viernes, 16 de octubre de 2026

San Ignacio de Antioquía. Festividad del 17 de octubre.

    Fue discípulo de san Pedro y san Juan. Muy famoso entre los primeros mártires, quizá sirio de origen.

Una tradición supone que era el mismo niño que en el capítulo 18 de san Mateo llama Jesús para ponerlo como ejemplo ante sus discípulos: “Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños no entraréis en el Reino de los Cielos” (Mt. 18, 3).

La verdad de san Ignacio no está en esta identificación ni en otros episodios más que dudosos, sino en el hecho bien documentado de su largo viaje hasta la muerte, después de su condena, desde Antioquía a Roma, pasando por las costas de Asia Menos y Grecia, con una parada en  Esmirna.

Su destino era morir en el circo romano para celebrar los triunfos del emperador Trajano de la Dacia, y en el curso de la navegación escribe cartas que son uno de los testimonios más impresionantes de la fe ante el martirio que nos ha legado la Iglesia primitiva; en especial la que dirige a los fieles de Roma, pidiéndoles que no intercedan por él a fin de que “nada me impida ahora alcanzar la herencia que me está reservada”.

Martirio de san Ignacio de Antioquía.

“Soy el trigo de Dios que ha de ser molido por los dientes de las fieras para llegar a ser pan limpio de Cristo”. Custodiado por feroces guardias, “los diez leopardos”, como él dice, Ignacio, sin alardes de jactancia ni gestos estoicos, ve la vida y la muerte como cosas entregadas, que casi no le pertenecen.

Publicado en Cuenca, 17 de octubre de 2020 y 17 de octubre de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:

-Año Cristiano para todos los días del año. P. Croiset. Madrid. 1846.

-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.

-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.

 

San Roberto Belarmino (1542-1621) "El martillo de los herejes". Festividad del 17de septiembre.

    De este Santo el Papa al hacerlo cardenal dijo de él: “En la Iglesia de Dios no hay quien le iguale en saber”. En efecto, fue una de las lumbreras de su tiempo, sabio, predicador, teólogo, polemista, metido en los asuntos más difíciles e intrincados de la época, y siempre con una independencia de criterio admirable.

San Roberto Belarmino.

Nació en Montepulciano de la Toscana (Italia) el 4 de octubre de 1542. Murió en Roma el 17 de septiembre de 1621. Vivió 79 años dedicados al servicio incondicional del papado y de la Iglesia.

Su madre, Cintia Cervini era hermana del papa Marcelo II, y su padre fue Vicente Belarmino. Desde niño estuvo condicionado por su débil salud física. Estudió en los jesuitas de Montepulciano. En el año 1560 entró en el noviciado de Roma. Estudió en el Colegio Romano del que llegaría a ser el Rector. Fue profesor en Florencia donde había de intervenir con moderación y tacto en el primer proceso de Galileo. Hizo filosofía en Padua, Roma y Lovaina, fue censurado por sus tesis sobre la justificación y la gracia.

Lo ordenaron sacerdote en 1570. Fue profesor de teología en Lovaina, en el Colegio de los jesuitas fundado como reacción a las enseñanzas heterodoxas de la Universidad. Por once años se dedicó a cuidar del Colegio Romano como Rector y a refutar los errores luteranos.

Roberto era conocido por su carácter templado, conciliador, libre y profundo al dar enseñanzas y solucionar dificultades en los temas capitales como eran: Cristo, el Romano Pontífice, los Concilios, la Iglesia y sus instituciones básicas, el culto a los santos y a sus imágenes, los sacramentos, etc.

Su obra “Controversias” suscitó verdadera polémica en los ambientes intelectuales de su tiempo. Intervino en la versión latina de la biblia llamada Vulgata que el concilio tridentino anhelaba proponer como versión del Colegio Romano.

El papa Clemente VIII lo nombró Cardenal el 3 de marzo de 1599, a la muerte de Francisco de Toledo.

Escribió “El Catecismo”, la obra más notable, precedida de un breve del Papa Clemente VIII, libro seguro en el aprendizaje y explicaciones de la fe católica que estuvo en los Estados Pontificios hasta Pío X.

Murió en el noviciado de san Andrés, el día 17 de septiembre de 1621. Sus restos se trasladaron a la iglesia de San Ignacio en Roma. El papa Benedicto XIV le dio el sobrenombre de martillo de los herejes. Fue canonizado  en el año 1930.

Publicado en Cuenca, 17 de septiembre de 2020 y el 17 de septiembre de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:

-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.

-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.

-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.

 

 

La dulzura de formar parte del poder. Efemérides conquense del 17 de octubre

     Efemérides conquenses. El 17 de octubre de 1599 se hace cargo del episcopado de Cuenca el prelado D. Pedro Portocarrero que había residido durante dos años en Madrid, por desempeñar el cargo de Inquisidor General. Fue el Papa Clemente VIII quien por una orden hizo retornar a sus diócesis a los prelados que residían fuera de ellas, entre ellos al nuestro.

D. Pedro Portocarrero.

Nadie que ha disfrutado el poder se ha visto exento de sus garras de vanidad y opulencia que otorga a quien la disfruta aferrándose a ella hasta la degradación de su persona y desprecio hacia quien desean su salía de ella. Hay un ejemplo palpable en nuestros días.

Es un privilegio que seduce y un mundo quimérico que no existe sino en la imaginación de los que desean y envidian eso piensan los que están viviendo de ella. Es una revolución diaria de acontecimientos que despierta a la vez  en el corazón de sus partidarios pasiones violentas y tristes, tedios crueles, perplejidades odiosas, temores amargos, celos devoradores y aflicciones terribles. Ese gran mundo que a la imaginación se presenta como un Campo Elíseo, como un jardín embalsamado, es una tierra de maldición, donde los pocos placeres tiene sus espinas y amarguras: es un sendero cubierto de abrojos, donde no se da un paso sin lastimas los pies; es un foco de ambición donde la esperanza, pasión tan dulce, hace a todos desgraciados con sus dilataciones; donde los que no tienen que esperar, por haber arribado a la cúspide de los honores, son miserables mirando su elevación y temiendo su caída; donde el tedio es el destino más dulce y soportable, y donde nada es constante, no las fortunas más florecientes, ni las amistades más vivas, ni las reputaciones más puras, ni los favores más brillantes.

Esto sigue pasando ahora, como lo vemos a diario en nuestros gobernantes y pasó con nuestro XLIV obispo de Cuenca. Vástago de la ilustre familia de los marqueses de Villanueva del Fresno, mecida su cuna entre delicias, dotado de un gran talento con que admiró Salamanca como estudiante, como doctor de cánones y leyes, como rector de su universidad; ascendió a regente real y comisario general de Cruzada en el año 1580; obispo de Calahorra en 1588; elegido visitador de la Universidad de Alcalá de Henares y promovido durante el desempeño de esta comisión a obispo de Córdoba y después de Cuenca, e inquisidor general. Es de pensar que favores tan distinguidos, continuos y aglomerados en la persona de D. Pedro Portocarrero, le habían de hacer feliz, en el regio Alcázar de Madrid.

Fue Su Santidad Clemente VIII quien disponía que todos los prelados que estuviesen fuera de sus iglesias dejasen sus cargos y oficios, aunque fuesen inquisidores generales. Felipe III nombró otro inquisidor general y mandó al prelado de Cuenca que asistiese en su avispado.

Esta orden fue para D. Pedro Portocarrero un golpe terrible de muerte, pensó que había caído en desgracia de su Soberano, gracia por la que había sacrificado su reposo y por cuya conservación había sufrido tantas fatigas. Todo esto lo tomo como que la orden emitida era un destierro para él.

EL 17 de octubre de 1599 se presentó al Ilmo. Portocarrero en esta ciudad de Cuenca, pero de un modo inusitado. Llegó  de noche y sin recibimiento alguno y sin prestar el juramento que sus predecesores acostumbraran antes de dirigirse a su palacio episcopal. El 19 bajó a la catedral acompañándole el ayuntamiento en orden de ciudad con porteros vestidos de terciopelo carmesí y con mazas doradas, y se le advirtió un tinte de tristeza que no su afabilidad ni sus esfuerzos pudieron disimular.

No probándole el clima frío de esta ciudad pasó a Pareja, y tampoco allí encontró remedio a sus tristezas. Regresando a Cuenca y obligado a hacer cama más bien por sus aflicciones que por enfermedad, en ella le sobrevinieron nuevos accidentes que anticiparon el término de sus días. Murió el miércoles, 20 de septiembre del año 1600, entre las once y las doce de la mañana, habiendo sido obispo de Cuenca tres años y treinta y ocho días. Su cadáver fue llevado a Jerez de los Caballeros, aun monasterio de monjas, monumento de sus mayores, por su primo D. Francisco Manuel, inquisidor de Toledo.

Publicado en Cuenca, 17 de octubre de 2020 y el 17 de octubre de 2026.

Por: José María Rodríguez González, Profesor e investigador histórico.

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Fuentes:

-Noticias de todos los Ilmos. Señores Obispos que han regido la diócesis de Cuenca. Muñoz y Soliva. 1860.

 

 

 

 

jueves, 15 de octubre de 2026

Santa Margarita María Alacoque (1647-1690). Festividad del día 16 de octubre.

    Hoy celebramos a una de las santas más populares de los tiempos modernos, sobre todo desde que en 1856 se instituyó la fiesta del Sagrado Corazón y se extendió tanto esta devoción, objeto de las revelaciones que son el centro de su vida.

Bien conocida en su intimidad espiritual por su autobiografía y sus cartas, no parece haber sido una persona humanamente destacada o notable, borgoñona, hija de un notario, después de educarse en las clarisas de Autun, se hace religiosa salesa en el convento de Paray-le-Moniel en 1671.

Cae enferma siendo religiosa y es la Virgen María quien la cura. Dice su biógrafo que la Virgen se la apareció y la acaricia grandemente, habla largo rato con ella y le dice: “Vamos, mi querida hija, en la salud que te doy de parte de mi Hijo divino, porque aún tienes otro camino largo y doloroso por recorrer, siempre en la cruz, traspasada con clavos y espinas, y desgarrada con látigos; pero no temas nada, no te abandonaré y te prometo mi protección”.

En su infancia también cayó enferma y después de cuatro años curó por mediación de la Virgen. En agradecimiento, el día de su confirmación, ella agregó a su nombre el de “María” pasándose a llamar: Margarita María.

En 1673, esta monja siempre enferma, muy tímida, medrosa y torpe, recibe unos mensajes divinos en los que sus superiores se niegan a creer, mortificándola y humillándola. Pero todo eso también forma parte de su vocación: “Todo para Dios y nada para Mí”, ponerse delante de Nuestro Señor como delante del pintor se pone el lienzo.

Desde 1673 a 1675 tiene cuatro visiones de Jesucristo sobre la devoción a su corazón como símbolo de su amor a la humanidad, y aunque los doctos dictaminan que se trata de una ilusa, de una visionaria, a la que no hay que hacer caso, la llegada al convento del jesuita padre Claude de La Colombière y su apoyo la ayudan a superar todas las pruebas.

Desde 1920 está en los altares, canonizada como un refrendo al mensaje que supo transmitir, pero también por la paciencia y el espíritu de humanidad con que se enfrentó a tantas incomprensiones.

Publicado en Cuenca, 16 de octubre de 2020 y el 16 de octubre de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:

-Año Cristiano para todos los días del año. P. Croiset. Madrid. 1846.

-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.

-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.

miércoles, 14 de octubre de 2026

Santa Teresa de Jesús. Nació el día 28 de marzo de 1515 y su festividad se celebra el 15 de octubre.

  Hoy es noticia por el estudio científico de una universidad de Austria que tras analizar las reliquias de la Santa extraídas de su sepulcro de Alba de Tormes (Salamanca) se puede conocer su semblante cuando tenía la edad de 50 años. Se ha llegado a la conclusión de que Santa Teresa poseía un rostro armónico, sereno y dulce.

Semblante de Santa Teresa a sus 50 años de edad.

¿Qué podemos decir de esta doctora mística, maravilla de su siglo y que tanto se ha escrito?

Nació en Ávila, el día 28 de marzo del año 1515 y fue la menor de tres hijas que tuvieron Alonso Sánchez de Zepeda y Doña Beatriz Dávila y Ahumada, ambos de antigua y calificada nobleza. Dieron a sus hijos una buena educación, poniendo especial cuidado en la educación de Teresa por su despejo, viveza y capacidad que manifestaba, muy superior a su edad.

Alonso Sánchez de Zepeda se dedicaba a leer libros espirituales, y hacia que todos los días se leyera a la familia la vida de algún santo. Teresa hallaba en estas historias un gran gusto por ellas, tanto es así que convenciendo a su hermano Rodrigo para que ambos escaparan en secreto a tierra de moros para ser mártires. Teresa sólo tenía siete años y Rodrigo diez. Suerte que en el camino encontraron a su tío que los condujo de nuevo a su casa.

Fue Teresa de adolescente, soñadora y novelera, con gran afición a los libros de caballería, coqueta, según nos dice, y “enemiguísima de ser monja”; a los veinte años entra en el Carmelo, que le decepciona por sus blanduras, cae muy enferma y después de sanar prosigue un penoso camino de arideces, tentaciones e incomprensiones que van edificando su alma.

Cuando quiere reformar la orden carmelitana es ya una mujer madura, con hondas experiencias místicas que le dan aliento para sus constantes viajes por toda España, afrontando luchas y persecuciones, quebrantada de salud, “son ninguna blanca”, pero inflexible en el propósito, porque “nunca dejará el Señor a sus amadores cuando por sólo Él se aventuran”.

Al convento de San José de Ávila seguirán otras 16 fundaciones (sin contar quince de varones carmelitas descalzos, a las que contribuyó ayudando a san Juan de la Cruz), y tras un despliegue de actividad, dulzura y fortaleza que maravillan, muere extenuada en Alba de Tormes: “Tiempo es ya que nos veamos, Señor mío”.

Mujer excepcional por todos los conceptos, humanísima y alegre, franca, enérgica, tenaz, de un humor incomparable, rebosante de espiritualidad y manejando muy bien, siempre por obediencia la pluma: sus libros, escritos al desgaire, que le han hecho doctora de la Iglesia, son un prodigio de gracia personal, simpatía y elevación.

Entregó su alma dulcemente en las de Dios el día 4 de octubre de 1582 a los 67 años de edad y a los veinte de la reforma. Dando tres suaves gemidos, que apenas se oían, dio su alma al Señor:

"Mira que el amor es fuerte;
vida, no me seas molesta,
mira que sólo te resta
para ganarte, perderte,
el morir venga ligero.
Que muero porque no muero."

En el punto que espiró se lleno su celda de una exquisita fragancia, que se difundió por todo el convento, se le quitaron todas las arrugas de la vejez, y quedó su cara fresca y encarnada. Al día siguiente fue enterrada con gran solemnidad.

En la primera y segunda traslación, se halló su cuerpo tan entero, fresco y flexible, como el día de su muerte, y del mismo modo está hoy en su convento de Alba. Uno de sus pies fue enviado a Roma al convento de las carmelitas descalzas en el año 1615, y la reina Doña María de Médicis regaló un dedo a las carmelitas de París. En el año 1614 fue beatificada por el papa Paulo V, y solemnemente canonizada en el año 1622 por Gregorio XV, Dios, por intercesión de la Santa, ha obrado muchos milagros.

Feliz día a todos y celebremos ser hijos de la Madre de Dios.

Publicado en Cuenca, 15 de octubre de 2020 y el 15 de octubre de 2026.

Por José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:

-Año Cristiano para todos los días del año. P. Croiset. Madrid. 1846.

-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.

-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.

 

martes, 13 de octubre de 2026

Santa Teresa, doctora mística, maravilla de su siglo.

Festividad de Santa Teresa de Jesús

Siempre ha tenido mi familia cierta devoción hacia Santa Teresa, de hecho, mi tía Angustias guardaba y veneraba una imagen de la Santa en su casa que donamos a la muerte de mi madre a la Catedral. 
De Santa Teresa conocemos sus obras, pero poco se ha dicho de su vida adolescente hasta llegar a centrar su vida para Dios. Hoy quiero hablar de esa parte de su vida.


Santa Teresa nació en Ávila, el día 2 de marzo de 1515, siendo la tercera de diez hermanos, que tuvo Alfonso Sánchez con su segunda esposa, Beatriz de Ahumada, hijodalgo a Fuero de España.
Aunque dieron a sus hijos buena educación, pusieron especial cuidado en la educación de esta niña por su talento, viveza y capacidad que manifestaba, muy superior a su edad. Notable en ella era una natural inclinación  a la virtud y una devoción tierna a María Santísima. Alfonso, su padre, les gustaba leerles libros espirituales, y hacia que todos los días se leyese a la familia la vida de algún santo. La niña Teresa hallaba en esto un gran gusto y no contenta con lo que había oído leer, leía muchas veces con su hermano Rodrigo las historias y vidas de los santos, sobre todo las de aquellos doncellitas delicadas que habían derramado su sangre por Jesucristo.

Estas lecturas hicieron mella en Teresa que un día decidió escaparse, secretamente con su hermano Rodrigo, de la casa de sus padres para ir a padecer martirio en tierra de moros. Teresa sólo tenía seis años y Rodrigo diez. Ya estaban en camino cuando los encontró un tío suyo que los volvió a traer a su casa. 
Estaba Teresa tan preocupada por la Eternidad que repetía muchas veces estas palabras: “Para siempre y sin fin”. Viendo los niños que no podían ser mártires, determinaron hacerse ermitaños y fabricaron a este fin dos celditas con ramas de árboles, a donde muchas veces al día se retiraba Teresa para hacer oración delante de una estampa de la Samaritana, rezaba todos los días muchos Rosarios y adornaba su imagen con algunas flores.
Perdió a su madre a la edad de doce años y comenzó a leer libros de novelas, en los que aprendió la inclinación a las galas, a brillar y a desear ser amada. A los catorce años tuvo comunicación con un pariente suyo algo ligero de pensamientos y puso en peligro su inocencia, pero presto se acabo todo aquel espíritu de fervor y devoción y notándolo su padre, puso remedio enviándola de seglar a un convento de agustinas. Una vez en el convento sintió en su corazón un vivo dolor por todas sus vanidades, cuya mutación atribuyó a la especial protección de María, a cuyos pies se postró tras la muerte de su madre. Estuvo dudosa, como cualquier chica de su tiempo, en la elección de estado, cuando le sobrevino una grave enfermedad, por lo que su padre la sacó del convento para que fuera a curarse en su casa.

Tras estar un poco recobrada de la enfermedad, fue enviada a una aldea donde vivía una tía suya, para que acabara su convalecencia. Visitó en el camino a un tío suyo que hacía vida solitaria y con sus consejos y la lección de libros espirituales, reconoció el peligro en que había estado de perderse eternamente.
Le costó muchos ruegos y lágrimas alcanzar el consentimiento de su padre para meterse a monja, pero al final el 2 de noviembre de 1535 entró en el convento de las carmelitas de Ávila, a los veinte años de edad.

Su salud siempre fue delicada pero eso no fue suficiente para parar su vocación. Todas las enfermedades que le sobrevinieron las sufrió con heroica paciencia. Durante estos periodos de enfermedad cayó en sus manos un breve del Papa Pío IV para fundar la reforma y entró en su nuevo convento, dedicado a San José y con ella cuatro doncellas que ella había escogido para que fuesen los cuatro pilares de aquel espiritual edificio. Fue el 24 de agosto de 1562 cuando se celebró esta fundación, en cuyo día el mismo Obispo de Ávila bendijo la Iglesia. Este fue el nacimiento de aquella célebre reforma que es una de las joyas de la Iglesia Católica. Tras esta fundación le siguieron  muchas otras.
No hubo santa más ilustre en los caminos de Dios, ni que poseyese la ciencia de los santos en más alto grado de perfección. El Señor la correspondía con unas visiones celestiales que llegaron a ser comunes en ella. Oyó un día una voz que le decía: “Hija mía, yo te di mi Hijo, y al Espíritu Santo por Esposo, a mi querida hija la Virgen por Madre tuya: ¿Qué podrás tú darme por tan gran favor?". Otro día junto a ella vio a un serafín, que con un dardo de fuego le traspasaba el corazón, y quedó después fuera de sí por muchas horas. Oprimida un día de tristeza, combatida de temores sobre el camino por donde Dios la conducía, y anegada en lágrimas, se arrojó a los pies de un Crucifijo y oyó una vos interior que le decía: "No temas hija; yo soy; no te abandonaré". Y luego se desvanecieron todas sus dudas y temores.

El día de San Mateo del año 1582 entró en Alba enferma de nuevo, eso no le privaba de la comunión diaria. El día de San Miguel le sobrevino un flujo de sangre viéndose obligada a guardar reposo, pasando toda la noche en oración. El primer día de octubre se confesó con el padre fray Antonio de Jesús y viendo en el estado que se encontraba le preguntó que en caso de que muriera si quería que su cuerpo reposara en el convento de San José de Ávila que ella fundó, a la que contesto: “¿Tengo yo acaso en este mundo cosa alguna propia? ¿Y no me darán aquí un poco de tierra para enterrarme?
Después de haber recibido la Extrema-Unción, repitió muchas “yo soy hija de la Iglesia” y fijando sus ojos en el Crucifijo que tenía en las manos, entregó su alma dulcemente en las de Dios el día 4 de octubre de 1582, a los 67 años de edad.

En el momento que espiró se llenó su celda de una exquisita fragancia, que se difundió por todo el convento, se le quitaron todas las arrugas de la vejez y quedó su cara fresca y encarnada. Al día siguiente fue enterrada con gran solemnidad entre las dos rejas del coro.
En 1614 fue beatificada por el Papa Paulo V y solemnemente canonizada en el año 1622 por el Papa Gregorio XV.

Cuenca, 15 de octubre de 2018 y el 15 de octubre de 2026.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

San Calixto, Papa. Festividad del 14 de octubre.

    Uno de los más importantes y gloriosos en la historia de la Iglesia es el Pontificado de san Calixto I, pero su figura luminosa está envuelta en un halo de oscuridad y niebla, que levanta las acusaciones y envidias de sus adversarios, Tertuliano y, sobre todo, Hipólito Romano, el autor más probable del libro llamado Filosofúmena. Mientras este libro denigra y rebaja cuanto puede el nombre de san Calixto, el libro Pontifical lo ensalza y pone al nivel de los más grandes Papas.

Calixto nació en Roma, y fue hijo de Domicio, descendiente de una de aquellas familias convertidas a la fe de Jesucristo. Fue agregado al clero romano, y se distinguió en él tanto por su eminente virtud, profunda erudición, caridad y celo, que después que padeció martirio san Ceferino, el día 20 de agosto del año 218, fue elevado a una voz y de común consentimiento, algunos meses después, a la silla apostólica.

Al verse libre de Heleogábalo, en el 222, Roma y el Imperio gozó de cierta paz con su sucesor, Alejandro que concedió a los cristianos mayor libertad para ejercer su  religión. La madre del Emperador, Mamea, era cristiana y éste estaba tan unido a ella que en ocasiones favorecía a los cristianos. Esto se verificó en un pleito entre los cristianos y taberneros de Roma, sobre cierto sitio que estos pretendían para poner en él una taberna, y los cristianos deseaban el sitio como lugar de reunión. El Emperador se lo adjudicó a los cristianos, respondiendo: “mejor es que en él sea adorado Dios, sea como fuere, que el que le ocupe un tabernero”.

San Calixto edificó en aquel sitio una Iglesia en  honor del Parto de María Santísima, por ser antigua y constante tradición que en el instante que nació Jesucristo, brotó allí una copiosa fuente de aceite. Se llamó esta iglesia Ntra. Sra. trans Tiberim, y desde aquel tiempo comenzaron los cristianos a tener Iglesias públicas a vista de los gentiles, con permiso de los magistrados. Por el mismo tiempo mandó fabricar san Calixto en la Vía Apia aquel famoso Cementerio de su nombre, en el que están enterrados hasta 164.000 mártires, y entre ellos 46 papas.

San Calixto coronó su vida con el martirio, como buen pastor, que da la vida por sus ovejas. Según la tradición más segura, murió en una revuelta popular contra los cristianos y fue arrojado a un pozo. Después le dieron honorífica sepultura en el cementerio de Calepodio, en la Vía Aurelia, cerca del lugar de su martirio. Así se explica que no fuera enterrado en la gran necrópolis que él mismo había ampliado y donde fueron enterrados san Ceferino y los Papas siguientes, en la cripta con el nombre de los Papas.

Publicado en Cuenca, 14 de octubre de 2020 y el 14 de octubre de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:

-Año Cristiano para todos los días del año. P. Croiset. Madrid. 1846.

-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.

-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.