sábado, 28 de marzo de 2020

El valor eficaz de los tres ochos, 888. La trasformación del mal en el bien.

Ayer hablé de la marca de la bestia y explicaba el valor numérico de las letras. Como dije, los griegos y los hebreos no tienen símbolos diferentes para definir los números como nosotros.
Al igual que los romanos, utilizan la letras de sus alfabetos, así en griego la letra alfa representa el 1 y la beta el 2, etc. podríamos seguir así sucesivamente hasta el ápice, que es el 10. Después Kappa es 20, tau 300 y seguimos hasta omega, que es 800. Estos valores los podemos ver en la siguiente tabla para su mejor comprensión.
Letra
Nombre
Valor
Letra
Nombre
Valor
Letra
Nombre
Valor
α
alpha
1
ι
iota
10
ρ
ro
100
β
beta
2
κ
kappa
20
σ
sigma
200
γ
gamma
3
λ
lamda
30
τ
tau
300
δ
delta
4
μ
mu
40
υ
upsilon
400
ε
epsilon
5
ν
nu
50
φ
phi
500
ζ
zeta
7
ξ
xi
60
χ
chi
600
η
eta
8
ο
omicron
70
ψ
psi
700
θ
theta
9
π
pi
80
ω
omega
800
    De esta manera se puede tomar las letras de cualquier palabra o nombre y sumando su valía podemos obtener el valor numérico de ello. A este proceso se denomina Gematria, que me habréis oído hablar de ello cuando explico la iconografía e iconología de la los arcos góticos del siglo XV de la catedral de Cuenca, donde tuve que emplearme a fondo para saber su significado y su catequética.
De esta manera hallamos el nombre de Jesús, que en griego sería Ιησους”, sustituyendo cada letra por su valor y las sumamos, obtenemos la cifra: 888.
Ι
=
10
η
=
8
σ
=
200
ο
=
70
υ
=
400
ς
=
200
888
Cuando hablé del poder de la Bestia, hacía referencia al capítulo 13 del Apocalipsis, donde se le da poder de actuar a la Bestia, durante cuarenta y dos meses y hacerle la guerra a los santos y vencerlos (Ap.13, 7). Hoy entramos en el capítulo 14 donde habla del acompañante del Cordero, de los Ángeles anunciando la hora del Juicio y de la siega y la vendimia de las naciones.
Al inicio del capítulo 14 dice: “seguí mirando, y había un Cordero, que estaba en pie sobre el monte Sión, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que llevaban escrito en la frente el nombre del Cordero y el nombre del Padre…” (Ap. 14, 1). Si comparamos el final del capítulo 13 con el principio del 14 vemos un gran contrate, la bestia estaba representada con el número 666 y Cristo, el cordero está representado por el nombre que contiene el número 888. En este capítulo 14 Juan describe una visión de los 144.000 siervos de Dios. Ellos son introducidos por primera vez en el capítulo 7, donde se les describe como 12.000 de cada una de las tribus de Israel que están sellados en la frente. La gran diferencia que se aprecias es que son como Jesús. Nacieron a semejanza Adán, pero se han convertido en 888. Dios los ha reconocido como totalmente suyos sellándolos o marcándolos con su sello. Estas son las personas que tiene la mente de Cristo.
Mientras que en el capítulo 13 nos habla de un rendimiento del hombre al maligno, en este otro nos habla de un resurgimiento y una lucha contra el género del mal. “Estos siguen al Cordero a donde quiera que vaya, y han sido rescatados de entre los hombres como primicia para Dios y para el Cordero, y en su boca no se encontró mentira: no tienen tacha” (Ap.14, 4-5). Leamos estos versículos lentamente para poder captar la visión del plan de Dios.
Iconografía de los tres ochos. Siglo XV
Catedral del Cuenca
La gematría es caprichosa y vemos como en muchos de los títulos que se le da a Jesús aparece el número ocho, para muestra un botón: Señor (Κυριος) tiene el valor de 800; Salvador (Σωτηρ) 1408.
Y como caprichosa es la iconografía también podemos encontrar el 8 y el 888 en nuestra Catedral. Es un símbolo que no podía pasar desapercibido en el siglo XV para nuestro Obispo Lope Barrientos (primer catedrático de prima de Teología de la Universidad de Salamanca en 1433). Los tres ochos apareces entrelazados y el 8 tumbado lo constituye un dragón serpiente, y con ellos nos hablan de la venida de Cristo a la tierra de su doctrina basada en el amor y la entrega a los demás y del ocho tumbado. En la actualidad conocemos este símbolo con el nombre de infinito, pero hay que saber que hasta el siglo XIX no comienza a ser usado como tal.
Iconografía del símbolo de infinito. Siglo XV
Catedral de Cuenca
El ocho tumbado es un símbolo muy antiguo, aparece en la cruz de San Bonifacio que murió en el año 754. Pero el honor de haber sido el primero en emplearlo, en sentido matemático, fue el británico John Wallis por el año 1655, con el ocho tumbado quiso representar el infinito en su obra “De sectionibus conicis”. Nunca dio ninguna explicación del porqué eligió esta forma de representarlo, pero se especula que pudo ser una deformación del símbolo que se empleaba en el Imperio Romano para indicar el valor 1000, aunque los romanos la forma de representar el número 1000 era a través de la letra “M” mayúscula. Originalmente esa cantidad se representaba con los gráficos “CI” o “C” que podría haber degenerado en un ocho tumbado, otras opiniones son que se podría haber inspirado en la última letra del abecedario griego que es la omega Ω, intentando de este modo expresar que el infinito sería siempre el último termino de cualquier serie que no tuviera solución exacta.
De una manera u otra hay que reconocer que la posee la iconografía marginalista del siglo XV y que está situada en la parte que hace referencia al capítulo 12 del Apocalipsis, titulado: “Visión de la Mujer y el Dragón”. Inicia así: “Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza…”  (Ap.12,1). Terminando así el capitulo: “…Entonces despechado (el Dragón) contra la Mujer, se fue a hacer la guerra al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús” (Ap.12,17).
Capilla Virgen del Sagrario
También es conveniente recordar que las figuras geométricas constituidas por el octógono, como la bóveda de la capilla de la Virgen del Sagrario (ocho ventanas), no se limitan a representar un símbolo mandálico, sino que representan el camino del mundo terrenal al celestial, por ello la cúpula está decorada por los siete Arcángeles y el Ángel Custodio, junto con las las virtudes.
Y después de todo esto, quien tenga oídos para oír que oiga.

Cuenca, 28 de marzo de 2020.
José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

No hay comentarios:

Publicar un comentario