viernes, 12 de junio de 2026

San Antonio de Padua, doctor (1195-1231). Festividad del 13 de junio.

“Los trece martes de san Antonio”

Nació en Lisboa el 15 de agosto de 1195 y murió en Padua el 13 de junio de 1231. Su nombre de pila fue Fernando, que luego cambió por el de Antonio, cuando entró en religión. Su padre fue capitán, llamado D. Martín de Bulloes y su madre se llamaba, Dña. Teresa Taveira de Azevedo. Su primera educación la recibió de los canónigos de la catedral de Lisboa. Cinco años más tarde, estando en Coimbra, se decidió a ser misionero y vistió el hábito franciscano. En seguida se embarcó para África, anhelando la gloria del martirio. Una fiebre maligna le obligó a reembarcar hacia España, pero la tempestad lo arrastró hacia Sicilia. De allí pasó a Asís, donde habló con san Francisco, que le obligó a estudiar teología, con el fin de que enseñase después en Francia y en Italia.

Dos cosas sobresalen en la vida de este Santo: el poder grandioso de su oratoria y la fuerza sobrenatural de sus obras. El prodigio y lo extraordinario le acompañan siempre, cuando habla desde el púlpito y cuando anda sobre la tierra o junto a la orilla del mar.

Su celo no le dejaba parar, como si presintiese la brevedad de su vida. Un día en Rimini se encuentra con el desdén y la rebeldía de los hombres, que no quiere oírle. Y se va a la ribera, en el lugar donde el río desemboca en el mar y empieza, sentado, a predicar a los peces: “Hermanos míos los peces, a vuestra manera vosotros también estáis obligados a dar gracias al Creador, que os ha dado por morada un tan notable elemento… Dios vuestro Creador es bueno y liberal…” El prodigio se propagó y entonces acudieron los hombres.

Otro día en Florencia explica el Evangelio: “donde está tu tesoro, allí está tu corazón”. Se celebran las exequias de un poderoso que acababa de morir, conocido en toda la ciudad por su avaricia: “Este rico ha sido precipitado en los abismos de la desesperación y del llanto. Era un avaro miserable, era un Epulón que se olvidaba del pobre Lázaro, tendido a su puerta. Id a su casa, abrid el cofre donde están sus tesoros, y allí, entre sus monedas, encontraréis su corazón todavía”. Estas palabras produjeron un asombro general, que se aumentó ante la realidad del hecho vaticinado.

Se cuenta que en Tolosa, un hereje decía que sólo ante un milagro admitiría la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Pensaba dejar tres días a su mulo sin comer; después le ofrecería heno y avena; si se apartaba del pienso para adorar la Hostia consagrada, era señal de que Cristo estaba presente. San Antonio aceptó la prueba. Pasados los tres días, tomó la Hostia en sus manos, la presentó delante del mulo hambriento y el mulo dejó el heno y la avena para postrarse ante el Señor.
El milagro de la adoración.

Desde la resurrección de varios muertos (comprobada jurídicamente con testigos), hasta la sumisión de los elementos, no hay milagro que no obrara san Antonio. Sus contemporáneos lo llamaban el taumaturgo de Padua. Jesús se le apareció visiblemente varias veces, y en especial en figura de Niño hermosísimo.

Además de los milagros, acompañaban a su predicación una voz extensa y clara, una memoria para recordar todos los textos y citas de la Sagrada Escritura, un semblante que ganaba los corazones, un conocimiento extraordinario de la ciencia cristiana y del corazón del hombre.

Profesó una tierna devoción a la Virgen María. A través de los campos, cantaba a la Señora con su bella voz de barítono: “Oh Señora, gloriosa, más alta que las estrellas”.

Los últimos años de su corta vida murió a los 35 años, los pasó en Padua. “¡Oh Padua, Padua, exclama en un sermón cuaresmal, yo estoy loco por ti, yo quiero salvarte, yo quiero iluminarte con la luz de Dios!”.

Poco antes de morir se retiró a una ermita llamada Camprieta y vecina a la ciudad. Vivía en una choza de ramas, envuelta en aromas campestres e idilios de ruiseñores, símbolo del aroma de sus virtudes y del canto espiritual de su alma enamorada del cielo.

Cuando sus ojos quedaron inmóviles, como deslumbrados por el claror de la luz eterna, sus labios aún pudieron decir: “Ya veo a Dios”. Tenía 35 años; era joven y sigue siendo joven, con la juventud de los bienaventurados del cielo y la que le dan siempre los artistas en la tierra.

El año de su muerte fue canonizado. Padua le levantó un magnífico templo y su culto corrió en seguida por toda la cristiandad. Hoy es muy universal la devoción de los trece martes de San Antonio. Pío XII le concedió el título de Doctor al haber dejado varios tratados de ascética y mística y también se llegó aplicar muchos de sus sermones.

Sobre los trece martes de san Antonio diré que es una tradición que los mismos devotos del Santo la practicaron desde el mismo momento de su tránsito. Cuenta la tradición que el martes siguiente a su muerte obró innumerables milagros a cuantos le invocaron, eso conllevó a orar los “trece martes” al coincidir su muerte con el día 13 del mes, para que el santo le concediera su gracia.

Esta práctica se extendió tanto que el Papa León XIII, en junio del año 1898, concedió la Indulgencia Plenaria a todos los fieles que visitaran un templo franciscano, siempre que se cumpliera con las condiciones exigidas para recibir este don, como son: la confesión sacramental, comulgar y rezar por las intenciones del Santo Padre.

El Papa León XIII, en marzo de 1899, enriqueció o amplió la devoción, concediendo la Indulgencia Plenaria por cada uno de los trece martes o domingos consecutivos previos a la solemnidad del Santo, siguiendo con las condiciones expresadas anteriormente.

Publicado en Cuenca, 13 de junio de 2020 y el 13 de junio de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

_____________

FUENTES CONSULTADAS:
-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.
-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.
-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.


jueves, 11 de junio de 2026

Fiesta del Sagrado Corazón, 12 de junio

Institución de esta fiesta. Esplendor del culto al Sagrado Corazón.

En mismo Jesús pidió a santa Margarita María la institución de esta fiesta particular en honra de su divino Corazón. La Santa la celebró, primero individualmente, pero también trabajó con esfuerzo perseverante para que se estableciese en toda la Iglesia. Ya en el año 1689 la aprobó el obispo de Langres para su diócesis y poco después se celebró en la de Lyón. En 1697, Inocencio XII, extendió la fiesta a todas las iglesias de la Orden de la Visitación, a la que pertenecía la Santa, y el año 1765 se celebró en todas las diócesis de Francia. Finalmente, en 1856, Pío IX mandó celebrarla en toda la Iglesia; León XIII la elevó en 1888 al rito doble de primera clase y Pío XI le añadió la octava, con su Encíclica Miserentíssimus del 8 de mayo de 1828.

Las fervientes súplicas del insigne apóstol español de esta devoción y culto, el venerable Padre Bernardo Francisco de  Hoyos, S. J., debieron de contribuir eficazmente al establecimiento de esta festividad. Porque preparándose el año 1733 a celebrar individualmente esta fiesta con una novena, dice que en ella “todo fue súplicas al Eterno Padre y a las demás Personas divinas; todo clamores al cielo para que se decretara en el consistorio de la Santísima Trinidad la extensión pronta del culto al Sagrado Corazón”.

Ya el 5 de mayo de dicho año, en la primera visión que tuvo del Divino Corazón, entendió que sería de singular agrado del Señor, que la Provincia de Castilla “tuviese el oficio y celebrase la fiesta de su Corazón, como se celebraba ya en otras partes”. Esperanzadoras promesas le dio el Señor diciéndole que “la solemnidad del Corazón de Jesús llegaría a ser en la Iglesia la más célebre después de la del Corpus”, y que “reinaría en España con más veneración que en otras partes”. San Pedro le aseguró en otra aparición, que “uno de sus sucesores establecería en toda la Iglesia la fiesta que le podía del Corazón de Jesús”. Casi a la par de santa Margarita y las Visitandinas de Francia, trabajaban, pues, incansables, el P. Hoyos y sus celosos compañeros de apostolado, Padres Juan de Loyola, Pedro de Calatayud y Agustín de Cardaveraz, para extender el culto del Divino Corazón y establecer esta fiesta en toda la Iglesia, empezando ellos por España. Imposible traer aquí las diligencias que hizo el Padre Hoyos para que Felipe V pidiera a Roma para España y sus dominios, la fiesta del Corazón de Jesús con oficio y misa propios.

El 30 de mayo de 1919 el rey Alfonso XIII leyó la consagración de España, ante el monumento del Sagrado Corazón del Cerro de los Ángeles.

Publicado en Cuenca, 19 de junio de 2020 y el 11 de junio de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

_____________

FUENTES CONSULTADAS:
-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.
-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.
-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.




San Juan de Sahagún (1430-1479). Festividad del 12 de junio.

En sus misas en la consagración se le aparecía Cristo y dialogaba con Él.

Era hijo de hidalgos leoneses, nació en Sahagún, villa de la provincia de León, y de ella tomó su nombre. Pronto por la mansedumbre de su carácter se le vio más inclinado a la Iglesia que a las armas; se  educó en la abadía benedictina del lugar y luego fue paje del obispo de Burgos, el famoso converso Alonso de Cartagena, quien le ordenó de sacerdote, le hizo canónigo y le colmó de beneficios eclesiásticos.

A los  20 años, avergonzado por tantos privilegios y honores, renunció a todo para hacerse simple párroco en Santa Gadea, de allí pasó a estudiar en la universidad de Salamanca, y en esta misma ciudad decidió que sería agustino.

En Salamanca fue muy popular por su talante risueño, su predicación (se le llamaba “el fraile gracioso”), la pureza de su vida y su espiritualidad: sus misas eran interminables –nadie quería ser monaguillo- porque en la Hostia se le aparecía Cristo y dialogaba con Él, olvidándose de los fieles.

Pero en el púlpito hablaba con una libertad y una audacia que le valieron numerosos enemigos; denunciando los abusos de los grandes señores o poniendo paz en las banderías sangrientas que desgarraban Salamanca, se ganó muchos odios, y en diversos lugares como Alba de Tormes se atentó contra su vida.
Uno de los milagros de san Juan de Sahagún.

Se le atribuyen infinitos milagros (hacer cesar una epidemia de peste, salvar a un niño caído en un pozo, resucitar a una niña) y según parece murió envenenado en Salamanca por una mujer que había jurado vengarse cuando fray Juan convenció a su amante para que rompiese sus relaciones con ella, esto sucedió el 11 de junio de 1479. Fue canonizado en el año 1690 por el Papa Alejandro VIII.

Publicado en Cuenca, 12 de junio de 2020 y 12 de junio de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

_____________

FUENTES CONSULTADAS:
-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.
-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.
-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.


miércoles, 10 de junio de 2026

San Bernabé. Festividad del 11 de junio.

 San Bernabé recibió una vocación especial para la evangelización en los primeros años de la Iglesia. San Pablo le daba el trato de apóstol que le ha conservado la liturgia. San Lucas nos lo presenta como hombre bueno lleno de fe y del Espíritu.

Era judío de la tribu de Leví, había nacido en Chipre, pero vivía en Jerusalén en el tiempo de la primera predicación apostólica, y allí tenía familia muy cercana, como la madre de San Marcos que era su tía. Pronto se abrió a la gracia cristiana con ardor y generosidad. Poseía un campo en Jerusalén, lo vendió y su importe lo puso en manos de los Apóstoles.

Su nombre era el de José, pero los Apóstoles le llamaban por el sobrenombre de Bárnaba o Bernabé, que quiere decir hijo de la consolación. San Juan Crisóstomo cree que aludían así a la bondad y simpatía de su carácter.

Evangelizó su isla natal y tal vez fue lapidado y quemado por los judíos en Chipre (debido a su supuesta lapidación se le invocaba tradicionalmente como protector contra el granizo). Se le atribuye el haber fundado la iglesia de Milán y es patrón de esta ciudad.

Un cuadro de Veronese evoca una significativa práctica de este misionero, de quien se dice que curaba a los enfermos aplicándoles sobre la cabeza o el pecho el evangelio de san Mateo, del que nunca se separaba, la palabra de Dios que asume poderes taumatúrgicos, salva las almas sin desdeñar la cura de los cuerpos.

Milagro de San Bernabé. Obra de Veronese.

La última parte de la vida de San Bernabé queda en la penumbra. Sin embargo, tuvo que seguir influyendo en muchas Iglesias, aún lejanas. A  finales del siglo I, un cristiano de Alejandría publicaba con su nombre un comentario de texto bíblico, que la tradición conoce con el nombre de Epístola de San Bernabé. Los corintios también lo conocían, y San Pablo les dice que había permanecido como él célibe. Una tradición antigua supone que murió en Chipre, en cuya capital, Salamina, se encontró hacia el año 488 su sagrado cuerpo.

La gloria de San Bernabé es la de haber descubierto el mérito extraordinario de San Pablo presentado a la Iglesia Madre de Jerusalén. Solamente por esto merece la veneración y gratitud de todos los cristianos.

Publicado en Cuenca, 11 de junio de 2021 y el 11 de junio de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

_____________

FUENTES CONSULTADAS:

-Año Cristiano para todos los días del año. P. Croiset. Madrid. 1846.

-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.

-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.

martes, 9 de junio de 2026

Santa Margarita, reina de Escocia (1045-1093). Festividad del 10 de junio.

¿Qué es nuestra vida sino un poco de humo, que se desvanece en el aire?”.
Hoy celebramos la festividad de Santa Margarita, reina. El pensamiento de San Pablo de que una mujer de fe puede santificar a su marido y a su casa, se cumple a la letra en Santa Margarita que fue un ángel tutelar de todo un reino. Por eso el Papa Clemente X la declaró Patrona de Escocia.

Fue nieta de Edmundo II, rey de Inglaterra, y su madre era sobrina de San Esteban, rey de Hungría. En esta corte nació Margarita y pasó sus primeros años. Más tarde pudo trasladarse a la corte de Inglaterra, acompañada de sus hermanos. Aquí la pidió por esposa Malcolm II rey de Escocia, quien la amó con locura. No sólo dejo en sus manos el interior del palacio, sino que la asoció al gobierno del Estado, consultándola en todos los negocios públicos.

Ella presidía las asambleas del reino y los concilios, cortando abusos seculares, dictando decretos de reforma moral y religiosa.
El rey se sentía orgulloso a su lado, admirando tanta sabiduría y prudencia, tanto celo y virtud. El manejaba valientemente la espada, pero no sabía leer ni escribir, y ya era tarde para aprender. Cuando había que dar un decreto, ponía una cruz al pie y encargaba que se lo llevaren a la reina.

Un día el rey preguntó a Margarita cuál era el libro que más amaba. Ella contestó que el Evangelio. Efectivamente, ningún otro libro leía tan asiduamente no con tanto amor y lágrima. Un día se encontró en su habitación un códice de los Evangelios escrito con letra de oro, decorado maravillosamente, rutilante en ricos metales y piedras preciosas. Era un regalo de su marido.
La caridad de la reina no tenía límites. Veinticuatro pobres alimentaban en su palacio. Cuando salía fuera, le aclamaban todos como a madre. Y sucedió muchas veces que la reina y sus acompañantes volvieron al palacio sin dinero, sin alfileres, sin guantes y hasta sin zapatos, porque los habían dado a los pobres.

En palacio hacía oración, leía, educaba a sus hijos, les enseñaba el catecismo, cosía y bordaba para la iglesia. Su capellán escribe: “Me hablaba con mucha sencillez, tal que estaba maravillado. Cuando nuestra conversación versaba sobre la dulzura del cielo, sus palabras salían inflamadas en el fuego del Espíritu Santo. Una sentencia suya era aquella de Santiago: ¿Qué es nuestra vida sino un poco de humo, que se desvanece en el aire?”.
Dios prueba a los que ama y en proporción directa al amor. La salud de Margarita sufrió quebrantos con las vigilias, austeridades y trabajos. Una prueba dura fue la separación del marido, que tuvo que marchar a la guerra para defender sus Estados contra Guillermo el Rojo. Fue una separación dolorosa para los dos esposos que se amaban tan tiernamente. Pero era el comienzo de la prueba para nuestra Santa. Un día recibió la noticia más dolorosa que podía recibir, como madre, como esposa y como reina. El rey había muerto en la guerra y con él su primogénito Eduardo. Margarita oyó con toda resignación la noticia y ofreció a Dios el sacrificio de su esposo y del hijo y aun de la propia vida.

La salud y las fuerzas corporales huían por momentos. Su fin se acercaba también. Pasaba largos ratos con el capellán y con la cruz. Ella fue su última compañera. Recogiendo las pocas fuerzas que le quedaban, cogiéndola fuertemente, la abrazaba, la besaba y se signaba con ella los labios y el pecho. Sus últimas palabras fueron: “Señor Jesucristo, que por tu muerte vivificaste el mundo, líbrame… ya no puedo seguir”. Su alma había volado al reino eterno de la Gloria el 10 de junio del año 1093.

Publicado en Cuenca, 10 de junio de 2019 y 10 de junio de 2026.
Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.


lunes, 8 de junio de 2026

San Primo y san Feliciano. Festividad que celebramos el 9 de junio.

    Estos dos santos, probablemente hermanos carnales, padecieron en la persecución de Diocleciano, en la Vía Nomentana. Allí fueron enterrados en un principio hasta que le papa Teodoro (642-649) los trasladó al interior de Roma, en la basílica de San Esteban, donde los colocó en un altar adornado con mosaicos. El recuerdo de esta traslación se conserva en dos inscripciones latinas.
Martirio de san Primo y san Feliciano.

“Ves el techo dorado que se eleva al cielo y sobre el cual se reflejan los rayos del sol. Queriendo la Divina Bondad decorar el techo del sacro lugar, movió el corazón del supremo Pastor Teodoro, para que con sumo cuidado preparase esta tumba al cuerpo de los Santos, sin descuidar la primera de momento”.

Primo y Feliciano fueron los primeros mártires que hicieron su ingreso en la Ciudad Eterna desde los cementerios de extramuros.

Estos datos son enteramente históricos. Sobre las circunstancias de su martirio no es posible tanta certeza. Se dice que por espacio de treinta años se dedicaron a la práctica de la caridad con los cristianos más pobres y perseguidos en las cárceles.

En la persecución de Diocleciano y Maximiano fueron también ellos perseguidos y encarcelados. Se negaron rotundamente a incensar a los dioses paganos, porque el único Dios era el de los cristianos. Fueron entonces apresados en un pestilente calabozo, donde se dice que recibieron la visita de un ángel que rompió sus cadenas. Este milagro hizo que se convirtieran muchos gentiles.

Las autoridades siguieron rebeldes y mandatarlos y desollarlos vivos. Los dos Santos viejos resistieron con firmeza de jóvenes aquel tormento, son mostrar la menos debilidad. Los trasladaron a Nomento, donde el gobernador  Promoto hizo cuanto pudo por reducirlos a su obediencia. Fueron nuevamente azotados y separados mutuamente para que no se animase el uno al otro. A Feliciano lo clavaron en un madero en su propio calabozo. A Primo le quisieron hacer creer que Feliciano había apostatado. Pero Dios le reveló la constancia de su hermano y los consuelos que recibía del cielo en la Cruz.
San Primo y Feliciano echados a los leones.

Al fin, para abreviar, los arrojaron a los dos a los leones que se tornaron mansos como corderos. La vida de aquellos cuerpos ya gastados era tan dura y fuerte como su fe en Cristo. Sólo la espada pudo acabar con ellas. Sus cuerpos quedaron en el campo para que fuesen devorados por las fieras. Los fieles de Nomento les dieron decorosa sepultura allí mismo hasta que el papa Teodoro los trasladó a la iglesia de San Esteban.

Publicado en Cuenca, 9 de junio de 2020 y el 9 de junio de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

_____________

FUENTES CONSULTADAS:
-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.
-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.
-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.




domingo, 7 de junio de 2026

San Medardo, obispo (456-545). Festividad del 8 de junio.

    Fue S. Medardo uno de los más ilustres prelados que florecieron en Francia en el sexto siglo: nació en Salency de Vermandois por los años de 457, siendo su padre Nectardo, un caballero francés muy calificado y de los más distinguidos en la corte; y su madre, Protagia, descendiente de una de aquellas antiguas familias romanas que se habían connaturalizado en Francia, tan rica, que trajo en dote a su marido la tierra de Salecy, Criaron con el mayor desvelo al niño Medardo, hasta que tuvo edad proporcionada para que le enviasen a estudiar a Vermand, capital de la provincia.

Este santo fue muy popular en la Francia de la Edad Media, y al cual los campesinos invocaban para pedir la lluvia y el buen tiempo. Su tumba en la abadía de Soissons era objeto de gran veneración y de él se contaban divertidas anécdotas, bondadosos prodigios de su caridad.

Vacas robdas cuya esquila no dejaba de sonar, como la voz de la conciencia, hasta que le ladrón devolvía el animal al santo, o merodeadores que una vez en el huerto durante toda una noche no acertaban con la puerta para salir, hasta que san Medardo al despertarse se la indicaba, haciéndoles comprender que todo pecado ciega.

Si hay que atender a la Historia, no es mucho lo que sabemos de él; que estudió en las escuelas monásticas de Vermand y Tournai, que fue ordenado sacerdote por el obispo de Vermand, a quien sucedería años después.

Vermand, junto al Saint Quentin o San Quintín que recuerda la gran victoria de Felipe II, parece que fue destruida por los hunos y los vándalos, y que entonces el santo trasladó su sede a Noyon, por ser ciudad fortificada.

Tuvo también sus conflictos con los intemperantes reyes francos, como Clotario I, quien no obstante sentía por él un gran respeto, pero más que un obispo duro y batallador parece que tuvo una aureola de bondad entre gentes todavía paganas y muy dadas a la violencia, que se ganó justa fama y muy caritativo, y que era hombre para quien Dios hacía pequeños milagros pedagógicos y convincentes.

La iconografía lo representa con un águila sobre su cabeza y es que su leyenda cuenta que cuando era niño, estando en el bosque se sorprendió una gran tormenta y una gigantesca águila voló sobre su cabeza protegiéndolo, con sus extensas alas de la lluvia incesante.

Es patrón de los camareros, de los leñadores, de los agricultores y de los titiriteros.

Publicado en Cuenca, 8 de junio de 2020 y el 8 de junio de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

_____________

FUENTES CONSULTADAS:
-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.
-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.
-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.