lunes, 6 de abril de 2026

San Juan de La Salle (1651-1719). Festividad del día 7 de abril.

     Juan Bautista de La Lalle nació en Reins, recibió la tonsura (*) a la edad de 11 años. Cuando murieron sus padres tuvo que encargarse de la administración de los bienes de la familia. Terminados sus estudios de teología, fue ordenado sacerdote el 9 de abril de 1678. Dos años más tarde obtuvo el título de teología.

A los quince años se le dio una pingüe canonjía (1*), principio de una buena carrera eclesiástica a la que estaba destinado este retoño de un magistrado de Reins; así se le resolvían anticipadamente todos los problemas materiales, bastaba con ir subiendo cómodo y seguro los peldaños que le separasen de la cumbre, su instalación al frente de una rica diócesis.
San Juan de La Salle.

El joven de La Salle se ordenó de sacerdote y empezó a complicarse la vida poniéndose a trabajar en escuelas populares, porque quería enseñar a los pobres de los que nadie se ocupaba; para este menester funda la congregación de Hermanos de la Doctrina Cristiana.

Defrauda las esperanzas de su familia, que se le opone con violencia, le llueven pleitos, calumnias, persecuciones, ataques de los jansenistas, tiene que hacer frente a la rivalidad de los que tienen por profesión la enseñanza, las autoridades eclesiásticas le ponen trabas e incluso sufre los desaires de su obispo.

Para sacar adelante aquella empresa se necesita mucho dinero, y él lo tiene por herencia; es entonces cuando aplicando muy bien la lógica del absurdo que caracteriza a la santidad, renuncia a la canonjía y a sus bienes personales; que quede claro: o su obra se pone exclusivamente en manos de la Providencia o no es de Dios.

Sobre la base de este despropósito humano, haciéndose tan pobre como sus compañeros, desprendiéndose de los medios que parecían imprescindibles para su fin deslinda su aportación del misterio de lo que Dios tiene que poner en aquel asunto. ¿En quién hay que confiar, en el dinero o en la voluntad divina? ¿Hay que vivir por sí mismo o por otros?

De La Salle fue innovador al proponer programas para la formación de maestros seglares, cursos dominicales para jóvenes trabajadores y una de las primeras instituciones para la reinserción de delincuentes. Extenuado por una vida cargada de austeridades y trabajos, falleció en San Yon, cerca de Rouen, el 7 de abril de 1719, sólo unas semanas antes de cumplir los 68 años.

Publicado en Cuenca, 7 de abril de 2020 y el 7 de abril de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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- 1*Canonjía: Prebenda por la que se pertenece al cabildo de iglesia catedral o colegial.
      - La casa de los Santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.
     - Festividades del año Litúrgico. Editorial Luis Vives. Zaragoza. Lino, Obispo de Huesca.1945.
      (*) Se llama tonsura al primero de los grados clericales, el cual se confería por mano del obispo como disposición y preparación para recibir el sacramento del orden y cuya ceremonia se ejecutaba cortando una parte del cabello. 


Efemérides conquenses del 7 de abril. Muerte del obispo D Andrés Pacheco.

 El día 7 de abril de 1626 muere en Madrid el obispo de Cuenca D. Andrés Pacheco a la edad de 67 años.

Nació en La Puebla de Montalbán (Toledo) y fue bautizado en la parroquia de Santa María de éste mismo pueblo. Hijo de  Alonso Téllez Pacheco Girón, señor de La Puebla de Montalbán y de Juana de Cárdenas, hija del primer conde de La Puebla de Maestre.

Estudió Teología en Alcalá de Henares obteniendo el grado de bachiller en 1569 y al siguiente año obtuvo el título de maestro. Se doctoró en Teología en el año 1579 en la misma Universidad de Alcalá.

Fue propuesto para Obispo de Pamplona por el rey Felipe II en el año 1587. El 29 de enero de 1601 fue promovido al obispado de Cuenca, tomando posesión el 9 de diciembre. Mandó construir en cuenca el convento del Santo Ángel de la Guarda, que dotó para los Carmelitas Descalzos, hoy este convento no existe, estaba ubicado en la isla de “Monpesler” en el río Júcar y fue diseñado por fray Alberto de la Madre de Dios, arquitecto que dirigió los proyectos más importantes de la arquitectura conquense en los inicios del Barroco.

Renunció al obispado de Cuenca en el año 1622 al ser nombrado Inquisidor General de España y tres años después Patriarca de las Indias Occidentales, cargos que ocupó hasta su muerte, acaecida el 7 de abril de 1626, siendo enterrado en el Convento del Santo Ángel de la Guarda en Cuenca.

Cuenca, 7 de abril de 2021. Actuaizado el 7 de abril de 2026.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

domingo, 5 de abril de 2026

San Prudencio Galindo (861) Festividad del 6 de abril.

    Hoy celebramos la festividad del santo correspondiente al santoral cristiano que está dedicado a San Prudencio Galindo.
San Prudencio Galindo.

San Prudencio era español de origen pirenaico, quizá catalán o aragonés, pues no se conoce con certeza su origen de nacimiento, posiblemente estuviera emparentado con los condes de Aragón, hacia el año 827 salió de su patria invadida por los musulmanes, y como otros españoles ilustres de su tiempo encontró asilo en la corte carolingia.

Si su compatriota Teodulfo fue poeta, él destacó como teólogo e historiador, capellán y consejero de Ludovico Pío y Carlos el Calvo, y desde mediados de siglo hasta su muerte, obispo de la ciudad de Troyes, en la Champaña.

Dejó unos Anales reales llamados de Saint-Bertín, resonantes polémicas sobre el problema de la predestinación (según algunos, exageradamente agustinianos, hasta casi rozar tesis de lo que luego será el jansenismo) y diversas obras de piedad, como el Breviarium psalterii y el Florilegium ex Sacra Scriptura.

Poco más sabemos de él, y en sus obras son escasísimas  las referencias personales que permitan hacernos una idea de cómo este desterrado voluntario, que se enorgullece de su hispánico origen y que vincula su nombre y su vida a otras tierras muy lejanas a Europa.

Prudencio Galindo (quizás adoptó su primer nombre como homenaje al gran poeta de la España cristiana primitiva), tan fogoso en la controversia teológica, fue también según la tradición un admirable pastor de almas, y Troyes le veneró como santo desde muy poco después de su muerte. Le imaginamos en el corazón de estos siglos de hierro como un prelado fuerte y con exigencias sin blanduras, reservándose la caridad, tal vez envuelta de rudeza, guiado su solicitud por la fe y por los cristianos.

Publicado en Cuenca, 6 de abril de 2020 y el 6 de abril de 2026.                                          

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

sábado, 4 de abril de 2026

La Resurrección de Cristo. La promesa y los testigos

Destruyó nuestra muerte y ha recuperado nuestra vida
    La mejor y más expresiva imagen de Cristo Resucitado es su sepulcro vacío. “Surréxit, non est hic. Veníte et vidéte locum ubi pósitus erat Dóminus. Resucitó, no está aquí. Ved el lugar donde le pusieron”. Así dijo el ángel de túnica de alba a las mujeres que buscaban al Señor. Para los que le vieron antes y tuvieron la fortuna de asistir a su entierro, para todos los que tenemos fe, que creemos sin ver, esta ausencia del cuerpo del Señor nos llena de íntima satisfacción.


    Con mucha antelación había dicho Jesús a los escribas y fariseos: “Esta raza mala y adúltera pide un prodigio, pero no se le dará el que pide el prodigio de Jonás profeta; porque así como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así el Hijo del hombre estará tres días y tres noches en el seno de la tierra” (Mat. 12, 39-40).
    Y al bajar del monte les puso Jesús precepto, diciendo: No digáis a nadie lo que habéis visto, hasta tanto que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos” (Mat. 17,9).
    Como atravesara la Galilea iba instruyendo a los discípulos, y les decía: El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres y le darán muerte, y después resucitará al tercer día” (Mc. 9, 30).
    Mirad que subimos a Jerusalén, donde el Hijo del Hombre será entregado a los príncipes de los sacerdotes, y a los escribas, y ancianos, que le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles; y le escarnecerán, y le escupirán, y le azotarán, y le quitarán la vida, y al tercer día resucitará” (Mc. 10 33-34) (Lc. 18 31-33).
    Hallamos igualmente numerosos documentos posteriores de la resurrección de Jesucristo. “Levantándose Pedro en medio de los hermanos, dijo -refiriéndose a Judas el traidor-: Ocupe otro su lugar en el episcopado. Es necesario, pues, que de estos sujetos que han estado en nuestra compañía todo el tiempo que Jesús Señor Nuestro conversó entre nosotros, empezando desde el bautismo de Juan hasta el día que, apartándose de nosotros, se subió al cielo, se elija uno que sea como nosotros testigo de su resurrección” (Hechos, 1, 20-22).
    Con innumerables citas podríamos traer el testimonio de la verdad de que Cristo resucitó.
    El origen de esta fiesta se remonta al Antiguo Testamento. Dios mismo la prescribió a los hebreos en recuerdo de la salida de Egipto, o paso milagroso del mar Rojo, en la segunda mitad del siglo XV antes de Jesucristo. Se le dio el nombre de Pascua, palabra que significa “paso” o “tránsito”.

    Si bien la Pascua cristiana es en algo una continuación de la judía –por cuanto nosotros también perpetuamos la memoria del gran beneficio de la libertad que nos mereció Jesucristo- no obstante, no deja de ser muy distinta; por esto, para que ambas no se confundiesen, como también porque Jesús resucitó en domingo, determinó San Pedro, el primer Papa, traspasarla al domingo que seguía a la Pascua de los judíos.
    Hubo gran dificultad en un principio para unificar esta fecha, porque muchos cristianos eran judíos. El mismo San Juan Evangelista, consintió que los efesios, en gran mayoría judíos conversos, continuasen celebrándola, según su costumbre, el día décimocuarto de la luna de marzo. Hasta el Concilio de Nicea, celebrado en el 325, hubo diversidad de disciplina, ya en algunas iglesias de Asia Menor, Éfeso entre otras, ya en Siria o Mesopotamia.
    A partir de dicho concilio, los astrónomos alejandrinos fueron encargados de calcular cada año la fecha de Pascua. El patriarca de Alejandría transmitía el resultado a Su Santidad, y el Papa, a su vez, lo anunciaba al orbe Católico.
Feliz Domingo de Resurrección.
Cuenca, 1 de abril de 2018, el 31 de marzo de 2024 y el 5 de abril de 2026.
José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.


San Vicente Ferrer. Festividad del 5 de abril.

   Aunque Valencia celebra la festividad de su Patrón, San Vicente Ferrer, el 12 de abril, la Iglesia, en general, lo celebra el 5 de abril, fecha de su tránsito. Hoy hablaré de su vida.

    Este santo que celebramos hoy sin duda fue un hombre providencial, un verdadero profeta que Dios  envió con palabra y poderes extraordinarios suyos. Nació en Valencia el 23 de enero de 1350, fiesta de San Vicente mártir, y murió en Vannes en Francia el 5 de abril de 1419.

San Vicente Ferrer.

De él se puede decir lo que se dijo de los discípulos de Emaús sobre Jesús: fue un hombre grande en obras y en palabras.

Se día de él que desde la altura del púlpito un fraile dominico predicaba a la multitud sujetando con la mano derecha un rollo de pergamino mientras con la derecha trazaba en el aire como una bendición que en realidad era un ademán persuasivo que subrayaba su oración. Es fray Vicente, catedrático de teología, pero conocido sobre todo como predicador a quien no se resisten las almas.

Con sus sermones de una formidable viveza expresiva, logró conversiones en masa, atraía al cristianismo a judíos y moros, e impulsaba a que le siguieran muchedumbres a veces de hasta diez mil personas.

Este apóstol de Europa que desde su Valencia natal, de la que es popularmente patrón recorrió Francia, Italia, Suiza, y Alemania haciéndose entender por gentes que ignoraban a la suya, como la de san Bernardino de Siena, tuvo una fama casi de mago y su recuerdo va unido a toda una milagrería de incierta comprobación.

Fue también consejero político, siendo uno de los grandes defensores de Benedicto XIII, el Papa Luna (a quien poco antes de morir retiró su apoyo para poner fin al cisma de Occidente), y en 1412 es uno de los protagonistas del compromiso de Caspe.

Para San Vicente predicar es sembrar y, por tanto, derramar la vida, porque se conserva en la semilla; es sembrar en las almas la buena simiente. En su voz vibraba la santidad. Todo el mundo sabía que aquel hombre era puro como un ángel, austero como un anacoreta.

Cuenca, 5 de abril de 2021 y el 5 de abril de 2026.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:

-Año Cristiano para todos los días del año. P. Croiset. Madrid. 1846.

-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.

-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.

 

viernes, 3 de abril de 2026

Un poco de historia de los desfiles procesionales de Cuenca

Historia documentada de las procesiones conquenses en la Semana Santa

Este año se cumple el 400 aniversario del primer desfile de la procesión “Camino del Calvario”. El 1 de abril de 1616, desfilaba por las calles de Cuenca la Imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno de “El Salvador”. En la actualidad en la procesión desfilan, a demás de la imagen del Jesús la de San Juan Evangelista y Nuestra Señora de San Agustín.

De los documentos que se han hallado podemos afirmar que su fundación de la Hermandad data del año 1702, como lo atestigua el Acta primera de su Cofradía que dice textualmente dice: “Cofradía de San Juan Evangelista”, sita en la Iglesia del Convento de San Agustín de esta Ciudad, que se fundó en el año 1702”.

Como curiosidad, digna de recuerdo debemos consignar que el día de San Bartolomé de 1815, hubo una solemne procesión organizada por la Hermandad que desde la parroquia de El Salvador, calle de El Peso y bajada por la Trinidad, llegando hasta el convento de San Agustín, con asistencia del Cabildo de Curas y Beneficiados, Autoridades y Cofradías. En  esta procesión figuraban las sagradas imágenes de Jesús Nazareno, Cristo Crucificado, con el título de “La Cruz”, María Santísima de la Soledad y el glorioso Evangelista San Juan.

Los pasos fueron llevados por hermanos vestidos de nazarenos, como si hubiese sido Viernes Santo. Esta solemne función procesional tuvo por objeto dar gracias al Altísimo por la nueva colocación de los Santos Pasos que desde el año 1812 estaban, en calidad de depósito, en la Parroquia de El Salvador, salvándose de su destrucción de las tropas napoleónicas, por los hermanos y familiares de la Cofradía de San Juan.
También hemos encontrado  documentación sobre la venerable Hermandad del Santísimo Cristo de la Agonía, que se fundó el 12 de mayo de 1715, en la desparecida iglesia de Santo Domingo de Silos y que el 17 de julio del citado año quedaron presentadas las constituciones de aquella Venerable Hermandad para su aprobación ante el Licenciado don Francisco de Añoa y Busto, dignidad y Canónigo de la Santa Iglesia Catedral, Provisor de la Ciudad  y Obispado que gobernaba el Ilmo. Sr. Don Miguel del Olmo. Informadas las Constituciones por el Fiscal General D. Juan Francisco Calvo, el 24 de julio de 1715, se dictaba auto de aprobación de las mismas por el Provisor señor Añoa y Busto.

La venerable Hermandad del Santísimo Cristo de la Agonía, tiene concedida perpetuamente a cada uno de sus cofrades indulgencia plenaria, bajo ciertas condiciones, por bula expedida en Roma, por el Papa Clemete II, fechada el 5 de enero de 1717.

El Papa Pío VI, otorgó otra bula el 23 de noviembre de 1784, dando el título de Altar Privilegiado, en su Capilla de Silos en la ciudad de Cuenca e igualmente ostentaba el privilegio de poder usar ornamentos encarnados en su función religiosa anual, que tradicionalmente se venía celebrando al Santísimo Cristo de la Agonía. Este privilegio fue ratificado el 9 de mayo de 1877, por el ilustre Gobernador Eclesiástico D. Diego Izquierdo. La Hermandad poseía un precioso crucifijo de marfil, donado por don Juan Cerdán de Landa y en recuerdo de esta donación la Hermandad tomó un acuerdo el día 16 de mayo de 1713, de sufragar una misa anual en el altar del Santísimo Cristo de la Agonía por el descanso eterno de tan piadoso donante.

La venerable Hermandad de Ntra. Señora de la Soledad y de la Cruz, desfila en la procesión llamada del Santo Entierro, que procesiona en la noche del Viernes Santo. Su fundación data del llamado Capítulo de  Caballeros, Guisados de Caballeros instituido en el Fuero de Cuenca por el Rey Alfonso VIII. Desde el año 1272 hasta 1670.

Son muchos y grandes los privilegios que los monarcas conceden por gloriosos hechos de armas y entre otros por su asistencia en el año 1474 a la Guerra de Portugal. Se libra testimonio de sus tradicionales ordenanzas de Capitulo en 1550 y en diferentes decretos se les reconoce como bienes propios los terrenos anexos a la Capilla actual de la parroquia de El Salvador y una hermandad en el pueblo de Torralba.

Este Capítulo de Caballeros, reunido en 1885, acordó, entre potras cosas, la reivindicación de sus fueros y privilegios y como acto público que patentizara su existencia acordó costear a sus expensas la procesión del Santo Entierro de Cristo, tal como se viene celebrando desde entonces.

El Cabildo de Caballeros de la soledad y el Santo Sepulcro agrupaban casi siempre a todos los hombre de toga existentes en Cuenca, del mismo modo que la Hermandad de San Juan a los carpinteros y madereros; la del Cristo de los Espejos a los tejedores; el Peso del Huerto a los hortelanos y el Jesús de la Columna a los albañiles.

De la procesión del Miércoles Santo, desapareció la escultura de “Jesús ante Anás” que estaba depositada en la parroquia de San Miguel, también desfilaba el paso de la “Oración del Huerto”, obra notable del escultor Moreno Sastre.

La Archicofradía de Paz y Caridad portaba la preciosa escultura de “Jesús con la caña”, de un notable mérito artístico, que se guardaba en la ermita de San Roque. En la Guerra de la Independencia esta ermita fue destruida y la imagen fue trasladada a la parroquia de San Antón.

Otra de las imágenes desaparecidas fue el “Ecce-Homo”, que se guardaba en la parroquia de  San Andrés, aunque su procedencia primitiva era de las parroquias de San Gil y San Juan.

Las artísticas tallas que salen en procesión del Viernes Santo representando a Jesús Nazareno, Jesús y la Verónica, San Juan y Ntra. Señora de la Soledad, eran procedentes del antiguo convento de San Agustín, que en la época de la exclaustración, año 1834, fueron trasladadas a El Salvador.

La procesión del Viernes Santo En el Calvario, se reducía, durante varios años, a la salida del Santísimo “Cristo de los Espejos”, llamado también de la Expiación y posteriormente se fueron sumando otras hermandades e imágenes que actualmente la completan.

El santísimo Cristo de los Espejos procedía del antiguo y famoso convento  de San Agustín. Cuando desapareció el convento de San Agustín se trasformó en el parador de Santa Luisa.  En esta procesión desfilaba  la imagen de “Nuestra Señora de las Angustias” de Salcillo, autor de la mayoría de las imágenes de la Semana Santa de Murcia. Replica de ella se encuentra en la iglesia de San Felipe Neri.

Sea esta mi pequeña contribución al esclarecimiento de la historia procesional de nuestra ciudad de Cuenca.

Publicado en Cuenca, 17 de marzo de 2016 y el 4 de abril de 2025.


Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

San Benito el Negro (1526-1589) y San Isidoro, Obispo y doctor. Festividades del 4 de abril.

    Hoy celebramos dos santos. San Benito el Negro y San Isidoro que en honor a un gran amigo, que falleció hace algunos años abriré con su biografía contándoles una historia de su vida, que vendrá muy bien para los momentos que nos han tocado vivir, y luego me centraré en san Benito el Negro que es más fácil que no halláis oído de él.

San Isidoro nació en el seno de una familia hispanorromana, su padre se llamaba Severaino y su madre Teodora, eran de raza germánica y vivían en Cartagena, donde nacieron Leandro, Fulgencio y Florentina. Emigraron a la provincia bética y al morir pronto el padre fue, el mayor de los hermanos, Leandro quien se encargo de la educación de Isidoro, siendo algo duro y severo en la pedagogía con sus hermanos.
San Isidoro Obispo de Sevilla

La leyenda nos muestra al niño que, acobardado por las reprensiones y vencido por el desaliento, ante la imposibilidad de meterse en la cabeza la lección, huye de la escuela y se echa a andar sin rumbo fijo por la campiña del Guadalquivir. Fatigado y sediento, se sienta en el brocal de un pozo y empieza a contemplar los huecos abiertos en la piedra. Pensativo lo encuentra una  mujer que venía con un cántaro para coger agua y le explica el porqué de aquellos huecos y surcos en la roca. La gota de agua al caer un día y otro día en el mismo sitio había acanalado la roca. “Entonces, dice el biógrafo del siglo XII, pensó el niño que si el agua, cayendo lentamente y siendo constante en el tiempo, puede vencer la dureza de la piedra, su espíritu rebelde y duro podría también recibir la huella de la enseñanza”.

Por el año 583, cuando su hermano Leandro se encontraba en Constantinopla, Isidoro ya era valiente paladín del catolicismo por esos tiempos. Hacia el 600 muere Leandro y es elegido Isidoro por unanimidad para sucederle en la silla de Sevilla. En el 619 reúne y preside el Sínodo II hispalense y en el 633 asiste al IV  Concilio de Toledo, el que preside. Murió el 4 de abril de 636. Estos son los hechos escuetos, enteramente ciertos, de su vida.

Hablando de san Benito el Negro diré que era siciliano de nacimiento y negro de piel, hijo de unos esclavos que trabajan en una propiedad cercana a Messina, nació también como ellos en la esclavitud y se sabe que de niño fue pastor.
San Benito el Negro

Su amo le dio la libertad y a los veintitantos años se unió a un grupo de remitas franciscanos, convirtiéndose a partir de entonces en un fidelísimo seguidor del ejemplo del santo de Asís. Después de que este grupo se dispersara hacia el 1564, Benito fue aceptado como hermano lego en un convento de Palermo, y como no sabía leer ni escribir se le confiaron las tareas de la cocina.

Un cocinero singular (como por estas mismas fechas le era así mismo en otros conventos de la orden el español san Salvador de Horta) por su admirable piedad, por su humildad y por las curaciones que prodigaba. A todo esto, ¿Qué platos saldrían de sus manos, qué guisos angélicos preparaba ese frailecito del color del carbón?

Su singularidad se puso de manifiesto en 1578 cuando a pesar de ser sólo lego y analfabeto encima se le eligió superior. Costó mucho convencerle de que aceptara, y luego tal vez más de un fraile se arrepintió de haberle convencido, porque impuso la interpretación más estricta y austera de la regla franciscana.

Más tarde fue maestro de no novicios y , al parecer, otra vez cocinero, que era lo que él prefería, un santo literalmente entre pucheros, asediado por multitudes de enfermos que invadían la cocina conventual pidiéndole que les sanara con su infalible oración y su gesto taumatúrgico entre el vaho de las cacerolas.

Publicado en Cuenca, 4 de abril de 2020. Actualizado el 4 de abril de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.