domingo, 18 de octubre de 2026

El Obispo don Gaspar de Quiroga y la Claustra de la Catedral de Cuenca.

 Mi contribución al día de la Catedral.

    Los otoños es un tiempo donde la dormición es palpable en la naturaleza y el género humano no es ajena a ella, es en este período donde más defunciones hay, no fue ajeno a ello el obispo Quiroga pues falleció el 20 de octubre de 1594 a los 82 años de edad y su cadáver reposa en el convento de religiosas agustinas de su villa natal, Madrigal.

Fue un hombre muy cercano a la Casa Real de la época, Felipe II le nombró consejero de Castilla y de la Santa Inquisición, visitador del consejo de Cruzada y residente en Italia, y tanto le gustó de su trato y sabiduría que le llevó en su compañía a la jornada de las Alpujarras, para sosegar la rebelión de los moriscos del reino de Granada.

En 1571 le presentó para obispo de Cuenca, y el Papa S. Pío V firmó la gracia en 17 de diciembre de este mismo año. Tomó posesión en 19 de enero de 1572; le consagró en la Iglesia de Santa María de Madrid D. Diego de Espinosa, obispo de Sigüenza e inquisidor general. Entró en esta ciudad el 16 de julio y en el año siguiente de 1573 fue presentado para inquisidor general y recibiendo las bulas tomó posesión en mayo del mismo año.

En esta diócesis dejó un  buen sabor de boca, tomando por modelo a su glorioso predecesor San Julián, reformó completamente este obispado. Era templado en la comida y no bebía vino, siempre que se sentaba a la mesa le leían un capítulo de las Sagradas Escrituras. Con los pobres fue sumamente generoso, hubo día que les distribuyó dos mil ducados a los más necesitados de la diócesis.

Podría estar hablando de la caridad de este hombre durante varias páginas pero me centraré en la construcción de la claustra y el patio de nuestra Catedral, situado al lado norte. “Es de orden dórico, con columnas resaltadas dos tercios de su diámetro y cinco arcos espaciosos en cada uno de sus cuatro lados. Cada uno de estos es de cuarenta varas de longitud, cinco y cuarta de latitud y diez de altura” (Así lo describe Trifón  Muñoz y Soliva, canónigo de la Catedral de Cuenca). Su material es piedra de color pardo oscuro, pero tan frágil que con la humedad se cuartea y pulveriza. La arquitectura es del mayor gusto de la época de la restauración de las artes y es triste que con los bloqueos de cal o yeso se le haya quitado, como también  a la catedral, aquella importancia majestad que  adquiere con los siglos la piedra diestramente cortada. El pavimento está completamente destrozado, desde que en esta claustra se labraron los jaspes para los para la capilla Mayor y el Transparente.

La claustra de la Catedral de Cuenca

En patio, es donde campean las principales bellezas arquitectónicas de la claustra, es un cuadrilongo de veintisiete varas de longitud y de veintiséis de anchura. En su centro hay una fuente compuesta de pilastra, taza y remate y de un pilón polígono irregular, cubierto con un emparrado y jazmines. Cuatro jóvenes y hermosos cipreses están a sus lados con simetría y lo demás del patio lo ocupan varios cuadros con diversidad de flores, principalmente en primavera y otoño. A unas dos varas de los lienzos corre un seto de boj, lilas, rosales e higueras, bajo el emparrado, todo el conunto hace un sitio delicioso (Nada de estas plantas se conservan en nuestros días).

Vista de la claustra de la Catedral de Cuenca

De la identidad del realizador de la claustra no está muy claro, lo más acertado es decir que fue un “Vandelvira” (y me pregunto yo ¿el nombre de Vandelvira es un error de escritura? ya que en el libro de cuentas de fábrica de la catedral de 1564 afirma habérsele pagado a: " “Vandelvira”, doce ducados por el viaje a Cuenca para hacer la traza de la claustra", pero en el libro no especifica el nombre así que pidiera ser: Pedro de Valdelvira, maestro de la catedral de Jaén  o cualquiera de sus hijos: Francisco, Cristóbal o Andrés. por lo que no queda claro. Pero lo que sí está claro es que en el libro de cuentas de fábrica que la traza fue remitida al Escorial para su aprobación y que la ejecución de la obra se subastó en presencia del Ilmo. Sr. obispo Quirog el 23 de abril de 1577 y se remató con varias condiciones de Juan Andrea Rodi con el precio de 13.700 ducados.

No termina aquí la cosa de la obra. Con Juan Andrea Rodi hubo desavenencias en 1583, que le parecía haberse equivocado en la valoración de la obra pidiendo un aumento de presupuesto y la obra se le pasó a Juan Martínez del Barrio. Al final, ni con Rodi ni con Barrio, la claustra la concluyeron los facultativos Pedro de Aguirre y Pedro de Abril.

Así acabó esta historia que luego se retomaría en el siglo XVIII para cerrar los arcos por las bajas temperaturas que se sufrieron en esta ciudad.

Cuenca, 22 de octubre de 2022 y el 21 de octubre de 2026.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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Fuente documental:

-Episcopologio conquense 1858-1997. Trifon Muñoz y Soliva.

Martirologio del 21 de octubre. Entre otros santos celebramos a San Hilarión y santa Úrsula.

    San Hilarión era natural de Thabtaha de Palestina, hijo de padres idólatras, y nació de ellos como las rosas de las espinas. Le enviaron a Alejandría para que allí estudiase, lo que hizo con tanto cuidado que salió gran estudiante; y teniendo noticia de la fe de Cristo se hizo cristiano bautizándose.

San Hilarión

Un día oyendo las grandezas de san Antonio Abad, tuvo deseos Hilarión de verle y fue al lugar donde estaba, y en cuanto lo vio se encendió en él al amor a Dios con deseos de imitar a san Antonio, que luego se hizo monje, y estuvo con él dos meses aprendiendo el método de su vida para imitarlo. Pasados los dos meses se volvió a su tierra, y hallando que había muerto sus padres, vendió su patrimonio y lo repartió entre los pobres, y sus hermanos; siendo a la sazón de quince años se fue a un lugar solitario y allí comenzó la vida monástica, ejercitándose en todo género de mortificaciones y penitencias, dándose a la contemplación y lección de las Sagradas Escrituras. Cuando se hallaba tentado con pensamientos torpes, enfadaba con su cuerpo y le decía: “Yo te haré asnillo que no tires coces, matarte he de hambre y sed, para que así tengas solo cuidado de la comida y no de la lascivia”.

Fundó muchos monasterios, y el Señor le ilustró con muchos milagros y con el don de profecía. Estando a los últimos días de su vida, encontrándose en los huesos y teniendo los sentidos en orden y los ojos abiertos, comenzó hablar con su alma diciéndole: “Sal ya, alma mía, ¿qué temes? ¿Qué dudas? Setenta años casi hace que sirves al Señor, ¡y temes la muerte!” y diciendo esto espiró en el año 372.

Martirio de Santa Úrsula y compañeras

En Colonia se celebra el día de hoy el tránsito de las santas Úrsula y sus compañeras, las cuales fueron martirizadas por los Hunnos por causa de la religión cristiana, y por conservar la virginidad; la mayor parte de sus cuerpos fueron enterrados en Colonia. En Ostia celebran a San Asterio, presbítero y mártir; el cual, como se lee en la pasión de San Calixto papa, fue martirizado en tiempo del emperador Alejandro. En Nicomedia el tránsito de los santos Dasio, Zotico, Cayo y otros doce soldados, los cuales después de muchos tormentos fueron sumergidos en el mar. En Marona de Siria a Antioquía San Malco monje. En Lion San Víctor, clérigo de San Justo obispo de aquella ciudad. En Laon Santa Cilinia, madre de San Remigio, obispo de Reims.

Cuenca, 21 de octubre de 2020 y el 21 de octubre de 2026.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:

-Año Cristiano para todos los días del año. P. Croiset. Madrid. 1846.

-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.

-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.

 

Santa Úrsula. Festividad del 21 de octubre.

     De los tres santorales que utilizo para resumir la historia del santo del día, el que más me gusta, es el más antiguo, que data de 1846, escrito por el Padre Croiset.

La santa que celebramos en el día de hoy, se puede afirmar que su historia es algo disparatada para nuestro tiempo, algo difícil de asimilar como cierta pues tiene algo de fantástica que no deja de recordarnos la vistosidad efectista de las antiguas películas, tal vez por ello me he puesto a resumirla y compartirla con todos ustedes que entran en mi blog.
Santa Úrsula.
   El próximo mes quiero comenzar con efemérides conquenses acaecidas en Cuenca y provincia, espero que sean de su agrado en lo sucesivo.

Centrándome en lo que nos atañe hoy, diré que para evitar varios hechos fabulosos seguirme en mi narración sobre Santa Úrsula, lo descrito en un antiguo manuscrito del Vaticano, que dice lo siguiente:

Úrsula nació en el año 362 en la Inglaterra en que reinaba el fervor y el esplendor de la religión cristiana. Fue hija de Dionet, rey de Cornovaille, y de Daria, de sangre noble y virtuosa mujer. Úrsula de niña tenía un corazón noble y generoso, un espíritu vivo y dócil que a la edad de doce años era ya celebrada como una de las más hermosas princesas de Europa. Ella comprendió que lo más bello ornamento de una doncella cristiana era la modestia, despreciando los halagüeños atractivos de la corte, consagrándose como esposa de Jesucristo.

Máximo era el general de las tropas del emperador Graciano en gran Bretaña y se hizo programar emperador en el año 382. Cruzó la mar, desembarcó con todo su ejército en las costas de la Armórica, provincia de las Gaulas, se apoderó de toda Bretaña.

Canon, era uno de sus oficiales principales, bretón y cristiano. Se distinguió tanto en esta campaña por su valor y conducta que Máximo le hizo gobernador de la Armórica, llamada después la Bretaña menor y confiriéndole el título de duque. Estableció su residencia en la ciudad de Nantes y dejo en el país gran parte de las tropas, compuesta de bretones.

Llagando a los oídos  de Canon la noticia de la hermosura de que era poseedora Úrsula, envió una diputación al rey su padre, pidiéndola como esposa. Como gran parte de los señores, oficiales y soldados eran también solteros, a los enviados se les encargó que trajeran con ellos todas las doncellas que pudiesen para que fueran desposadas con ellos.
Santa Úrsula y las doncellas.
   El rey los recibió con honores y como conocían los méritos del duque, oyó con gusto la proposición, prometiéndoles dar como esposa a su hija. Úrsula recibió la noticia con disgusto pero no dio respuesta a ella. Por fin dio su consentimiento por la gran sumisión que profesaba a su padre. Antes de partir rezó a Jesús con esta fervorosa súplica: “Bien sabéis Vos, divino dueño mío, los más íntimos afectos de mi pobre corazón; jamás le han tentado las grandezas del mundo, ni le han deslumbrado sus aparentes brillanteces. Vos solo sois el dulce objeto de sus amorosas ansias. Dueño sois de todos los sucesos de la vida; fácilmente podéis desbaratar todas las ideas de los hombres por concertadas que estén. No desechéis, Señor, mis humildes súplicas: Dignaos tomar bajo vuestra protección a la menor de vuestras siervas; dirigidlo todo a mi salvación y a vuestra gloria según vuestra divina voluntad”.

Los preparativos para el embarco de la princesa se iban acelerando y ya había un gran número de doncellas nobles para acompañar a Úrsula, que estaban destinadas para desposas a los oficiales bretones. Cuando todo estuvo previsto para el embarco, pasaron a Londres a Úrsula y sus compañeras.

Apenas perdieron de vista las costas de Inglaterra, se levantó una furiosa tormenta que lleno de terror a toda la escuadra, amenazándola con un fuerte naufragio. Entonces Úrsula dijo a todas las compañeras: “Ánimo, hijas mías, nada temáis. Servimos a un Dios y tenemos un Esposo que manda en los vientos y en los mares. Sacrifiquemos nuestras vidas, y dejemos los horrores de la muerte a los que tienen la desgracia de no conocerle. Pero nosotras tengamos confianza en su gran misericordia”. Sosegó a todas sus compañeras a todos el equipo, la intrépida seguridad de la Santa. Toda la escuadra fue arrojada en el puerto de Tiel, en el ducado de Güeldres, y siguiendo después la corriente del Rhin, navegó hasta Colonia, teatro del glorioso triunfo, que el Cielo les tenía preparado.

Enterado el emperador Graciano del levantamiento de Máximo, llamó en su socorro a los hunnos, nación bárbara de la antigua Sarmacia. Eran crueles y paganos que desolaban todos los países por donde ponían el pie. Mandaba a estos bárbaros el general Gauno, por orden del emperador Graciano. Al descubrir los navíos bretones, enemigos del emperador, los atacaron y se apoderaron de ellos sin dificultad. Quedaron sorprendidos al comprobar su carga, pues sólo iban doncellas cristianas.

Quiso el General del ejército ver a la princesa Úrsula y quedó ciegamente prendado de su hermosura. Al contrariarle la Santa el encanto torno en brutal furor que arrojándose con espada en mano fue atravesando con su acero a las doncellas, a otras les lanzaron flechas y a todas ellas las degollaron. Esto sucedió en día 21 de octubre del año 383, desde entonces la Iglesia celebra la fiesta de Santa Úrsula y sus compañeras vírgenes y mártires.
Martirio de Santa Úrsula y las doncellas.
   Fueron sepultados sus cuerpos en el territorio de Colonia, desde donde se difundieron después sus reliquias por toda la cristiandad. En el año de 1537 se fundó en Italia la congregación de Santa Úrsula, por la beata Ángela de Brescia, la que aprobó Paulo III y en el año 1572 la sujetó a la clausura y votos religiosos el Papa Gregorio XIII, a solicitud de San Carlos Borroneo. El año de 1611, fundó las Ursulinas en Francia la señora de Santa Beuva, Magdalena de Huiller, siendo el primer convento de París, de donde se extendieron con gran utilidad, no solamente por Francia, sino también por Suiza.

Publicado en Cuenca, 21 de octubre de 2019 y el 21 de octubre de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

San Pedro de Alcántara (1499-1562) y San Pabro de la Cruz (1694-1773). Festividad del 19 de octubre.

    Hoy el Santoral nos trae a dos ascetas rigurosos, intransigentes, coinciden en el calendario desde tiempos antagónicos de la historia humana: la primera mitad del siglo XVI, cuando España y sobre todo Extremadura se lanzaban a la conquista y evangelización del nuevo mundo, y la Italia del siglo XVIII, con un cristianismo amenazado y a la defensiva.

San Pedro de Alcántara.

La mortificación y el sacrificio los identifica a ambos, llevada hasta el extremo que hoy casi parece increíble, sacando de la penitencia las fuerzas espirituales que necesitaban; y los dos también avasalladores en la acción. Pedro reformando, predicando, alentando a santa Teresa.

Santa Teresa dice que jamás le negó el Señor nada de cuanto le pidió por los méritos de fray Pedro. Así llamaba ella al Santo que hoy celebramos y cuya gloria vio después de muerto. “Cuando expiró me apareció y dijo cómo se iba a descansar y que bienaventurada penitencia, que tanto premio le había merecido”.

En vida se trataron personalmente y se entendieron, como se entienden todos los Santos entre sí. Se vieron por primera vez en Ávila, el año 1560 cuando santa Teresa se encontraba por todas partes sola y mal comprendida: “Fue el Señor servido remediar gran parte de mi trabajo, y por entonces todo, con traer a este lugar al bendito fray Pedro de Alcántara”.

Lo más característico de san Pedro de Alcántara no es su historia externa, sus fundaciones, sus predicaciones; fue su penitencia, su espíritu de oración y de pobreza. Con razón se le ha llamado pasmo de penitencia, maestro de contemplativos y paupérrimo entre los pobres. Fundó la orden de los pasionistas, predicando asimismo, escribiendo admirables cartas de dirección.

San Pablo de la Cruz.

Es el criterio sobrenatural sin compromiso que se aferra a Dios y olvida todo saber humano, toda conveniencia de este mundo. Como Pablo de la Cruz, que hizo honor a su elegido nombre y que quería vivir en la contemplación de la Pasión de Cristo sin atender a nada más, reproduciendo en su vida el dolor y la entrega redentora del Hijo de Dios.

Uno y otro, en dos momentos tan dispares de la humanidad, señalan la primacía de la penitencia para la santificación propia y de los demás; la penitencia que asusta a nuestros contemporáneos, que han hecho de esta palabra un tabú, y que ellos abrazan como un duro modelo de forja interior que limpia de todo lo malo e inútil y sirve de camino real hacia la altura.

Publicado en Cuenca, 19 de octubre de 2020 y el 19 de octubre de 2026.

©José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:

-Año Cristiano para todos los días del año. P. Croiset. Madrid. 1846.

-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.

-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.

 

 

sábado, 17 de octubre de 2026

Plenilunio de octubre. Luna llena del Cazador. Día 26 de octubre.

 

El plenilunio de octubre de 2026 ocurre el 26 de octubre, a las 4:12 horas. Conocido tradicionalmente como la “Luna del Cazador”.

    Con la llegada de esta luna nos abre las puertas al otoño. En este mes era costumbre el cazar y con las carnes obtenidas eran secadas o se salaban para los días venideros de invierno. Sólo abasteciéndose en este mes podrían sobrevivir en los duros días del invierno. Al hacerse de noche más pronto utilizaban el resplandor de la luna que les facilitaba la luz suficiente para seguir cazando, de ahí el nombre que recibe la luna este mes: Luna del Cazador.

Plenilunio de octubre 2022.

    La Luna creciente de octubre trae un cambio positivo para cinco signos del zodiaco, el día 18 de octubre, cuando la luma alcance la fase de cuarto creciente traerá una oleada de transformación y oportunidades para los signos de Aries, Géminis, Libra, Escorpión y Capricornio, y la luna de cuarto creciente será la canalizadora para que estas transformaciones tomen un giro positivo para estos signos del Zodiaco, les traerán inesperadas sorpresas, paz interior y nuevas oportunidades.

Plenilunio de octubre 2021

Cuenca, 25 de octubre de 2025.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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Fondo documental:

SENELE. Mitología de la luna llena en la hoz del Huécar. 2010. Fundación Antonio Pérez. Autor: José María Rodríguez González.

San Lucas (siglo I). Festividad del 18 de octubre. Patrón de médicos, cirujanos y pintores.

    Hoy nos toca hablar de san Lucas, posiblemente el único evangelista que no era judío, sino gentil, natural de Antioquía y de profesión médico. Discípulo de san Pedro, quien le alude en la carta a los colosenses como: “Lucas, el médico querido” (Col. 4, 14), le acompañó en sus viajes y tal vez se encontraba con él en Roma cuando sufrió martirio; poco más se sabe, aparte de que escribió el tercer evangelio y los Hechos de los Apóstoles.

San Lucas. Catedral de Cuenca.

Según tradición, después de la muerte de Pablo predicó la buena nueva en Egipto y en Grecia, y debió de morir en este último país, quién sabe si crucificado en Patrás, como algunos suponen. Su símbolo es el buey, porque su evangelio empieza con el sacrificio de Zacarías en el Templo, y desde tiempo inmemorial es patrón de médicos y cirujanos.

Como evangelista tiene un rasgo muy peculiar sin duda debido a su condición de gentil que escribía para cristianos de cultura griega, hace muy pocas referencias a la ley mosaica y es el que más insiste en el alcance universal de la salvación, mostrándose también en eso fiel discípulo de san Pablo.

Lucas posee además una característica muy llamativa que ha dado origen a una curiosa leyenda: es el que más habla de la Virgen, quizá porque la trató personalmente (por ejemplo, es el único que cuenta la Anunciación), y de ahí que se le atribuyan habilidades de pintor se supone que pintó un retrato de Nuestra Señora.

Aunque los supuestos retratos sean muy tardíos (el más famoso, que se conserva en la Capilla Paulina de Santa María la Mayor, es un icono del siglo XII), los pintores le tiene también como Patrón celestial y se encomiendan a él como artista que tuvo el máximo modelo de la hermosura humana.

Un escrito del siglo III nos dice que murió virgen en Bitinia a la edad de 64 años, lleno del Espíritu Santo. San Epifanio en el siglo IV añade que predicó el Evangelio en Italia, Francia, Dalmacia y Macedonia.

Sobre su muerte no tenemos datos concretos, pero una tradición que data del siglo IV nos asegura que derramó su sangre por Cristo. Así rubricó la verdad que había escrito a toda la Iglesia y al mundo entero con la carta magna de su Evangelio e historia de los hechos apostólicos. Podemos repetir la sentencia de Pascal, hablando de todos los evangelistas: “Creo firmemente en la historia de los que se dejan matar por testimoniar la verdad de lo que han escrito”. San Lucas es un médico bondadoso y servicial, es un literato, pero sobre todo es un santo y un mártir, que ha muerto por la fe que predicó de palabra y escribió en sus libros.

Publicado en Cuenca, 18 de octubre de 2020 y 18 de octubre de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:

-Año Cristiano para todos los días del año. P. Croiset. Madrid. 1846.

-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.

-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.

 

viernes, 16 de octubre de 2026

San Ignacio de Antioquía. Festividad del 17 de octubre.

    Fue discípulo de san Pedro y san Juan. Muy famoso entre los primeros mártires, quizá sirio de origen.

Una tradición supone que era el mismo niño que en el capítulo 18 de san Mateo llama Jesús para ponerlo como ejemplo ante sus discípulos: “Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños no entraréis en el Reino de los Cielos” (Mt. 18, 3).

La verdad de san Ignacio no está en esta identificación ni en otros episodios más que dudosos, sino en el hecho bien documentado de su largo viaje hasta la muerte, después de su condena, desde Antioquía a Roma, pasando por las costas de Asia Menos y Grecia, con una parada en  Esmirna.

Su destino era morir en el circo romano para celebrar los triunfos del emperador Trajano de la Dacia, y en el curso de la navegación escribe cartas que son uno de los testimonios más impresionantes de la fe ante el martirio que nos ha legado la Iglesia primitiva; en especial la que dirige a los fieles de Roma, pidiéndoles que no intercedan por él a fin de que “nada me impida ahora alcanzar la herencia que me está reservada”.

Martirio de san Ignacio de Antioquía.

“Soy el trigo de Dios que ha de ser molido por los dientes de las fieras para llegar a ser pan limpio de Cristo”. Custodiado por feroces guardias, “los diez leopardos”, como él dice, Ignacio, sin alardes de jactancia ni gestos estoicos, ve la vida y la muerte como cosas entregadas, que casi no le pertenecen.

Publicado en Cuenca, 17 de octubre de 2020 y 17 de octubre de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:

-Año Cristiano para todos los días del año. P. Croiset. Madrid. 1846.

-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.

-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.