martes, 10 de febrero de 2026

Nuestra Señora de Lourdes. 11 de febrero.

     Hoy me es grato recordar un hecho inmemorable como es la aparición de la Virgen María a una niña sencilla e inocente, llamada Bernardita. Se cuenta así la primera aparición:

En la casita del pobre y honrado molinero Francisco Soubirous, vecino de Lourdes, no había leña para preparar la comida el 11 de febrero de 1858, y Luisa, la hacendosa dueña de la casa, le dijo a María, su segunda hija: “Vete a recoger leña seca por las orillas del río Gave o en el bosque”. El Gave es el río que atraviesa Lourdes, tan famoso ya desde la citada fecha.

Hacía mucho frío, la hermana mayor de María, llamada Bernardita, llegó del campo donde hacía de pastora en casa de unos labradores. Era de constitución débil y delicada, sumamente inocente y sencilla, y toda su ciencia se reducía a saber rezar el rosario. Luisa Soubirous no se atrevía a dejarla salir a causa del frío, pero tanto insistió su hermana María y la vecinita Juana Abadíe que al fin consintió en que las acompañara.

Caminando las tres amiguitas a lo largo del riachuelo, en busca de leña llegaron a eso del mediodía frente a una gruta natural excavada y conocida con el nombre de Massabielle. No iba el Gave crecido, y Juana y María se descalzaron y lo pasaron. Estaba descalzándose Bernardita para seguirlas, cuando le pareció oír a su espalda como un ruido de un viento huracanado que de repente se levantaba en la pradera. Volvió la cabeza y quedó sorprendida al notar que no se movía ni una hoja, pensó “me habré equivocado” y siguió descalzándose.

Volviéndose a repetir ese viendo, miró en la dirección de donde procedía y al ver algo resplandeciente se puso a temblar llena de miedo y doblándosele las piernas cayó de rodillas. Encima de la gruta, en un nicho natural de la roca estaba de pie envuelta en celestiales resplandores una señora de belleza incomparable.

Desde el primer momento de su pasmo echó la niña mano a su rosario y quiso hacer la señal de la cruz, pero no pudo levantar el brazo por el temblor que agitaba todo su cuerpo. La Virgen la animó en su propósito trazando Ella la señal de la Cruz y Bernardita, ya si dificultad, la imitó y se puso a rezar el rosario.

No fue una visión vaga, pues tenía la figura humana bien definida, era una persona viva, diferente de las demás por la aureola luminosa que la envolvía y por el resplandor divino que de todo su ser emanaba.

A esta aparición le siguió una segunda y una tercera. Después de tres años de minuciosos estudios y pruebas, Mgr. Laurence, Obispo de Tarbes, declaró oficialmente que los fieles podían tener como verdaderas las apariciones.

Se empezaron los trabajos para la construcción de la basílica, y en 1866 consagró el Obispo los alteares de la cripta. Pero ya desde 1864 acudían en procesión multitud de gente, conforme al deseo manifestado por la Virgen.
Gruta de la Virgen de Lourdes.

En 1892, el Papa León XIII concedió oficio propio de las Apariciones para la fiesta del 11 de febrero. En 1908, con ocasión del jubileo del cincuentenario de las apariciones, el Papa Pío X extendió la fiesta a toda la Iglesia con rito de doble mayor.
Publicado en Cuenca, 10 de febrero de 2021 y el 11 de febrero de 2026.

Por José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

Efemérides conquenses del 11 de febrero. Muerte del obispo Wenceslao Sangüesa y Guía.

 Corría el año de 1922 cuando en la noche del miércoles 11 de febrero y tras una larga e ingrata enfermedad fallecía, en esta ciudad, el Excmo. Sr. D. Wenceslao Sangüesa y Guía, Obispo de esta diócesis.

Su cuerpo, revestido de los ornamentos pontificales, fue expuesto al público durante todo el día y la noche del jueves, siendo visitado y venerado por multitud de personas.

El viernes, 13 de febrero, a las diez de la mañana se dirigió la comitiva, que se había organizado en la Catedral, hacia el Palacio Episcopal, de aquí salieron con el cadáver del Prelado, Excmo. Sr. Wenceslao, llevado en hombros por seis sacerdotes, recorriendo, en procesión, toda la Plaza Mayor, para introducirlo en la Catedral, donde se celebró Misa de corpore insepulto, cantada por la Capilla de Música, la Misa de Nadal; y al final de la ceremonia el responso Libera me, de Perosi; siendo inhumado el cuerpo en la Capilla de la Virgen del Pilar, cumpliéndose así la voluntad de nuestro amadísimo Prelado, que durante su episcopado tuvo que resolver la caída de la Torre del Giraldo y la construcción del nuevo puente de San Pablo, cuya construcción tuvo que afrontar con sus fondos y los del Seminario Conciliar como así reza en los dos medallones que lucen en la mitad del puente.

Medallón del Puente de San Pablo. Cuenca.
FOTO: José María Rodríguez González.

Ofició los oficios el Ilmo. Sr. Deán D. Eusebio H. Zazo, presidiendo el duelo los Sres. Provisor y Vicario general, los sobrinos del fallecido, don Diego y d. Antonio Márquez Meler, el Excmo. Ayuntamiento, Gobernador militar, Presidente de la Diputación, Presidente de la Audiencia, Ingenieros, Jefes de Obras Públicas y Montes, Juez de Instrucción, Jefes de Correos y Telégrafos, Director del Instituto y de las Escuelas Normales y los Sres. D. Arturo Ballesteros, Senador y el Director y Diputado a Cortes, D. Joaquín Fanjúl, que con los Sres. D. Paulino Corrales, Párroco de San Marcos; D. Joaquín Berrocal, Sacristán Mayor de la Real Capilla; don Francisco Álvarez, Rector de los Naturales y D. Julio Camargo, Coadjutor de los Dolores, vinieron expresamente desde las Cortes con el fin de acompañar al difunto hasta su última morada, testimoniando así el afecto que le tuvieron en vida.

Al funeral asistieron millares de personas de todas las clases sociales, recordando a los señores D. Eduardo Taylet, D. Aureliano y D. Pedro de Orbe, D. Jesús Cano, D. Antonio Benítez, D. Manuel Bisier, José María Sánchez Valdés, don Sebastián Carrión, D. José Brieba, D. Antonio Llansó, etc.

Descanse en paz el Prelado tan querido de todos sus diocesanos en su 102 aniversario de su fallecimiento.

Puente de San Pablo en hierro, mandado construir por
el Obispo Wencslao Sangüesa.
FOTO: José María Rodríguez González.

Desde los primeros momentos de su llegada al Episcopado de Cuenca, supo granjearse las simpatías, el respeto, la veneración y cariño de sus diocesanos con su bondad extraordinaria que cautivaba a cuantos a él se acercaban, y su liso y trato llano  de padre, no exento de distinción. El Ayuntamiento de Cuenca lo declaró Hijo Adoptivo de la Ciudad. El 13 de octubre de 1903 se le concedió la Gran Placa de Honor y Mérito de la Asamblea Suprema de la Cruz Roja Española y el 22 de marzo de 1907 fue nombrado por el Gobernador Caballero de la Gran Cruz de la Real y distinguida Orden de Isabel la Católica. En la legislatura de 1900 representó en el Senado a la provincia eclesiástica de Toledo.

Cuenca, 11 de febrero de 2026.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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Fuentes documentales:

-         El Mundo. Redacción y Administración Calderón de la Barca, 12-14 Cuenca. 13 de febrero de 1922. Núm 107.

-         Periódico la Razón de 13 de febrero de 1922.

lunes, 9 de febrero de 2026

Santa Escolástica (480-543). 10 de febrero. Fundadora de las Madres Benedictinas.

   Santa Escolástica nació en Nurcia (Italia), hija de nobles padres y hermana de San Benito. Según una antigua tradición, ambos eras gemelos, sin que tengamos muchas noticias acerca de su vida y de su santidad al florecer su culto a la sombra del gran fundador San Benito. Los crió a ambos su padre Eutropio en el santo temor de Dios, y ambos se decidieron por la vida monástica y religiosa: San Benito fundó su primer monasterio en el monte Casino, y junto a él levantó Escolástica su primera casa de religiosas, santificada por los consejos y visitas de San Benito.

Sabemos pocas cosas de su infancia. Tendría unos veinte años cuando Benito, después de empaparse bien de la vida y doctrina de los famosos eremitas de Oriente, San Atanasio, San Jerónimo, etc., trató de imitarles en Roma, para ello se retiró del mundanal ruido. No fue fácil la fundación y los primeros pasos, se vieron cuajados de abrojos y espinas que muchas veces procedían de sus mismos discípulos.
Santa Escolástica.

Escolástica le gustaba meditar sobe las palabras que su madre le había dejado escritas en el Testamento. En él ponía: “Debes saber hija mía, que los adornos postizos, los ricos vestidos y los collares de perlas, no valen nada delante de Dios. El mayor elogio que puede hacerse de una doncella es su modestia y piedad”. Nunca olvidó Escolástica tales consejos. Trató de llevarlos a la práctica desde su más tierna infancia. Renunció a cuantas lisonjas le ofrecía el mundo, su belleza y su alta alcurnia, y se entregó de lleno a su amado Jesucristo, a quien consagró toda su vida.

Inspirado por Dios, y ayudado por su hermana San Benito, fundó el primer convento de religiosas Benedictinas, pero un poco distante de los religiosos. A pesar de estar tan cercanos había puesto un muro voluntario de separación y tan sólo una vez al año se veían, y aun separados de ambos Monasterios, en una casita que había entre ambos. Cuenta San Gregorio esta admirable entrevista:

Por el año 543, Escolástica prevé que va a ser la última entrevista que va a tener con su hermano, con el que compartió su vida desde la niñez. Pasan todo el día hablando de cosas espirituales. Al atardecer, se levanta su hermano y le dice: “Adiós, hermana. Hasta el año que viene”. Escolástica, volvió a pedir a su hermano que pasaran juntos aquella noche, pero no aceptando San Benito ella hizo una breve oración a Dios pidiéndole esta gracia y al instante sobrevino una gran tempestad de truenos, relámpagos y agua que impidió al abad dejar la compañía de su hermana. Tres días después Santa Escolástica entregó su alma a Dios, estando presente su hermano que puesto en oración la vió subir al Cielo en forma y figura de blanca paloma. Su dichoso tránsito fue el día 10 de febrero de año 543.

Publicado en Cuenca 10 de febrero de 2020. Actualizado 10 de febrero de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

domingo, 8 de febrero de 2026

Santa Apolonia. Patrona de los odontólogos. 9 de febrero.

    Dice de ella el Santoral Cristiano del Padre Juan Croisser, que era una venerable doncella por el delicado y constante ejercicio de una sólida virtud. Algunos dicen, que fue de ilustre nacimiento, y que desde sus más tiernos años había sido criada en la religión cristiana. Lo que todos contestan es, que era toda veneración  y el ejemplo de los cristianos de Alejandría, que vivía en sumo retiro, en un continuo ayuno, en oración perpetua, y en la más exacta práctica de todas las virtudes.  

Fue y es una santa muy popular porque se la invoca contra el dolor de muelas debido a que sus torturadores le golpearon en el rostro hasta arrancarle todos los dientes. Se la suele representar con unas tenazas en la mano como las que se utilizaban en la antigüedad para las extracciones.
Santa Apolonia.

Era de Alejandría, diaconisa (mujeres que en la primitiva Iglesia se ocupaban del cuidado de los pobres), ya de avanzada edad a comienzos del siglo III, según la Leyenda Aurea, Santa Apolonia era: “virgen venerable a la que adornaban las flores de la castidad, la austeridad y la limpieza de corazón”.

En un tumulto contra los cristianos quisieron persuadirla de que sacrificarse a los dioses, ante su firme negativa la desdentaron a golpes y luego encendieron una hoguera amenazandola con quemarla viva si no apostataba.

El final es un poco turbador porque Apolonia, después de abismarse en una corta plegaria, se arrojó ella misma al fuego y en él murió. Quedaron atónitos los gentiles, mirándose los unos a los otros, como embargada la voz, y llenos de suspense, sin atreverse a creer lo mismo que veían, porque no acertaban a comprender como era posible que una doncella tuviese ese valor, y se diese más prisa a ofrecerse a Dios en sacrificio siendo consumida por las llamas, que ansias tenían ellos de verla cuanto antes reducida a cenizas.

Los cristianos se aplicaron con el mayor cuidado a recoger lo que pudieron del sagrado cuerpo, con especialidad los dientes esparcidos por el suelo, que como preciosas reliquias, fueron distribuidos por varias iglesias de la cristiandad.
   Los continuos favores que cada día experimentan los que recurren a la intercesión de Santa Apolonia acreditan el gran poder que nuestra Santa tiene con Dios, y la bondad con que atiende a los que implorar su protección.

En nuestra Catedral conquense se dispone de una imagen de Santa Apolonia, situada en el lado izquierdo del Altar de la Virgen del Alba. Esta imagen es obra de José Martín de Aldehuela, que dejó en ella la impronta de su sensibilidad y de su buen gusto.
Santa Apolonia. Obra de José Martín de Aldehuela.
Siglo XVIII - Catedral de Cuenca.
    En los Breviarios más antiguo de las iglesias, se hallan oraciones particulares para pedir a Dios por la intersección de Santa Apolonia, que nos libre de varias enfermedades corporales y singularmente de los males de dientes, como se ve por esta oración que se lee en el Breviario de la iglesia de Colonia:

O Dios, por cuyo amor la bienaventurada virgen, y mártir Santa Apolonia sufrió con tanta constancia, que le arrancasen todos los dientes; te suplicamos nos concedas, que todos aquellos que implorasen su intersección, sean libres de males de dientes, y de cabeza; y después de las miserias de este destierro, les otorguéis la gracia de que arriben a los gozos eternos de la patria celestial. Por nuestro Señor Jesucristo, Hijo vuestro, que siendo Dios, vive y reina con vos en unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén”.

Publicado en Cuenca, 9 de febrero de 2021. Actualizado el 9 de febrero de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.




sábado, 7 de febrero de 2026

San Juan de Mata. Festividad del 8 de febrero.

San Juan de Mata (1160-1213).

 Es un santo Provenzal, nacido en el condado de Niza y en parte se le debe que hoy disfrutemos del Quijote, pues un miembro de su Orden rescató del cautiverio a Miguel de Cervantes.

Este santo es el fundador de la Comunidad de la Santísima Trinidad, o Padres Trinitarios.  El decía que las dos actividades que más le agradaban eran la oración y el dedicarse a ayudar a los pobres. Con frecuencia se retiraba a una ermita alejada del pueblo y allí pasaba varios días dedicado a la meditación.
San Juan de Mata

Después de haber estudiado en Niza el bachillerato, su padre lo envió a París donde se doctoró y fue ordenado sacerdote. En su crónica se dice que durante la primera celebración, durante la Misa tuvo una visión, unos pobres cristianos prisioneros de los árabes, con peligro de renunciar a su religión, observó como un religioso vestido de blanco con una cruz roja y azul en el pecho los libraba y los salvaba de perder la fe. Esto le llevó a sentir que debería fundar una comunidad para la liberación de cristianos.

Con esta historia fue a consultar a San Félix de Valois, y le narró la idea, a San Félix le pareció muy buena idea y los dos partieron para Roma a conseguir el permiso del Papa.

Tras varios días de oración obtuvieron el permiso del Papa Inocencio III, aunque no era muy partidario de ello. Juan fue consagrado obispo y a los religiosos se les concedió un hábito blanco con una cruz roja y azul en el pecho. El Superior General de la Comunidad fue nombrado Juan de Mata.

Con la autorización del rey de Francia, Felipe Augusto y con fondos que el mismo rey les proporcionó, hizo varios viajes a África a libertar cautivos. En el año 1201 Juan de Mata y sus religiosos lograron rescatar en Marruecos a 186 prisioneros. Al año siguiente en Túnez rescataron 110. Por cada uno había de pagar una suma de dinero y los Padres Trinitarios iban de ciudad en ciudad pidiendo para conseguir el dinero con que pagar el rescate de los pobres esclavos.

Cuenta sus crónicas que volviendo de África con 120 rescatados, un grupo de piratas musulmanes asaltaron el barco, destruyendo el timón y rasgando las velas. Todos creyeron que iban a morir pero el santo hizo unas nuevas velas uniendo los mantos de todos ellos y se puso a rezar y así sin timón pero llenos de confianza en Dios y colocándose en la proa del barco con un crucifijo en las manos logró desembarcar sanos y salvos en Ostia (Italia).
El milagro del regreso de San Juan de Mata.

Un religioso de su comunidad, llamado Padre Juan Gil, rescató en 1580 a Miguel de Cervantes, autor del Quijote, que estaba prisionero de los musulmanes desde 1575.

Los últimos años de su vida los pasó en Roma, dedicado a la predicación y a conseguir ayudas para los pobres. Murió santamente el año 1213. En 1666 el Papa Alejandro VII autorizó el culto a San Juan de Mata.

Publicado en Cuenca. 8 de febrero de 2020. Actualizado el 8 de febrero de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.


viernes, 6 de febrero de 2026

Festividad del 7 de febrero. Teodoro el Capitán.

Teodoro el Capitán o Teodoro de Heraclea, mártir (c.a.319)
   Este es uno de los santos marciales que hay en Oriente, como Demetrio y Jorge, muy populares en Grecia, y a quien aún puede verse en la Catedral de Chartres con todas sus armas. Es uno de los mártires provenientes del mundo de la milicia. Fue capitán de soldados. Hizo honor a su nombre cuyo significado es “Adorador de Dios”, con el testimonio de su sangre derramada. Ejerce el mando en tiempos del emperador Licio. Murió mártir en Herencia, por el año 319, defendiendo la fe y sabiendo anteponer a su lealtad de soldado la preeminencia de obediencia a Dios.

Cuenta su leyenda que pasaba su vida librando las tierras de alimañas, monstruos y dragones. Donde se resalta su condición de hombre de fe es en una de los desplazamientos que hacía el emperador visitando el imperio, revisando las fuerzas militares y comprobando el estado de las posiciones. En esta ocasión lleva consigo todas las imágenes idolátricas de los dioses romanos. Teodoro pidió a Licinio que le dejase los ídolos con objeto de perfumarlos en su casa, para que inspirasen más veneración cuando fuesen a dorarlos en público. Una vez en su poder los hizo pedazos, trozos que repartió entre los pobres al estar hechas éstas de oro y plata. Licinio montó en cólera.

Esta acción le valió el martirio por degüello precedido de incontables tormentos que están relatados en las actas martiriales tardías. Sí se habla de sus muchas heridas sanadas por ángeles y de conversiones multitudinarias de testigos presenciales al comprobar su firmeza hasta el último momento de su muerte, ocurrida el 7 de febrero del año 319.

Teodoro parece reunir astucia y heroísmo, fe y sentido práctico, con unas gotas de humor que le darán en el Cielo una sonrisa de mártir socarrón. No deja su acción de animar nuestra existencia, posiblemente su biógrafo quiso personificar en él que la fe no está reñida con el sentido práctico y que la valentía profesional debe acompañar a la fortaleza que da la entrega a Dios.

Publicado en Cuenca, 7 de febrero de 2020 y el 7 de febrero de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

jueves, 5 de febrero de 2026

Efemérides conquenses del día 6 de febrero. Procesión de rogativas con la Virgen del Sagrario.

     Pensamos que los trastornos del tiempo son de la edad moderna, de nuestra época, donde se desboca y lo mismo hace una temperatura gélida que te asas de calor al día siguiente. Lo que hoy traigo es un hecho que sucedió por los inicios del siglo XVII, del que estoy comenzando a buscar sucesos y hechos que acaecieron.

Cuentan las crónicas que habiéndose negado a llover en Cuenca, pues hacía cuatro meses que no caía ni una gota, los hortelanos y la gente del campo habían dejado de sembrar en todo el obispado. Ello podría repercutir en una hambruna en los meses de invierno próximos.

Se formó una comisión entre la gente del campo que decidieron ir a visitar al obispo D. Andrés Pacheco, que el 9 de diciembre de 1602 había tomado posesión de la Mitra de San Julián. Esta comisión iba encabezada por el cura párroco de Albalate de las Nogueras, D. Andrés.

El día 5 de febrero de 1605 los recibió el obispo D. Andrés Pacheco, hombre amante de la exactitud y de gran cordialidad y que dedicó sus rentas a socorrer a los pobres y necesitados de la diócesis. Recibiéndolos en audiencia los escucho amablemente:

Tomando la palabra el cura de Albalate le dijo: "Excmo. Sr. nuestros campos se mueren de sed por falta de lluvia y no se pueden preparar las tierras para su cultivo y se prevé lo peor para pasar el próximo invierno, si no tenemos grano ni paja con la que satisfacer el hambre de nuestra gente y de los animales. Hemos pensado que tal vez pudiéramos sacar en procesión a nuestro santo Patrón para que remedie este mal".

D. Andrés Pacheco había oído hablar de la conquista de Cuenca por el rey Alfonso VIII y de la Virgen de las Batallas, sólo llevaba en su puesto casi tres años, y era normal que muchas de las cosas de esta población aún eran para él desconocidas. El mover la urna de San Julián suponía reunir al Cabildo, el poner de acuerdo a los poseedores de las tres llaves y eso suponía la demora de algunas semanas y el tiempo apremiaba, no podía demorarse más esa situación.

–Déjenme pensar y nos reunimos de nuevo dentro de algunas horas, les avisaré con el toque de campana del Giraldo, dijo el Obispo.

La gente  salió algo deprimida y hablando entre ellos de la mala fortuna que se les venía encima si no se hacía algo. El pueblo creyente estaba con sus santos y con una alta fe en que sólo el Altísimo podría enderezar aquella situación. Los manantiales ya empezaban a escasear en agua, incluso algunos se habían secado.

Eran las doce de la mañana cuando el campanero comenzó a tocar a reunión, la comisión se apresuró a volver al Palacio Episcopal donde D. Andrés Pacheco les esperaba con una sonrisa de buen augurio.

Virgen del Sagrario. Catedral de Cuenca.

-Queridos feligreses, me he puesto en oración delante del Sagrario, junto a la Virgen que Alfonso VIII nos donó y he obtenido respuesta. Si la Virgen ganó Cuenca para la cristiandad ¿Cómo nos va a dejar morir de hambre en el invierno por falta de cosecha? Esta tarde se montará en andas y comunicaremos a toda la ciudad y los pueblos cercanos, para que puedan asistir a la procesión general de rogativas de la Virgen, saldrá desde la Catedral hasta los campos de San Francisco y la Tórdiga si es necesario.

Todos salieron contentos y se corrió la voz por las aldeas cercanas y las catorce parroquias que constituían la ciudad de Cuenca.

A las cinco de la tarde del día 6 de febrero de 1605, la procesión salió de la Catedral con la comitiva de los representantes del pueblo y las autoridades civiles y eclesiásticas, con el Señor Pacheco presidiéndola. Se rezaba el santo rosario mientras se desfilaba por las estrechas calles, recorriendo las parroquias en descenso hacía los campos de San Francisco, al llegar a la altura de la parroquia de San Vicente el cielo comenzó a cubrirse de una densa nube negra que no sabían de donde había salido, pues al salir de la Catedral el cielo estaba despejado.

Las nubes dejaron caer su preciado líquido con benevolencia al principio, la procesión discurría hacia la puerta de Valencia y desplazándose con cierta premura lograron llegar al convento de los Franciscanos donde se refugiaron todos los participantes con la imagen de la Virgen entre sus muros, pues el agua que caída era muy abundante.

La gente comenzó a lanzar vivas: ¡Viva la Virgen del Sagrario!  ¡Viva la Virgen del Sagrario! ¡Viva la Virgen del Sagrario!  Así estuvo lloviendo tres días, los manantiales volvieron a dar sus aguas a las gentes de la ciudad y los campos pudieron ararse y sembrarse dando la mejor cosecha que hubo en varios años.

"La confianza y la Fe mueve montrañas, no hay duda". ¡Viva la Virgen del Sagrario!

Publicado en Cuenca, 6 de febrero de 2021 y actualizado el 6 de febrero de 2025.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.