jueves, 4 de junio de 2026

San Bonifacio. Festividad del 5 de junio.

    Nació en el año 675 en el reino de Wesse (Inglaterra) y su nombre de pila fue Winfrido. Desde los siete años creció en el monasterio de Nutscell. A los veinte años era ya un maestro famoso, que los abades se disputaban para dar a sus monjes la enseñanza religiosa y profana.

A los cuarenta quieren hacerle abad, pero él sueña con el apostolado misionero. Sabe que en el centro y norte de Europa hay muchos pueblos bárbaros que no conocen a Cristo y quieren llevarles la luz de la fe.

Su actividad como misionero en el continente europeo se divide en tres períodos. En el primer período (716-722) llega a Frisia lleno de entusiasmo, pero en la hora menos favorable. Sus trabajos resultan casi estériles por la guerra entre Ratbodo y Carlos Martel. Pasa a Roma para recibir la misión del Papa; va luego a Turingia y a la provincia de Rhin, predica en Hesse y se convence que para el buen suceso de sus trabajos necesita la dignidad episcopal y el auxilio de los reyes francos.

El segundo período (722-738) se caracteriza por sus triunfos y misiones felices. A fines del año 723 está de nuevo en Roma, invitado por el Papa Gregorio II, que lo consagra obispo de todas las tierras del norte y le cambia el nombre de Winfrido por el de Bonifacio. Provisto de cartas de recomendación y de una colección de cánones vuelve a predicar con mejores resultados en Hesse, donde muchos abjuran sus errores.
San Bonifacio y la encina.

Había aquí un árbol gigantesco que los paganos llamaban la encina de Thor y se hallaba en medio del campo de Geismar. Era objeto de un culto supersticioso y secular. Bonifacio había decidido derribarlo. Una multitud de paganos estaban dispuestos a matar al misionero si esto sucedía. El Santo apareció entre ellos sin la menor muestra de temor; se dirigió hacia el árbol sagrado, y a los primeros golpes se desencadeno un vendaval que arrojó la encina por tierra. La muchedumbre se convenció de la vanidad de sus errores y de la verdad de la religión de Bonifacio y en masa pedían el bautismo.

Extendió luego sus trabajos a Turingia ayudado por muchos monjes anglosajones que acudían constantemente a su llamamiento. Se fundaron monasterios como los de Fritzlas y Fulda, iglesia, obispados.

El Papa Gregorio III nombró a san Bonifacio arzobispo. De Inglaterra le llegaban refuerzos constantes de sacerdotes y predicadores, ornamentos, campanas, libros sobre todo. La abadesa Eadburga estaba encargada de transcribir las epístolas de san Pablo con letra de oro “a fin de honrar las Santas Escrituras ante los ojos carnales de los paganos”.

El tercer período (738-754) es el de la organización. El 738 estuvo nuevamente en Roma. Nombrado vicario apostólico de Alemania, se consagró a la organización de aquella joven Iglesia, dividiendo las diócesis, formando las provincias eclesiásticas, celebrando sínodos, dando leyes y dictando órdenes. Sobre todo se esforzó por establecer una unión muy estrecha de las Iglesias alemanas en Roma. En el año 748 considera terminada su misión y se establece en Maguncia: pero inclinado a las misiones, volvió a Frisia, donde había derramado los primeros sudores. En el año 755, enfermo y achacoso, se embarcó hasta Utrech, donde convirtió muchos miles de hombres y mujeres. El 5 de junio debían recibir la imposición de las manos. Todo estaba preparado para la Misa Pontifical. En vez de los neófitos, llegaron guerreros dispuestos a acabar con el Apóstol. Se arrojaron sobre él y lo mataron. Su cuerpo fue recogido por los cristianos y llevado a Maguncia. Junto a él y teñida con su sangre, se encontró una copia del libro de san Ambrosio sobre las ventajas de la muerte.

Antes de partir para esta última misión había dicho a sus discípulos: “Yo me voy porque el día de mi tránsito está cercano. Deseo ansiosamente esta partida y nada puede apartarme de ella. Así, pues, preparad todas las cosas y en el cofre de los libros colocad el lienzo en que habéis de envolver mi cuerpo”.

Fue enterrado, cumpliendo su voluntad, en el monasterio de Fulda. San Bonifacio es un apóstol completo; no le faltó ni el heroísmo del mártir, ni la intrepidez del misionero, ni la grandeza de los milagros y de la palabra, ni la bella aureola de la gracia y de la bondad que supo plegarse a su época para dominarla y hacerla cristiana. Su oficio lo extendió el Papa Pío IX a toda la Iglesia.

Publicado en Cuenca, 5 de junio de 2020 y el 5 de junio de 2026.
Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico

miércoles, 3 de junio de 2026

Corpus Chisti, 4 de junio, el misterio del día.

     Celebramos en este día una de las festividades más conmovedoras y populares del culto católico.

Fue instituida esta fiesta en el siglo XIII, aunque es tan antigua como la Iglesia, el mismo Jesucristo instituyó la fiesta del Santísimo Sacramento la tarde de la última Cena, vísperas de su muerte. Los cristianos no han dejado de solemnizar el aniversario de este magno acontecimiento el día de Jueves Santo.

A principios del siglo XIII, el monasterio de Monte Cornillón, cerca de Lieja, tenía de priora a una santa monja llamada Juliana. Ella fue el instrumento de que se valió el Señor para la institución de la fiesta que celebramos hoy. La virtud que caracterizada a esta monja era un amor extraordinario al Santísimo Sacramento. De tal manera que encendía su corazón en santos ardores durante el augusto sacrificio, que quedaba como arrobada en éxtasis cada vez que a él asistía; cada comunión era para ella manantial de nuevas gracias y consuelos. A la edad de 16 años tuvo varias veces una visión muy singular. Parecía ver la luna llena que brillaba esplendorosamente, pero tenía un ligero entrante en su circunferencia.

Esta rara visión se le presentaba a cada momento, en el sueño como en la oración. Dos años estuvo luchando para rechazarla, pero en balde; temió incluso que fuera una tentación del demonio, y suplicó al Señor con fervientes oraciones que la librase de ella.

Finalmente, el Señor le descubrió el significado de aquel enigma; cierto día que rezaba Juliana con angelical devoción, oyó una voz interior que le dijo: “Juliana, la luna que ves representa a la Iglesia, y el entrante señalado en el disco significa que falta una solemnidad en el ciclo litúrgico, la del Santísimo Sacramento”.

“Quiero –añadió el Señor- que se establezca una fiesta especial para honrar el Sacramento de mi cuerpo y de mi Sangre. A ti te elijo para que des a conocer la necesidad de esta fiesta y para que tú te ocupes de ella la primera”.

Señor –respondió la monja-, yo, la ínfima  de vuestras criaturas, nada podré para llevar adelante esta magna empresa. Señor mío, pedir esta ayuda a varones santos y letrados, y quitadme de encima esta preocupación.

-Tú darás comienzo a esta obra -repuso el Señor- y otras personas sencillas y humildes la llevarán adelante.

Puestas las autoridades eclesiásticas al tanto de las revelaciones, entre ellos Santiago Pantaleón, más tarde Papa con el nombre de Urbano IV, habiendo orado y estudiado con detenimiento el asunto, juzgaron el celebrar la festividad del Santísimo Sacramento con mayor pompa que hasta ese momento.

En el año 1246, Roberto de Torote, obispo de Lieja, mandó que en su diócesis se celebrase una fiesta del Santísimo Sacramento el jueves siguiente a la octava de Pentecostés.


Publicado en Cuenca, 3  de junio de 2020. y el 4 de junio de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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Fuentes consultadas:
Festividades del año Litúrgico. Dr. Vicente Tena. Huesca. 1945.


San Francisco Caracciolo. Festividad del 4 de junio.

    El nombre de pila de san Francisco era el de Ascanio y pertenecía a la nobleza napolitana. Nació el 13 de octubre de 1563 en Santa María, pueblecito de los Abruzzos. A los veinte años Dios le hirió como al santo Job, con una lepra terrible, segando en flor todas las ilusiones y esperanzas terrenas.

La lepra desapareció y dejó el bien que Dios pretendía con aquel flagelo temporal. El alma de Ascanio quedó más limpia que su cuerpo, con la limpieza que da la luz del Espíritu Santo en las almas de que toma plena posesión. Todos los valores terrenos, sus riquezas, alegrías y contentos, quedaron como cubiertos con el manto de la oscuridad y tinieblas de la noche. Había anochecido, o mejor, había amanecido el día grande y real de la eternidad, de lo que tiene valor absoluto y definitivo. Estaba resuelto a consagrarse plenamente a Dios y a su alma.

El problema era averiguar el camino concreto por donde debía marchar, conforme a los planes de Dios. El trato con dos amigos suyos, de los mismos sentimientos e ideales, le dio la luz ansiada. Conversando y orando, resolviendo fundar la Orden de los Clérigos Regulares Menores. El 9 de abril hicieron su profesión solemne, y Ascanio, que entonces tenía 26 años, se llamó desde ese día Francisco.

El fundador de los Clérigos Regulares Menores pertenece a la constelación de las almas escogidas, que Dios llama desde la juventud para Sí, sin que el hálito del mundo y del pecado llegue a manchar su pureza y su candor.

Su primer plan para extender la nueva Orden fue pasar a España. Hubieron de desistir, cuando supieron que no se podía fundar en ella nuevas comunidades religiosas.

Confirmada la nueva Orden por el Papa Gregorio XIV, se celebró el primer Capítulo el año 1593 y Francisco fue elegido general. Tenía entonces treinta años.

No había desistido de su idea de fundar en España. Pudo hablar con Felipe II en el Escorial y logró facultad para abrir una casa en Madrid. Las calumnias y persecuciones que acompañan siempre a las obras de Dios le obligaron a abandonar nuestro suelo.

La prueba duró cerca de dos años. Al fin volvió a España con el apoyo del Pontífice y pudo fundar en Valladolid y Alcalá de Henares.

Vuelto a Nápoles y deseoso de más oración y paz, renunció a su cargo de superior general; se retiró en una celda que él mismo se construyó en el hueco de una escalera de su convento de Santa María la Mayor, y allí estuvo hasta los últimos días de su vida.

Los padres del Instituto de san Felipe Neri querían conocer las Reglas de los Clérigos Menores y deseaban hablar con Francisco. El Santo salió de su recogimiento. Cuando llegó a Auñón, exclamó: he aquí el lugar de mi descanso. Efectivamente, allí murió a los pocos días, el 4 de junio del año 1608. No había cumplido aún los cuarenta y cinco años de edad. Pero murió cargado de méritos y como un Santo. Fue canonizado el año 1807 por el Papa Pío VII, el cual introdujo su fiesta en el Misal Romano.

Publicado en Cuenca, 4 de junio de 2020 y el 4 de junio de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:

-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.

-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.

-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.


martes, 2 de junio de 2026

San Isaac, monje y mártir. Festividad del 3 de junio.

    La Iglesia de Córdoba se regocija hoy con el aniversario de la gloriosa muerte de san Isaac, monje, muerto en la persecución de Abderramán, el 3 de junio del año 851.

Era de ilustre familia, rico, muy erudito y conocedor de la lengua árabe. Estas dotes le valieron el nombramiento de exceptor o síndico, como traduce uno de nuestros clásicos, en la ciudad de Córdoba.

Se podía prometer un buen porvenir, si se plegaba a las exigencias de los dominadores árabes o por lo menos se amoldaba a un cristianismo contemporizador, suave y cómodo, sin extremismos fervorosos. No era de estos caracteres vividores, que quieren servir a Dios y al mundo, ganar el cielo y la tierra al mismo tiempo. San Isaac fue un joven resuelto y fervoroso. Renunció al cargo de exceptor y pidió ser admitido en el monasterio de Tébanos.

Tres años llevaba entre los monjes, bajo la dirección espiritual del abad Martín, cuando un día, bajo el impulso visible de la gracia, salió del monasterio y se fue a la plaza pública de la ciudad.

Allí se sintió profeta del Altísimo y empezó a demostrar a los musulmanes la falsedad de su religión, exhortándolos a abrazar la única verdadera, que es la de Cristo.

Irritado el auditorio fanático, se echó sobre el predicador y lo arrastró a la presencia del cadí. Este quiso inducirlo a que se retractase de lo dicho y abjurase del cristianismo. Isaac persistió en su fe; el público quería lincharlo; pero el juez lo pudo defender, no sin evitar los golpes y los palos, y encerrarlo en la cárcel, mientras avisaba al califa.

Abderramán se enfureció con la osadía del monje y mandó inmediatamente que fuese decapitado. El Santo dio su cuello a la espada el 3 de junio del año 851. Los verdugos colgaron su cuerpo de un palo en la otra parte del río, a vista de la ciudad, para que sirviera de escarmiento. Más con la vista del mártir, los cristianos se enardecieron todavía más, pues muchos, siguiendo su ejemplo, se presentaron espontáneamente ante el califa para confesar su fe con la sangre y el martirio.

En los cinco días siguientes hubo hasta siete martirios. Permaneció colgando el cuerpo de san Isaac hasta el  domingo 12 de junio, en que encendiendo una gran hoguera, fue reducido a cenizas, juntamente con los cadáveres de los otros siete. Los restos fueron echados al río.

La racha de los mártires continuó. El 5 de junio fue crucificado el joven Sancho, oriundo de las Galias, cautivo primero de los sarracenos y discípulo de san Eulogio.

El 7 del mismo mes se presentaron al juez otros siete monjes, entre ellos el anciano Jeremías, fundador del monasterio de Tébanos.

“También nosotros, dicen ante el cadí, sostenemos lo mismo que nuestros hermanos Isaac y Sancho. Pronuncia, pues, la misma sentencia; haz alarde de tu crueldad y da pábulo a tu furor en venganza de tu profeta. Confesamos que Cristo es verdadero Dios, y Mahoma el Anticristo y el autor de un dogma falso. Nos dolemos de vuestra gran ignorancia y lloramos  el que tangáis que pagar vuestros errores y maldades con tormentos eternos”.

El anciano Jeremías fue muerto a azotes, y los demás, decapitados. Sus cuerpos los colocaron en un palo y fueron quemados como fueron los de Isaac y Sancho, y luego arrojadas las cenizas al Guadalquivir.

Publicado en Cuenca, 3 de junio de 2020 y el 3 de junio de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:
-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.
-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.
-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.


lunes, 1 de junio de 2026

San Marcelino y San Pedro. Festividad del 2 de junio.

    Los nombre de san Marcelino y san Pedro, mártires, están en la lista de los grandes intercesores que menciona el Canon de la Misa Romana después del mártir san Alejandro.

San Marcelino era sacerdote y san Pedro exorcista. Ambos padecieron el martirio en la persecución de Diocreciano. Hacia el año 304 fueron decapitados en la Vía Cornelia, en la pequeña aldea llamada “Selva Negra”, donde en un principio fueron enterrados sus cuerpos, con idea de que los cristianos los desconociesen y no los pudiesen venerar.
Martirio de san Marcelino y san Pedro.

Dios veló por el culto de sus mártires y reveló a una piadosa mujer, llamada Lucia, el lugar del enterramiento. Fueron recogidos y trasladados al cementerio de la Vía Labicana, entre los dos laureles. El lugar del martirio se llamó desde entonces “Selva Blanca” y en la Edad Media llegó a ser sede episcopal.

Los datos más seguros de su martirio nos los da san Dámaso en la inscripción que compuso para su tumba de la Vía Labicana. Es una inscripción en verso, donde cuenta, según la confesión del mismo verdugo, las circunstancias del martirio:

Marcelino y Pedro, escuchad la historia de vuestro triunfo. Cuando yo era niño, el mismo verdugo me contó a mí, Dámaso, que el perseguidor furioso había ordenado que os fuesen cortadas las cabezas en medio de una salva para que nadie supiese dónde estaban vuestros cuerpos. Pero triunfantes vosotros, con vuestras propias manos os preparasteis esta sepultura donde ahora descansáis. Después de haber descansado por breve tiempo en una tumba blanca (la selva negra donde murieron que después se llamó blanca), revelasteis a Lucia que tendríais gusto en descansar aquí”.

La cripta de san Pedro y san Marcelino se descubrió por Stenvenson a fines del siglo XIX. La cámara es amplia y puede acoger muchos devotos. En medio, delante del ábside, hay un lienzo de muralla en pie, donde están los dos nichos de los cuerpos. Esta parte de muro se respetó intencionadamente cuando se derribaron las paredes de todo para hacer el Santuario, a excepción de la pared donde estaban enterrados. No se quiso remover la sepultura de los dos Santos y trasladar sus cuerpos a otro sitio más pomposo. Se contentaron con recubrir las paredes con pilastras de mármol.

Publicado en Cuenca, 2 de junio de 2020. Actualizado el 2 de junio de 2026.

Por José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:
-Año Cristiano para todos los días del año. P. Juan Croisset. Logroño. 1851.
-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.


domingo, 31 de mayo de 2026

La milagrosa imagen de la Virgen de la Luz de Cuenca. 1 de junio

Dos milagros realizados por la Virgen de la Luz de Cuenca
Al alborear el mes de junio Cuenca celebra la festividad de la Virgen de la Luz. La devoción mariana se extendió por toda España desde antes del Medievo, prendiendo a las gentes sencillas. María la gran intercesora, va recibiendo en su trono los anhelos de cuantos han necesitado su intervención divina. Cuenca, como ciudad privilegiada, vio su mediación desde los comienzos como ciudad cristiana.

Virgen de la Luz de Cuenca
Entre sus gentes y poetas inicia el origen la Virgen de la Luz del Puente, “La Morenita”, la que muestra el encanto de las imágenes primitivas, destinadas a soterramientos por obra de la algara. La que en los fragorosos días del batallador Alfonso que en las Navas quebrantaría aherrojamientos por obra de sus hierros, le mostrara el camino para sortear el elevado puente, candil en mano para iluminar a los que acudían a cabezos conquenses  a realizar el ideal de San Agustín: “Arranquemos a los gentiles los vasos sagrados y piedras preciosas que no les pertenece para adornar los templos de nuestro Dios y Señor”.

No sólo la ciudad de Cuenca obtuvo el favor divino en su toma y conquista, sino que se ha visto favorecida a lo largo de los siglos por la mediación divina de la Virgen y hoy  pongo en conocimiento dos de los muchos milagros realizados a lo largo de los años.

Allá por el año 1226 llegó a Cuenca la reina Doña Beatriz de Suabia (1*), princesa alemana, muy bella y hermosa, hija del Emperador Federico, primera mujer del Rey Fernando III el Santo y el más grande de las figuras del siglo XIII.


Interior de la Parroquia de la Virgen de la Luz
Se ha investigado mucho la causa de su venida a Cuenca. Concretamente no se ha podido averiguar, pero se sospecha que fuera una misión diplomática para ayudar al Rey de Aragón Don Jaime I en su guerra contra los moros de Valencia por ser Cuenca el bastión más avanzado del Reino de Castilla. A los pocos días de su estancia en nuestra ciudad a la Reina Doña Beatriz que se encontraba en periodo muy avanzado de embarazo de su hijo el Infante Don Felipe, le sobrevino una fiebre muy alta. La consternación fue general. A toda prisa  fue traído el famoso Pedro de Montpellier, físico de la Corte. El pronóstico fue pesimista. La Reina moriría.
Su hijo Alfonso X nos recuerda tan amargo trance en una de sus Cantigas:

“E porque esto decían,

non era sin razón,

cadáver al seu fillo,

estaba en a sazón.

E havia tan gran fever,

que quen a via enten, decía,

seguramente, desta non escapara.”

Se perdió toda esperanza humana. Sólo en un milagro del cielo estaba la salud de la Reina. Día y noche se hacían rogativas en la reciente creada Catedral. En solemne procesión fue trasladada la Virgen (de La Puente), Patrona de la Ciudad a la Cámara real. La Reina (dice la Crónica General) besó devotamente las manos y los pies de Nuestra Señora de la Luz y… ¡Oh milagro!... a las pocas horas, comenzó a reanimarse, remitió la fiebre y salvó su vida.

Dicha reina murió en Toro en el año 1235. Su esposo el Rey Fernando III el Santo, premió el celo y amor manifestado por los conquenses a favor de su Reina y el 25 de septiembre de 1229 concediendo a la Ciudad de Cuenca el privilegio del sietmo (2*). Prosigueindo la construcción de la Catedral, que hasta esas fechas estaba paralizada.

Virgen de la Luz con el candil encendido
Otro de los milagros que se le atribuyen lo he encontrado en el siglo XVIII. Según datos recogidos en el Archivo Municipal, el día 30 de junio del año 1736, Cuenca se vio trágicamente asolada por un inesperado temporal de nieves y hielo, produciéndose una serie de víctimas como consecuencia del frío y hambre reinantes. Ante tal situación, la Corporación Municipal de esa época, acordó sacar en procesión a Nuestra Señora de la Luz el día 1 de julio, haciendo rogativas para que la desgracia, que asolaba Cuenca cesase. Providencialmente así sucedió y a las 24 horas del desfile penitencial de la “Morenita Conquense”, el clima cambió  completamente y a los pocos días la ciudad pudo recobrar su más completa normalidad. Desde esa fecha cada dos de julio la Corporación  Municipal venía celebrándolo, sufragando una Misa en acción de gracias, en recuerdo de aquel histórico acontecimiento, resuelto favorablemente gracias a la mediación de nuestra Patrona. Este hecho he constatado que  se fue celebrando hasta el siglo XX, al menos hasta el año 1957 que hay constancia en la hemeroteca de la época, en la actualidad desconozco que se siga haciendo.

Publicado por José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico

Publicado en Cuenca, 31 de mayo de 2014 y 31 de mayo de 2026.

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(1*) Beatriz de Suabia, fue bautizada con el nombre de Isabel (1205-1235) Noble alemana, reina consorte de Castilla y de León entre los años 1220 y 1235, casada con Fernando III de Castilla. Fue la 4ª hija de Felipe, duque de Suabia y rey de Romanos, y de Irene Ángelo, nacida ésta de Isaac II Ángelo, emperador de Constantinopla.
 (2*) Sietmo, referido a la séptima parte con que se quedaba el Concejo de todo pecho cobrado.

La Virgen Negra de Cuenca. 1 de junio festividad de la Virgen de la Luz de Cuenca

La Virgen de la Luz de Cuenca
Siempre despertó mi curiosidad la Virgen de la Luz de Cuenca por su color negro. Si nos remontamos a la Edad Media nos daremos cuenta que su culto aparece en el mundo cristiano en esa época del Medievo, sobre los siglos XI y XIII.

Remontándonos a los principios históricos, nos encontramos en la mitología egipcia el culto a la diosa Isis como símbolo de la tierra y la fertilidad y antecedentes los vemos en las Venus del paleolítico, los griegos con Démeter, los celtas con Belisana o más cercanos a nosotros los romanos con Ceres. No solo encontramos esos cultos en la historia, sino que también en Asia Menor, en la actual Turquía, se constata el culto a Diana-Artemisa de Éfeso, como diosa negra de la tierra, siendo venerada en un templo octogonal concebido como santuario donde habitaba el espíritu de la deidad.

Hubo comunidades religiosa que contribuyeron a la consolidación, entre los siglos  XI y XII, el culto a la Virgen Negra como fueron los templarios y los cistercienses. La Orden Hospitalaria de San Antonio, fundada en el siglo XII, bajo el patrocinio de San Antonio Abad, fue una de las principales congregaciones propagadoras de esta devoción.

En la eremita de San Antón, la imagen que se veneró en Egipto era una efigie de Isis del periodo alejandrino, se tomó como una imagen de la Virgen María. Dicha imagen fue traída a Europa comenzando el culto a tan sugestivo icono mariano. Esta tradición tiene cierto fundamento teniendo en cuenta que la Isis egipcia fue venerada en varios puntos de Francia como una madonna cristiana.
Es en la Biblia en el libro del Cantar de los Cantares donde aparece mencionada la virgen negra: “nigra sum sed formonsa filiae Hierusalem sicut tabernacula Cedar sicut pelles Salomonis”. Es curioso cómo coinciden las cosas y en este caso vemos que la Orden del Temple tuvo su primera residencia en las ruinas del templo de Salomón, autorizada en el año 1118 y era una construcción octogonal cedida por el rey Balbuino de Jerusalén.
La mayoría de las vírgenes negras muestran unos rasgos morfológicos comunes como son: semblante hierático, rasgos algo orientales, mirada esotérica que cautiva a quien la contempla y actitud pasiva ante el observador, como sucede con la Virgen de la Luz de Cuenca.

Posiblemente esta virgen se daba al convento de San Antonio Abad que en un principio ocupó el espacio del actual templo de la Parroquia de San Antón, La Virgen de la Luz.

Repasemos su historia:
El convento de San Antonio Abad, fue de hospitalidad, en que se curaban la enfermedad del fuego sacro y otras enfermedades semejantes. Estuvo situado a extramuros de Cuenca, en la parte occidental, pasado el río Júcar, contiguo a la iglesia que aún lleva el nombre de San Antón, aunque su titular es Nuestra Señora de la Luz, patrona de la ciudad. La comunidad se componía de un Comentador, que era sacerdote, y de cuatro o cinco legos, que atendían el hospital y casa, encargándose de recoger las limosnas.
La fundación se realizó en el año de 1345, según el Bulario de la Orden de Santiago, escritura tercera, los procuradores de la demanda de San Antonio Abad de Cuenca, presentaron a D. Juan, Prior del Convento de Santiago de Uclés, un privilegio para que no les estorbaran en los pueblos del Priorato. Era el privilegio del Rey D. Fernando IV, y en él se refería a otro de D. Sancho, su padre, y otro de D. Alfonso el Sabio, para que pudieran pedir en todos sus reinos y con una carta del Obispo Don García, en que daban testimonio de los privilegios concedidos a los religiosos Antoneros por los Papas Gregorio, Nicolás y Clemente VI.
Esta orden subsistió hasta el día 22 de mayo de 1791 en que en virtud de una Bula del Papa Pío VI, la extinguió el Ilustrísimo Sr. D. Felipe Antonio Solano, Obispo de Cuenca, secularizando, con asistencia de la ciudad, los cuatro legos que en esos momentos disponía el convento-hospital.

Es esta Orden de San Antonio Abad quien posiblemente, como propagadores en el mundo de la devoción de las vírgenes negras, introdujera en Cuenca esta devoción a la virgen negra, que se convertiría con el tiempo, en la Virgen de la Luz, Patrona de la Ciudad de Cuenca.

Publicado en Cuenca, 1 de junio de 2019 y el 1 de junio de 2026.
 
Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.