viernes, 20 de febrero de 2026

La llegada del agua a la ciudad de Cuenca en el siglo XVI, sus fuentes.

Hasta el siglo XVI la ciudad de Cuenca se abastecía de sus fuentes naturales y de los aljibes practicados en la misma roca donde se almacenaba el agua de lluvia y sólo en las casas pudientes disponían de ellos. También es verdad que Cuenca era una ciudad privilegiada al discurrir por sus valles los ríos Júcar y Huécar, sus aguas eran saludables hasta que algún aguacero las hacían insalubres.


En más de una ocasión se había pensado el traer a la ciudad el agua del nacimiento del manantial de la Cueva del Fraile. La primera vez fue por el año 1531 pero tuvo que pasar dos años más para hacerlo realidad. Dos años se tardó en hacer realizar el delicado canal, en algunos tramos hubo de horadar la misma roca. Este se hizo siendo Corregidor de la ciudad Don Pedro Ordoñez de Villaquirán y el maestro fontanero fue Juan Velez.

Los beneficios que aportaron a la ciudad fueron numerosos al disponer de agua, instalándose una fuente en la parte alta y otra en la puerta de la parroquia del Salvador. La obra resultó incompleta al estar el canal al descubierto y la salud de los habitantes de la ciudad comenzó a resentirse, ello hizo que sus gentes volvieran a utilizar sus fuentes habituales como la de la Cueva de la Zarza, la de la Higuera y Mirabueno, la de Don Fernandico, la de Doña Sancha y Perenal en la hoz del Huécar; la del Rey y de Martín Alhaja, la del Abanico y la del Cañón, en la Hoz del río Júcar. Esto pasó por que el canal habilitado era una simple acequia, en él caían ramas y hojas en su trayecto de unos tres cuarto de legua, y la descomposición vegetal hacía insalubre el agua. Fueron los médicos de la ciudad: Don Joaquín Gassó y Don Vicente Muñoz, los que detectaron el problema de los frecuentes dolores de estómago y diarreas que muchos de sus pacientes tenían, encontrando su causa en las aguas que llegaban a la Cueva del Fraile.

En 1834 se quiso reparar el problema poniendo un filtro, pero esto no bastó ya que por mucho cuidado que se ponía en retirar los sedimentos que arrastraban los aluviones al acueducto, nunca se evitó la descomposición de lo que caía al canal desde su nacimiento hasta la población. Ello llevo a la necesidad de cubrir todo el canal para liberar a la población de estas molestas enfermedades ocasionadas por el deterioro de las aguas encauzadas, al taparse llego la tranquilidad y el disfrute de sus aguas en la población de Cuenca.

En el siglo XVIII se embelleció la ciudad con fuentes públicas, como la de la Trinidad, era la más bonita y espaciosa que la que hubo en el rincón de los toldillos. También era de gran belleza la que hubo en la Plaza Mayor que era más trabajada que la del andén de la Catedral. La del Escardillo hasta 1840 en que fue sustituido por el lavabo de los frailes carmelitas y posteriormente emplazados el jardinillo donde se encuentra actualmente. La de la plazuela del Salvador que estuvo allí hasta 1831, fue cambiada al frente de la parroquia con un gran pilón eneágono que obstruía el paso, y la de Carretería, cerca y al frente de la Glorita de San Agustín; ofreciendo Valentín Martínez Raga dos mil reales porque se la quitaran de la inmediación de su casa, con esta cantidad se trasladó junto a la Casa Grande. La del cuartel de Milicias que se quitó en el año de 1861. La del Príncipe Alfonso, que tenía dos caños de agua del conducto general con cañería de plomo y por último la de la Cárcel, con hornacina, arco y pilón.

Estas fueron algunas de las fuentes más nombradas en este período de tiempo que sirvieron para calmar la sed y embellecer sus calles de esta ciudad de Cuenca.

Cuenca, 21 de febrero de 2019 y el 21 de febrero de 2026.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.




San Pedro Damián (1007-1072). Festividad del 21 de febrero.

  Fue cardenal-obispo de Ostia y doctor de la Iglesia. Habiendo entrado en el eremo de Fronte Avellana, promovió la vida religiosa y en los tiempos difíciles de la reforma de la Iglesia trabajó para que los monjes se dedicasen a la santidad de la contemplación, los clérigos a la integridad de vida y para que el pueblo mantuviese la comunidad con la Sede Apostólica.

Lo vemos como un fruto apasionado y terrible, apocalíptico casi, del año mil, profeta en los siglos oscuros; es un santo que visto de lejos asusta por su rigor y su ira, como un símbolo de intransigencia que reprocha con tremendos clamores del pecado del mundo, empezando por los de la Iglesia, roída por la corrupción y el concubinato.

Como siempre, de cerca su figura se humaniza. Este modelo de austeridad que en su Libro de Gomorra traza un cuadro durísimo de la moral de sus contemporáneos, es también autor de conmovidos himnos, de páginas que a través del rudo latín del siglo XI todavía transmiten un temblor de ternura. Y en su propia vida la que le muestra sometido por obediencia a deberes que estaban muy lejos de su ideal.

Que era la soledad de un monasterio, como el camaldulenso de Fonte Avellana, por una de cuyas celdas renunció a la reputación de famoso profesor en Parma. Pero su saber y sus virtudes le fueron empujando a muchas actividades, fue prior, reformó la orden, hizo nuevas fundaciones, y aquel hombre con vocación eremítica se vio convertido por orden del papa en cardenal-obispo de Ostia y en legado pontificio.

Instrumento reformador de diversos papas (con quienes las relaciones no siempre fueron apacibles), tuvo que intervenir en problemas de alta política eclesiástica, viajar mucho, predicar, ser consejero de reyes, escribir sobre una multitud de temas de teología y moral (León XII le declaró doctor de la Iglesia).

Con Gregorio VII se plantó: basta de política, de cismas, pleitos monásticos y mundanidades, le dejaran o no él siempre volvía a su celda en Fonte Avellana. Años después aún tuvo que ir a Alemania por el divorcio de un rey y reconciliar a su Rávena natal con el Pontífice. Murió en el camino de vuelta, refugiándose en el monasterio de Santa María de los Ángeles, en Faenza (Favencia) en 1072,(él, tan mariano, que extendió la práctica de la consagración de los sábados a la Virgen), abrazando por fin una paz inasequible por la dureza del servicio que se le pedía. Fue venerado inmediatamente como santo y su culto fue reconocido en 1828 por el Papa León XII, que también lo proclamó doctor de la Iglesia por sus numerosos escritos de contenido teológico.

Publicado en Cuenca, 21 de febrero de 2021 y el 21 de febrero de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.


jueves, 19 de febrero de 2026

Plenilunio de marzo. Luna del Gusano y la Luna de Sangre.

 Plenilunio de marzo. Luna del Gusano.

Esta es la última luna del invierno, la tierra empieza a despertar apareciendo los gusanos y con ellos los pájaros y la primavera. Otras tribus conocían a esta luna con el nombre de Luna llena del Cuervo, el graznido del cuervo señalaba el final del invierno, y otros pueblos le daban el nombre de Luna llena de la Savia, porque marcaba la época en que los árboles comienzan a revestiré.

Con la luna de marzo de este año, traerá un evento astronómico al que se le llama “Luna de Sangre”, este nombre lo recibe cuando se produce un elipse total. Esto es: la Tierra se interpone entre el Sol y la Luna, quedando oscurecida totalmente la Luna y danto un color rojizo como si se hubiera teñido, eso es debido a la refracción de la luz en la atmósfera terrestre. Se podrá contemplar en la madrugada del 3 de marzo, cuando la Luna llena coincida con su plenilunio.


A medida que la luna ascienda en el cielo, su color cambiará gradualmente de su color natural a un rojo anaranjado.

Esta Luna de marzo es la que simboliza, como antes dije, el renacer de la naturaleza y el despertar de la vida.


El 3 de marzo de 2026 alcanzará su punto máximo a las 11:04 horas. El efecto durara una hora y seis minutos, durante la cual se volverá completamente roja.

Cuenca, 23 de febrero de 2026.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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Fuentes documentales:

Mitología de la luna llena en la hoz del Huécar. 2010. Fundación Antonio Pérez. Autor José María Rodríguez González.

San Euchério (Euquerio), Obispo (690-738). Festividad del 20 de febrero.

   San Euchério, uno de los más santos Prelados de la iglesia de Francia, florecía en el octavo siglo, así por el resplandor de su eminente virtud, como por su fervoroso celo en promover la disciplina eclesiástica. Nació en Orleans hacia el año 690, de una de las familias más notables de aquella ciudad. Su madre era una señora de singular virtud, y de costumbres tan arregladas, que tenía pocas imitadoras.

Volviendo una noche de la iglesia, donde había asistido a maitines, se retiró a su cuarto y tuvo un sueño que la consoló mucho. Se le apareció un ángel y después de haberla alabado la devoción y la frecuencia con que asistía a los divinos oficios, le anunció que el hijo de que estaba preñada sería hijo de bendición, y con el tiempo un santo obispo.

El nacimiento de aquel querido hijo regocijó extraordinariamente a toda la familia. Enterados todos de la visión de la madre, se preguntaban unos a otros: ¿Qué cosa será este niño con el tiempo?

El deseo de no perdonar a medio alguno que contribuyese a proporcionar las grandes esperanzas que habían concebido de él, movió a sus padres a suplicar a San Amsberto, Obispo de Autun, cuya fama de santidad volaba entonces por toda la Francia, que se dignase hacerles la honra de bautizarlo.

A la edad de siete años le pusieron a estudiar, como tenía mucho ingenio y era dócil en poco tiempo hizo admirables progresos, distinguiéndose en las letras humanas y en las artes. Estudió de joven teología y los sagrados cánones, de manera que en poco tiempo fue correspondiente a su virtud su sabiduría. 
A este joven la lectura de san Pablo le cambió la vida: "La sabiduría del mundo es necesidad ante Dios", hay que invertir, pues, el orden de valores, lo que todos aprecian no vale nada, y lo que desdeña como vil, renunciar a las cosas por el amor más alto que no se ve, es el camino de la eternidad. Por eso Euquerio se hizo monje en la abadía normanda de Jumièges.

Fue tan grande la luz de su santa vida y la opinión que todos tenían de él, dice un hagiógrafo, que a la muerte de su tío Suavarico, Obispo de Orleáns, el pueblo le eligió para sucederle, y ante su resistencia tuvo que intervenir  el príncipe Carlos Martel, cuya autoridad le obligó a aceptar, aunque no sin desconsuelo, pues lloraba copiosamente al ser consagrado.

Fue un bien obispo, y por serlo se opuso a las pretensiones de Carlos Martel, quien expoliaba a la Iglesia para atender las necesidades de sus campañas; el choque entre ambos acabó con el destierro de Euchério, primero en Colonia y luego en Lieja, siempre rodeado de una inmensa veneración, y finalizando su vida en un monasterio benedictino.

Fue su dichoso tránsito el día 20 de febrero del año 743, y en poco tiempo ilustró el Señor la gloria de su sepulcro con muchos milagros. Lo enterraron en la iglesia de San Tron, y casi desde entonces se comenzó a celebrar su fiesta. Ciento treinta y siete años estuvo su santo cuerpo en la sepultura, hasta que en el año 880 fue elevado de la tierra, juntamente con el de San Tron, y expuesto en lugar eminente a la pública veneración. La incursión de los Normandos, que sucedió el año siguiente, obligó al Obispo Francon a ocultar los dos cuerpos en la gruta donde hoy son reverenciados. Se venera en una rica urna todo el cuerpo de San Euchérico, a excepción de un hueso que en el año de 1606 se dio a la santa iglesia de Ordeans.

Publicado en Cuenca, 20 de febrero de 2021 y el 20 de febrero de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

miércoles, 18 de febrero de 2026

San Gabino, presbítero y mártir. Festividad del día 19 de febrero.

    El martirologio romano anuncia en este día de 19 de febrero el glorioso nacimiento al cielo de San Gabino, presbítero y mártir, hermano de San Cayo Papa. Después de haber estado largo tiempo en la cárcel y con duras prisiones, por orden del emperador Diocleciano, adquirió los gozos del Paraíso por medio del martirio.

San Gabino originario de Dalmacia, pariente del emperador Diocleciano, hermano del Papa San Cayo, y padre de Santa Susana, aquella que fue inmortal honor de las Vírgenes romanas, pues prefirió la dicha de ser esposa de Jesucristo a la gloria de ser emperatriz de todo el mundo, derramando su sangre y dando su vida por la fe. No se sabe con qué ocasión vinieron a vivir a Roma San Gabino y San Cayo. Puede ser que la fortuna de Diocleciano, que había ascendido por todos los grados de la milicia hasta el supremo empleo del ejército, tragase a su parentela a la capital del universo en aquel momento.

Era San Gabino casado; no tuvo más que una hija llamada Susana, a cuya crianza se aplicó con el más vigilante desvelo. Después de morir su mujer se dedico plenamente a estudiar la ciencia de la religión. Quiso ser admitido en el clero; elevado a la dignidad del sacerdocio; tras su ordenación pasaba las noches enteras en las lóbregas concavidades de las rocas para celebrar el sacrificio de la Misa, y para alimentar con el divino Pan a los que estaban en vísperas de ser sacrificados.

Su hija fue arrestada y torturada. Apenas triunfó Susana de los tormentos y coronada su virginidad con el generoso sacrificio de su vida, fue arrestado su padre, San Gabino y encerrado en un calabozo que fue para él lugar apacible de delicias. Con el encierro quisieron doblegarlo para que renunciara de su fe, por el tedio, por las incomodidades de la prisión, o dejándole morir en ella de hambre y de miseria, le hicieron padecer cuantos tormentos puede inventar la más cruel barbarie del hombre. El hedor intolerable del calabazo, la eterna oscuridad en que estaba sepultado, el hambre, la sed y todas las incomodidades no pudieron hacer que renunciara de sus creencias.

Seis meses pasó San Gabino en estos tormentos después de la preciosa muerte de su hija Santa Susana, hasta que el Señor coronó su paciencia con el glorioso martirio el día 19 de febrero del año 296 en el que fue decapitado, dos meses antes que lograse la misma suerte su hermano el Santo Pontífice Cayo. Fue enterrado por los cristianos San Gabino en el cementerio llamado de San Sebastián.

En año 1608, Carlos de Neuville, marqués de Alincourt, señor de Villeroy, gobernador de la ciudad de León y embajador de Roma, deseó traer un cuerpo santo con que enriquecer su patria. Madama Jaqueline de Harlay, su esposa, se lo pidió al Papa Paulo V, quien le dio el cuerpo de San Gabino y esta señora se lo presentó a la iglesia de la Santísima Trinidad del colegio de la Compañía de Jesús de la ciudad de León, donde se guarda con mucha veneración en una rica urna de plata, conservándose en el archivo del referido Colegio las letras auténticas originales de esta preciosa reliquia.

Publicado en Cuenca, 19 de febrero de 2020 y el 19 de febrero de 2026.
 
Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

Efemérides conquenses del día 19 de febrero.

  Tal día como hoy de 1943, se acuerda en el Ayuntamiento de Cuenca, a propuesta de Sr. Alcalde D. Jesús Merchante, adquirir los terrenos para realizar un lugar de esparcimiento y baño para los conquenses, lo que hoy es la playa artificial del Júcar.
Playa artificial de Cuenca.

También se acuerda la entronización en la capital, del Sagrado Corazón de Jesús, dedicándole por suscripción popular, un monumento grandioso en el cerro del Socorro.

Se aprueba la construcción de casas para los maestros en la calle Alfonso VIII y viviendas protegidas junto a la plaza de toros. También la construcción de un Instituto de Enseñanzas Medias y Escuela de Formación Profesional. Se aprueba la creación de un Museo en la ciudad y de la realización de un monumento a los Caídos por Dios y por España.

Publicado en Cuenca, 19 de febrero de 2020 y el 19 de febrero de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

martes, 17 de febrero de 2026

MIÉRCOLES DE CENIZA. 18 de febrero de 2026.

    Comienza la Cuaresma con el ritual de la ceniza:
 “Meménto homo quia pulvis es”.
"Recuerda, hombre, que polvo eres y al polvo volverás".

La ceniza, símbolo de humildad y penitencia tuvo un papel muy importante en la vida de los Santos. Incluso nuestro san Julián cuando vio que se le acercaba la hora de la muerte se hizo tumbar en ceniza.

La imposición de ceniza a los fieles tiene un sentido piadoso. Hasta el siglo XI, sólo fue obligatorio para los grandes pecadores públicos. Los buenos cristianos se contentaban con asistir a la ceremonia, o si voluntariamente se sometían a esta humillación, era para expiar alguna culpa secreta o por mero motivo de devoción y fervor.

Para dar con el sentido de la ceremonia del miércoles de Ceniza, es indispensable tener presente la antigua disciplina eclesiástica tocante a la penitencia pública y examinar los vértigos que de ella quedan.

En el siglo IX, los griegos anticipaban la cuaresma en una semana, para ayunar exactamente cuarenta días como Jesucristo. Por entonces advirtieron a los latinos que la Cuaresma de seis semanas que ellos guardaban, no contaba, excluyendo los domingos, sino treinta y seis días de ayuno. Por devoción y también por condescendencia con sus hermanos orientales, anticiparon los latinos, los cuatro días del ayuno cuaresmal, por lo que correspondió empezar el miércoles después del domingo de Quincuagésima. La ceremonia de imposición de ceniza se trasladó a dicho día, llamado desde entonces Miércoles de Ceniza.

Al cesar la disciplina de la penitencia canónica, se mantuvo el rito de la imposición de la ceniza. Hacia largo tiempo que muchos fieles se sometían de por sí a dicha ceremonia; presentándose también como pecadores y se juntaban con los penitentes públicos por devoción. Aun pasado el siglo XI perduró esta piadosa costumbre.

Con esto se llegó al rito actual, todos los fieles juntos con los mismos sentimientos de humildad, presentan su frente al sacerdote para que trace en ella la señal de la cruz con ceniza, al tiempo que les dice estas palabras: Acuérdate, oh hombre, que eres polvo y que en polvo te convertirás.

Cuenca, 17 de febrero de 2021. Actualizado 18 de febrero de 2026.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.