jueves, 25 de junio de 2026

El amor de mi vida

XLIII Aniversario de nuestra boda

Dicen que la vida se vive una sola vez, yo la vivo cada mañana al levantarme y comenzar otro día más contigo.

26 de junio de 1983.
José María Rodríguez González
María de los Ángeles Clemente Sánchez
Así es, eres simple y llanamente, María de los Ángeles. el amor de mi vida, desde que te descubrí en la capilla del Espíritu Santo, el día de Pentecostés. Cada día que pasa pienso en lo importante que has sido en mi vida. Son ya 43 años los que llevamos juntos, desde ese 26 de junio de 1983 cuando nos casamos a los pies de la Virgen de las Angustias. Me hace tremendamente feliz el saber que quiero pasar el resto de mi vida contigo, a tu lado y disfrutar juntos de la vida.






Eres la persona perfecta, la que necesitaba, la que siempre soñé. No me ha costado escatimar en amor y en situaciones románticas contigo porque todas y cada una de ellas son experiencias geniales que han merecido la pena. Gracias por esos dos maravillosos hijos que tenemos y por la maravillosa familia que hemos formado gracias a ti.

Sabía que habría días que te extrañaría, como mis años en Albacete, pero sabía también que siempre podríamos recuperar el tiempo y que tú harías de cada momento algo inolvidable, por tu forma de ser conmigo, por tu carácter y porque me haces derretirme de amor. Te quiero y eres lo más hermosos que me ha pasado en mi vida.
Mi amor por ti no para de crecer, cada día descubro en ti nuevas cosas que me vuelven a enamorar una y otra vez. Angelines gracias por escuchar mis pensamientos, por comprender mis sueños, por convivir con mis defectos y por quererme durante estos años. Sin duda el casarme contigo es lo mejor que he hecho en mi vida. Le pido a Dios que nos permita disfrutar de nuestro amor muchos años más.

Ese día en que mis ojos se fijaron en ti, me di cuenta que estábamos destinados a unir nuestras vidas y si te digo te quiero no es por costumbre, es porque tu presencia es la mejor que me ha ocurrido en mi vida.

Gracias por quererme como soy, te agradezco todos estos años a mi lado. Feliz aniversario, mi ángel.


José María Rodríguez González

Santos Juan y Pablo. Festividad del 26 de junio.

     Tengo que comenzar diciendo que todos los documentos históricos y arqueológicos estudiados hasta la fecha, nos encaminan a demostrar que tanto Juan como Pablo florecieron a mediados del siglo IV, desde el reinado de Constantino Magno hasta el Juliano el Apóstata, quien les hizo matar y ordenó que les sepultaran en su misma casa del monte Clelio, donde hoy se levanta la iglesia de san Juan y san Pedro, junto al Clivus Scauri, la calle más antigua de Roma.
Su nacimiento se podría fijar en la primera o segunda decena del siglo IV, por el tiempo en que Constantino concede la paz a la Iglesia, en el año 313. 
En la inscripción de san Dámaso se dice que eran hermanos y de familia ilustre. Parece cierto que militaron en las legiones de Constantino, en cuyo tiempo recibieron el bautizo y, por su valeroso comportamiento, fueron nombrados oficiales de la guardia noble de palacio. Aquí trabaron amistad íntima con  Joviniano, capitán de las guardias imperiales y sucesor de Juliano en el imperio.
Todo esto nos hace sospechar que Juan y Pablo pasaron una gran parte de su vida en Oriente y probablemente permanecieron en Constantinopla hasta que muertos los hijos de Constantino, hasta que subió al trono Juliano, el Apóstata. Entonces nuestros santos renunciaron de sus cargos militares y se retiraron a su ciudad natal de Roma, donde poseían una casa sobre el monte Celio. Allí se dedicaron a la práctica intensa de la virtud cristiana, en oración y obras de caridad.
Juliano tuvo empeño en que volvieran a sus cargos y les mandó aviso por Terencio, capitán de cohorte. Nuestros santos se excusaron, y Juliano, irritado por el desprecio, mandó que fuesen decapitados secretamente en su propia casa, aunque se debía correr la voz de que habían sido desterrados como enemigos del Imperio.
La cronología no se puede tomar al pie de la letra pues la historia queda incompleta al no haber acta que certifique el martirio en su propia casa y como la muerte fue secreta la sepultura también, parece que fueron sepultados dentro del mismo recinto urbano, a diferencia de los otros mártires que eran siempre guardados fuera de los muros, todo ello en contra de la costumbre universal lo que hace difícil su veracidad.
San León Magno levantó en su honor una basílica y un monasterio en el Vaticano. La casa donde fueron martirizados se convirtió muy pronto en un santuario por obra del senador Bizante y su hijo san Panmaquio amigo de san Jerónimo.
En los subterráneos de la actual iglesia se descubrieron en 1887 las ruinas de la primitiva casa de los mártires, que costaba, cosa rara entones de dos plantas. En ella se ven hoy día tres grupos de edificios: uno con carácter de palacio y ornamentación pagana de pájaros, pavos reales y geniecillos con coronas de flores; otro cristiano, con los símbolos del pez y de la paloma, el vaso de leche y las ovejas, tan frecuentes en las catacumbas. En un fresco se ven también los santos Juan y Pablo con ángeles y la tienda, símbolo del paraíso. Cerca se hallan Crispo, Crispiniano y Benita con los ojos vendados, en espera de la decapitación. El tercer departamento es un oratorio.
La inscripción de san Dámaso se conserva sólo en parte y dice así: “Pablo y Juan de ilustre prosapia… dieron juntos la vida unidos por el casto vínculo de la fe. Fueron vasallos fieles del Rey de la eterna mansión. Los dos hermanos tuvieron la misma casa y la misma fe; ahora en el cielo ciñen la misma corona inmortal. Sabed que Dámaso tejió el panegírico de los dos hermanos para que el pueblo cristiano aprenda a celebrar los nuevos Patronos”.
La historia centenaria de la Casa Celimontana de los dos hermanos Juan y Pablo nos muestra que la santidad de la Iglesia no es un simple recuerdo histórico de ilustres antepasados, sino agua límpida que constantemente corre y fertiliza el suelo del pueblo cristiano.

Publicado en Cuenca, 26 de junio de 2020 y el 26 de junio de 2026.
Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

La casa de los santos Juan y Pablo en Roma.


miércoles, 24 de junio de 2026

Festividad del 25 de junio.

    La ciudad piamontesa de Vercelli, entre Turín y Milán, debió de ser su cuna, hacia los catorce años inició una vida errante y se sabe que peregrinó hasta Santiago de Compostela descalzo y cargado de cadenas.

Posteriormente se hizo eremita en Monte Virgiliano, hoy Monte Vergine, en Nápoles, y cuando  su alrededor se multiplicaron los discípulos fundó allí una comunidad de monjes que llevaban hábito blanco, se regían por la regla de san Benito y daban especial importancia al trabajo manual.

Dependiendo de Monte Vergine hubo otros monasterios semejantes, pero Guillermo era hombre de soledad y continuó sus andanzas penitentes y piadosas por el sur de Italia hasta su muerte.

La anécdota más conocida que se cuente de él es la tentación carnal que provocaron unos cortesano de Palermo mandándole una dama de escasa virtud que se dijo enamorada del santo y dispuesta a compartir con él su lecho aquella noche.

Según la tradición, san Guillermo hizo encender en el patio una enorme hoguera y se tendió entre las llamas invitando a la mujer a que se acostase a su lado tan como había prometido. Al ver que el fuego no le hacía ningún daño, la pecadora cayó de rodillas, se convirtió y más tarde quiso ser monja.

En el comienzo de los calores del estío, evocar la memoria de este incombustible habitante del fuego invita a ver en él su naturaleza ígnea, como instalado en el corazón de la infinita hoguera del amor de Dios, haciéndose insensible a cualquier otra llama, material o metafórica, que debía de ser como una candela comparada con el sol.

Murió en Goleto. No dejó ninguna constancia escrita, pero el tercer abad general de sus comunidades, Roberto, redactó un código de reglamento y puso a la orden bajo la regla de los benedictinos. El único, de entre los muchos monasterios que fundó san Guillermo, que existe todavía en el Monte Vergine. En la actualidad, pertenece a la comunidad benedictina de Subiaco y, en su iglesia se conserva una pintura de Nuestra Señora de Constantinopla que es muy venerada.

Publicado en Cuenca, 25 de junio de 2020. Actualizado el 25 de junio de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:
-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.
-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.
-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.


martes, 23 de junio de 2026

Con el solsticio de verano celebramos la festividad de San Juan el Bautista (Siglo I). 24 de junio.

  A diferencia de los demás santos, la fiesta de san Juan se celebra no el día de su muerte sino el de su nacimiento, y se acompaña en muchos lugares con un alegre ritual de fogatas que conmemorar también el solsticio de verano.

Este es el santo de fuego, de severa figura, que viste ropas tejidas con pelos de camello y se alimenta de langostas y miel silvestre.
San Juan Bautista

Era hijo de Zacarías, un sacerdote del Templo, y de Isabel, pariente de la Virgen María, y aun antes de nacer, en el episodio de la Visitación, fue el primero en saludar gozosamente al Mesías; Juan siempre va por delante, siempre es el primero tanto en manifestarse como en desaparecer.

Quizá perteneció a la comunidad de Qumran, cuyos documentos se descubrieron no hace muchos años, y luego se hizo predicador itinerante y solitario. Jesús, que se hace bautizar por él, le dedica un inmenso elogio: “No hay entre los nacidos de mujer profeta más grande que Juan”.

Juan va a terminar su vida siendo decapitado como venganza de la verdad que no puede callar “la voz que clama en el desierto”; la literatura ha fantaseado mucho sobre esta escena tan teatral –el rey cobarde, su concubina, la bailarina joven, un verdugo- en la que se anudan tantas pasiones para que él enmudezca. Así queda reflejado en la iconografía marginalista de los arcos góticos de la Catedral de Cuenca.

La Redención estaba en puertas, y Juan, que sólo debía allanar los caminos, voceando la presencia y la excelencia del que estaba a punto de manifestarse, desaparece una vez cumplida su misión.

En los umbrales del cristianismo, es el arquetipo de todos los santos, los que se niegan a sí mismo para parecerse a un inimitable modelo, que son algo en la medida en que representan a Cristo.

Publicado en Cuenca, 24 de junio de 2020 y 24 de junio de 2026.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:
-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.
-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.
-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.




San Juan, nadie más grande entre los nacidos de mujer. Festividad del 24 de junio.

San Juan, figura emblemática en Cuenca
    Ayer leyendo en el calendario litúrgico la festividad de "La Visitación de María a su prima Santa Isabel" comprendí algo singular, que hasta este momento no había llegado a entender, ¿Cómo la festividad de los santos son celebradas en su muerte, es decir, el tránsito de este mundo al Cielo y en cambio la festividad de San Juan Bautista se celebra su nacimiento, el 24 de junio? San Agustín lo justifica diciendo que San Juan Bautista fue santificado en el vientre de Santa Isabel. María fue a visitar a su Prima después de la Anunciación y cuando Isabel estaba en su sexto mes de embarazo.

    La festividad de San Juan Bautista, al estar próxima al solsticio de verano asumió los ritos y tradiciones cuyo origen son anterior al cristianismo.

    Haciendo uso del Evangelio de San Lucas vemos que Zacarías había perdido la voz por dudar de su mujer de que estuviese embarazada.  Cuando nació San Juan recuperó el habla según se lo había predicho el arcángel San Gabriel.
Cuenta la tradición religiosa que la noche en que nació San Juan, Zacarías su padre, encendió hogueras para anunciar a parientes y vecinos la noticia de su nacimiento. Cuando le preguntaron cuál sería su nombre, él escribió en una tablilla: “Juan es un nombre” y fue en ese momento cuando recuperó el habla. Al cristianizarse la sociedad, la celebración pagana del solsticio, pasó a celebrarse la noche del 23 al 24 de junio, convirtiéndose en una noche santa y sagrada, asumiendo la magia que despertaba en la gente ese día tan señalado en el calendario pagano.

 Son muchas las referencias que hay sobre San Juan en la Catedral de Cuenca, de su niñez apenas hay datos históricos. Posiblemente quedó huérfano a temprana edad al ser sus padres ya muy mayores cuando lo tuvieron. Se habla que pasó su juventud en el desierto en contacto con la naturaleza, donde se impregnó del espíritu de Dios a través de la penitencia y la oración. Vestía sólo una piel de camello y se alimentaba frutas y miel silvestres, de raíces e insectos, como lagartos.

Sobre los 30 años inicia en la ribera del Jordán a predicar y bautizar a la gente como preparación a la venida del Mesías. Juan no conocía a Jesús, bajo sueños había recibido el aviso de que “aquel sobre quien viera que se posaba el Espíritu Santo en forma de paloma sería el enviado”.

Encontró la muerte por hacer pública la situación amorosa del rey Herodes con su cuñada Herodías, mujer de su hermano. Pasaje que explica la iconografía marginalista de los arcos góticos de la Catedral de Cuenca.

San Juan Bautista fue enterrado junto con Eliseo y Abdía y se veneró sus restos en la ciudad de Samaría hasta el siglo IV. Posteriormente Juliano “El Apóstata”, emperador de los romanos, renegó públicamente de la religión cristina de ahí el apodo, en el año 361. Él fue quien mando diseminar los restos de San Juan Bautista.

La Venerable Hermandad de San Juan Bautista de Cuenca fue constituida en el año 1934, siendo Obispo Don Inocencio Laplana y Laguna y comenzó a desfilar por las calles de Cuenca ese mismo Miércoles Santo de 1934. La talla era del escultor Luis Salvador Carmona, realizada en el siglo XVIII, recibiendo culto en la desaparecida iglesia de San Juan y de esta fue trasladada a la Iglesia de Santo Domingo en el año 1877. Nuevamente tiene que ser trasladada su ubicación y en este caso viene a la Iglesia del Salvador en el año 1912  que no volvería a procesionar hasta el año de 1942, después de la Guerra Civil. En el año de 1954 viene desfilando el Martes Santo. La talla es de Marco Pérez y el 24 de juniode 2016 se celebró el 75 aniversario de la entrega de la imagen a la Hermandad.

Publicado en Cuenca 24 de junio de 2016, 24 de junio de 2026.


Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico. 

lunes, 22 de junio de 2026

José Cafasso (1811-1860). Festividad del día 23 de junio.

Fue conocido por el apodo "Padre de las horcas".
   El santoral de hoy me ofrecía la posibilidad de varios santos y he elegido a José Cafasso porque el Papa Benedicto XVI lo calificó de “Gran maestro y formador de sacerdotes” y apoyó a San Juan Bosco, de quien aprendió sus tácticas pedagógicas para llevar a los muchachos a Cristo.
José Cafasso.

Fue ordenado a los 22 años, enseguida se reveló como un extraordinario profesor de teología moral, dedicándose  a la formación del clero joven; en Turín se le consideraba como una persona de criterio más seguro que había en el norte de Italia, y seglares, clérigos e incluso obispos iban a consultar con él cuestiones dudosas.

Como hizo notar Pío XI con motivo de su beatificación, fue quien se opuso con mayor rigor intelectual al jansenismo y al regalismo, defendiendo la doctrina y la independencia de la Iglesia en años muy turbulentos.

Evangélicamente fructuoso lo fue también en todos los ámbitos en los que intervino; con los seminaristas y sacerdotes, con discípulos como Don Bosco, a quien ayudó en su vida espiritual y en su fundación, con simples fieles de la ciudad, a los que dedicaba largas horas de confesonario.

Se le recuerda sobre todo por una especialidad que debe de ser una de las más ingratas tareas sacerdotales, atender a los condenados a muerte antes de su ajusticiamiento, por lo cual se le conocía por el apodo de “padre de las horcas”.

En sus últimos días dijo en un sermón que le parecía hermoso morir en sábado, día de María, para ser llevado por Ella al cielo. Se cumplió su sueño. Falleció el sábado 23 de junio de 1860.

Fue beatificado por Pio XI el 3 de mayo de 1925, y canonizado por Pío XII el 22 de junio de 1947.

Publicado en Cuenca, 23 de junio de 2020, actualizado el 23 de junio de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:
-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.
-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.
-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.

domingo, 21 de junio de 2026

San Paulino. Festividad del 22 de junio.

   San Paulino nació en Burdeos el año 353 de una familia romana muy noble y rica. Fue discípulo de Ausonio, retórico y poeta, que le enseñó las letras y el arte de la versificación. También estudió la jurisprudencia, que ningún romano de alta alcurnia podía ignorar.

Paulino conoce ya el cristianismo, pero él no se ha bautizado aún, porque si vida está más orientada hacia el mundo, a la gloria de las letras y de la política. A los 20 años es heredero de una fortuna casi regia. Se traslada a Roma, donde entra en el Senado, brilla por su elocuencia y su fastuosidad. El año 378 es nombrado cónsul, el sueño dorado de todos los patricios romanos.

Cuando, al dejar las fasces, recibió el gobierno de la Campania, Paulino sintió los primeros toques de la vanidad humana. Como gobernador no residió en Capua, capital de la provincia, son en Nola, pequeña ciudad de su patrimonio. Aquí empezó a sentirse cristiano, sin serlo todavía.

Justo al sepulcro del mártir san Félix, que allí se veneraba, sintió que su alma “se volví hacia la fe, que una luz nueva abría su corazón al amor de Cristo”.

Fue acusado de haber dado muerte a su hermano y pudo defenderse y salvar su inocencia, por la intercesión del glorioso san Félix, como él siempre pensó. Por esto, al acabar su gobierno, hizo ofrenda al Santo mártir de su barba primera, como Nerón había consagrado la suya a Júpiter Capitolino. Era el principio de su conversión.

Aunque el mundo había empezado a margarle, todavía tenía mucho que gozar y no pensaba en el bautismo. Decidió volver a su ciudad de Burdeos, y al pasar por España, encontró una joven de gran familia y rara virtud llamada Terasia, con quien se casó.

·Extranjero llegué, guiado por Ti, al país de los iberos; allí tomé una esposa, según las leyes humanas; ganaste dos vidas al mismo tiempo”. Su mujer debió influir mucho en él. Muy pronto recibió el bautismo, en el año 390, en la tranquilidad de Burdeos. Vivían como cristianos modelos pero distaban mucho aún de la suprema inmolación a Dios.

Por este tiempo conoció a san Martín de Tours y trabó una correspondencia muy íntima y frecuente con san Ambrosio de Milán, que consideró como su padre espiritual.

No sabemos si fue la mujer la que influyó en el traslado a España. Fijaron su residencia en las cercanías de Zaragoza. Dios los bendijo con un niño, que  perdieron pronto. “Largo tiempo lo habían deseado, pero se apresuró a marchar a las moradas celestiales. En otro tiempo yo fui pecador; tal vez esta pequeña gota de mi sangre sea mi luz”.

Dios iba preparando el alma de los dos esposos para el sacrificio y la entrega total. Pensaban ya en consagrarse a Dios como religiosos y vivían como dos hermanos. San Jerónimo, a quien habían consultado, les escribe: “No dudéis un momento, romped el cable que sujeta la barca a la orilla, no perdáis tiempo en desatarle”.

Paulino empezó a practicar el consejo del Evangelio, vendiendo todo lo que tenía y dándolo a los pobres: “Aunque poseyese el mundo entero, ¿valdría todo ello algo comparado con el Señor Jesús?”

En el año 392 fue ordenado sacerdote. Dos años más tarde tomaba el camino de Italia juntamente con su mujer. En Roma el pueblo vio en hábito de monje al que años antes había admirado como cónsul.

Roma era camino para el retiro y soledad de Nola, donde Paulino tenía su corazón, desde que aquí por primera vez sintió los toques de la gracia. Vivía como un monje desde el año 395, cuando el 409 fue elegido obispo de Nola. A su muerte, en el año 431, escribía uno de los contemporáneos: “Hemos presenciado la muerte de un justo; la hemos presenciado con lagrimas y sollozos, y al mismo tiempo con alegría; hemos visto a los hombres lamentándose por la pérdida del más bondadoso de todos los sacerdotes; y hemos oído a los judíos, a los paganos, que decían entre sollozos; también nosotros hemos perdido un padre; también nosotros hemos perdido un protector”.

Publicado en Cuenca, 22 de junio de 2020. Actualizado el 22 de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:
-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.
-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.
-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.