jueves, 5 de febrero de 2026

Efemérides conquenses del día 6 de febrero. Procesión de rogativas con la Virgen del Sagrario.

     Pensamos que los trastornos del tiempo son de la edad moderna, de nuestra época, donde se desboca y lo mismo hace una temperatura gélida que te asas de calor al día siguiente. Lo que hoy traigo es un hecho que sucedió por los inicios del siglo XVII, del que estoy comenzando a buscar sucesos y hechos que acaecieron.

Cuentan las crónicas que habiéndose negado a llover en Cuenca, pues hacía cuatro meses que no caía ni una gota, los hortelanos y la gente del campo habían dejado de sembrar en todo el obispado. Ello podría repercutir en una hambruna en los meses de invierno próximos.

Se formó una comisión entre la gente del campo que decidieron ir a visitar al obispo D. Andrés Pacheco, que el 9 de diciembre de 1602 había tomado posesión de la Mitra de San Julián. Esta comisión iba encabezada por el cura párroco de Albalate de las Nogueras, D. Andrés.

El día 5 de febrero de 1605 los recibió el obispo D. Andrés Pacheco, hombre amante de la exactitud y de gran cordialidad y que dedicó sus rentas a socorrer a los pobres y necesitados de la diócesis. Recibiéndolos en audiencia los escucho amablemente:

Tomando la palabra el cura de Albalate le dijo: "Excmo. Sr. nuestros campos se mueren de sed por falta de lluvia y no se pueden preparar las tierras para su cultivo y se prevé lo peor para pasar el próximo invierno, si no tenemos grano ni paja con la que satisfacer el hambre de nuestra gente y de los animales. Hemos pensado que tal vez pudiéramos sacar en procesión a nuestro santo Patrón para que remedie este mal".

D. Andrés Pacheco había oído hablar de la conquista de Cuenca por el rey Alfonso VIII y de la Virgen de las Batallas, sólo llevaba en su puesto casi tres años, y era normal que muchas de las cosas de esta población aún eran para él desconocidas. El mover la urna de San Julián suponía reunir al Cabildo, el poner de acuerdo a los poseedores de las tres llaves y eso suponía la demora de algunas semanas y el tiempo apremiaba, no podía demorarse más esa situación.

–Déjenme pensar y nos reunimos de nuevo dentro de algunas horas, les avisaré con el toque de campana del Giraldo, dijo el Obispo.

La gente  salió algo deprimida y hablando entre ellos de la mala fortuna que se les venía encima si no se hacía algo. El pueblo creyente estaba con sus santos y con una alta fe en que sólo el Altísimo podría enderezar aquella situación. Los manantiales ya empezaban a escasear en agua, incluso algunos se habían secado.

Eran las doce de la mañana cuando el campanero comenzó a tocar a reunión, la comisión se apresuró a volver al Palacio Episcopal donde D. Andrés Pacheco les esperaba con una sonrisa de buen augurio.

Virgen del Sagrario. Catedral de Cuenca.

-Queridos feligreses, me he puesto en oración delante del Sagrario, junto a la Virgen que Alfonso VIII nos donó y he obtenido respuesta. Si la Virgen ganó Cuenca para la cristiandad ¿Cómo nos va a dejar morir de hambre en el invierno por falta de cosecha? Esta tarde se montará en andas y comunicaremos a toda la ciudad y los pueblos cercanos, para que puedan asistir a la procesión general de rogativas de la Virgen, saldrá desde la Catedral hasta los campos de San Francisco y la Tórdiga si es necesario.

Todos salieron contentos y se corrió la voz por las aldeas cercanas y las catorce parroquias que constituían la ciudad de Cuenca.

A las cinco de la tarde del día 6 de febrero de 1605, la procesión salió de la Catedral con la comitiva de los representantes del pueblo y las autoridades civiles y eclesiásticas, con el Señor Pacheco presidiéndola. Se rezaba el santo rosario mientras se desfilaba por las estrechas calles, recorriendo las parroquias en descenso hacía los campos de San Francisco, al llegar a la altura de la parroquia de San Vicente el cielo comenzó a cubrirse de una densa nube negra que no sabían de donde había salido, pues al salir de la Catedral el cielo estaba despejado.

Las nubes dejaron caer su preciado líquido con benevolencia al principio, la procesión discurría hacia la puerta de Valencia y desplazándose con cierta premura lograron llegar al convento de los Franciscanos donde se refugiaron todos los participantes con la imagen de la Virgen entre sus muros, pues el agua que caída era muy abundante.

La gente comenzó a lanzar vivas: ¡Viva la Virgen del Sagrario!  ¡Viva la Virgen del Sagrario! ¡Viva la Virgen del Sagrario!  Así estuvo lloviendo tres días, los manantiales volvieron a dar sus aguas a las gentes de la ciudad y los campos pudieron ararse y sembrarse dando la mejor cosecha que hubo en varios años.

"La confianza y la Fe mueve montrañas, no hay duda". ¡Viva la Virgen del Sagrario!

Publicado en Cuenca, 6 de febrero de 2021 y actualizado el 6 de febrero de 2025.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

 

San Pablo Miki y compañeros.6 de febrero.

   Hoy quiero sacar a la luz la iglesia de Asia. En estos tiempo se habla mucho de esas tierras con el problema de coronavirus que se detecto su origen por esas tierras, cosa que ha tienedo al mundo entero en alerta. Este caso, que voy a relatar, sucedió en Japón, pero no deja de ser un país de Asia.

Se remonta al siglo XVI. Sobre el año 1597, un grupo de veintiséis personas cristianas fueron los que sufrieron el martirio, seis franciscanos, entre ellos varios españoles, tres jesuitas japoneses y dieciséis seglares, entre ellos se incluye a un niño de trece años y a otro de once, también japoneses. Una pequeña muestra de la Iglesia del Japón que treinta años después de que San Francisco Javier pisara suelo japonés, contaba con más de ciento cincuenta mil fieles. Hablo de San Francisco Javier porque es uno de los fundadores de la Compañía de Jesús junto con  San Ignacio de Loyola y es el verdadero pionero en la tarea de llevar la religión Católica a Japón, lugar donde desembarca en 1549, después de ocho años encargándose de la misma tarea en otras zona de Asia.
Martirio de San Pablo Miki y sus compañeros.
Los nombres de los franciscanos eran: Fray Pedro Bautista, que era de San Esteban del Valle (Ávila), fray Martín de la Ascensión, un guipuzcoano, fray Francisco de San Miguel, que procedía de Valladolid… Los tres jesuitas emparejan un nombre de pila muy nuestro con apellidos que nos suenan a exóticos: Pablo Miki, hijo de un capitán del ejército imperial, Juan de Goto y Diego Kisai.

Otro tanto ocurre con la lista de los seglares; se llamaban Cosme, Pablo, Francisco, Juan, Tomás, Gabriel, Pedro, León, Joaquín, Matías, Buenaventura, Miguel, Antonio… y también Taqueya, Ibarqui, Meaco, Suzuqui, Quinoya, Idauqui, Duisco, Caramusi, Cozaqui. Una herencia doble, de la fe y de la raza, muy difícil en aquel momento, y la dificultad se resolvió en martirio.

Las causas de la persecución, intereses políticos, envidias, codicia, actitudes fanáticas. En este caso también la jactancia de un capitán español que para asustar a los que les embargaban el barco aseguro que tras los misioneros el rey de España mandaría una flota de conquista.

El shogun Hideyoshi decretó la muerte de los veintiséis en la ciudad de Meako se les cortó la mitad de la oreja izquierda, marcándolos afrentosamente para el sacrificio, y en carretas fueron llevados a Nagasaki, lugar de la ejecución. En la colina que hoy se llama de los mártires se levantaron veintiséis cruces, y allí murieron todos a lanzadas entonando himnos al Salvador.

Para que sepamos algo más de San Pablo Miki, diré que nació en Japón en el año de 1566 de una familia pudiente; fue educado por los jesuitas en Azuchi y Takatsuki. Entró en la Compañía de Jesús y predicó el evangelio entre sus conciudadanos con gran éxito.

Al recrudecerse la persecución contra los católicos, decidió continuar su ministerio y fue apresado junto con otros. En su camino al martirio, él y sus compañeros fueron forzados a caminas 600 millas para servir de escarmiento a la población. Ellos iban cantando el Te Deum. Les hicieron sufrir mucho. Finalmente llegaron a Nagasaki y, mientras perdonaba a sus verdugos, fue crucificado el día 6 de febrero de 1597 con los demás compañeros. Desde la cruz predicó su último sermón.

Él y todos sus compañeros fueron canonizados por Pío IX en 1862.

Publicado en Cuenca, 6 de febrero de 2020 y actualizado el 6 de febrero de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

miércoles, 4 de febrero de 2026

Santa Águeda fue una de las antiguas devociones de los conquense. 5 de febrero.

“Cruel tirano ¿no te da vergüenza torturar en una mujer el mismo seno con el que de niño te alimentaste?”.  
    El 5 de febrero celebramos a Santa Águeda. En las vísperas de la festividad, se acostumbra en muchos pueblos a salir a realizar rondas cantando en honor al martirio y muerte de la Santa. Estos grupos estaban o están formados por jóvenes solteros o en la edad de realizar el servicio militar (los quintos). Ellos iban de puerta en puerta recogiendo dinero o diferentes viandas para realizar una comida o merienda. En la actualidad estos grupos están formados por toda clase de edades y con el dinero recogido realizan diversas actividades.
Santa Águeda. Catedral de Cuenca
    Su biografía parte de la obra “La leyenda dorada” de Santiago de la Vorágine. Esta historia se encuadra en los primeros tiempos de las persecuciones de cristianismo y ésta se ubica en tiempos del emperador Decio, procónsul de Sicilia. Quintianus quería casarse con Águeda pero ésta le rechazó por haber ofrecido su virginidad a Jesucristo, en venganza por no conseguir su amor la enviaron a un lupanar (prostíbulo), regentado por Afrodisia, donde milagrosamente Águeda siguió conservando su virginidad. Esto enfureció tanto al pretendiente que por su influencia la mandaron torturar, ordenando que le cortaran los senos. La respuesta de la santa a este martirio fue: “Cruel tirano ¿no te da vergüenza torturar en una mujer el mismo seno con el que de niño te alimentaste?"  Águeda tuvo una visión en la que San Pedro le curó sus heridas, pero aún con todo siguió siendo torturada, días después fue arrojada sobre carbones al rojo vivo y revolcada sobre sus cenizas, esto sucedió en la ciudad de Catania en Sicilia (Italia). Todo esto le llevó a la muerte, que lanzando un gran grito de alegría expiró dando gracias a Dios.

Cuenta la historia que en el año 252, un año después de su martirio, el volcán Etna hizo una erupción y los habitantes de Catania pidieron su intercesión y la lava sólo llego hasta las puertas de la ciudad, desde entonces es patrona de Catania y de toda Sicilia. También se recurre a ella para los males de los pechos, partos difíciles y problemas de lactancia, por lo general se le considera la protectora de las mujeres. Es la patrona de las enfermeras.

    Se le ha representado iconográficamente, con el verdugo armado de tenazas y retorciendo su seno. También sosteniendo ella misma una tenaza en la mano y un ángel con sus pechos en una bandeja o ellas misma portando una bandeja o plato con su seno cortado, como ocurre en la imagen que hay de ella en la Catedral de Cuenca.
Santa Águeda portando su propio pecho. Catedral de Cuenca

    Hoy la imagen de la Santa está en el lado derecho del altar de la capilla de Ntra. Sra. del Socorro. En su día tuvo altar propio en el centro de la Catedral. De santa Águeda sabemos que fue una de las más antiguas devociones de esta Santa Iglesia. En la ordenación de las capellanías que se llevaran a cabo en 1404 por el obispo D. Juan Cabeza de Vaca, figuraba entre las primeras la de esta Santa Iglesia  y en su altar estaba ordenado que se dijera la segunda misa de alba. Y a los pies de su primitiva capilla, situada junto al pilar donde ahora se encuentra el púlpito del lado de la Epístola, se efectuó el primer enterramiento del cuerpo de san Julián, que algunos años después, en reconocimiento de su santidad, desde ella, en 1518, fue trasladado el Santo al nuevo sepulcro, sobre el altar que todavía llamamos altar de la Reliquia.
Felicidades a las mujeres que llevan el nombre de Águeda.

Publicado en Cuenca, 5 de febrero de 2021 y actualizado el 5 de febrero de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

martes, 3 de febrero de 2026

Santa Juana de Francia (1464-1505). Festividad del 4 de febrero.

 No hay fealdad humana cuando uno se mira en la hermosura de la Virgen.

Aunque hoy he traído la vida de San Andrés Corsino, también hoy celebramos la festividad de Santa Juana de Francia, y la traigo por la fealdad de esta mujer que sólo se miraba en el espejo de la hermosura de la Virgen.

 Así es su historia: El rey Luis XI y su esposa Carlota de Saboya tenían ya una hija y deseaban por encima de todo un varón que pudiese heredar el trono de Francia. Por eso consideraron el nacimiento de Juana como un contratiempo, y cuando se vio que la niña era deforme (jorobada y algo coja), el monarca prefirió olvidarse de su existencia y a los cinco años fue enviada lejos de la corte.

Santa Juana de Francia o Juana de Valois.

Hasta que se la utilizó como instrumento de política matrimonial haciendo que se casara, muy a pesar del novio, con el duque de Orleáns. Al parecer la unión no llegó a consumarse nunca, y el duque mostró siempre inalterable desdén por una mujer tan poco agraciada como la que le habían impuesto.

Cuando aquel esposo casi desconocido fue encarcelado por rebelión, Juana intercedió por él ante su hermano, el nuevo rey Carlos VIII, pero en 1498, al morir éste y convertirse el duque de Orleáns en el monarca Luis XII, el nuevo soberano se apresuró a activar los trámites para que se anulase su matrimonio.

Así Juana de Valois pasa a ser simplemente la duquesa de Berry y se retira a Bourges, donde en el año 1500 funda la orden de la Asunción o de las “diez virtudes de María”, cuyo fin es la vida de piedad a imitación de la Virgen y la ayuda a los menesterosos. Poco tiempo le queda. Aunque considerada muy pronto como santa, su canonización no llegó hasta el año 1950.

Esto es un pequeño resumen de la vida de esta princesa desventurada, fuera de los cuentos ilusionantes de bellas princesas, a ella la desdeñaron sus padres y su marido. Es la santa fea y malquerida que de humillación en humillación aprendió a no mirarse más que en el espejo de la hermosura de la Virgen María, en el que debía de resplandecer y no en lo que la humanidad tiene como modelo de lo bello.

Publicado en Cuenca, 4 de febrero de 2021 y el 4 de febrero de 2026.

    Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:

-Año Cristiano para todos los días del año. P. Croiset. Madrid. 1846.

-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.

-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.

San Andrés de Corsini, Obispo y Confesor (1301-1373). Festividad del 4 de febrero.

    San Andrés, de la noble y antigua casa de Corsini en la ciudad de Florencia. Sus padres se llamaban, Nicolás y su madre Peregrina, eran ilustres por su piedad, que por la distinguida clase que los hacía respetar en la república; y así recibieron al niño Andrés como fruto de las fervientes oraciones que habían ofrecido al cielo durante años para que les concediera algún hijo por intercesión de la Virgen María. Le pusieron este nombre porque nació el día de San Andrés, el 30 de noviembre del año 1302.
San Andrés de Corsini
   El día antes que de su nacimiento su madre tuvo un sueño, le pareció que había parido un pequeño lobo, el cual entrando en la iglesia de los Padres Carmelitas, se convirtió de repente en un manso corderillo.

Esta visión le hizo tener una especial crianza de su hijo, sin descuidarse en inspirarle desde su más tierna infancia el santo temor a Dios, y el horror al pecado. Pero aún así el muchacho se descarrió. Después de una discusión familiar se decidió a entrar en el convento, y aquel trueno pasó a ser el fraile más humilde y manso de la ciudad, que iba a pedir limosna por las calles en medio de las burlas de sus antiguos compañeros.

Con el tiempo fue prior, y por fin su reputación de santidad llegó a ser tan grande que le eligieron obispo de Fiésole, ante lo cual, creyéndose indigno, huyó horrorizado de Florencia y fue a refugiarse en una cartuja de la que  tuvieron que sacarle casi a la fuerza.

Andrés Corsini fue un buen obispo, curiosamente con muy buena mano, él que había sido el rey de los pendencieros, supo solucionar de modo pacífico, con caridad y persuasión, las diferencias más graves y llevar la concordia donde había enemigos. Hasta el punto de que fue legado papal en Bolonia como hombre de paz.

Aunque, después de su muerte, su antigua fama de violento debía ser tal que aseguraban haberlo visto durante la batalla de Anghiari (la que pintaron Leonardo y Miguel Ángel) cabalgando por el cielo como Santiago en la batalla de Clavijo, para dar la vitoria a sus compatriotas.

A los 70 años de edad, se cuenta que, celebrando la Misa de Navidad se le apareció la Santísima Virgen y le comunicó que su muerte estaba próxima. El día de la Epifanía, desde por la mañana temprano, mandó que le trajeran el Salterio, rezó los Salmos penitenciales, el Credo de los Apóstoles, el de Nicea y el que se llama de San Atanasio. Aquel mismo día, a los setenta y dos  años de edad, entregaba su alma a Dios.

Su nombre fue introducido en el Misal Romano por Alejandro VII con rito semidoble. Más adelante, Clemente XII, que pertenecía a la familia Corsini, lo elevó a rito doble y le erigió una magnífica y espléndida capilla en la basílica lateranense.

Publicado en Cuenca, 4 de febrero de 2021 y actualizado el 4 de febrero de 2026.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

lunes, 2 de febrero de 2026

San Blas, festividad del 3 de febrero.

San Blas, Obispo y Mártir.
   Este Santo Obispo, martirizado en Sabaste en tiempo de Licinio, no entró en el calendario romano hasta el siglo XI, por la gran devoción que desde entonces se le tomó. En su honor se levantaron hasta 35 iglesias en toda Roma. Las Actas de su vida y martirio son anteriores al siglo IX. Aunque tardías, tienen un fondo de verdad e historicidad que no puede despreciarse.

Sebaste, una ciudad de Armenia fue la cuna de San Blas, a finales del siglo III. Sus padres eran acomodados y le facilitaron los estudios, especializándose en medicina. Esta profesión le dio motivos para conocer más de cerca las enfermedades y miseria humana, llegando a reflexionar sobre la caducidad de la vida y la necesidad de hacer méritos que consolidara los bienes eternos.
San Blas
   Pensaba retirarse al desierto, cuando murió el Obispo de Sebaste, y fue elegido para sucederle, con universal aplauso de toda la ciudad. La nueva dignidad sólo sirvió para que resaltase con nuevo lustre su virtud, obligándole a entablar una vida más santa.

Era tan ardiente el deseo de perfeccionamiento que tenía que se retiró a una gruta que había en lo alto del monte Argéo, que estaba a poca distancia de la ciudad.

No llegaron a pasar tres días cuando manifestó Dios el mérito de su acción que le otorgó el Don de hacer milagros y no sólo venían hombres de todas parte para que curase sus dolencias de cuerpo y alma, sino que hasta las mismas fieras salían de sus cavernas y venían en manadas a que el Santo Obispo las bendijera y las sanara de los males que les afligían.

Hacia el año 315 vino a Sabaste, el llamado Agrícola, gobernador del Emperador de Capadocia y de la menor Armeni, por mandato del Emperador Lucinio, con orden de exterminar a todos los cristianos.

Nada más llegar a la ciudad mandó que fueran echando a las fieras todos los cristianos que se hallasen en las prisiones. Para ejecutar esta orden salieron a los bosques a cazar leones y tigres. En esta misión se hallaban cuando encontraron en lo alto del monte Argéo la cueva donde estaba retirado San Blas. Los soldados hallaron, a la puerta de la gruta, una multitud de fieras y viendo al Santo dentro, que estaba haciendo oración, en medio de todas ellas con la mayor tranquilidad del mundo. Admirados del suceso dieron cuenta al Gobernador de lo que habían visto. El Gobernador dio orden que lo llevara a su presencia.

Se corrió la voz de que era conducido San Blas a la ciudad de Sebaste, eso hizo que se inundara de gente los caminos para que les diera su bendición y les curara de sus males. Una pobre mujer afligida y desconsolada, se puso en medio de la muchedumbre y llena de confianza se arrojó a los pies del Santo, presentándole a su hijo que estaba agonizando por una espina que se la había atravesado en la garganta, y sin remedio humano se ahogaba. Compadecido San Blas, levantó los ojos y las manos al cielo, haciendo esta fervorosa oración: “Dignaos, Señor mío, padre de las misericordias, y Dios de todo consuelo, dignaos oír la humilde petición de vuestro siervo, y restituid a este niño la salud, para que conozca todo el mundo que solo vos sois el Señor de la muerte y de la vida; y pues vos sois el dueño soberano de todos, misericordiosamente liberar para con todos cuantos invocan vuestro santo nombre, humildemente os suplico, que todos los que en adelante recurrieran a mí para conseguir de vos, por la intercesión de vuestro siervo, la curación de semejantes dolencias, experimenten el efecto de su confianza, y sean benignamente oídos, y favorablemente despachados”. Apenas acabó el Santo su oración, cuando el muchacho arrojó la espina, y quedó del todo sano.
Milagro de San Blas.

Este es el origen de la particular devoción que se tiene con San Blas en todos los males de garganta; y los prodigios que cada día se experimentan, acreditan la eficacia de su poderosa protección.

Prosiguiendo el relato: Llevaron al San Blas en presencia del Gobernador Agrícola y éste le pidió que adorase a los dioses inmorales y el Santo respondió: “No hay más que un sólo Dios inmortal, todo poderoso y eterno y ese es el Dios que yo adoro”. Irritado Agrícola, lo mandó azotar y que lo encerraran en la cárcel.

Días después mandó que lo ahogaran en la laguna. Siendo llevado a la laguna para ahogarlo, haciendo la señal de la cruz comenzó a caminar sobre las aguas sin hundirse, como si fueran por tierra firme. Llegó a la mitad de la laguna y sentándose serenamente sobre ella, invitó a los infieles a que hicieran lo mismo, hubo algunos que quisieron hacer la prueba y perecieron ahogados. Al mismo tiempo oyó San Blas una vos que le convidaba a salir de la laguna para recibir la corona del martirio. Así lo hizo y apenas toco tierra cuando el Gobernador centelleando en cólera mandó que le cortaran la cabeza. Esto sucedió en el año del Señor de 316.

Cuenca, 3 de febrero de 2021 y revisado el 3 de fevbrero de 2026.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

domingo, 1 de febrero de 2026

Una candela para dar Luz al mundo. Festividad del 2 de febrero. Fiesta de La Candelaria

Festividad de la Virgen de las Candelas
    Hoy mientras me encontraba trabajando sobre el contenido del Cuadro de la Virgen de las Candelas me he acordado que el día 2 de febrero es su festividad. La pintura que posee la Catedral se le atribuye a Martín Gómez el Viejo. Es una representación peculiar al estar la Virgen rodeada de ocho ángeles portadores de objetos que representan alegorías de alabanza que se le atribuyen a la Virgen, como: “Espejo sin mancha”, “Pozo de Jacob”, “Ciudad de Dios”, etc.

Altar de la Virgen de las Candelas
Catedral de Cuenca
    Esta festividad toma su nombre de la fiesta de la Candelaria o de la Cruz. Se cree que procede de Oriente pero fue cambiado su nombre, primitivamente recibía el nombre del “Encuentro”. En el siglo VI pasó su celebración a Occidente llegando a celebrarse en Roma con sentido penitencial. En Jerusalén en esta fecha se celebra una procesión con velas encendidas que circundaban la Basílica construida por el Emperador Constantino sobre el Santo Sepulcro, llamada de la Resurrección.

    El verdadero origen de la fiesta es pagano, siendo las fiestas lupercales,  su nombre deriva de Lupus (lobo), el animal que representaba al dios Fauno, que tomó el sobrenombre de Luperco. Era una fiesta de iniciación de los adolescentes por la que pasaban a la edad adulta. Congregados los sacerdotes Lupercos eran reunidos los jóvenes y se les mandaba al campo donde sobrevivían de la caza y el merodeo.
    Según la tradición los sacerdotes Lupercos reunían a los jóvenes en la cueva del monte Platino donde, según la costumbre el dios Fauno Luperco, tomando la forma de una loba, había amamantado a los gemelos Rómulo y Remo. Los jóvenes iniciados debían de sobrevivir durante varios días de la caza y el merodeo en el bosque y a su regreso se celebraba la fiesta.

    Como tantas otras fiestas fue cristianizada y fue el papa Gelasio I quien prohibió su celebración en el año 494 sustituyéndola por la “Presentación del Jesús en el Templo” (Lc. 2, 22-39) y la “Purificación de Nuestra Señora”.
Virgen de las Candelas. Zarza de Tajo
    En España la devoción proviene de la aparición de la Virgen a dos postores que estando con su rebaño en las Islas Canarias. Según cuenta la tradición la Virgen se apareció en el año 1392 a dos aborígenes guanches (guanche es el nombre que se aplica a los moradores de las Islas Canarias antes de la conquista castellana que fue en el año 1496). Estos guanches se hallaban pastoreando su rebaño y al llegar a la boca de un barranco notaron que el ganado no quería avanzar, había algo que les inedia el paso, era una imagen de madera, como de un metro de alta de una mujer, portaba una vela en la mano izquierda y en su brazo derecho portaba un niño. El niño llevaba en sus manos un pajarito de oro.
    La devoción a la Virgen de la Candelaria se extendió a otros lugares. En Cuenca se celebra en el pueblo de Zarza de Tajo, conocida en la localidad como la Virgen de las Candelas, siendo la patrona del Pueblo, fiesta en la que se le ofrecen los niños a la Virgen. Su celebración es en el primer fin de semana siguiente al día 2 de febrero.

    En este día se bendicen las velas que son portadas por los fieles quien según la tradición cristina tiene el fin de recalcar la entrada de Cristo, Luz del Mundo en el Templo de Jerusalén, participemos ese día de este acto tan entrañable y pidamos que entre la cordura y la luz en nuestro entorno, en nuestras ciudades y en nuestro dirigentes, es decir que entre la Luz a este mundo en que vivimos.

Publicado en Cuenca, 2 de febrero de 2021 y actualizado el 2 de febrero de 2026.

Por: José María Rodríguez González.  Maestro e Investigador histórico.