miércoles, 10 de junio de 2026

San Bernabé. Festividad del 11 de junio.

 San Bernabé recibió una vocación especial para la evangelización en los primeros años de la Iglesia. San Pablo le daba el trato de apóstol que le ha conservado la liturgia. San Lucas nos lo presenta como hombre bueno lleno de fe y del Espíritu.

Era judío de la tribu de Leví, había nacido en Chipre, pero vivía en Jerusalén en el tiempo de la primera predicación apostólica, y allí tenía familia muy cercana, como la madre de San Marcos que era su tía. Pronto se abrió a la gracia cristiana con ardor y generosidad. Poseía un campo en Jerusalén, lo vendió y su importe lo puso en manos de los Apóstoles.

Su nombre era el de José, pero los Apóstoles le llamaban por el sobrenombre de Bárnaba o Bernabé, que quiere decir hijo de la consolación. San Juan Crisóstomo cree que aludían así a la bondad y simpatía de su carácter.

Evangelizó su isla natal y tal vez fue lapidado y quemado por los judíos en Chipre (debido a su supuesta lapidación se le invocaba tradicionalmente como protector contra el granizo). Se le atribuye el haber fundado la iglesia de Milán y es patrón de esta ciudad.

Un cuadro de Veronese evoca una significativa práctica de este misionero, de quien se dice que curaba a los enfermos aplicándoles sobre la cabeza o el pecho el evangelio de san Mateo, del que nunca se separaba, la palabra de Dios que asume poderes taumatúrgicos, salva las almas sin desdeñar la cura de los cuerpos.

Milagro de San Bernabé. Obra de Veronese.

La última parte de la vida de San Bernabé queda en la penumbra. Sin embargo, tuvo que seguir influyendo en muchas Iglesias, aún lejanas. A  finales del siglo I, un cristiano de Alejandría publicaba con su nombre un comentario de texto bíblico, que la tradición conoce con el nombre de Epístola de San Bernabé. Los corintios también lo conocían, y San Pablo les dice que había permanecido como él célibe. Una tradición antigua supone que murió en Chipre, en cuya capital, Salamina, se encontró hacia el año 488 su sagrado cuerpo.

La gloria de San Bernabé es la de haber descubierto el mérito extraordinario de San Pablo presentado a la Iglesia Madre de Jerusalén. Solamente por esto merece la veneración y gratitud de todos los cristianos.

Publicado en Cuenca, 11 de junio de 2021 y el 11 de junio de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:

-Año Cristiano para todos los días del año. P. Croiset. Madrid. 1846.

-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.

-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.

martes, 9 de junio de 2026

Santa Margarita, reina de Escocia (1045-1093). Festividad del 10 de junio.

¿Qué es nuestra vida sino un poco de humo, que se desvanece en el aire?”.
Hoy celebramos la festividad de Santa Margarita, reina. El pensamiento de San Pablo de que una mujer de fe puede santificar a su marido y a su casa, se cumple a la letra en Santa Margarita que fue un ángel tutelar de todo un reino. Por eso el Papa Clemente X la declaró Patrona de Escocia.

Fue nieta de Edmundo II, rey de Inglaterra, y su madre era sobrina de San Esteban, rey de Hungría. En esta corte nació Margarita y pasó sus primeros años. Más tarde pudo trasladarse a la corte de Inglaterra, acompañada de sus hermanos. Aquí la pidió por esposa Malcolm II rey de Escocia, quien la amó con locura. No sólo dejo en sus manos el interior del palacio, sino que la asoció al gobierno del Estado, consultándola en todos los negocios públicos.

Ella presidía las asambleas del reino y los concilios, cortando abusos seculares, dictando decretos de reforma moral y religiosa.
El rey se sentía orgulloso a su lado, admirando tanta sabiduría y prudencia, tanto celo y virtud. El manejaba valientemente la espada, pero no sabía leer ni escribir, y ya era tarde para aprender. Cuando había que dar un decreto, ponía una cruz al pie y encargaba que se lo llevaren a la reina.

Un día el rey preguntó a Margarita cuál era el libro que más amaba. Ella contestó que el Evangelio. Efectivamente, ningún otro libro leía tan asiduamente no con tanto amor y lágrima. Un día se encontró en su habitación un códice de los Evangelios escrito con letra de oro, decorado maravillosamente, rutilante en ricos metales y piedras preciosas. Era un regalo de su marido.
La caridad de la reina no tenía límites. Veinticuatro pobres alimentaban en su palacio. Cuando salía fuera, le aclamaban todos como a madre. Y sucedió muchas veces que la reina y sus acompañantes volvieron al palacio sin dinero, sin alfileres, sin guantes y hasta sin zapatos, porque los habían dado a los pobres.

En palacio hacía oración, leía, educaba a sus hijos, les enseñaba el catecismo, cosía y bordaba para la iglesia. Su capellán escribe: “Me hablaba con mucha sencillez, tal que estaba maravillado. Cuando nuestra conversación versaba sobre la dulzura del cielo, sus palabras salían inflamadas en el fuego del Espíritu Santo. Una sentencia suya era aquella de Santiago: ¿Qué es nuestra vida sino un poco de humo, que se desvanece en el aire?”.
Dios prueba a los que ama y en proporción directa al amor. La salud de Margarita sufrió quebrantos con las vigilias, austeridades y trabajos. Una prueba dura fue la separación del marido, que tuvo que marchar a la guerra para defender sus Estados contra Guillermo el Rojo. Fue una separación dolorosa para los dos esposos que se amaban tan tiernamente. Pero era el comienzo de la prueba para nuestra Santa. Un día recibió la noticia más dolorosa que podía recibir, como madre, como esposa y como reina. El rey había muerto en la guerra y con él su primogénito Eduardo. Margarita oyó con toda resignación la noticia y ofreció a Dios el sacrificio de su esposo y del hijo y aun de la propia vida.

La salud y las fuerzas corporales huían por momentos. Su fin se acercaba también. Pasaba largos ratos con el capellán y con la cruz. Ella fue su última compañera. Recogiendo las pocas fuerzas que le quedaban, cogiéndola fuertemente, la abrazaba, la besaba y se signaba con ella los labios y el pecho. Sus últimas palabras fueron: “Señor Jesucristo, que por tu muerte vivificaste el mundo, líbrame… ya no puedo seguir”. Su alma había volado al reino eterno de la Gloria el 10 de junio del año 1093.

Publicado en Cuenca, 10 de junio de 2019 y 10 de junio de 2026.
Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.


lunes, 8 de junio de 2026

San Primo y san Feliciano. Festividad que celebramos el 9 de junio.

    Estos dos santos, probablemente hermanos carnales, padecieron en la persecución de Diocleciano, en la Vía Nomentana. Allí fueron enterrados en un principio hasta que le papa Teodoro (642-649) los trasladó al interior de Roma, en la basílica de San Esteban, donde los colocó en un altar adornado con mosaicos. El recuerdo de esta traslación se conserva en dos inscripciones latinas.
Martirio de san Primo y san Feliciano.

“Ves el techo dorado que se eleva al cielo y sobre el cual se reflejan los rayos del sol. Queriendo la Divina Bondad decorar el techo del sacro lugar, movió el corazón del supremo Pastor Teodoro, para que con sumo cuidado preparase esta tumba al cuerpo de los Santos, sin descuidar la primera de momento”.

Primo y Feliciano fueron los primeros mártires que hicieron su ingreso en la Ciudad Eterna desde los cementerios de extramuros.

Estos datos son enteramente históricos. Sobre las circunstancias de su martirio no es posible tanta certeza. Se dice que por espacio de treinta años se dedicaron a la práctica de la caridad con los cristianos más pobres y perseguidos en las cárceles.

En la persecución de Diocleciano y Maximiano fueron también ellos perseguidos y encarcelados. Se negaron rotundamente a incensar a los dioses paganos, porque el único Dios era el de los cristianos. Fueron entonces apresados en un pestilente calabozo, donde se dice que recibieron la visita de un ángel que rompió sus cadenas. Este milagro hizo que se convirtieran muchos gentiles.

Las autoridades siguieron rebeldes y mandatarlos y desollarlos vivos. Los dos Santos viejos resistieron con firmeza de jóvenes aquel tormento, son mostrar la menos debilidad. Los trasladaron a Nomento, donde el gobernador  Promoto hizo cuanto pudo por reducirlos a su obediencia. Fueron nuevamente azotados y separados mutuamente para que no se animase el uno al otro. A Feliciano lo clavaron en un madero en su propio calabozo. A Primo le quisieron hacer creer que Feliciano había apostatado. Pero Dios le reveló la constancia de su hermano y los consuelos que recibía del cielo en la Cruz.
San Primo y Feliciano echados a los leones.

Al fin, para abreviar, los arrojaron a los dos a los leones que se tornaron mansos como corderos. La vida de aquellos cuerpos ya gastados era tan dura y fuerte como su fe en Cristo. Sólo la espada pudo acabar con ellas. Sus cuerpos quedaron en el campo para que fuesen devorados por las fieras. Los fieles de Nomento les dieron decorosa sepultura allí mismo hasta que el papa Teodoro los trasladó a la iglesia de San Esteban.

Publicado en Cuenca, 9 de junio de 2020 y el 9 de junio de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:
-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.
-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.
-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.




domingo, 7 de junio de 2026

San Medardo, obispo (456-545). Festividad del 8 de junio.

    Fue S. Medardo uno de los más ilustres prelados que florecieron en Francia en el sexto siglo: nació en Salency de Vermandois por los años de 457, siendo su padre Nectardo, un caballero francés muy calificado y de los más distinguidos en la corte; y su madre, Protagia, descendiente de una de aquellas antiguas familias romanas que se habían connaturalizado en Francia, tan rica, que trajo en dote a su marido la tierra de Salecy, Criaron con el mayor desvelo al niño Medardo, hasta que tuvo edad proporcionada para que le enviasen a estudiar a Vermand, capital de la provincia.

Este santo fue muy popular en la Francia de la Edad Media, y al cual los campesinos invocaban para pedir la lluvia y el buen tiempo. Su tumba en la abadía de Soissons era objeto de gran veneración y de él se contaban divertidas anécdotas, bondadosos prodigios de su caridad.

Vacas robdas cuya esquila no dejaba de sonar, como la voz de la conciencia, hasta que le ladrón devolvía el animal al santo, o merodeadores que una vez en el huerto durante toda una noche no acertaban con la puerta para salir, hasta que san Medardo al despertarse se la indicaba, haciéndoles comprender que todo pecado ciega.

Si hay que atender a la Historia, no es mucho lo que sabemos de él; que estudió en las escuelas monásticas de Vermand y Tournai, que fue ordenado sacerdote por el obispo de Vermand, a quien sucedería años después.

Vermand, junto al Saint Quentin o San Quintín que recuerda la gran victoria de Felipe II, parece que fue destruida por los hunos y los vándalos, y que entonces el santo trasladó su sede a Noyon, por ser ciudad fortificada.

Tuvo también sus conflictos con los intemperantes reyes francos, como Clotario I, quien no obstante sentía por él un gran respeto, pero más que un obispo duro y batallador parece que tuvo una aureola de bondad entre gentes todavía paganas y muy dadas a la violencia, que se ganó justa fama y muy caritativo, y que era hombre para quien Dios hacía pequeños milagros pedagógicos y convincentes.

La iconografía lo representa con un águila sobre su cabeza y es que su leyenda cuenta que cuando era niño, estando en el bosque se sorprendió una gran tormenta y una gigantesca águila voló sobre su cabeza protegiéndolo, con sus extensas alas de la lluvia incesante.

Es patrón de los camareros, de los leñadores, de los agricultores y de los titiriteros.

Publicado en Cuenca, 8 de junio de 2020 y el 8 de junio de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:
-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.
-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.
-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.




sábado, 6 de junio de 2026

Pedro de Córdoba y compañeros. Festividad del 7 de junio.

   Después del martirio de san Perfecto, los cristianos cordobeses, que solían vivir en los monasterios de los alrededores de la ciudad, acuden a Córdoba como ansiosos por provocar a las autoridades, queriendo ser mártires, hasta el punto de que san Eulogio, alarmado, trata de moderar sus impulsos.

La declaración pública de su fe basta para ser condenados a muerte en la capital de Abderramán II, y así son degollados o empalados cadáveres se queman para dispersar las cenizas al viento.

Éste es el caso de Isaac, del cenobio de Tábanos, que había sido notario y conocía muy bien la lengua árabe, y de su tío paterno Jeremía, “santo anciano” que ya en la vejez renunció a sus riquezas para edificar aquel monasterio y vivir allí entregado a la contemplación y al estudio.

Y también del joven Sancho, que procedía de la ciudad de Albi, antiguo prisionero “liberto y alistado en el ejército del emir, y comensal en el palacio de éste”; del sacerdote Pedro, natural de Écija, que vivía en el monasterio de Cuteclar, del diácono Walabonso, que era de Peñaflor, del monje Sabiniano, del “noble ciudadano” Habencio…

San Eulogio nos da escueta noticias de todos ellos para que sus nombres no se pierdan, y hoy, más de un milenio después, podamos recordar su pasión terrible y afirmativa, de quienes llaman con violencia a las puertas de la muerte gritando la verdad que los hará inmortales.

Publicado en Cuenca, 7 de junio de 2020 y 7 de junio de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:

-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.

-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.

-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.

viernes, 5 de junio de 2026

San Norberto (1080-1134). Festividad del día 6 de junio.

   Nació san Norberto en Xanten, Renania (márgenes del río Rhin en Alemania), perteneciente al ducado de Claves, el año 1080, de ilustre familia, emparentada con los emperadores de Alemania. Su padre tenía un castillo con tierras y vasallos y le dio una educación esmerada.
Este santo alemán recorrió descalzo el norte de Francia sin una moneda en su bolsa, predicando, confundiendo a los herejes y clamando contra la simonía, no es bien recibido en todas partes, se le echa de aquí y de allá, se le insulta y a menudo es golpeado, hasta se le amenaza de muerte en su tierra natal, al otro lado del Rhin, de donde tuvo que irse.
Muchos conocen su historia, que era la de un capellán de familia noble, sobrino del arzobispo de Colonia, culto, brillante y mundano, más elegante que nadie en sus vestiduras, más hábil que nadie en el manejo de la palabra y en la poesía que cautiva a las damas de la ciudad.
Dicen que cierto día un rayo cayó a los pies de su caballo y le derribó cayendo al polvo del camino, y que desde entonces no parece el mismo. Que renunció a prebendas y repartió sus riquezas, aunque sin conseguir que se olvidara su vida anterior y que dejasen de oféndele los que le conocieron antes de esta metamorfosis.
Ahora reúne a unos discípulos y en su valle desierto cerca de Soissons funda un monasterio que será el origen de la orden premonstratense: bajo la regla de san Agustín y con hábito blanco, mitad monjes. Mitad clérigos, los canónigos regulares de san Norberto misionan por toda Europa.
El fundador fue elegido por aclamación y contra su voluntad arzobispo de Magdeburgo, un prelado descalzo y harapiento al que más de una vez quisieron asesinar por no ser blando y transigente, como había empezado por no querer serlo consigo mismo.
A los doce años de pontificado su cuerpo estaba agotado. Estuvo en cama cuatro meses y murió al cabo de ellos el 6 de junio de 1134. Lloraba por su juventud lejana –tenía cincuenta y cuatro años- perdida en las amargas alegrías del mundo, pero se consolaba con el fervor de los discípulos que dejaba en pos de sí, llenos de entusiasmo por la penitencia y el apostolado.

Publicado en Cuenca, 6 de junio de 2020. Actualizado el 6 de junio de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.
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FUENTES CONSULTADAS:
-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.
-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.
-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.

jueves, 4 de junio de 2026

San Bonifacio. Festividad del 5 de junio.

    Nació en el año 675 en el reino de Wesse (Inglaterra) y su nombre de pila fue Winfrido. Desde los siete años creció en el monasterio de Nutscell. A los veinte años era ya un maestro famoso, que los abades se disputaban para dar a sus monjes la enseñanza religiosa y profana.

A los cuarenta quieren hacerle abad, pero él sueña con el apostolado misionero. Sabe que en el centro y norte de Europa hay muchos pueblos bárbaros que no conocen a Cristo y quieren llevarles la luz de la fe.

Su actividad como misionero en el continente europeo se divide en tres períodos. En el primer período (716-722) llega a Frisia lleno de entusiasmo, pero en la hora menos favorable. Sus trabajos resultan casi estériles por la guerra entre Ratbodo y Carlos Martel. Pasa a Roma para recibir la misión del Papa; va luego a Turingia y a la provincia de Rhin, predica en Hesse y se convence que para el buen suceso de sus trabajos necesita la dignidad episcopal y el auxilio de los reyes francos.

El segundo período (722-738) se caracteriza por sus triunfos y misiones felices. A fines del año 723 está de nuevo en Roma, invitado por el Papa Gregorio II, que lo consagra obispo de todas las tierras del norte y le cambia el nombre de Winfrido por el de Bonifacio. Provisto de cartas de recomendación y de una colección de cánones vuelve a predicar con mejores resultados en Hesse, donde muchos abjuran sus errores.
San Bonifacio y la encina.

Había aquí un árbol gigantesco que los paganos llamaban la encina de Thor y se hallaba en medio del campo de Geismar. Era objeto de un culto supersticioso y secular. Bonifacio había decidido derribarlo. Una multitud de paganos estaban dispuestos a matar al misionero si esto sucedía. El Santo apareció entre ellos sin la menor muestra de temor; se dirigió hacia el árbol sagrado, y a los primeros golpes se desencadeno un vendaval que arrojó la encina por tierra. La muchedumbre se convenció de la vanidad de sus errores y de la verdad de la religión de Bonifacio y en masa pedían el bautismo.

Extendió luego sus trabajos a Turingia ayudado por muchos monjes anglosajones que acudían constantemente a su llamamiento. Se fundaron monasterios como los de Fritzlas y Fulda, iglesia, obispados.

El Papa Gregorio III nombró a san Bonifacio arzobispo. De Inglaterra le llegaban refuerzos constantes de sacerdotes y predicadores, ornamentos, campanas, libros sobre todo. La abadesa Eadburga estaba encargada de transcribir las epístolas de san Pablo con letra de oro “a fin de honrar las Santas Escrituras ante los ojos carnales de los paganos”.

El tercer período (738-754) es el de la organización. El 738 estuvo nuevamente en Roma. Nombrado vicario apostólico de Alemania, se consagró a la organización de aquella joven Iglesia, dividiendo las diócesis, formando las provincias eclesiásticas, celebrando sínodos, dando leyes y dictando órdenes. Sobre todo se esforzó por establecer una unión muy estrecha de las Iglesias alemanas en Roma. En el año 748 considera terminada su misión y se establece en Maguncia: pero inclinado a las misiones, volvió a Frisia, donde había derramado los primeros sudores. En el año 755, enfermo y achacoso, se embarcó hasta Utrech, donde convirtió muchos miles de hombres y mujeres. El 5 de junio debían recibir la imposición de las manos. Todo estaba preparado para la Misa Pontifical. En vez de los neófitos, llegaron guerreros dispuestos a acabar con el Apóstol. Se arrojaron sobre él y lo mataron. Su cuerpo fue recogido por los cristianos y llevado a Maguncia. Junto a él y teñida con su sangre, se encontró una copia del libro de san Ambrosio sobre las ventajas de la muerte.

Antes de partir para esta última misión había dicho a sus discípulos: “Yo me voy porque el día de mi tránsito está cercano. Deseo ansiosamente esta partida y nada puede apartarme de ella. Así, pues, preparad todas las cosas y en el cofre de los libros colocad el lienzo en que habéis de envolver mi cuerpo”.

Fue enterrado, cumpliendo su voluntad, en el monasterio de Fulda. San Bonifacio es un apóstol completo; no le faltó ni el heroísmo del mártir, ni la intrepidez del misionero, ni la grandeza de los milagros y de la palabra, ni la bella aureola de la gracia y de la bondad que supo plegarse a su época para dominarla y hacerla cristiana. Su oficio lo extendió el Papa Pío IX a toda la Iglesia.

Publicado en Cuenca, 5 de junio de 2020 y el 5 de junio de 2026.
Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico