sábado, 31 de octubre de 2026

La fiesta de Todos los Santos. 1 de noviembre. Motivos de esta fiesta

      La Iglesia ha trazado en el año litúrgico toda la historia del linaje humano. Como dice Goethe, “en Roma es donde hay que buscar el secreto de la inteligencia serena”. Las cuatro semanas de Adviento que terminan en la Natividad del Salvador, nos recuerdan los milenios que precedieron al advenimiento del Mesías. El tiempo que transcurre desde Navidad a Pentecostés nos recuerda la vida oculta, pública y gloriosa del Redentor; termina por fin el ciclo litúrgico con la Ascensión del Señor y la fundación de la Iglesia. El intervalo que media entre Pentecostés y la festividad de Todos los Santos nos representa el tiempo de destierro de la Iglesia en este valle de lágrimas y termina con el recuerdo de una fiesta en el cielo.

El cielo es el término de la vida cristiana, es el fin y lugar de la recompensa de nuestros trabajos, la patria feliz e inmortal donde se halla el mismo Dios, recompensa eterna de los buenos. El pensamiento del cielo, es el secreto de la fuerza y del consuelo mientras dura el destierro, y es el propio tiempo el pensamiento grande y sublime que concreta la fiesta de “Todos los Santos”.

La Iglesia ha tenido cuatro razones para establecer la festividad de Todos los Santos, y ha rodeado del mayor esplendor los actos litúrgicos.

La fiesta de muchos santos pasa inadvertida para gran número de fieles, a los que el ajetreo de sus ocupaciones no permite asistir a los oficios del culto los días de trabajo; con la institución de esta festividad, la Iglesia les da ocasión de satisfacer su piedad y reparar esta deficiencia.

Esta fiesta es ocasión propia para reparar igualmente los abandonos y desvíos que cometemos con los Santos en general y con nuestros patronos de modo especial.

Publicado en Cuenca, 1 de noviembre de 2020, y 1 de noviembre de 2026.

Por José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

Por lo que tenemos de ángel. Festividad de todos los santos.

 Si pudiéramos obtener una foto instantánea del cielo, en el día de esta fiesta, nos sorprendería el “regocijo de la Gloria”. El día 1 de noviembre celebramos la fiesta mayor, la fiesta de quienes han llegado allá donde todos esperamos ir, lugar donde siempre se nos espera con los brazos abiertos, sobre todo de nuestros allegados que nos han precedido.

Todos los Santos celebran hoy su festividad, llenos de la santidad que ya les concede el estar cerca de Dios, llenos de la alegría de haber conseguido el fin para el que fueron creados y puestos en sobre la Tierra.

Nuestro regocijo de cristianos debe ser con ellos, debe estar sumado al de ellos, porque al fin y al cabo, cuantos más intercesores tengamos allá, más fácil nos será un día hacerles compañía.

Con cierta facilidad olvidamos que todavía seguimos en el camino que nos puede llevar a la eternidad sin haber llegado a cruzar sus puertas, y como otras tantas cosas, venimos desdibujando esta festividad con cosas profanas. Y así, en llegando estos días nos acordamos mucho más de ciertas cosas de la Tierra, que son materialismo puro y comercial como los dulces: husos de santo, buñuelos, etc. que de la fiesta en los Cielos.

Debemos ser exigentes con nosotros mismos y debemos de pensar que no todo se reduce a esto. Sean nuestro recuerdos y nuestras flores para todos los que un día partieron, como homenaje al cuerpo de que, en cada caso, se sirvió Dios como instrumento para nuestro nacer a la vida. Sean también nuestras flores para todos los que enviados allí están, fueran grandes o chicos en vida. Sean nuestras flores para todos sin distinción. Pero acostumbrémonos a deshojar alguna flor despacio sobre la tierra sepulcral, echando a volar con cada pétalo una Ave María haciendo crecer en nosotros esas alas que un día nos darán la fortaleza debida para volar junto a ellos, haciendo nacer en nuestra existencia lo que tenemos de ángel.

Publicado en Cuenca, 1 de noviembre de 2020 y el 1 de noviembre de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

viernes, 30 de octubre de 2026

Jesucristo Rey. 31 de octubre. San Nicolás y compañeros mártires de Ledesma.

 Jesucristo Rey. 31 de octubre. Hoy último día del mes octubre, 

     El 11 de diciembre de 1925, al cerrarse el Año Santo, publicaba Pío XI la Encíclica Quas primas, monumento litúrgico a la realeza de Cristo más duradero que el bronce. Todos los años, el último domingo de octubre, manda el Papa que se celebre la fiesta de Cristo Rey. Los liturgistas proponían al principio varis fechas: el domingo que sigue a la Epifanía, a la Ascensión, al Sagrado Corazón. El Papa escogió el domingo que precede a la fiesta de los Santos, que son los nobles y grandes de este reino. Ni César ni Napoleón pudieron con las armas ser amados. Cristo con la caña, con las espinas y con la Cruz “atrae hacia sí todas las cosas”, es el Rey del amor. Por esto Cristo no es un rey; es sencillamente el Rey.

MARTIROLOGIO DEL 31 DE OCTUBRE.

San Nicolás y compañeros mártires de Ledesma.

San Nicolás, llamado antes de su bautismo Ali Mohamad, fue natural de Toledo, hijo de un sarraceno poderoso llamado Alcamán. Se hallaban en este tiempo algunos cristianos retirados en las montañas pagando tributo a Alcamán, y entre ellos dos sacerdotes llamados Nicolás y Leonardo, los cuales fortalecían en la fe de Cristo a los demás. Permitía Alcamán que su hijo Ali Mahomad visitase a los cristianos para que le enseñasen la lengua latina, no recelando lo que después sucedió; porque aficionado Ali a los sacrificios de los cristianos, y persuadido por Nicolás y Leonardo, recibió el agua del santo Bautismo, y le pusieron por nombre Nicolás; lo cual sabido por su padre, mandó le disuadiesen de lo comenzado, porque de no hacerlo los pesaría. Mas viendo que por ningún camino los podía persuadir, los mandó quemar vivos, juntamente con su hijo Nicolás; de esta suerte enviaron estos santos mártires sus espíritus al Cielo, el 31 de octubre del año745.

Martirologio:

San Nemesio

La vigilia de todos los Santos. En Roma el tránsito de San Nemesio diácono, y de Santa Lucia virgen, su hija, los cuales no pudiendo ser convencidos para que dejasen la fe de Cristo, fueron degollados el día 25 de agosto por orden del emperador Valeriano; sus cuerpos, que habían sido sepultados por el papa San Esteban, y después colocados más honoríficamente en la vía Apia por el papa San Sixto en el día 31 de octubre, fueron posteriormente trasladados por Gregorio V a la diócesis de Santa María la Nueva, junto con los cuerpos de los santos Sinfronio, Olimpio, Tribuno, Exuperia su mujer y Teodulo su hijo, los cuales todos convertidos a la fe por medio de Sinfronio, y bautizados por el mismo San Esteban, habían llagado a la corona del martirio. Los cuerpos de estos santos, hallados en el mismo paraje en el pontificado de Gregorio XIII, fueron más honoríficamente colocados debajo del altar de la misma Iglesia el día 8 de diciembre. En el mismo día los santos Ampliado, Urbano y Narciso, de los que hace memoria San Pablo en la carta a los romanos; fueron muertos por los judíos y los gentiles por el Evangelio de Cristo. En Vermandois, en Francia, San Quintín, ciudadano romano, del orden de los senadores, el cual fue martirizado en tiempo del emperador Maximiano: su cuerpo, por revelación de un ángel, fue hallado incorrupto al cabo de cincuenta y cinco años. En Constantinopla San Stachis, consagrado primer obispo de aquella ciudad por San Andrés Apóstol. En Milán San Antonio obispo y confesor. En Ratisbona San Wolfango obispo.

Publicado en Cuenca, 31 de octubre de 2020 y 31 de octubre de 2026.

     Por:  José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:

-Año Cristiano para todos los días del año. P. Croiset. Madrid. 1846.

-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.

-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.

jueves, 29 de octubre de 2026

Halloween. Noche de brujas. 31 de octubre.

La primera institución de la fiesta de Todos los Santos.

La fiesta de Halloween sigue calando en nuestra sociedad y en mayor medida entre los más jóvenes que ven en ella una manera de diversión carnavalera. Sus raíces parten de la conmemoración del Samhain de la cultura celta. Esta festividad se transformó con la cristianización social en la festividad del Día de Todos los Santos, siendo importada a América del Norte por los emigrantes irlandeses. Con la globalización mundial y la emigración está entrando con fuerza en las naciones de occidente y nosotros no somos ajenos a ella, viéndose cada año más integrada y aceptada, olvidando poco a poco nuestras costumbres, volviendo a los orígenes paganos.

Las confesiones religiosas más importantes como La Iglesia Cristiana Ortodoxa Occidental, Unión de Utrecht (Iglesias), Comunión de Porvoo, Comunión Anglicana y la Iglesia Católica, llegaron a acordar tener el mismo calendario de celebraciones religiosas para facilitar a sus feligreses la asistencia a sus respectivas celebraciones, entre ellas la del 1 y 2 de noviembre.

Nuestra tradición en la celebración de la festividad de Todos los Santos parte de la cristianización del Panteón de Roma, en el año 607. Este panteón fue erigido a Júpiter el año 27 a.C., siendo devastado en diversas ocasiones por los pueblos bárbaros que cayeron  sobre Roma.

En el año 607 el Papa Bonifacio IV obtuvo el edificio del emperador Focas, para dedicarlo al culto, llevándose a cabo las debidas purificaciones y lo consagró al verdadero Dios bajo la advocación de la Virgen y de todos los Mártires. Un número considerado de mártires fueron extraídos de las Catacumbas y depositados en la nueva iglesia que se llamó desde entonces “Santa María ad Martvres”, es decir: Santa María de los Mártires.

Con anterioridad a este hecho, se celebraba esta festividad en las distintas Iglesias, en diferentes días del año y fue el Papa Gregorio IV quien en el año 835 la instauró el día 1 de noviembre. Posteriormente el Papa Gregorio VII, trasladó la celebración del aniversario de la Bendición del Panteón Romano a la fecha de Todos los Santos. Con esta unificación quiso simbolizar el triunfo de Cristo sobre las falsas divinidades paganas.

Después de tantos siglos el Panteón transformado en iglesia de Santa María de los Mártires permanece en pié como símbolo de la perpetuidad de la religión y su bóveda inmensa cobija la multitud innúmera de peregrinos que cada año acuden a ella en visita de piadosa pleitesía.

Después de tantos siglos esta celebración se empieza a desvirtuar por costumbres que se van adquiriendo por novedosas o por graciosas o divertidas pero que realmente lo único que hacen es ir penetrando y cambiando nuestras costumbres por otras que no tienen nada que ver con nuestra historia.

Publicado en Cuenca, 31 de octubre de 2016 y el 31 de octubre de 2026.


Por José María Rodríguez González.

San Alonso Rodríguez (1531-1617). Festividad del 30 de octubre.

     En medio de una tan larga lista de jesuitas ilustres, éste es el jesuita insignificante por antonomasia, un don-nadie, un Rodríguez cualquiera que sin dejar de serlo se elevó a las alturas de la mística.

Alonso Rodríguez nació en Segovia el 25 de julio de 1531 y fue, entre once hermano, el hijo de Diego Rodríguez y María Gómez de Alvarado. Su madre le infundió desde pequeño una gran devoción a la Virgen. Absorto ante una imagen de María, se lo oyó exclamar un día: “¡Oh Señora, si supieseis cuánto os quiero! En verdad que no podéis Vos amarme más a mí”. “Te engañas, hijo, oyó que le contestaba Ella suavemente; mucho más te quiero yo a ti, que tú a mí”.

El primer contacto con los padres de la Compañía de Jesús lo tuvo Alonso a los diez años, en una Misión que dieron en Segovia. Su padre los hospedó en una casa de campo y encargó al niño que los atendiese. El no se separó un momento de los misioneros, que le enseñaron la Doctrina cristiana y el modo de rezar el Santo Rosario.

Instado por su madre, se casó en el año 1557 con María Suárez y Dios le bendijo muy pronto con un niño y una niña. Su mujer, tal vez le reprochase su falta de espíritu comercial, así no vamos a llegar a ninguna parte, y en efecto Alonso no llegó a ser nada; peor aún, enviudó, murieron sus hijos, y entonces renunció a los paños y quiso entrar en religión.

Pero los jesuitas de Valencia estaban dudosos, tenían pocas letras y no mucha capacidad para los estudios, escasa salud y estaba al borde de la cuarentena. Por fin, como simple hermano coadjutor fue enviado al colegio de Montesión en Palma de Mallorca. Nada más allí permaneció cuarenta y seis años haciendo de portero (sus atributos son una llave y un rosario al cinto)

La llave para cumplir alegremente con su modesta obligación (“obediencia a lo asno” decían que era la suya), pensando que cada vez que sonaba la campanilla quien llamaba era Cristo, el rosario para rezar y meditar, convirtiéndose desde aquel puesto tan oscuro y humilde en un gran místico que hoy asombra a los estudiosos.

En los primeros meses de 1617 enfermó y no pudo abandonar el lecho desde ese momento hasta el día de su muerte. El 30 de octubre abrió los ojos, miró al Santo Crucifijo y se durmió con la palabra de Jesús en los labios.

Publicado en Cuenca, 30 de octubre de 2020 y el 30 de octubre de 2026.

    Por  José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:

-Año Cristiano para todos los días del año. P. Croiset. Madrid. 1846.

-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.

-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.

miércoles, 28 de octubre de 2026

San Narciso (siglo II), el Santo de las moscas. Festividad del 29 de octubre. Patrón de Gerona

    En el día de hoy es posible elegir entre dos obispos homónimos. Uno fue obispos homónimos de la misma época, pero de características muy dispares. Uno fue obispo de Jerusalén y en el año 195 contribuyó a decidir que la Pascua se celebrase siempre en domingo. Al parecer murió a los ciento dieciséis años.

El otro san Narciso, más popular (hasta el punto de que le miran con malos ojos muchos hagiógrafos) tiene una historia más enredada; quizá fue de origen centroeuropeo y es probable que durante la persecución de Diocleciano tuviese que huir y se refugiara en la ciudad de Augusta o Augsburgo.

Allí se alojó en casa de “una mujer principal, pero deshonesta”, una cortesana famosa cuyo nombre era Afra (incluida también en el santoral, el cinco de agosto). Esta además era idólatra, pero la oración de Narciso la convirtió junto con su madre y tres criadas suyas.

Más tarde, en unión de su diácono Félix, llega a Gerona, que convierte en su centro apostólico, y unos años después, quizá en el recinto extramuros del cementerio de los fieles (se supone que donde hoy se levanta la colegiata de San Félix, que debe su nombre a un santo anterior), cuando iba a celebrar misa fue asesinado con el citado diácono. Murió a consecuencia de tres heridas en el hombro, en la garganta y en el tobillo.

En Gerona (de donde es patrón, además de serlo de Augsburgo) es el santo de las moscas, ya que se dice que en 1285 de su sepulcro salieron enjambres de tábanos que son sus picaduras mortales hicieron huir al ejército francés invasor.

Publicado en Cuenca, 29 de octubre de 2020 y el 29 de octubre  de 2026.

     Por  José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:

-Año Cristiano para todos los días del año. P. Croiset. Madrid. 1846.

-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.

-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.

 

 

 

El regalo de una lámpara de plata a san Julián por D. García de Mendoza, marqués de Cañete y Virrey del Perú.

 Efemérides conquenses. 

El 29 de octubre de 1593 en la sesión del Cabildo Catedralicio de Cuenca se leía una carta de don García de Mendoza, marqués de Cañete y Virrey del Perú, haciendo presente de una lámpara de plata para que alumbrara el altar de San Julián.

D. García de Mendoza

Este era un donativo del Virrey como muestra de su devoción al santo Patrono y en agradecimiento de favores y ayudas recibidas, como manifiesta en la carta dirigida al Cabildo y que hizo pública, el que fue Notario Eclesiástico de esta Diócesis D. Eusebio Ramírez.

De la citada carta trascribo algunos párrafos para que quede constancia de este hecho: “En cuanta años de peregrinaciones que me he ocupado por mar y por tierra y en la guerra y otras cosas que se han ofrecido al servicio del Rey ntro. Señor, me he visto en muy grandes peligros de que milagrosamente fui librado. Teniendo memoria de encomendarme en tales ocasiones al bien Aventurado San Julián, cuyo cuerpo está en esa Catedral y verdaderamente me parecía que en el mismo instante se me facilitaban los peligros y se me aseguraba el salir de ellos con  vida t así dándomele Dios para volver a visitar esa Sta. Iglesia y Cuerpo Santo, procuraré con todas mis fuerzas y hacienda, ayudar a su canonización que es una de las cosas que me deseo ver cumplida y  entretanto que esto lo encamina Ntro. Señor en señal de algún reconocimiento de la devoción que tengo con ese Cuerpo Santo le envío una lámpara de plata que a V.Sª tengo por bien se alumbre, que yo escribo al Sr. D. Pº mi hermano mande proveer de mi hacienda lo necesario de aceite para que perpetuamente arda en el interior que voy a dotarla, y yo quisiera mucho enviar con ella una media figura de plata que he mandado hacer a imitación del Santo para sacar en las procesiones y como lo labran indios y con demasiada flema, no se ha podido acabar pero en estando enviaré con la primera flota.

Y pues la obligación que mi casa tiene de servir a es Santa Iglesia son cada día mayores, recibiré contento que se me avise de las cosas en que yo pueda hacerlo desde acá que podrá Vs. estar tan cierto de que se cumplirá con gran voluntad, como ya lo estoy de que por su parte acudirá a honrar y favorecer como siempre lo ha hecho lo que toca a mi capilla y cosa como tan propia de Vs. a quien guarde a Ntro. Señor”.

“El Cerrado Santiago (Lima Corte del Perú) a 13 de abril de 1592. El Marqués de Cañete”.

“Leída la carta en Cabildo se manifestó por el Arcediano de Huete, hermano del Marqués, que obraba la lámpara en su poder y que no la había presentado por haber tenido que proceder a su limpieza, aún no terminada, lo que llevó a cabo en Cabildo de 5 de noviembre y habiéndola todos visto y mirado se holgaron muy grandemente y les pareció muy rica, galana y muy bien acabada y dijeron que era don de Príncipes”.

En la actualidad no podemos disfrutar de esa lámpara del marqués de Cañete que debió ser una de las alhajas que, según Muñoz y Soliva se llevaron los franceses cuando invadieron Cuenca durante la guerra de la Independencia, cuyo saqueo, dice, fue evaluado en treinta millones y en el que entraron “cinco lámparas de San Julián, seis de la Virgen del Sagrario, muchos cálices y tantos o más candelabros de plata como lámparas.

Publicado en Cuenca, 29 de octubre de 2020 y el 29 de octubre de 2026.

Por José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.