domingo, 14 de junio de 2026

Efemérides conquenses del 15 de junio. Legalización, por León X, del convento de las Petras en Cuenca.

     Una breve reseña para recordar que el día 15 de junio del año 1115 el papa León X, bajo Bula, legalizaba el convento de San Lorenzo Justiniano. Esto sucedió en el tercer año de pontificado de León X. Esta Bula de creación y aprobación se despachó en Roma.

Convento de las Petras. Cuenca

Las fundadoras del convento fueron Juana y Aldonza de Arnedo. La primera fundación fue en 1509, con advocación de San Pedro Apóstol, es por ello que se les vienen llamando “Las Petras”, por D. Alonso Ruiz, canónigo de Cuenca.

Retablo del Convento de las Petras. Cuenca

Cuenca, 15 de junio de 2021. Actualizado el 15 de junio de 20026.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

sábado, 13 de junio de 2026

San Eliseo (siglo IX a. C.). Festividad del 14 de junio.

Profeta anunciador de Cristo y el primer testimonio escrito de un posible OVNI, al ser elevado desde el suelo por un carro de fuego.

Tremenda figura del Antiguo Testamento, un labrador del que se dice que era hijo de  un tal Safar y que estaba arando con doce yuntas cuando pasó junto a él el profeta Elías y le echó manto por encima, transmitiéndole  así sus poderes sobrenaturales, éste joven labrador era Eliseo.

Después de despedirse de los suyos, Eliseo ofrece un par de bueyes y sigue al maestro, a quien antes de ver cómo era arrebatado al cielo en un carro de fuego (posible OVNI), pide la confirmación de su espíritu de profeta.


El segundo libro de los Reyes dedica diversos capítulos a este hombre fuerte y singular que lucha enérgicamente contra la idolatría y va sembrando su camino de portentos signos del poder de Dios: sanar las aguas, multiplicar el aceite de la viuda, devolver la vida al hijo de una sunamita, purificar la olla, alimentar a los profetas, sanar la lepra a Naamán, proveer de alimentos en estados de sitio a ciudades israelitas, predecir al rey la victoria final sobre siria. Incluso después de muerto siguió realizando prodigios: al contacto de sus huesos, revivió el cadáver de un moabita que por error estaban enterrando en la sepultura de Eliseo. Intervino en la corte, como consejero del rey de Israel. Fuera del país se mostró ardiente defensor del culto de Yahvé.

La iconografía cristiana lo representa con su maestro Elías, en miniaturas para biblias y en el sarcófago del museo de Arles. También aparece en la estatua del crucero norte de la catedral de Chartres. Alonso Berruguete lo representó en un bajo relieve de la sillería del coro de la catedral de Toledo.

Eliseo es como una vaga prehistoria anunciadora de Cristo, anuncia lo sublime desee un mundo todavía lleno de hostilidad e imperfección. En su rudeza quizá lo que mejor recordamos es el inesperado gesto de Elías recubriéndole con un manto, haciéndole suyo y ocultándole a los hombres para meterle en un ámbito sobrenatural que el labrador acepta dócilmente, atendiendo la llamada brusca y definitiva de Dios por la que lo deja todo.

Publicado en Cuenca, 14 de junio de 2020 y el 14 de junio de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:
-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.
-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.
-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.

Santa María Micaela del Santísimo Sacramento (1809-1856).

La festividad del 15 de junio nos trae una santa madrileña.

   La llamada Madre Sacramento, en el mundo María Micaela Desmaisières López de Dicastillo, vizcondesa de Corbalán, es la imagen de la santidad moderna perseguida y calumniada por los buenos. Los buenos son obispos, confesores, católicos practicantes, gentes que estaban en paz con su conciencia y que creían obrar bien de este modo.

De esta madrileña de la alta nobleza, alumna de las monjas más selectas de Pau, criada en un gran palacio de Guadalajara, hermana de un ilustre diplomático en París y otras capitales extranjeras, que frecuentaba la alta sociedad, se esperaba otra cosa: una boda proporcionada a su rango, otras costumbres, una piedad más discreta.

En vez de eso, hacia mediados de siglo se dedica en Madrid nada menos que a las mujeres descarriadas y enfermas, y la llaman loca; se suceden incomprensiones, campañas de prensa, insultos, intentos de asesinato, gravísimas penurias económicas.

Con un pequeño grupo de locas que se unen a ella (siete compañeras) en medio de las dificultades que parecen invencibles, nace en 1859 la congregación de las Adoratrices y esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad, con la ayuda y el consejo de san Antonio María Claret, instituto que se extiende por toda España.

Desafiando la epidemia de cólera, acudió en auxilio de la casa de Valencia, y allí murió contagiada. Se la canonizó por sus heroicas virtudes en 1924.

Ella escribiendo a sus religiosas les decía: “Difícil encontrar otra fundadora de comunidad que haya sido más acusada, más calumniada y más regañada que yo. Mis acciones las juzgan de la peor manera posible”. Pero también podía repetir las palabras de san Pablo: “Poco me interesa lo que la gente están diciendo de mí. Mi juez es Dios”.

En sus casas mandaba colocar este mensaje de Dios para que no se desanimaran sus religiosas ante la pobreza y en las dificultades: “Mi Providencia y tu fe, mantendrán la casa en pie”.

Publicado en Cuenca, 15 de junio de 2020 y el 15 de junio de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:
-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.
-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.
-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.


viernes, 12 de junio de 2026

San Antonio de Padua, doctor (1195-1231). Festividad del 13 de junio.

“Los trece martes de san Antonio”

Nació en Lisboa el 15 de agosto de 1195 y murió en Padua el 13 de junio de 1231. Su nombre de pila fue Fernando, que luego cambió por el de Antonio, cuando entró en religión. Su padre fue capitán, llamado D. Martín de Bulloes y su madre se llamaba, Dña. Teresa Taveira de Azevedo. Su primera educación la recibió de los canónigos de la catedral de Lisboa. Cinco años más tarde, estando en Coimbra, se decidió a ser misionero y vistió el hábito franciscano. En seguida se embarcó para África, anhelando la gloria del martirio. Una fiebre maligna le obligó a reembarcar hacia España, pero la tempestad lo arrastró hacia Sicilia. De allí pasó a Asís, donde habló con san Francisco, que le obligó a estudiar teología, con el fin de que enseñase después en Francia y en Italia.

Dos cosas sobresalen en la vida de este Santo: el poder grandioso de su oratoria y la fuerza sobrenatural de sus obras. El prodigio y lo extraordinario le acompañan siempre, cuando habla desde el púlpito y cuando anda sobre la tierra o junto a la orilla del mar.

Su celo no le dejaba parar, como si presintiese la brevedad de su vida. Un día en Rimini se encuentra con el desdén y la rebeldía de los hombres, que no quiere oírle. Y se va a la ribera, en el lugar donde el río desemboca en el mar y empieza, sentado, a predicar a los peces: “Hermanos míos los peces, a vuestra manera vosotros también estáis obligados a dar gracias al Creador, que os ha dado por morada un tan notable elemento… Dios vuestro Creador es bueno y liberal…” El prodigio se propagó y entonces acudieron los hombres.

Otro día en Florencia explica el Evangelio: “donde está tu tesoro, allí está tu corazón”. Se celebran las exequias de un poderoso que acababa de morir, conocido en toda la ciudad por su avaricia: “Este rico ha sido precipitado en los abismos de la desesperación y del llanto. Era un avaro miserable, era un Epulón que se olvidaba del pobre Lázaro, tendido a su puerta. Id a su casa, abrid el cofre donde están sus tesoros, y allí, entre sus monedas, encontraréis su corazón todavía”. Estas palabras produjeron un asombro general, que se aumentó ante la realidad del hecho vaticinado.

Se cuenta que en Tolosa, un hereje decía que sólo ante un milagro admitiría la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Pensaba dejar tres días a su mulo sin comer; después le ofrecería heno y avena; si se apartaba del pienso para adorar la Hostia consagrada, era señal de que Cristo estaba presente. San Antonio aceptó la prueba. Pasados los tres días, tomó la Hostia en sus manos, la presentó delante del mulo hambriento y el mulo dejó el heno y la avena para postrarse ante el Señor.
El milagro de la adoración.

Desde la resurrección de varios muertos (comprobada jurídicamente con testigos), hasta la sumisión de los elementos, no hay milagro que no obrara san Antonio. Sus contemporáneos lo llamaban el taumaturgo de Padua. Jesús se le apareció visiblemente varias veces, y en especial en figura de Niño hermosísimo.

Además de los milagros, acompañaban a su predicación una voz extensa y clara, una memoria para recordar todos los textos y citas de la Sagrada Escritura, un semblante que ganaba los corazones, un conocimiento extraordinario de la ciencia cristiana y del corazón del hombre.

Profesó una tierna devoción a la Virgen María. A través de los campos, cantaba a la Señora con su bella voz de barítono: “Oh Señora, gloriosa, más alta que las estrellas”.

Los últimos años de su corta vida murió a los 35 años, los pasó en Padua. “¡Oh Padua, Padua, exclama en un sermón cuaresmal, yo estoy loco por ti, yo quiero salvarte, yo quiero iluminarte con la luz de Dios!”.

Poco antes de morir se retiró a una ermita llamada Camprieta y vecina a la ciudad. Vivía en una choza de ramas, envuelta en aromas campestres e idilios de ruiseñores, símbolo del aroma de sus virtudes y del canto espiritual de su alma enamorada del cielo.

Cuando sus ojos quedaron inmóviles, como deslumbrados por el claror de la luz eterna, sus labios aún pudieron decir: “Ya veo a Dios”. Tenía 35 años; era joven y sigue siendo joven, con la juventud de los bienaventurados del cielo y la que le dan siempre los artistas en la tierra.

El año de su muerte fue canonizado. Padua le levantó un magnífico templo y su culto corrió en seguida por toda la cristiandad. Hoy es muy universal la devoción de los trece martes de San Antonio. Pío XII le concedió el título de Doctor al haber dejado varios tratados de ascética y mística y también se llegó aplicar muchos de sus sermones.

Sobre los trece martes de san Antonio diré que es una tradición que los mismos devotos del Santo la practicaron desde el mismo momento de su tránsito. Cuenta la tradición que el martes siguiente a su muerte obró innumerables milagros a cuantos le invocaron, eso conllevó a orar los “trece martes” al coincidir su muerte con el día 13 del mes, para que el santo le concediera su gracia.

Esta práctica se extendió tanto que el Papa León XIII, en junio del año 1898, concedió la Indulgencia Plenaria a todos los fieles que visitaran un templo franciscano, siempre que se cumpliera con las condiciones exigidas para recibir este don, como son: la confesión sacramental, comulgar y rezar por las intenciones del Santo Padre.

El Papa León XIII, en marzo de 1899, enriqueció o amplió la devoción, concediendo la Indulgencia Plenaria por cada uno de los trece martes o domingos consecutivos previos a la solemnidad del Santo, siguiendo con las condiciones expresadas anteriormente.

Publicado en Cuenca, 13 de junio de 2020 y el 13 de junio de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:
-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.
-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.
-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.


jueves, 11 de junio de 2026

Fiesta del Sagrado Corazón, 12 de junio

Institución de esta fiesta. Esplendor del culto al Sagrado Corazón.

En mismo Jesús pidió a santa Margarita María la institución de esta fiesta particular en honra de su divino Corazón. La Santa la celebró, primero individualmente, pero también trabajó con esfuerzo perseverante para que se estableciese en toda la Iglesia. Ya en el año 1689 la aprobó el obispo de Langres para su diócesis y poco después se celebró en la de Lyón. En 1697, Inocencio XII, extendió la fiesta a todas las iglesias de la Orden de la Visitación, a la que pertenecía la Santa, y el año 1765 se celebró en todas las diócesis de Francia. Finalmente, en 1856, Pío IX mandó celebrarla en toda la Iglesia; León XIII la elevó en 1888 al rito doble de primera clase y Pío XI le añadió la octava, con su Encíclica Miserentíssimus del 8 de mayo de 1828.

Las fervientes súplicas del insigne apóstol español de esta devoción y culto, el venerable Padre Bernardo Francisco de  Hoyos, S. J., debieron de contribuir eficazmente al establecimiento de esta festividad. Porque preparándose el año 1733 a celebrar individualmente esta fiesta con una novena, dice que en ella “todo fue súplicas al Eterno Padre y a las demás Personas divinas; todo clamores al cielo para que se decretara en el consistorio de la Santísima Trinidad la extensión pronta del culto al Sagrado Corazón”.

Ya el 5 de mayo de dicho año, en la primera visión que tuvo del Divino Corazón, entendió que sería de singular agrado del Señor, que la Provincia de Castilla “tuviese el oficio y celebrase la fiesta de su Corazón, como se celebraba ya en otras partes”. Esperanzadoras promesas le dio el Señor diciéndole que “la solemnidad del Corazón de Jesús llegaría a ser en la Iglesia la más célebre después de la del Corpus”, y que “reinaría en España con más veneración que en otras partes”. San Pedro le aseguró en otra aparición, que “uno de sus sucesores establecería en toda la Iglesia la fiesta que le podía del Corazón de Jesús”. Casi a la par de santa Margarita y las Visitandinas de Francia, trabajaban, pues, incansables, el P. Hoyos y sus celosos compañeros de apostolado, Padres Juan de Loyola, Pedro de Calatayud y Agustín de Cardaveraz, para extender el culto del Divino Corazón y establecer esta fiesta en toda la Iglesia, empezando ellos por España. Imposible traer aquí las diligencias que hizo el Padre Hoyos para que Felipe V pidiera a Roma para España y sus dominios, la fiesta del Corazón de Jesús con oficio y misa propios.

El 30 de mayo de 1919 el rey Alfonso XIII leyó la consagración de España, ante el monumento del Sagrado Corazón del Cerro de los Ángeles.

Publicado en Cuenca, 19 de junio de 2020 y el 11 de junio de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:
-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.
-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.
-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.




San Juan de Sahagún (1430-1479). Festividad del 12 de junio.

En sus misas en la consagración se le aparecía Cristo y dialogaba con Él.

Era hijo de hidalgos leoneses, nació en Sahagún, villa de la provincia de León, y de ella tomó su nombre. Pronto por la mansedumbre de su carácter se le vio más inclinado a la Iglesia que a las armas; se  educó en la abadía benedictina del lugar y luego fue paje del obispo de Burgos, el famoso converso Alonso de Cartagena, quien le ordenó de sacerdote, le hizo canónigo y le colmó de beneficios eclesiásticos.

A los  20 años, avergonzado por tantos privilegios y honores, renunció a todo para hacerse simple párroco en Santa Gadea, de allí pasó a estudiar en la universidad de Salamanca, y en esta misma ciudad decidió que sería agustino.

En Salamanca fue muy popular por su talante risueño, su predicación (se le llamaba “el fraile gracioso”), la pureza de su vida y su espiritualidad: sus misas eran interminables –nadie quería ser monaguillo- porque en la Hostia se le aparecía Cristo y dialogaba con Él, olvidándose de los fieles.

Pero en el púlpito hablaba con una libertad y una audacia que le valieron numerosos enemigos; denunciando los abusos de los grandes señores o poniendo paz en las banderías sangrientas que desgarraban Salamanca, se ganó muchos odios, y en diversos lugares como Alba de Tormes se atentó contra su vida.
Uno de los milagros de san Juan de Sahagún.

Se le atribuyen infinitos milagros (hacer cesar una epidemia de peste, salvar a un niño caído en un pozo, resucitar a una niña) y según parece murió envenenado en Salamanca por una mujer que había jurado vengarse cuando fray Juan convenció a su amante para que rompiese sus relaciones con ella, esto sucedió el 11 de junio de 1479. Fue canonizado en el año 1690 por el Papa Alejandro VIII.

Publicado en Cuenca, 12 de junio de 2020 y 12 de junio de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:
-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.
-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.
-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.


miércoles, 10 de junio de 2026

San Bernabé. Festividad del 11 de junio.

 San Bernabé recibió una vocación especial para la evangelización en los primeros años de la Iglesia. San Pablo le daba el trato de apóstol que le ha conservado la liturgia. San Lucas nos lo presenta como hombre bueno lleno de fe y del Espíritu.

Era judío de la tribu de Leví, había nacido en Chipre, pero vivía en Jerusalén en el tiempo de la primera predicación apostólica, y allí tenía familia muy cercana, como la madre de San Marcos que era su tía. Pronto se abrió a la gracia cristiana con ardor y generosidad. Poseía un campo en Jerusalén, lo vendió y su importe lo puso en manos de los Apóstoles.

Su nombre era el de José, pero los Apóstoles le llamaban por el sobrenombre de Bárnaba o Bernabé, que quiere decir hijo de la consolación. San Juan Crisóstomo cree que aludían así a la bondad y simpatía de su carácter.

Evangelizó su isla natal y tal vez fue lapidado y quemado por los judíos en Chipre (debido a su supuesta lapidación se le invocaba tradicionalmente como protector contra el granizo). Se le atribuye el haber fundado la iglesia de Milán y es patrón de esta ciudad.

Un cuadro de Veronese evoca una significativa práctica de este misionero, de quien se dice que curaba a los enfermos aplicándoles sobre la cabeza o el pecho el evangelio de san Mateo, del que nunca se separaba, la palabra de Dios que asume poderes taumatúrgicos, salva las almas sin desdeñar la cura de los cuerpos.

Milagro de San Bernabé. Obra de Veronese.

La última parte de la vida de San Bernabé queda en la penumbra. Sin embargo, tuvo que seguir influyendo en muchas Iglesias, aún lejanas. A  finales del siglo I, un cristiano de Alejandría publicaba con su nombre un comentario de texto bíblico, que la tradición conoce con el nombre de Epístola de San Bernabé. Los corintios también lo conocían, y San Pablo les dice que había permanecido como él célibe. Una tradición antigua supone que murió en Chipre, en cuya capital, Salamina, se encontró hacia el año 488 su sagrado cuerpo.

La gloria de San Bernabé es la de haber descubierto el mérito extraordinario de San Pablo presentado a la Iglesia Madre de Jerusalén. Solamente por esto merece la veneración y gratitud de todos los cristianos.

Publicado en Cuenca, 11 de junio de 2021 y el 11 de junio de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:

-Año Cristiano para todos los días del año. P. Croiset. Madrid. 1846.

-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.

-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.