martes, 31 de marzo de 2026

San Hugo, obispo de Grenoble. (1053-1152). Festividad del 1 de abril

   Nació en Castel, a las orillas del Isar, diócesis de Valencia en el Delfinado, por el año 1053, en el seno de una familia distinguida pero de singular piedad. Su padre Odilon era un caballero distinguido de gran virtud.

Acabado los estudios Hugo volvió a Valencia donde fue provisto de un canonicato. Su vida ejemplar y retirada le granjeó tanta reputación, que Hugo, entonces obispo de León, legado del Papa Gregorio V, y después arzobispo de León.
San Hugo de Grenoble

Modelo de obispo, uno de los más santos que registra la historia. Se le puso al frente de la diócesis de Grenoble a los 27 años y la rigió durante más de medio siglo, siempre suspirando porque le librasen de aquel honor del que sentía indigno e incapaz.

Dice su historia que la condesa Matilde costeó todos los gastos necesarios para la augusta ceremonia de la consagración, regalándole un báculo, con otros varios ornamentos del pontificado, y con los Comentarios de san Agustín sobre los Salmos.

Cuando regresó de Roma, y fue a tomar posesión de su iglesia, quedó penetrado de dolor al ver el lastimoso estado en que halló toda su diócesis. No solo reinaba la usura, la simonía y toda especie de disolución, sino que la abominación de la desolación se habían apoderado del lugar.

Pasaba los días y las noches en fervorosa oración, llorando los desórdenes de su pueblo; y no perdonaba ayuno, vigilias, exhortaciones, instrucciones y visitas para que el Señor abriese los ojos a aquel ciego rebaño. Ganó los corazones de todos con su paciencia, con su apacibilidad y sus ejemplos, y en poco tiempo cambió de semblante todo el obispado de Grenoble.

Pero fue tanto lo que le afectó todo esa depravación que apenas había sido obispo dos años, cuando tomó la resolución de dejarlo. Partió secretamente a la abadía de la Casa de Dios, diócesis de Clermont, en la provincia de Aubernia; visitó la cogulla de san Benito y en breve tiempo fue modelo cabal de la vida monacal. Pero informado el Papa Gregorio VIII de lo que pasaba, le envió precepto formal y preciso para que cuanto antes se restituyese a su iglesia, viéndose obligado a obedecer.

Casi a los tres años, después de ser restituido a su obispado llegó a su diócesis el famoso san Bruno con sus seis compañeros para iniciar con ellos la Gran Cartuja, en 1084, renovándose sus ansias de vida contemplativa, y muchas veces se iba a vivir por un tiempo con los cartujos como el más humilde de ellos.

Pocos días antes había tenido Hugo un misterioso sueño, en el cual se le representaba siete estrellas, que desprendidas del cielo, iban como a esconderse en un desierto espantoso de su misma diócesis, llamado la Cartuja. Acordándose del sueño recibió a Bruno y a sus compañeros con amor y con respeto. Les edificó a su costa la capilla y las celdas, declarándose desde entonces su protector y su padre, poco tiempo después pasó a ser el menor de sus compañeros.

Mostró singular tesón en el concilio que se celebró en Viene del Delfinado el año 1112, contra los excesos del emperador Enrique IV que había tratado indignamente al Papa Pascasio II, y contra la ambición del antipapa Pedro de León, llamado Anacleto, en defensa del legítimo pontífice Inocencio II. Fue Hugo uno de los obispos que se juntaron en Puy de Velay para excomulgar a Pedro de León y el que más contribuyo a extinguir el cisma en el reino de Francia, sacrificando a la verdad y a la justicia sus propios intereses, y la amistad que siempre le había mostrado el antipapa Anacleto.

Murió en Grenoble a los ochenta años y algunos meses de su edad, el día 1 de abril de 1132. Al ser difundida la noticia de su muerte concurrió innumerable gentío de todas partes y lugares a lograr el consuelo de reverenciar y besar su santo cuerpo. Fue imposible enterrarlo en cinco días por la concurrencia de gente, conservándose durante ese tiempo el cadáver entero y tan fresco y flexible como si estuviera vivo. Fue canonizado en 1134 por el Papa Inocencio II. Su sepulcro se hizo cada día más glorioso por la visible protección que experimentaron los fieles, implorando su poderosa intercesión.

Publicado en Cuenca, 1 de abril de 2020. Actualizado el 1 de abril de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

lunes, 30 de marzo de 2026

Martes Santo. Procesión del Perdón.

    En esta procesión participan y desfilan las siguientes hermandades: la Venerable Hermandad de san Juan Bautista, Sata María Magdalena, perteneciente a la Venerable Hermandad del Santísimo Cristo de la Luz. Real e Ilustre Esclavitud de Jesús de Medinaceli. Venerable Hermandad del Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo y Venerable Hermandad de María Santísima de la Esperanza.

Cuenca, 7 de abril de 2020. Y 31 de marzo de 2026.
José María Rodríguez González.

Santa Balbina, virgen y mártir (siglo II). Festividad del 31 de marzo

  Santa Balbina, nació en la ciudad de Roma, hija de Quirino que se convirtió y murió martirizado. Balbina enfermo a temprana edad y su curación le llevó a la conversión.

De esta santa con la que concluye el mes de marzo se tiene pocas referencias seguras, pero su nombre va unido a los itinerarios piadosos de Roma, tanto por la necrópolis que hay cerca de la Vía Apia, como por la antiquísima iglesia homónima del Aventino, frente a las termas de Caracalla, que posiblemente datar del siglo IV.
Santa Balbina.

Su conversión es relatada así: “Enfermó Balbina en lo más florido de sus años, de tal gravedad que habiendo probado todo tipo de medicinas y remedios humanos, nada consiguió curarla y habiendo agotado todos los recursos que disponían sus padres, buscaron otros remedios. Habiéndose enterado de los muchos milagros que Dios obraba por medio del santo pontífice Alejandro, preso por su fe en Jesucristo, no repararon en buscar su ayuda. Fue Quirino a la cárcel y postrándose a sus pies, bañado en lágrimas le rogó se dignase curar a Balbina, en grave peligro de muerte. Condolido el Santo Pontífice de aquella doncella, mandó al padre la trajera a su presencia, y consiguió la salud que deseaba con sólo imponerle la bolsa de las reliquias que llevaba al cuello. Admirado Quirino de tan repentino prodigio, no dudaron por lo visto del verdadero Dios era el que adoraba Alejandro, se convirtió con toda su familia. Después instruyó Alejandro a Balbina para que supiese cómo conservar la virginidad perpetua como era su deseo".

Dice la tradición que santa Balbina besaba con mucho amor la argolla que había encadenado al Prelado y que había sido –aceptando simbólicamente el yugo suave de Jesucristo- el medio de curar y de descubrir su fe.

Aureliano, uno de los más fieros perseguidores de los cristianos, martirizo y dio muerte en la cárcel a san Kermes prefecto de la ciudad por mantenerse constante en su fe y negarse a prestar sacrílegas adoraciones a los ídolos y llegando a sus oídos que su hermana Teodora y Balbina dieron sepultura a estos cristianos las mandó prender.

Después de muchos intentos y tormentos y viendo que no se desdecían de sus creencias en Cristo pronunció la siguiente sentencia: "Muera Balbina habladora, no sea que se charlatanismo seduzca al pueblo". Mandándola ejecutar el día 31 de marzo del año 120. Su cuerpo fue sepultado en el cementerio de Prestato, en la Vía Apia, llamado después se Santa Balbina. El Papa San Marcelo mandó construir una iglesia en ese lugar en su honor.

Publicado en Cuenca, 31 de marzo de 2020. Actualizado el 31 de marzo de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

domingo, 29 de marzo de 2026

Marta y María. Lunes Santo.


   Simplemente eso Marta y María dos mujeres que las distingue los Evangelios como ejemplo de servicio y entrega. Veamos que se cuece entre ellas.

A tres kilómetros de Jerusalén está Betania, hoy sórdido aldea sin atractivo, rodeada de almendros, algarrobos, olivos e higueras, por cierto la higuera de mi patio empieza a despertar del letargo invernal, dejemos eso como un simple chascarrillo, para salir de la monotonía de esta cuarentena.

Allí, en Betania, tiene su casa una familia muy amiga del Redentor, constituida por tres hermanos: Marta, María y Lázaro.
Marta y María con Jesús

De ama de casa actúa Marta, que sin duda alguna, es la hermana mayor. Ella recibe a Jesús, le hace los honores, prepara el homenaje y se afana por obsequiarla cuanto puede.

En una de las ocasiones en que el divino Maestro visitó este hogar, con motivo de su vuelta a Jerusalén para asistir por última vez a la fiesta de los Tabernáculos, Marta, como de costumbre, trató de obsequiar a su huésped, y llena de buen deseo se entregó de lleno a la preparación de las habitaciones y de la comida. Su hermana María, de corazón ardiente y espíritu menos práctico, en vez de ayudarla, se sentó a los pies del santo huésped, y en agradable conversación con él, se estuvo embelesada escuchando su doctrina maravillosa.

La conducta de su hermana indignó a Marta. Iba a llegar la hora de la comida, y no iban a estar las cosas en su punto, porque María la dejaba sola.

En el ambiente de confianza en que se desenvolvía su amistad con Jesús, no tuvo inconveniente en manifestar sus sentimientos.

-”Maestro- le dijo, acercándose a la sala donde se hallaba-, ¿por qué no te preocupas de que María me deja sola en el trabajo? Dile que me ayude”.

Es de suponer la impresión que esta querella produciría en María, que, abstraída de cuanto le rodeaba, vivía pendiente de los labios del Maestro en el mejor de los mundos.

Como niño sorprendido en una travesía inocente, debió mirar a Jesús esperando que, imperativo, le mandase: Levántate y ayúdale. Cuál no sería su sorpresa al ver que el Maestro reprendía a su hermana con cariño pero con energía: -“Marta, Marta, andas demasiado solícita y te embarullas con muchas cosas; sin embargo, una sola es necesaria; María ha elegido la mejor parte, que jamás le será arrebatada” (Lc. 10, 38-42).

Ante esto nos pone en guarda de lo que tenemos que eliminar como es la confusión y el desorden en nuestra mente. No dejemos que nuestra educación, nuestro entorno, la sociedad u otras cosas nos ensordezcan con sus gritos sobre qué podemos o debemos hacer y qué no. ¡Escuchemos la vos de Dios en estos días de Semana Santa y hagamos lo que Él nos llama a hacer!

Feliz lunes santo.

Cuenca, 6 de abril de 2020 y el 30 de marzo de 2026.

©José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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-El Evangelio de la madre. E. Enciso. Madrid. 1943

-Historia de Cristo. Versión española. Mñor. Agustín Piaggio. Editorial Lux. Santiago de Chile.1923.

-Festividades del año Litúrgico. Editorial Luis Vives. Zaragoza. Lino, Obispo de Huesca.1945.


San Juan Clímaco (575-649). Festividad del día 30 de marzo.

   Juan de la Escalera, según su nombre, monje del monasterio del monte Sinaí, de cuya vida poco se sabe, excepto que fue abad y que gozó de una fama inmensa como director de almas en la primera mitad del siglo XVII. Casi nada más, su recuerdo no está vinculado en una biografía, sino en un libro, la Escala santa, que ha tenido tanta influencia entre los monjes de Oriente y Occidente.
San Juan Clímaco.
   Y muy merecida, porque es un libro excepcional que une la elevación a la sencillez, el rigor a la serenidad, los impulsos más espirituales a la agudeza psicológica y al sentido común. En treinta escalones hace recorrer todo el camino que lleva desde el hombre a Dios, empezando por la renuncia a sí mismo y concluyendo en el amoroso Absoluto.

Ascensión en la que cada peldaño es un desprendimiento desde el simple ruido (oponer el silencio de los labios al tumulto del corazón) y las pasiones exteriores hasta la última fortaleza del castillado orgullo; “Los hombres pueden sanar a los voluptuosos, los ángeles a los malvados, pero a los soberbios solamente Dios”.

La iconografía bizantina en el monte Athos y en otros lugares ha difundido la imagen de la mística escalera por la que trepa las almas, tironeadas, empujadas por demonios que recurren a todas sus fuerzas para conseguir que se precipiten en las abiertas fauces de un dragón que se  enrosca en el abismo y que las va engullendo.
Representación del contenido del libro "La Escala Santa".

Así, entre un revuelo de ángeles luminosos y en una atmósfera de intenso colorido sobrecogedor –negruras salpicadas de estrellas, oros del espíritu, blancos radiantes-, el alma ligerísima y trémula, después de subir por la vertiginosa escala fosforescente, llega a las alturas invisibles y cae como una pluma en el regazo de Dios, empujada por el último soplo de la Gracia.

Cuando murió el maestro Juan, en la celda no había sino una gran cruz de madera, una mesa y un banco que servía de silla y de mesa, Su única riqueza eran los libros de la Sagrada Escritura y las obras de los Padres de la Iglesia, entre ellos la Regula Pastorales de san Gregorio Magno, traducida al griego por un patriarca de Antioquía el año 600.

Fue publicado en Cuenca, 30 de marzo de 2020. Actualizado en 30 de marzo de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

sábado, 28 de marzo de 2026

San Jonás y Baraquisio (327). Festividad del 29 de marzo

    Consultando en el santoral nos encontramos que el día 29 de marzo celebramos el martirio de dos hermanos llamados Jonás y Baraquisio, procedentes de una aldea llamada Jassa, y que son las víctimas más famosas de la persecución que realizó contra los cristianos el rey persa Sapor II en su intento por restablecer el mazdeísmo y desarraigar el Evangelio.
Jonas y Baraquisio. 

Nueve cristianos, cuyos nombres ha conservado la tradición, fueron condenados a muerte, y Jonás y Baraquisio salieron de su aldea para visitarles en las mazmorras y transmitirles el aliento de sus palabras de fe, con lo cual se vieron también comprometidos y se les encarcelaron, exigiéndoles a su vez que adoraran al soberano y rindiesen culto a los elementos de la naturaleza.

Ante su tenaz negativa, fueron azotados con varas de granado y se les separó utilizando un truco que todavía hoy es práctica habitual entre los sayones (decir a cada uno de ellos que el otro había apostatado, con el fin de debilitar su convencimiento), pero todo fue inútil,

Siguieron largas controversias con los jueces y por fin los dos murieron del modo más cruel: Jonás aplastado en una prensa para la uva mientras a Baraquisio le vertían plomo derretido ardiendo por la garganta. Un devoto varón llamado Abdisotas rescato los santos cuerpos por quinientos mil daries, la moneda del país, y tres vestidos de seda, y les dio honrosa sepultura.

Mientras en Occidente Constantino protegía a los cristianos, en Oriente la persecución hacía mártires, unos tenían que resistir el halago y otros la tortura, en Roma la absorción y en Persia el exterminio, en Europa las tentaciones de la influencia y del poder, en Asia las de las apostasía, doble experiencia complementaria que los católicos del siglo XX conocieron también.

Oración: Concédenos, Señor, que así como reconocemos tu fortaleza soberana en la confesión de tus gloriosos mártires Jonás y Baraquisio, así experimentemos su poderosa intercesión ante el acatamiento de tu divina Majestad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Publicado en Cuenca, 29 de marzo de 2020. Actualizado el 29 de marzo de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

Domingo de Ramos. Simbolismo y recuerdo

La bendición de ramos es en recuerdo del triunfo de Jesús en Jerusalén.

    En este día acude a recibir el ramo bendecido, adorna luego con él tu balcón o ventana y en la Misa exhibirlo bien alto y agítalo en honor a Jesucristo que tan poética y bellamente inició el supremo dolor que nos redime del pecado.

    La bendición de ramos es en recuerdo del triunfo de Jesús en Jerusalén. El altar mayor de la iglesia se adornaba con follaje y flores; del lado de la Epístola sobre una credencia cubierta con un mantel blanco, se colocaba un número suficiente de palmas y ramos, para el clero, ministros y autoridades civiles. En los países del norte en que la palma y el olivo no se cultivan se empleaba el boj, laurel y toda clase de arbustos de hoja perenne.

    Ya en el siglo IV, San Cirilo, obispo de Jerusalén, asegura que la palmera cuyas hojas sirvieron para honrar al Salvador, existía aún en el valle de Cedrón. Motivo natural –concluye Dom Gueranger- para tener ocasión de instituir una conmemoración anual de este gran acontecimiento, en el lugar mismo en que sucedió.

    Más tarde vemos establecida la costumbre, no sólo en los monasterios de Oriente, sino en los desiertos de Egipto y de Siria, poblados por numerosos ermitaños. Retirados en sus grutas solitarias durante la cuaresma para entregarse a la penitencia, tenían costumbre de volver para el Domingo de Ramos al monasterio común y hacer juntos una solemne procesión. Luego volvían a su desierto del que no salían sino para la fiesta de Pascua, tras una semana de oración y austeras penitencias.

     En Occidente se introdujo muy pronto la solemnidad de los Ramos. El rito principal siempre tuvo por objeto primordial, representar lo más fielmente posible la procesión de los hebreos escoltando a Jesús con el canto del Hosanna.
    La Edad Media sobresalió en la representación de este drama sagrado. La procesión salía de un calvario erigido para la circunstancia de las ciudades o aldeas. Al pie de este calvario, había una mesa, o altar de piedra, sobre el cual se depositaban los ramos para bendecirlos.

    La fe de nuestros padres daba a este lugar el nombre de Betfage. Allí el diácono recordaba primeramente con la lectura del Evangelio los pasajes a los cuales se refería la ceremonia presente; el sacerdote, bendecía a continuación los ramos, los distribuía y la multitud se ponía en marcha para la iglesia, como si acompañara a Jesús al Templo de Jerusalén cantando todos el Hosanna. La cruz, a la cabeza del cortejo, representaba para ellos al Salvador, y aunque tuviera lugar en tiempo de Pasión, era llevada descubierta, ofreciendo a todos los ojos la imagen del Crucificado.

    En algunos lugares todavía se hacía de un modo más sensible el significado de esta marcha triunfal. El libro de los Santos Evangelios, rodeado de profundas muestras de respeto, recordaba, en esta procesión, la persona del Hombre de Dios. Los diáconos lo tomaban del altar después de la bendición de palmas, lo depositaban sobre rico almohadón y lo llevaban en andas como si se tratara de una reliquia. Numerosos cirios ardían en su derredor y entre nubes de oloroso incienso, precedido del clero y seguido del pueblo con ramos, banderas y oriflamas y de cuanto podía dar realce y brillo, era llevado en procesión.

    El final de la procesión estaba caracterizado por un rito más profundo y simbólico. La puerta de la iglesia se hallaba cerrada a la llegada del cortejo. La cruz se detenía en el umbral. Al instante se oían voces infantiles como de ángeles, que entonaban el himno de Cristo Rey, el “Gloria Laus” en el interior del santuario. El diácono o en su ausencia el celebrante, golpeaba con el astil de la cruz la puerta; ésta se abría y dejaba paso al cortejo.

    ¿Cómo se explica esta escena? Hay que acudir al sentido de las Sagradas Escrituras para ver en esta acción la entrada de Jesús en la Jerusalén terrenal, simboliza nuestra entrada tras Él en la patria celestial. La descripción del significado se podría hacer diciendo que la iglesia cerrada simboliza el santuario del cielo: allí residen los ángeles. Por boca de los niños cantores brotan sinceros saludos. A estos ecos del cielo, la Iglesia militante de la tierra, figurada por el gentío estacionado en las proximidades de la iglesia une sus cánticos de alabanza y de ardientes deseos esperando el momento en que será admitida en los atrios sagrados. ¿Quién le abrirá? Será la Cruz. La puerta del cielo no se abre para nosotros más que por la virtud de la pasión y muerte de nuestro salvador crucificado.

    Al permitir a los fieles la entrada en el santuario, sus voces se confunden con las de los ángeles en un mismo cántico al Dios de los espíritus celestiales y de los elegidos.

    El himno cantado en esa forma por los dos coros, fue compuesto, según la tradición, por Teodolfo, obispo de Orleáns, en el siglo IX cautivo por conspirar en Angers, por orden de Ludovico Pío. Al pasar la procesión de los Ramos, a la que asistía el emperador, por debajo de las ventanas de la prisión, el cautivo Teodolfo, cantó con armoniosa voz el “Gloria Laus” que había compuesto en los ocios de su soledad cautiva. El emperador halló el himno hermoso y piadoso que premió a Teodolfo poniéndolo en libertad. Desde aquella época es tradición cantar el himno de Cristo Redentor en la procesión de Ramos.

Publicado en Cuenca, 9 de abril de 2017. Actualizado el 29 de marzo de 2026.


Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico