lunes, 26 de octubre de 2026

San Florencio y el Martirologio del 27 de octubre.

 San Florencio mártir. Festividad del 27 de octubre.

Entre el santoral de hoy he elegido a san Florencio, era natural de Sevilla, en España, era hijo de Rústico Bolano, descendiente de los romanos. Se ofreció ir a Roma, y con esta ocasión oyó predicar el Evangelio a los Apóstoles san Pedro y san Pablo, y llevado de la suavidad de su doctrina, recibió el bautismo.

San Florencio Mártir.

Volvió a España, y se dedicó tanto al culto de la fe católica que despreciando las horas de los emperadores, solo meditaba en Cristo y su santa ley. Se retiró a su casa, y en ella empleaba el tiempo en oración y ejercicios espirituales, socorriendo con muchas limosnas a los necesitados; hasta que después de algún tiempo, en premio de su fervorosa fe y caridad, le dispuso Dios la corona del martirio. Estaba en aquel contorno un enviado del emperador Trajano, deseando acabar con todos los cristianos si pudiese. Tuvo noticias de Florencio y le hizo llevar a su presencia, procurando reducirle al culto de los demonios; más viéndose constante en la fe, le hizo dar la muerte, y su bendita alma voló al Cielo el día 27 de octubre del año 116.

MARTIROLOGIO DEL 27 DE OCTUBRE:

En Ávila, la pasión de los santos Vicente, Sabina y Cristeta, los cuales primero fueron estirados en el caballete hasta que se les descoyuntaron todos los miembros; después poniéndoles las cabezas sobre una piedra, a palos se las machacaron hasta hacerles saltar los sesos, en cuyo tormento llegaron a la corona del martirio. Fue esto por sentencia del presidente Daciano. 

Santos Vicente, Sabina y Cristeta.

En Tille le Chanteau, en Borgoña, San Florencio mártir. En Capadocia las santas mártires Capitolina y Erotéida su criada, que padecieron en tiempos de Diocleciano. En la India San Frumencio obispo, el cual primeramente fue llevado cautivo a aquellas tierras, y después ordenado obispo por San Atanasio, predicó en ellas el Evangelio. En Etiopia san Elesbaan rey, que después de haber vencido a los enemigos de Jesucristo, dejó la corona real, y fue a Jerusalén en tiempo del emperador Justino a profesar allí vida monástica, según el voto que tenia hecho: y perseverando en este estado voló al Señor.

Publicado en Cuenca, 27 de octubre de 2020 y el 27 de octubre de 2026.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:

-Año Cristiano para todos los días del año. P. Croiset. Madrid. 1846.

-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.

-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.

 

domingo, 25 de octubre de 2026

Visita guiada gratuita sobre la rejería del siglo XVI en la Catedral de Cuenca.

Visita guiada gratuita sobre el arte Grutesco en la Catedral de Cuenca.
   Siguiendo con las visitas gratuitas de la Catedral de este curso, este sábado, primero de mes, día 7 de noviembre, a las 11 de la mañana, realizaremos la visita guiada explicando la catequética de la rejería del siglo XVI. 

Detalle de la reja del Coro de la Catedral de Cuenca.
Foto: José María Rodríguez González.

   En Cuenca, en el siglo XVI se dieron unas circunstancias especiales, sobresaliendo en el arte de la rejería, al disponer de la materia prima, en las minas de Tragacete y de los medios económicos suficientes para crear en la ciudad una tradición del trabajo del hierro, naciendo una escuela conquense que fue conocida por todo el reino, como lo demuestra los trabajos de Sancho Muñoz en Sevilla y Hernando de Arenas en Sigüenza.

En el siglo XVI, el Renacimiento plantea un enfoque distinto del que se había llevado hasta entonces, los elementos decorativos buscan su inspiración en modelos grecorromanos tendiendo a crear un mundo ficticio, fundiendo caprichosamente elementos de diferentes naturalezas y creando un mundo fantástico, cuyos elementos fueron denominados GRUTESCOS.

La Catedral de Cuenca posee gran cantidad de este arte y centrándonos en la rejería, el sábado intentaré explicar la enseñanza catequética que encierra cada una de estas magníficas rejas, donde se combina la traza creada con el contenido figurativo existente en cada una de ellas, acorde con la idea de su benefactor, donde se funde y se crea un camino y una puerta de comunicación entre lo humano de este mundo y lo divino del otro.

Cuenca, 28 de octubre de 2026

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

Plegarias sobre las tumbas. Se avecina la fiesta de los difuntos.

   Cuando el verde de los chopos de las hoces del Júcar y del Huécar tornan a amarillo y estos a su vez a ocres llega noviembre con su fiesta de difuntos, la naturaleza le acompaña y los árboles dejan caer sus hojas rememorando el duelo del sueño eterno.

En los templos musita, con leve chisporroteo, los cirios su misteriosa oración mientras por el aire vuelan los lamentos de las campanas de las iglesias tocando a muerto, día de difuntos: pon… pon… pon, resuenan en los oídos. La Iglesia en este mes congrega a sus hijos, a los que luchan y a los que esperan, para ellos nos piden en este mes la limosna de nuestras oraciones y sacrificios, mientras ellos nos la devolverán, hecha lección de vida, que nunca debemos olvidar.

Un día para el recuerdo de tantos conocidos nuestros que pasaron por la vida con nosotros, y como nosotros, vivieron, amaron, lucharon, sufrieron y sucumbieron. Ha terminado para ellos el tiempo de merecer y, mientras expían sus culpas o gozan de la vida eterna, tiene sus esperanzas puestas en nosotros, en nuestros méritos y sufragios.

Puerta del cementerio municipal de Cuenca.

Si en estos días visitas el cementerio no nos conformemos con sólo llevar flores  y depositarlas sobre sus tumbas, fúnebre obsequio porque se marchitan y acaban en el cubo del sepulturero. Para su reposo eterno sólo tiene valor las flores de nuestras oraciones o el aroma de nuestros sacrificios.

No nos conformemos tampoco con repetir una y mil veces el epitafio: “Descanses en paz”, frío como el mármol  o la piedra que cobija sus restos, o ese otro epitafio en que se le juró eterno recuerdo, si ese recuerdo no tiene la virtud de cristalizar en nuestros labios hecho oración. En realidad, sólo será verdad el epitafio de aquella joven gaditana: “Que la tierra pase sobre ti tan poquito como tú pasaste sobre ella”.

Pongamos más bien nuestros ojos sobre la Cruz que elevándose sobre la tumba, la cubre con sus brazos redentores, implorando, para el que allí duerme a su sombra bendita, el obsequio, de nuestras plegarias. Ella os dice, señalando el cielo, que no todo allí es podredumbre, sino que esos restos que descansan dentro de la tumba estuvieron animados por un alma, el alma del que nos dejó con lágrimas en los ojos. Rogad por todos, no pongamos límites a la oración. Roguemos por los que yacen sin epitafio en el fondo de los mares, por los que murieron en la pandemia actual, roguemos por todos, siguiendo el calor de la oración, que es el lazo de hermandad que nos une a todos, vivos o muertos, bajo la mirada del mismo Padre que está en los Cielos.

Al visitar el cementerio no olvidemos que dentro del silencio de cada tumba hay una lección de vida. Su silencio nos habla de lo que somos y de lo que llegaremos a ser, una lección de vida en la mansión de la muerte.

Recibamos la llegada de estos días con la alegría intima de los que se sienten liberados y pensemos que: “La vida de los muertos  perdura en la memoria de los vivos”.

Publicado en Cuenca, 25 de octubre de 2020 y 26 de octubre de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

San Evaristo y san Frutos entre otros. Festividad del 26 de octubre.

     San Evaristo sucedió en el Pontificado romano a San Clemente a fines del siglo I o a principio del siglo II. El libro Pontifical pondera su espíritu organizador y la conciencia que tiene la dignidad y autoridad del Papa. Por eso estableció que en la cátedra del Papa hubiese siempre siete diáconos, para realzar su carácter de maestro de la verdad.

San Evaristo

San Evaristo fue sepultado junto al sepulcro de San Pedro. El arte popular lo representa con una espada y la cuna. La espada, símbolo de su glorioso martirio. La cuna hace alusión a su origen. La tradición dice que había nacido en Grecia de padre judío, natural de Belén.

San Frutos confesor, Patrón de Segovia.

La ciudad de Segovia cuenta entre sus glorias la de haber sido patria del muy esclarecido confesor san Frutos. Nació en el año 642. Educado por sus padres en el temor de Dios, dándole ellos buen ejemplo en sus vida. Frutos tenía dos hermanos llamados Valentín y Engracia.

San Frutos.

Sentía cierta inclinación a vivir en soledad porque veía que en la ciudad y en medio de los cuidados de su familia no podía conservar la paz y sosiego interior a que Dios le llamaba y determinó romper con todo eso. Habló con sus hermanos y estos le siguieron en aquella empresa. Repartieron su hacienda entre los pobres salieron para el desierto sin volver los rostros atrás.

Anduvieron unas nueve o diez leguas al norte de Segovia, y atravesando e río Duraton, tomaron su camino ribera abajo, y a poco más de media legua de donde está ahora el monasterio de Ntra. Sra. de la Hoz, que es de la orden de San Francisco, hicieron morada y asiento. Hicieron sus chozas y cabañas entre los riscos, en lo alto del monte edificaron un oratorio y ermita a Ntra. Sra., donde pudieron juntarse a hacer oración. Dicen también que con el dedo tocó Frutos en una peña y de ella brotó un chorro de agua que mana aún en nuestros días y se le llamó la fuente de San Frutos.

Hacía bastantes años que Frutos y sus hermanos hacían vida retirada cuando vino sobre España la invasión de los moros. Estaban los siervos de Dios con esta calamidad afligidos, sin saber qué hacer si quedarse o marcha a otro lugar con los cristianos que se refugiaban en los montes de Asturias. Frutos alentó a sus hermanos a que permanecieran en el lugar, fiados de la protección de Dios.

No paso pucho tiempo cuando acudieron un gran número de moros que iban a tropel hacia su ermita. No se turbó ni tuvo miedo, antes cobró ánimo y poniendo su esperanza en Dios, invocando también a la Virgen, les salió al encuentro determinado a morir por la fe. Acercándose los moros, hizo él con el báculo una raya en el suelo, mandándoles que no pasaran de allí; y al punto se hundió la peña y se hizo una gran abertura separando las dos partes, no pudiendo pasar. Esto así ocurrió por estar documentado por aquella Iglesia. Aun hoy en día se mantiene dividida la pena a la que llaman la cachillada de San Frutos.

Cansado ya de vivir en este mundo tan lleno de pecados, y deseoso de estar con su Creador y Salvador en la vida eterna, pidió el partir ya de este mundo. Recibió el Viático con gran devoción y entregó su espíritu al Señor el día 25 de octubre del año 715, a los setenta y tres años de edad.

Los santos hermanos depositaron su cuerpo en el hueco de la pared de la ermita, y ellos se retiraron a otro junto a Caballer, pueblo que estaba cinco leguas de Segovia entre norte y oriente, donde fueron finalmente degollados por los moros en odio de nuestra santa fe. De estos santos sólo quedan las memorias que hay en la vida de San Frutos.

El papa Sixto IV, en una bula dada en el amo 1476, a favor del priorato de San Frutos, los llama mártires.

Los restos de san Frutos fueron descubiertos hacia el año 1466, siendo obispo de aquella Iglesia D. Juan Arias de Ávila. Por entonces los trasladaron al Altar mayor, mientras se labraba una capilla con la advocación de san Frutos. En el año 1558 fueron colocados en la nueva catedral.

Cuenca, 26 de octubre de 2020 y elb26 de octubre de 2026.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:

-Año Cristiano para todos los días del año. P. Croiset. Madrid. 1846.

-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.

-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.

 

sábado, 24 de octubre de 2026

Efemérides conquenses. Muerte del Obispo D. Inocencio Rodríguez Diez.

 El 22 de octubre de 1974 muere en Madrid en su casa de la calle D. Ramón De la Cruz. El Prelado, D. Inocencio Rodríguez Díez, hijo adoptivo de Cuenca. Rigió la diócesis más de treinta años. Está sepultado  en la Catedral.

Obispo D. Inocencio Rodríguez Díez.

     Nació en Santa Olaja de la Varga de la provincia de León, un 19 de junio de 1891. Fue ordenado presbítero el 17 de junio de 1916 y nombrado obispo de Cuenca un 10 de junio de 1943. Su consagración como obispo de esta diócesis se realizó un 19 de septiembre de 1943 al que asistió el arzobispo de Toledo D. Enrique Plá y Deniel, asistido por D. Gregorio Modrego y Casaús obispo de Barcelona y Carmelo Ballester y Nieto que era obispo de Vitoria.

Publicado en Cuenca, 22 de octubre de 2020 y el 22 de octubre de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

San Crisanto y santa Daría. Festividad del 25 de octubre.

     El nombre de estos dos santos esposos aparece en los martirologios en varias fechas, tales como el 12 de agosto, el 25 de octubre, el 29 de noviembre y el 19 y 20 de diciembre. Pueden referirse al día de su martirio, al hallazgo de sus reliquias, a la traslación y a la dedicación de una capilla. En el siglo IX su fiesta se celebraba el 19 de marzo; más tarde se fijó definitivamente para el 25 de octubre.

San Crisanto y santa Daría.

Siendo emperador Numeriano vino a Roma un caballero noble, alejandrino, llamado Polemio, que tenía un hijo llamado Crisanto, en su palacio: este halló casualmente un cuadro de los Evangelios, leyéndolo por curiosidad y logró ser bautizado. Entendiendo el padre que su hijo era cristiano procuró reducirle a la idolatría que él procesaba, ya con la blandura, ya con las amenazas; y viendo que no lograba sus deseos introdujo en la estancia de Crisanto una deshonestas mujeres, deseando amancillar su pureza; mas Crisanto por no veras fijó su rostro en tierra.

Visto que no había marea de enmendar su manera de pensar, buscó Polemio una doncella hermosa, noble, rica y de buenas costumbres, por las cuales dotes mereciese ser esposa de su hijo, llamada Daría: más el santo con sus explicaciones y conducta la hizo también cristiana, y con apariencia de matrimonio la tuvo en su compañía, para que juntos los dos se empleasen mejor en ejercicios cristianos. Traían al conocimiento de Dios a muchas otras almas, lo cual llegando la noticia al gobernador Celerino, fueron delatados ante su presencia, y encomendados a Claudio, tribuno, el cual los hizo padecer muchos tormentos, y después los metió en una oscura prisión. Crisanto convirtió a la fe al tribuno, su mujer e hijos, y Daria, siendo llevada al lugar de las malas mujeres, entró un león y la defendió para que no sufriera su pureza. Viendo esto el tirano mandó sepultarlos vivos en el año del Señor del 284.

Aunque el Martirologio romano pone su muerte en tiempos de Numeriano, como he afirmando al principio, que reinó en Oriente el amo 184, los estudios actuales dan por más probable el reinado de Valeriano, por el año 256.

La devoción y culto a los dos Santos fue espontáneo y universal en la Iglesia de Roma. El primer aniversario se reunieron muchos cristianos en el arenal de la Vía Salaria, donde habían sido sepultados, para celebrar los divinos oficios. Durante la Misa, un grupo de soldados paganos les cerró con piedras y arena la boca de la catacumba y todos quedaron allí enterrados, junto a la tumba de los Santos Crisanto y Daría.

Aquel lugar, doblemente venerable, cayó en el olvido con el tiempo. Al recobrar la Iglesia la paz, junto a la tumba de San Crisanto y Daría aparecieron los restos de los otros fieles: hombres, mujeres y niños. También estaban los vasos sagrados que habían servido para la celebración de la Misa. San Dámaso restauró la catacumba, pero no tocó los cuerpos de los mártires ni su cripta. Se contentó con poner una inscripción y abrir en la pared una ventana, desde donde se pudiesen contemplar las reliquias de aquellos héroes que habían  muerto mientras celebraban la Santa Misa y honraban a los mártires. En el siglo VI perduraba todavía la obra de san Dámaso.

Publicado en Cuenca, 24 de octubre de 2020 y el 24 de octubre de 2026.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:

-Año Cristiano para todos los días del año. P. Croiset. Madrid. 1846.

-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.

-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.

 

viernes, 23 de octubre de 2026

San Antonio María Claret (1807-1870). Festividad del 24 de octubre.

     San Antonio María Claret de la Congregación de Padres Misioneros del Corazón de María, es una de las figuras más grandes que produjo el siglo XIX. Su actividad como misionero, escritor, confesor y hombre de gobierno es asombrosa.

Es el último confesor de reyes que hay en el santoral, el último confesor regio en una época en la que parece que no hay ya monarcas santos; y confesor además de una reina, la española Isabel II, que no se distinguió por su ejemplaridad. Toda una hazaña la de esto catalán de aspecto campesino y algo tosco en cuya vida se ha cebado la calumnia.

En pleno siglo XIX y en la turbulenta España isabelina, vivir en el centro de la corte aun sin querer hacer política era influir en la política nacional, al Padre Claret no se lo perdonaron, y la historia y la literatura siguen repletas de ataques de una tremenda malignidad, suponiéndole una especie de eminencia gris de la voluble Isabel.

Su vida es mucho más rica que el período madrileño; empieza siendo un joven entregado al trabajo con un ardor singular, luego hay como una conversión, con dos intentos de entrar en órdenes tan distintas –cartujos y jesuitas- que ya bastan para indicar que andaba lejos de su camino, hasta quedarse en cura de pueblo, que es donde da toda su medida de apóstol.

Una orden de Roma vino a cambiar el rumbo apostólico del padre Claret. En mayo de 1850, Pío IX lo preconizaba obispo de Santiago de Cuba. El Santo se resistió cuando pudo, dentro de la obediencia y respeto a la autoridad. Era voluntad de Dios y partió para Cuba. En seis años recorrió personalmente tres veces toda la diócesis; reformó las costumbres del clero y del pueblo, restauró el seminario de Santiago, intensificó la enseñanza religiosa y, con ocasión del cólera de 1852, se sacrificó en aras de la caridad.

En la ciudad de Holguín la masonería había preparado un atentado contra su vida. El golpe del asesino le hizo una profunda herida en la mejilla. “Un obispo, decía él, ha de estar preparado a una de estas tres cosas: a ser envenenado, procesado o condenado. Si los hombres le respetan, le condenará Dios”.

En 1857 Isabel II le llamó a Madrid y fue nombrado obispo de Trajanópolis. En España debía dirigir la conciencia de la reina y acompañarla en su viaje por todas las provincias.

Entre tantos viajes y ocupaciones tan variadas, tenía tiempo todavía para predicar y ejercitar el apostolado de la pluma.

La Revolución de 1868 se ensañó de una manera especial con él. Folletos calumniosos, caricaturas infamantes, fotografías obscenas, acusaciones hasta de robo de custodias y alhajas del Escorial. Fue desterrado y, después del Concilio Vaticano, donde  trabajo muy activamente, quisieron sacarlo del monasterio de Fontfroide, donde Dios le tenía preparado el premio de su enorme apostolado. Allí murió con la gloria de los Santos el 24 de octubre de 1870.

Fue canonizado por Pío XII el 7 de mayo de 1950. La beatificación había tenido lugar el 1934.

Publicado en Cuenca, 23 de octubre de 2020 y el 23 de octubre de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:

-Año Cristiano para todos los días del año. P. Croiset. Madrid. 1846.

-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.

-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.