lunes, 8 de junio de 2026

San Primo y san Feliciano. Festividad que celebramos el 9 de junio.

    Estos dos santos, probablemente hermanos carnales, padecieron en la persecución de Diocleciano, en la Vía Nomentana. Allí fueron enterrados en un principio hasta que le papa Teodoro (642-649) los trasladó al interior de Roma, en la basílica de San Esteban, donde los colocó en un altar adornado con mosaicos. El recuerdo de esta traslación se conserva en dos inscripciones latinas.
Martirio de san Primo y san Feliciano.

“Ves el techo dorado que se eleva al cielo y sobre el cual se reflejan los rayos del sol. Queriendo la Divina Bondad decorar el techo del sacro lugar, movió el corazón del supremo Pastor Teodoro, para que con sumo cuidado preparase esta tumba al cuerpo de los Santos, sin descuidar la primera de momento”.

Primo y Feliciano fueron los primeros mártires que hicieron su ingreso en la Ciudad Eterna desde los cementerios de extramuros.

Estos datos son enteramente históricos. Sobre las circunstancias de su martirio no es posible tanta certeza. Se dice que por espacio de treinta años se dedicaron a la práctica de la caridad con los cristianos más pobres y perseguidos en las cárceles.

En la persecución de Diocleciano y Maximiano fueron también ellos perseguidos y encarcelados. Se negaron rotundamente a incensar a los dioses paganos, porque el único Dios era el de los cristianos. Fueron entonces apresados en un pestilente calabozo, donde se dice que recibieron la visita de un ángel que rompió sus cadenas. Este milagro hizo que se convirtieran muchos gentiles.

Las autoridades siguieron rebeldes y mandatarlos y desollarlos vivos. Los dos Santos viejos resistieron con firmeza de jóvenes aquel tormento, son mostrar la menos debilidad. Los trasladaron a Nomento, donde el gobernador  Promoto hizo cuanto pudo por reducirlos a su obediencia. Fueron nuevamente azotados y separados mutuamente para que no se animase el uno al otro. A Feliciano lo clavaron en un madero en su propio calabozo. A Primo le quisieron hacer creer que Feliciano había apostatado. Pero Dios le reveló la constancia de su hermano y los consuelos que recibía del cielo en la Cruz.
San Primo y Feliciano echados a los leones.

Al fin, para abreviar, los arrojaron a los dos a los leones que se tornaron mansos como corderos. La vida de aquellos cuerpos ya gastados era tan dura y fuerte como su fe en Cristo. Sólo la espada pudo acabar con ellas. Sus cuerpos quedaron en el campo para que fuesen devorados por las fieras. Los fieles de Nomento les dieron decorosa sepultura allí mismo hasta que el papa Teodoro los trasladó a la iglesia de San Esteban.

Publicado en Cuenca, 9 de junio de 2020 y el 9 de junio de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:
-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.
-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.
-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.




domingo, 7 de junio de 2026

San Medardo, obispo (456-545). Festividad del 8 de junio.

    Fue S. Medardo uno de los más ilustres prelados que florecieron en Francia en el sexto siglo: nació en Salency de Vermandois por los años de 457, siendo su padre Nectardo, un caballero francés muy calificado y de los más distinguidos en la corte; y su madre, Protagia, descendiente de una de aquellas antiguas familias romanas que se habían connaturalizado en Francia, tan rica, que trajo en dote a su marido la tierra de Salecy, Criaron con el mayor desvelo al niño Medardo, hasta que tuvo edad proporcionada para que le enviasen a estudiar a Vermand, capital de la provincia.

Este santo fue muy popular en la Francia de la Edad Media, y al cual los campesinos invocaban para pedir la lluvia y el buen tiempo. Su tumba en la abadía de Soissons era objeto de gran veneración y de él se contaban divertidas anécdotas, bondadosos prodigios de su caridad.

Vacas robdas cuya esquila no dejaba de sonar, como la voz de la conciencia, hasta que le ladrón devolvía el animal al santo, o merodeadores que una vez en el huerto durante toda una noche no acertaban con la puerta para salir, hasta que san Medardo al despertarse se la indicaba, haciéndoles comprender que todo pecado ciega.

Si hay que atender a la Historia, no es mucho lo que sabemos de él; que estudió en las escuelas monásticas de Vermand y Tournai, que fue ordenado sacerdote por el obispo de Vermand, a quien sucedería años después.

Vermand, junto al Saint Quentin o San Quintín que recuerda la gran victoria de Felipe II, parece que fue destruida por los hunos y los vándalos, y que entonces el santo trasladó su sede a Noyon, por ser ciudad fortificada.

Tuvo también sus conflictos con los intemperantes reyes francos, como Clotario I, quien no obstante sentía por él un gran respeto, pero más que un obispo duro y batallador parece que tuvo una aureola de bondad entre gentes todavía paganas y muy dadas a la violencia, que se ganó justa fama y muy caritativo, y que era hombre para quien Dios hacía pequeños milagros pedagógicos y convincentes.

La iconografía lo representa con un águila sobre su cabeza y es que su leyenda cuenta que cuando era niño, estando en el bosque se sorprendió una gran tormenta y una gigantesca águila voló sobre su cabeza protegiéndolo, con sus extensas alas de la lluvia incesante.

Es patrón de los camareros, de los leñadores, de los agricultores y de los titiriteros.

Publicado en Cuenca, 8 de junio de 2020 y el 8 de junio de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:
-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.
-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.
-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.




sábado, 6 de junio de 2026

Pedro de Córdoba y compañeros. Festividad del 7 de junio.

   Después del martirio de san Perfecto, los cristianos cordobeses, que solían vivir en los monasterios de los alrededores de la ciudad, acuden a Córdoba como ansiosos por provocar a las autoridades, queriendo ser mártires, hasta el punto de que san Eulogio, alarmado, trata de moderar sus impulsos.

La declaración pública de su fe basta para ser condenados a muerte en la capital de Abderramán II, y así son degollados o empalados cadáveres se queman para dispersar las cenizas al viento.

Éste es el caso de Isaac, del cenobio de Tábanos, que había sido notario y conocía muy bien la lengua árabe, y de su tío paterno Jeremía, “santo anciano” que ya en la vejez renunció a sus riquezas para edificar aquel monasterio y vivir allí entregado a la contemplación y al estudio.

Y también del joven Sancho, que procedía de la ciudad de Albi, antiguo prisionero “liberto y alistado en el ejército del emir, y comensal en el palacio de éste”; del sacerdote Pedro, natural de Écija, que vivía en el monasterio de Cuteclar, del diácono Walabonso, que era de Peñaflor, del monje Sabiniano, del “noble ciudadano” Habencio…

San Eulogio nos da escueta noticias de todos ellos para que sus nombres no se pierdan, y hoy, más de un milenio después, podamos recordar su pasión terrible y afirmativa, de quienes llaman con violencia a las puertas de la muerte gritando la verdad que los hará inmortales.

Publicado en Cuenca, 7 de junio de 2020 y 7 de junio de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:

-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.

-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.

-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.

viernes, 5 de junio de 2026

San Norberto (1080-1134). Festividad del día 6 de junio.

   Nació san Norberto en Xanten, Renania (márgenes del río Rhin en Alemania), perteneciente al ducado de Claves, el año 1080, de ilustre familia, emparentada con los emperadores de Alemania. Su padre tenía un castillo con tierras y vasallos y le dio una educación esmerada.
Este santo alemán recorrió descalzo el norte de Francia sin una moneda en su bolsa, predicando, confundiendo a los herejes y clamando contra la simonía, no es bien recibido en todas partes, se le echa de aquí y de allá, se le insulta y a menudo es golpeado, hasta se le amenaza de muerte en su tierra natal, al otro lado del Rhin, de donde tuvo que irse.
Muchos conocen su historia, que era la de un capellán de familia noble, sobrino del arzobispo de Colonia, culto, brillante y mundano, más elegante que nadie en sus vestiduras, más hábil que nadie en el manejo de la palabra y en la poesía que cautiva a las damas de la ciudad.
Dicen que cierto día un rayo cayó a los pies de su caballo y le derribó cayendo al polvo del camino, y que desde entonces no parece el mismo. Que renunció a prebendas y repartió sus riquezas, aunque sin conseguir que se olvidara su vida anterior y que dejasen de oféndele los que le conocieron antes de esta metamorfosis.
Ahora reúne a unos discípulos y en su valle desierto cerca de Soissons funda un monasterio que será el origen de la orden premonstratense: bajo la regla de san Agustín y con hábito blanco, mitad monjes. Mitad clérigos, los canónigos regulares de san Norberto misionan por toda Europa.
El fundador fue elegido por aclamación y contra su voluntad arzobispo de Magdeburgo, un prelado descalzo y harapiento al que más de una vez quisieron asesinar por no ser blando y transigente, como había empezado por no querer serlo consigo mismo.
A los doce años de pontificado su cuerpo estaba agotado. Estuvo en cama cuatro meses y murió al cabo de ellos el 6 de junio de 1134. Lloraba por su juventud lejana –tenía cincuenta y cuatro años- perdida en las amargas alegrías del mundo, pero se consolaba con el fervor de los discípulos que dejaba en pos de sí, llenos de entusiasmo por la penitencia y el apostolado.

Publicado en Cuenca, 6 de junio de 2020. Actualizado el 6 de junio de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.
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FUENTES CONSULTADAS:
-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.
-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.
-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.

jueves, 4 de junio de 2026

San Bonifacio. Festividad del 5 de junio.

    Nació en el año 675 en el reino de Wesse (Inglaterra) y su nombre de pila fue Winfrido. Desde los siete años creció en el monasterio de Nutscell. A los veinte años era ya un maestro famoso, que los abades se disputaban para dar a sus monjes la enseñanza religiosa y profana.

A los cuarenta quieren hacerle abad, pero él sueña con el apostolado misionero. Sabe que en el centro y norte de Europa hay muchos pueblos bárbaros que no conocen a Cristo y quieren llevarles la luz de la fe.

Su actividad como misionero en el continente europeo se divide en tres períodos. En el primer período (716-722) llega a Frisia lleno de entusiasmo, pero en la hora menos favorable. Sus trabajos resultan casi estériles por la guerra entre Ratbodo y Carlos Martel. Pasa a Roma para recibir la misión del Papa; va luego a Turingia y a la provincia de Rhin, predica en Hesse y se convence que para el buen suceso de sus trabajos necesita la dignidad episcopal y el auxilio de los reyes francos.

El segundo período (722-738) se caracteriza por sus triunfos y misiones felices. A fines del año 723 está de nuevo en Roma, invitado por el Papa Gregorio II, que lo consagra obispo de todas las tierras del norte y le cambia el nombre de Winfrido por el de Bonifacio. Provisto de cartas de recomendación y de una colección de cánones vuelve a predicar con mejores resultados en Hesse, donde muchos abjuran sus errores.
San Bonifacio y la encina.

Había aquí un árbol gigantesco que los paganos llamaban la encina de Thor y se hallaba en medio del campo de Geismar. Era objeto de un culto supersticioso y secular. Bonifacio había decidido derribarlo. Una multitud de paganos estaban dispuestos a matar al misionero si esto sucedía. El Santo apareció entre ellos sin la menor muestra de temor; se dirigió hacia el árbol sagrado, y a los primeros golpes se desencadeno un vendaval que arrojó la encina por tierra. La muchedumbre se convenció de la vanidad de sus errores y de la verdad de la religión de Bonifacio y en masa pedían el bautismo.

Extendió luego sus trabajos a Turingia ayudado por muchos monjes anglosajones que acudían constantemente a su llamamiento. Se fundaron monasterios como los de Fritzlas y Fulda, iglesia, obispados.

El Papa Gregorio III nombró a san Bonifacio arzobispo. De Inglaterra le llegaban refuerzos constantes de sacerdotes y predicadores, ornamentos, campanas, libros sobre todo. La abadesa Eadburga estaba encargada de transcribir las epístolas de san Pablo con letra de oro “a fin de honrar las Santas Escrituras ante los ojos carnales de los paganos”.

El tercer período (738-754) es el de la organización. El 738 estuvo nuevamente en Roma. Nombrado vicario apostólico de Alemania, se consagró a la organización de aquella joven Iglesia, dividiendo las diócesis, formando las provincias eclesiásticas, celebrando sínodos, dando leyes y dictando órdenes. Sobre todo se esforzó por establecer una unión muy estrecha de las Iglesias alemanas en Roma. En el año 748 considera terminada su misión y se establece en Maguncia: pero inclinado a las misiones, volvió a Frisia, donde había derramado los primeros sudores. En el año 755, enfermo y achacoso, se embarcó hasta Utrech, donde convirtió muchos miles de hombres y mujeres. El 5 de junio debían recibir la imposición de las manos. Todo estaba preparado para la Misa Pontifical. En vez de los neófitos, llegaron guerreros dispuestos a acabar con el Apóstol. Se arrojaron sobre él y lo mataron. Su cuerpo fue recogido por los cristianos y llevado a Maguncia. Junto a él y teñida con su sangre, se encontró una copia del libro de san Ambrosio sobre las ventajas de la muerte.

Antes de partir para esta última misión había dicho a sus discípulos: “Yo me voy porque el día de mi tránsito está cercano. Deseo ansiosamente esta partida y nada puede apartarme de ella. Así, pues, preparad todas las cosas y en el cofre de los libros colocad el lienzo en que habéis de envolver mi cuerpo”.

Fue enterrado, cumpliendo su voluntad, en el monasterio de Fulda. San Bonifacio es un apóstol completo; no le faltó ni el heroísmo del mártir, ni la intrepidez del misionero, ni la grandeza de los milagros y de la palabra, ni la bella aureola de la gracia y de la bondad que supo plegarse a su época para dominarla y hacerla cristiana. Su oficio lo extendió el Papa Pío IX a toda la Iglesia.

Publicado en Cuenca, 5 de junio de 2020 y el 5 de junio de 2026.
Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico

miércoles, 3 de junio de 2026

Corpus Chisti, 4 de junio, el misterio del día.

     Celebramos en este día una de las festividades más conmovedoras y populares del culto católico.

Fue instituida esta fiesta en el siglo XIII, aunque es tan antigua como la Iglesia, el mismo Jesucristo instituyó la fiesta del Santísimo Sacramento la tarde de la última Cena, vísperas de su muerte. Los cristianos no han dejado de solemnizar el aniversario de este magno acontecimiento el día de Jueves Santo.

A principios del siglo XIII, el monasterio de Monte Cornillón, cerca de Lieja, tenía de priora a una santa monja llamada Juliana. Ella fue el instrumento de que se valió el Señor para la institución de la fiesta que celebramos hoy. La virtud que caracterizada a esta monja era un amor extraordinario al Santísimo Sacramento. De tal manera que encendía su corazón en santos ardores durante el augusto sacrificio, que quedaba como arrobada en éxtasis cada vez que a él asistía; cada comunión era para ella manantial de nuevas gracias y consuelos. A la edad de 16 años tuvo varias veces una visión muy singular. Parecía ver la luna llena que brillaba esplendorosamente, pero tenía un ligero entrante en su circunferencia.

Esta rara visión se le presentaba a cada momento, en el sueño como en la oración. Dos años estuvo luchando para rechazarla, pero en balde; temió incluso que fuera una tentación del demonio, y suplicó al Señor con fervientes oraciones que la librase de ella.

Finalmente, el Señor le descubrió el significado de aquel enigma; cierto día que rezaba Juliana con angelical devoción, oyó una voz interior que le dijo: “Juliana, la luna que ves representa a la Iglesia, y el entrante señalado en el disco significa que falta una solemnidad en el ciclo litúrgico, la del Santísimo Sacramento”.

“Quiero –añadió el Señor- que se establezca una fiesta especial para honrar el Sacramento de mi cuerpo y de mi Sangre. A ti te elijo para que des a conocer la necesidad de esta fiesta y para que tú te ocupes de ella la primera”.

Señor –respondió la monja-, yo, la ínfima  de vuestras criaturas, nada podré para llevar adelante esta magna empresa. Señor mío, pedir esta ayuda a varones santos y letrados, y quitadme de encima esta preocupación.

-Tú darás comienzo a esta obra -repuso el Señor- y otras personas sencillas y humildes la llevarán adelante.

Puestas las autoridades eclesiásticas al tanto de las revelaciones, entre ellos Santiago Pantaleón, más tarde Papa con el nombre de Urbano IV, habiendo orado y estudiado con detenimiento el asunto, juzgaron el celebrar la festividad del Santísimo Sacramento con mayor pompa que hasta ese momento.

En el año 1246, Roberto de Torote, obispo de Lieja, mandó que en su diócesis se celebrase una fiesta del Santísimo Sacramento el jueves siguiente a la octava de Pentecostés.


Publicado en Cuenca, 3  de junio de 2020. y el 4 de junio de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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Fuentes consultadas:
Festividades del año Litúrgico. Dr. Vicente Tena. Huesca. 1945.


San Francisco Caracciolo. Festividad del 4 de junio.

    El nombre de pila de san Francisco era el de Ascanio y pertenecía a la nobleza napolitana. Nació el 13 de octubre de 1563 en Santa María, pueblecito de los Abruzzos. A los veinte años Dios le hirió como al santo Job, con una lepra terrible, segando en flor todas las ilusiones y esperanzas terrenas.

La lepra desapareció y dejó el bien que Dios pretendía con aquel flagelo temporal. El alma de Ascanio quedó más limpia que su cuerpo, con la limpieza que da la luz del Espíritu Santo en las almas de que toma plena posesión. Todos los valores terrenos, sus riquezas, alegrías y contentos, quedaron como cubiertos con el manto de la oscuridad y tinieblas de la noche. Había anochecido, o mejor, había amanecido el día grande y real de la eternidad, de lo que tiene valor absoluto y definitivo. Estaba resuelto a consagrarse plenamente a Dios y a su alma.

El problema era averiguar el camino concreto por donde debía marchar, conforme a los planes de Dios. El trato con dos amigos suyos, de los mismos sentimientos e ideales, le dio la luz ansiada. Conversando y orando, resolviendo fundar la Orden de los Clérigos Regulares Menores. El 9 de abril hicieron su profesión solemne, y Ascanio, que entonces tenía 26 años, se llamó desde ese día Francisco.

El fundador de los Clérigos Regulares Menores pertenece a la constelación de las almas escogidas, que Dios llama desde la juventud para Sí, sin que el hálito del mundo y del pecado llegue a manchar su pureza y su candor.

Su primer plan para extender la nueva Orden fue pasar a España. Hubieron de desistir, cuando supieron que no se podía fundar en ella nuevas comunidades religiosas.

Confirmada la nueva Orden por el Papa Gregorio XIV, se celebró el primer Capítulo el año 1593 y Francisco fue elegido general. Tenía entonces treinta años.

No había desistido de su idea de fundar en España. Pudo hablar con Felipe II en el Escorial y logró facultad para abrir una casa en Madrid. Las calumnias y persecuciones que acompañan siempre a las obras de Dios le obligaron a abandonar nuestro suelo.

La prueba duró cerca de dos años. Al fin volvió a España con el apoyo del Pontífice y pudo fundar en Valladolid y Alcalá de Henares.

Vuelto a Nápoles y deseoso de más oración y paz, renunció a su cargo de superior general; se retiró en una celda que él mismo se construyó en el hueco de una escalera de su convento de Santa María la Mayor, y allí estuvo hasta los últimos días de su vida.

Los padres del Instituto de san Felipe Neri querían conocer las Reglas de los Clérigos Menores y deseaban hablar con Francisco. El Santo salió de su recogimiento. Cuando llegó a Auñón, exclamó: he aquí el lugar de mi descanso. Efectivamente, allí murió a los pocos días, el 4 de junio del año 1608. No había cumplido aún los cuarenta y cinco años de edad. Pero murió cargado de méritos y como un Santo. Fue canonizado el año 1807 por el Papa Pío VII, el cual introdujo su fiesta en el Misal Romano.

Publicado en Cuenca, 4 de junio de 2020 y el 4 de junio de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:

-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.

-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.

-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.