inglaterra. Paseaba en el foro romano el abad de Monta Celio, que se llamaba Gregorio, y entre la muchedumbre de esclavos vio a unos jóvenes que la llamaron la atención por su belleza, la blancura de su te y la largura de sus cabellos rubios.

-¿De  dónde son estos esclavos? –preguntó al mercader.

-De la Isla de Bretaña, donde aún no se conoce a Cristo.

-¡Qué lástima que la gracia de sus frentes –exclamó Gregorio- coincida con un alma vacía de la gracia interior!
San Agustín de Cantorbery.

Y desde entonces concibió el propósito de predicar el Evangelio en Inglaterra. Pero el pueblo romano no le dejó, al aclamarlo poco después por su obispo.

Elevado al Sumo Pontificado, Gregorio no olvidó sus deseos de evangelizar a los ingleses. El no podía hacerlo personalmente y pensó entonces en Agustín, que era prior del monasterio de Monte Celio.

Salió san Agustín de Roma con otros cuarenta compañeros el año 596 y desembarcó a principios del año siguiente en la región de Thanet, en el mismo lugar donde había desembarcado Julio César. Lo que éste no había logrado con sus legines lo iba a lograr Agustín con sus cuarenta compañeros: la conquista de Inglaterra para Cristo.

Autorizados por el rey Etelberto, hicieron los monjes su entrada triunfal en la capital de Kent, Cantorbery. Iban procesionalmente precedidos por san Agustín, alto y de prestancia patricia. Junto a él un monje llevaba la cruz de plata y otro un estandarte de madera con la imagen de Cristo. Todos cantaban la oración de las Rogativas: “Conjurámoste Señor, por tu misericordia, que aparte tu ira de esta ciudad y de tu santa casa, porque hemos pecado. Alleluia”.

Así empezó la conquista espíritu de Inglaterra, para el imperio de Cristo, al mismo tiempo en que los barbaros invadían Italia y arruinaban la civilización de Roma. El pacífico escuadrón de Agustín domina pronto en toda la isla, donde las águilas romanas no habían podido posar su vuelo. No hay en la historia una conquista más pacífica y grandiosa.

El rey Etelberto recibió pronto el bautismo con todos los grandes de su corte. Un año, en el día de Navidad, bautizó en el río Jorch varios millares. Los enfermos sanaban al mismo tiempo de sus dolencias corporales.

San Agustín volvió a Francia para ser consagrado obispo. Y luego él consagró a otros varios en Inglaterra, que envió por diversas regiones, mientras fijaba la sede primacial en Cantorbery.

La predicación  de san Agustín estuvo acompañada, como la de los Apóstoles, con multitud de milagros y gracias extraordinarias. San Gregorio, sabedor de estas maravillas, le escribe desde Roma recomendándole la virtud de la humildad.

El apostolado de san Agustín duró solamente siete años. Su muerte acaeció el 26 de mayo del año 609. Su fiesta la introdujo en el Romano León XIII, con el deseo de atraerse a los ingleses hacia la Iglesia Madre. Oremos por la conversión de la que fue un tiempo isla fecunda de Santos y Mártires.

Publicado en Cuenca, 28 de mayo de 2020 y el 28 de mayo de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:
-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.
-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.
-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.




martes, 26 de mayo de 2026

La evangelización de Inglaterra

Hoy 27 de mayo celebramos la festividad de San Agustín de  Cantorbery que mucho tuvo que ver con la evangelización de Inglaterra.
La historia nos la cuenta el monje benedictino llamado Beta el Venerable que vivió entre los años 672 y 735, fue escritor y erudito. Su obra más conocida fue “Historia eclesiástica del pueblo de los Anglos”  donde nos relata la evangelización de Inglaterra.
San Agustín de  Cantorbery

Cuenta que paseaba en el foro romano el abad de Monte Celia, que  se llamaba Gregorio, entre la muchedumbre de esclavos vio a unos jóvenes que le llamaron la atención por su belleza, la blancura de su tez y la largura de sus cabellos rubios. Preguntando de dónde eran estos esclavos, al mercader; éste le contestó que de la isla de Bretaña, donde aún no se conocía a Cristo.
Desde ese momento Gregorio se interesó por su evangelización pero el pueblo romano no le dejó al aclamarlo poco después como su obispo.

Poco después Gregorio fue elevado a Sumo Pontífice y no olvidando sus deseos de evangelizar a los ingleses, al no poder ir él personalmente pensó entonces en Agustín, que era el prior del monasterio de Monte Celio.
Salió San Agustín de Roma con otros cuarenta compañeros el año 596 y desembarcó a principio del año siguiente en la región de Thanet, en el mismo lugar donde había desembarcado Julio César. Lo que éste no había logrado con sus legiones lo iba a lograr ahora Agustín con sus cuarenta compañeros: la conquista de Inglaterra para Cristo.

Autorizados por el rey Etelberto, hicieron los monjes su entrada triunfal en la capital de Kent, Cantorbery. Iban procesionalmente precedidos por San Agustín, alto y de prestancia patricia. Justo a él un monje llevaba la cruz de plata y otro un estandarte era coa imagen de Cristo. Todos cantaban la oración de las Rogativas: “Conjurámoste, Señor, por tu misericordia, que apartes tu ira de esta ciudad y de tu santa casa, porque hemos pecado. Alleluia”.
Así empezó la conquista espiritual de Inglaterra para el imperio de Cristo, al mismo tiempo que los bárbaros invadían Italia y arruinaban la civilización de Roma. El pacífico escuadrón de Agustín domina pronto en toda la Isla, donde las águilas romanas no habían podido posar su vuelo. No hay en la historia una conquista más pacífica y grandiosa.

El rey Etelberto recibió pronto el bautismo con todos los grandes de su corte. Un año, en el día de Navidad, bautizó en el Jorch varios millares. Los enfermos sanaban al mismo tiempo de sus dolencias corporales.
San Agustín volvió a Francia para ser consagrado obispo. Y luego él consagró a otros varios en Inglaterra, que envió por diversas regiones, mientras la sede principal fue establecida en Cantorbery.

La predicación de San Agustín estuvo acompañada, como la de los Apóstoles, con multitud de milagros y gracias extraordinarias. San Gregorio, sabiendo estas maravillas, le escribió desde Roma recomendándole la virtud de la humildad.
El apostolado de San Agustín duró solamente siete años. Su muerte acaeció el 26 de mayo del año 609. Su fiesta la introdujo en el Misal Romano el Papa León XIII, con el deseo de atraerse a los ingleses hacia la Iglesia Madre.
Cuenca, 28 de mayo de 2019 y el 27 de mayo de 2026.
José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

lunes, 25 de mayo de 2026

San Felipe Neri. Festividad el 26 de mayo.

    En Cuenca tenemos la suerte de tener en nuestra ciudad un Oratorio de San Felipe Neri, en la calle Alfonso VIII, que fue fundado por el Obispo Don Isidro de Carbajal y Lancaster y su hermano D. Álvaro, canónigo de Cuenca, lo fundaron a sus expensas en el año 1738.
    Muy poco sabemos de este Santo, es por ello que me he decidido a contaros un poco sobre él.
Nació un 21 de julio de 1515 en Florencia. Su padre era notario, estudió humanidades y con 16 años lo enviaron cerca de la abadía benedictina de Montecassino, a trabajar en negocios de la familia. Allí acudía a meditar a una ermita de la orden, sintiendo la vocación religiosa. Decidió irse a Roma y mientras daba clases, estudió filosofía y teología. La ciudad estaba sumida en el libertinaje tras el saqueo de Roma en 1527 por las tropas de Carlos V. El Santo se dedicaba a la oración y comenzó a predicar la necesidad de volver a una vida más cristiana. Por este motivo se le conoce como el apóstol de Roma, porque volvió a evangelizar la ciudad.
San Felipe Neri
    Se afirma que un día de Pentecostés del año 1544, mientras rezaba, se le apareció el Espíritu Santo para entregarle el amor divino en forma de bola de fuego, que penetrando por su boca, le dilató tanto el corazón que le rompió dos costillas para que pudiese caber dentro de su pecho, por eso se le representa con un corazón llameante. Esta herida nunca se le cerró. Los latidos del corazón eran tan fuertes que la gente era capaz de oírlos y también podía ver el resplandor que emanaba de su pecho, sobre todo cuando decía misa.

    En 1551 es ordenado sacerdote, y aunque aceptó el cargo de párroco de una iglesia romana, vivía de la caridad junto a varios compañeros. Organizó conversaciones espirituales durante las cuales rezaban, hablaban y leían textos religiosos.
    Poco a poco fue aumentando el número de simpatizantes y la gente los empezó a llamar oratorianos porque tocaban la campana e invitaban a orar a los fieles. En 1575 el Papa Gregorio XIII aprobó la congregación del Oratorio, cuyos miembros son religiosos seculares que viven en comunidad pero sin prometer votos y que tienen como principal objetivo orar, predicar ministrar los sacramentos. Entre los simpatizantes se encontraba el músico Giovanni Palestrina, que compuso e interpretó para ellos varias piezas musicales. De esta manera nació el oratorio como género musical.

    Era conocido por su buen humor y su alegría, que contagiaba a todos, aunque en los últimos años de su vida tuvo numerosos achaques y enfermedades. Cuentan que una vez la Virgen María se le apareció, le curó una inflamación vesicular y le dio un maternal abrazo. Eran frecuentes sus arrebatos de éxtasis, como atestiguaban los asistentes a sus misas y oficios.
    Es representado iconográficamente con capelo cardenalicio, otras veces con corazón llameante, con libro abierto donde se lee Dilatasti cor meum (Salmo 118) que traducido del latín quiere decir “Ensanchaste mi corazón”.

Publicado en Cuenca, 26 de mayo de 2019 y el 26 de mayo de 2026.
Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

domingo, 24 de mayo de 2026

San Gregorio VII. Festividad del 25 de mayo.

  La historia de este Papa tiene parecido con la se san Atanasio. Si san Atanasio fue en el siglo IV el campeón invencible de la divinidad del Verbo, san Gregorio fue en el siglo IX el gran defensor de la moral cristiana y de la autoridad pontifical.

El mundo no le había dado nada, ni dinero, ni nobleza, ni potencia, ni hermosura. Era hijo de un pobre cabrero de Savona. Su padre le llamó Hildebrando, que quiere decir espada que relumbra. Un tío suyo le sacó de entre las cabras y le vistió de cogulla benedictina en el monasterio de santa María de Roma.

Hombre de lucha, tuvo que vencer primero su carne, y lo hizo con el estudio y la fatiga. Cuando tenía 25 años fue elegido Papa su maestro Graciano, con el nombre de Gregorio VI. Desde un principio tomó a Hildebrando como su brazo derecho. León IX no quiso tampoco prescindir de la fuerza y rectitud de Hildebrando.

En 1073 moría Alejandro. Como arcediano que era, Hildebrando tuvo que presidir los funerales del Papa. En medio de la ceremonia, la multitud, clero y pueblo prorrumpió en grito unánime: “Hildebrando Papa”. El pueblo se apoderó de él y lo entronizó casi a la fuerza. Se llamó Gregorio VII, en memoria de su maestro Gregorio VI, cuya campaña de reforma iba a continuar.

En el Sínodo cuaresmal de 1074 renovó los decretos de Nicolás II, “para desarraigar la herejía y restablecer la castidad sacerdotal”.

Numerosas cartas y mensajes de Roma con este fin. Particularmente en Alemania, se levantó una gran tempestad entre los clérigos interesados.

El Papa no cedió y mandó una Encíclica a los alemanes, exigiendo al pueblo que negara la obediencia a los obispos que no corrigiesen los excesos de sus clérigos.

El Sínodo cuaresmal de 1075 prohibió las investiduras de los legos y excomulgó a cinco consejeros del emperador que habían intervenido en la coalición simoníaca de los eclesiásticos. Mandó también un aviso al monarca, reprendiéndole sus injusticias y vicios. Enrique IV no se corregía, y el Papa tuvo que apelar a la excomunión y a la deposición. Era la primera vez que el Papa excomulgaba y deponía a un rey.

El efecto fue desastroso para el emperador de Alemania: los grandes le amenazaron con nombrar otro emperador si, en el término de un año, no era absuelto de la excomunión.

Enrique tuvo que humillarse, y en el rigor del invierno se dirigió a Italia, con muy pequeña escolta, y fue a Canosa, donde estaba Gregorio VII, para pedirle perdón. El Papa, que desconfiaba de su sinceridad, se negó a recibirlo. El emperador apareció entonces tres días, del 25 al 28 de enero de 1077, ante el castillo con los pies desnudos y en hábito de penitente, pidiendo misericordia. El Papa otorgó al fin la absolución.

Pero, como se temía, el rey no cumplió sus promesas. Siguieron los abusos. En el Sínodo cuaresmal de 1080 promulgó una segunda excomunión y la deposición. El emperador reunió un ejército y se dirigió a Italia para imponer por la fuerza su voluntad. Entró en Roma en el año 1084, a tercer día del haberlo sitiado. El Papa se había refugiado en el castillo de Sanct´ Angelo. Más tarde tuvo que huir a Nápoles, y el 25 de mayo de 1085 le sorprendió la muerte en Salermo, donde se conserva su cuerpo. Sus últimas palabras fueron célebres: “He amado la justicia y aborrecido la iniquidad. Por esto muero en el destierro”.

Moría vencido por la fuerza bruta, pero con el consuelo del justo que ha amado siempre la verdad y obrado la justicia.

Publicado en Cuenca, 25 de mayo de 2020 y el 25 de mayo de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:
-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.
-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.
-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.

Pentecostés. 24 de mayo. Antes y después de la venida de Cristo.

    Se califica este día como uno de los más grandes del año. En el libro del Levítico lo llaman celebérrimo y santísimo. Tal era tenido ya en el Antiguo Testamento el carácter de esta fiesta. El mismo Señor la instituyó cuando dijo a Moisés: “Cincuenta días después de Pascua, ofreceréis nuevo sacrificio al Señor: Le consagraréis las primicias de la cosecha, y para que la ofrenda le sea más agradable, le inmolaréis siete corderos son mácula, un becerro y dos carneros. No haréis en aquel día obra ninguna servil”.
Venida del Espíritu Santo
Capilla del Espíritu Santo Catedral de Cuenca
    
    Esta fiesta se llamó también fiesta de las espigas o de las primicias, pues como la recolección del trigo en Palestina se terminaba en aquella época del año, era conveniente que los hebreos, en acción de gracias, ofreciesen a Dios los primeros frutos. En Jerusalén se celebraba en el templo con intervención del Sumo Sacerdote.
    Pero un gran acontecimiento debía resalzar aquella solemnidad. Siete semanas después de la salida de Egipto y cincuenta días de Pascua, Dios se manifestó a Moisés en el monte Sinaí entre relámpagos y truenos y mientras el pueblo estaba acampado al pie del monte, asustado ante aquella terrible manifestación, el Señor le dio su santa ley. En dos tablas grabó los diez Mandamientos o Decálogo, base de toda legislación en los pueblos civilizados.

    El día ya tan santo que vio aquella solemne promulgación había de ser día sagrado y por eso los judíos nunca olvidaron de celebrarlo con esplendor casi igual al de la Pascua.
    Acudían cada año en tropel a Jerusalén desde toda Palestina y países limítrofes espléndidas manifestaciones de fe y de religión.

    Más, por solemne que fuese el Pentecostés hebreo, era sólo imagen de otro más importante y más santo, el Pentecostés cristiano donde el  Espíritu Santo vendría, en forma de lenguas de fuego, sobre los Apóstoles.
    Cuarenta días antes templaban los Apóstoles por miedo a los judíos, tenían cerradas y atrancadas las puertas del Cenáculo. Pero apenas recibieron al Espíritu Santo quedaron repentina y totalmente transformados. En un instante una luz admirable ilumina su mente y alcanzan sin esfuerzo el conocimiento de las verdades que habrán de predicar a los hombres, pues como dice San León: “Cuando es Dios el maestro, pronto se aprende”.

    Con la luz de la mente reciben el Don de fortaleza, por virtud del cual los que en la Pasión de Cristo habían huido cobardemente, no aguardan más que el momento de anunciar en público la divinidad de Jesús crucificado, y por encima de todo, sienten su corazón abrasado del Divino Amor y arden del deseo de comunicarlo a todas las gentes. Solamente entonces se convirtieron en verdaderos apóstoles, enviados de Cristo, ministros de su palabra, sembradores de su doctrina y conquistadores de las almas.
Feliz día de Pentecostés.

Publicado en Cuenca, 9 de junio de 2019 y 24 de mayo de 2026.
Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

Domingo de Pentecostés y la Capilla del Espíritu Santo de la Catedral de Cuenca.

¿Cómo fue y que sucedió ese día, porqué y para qué? Ahora os lo relato y lo desmenuzo, según lo que he investigado.

Con palabras proféticas nos anunciaron: “No os dejaré huérfanos” (Jn.14,18). Cincuenta días después de la Resurrección de Jesucristo, los Apóstoles y otros discípulos, en número de ciento veinte (Hch.1,15), se hallaban reunidos en un mismo lugar: María, Madre de Jesús, estaba con ellos, y perseveraban todos unánimes en la oración.

¿Cómo se relata la venida el Espíritu Santo? Te preguntarás por el hecho de que se dé un número de los reunidos y que sea casualmente el 120. Pues os diré que este número simboliza el comienzo, la partida; simboliza la capacidad de iniciativa con un fuerte espíritu de decisión. Nos está diciendo que para los reunidos fue el día del comienzo de la Iglesia de Cristo.
Venida del Espíritu Santo.
Catedral de Cuenca.

Hacía diez días que esperaban, según recomendaciones del Divino Maestro, en aquel retiro, la próxima venida de aquél que había de traer al mundo el Espíritu de sabiduría y de entendimiento, el Espíritu de consejo y de fortaleza y el Espíritu de ciencia, de piedad y de temor de Dios.

Hacia las nueve de la mañana de repente sobrevino del cielo un ruido, como de viento impetuoso y llenó toda la casa donde estaban. Una ráfaga potente invadió en un instante el Cenáculo y al mismo tiempo vieron aparecer como lenguas de fuego, que se repartieron y se asentaron sobre cada uno de los miembros de aquella ilustre asamblea.

Dicen algunos autores que un globo de fuego se posó primero en la cabeza de la Virgen y que dividiéndose allí en tantas lenguas encendidas como asistente había en el Cenáculo, se fueron esparciendo como lluvia de estrellas: así se representa en más de un célebre cuadro de la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles. Según esto, María recibió la plenitud del Espíritu Santo y lo comunicó  a los apóstoles y discípulos actuando, por tanto, como la consideran los Santos Padres y los teólogos, de mediadora y canal universal de todas las gracias.

El viento impetuoso y las lenguas de fuego sólo eran signos exteriores y apariencias sensibles de los efectos que el Espíritu Santo producía interiormente en cada uno de los discípulos, y que debía producir en el corazón de los primeros fieles llenándolos de sus dones (Hch. 2). El Espíritu Santo, tercera Persona de la Santísima Trinidad, Dios igual al Padre y al Hijo, inauguraba su reino visible en la Iglesia y en las almas.

Semejante a fuego irresistible, venía a renovar la faz de la tierra, a sustituir al espíritu de temor por la ley del amor, a establecer la caridad en lugar del antiguo egoísmo y a provocar un vasto incendio en el mundo de las almas. “He venido, dijo el Verbo, a traer fuego a la tierra y mi mayor deseo es ver cómo se abrasa”.

Del día de Pentecostés dice san Crisóstomo estas palabras: “Hoy la tierra se nos ha hecho cielo, no por haber bajado las estrellas del cielo, sino por haber los Apóstoles subido de la tierra al cielo: porque la gracia copiosa del Espíritu Santo hoy se ha derramado por el mundo y le ha convertido  en paraíso; no trocando la naturaleza, pero enmendando y enderezando las voluntades. Halló el Espíritu Santo al publicano y le hizo evangelista; halló al perseguidor y lo hizo apóstol; halló al ladrón, y lo llevó al paraíso; halló a la pecadora, y la hizo igual a las vírgenes,... Desarraigó la maldad y plantó la bondad; desterró la servidumbre y trajo libertad; perdonó la deuda y nos dio  la gracia; y por esto digo que hoy la tierra se ha hecho cielo”.

La catedral conquense guarda una de sus joyas más preciadas, junto al claustro como es la capilla del Espíritu Santo. Hoy voy a trascribir lo que nos dice de ella la Guía Larragaña, creo que bien vale el saber que han escrito de ellas otros autores y no sólo la persona que suscribe. Toda opinión es válida.
Retablo de la Capilla del Espíritu Santo. 
   La capilla del Espíritu Santo fue fundada en 1440 y rectificada en 1575. En el centro del altar un gran cuadro de la Venida del Espíritu Santo, y a sus lados Santiago y San Juan Bautista; otros dos lienzos, el Entierro de Cristo y el Martirio de San Bartolomé (Tras su restauración sabemos que corresponde al martirio de san Serapio del pintor Juan Andrés Ricci), son debidos al pincel de Zúcaro. En otros dos retablos del crucero, buenas pinturas de Andrés de Vargas representando a San Gregorio y san Honorato, y bajo el coro el sepulcro de Jesús, copia del Caravaggio de Roma.

Panteón de los marqueses de Cañete, fue fundada en el siglo XV por don Juan Hurtado de Mendoza, señor de dicha villa, y reedificado después en el siglo XVI por su descendiente Rodrigo de Mendoza, mostrándose en inscripción aclaratoria los yacentes en los sepulcros de mármol rojo, don Juan Hurtado de Mendoza y su mujer doña Inés de Manrique con su hijo Honorato de Mendoza y nuera doña Francisca de Silva, en el lado derecho del altar mayor, mientras en el opuesto se ve el nombre de don Francisco de Mendoza, obispo y cardenal de Burgos, gobernador y capitán general en Italia. En el brazo de la cruz que forma la planta están las lápidas de don Andrés Hurtado de Mendoza…

Hasta la reforma del Claustro, se cerraba al público durante todo el año, sólo era libre el acceso durante tres días en la Pascua de Pentecostés, en que se reza al Espíritu Santo y pueden verse las pinturas de Zúcaro que adornan el altar mayor y otras del conquense Andrés de Vargas en pequeños retablos y las banderas conquistadas por los Mendoza que hay pendientes en las paredes, hoy en día en paradero desconocido. En la actualidad esta abierta todo el año.
Fdeliz día de Pentecostés.

Publicado en Cuenca, 30 de mayo de 2020 y el 24 de mayo de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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Fuentes:

-Festividades del año Litúrgico. Editorial Luis Vives. S.A. Dr. Vicente Tena. Barbastro, 1945.
       -CUENCA. Guía Larrañaga. Excmo. Diputación Provincial de Cuenca. 1990.  


sábado, 23 de mayo de 2026

María Auxiliadora. Festividad del 24 de mayo.

  En 1860 la Virgen María se apareció a san Juan Bosco y le dijo que quería ser honrada con el título de “Auxiliadora”, y le señaló el sitio donde quería que se construyera un templo en su honor, en Turín (Italia).

    La construcción se realizó por sufragio universal. Las tres primeras monedas de veinte centavos cada una, con las que empezó la recaudación para la construcción del templo se multiplicaron muy pronto por los tantísimos milagros que se obraron en su nombre, terminándose la gran basílica en cuatro años. San Juan Bosco solía decir: “Cada ladrillo de este templo corresponde a un milagro de la Santísima Virgen”. Desde este punto se extendió su devoción por todo el mundo bajo el título de Auxilio de los Cristianos.
Basílica de María Auxiliadora de Turín (Italia).

Son muchos los santos que utilizaron esta título de “Auxiliadora” dedicándoselo a María, así el primero fue san Juan Crisóstomo en Constantinopla en el año 345 al decir y quedar escrito: “Tu María, eres auxilio potentísimo de Dios”. En el año 532 había una imagen de la Virgen que era llamada “Auxiliadora de los enfermos” según los escritos de san Sabas al relatar los milagros que la Virgen obró bajo este título.
Altar mayor de la Basílica de María Auxiliadora de Turín (Italia).

En el año 749, san Juan Damasceno propagó la jaculatoria: “María Auxiliadora, rogad por nosotros”.

En Ucrania, se celebra la fiesta de María Auxiliadora el 1 de octubre desde el año 1030, en ese año libró a la ciudad de la invasión de una terrible tribu de bárbaros.

Acercándonos más a nuestro tiempo, el Papa Pío V, en el año 1572, ordenó que en todo el mundo católico se rezara en las letanías la advocación de “María Auxiliadora, rogad por nosotros”, porque en ese año la Virgen libró, en la batalla de Lepanto, a toda la cristiandad, venciendo al ejército mahometano que superaba en barcos (282) y en tropa (88.000 soldados) al ejército cristiano.

Muchas son las intervenciones que se conocen a lo largo de la historia, pero no puedo dejar de mencionar que el Papa Pío VII, en el año 1814, siendo prisionero de Napoleón, prometió a la Virgen que el día que volviera a entrar en Roma, liberado, declararía fiesta el día de María Auxiliadora, esto sucedió un 24 de mayo, desde entonces quedó declarado este día como día dedicado a María Auxiliadora.

Publicado en Cuenca, 24 de mayo de 2020 y el 24 de mayo de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.