martes, 11 de septiembre de 2018

Guerrillas en la Plaza del Trabuco, siglo XV. 1ª parte.


Desavenencias entre El Obispo Fr. Lope Barrientos y Diego Hurtado de Mendoza.

La historia de la Plaza del Trabuco es conocida por mucha gente, pero tal vez falte profundizar en los hechos para que quede claro, porque en los escritos de Rizo está consignado con demasiada inexactitud, es por ello que he acudido a la crónica del rey D. Juan II, ordenada por Fernán Pérez de Guzmán, en el capítulo primero de la crónica de 1447, donde se desarrolla con más claridad todo lo acontecido en la ciudad de Cuenca.


El Obispo Fray Lope Barrientos fue uno de los obispos más activos para esta ciudad, a él le debemos la ampliación de la girola de la Catedral y toda la icnografía marginalista que poseen los arcos apuntados. También mandó edificar el hospital de San Sebastián, que estuvo donde hoy estas las ruinas del convento de las monjas Bernardas y también construyó una ermita a San Sebastián a extramuros de la ciudad, en la cuesta sobre el campo de San Francisco, donde hoy está situada la Diputación.

Fue un fiel servidor del Rey D. Juan II y en Cuenca tuvo algunas disidencias con Diego Hurtado de Mendoza, alcaide de su fortaleza, que trataré de esclarecer.

La crónica hace mención de cómo el Rey D. Juan mandó al Obispo D. Lope Barrientos para que facultara la permanencia de Cuenca en el Reino de Castilla.

Estando Lópe Barrientos establecido en Cuenca habló con personas de confianza de Diego Hurtado, diciéndoles que secretamente dijesen a Diego que la voluntad del Rey era que saliese voluntariamente de esta ciudad, de otra manera sería con un el Mandamiento del Rey que disponía del Obispo.
Después ello se le certificó al Obispo que Diego había enviado llamar a gente de armas para evitar tal hecho. Ante esta situación Lope Barrientos puso guardia en las puertas de la ciudad y mando hacer barricadas entre la ciudad y el castillo, de manera que quedase cortado el paso de acceso a la ciudad desde el castillo y no pudiera los unos socorrer a los otros, así pasó un tiempo hasta que el día de Santiago de 1447 se le informó al Obispo que la noche anterior había entrado en el castillo Juan Hurtado de Mendoza, hijo de Diego Hurtado, con 400 hombres a pie por la parte del foso y que pensaba entrar por la fuerza en la ciudad y apoderarse de ella.

El Obispo no se quedo quiero ante esta temeridad y mandó armar a toda su gente lo más secretamente posible. Al día siguiente, se puso a decir Misa y estando en la ella le fue informado que gente del castillo entraba en la ciudad y prendiendo fuego a la puerta de entrada a la ciudad que limitaba con el castillo, llamada Puerta del Mercado, así mismo habían incendiado dos casa que estaban junto a la barricada que él mandara hacer, enviando un mensajero a los que defendían la entrada, les pidió que resistieran que él luego subiría a socorrerlos y tomando consigo 20 hombres de armas de los suyos, fue a reforzar a los que estaban en la barriada peleando con los del castillo que habían penetrado.


Visto que se había repelido la agresión se estableció seis días de tregua para ver si entre ellos se pactaba alguna concordia. El Obispo envió requerimiento a Diego Hurtado que para evitar más derramamiento de sangre debería salir de la ciudad y para ello hizo presentar a Diego la carta que el Rey Juan II había enviado mandando que saliera de la ciudad.

Ni por esas quiso irse de la ciudad, más antes de cumplirse la tregua mandó armar a los suyos saliendo a pelear con la gente del Obispo por la parte del castillo, duró la pelea más de tres horas. Al fin, la gente del Obispo incendió una casa cercana a la de Diego Hurtado, con tan mala suerte que se quemó la casa y el Ayuntamiento de la ciudad y otras 50 pares de casas y con ellas la casa palacio de Diego Hurtado.

Diego viendo en peligro su vida mando aviso al Obispo aceptando salir de la ciudad para retirarse a su villa de Cañete con su mujer e sus hijos. Así hizo dejando treinta hombres de armas en el castillo. Los que quedaron, con otros tantos que envió Diego hicieron mucho mal a la ciudad. Dice la crónica que tan crueles fueron que se asemejaba a las batallas entre monos y cristianos. Esta situación duró más de un año. Visto esta situación por el Rey, y pensando que todo se perdería acordó un trato con D. Diego Hurtado, dándole a cambio del castillo el paraje llamado la Cañada del Hoyo, a tres leguas de Cuenca, en donde hay una fortaleza antigua con ochenta o noventa vasallos, y así fue como entregó el castillo de Cuenca al Rey.

Cuenca, 11 de septiembre de 2018.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

domingo, 9 de septiembre de 2018

Los conventos de monjas que hubo en Cuenca entre los siglos XIV y XVIII

Los conventos de monjas
Entre los siglos XIV y XVIII en Cuenca (3ª parte)

Esta tercera parte reflejaré los conventos que se fundaron en Cuenca, de los que se tiene documentación acreditativa.
El de Benedictinas, con advocación de Ntra. Sra. de la Concepción, titulado de San Benito, es de la filiación del Obispo. Se fundó por el año 1446, por encargo y comisión que el fundador D. Pedro Arias Bahamonde, Canónigo que fue de Cuenca, Deán de Orense, Arcediano de dicha iglesia y luego Obispo de Mondoñedo, dio  a D. Nuño Álvarez de Fuente Escalada, Chantre y Canónigo de Cuenca, quien dispuso y efectuó la fundación. Solicitó que el Sr. D. Lope de Barrientos, Obispo de Cuenca, le uniera ciertas prestameras para manutención y tener capellán que le dijese misa, y esta unión la aprobó el Papa Nicolás V en el año de 1452. Antes fue casa de beaterio, y las doce beatas que en él había profesaron en un mismo día siendo la abadesa María de Almendros.

El convento de la Concepción Francisca, su advocación Ntra. Sra. de la Concepción, es el único que había fuera de las murallas de la ciudad, en sus arrabales. Su fundador fue Álvaro Pérez de Montemayor, Canónigo de Toledo, que otros llaman con más propiedad Álvaro Sánchez de Teruel. La escritura de contrato para esta fundación la hizo en Toledo el 26 de abril de 1504, y se efectuó en el mismo año, sirviendo de iglesia la ermita de la Santísima Trinidad. Vino a fundar este Monasterio Dª Isabel de Álvarez, abadesa que fue de Santa Clara de Alcocer, con otras religiosas de aquel convento. A los tres años se volvieron a Toledo con otras tres religiosas, y fue su abadesa treinta años, hasta el año 1557 en que murió con fama de santidad.

El de  San Lorenzo Justiniano, con advocación de San Pedro Apóstol, fue fundado por D. Alonso Ruiz, Canónigo de Cuenca, por el año 1509. En este año, dicen las constituciones de dicho convento que se presentó la comisión del General de la Orden, Francisco de Padua, Prior del Monasterio Santi Salvatoris de urbe, que residía en Roma, y que no pudiendo venir a visitarlo personalmente, cediendo su horno al Deán y Cabildo de esta Catedral de Cuenca, para que fueran sus patronos. La bula de aprobación se despachó en Roma por Leonardo, presbítero, Cardenal de Santa Susana, en virtud de comisión Papal, sellada con el sello de la Penitenciaría 25 de junio en el año tercero del Pontificado del Papa León X y en ella se hace expresión de que llevaban ya seis años de clausura y que era las fundadoras Juana y Aldonza de Arnero.

El de las Angélicas, de la Orden de San Francisco, su advocación Ntra. Sra. de Guadalupe  y de la Concepción, estaba bajo la protección del Cabildo de la Catedral de Cuenca. Su fundador fue D. Constantino Castillo, Comendador de la Mota y Canónigo de Cuenca, quien en su testamento otorgó el 4 de septiembre de 1561, dejó encargado para a conclusión de la fundación y ordenar los estatutos a su testamentario y sobrino D. Juan Antonio Castillo, Deán y Canónigo de esta Catedral.

Las primeras fundadoras fueron del convento de la Concepción Franciscana de esta ciudad. El monasterio se construyó en las casas de morada del mismo D. Constantino Castillo, sirviendo a Las religiosas de iglesia parroquial la de San Nicolás, por concordia y permiso de su Cura, Beneficiado y Mayordomo, aprobada por el Provisor eclesiástico, Sede vacante, el 10 de septiembre de 1589. Desde las expresadas casas se diño comunicación con la tribuna para que les sirviera de coro, y lo demás para enterramientos; lo que duró hasta el año de 1619 en que se mudaron a la nueva iglesia.

El convento de las Bernardas, su titular la Concepción de Bernarda, era de la filiación de los Obispos de Cuenca. Su primera fundación fue en Moya, en el arrabal de Santo Domingo, donde no hay memoria del tiempo en que se fundó. Se mudaron las religiosas a Cuenca por el año de 1558, en tiempo del Obispo D. Pedro de Castro. Vinieron seis y la más antigua de ellas Inés Osorio, había tomado hábito en Moya el año de 1538. Fundaron el nuevo convento en la casa-hospicio de San Sebastián, en el 7 de enero del año 1571. El Obispo de Cuenca D. Fr. Bernardo de Fresneda dotó al convento de unos juros y se adjudicó el patronato de esto monasterio, dejándolo en herencia a un hermano suyo con el derecho de la presentación de dos plazas de religiosas de su linaje, o fuera de él si no hubiese quien las pretenda de las primeras.

El de las Carmelitas Descalzas de Santa Teresa, su titular San José, estaba bajo la dirección de los religiosos de su orden. Su primera fundación fue en Huete en el año 1588, y se trasladaron a cuenca en 1603. Fue la fundadora la madre Isabel de San José, hija de D. Alonso de Ribera Coello y Sandoval y de su mujer Doña Juana de Hinestrosa y Guzmán de la casa de los Condes de la Ventosa, señores de Villarejo de la Peñuela. Residían estos señores en la villa de Molcalvillo de este Obispado, donde nació su hija Dª Isabel el 7 de maro de 1562 y otro hermano  llamado D. Alonso, que también fue Carmelita Descalzo y dos veces General de la Orden. Vinieron a fundar a Huete desde el convento de Burgos , Ana de la Cruz y Mariana de San Ángelo; del convento de Malagón  María de Jesús, del convento de Salamanca, Ana de San Antonio y del convento de Toledo, Águeda de San José y Catalina de la Cruz. Entraron las fundadoras en Huete el 6 de agosto de 1588 y ese mismo día tomó el hábito doña Isabel, a los diez años la hicieron Priora. En 1603 pasó a Cuenca con todas sus religiosas a la nueva fundación, donde murió el 26 de enero de 1648.

He de destacar que para su fundación del convento e iglesia contribuyeron algunos devotos con limosnas, como: D. Gerónimo de Aguilar, con 4.000 ducados, el Rey Felipe IV, en su estancia en Cuenca, año 1642, dió 3.000 ducados. Bendijo la iglesia el Obispo de Cuenca D. Enrique Pimentel, el 3 de Abril de 1646.

Cuenca, 9 de septiembre de 2018.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.




sábado, 8 de septiembre de 2018

Los conventos de varones entre los siglos XIV y XVIII en Cuenca (2ª parte)


Durante este estos siglos hubo 47 casas de comunidades religiosos y 1357 religiosos.

En esta segunda parte reflejaré los conventos y colegios que se fundaron en Cuenca, de los que se tiene documentación acreditativa.
Al primero que hare mención es el de los Trinitarios Calzados, situado en los arrabales, con la advocación de Ntra. Sra. del Remedio, fue fundada en el año de 1385. Se les cedió a los religiosos por el Obispo una iglesia titulas de San Jorge para su establecimiento, hasta que se construye el convento.

El de los Mercenarios Calzados, con advocación de Ntra. Sra. de las Mercedes, estuvo situado en los extramuros en el sitio llamado de Fuen Santa, hasta el año 1684 que habiendo obtenido los religiosos unas casas de los Marqueses de Cañete en el Alcázar en la ciudad, fundaron el ellas la nueva iglesia y convento.
El convento de San Francisco de Padres observantes, sitiado en los arrabales de la ciudad, fue de los Caballeros Templarios  que vinieron a la conquista de Cuenca, en cuyos arrabales les concedió Alfonso VIII esa casa. Cuando se extinguió la Orden en 1313, pasó a los conventuales de San Francisco, y de estos a los observantes en el año de 1500, según hace referencia Fray Francisco Gonzaga. Esta iglesia de San Francisco fue restaurada por D. Juan Pérez de Cabrera, murió en 1519.

El Convento de los Dominicos, estaba situado a extramuros, en la parte oriental, su titular fue San Pedro Apóstol. Su fundador fue el canónigo D. Juan del Pozo, por el año de 1523, en que se iniciaron las obras. En medio del crucero de la iglesia está su sepulcro con su epitafio de en bajo relieve de piedra blanca, en la que dice: “aquí está sepultado el indigno canónigo Juan del Pozo, primer fundador de esta iglesia y monasterio; pide y ruega por reverencia a Ntro. Sr. Dios le supliquen haya misericordia de su ánima. El 5 de noviembre de 1539 murió.
Los arquitectos de la iglesia y el convento de San Pablo fueron los hermanos: Juan y Pedro  de Albiz. He de considerar por su relevancia que el altar mayor de esta iglesia lo fue antes de la Catedral y se quitó cuando se puso el de jaspe. Incluye una multitud de esculturas de madera policromada en la vida de la Virgen María. Se decía en la crónica, que para su construcción se empleó toda la madera de los árboles del paraje de Mira-bueno y lomas del Socorro hasta la fuente el Canto.

El de Franciscanos Descalzos con advocación de San Lorenzo Mártir, estaba situado a extramuros, en la parte Norte y al pié de los elevados peñascos. Para su fundación dejó en 1581 una casa y huerta, la iglesia fue fundada por D. Gerónimo Venero y Leiba, natural de Valencia, Abad de la Asey y Canónigo de esta Catedral, después fue Obispo de Monreal en Sicilia.
Los Agustinos Descalzos con advocación de Ntra. Sra. del Socorro y San Agustín, fue fundada en el año de 1585. El Obispo D. Gómez Zapata dio la ermita de Ntra. Sra. del Socorro, que en el año 1567 había fundado D. Gerónimo Cabanillas, del hábito de Santiago y Corregidor de Cuenca. En los archivos de la fundación que existían se expresa que antes hubo en Cuenca convento de Agustinos Claustrales, con advocación de Santa Cruz, que se reformó y acabó en los primeros amos del siglo XVI.

El Convento de los Carmelitas Descalzos, con la advocación del Santo Ángel de la Guarda, lo fundó el Obispo D. Andrés Pacheco, en la isla del Júcar, extramuros de la ciudad, contigua al puente que había cerca del molino de la Noguera y casa de placer de D. Lucas Aguirre. Se puso la primera piedra por D. Pacheco en 30 de noviembre de 1615. El 25 de marzo dejaron los religiosos dicho convento y se mudaron al medio de la ciudad, donde fundaron el nuevo; trasladando también su iglesia el cuerpo y lucillo del fundador.
El Colegio de la Compañía de Jesús, creado cerca de la Parroquia de San Pedro, fundado en 1556 por los Canónigos D. Pedro del Pozo y D. Pedro Marquina. Este último en la escritura de fundación que otorgó en Cuenca a 13 de diciembre de 1561 ante Martín de Pedrosa, notario mayor apostólico que en caso de dejar la Casa Colegio esta Compañía se empleasen sus rentas en fundar un hospital general.

Esta Casa Colegio, desde la supresión de la Orden por el Rey Carlos III, sirvió de escuela, de casa de expósitos y de cuartel. Es importante resaltar que con la librería de este Colegio y las de cuatro más de Jesuitas que había en esta diócesis, y la del Excmo. Sr. D. Alfonso Clemente Arostegui se fundó la Biblioteca pública del Seminario de San Julián.
La Congregación del Oratorio de San Felipe Neri fue fundada el 14 de septiembre de 1738 por los Señores D. Álvaro Carbajal y Lancaster, Arcediano de Moya y Canónigo de Cuenca y su hermano D. Isidro, también Canónigo.

Si hacemos un recuento de las casas de comunidades religiosas que hubo en esta provincia, podría afirmar que se contabilizaron 47 y fueron habitadas por 1356 religiosos en el año 1787.

Cuenca, 6 de septiembre de 2018.
José María Rodríguez González. Profesor y investigador histórico.

viernes, 7 de septiembre de 2018

El arca de la limosna de San Julián


Todo ello se repartía anualmente por acuerdo del Cabildo. Otro de sus cargos era asistir diariamente a la distribución de pan que se hacía en una de las puertas principales de la Catedral, a cuantos mendigos de Cuenca y forasteros se presentaban.

En los primeros días de septiembre se celebró un triduo en honor a San Julián, eso es un hecho palpable que se viene celebrando al solicitar al Papa Julio III (1550-1555) el cambio de fecha de la celebración de la festividad de San Julián del 28  de enero al 5 de septiembre. Veamos cómo sucedieron los hechos.

Dice el escrito que lo atestigua el cambio de fecha: “Decimos que en esta ciudad se instituyó una cofradía de los caballeros y gente más noble y principal de ella, la cual preserva con mucha devoción del glorioso Santo festejando su día que es el 28 de enero con gran demostración de alegría corriendo toros y jugando cucañas después de asistir a una solemne procesión y asistiendo a los divinos oficios con sermón lo cual hicieron desde muchos años, pero viendo que con la aspereza del tiempo por ser tierra tan fría no podían cumplir con su deseo y devoción suplicaron al Papa Julio III trasladase la dicha fiesta al 5 de septiembre. Lo cual concedió dejando, además que se celebrara como se celebra con mucha solemnidad, el día de su tránsito, el 28 de enero”.


En el Pontificado de D. Juan Cabeza de Vaca puso el canónigo Martín González los cimientos del Arca de la Limosna o Arca de San Julián, obra pía que, con la generosidad del Canónigo Sr. Lorenzana y de otros prebendados y munificencia de los Sres. Obispos llegó a contar con una renta de más de mil fanegas de trigo, de una porción considerable de centeno y cebada y unos mil ducados en metálico. Todo ello se repartía anualmente por acuerdo del Cabildo a quien pertenecía a la administración y al gobierno de la diócesis, entre conventos de monjas pobres de Cuenca, por especial decreto apostólico, y entre pobres vergonzantes de ambos sexos y de todo estado. Según lo exigía la necesidad y lo dictaba la discreción, a unos se les asignaba un número determinado de fanegas de cereales, o se les daba por una vez cierta cantidad y a otros se les señalaba para toda la semana cierto número de panes, que recibían los sábados por la mañana. El Cabildo titulado limosnero, de nombramiento del Cabildo, corría con la cobranza y proponía a su comité la distribución. Otro de sus cargos era asistir diariamente a la distribución de pan que se hacía en una de las puertas principales de la Catedral, a cuantos mendigos de Cuenca y forasteros se presentaban.


Los beneficios que derramó en los menesterosos esta piadosa fundación hasta ocupar sus bienes el Estado, son incalculables. Fue llamada Arca de San Julián, en imitación de la caridad de San Julián fue establecida.

Cuenca, 7 de septiembre de 2018.

©José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.  

jueves, 6 de septiembre de 2018

La salud de los conquenses entre hospitales y conventos


 La salud, hospitales y conventos en Cuenca (1ª parte)

Daré una sucinta idea del establecimiento y situación de donde pudieron estar ubicados, los hospitales y comunidades religiosas que hubo en Cuenca.
El primero que hablaré será del Convento de San Antonio Abad. Fue de hospitalidad, en que se curaba el fuego sacro y otras enfermedades semejantes. Estuvo situado a extramuros de la ciudad, en la parte occidental, pasado el río Júcar junto a la iglesia Parroquial de la Virgen de la Luz, en el barrio de San Antón. La comunidad la formaban un Comendador, que era sacerdote, y cuatro o cinco legos, que servían al hospital y la casa, también se encargaban de recoger las limosnas. Su fundación fue hacia 1345. Según el Bulario de la Orden de Santiago, los procuradores de la demanda de San Antonio Abad en Cuenca, presentaron a D. Juan, Prior del Convento de Santiago de Uclés, un privilegio para que no les estorbaran la petición en los pueblos del Priorato. Era el privilegio del Rey D. Fernando IV, también otro de D. Sancho, su padre, y otro de D. Alfonso el Sabio, para que pudieran pedir en todos sus reinos, a demás mostraron una carta de D. García, Obispo de Cuenca, en el que daba testimonio de los privilegios concedidos a los religiosos Antoneros los Papas: Gregorio, Nicolás y Clemente VI.
Esta Orden subsistió hasta el día 22 mayo de 1791 en que, en virtud de una Bula del Papa Pío VI, fue extinguió, siendo Obispo de Cuenca D. Felipe Antonio Solano. Secularizando, con asistencia de la ciudad, a los cuatro legos que había.
Hubo en esta ciudad otros muchos hospitales que con el tiempo y por sus cortas rentas desaparecieron. Conservamos memoria de ellos: el de San Lázaro, inmediato al de San Jorge y que, como su nombre indica, fue establecido para curar enfermos. El de Santa Lucía, para curación de mujeres, y el de San Sebastián, para curar varones; estuvieron situados en los terrenos que después ocuparon el destruido convento e iglesia de las monjas Bernardas, hoy podemos situarlo por la calle Santa Lucía y el Matadero Viejo.
Antiguo Convento de las Bernardas

El de Santa Quiteria estuvo cerca de la Iglesia de San Miguel, y el de San Francisco, San Pedro y San Pablo, inmediato a la de iglesia de Santa María. Siendo insuficientes sus rentas para las cargas de sus instituciones, fueron agregados a los Cabildos Sacramentales de ambas parroquias. El de San Jorge, contiguo a la casa de la iglesia de San Antón, fue también albergue de pobres transeúntes, y por hallarse el edificio en ruinas fue cedido al Concejo, con la intención que se construyera otro de iguales prestaciones, junto a las alfarerías.
Otro existió llamado De Todos los Santos, éste contiguo a la iglesia del Salvador. De su capilla es titular Ntra. Sra. de la Esperanza. Este hospital es muy antiguo, pero se ignora el tiempo de su fundación. El Papa Gregorio X concedió en Bula de 24 de Diciembre de 1591 a dicha capilla y a su hermandad o cabildo confraternidad con la iglesia de San Juan de Letrán de Roma y en 22 de Enero de 1786 expidió S.S. Pío VI.
En el protocolo de la escribanía que regentó Martín González de Santa Cruz, escribano de esta ciudad, se hallaba un cuaderno de diligencias que incluye dos Bulas pontificias de Pío V, una despachada el 6 de diciembre de 1566 y otra de 9 de abril de 1567 y varias provisiones Reales, para reunir todos los hospitales y cofradías de Cuenca en una sola. Se practicaron algunas diligencias y se hicieron inventario de las rentas que cada una disfrutaba, y en este estado quedó la unificación. También en el archivo de la ciudad, legajo 43, núm. 1194, se registra otra provisión Real para la referida reunión.

Cuenca, 6 de septiembre de 2018

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

El perdón de D. Pedro I de Castilla (El Cruel) a la Ciudad de Cuenca


Hoy 5 de septiembre hacer 664 años de este hecho.

Ahora que se aproxima la celebración de la conquista de Cuenca por el Rey Alfonso VIII,  hablaré de un hecho que ocurrió en esta ciudad en el mes de septiembre de 1354 con D. Pedro I, rey de Castilla y León. Hijo de Alfonso X y María de Portugal. Lo sucedió en el trono en el año de 1350.
Retrato de D. Pedro I el Cruel

El comienzo de su reinado estuvo marcado por la debilidad del poder real frente a las fracciones que se disputaban el poder que no eran otros que los hijos bastardos de Alfonso XI tuvo con Leonor de Guzmán, también tuvo problemas con los infantes aragoneses que eran primo del rey y la Reina Madre, María de Portugal. Al principio controló el poder de la Reina Madre y del favorito Juan Alfonso de Alburquerque quien  organizó la política exterior con alianzas con Francia, concertando el matrimonio del D. Pedro I de Castilla con Blanca de Borbón en el año de 1353. Pero D. Pedro en ese tiempo tenía por amante a María de Padilla y después de haber celebrado la boda con Blanca de Borbón (3 de junio de 1353), la abandonó al tercer día de casados y la hizo encerrar en el Alcázar de Toledo provocando la ruptura con Francia y la caía de Alburquerque. Todo ello provocó una rebelión en Toledo, extendiéndose a otras ciudades como Córdoba, Jaén, Talavera y otras que se declararon a favor del partido de los grandes que estaban contra el rey D. Pedro.

Por todo ello vino el rey  contra Cuenca en el año 1354, pero sus ciudadanos le cerraron las puertas y no se atrevió a usar la violencia por la fortaleza de la ciudad. Se criaba en ella, en casa de Alvar García de Albornoz, hermano del Cardenal D. Gil Álvarez de Albornoz, D. Sancho, hermano del rey, e hijo de Doña Leonor de Guzmán, que se libró del riesgo que le amenazaba si hubiera entrado el Rey en Cuenca y pocos días después D. Álvaro, que lo tenía en custodia, lo llevó a Aragón para mayor seguridad.

Permaneció el rey D. Pedro I, quince días en la aldea de Jábaga, a dos leguas de Cuenca y conviniendo con sus vecinos en que no moviera las armas se retiró a Toledo, y poco después la ciudad volvió a su obediencia.

El rey perdonó a los ciudadanos, con particularidad a Álvaro García, García Álvarez, Fernando Gómez y Gómez García, todos de la casa de los Albornoz; lo que consta del perdón que Rizo dice vio en el archivo de la Santa Iglesia Catedral, sellado con ello de plomo y firma del rey, en 4 de septiembre de mil trescientos noventa y tres y en efecto se halla en el legajo 3º, al número 111 aunque con fecha de 5 de septiembre.  

Cuenca, 5 de septiembre de 2018

martes, 4 de septiembre de 2018

Hoy nace una clara estrella.

Natividad de María
El día 8 de septiembre celebramos la festividad del nacimiento de la Virgen María. Este es el día con el que se abre el calendario litúrgico bizantino, cerrándose con la Dormición de María en el mes de agosto.
Según la tradición, María nació en Jerusalén, junto a la piscina de Bezatha, donde vivían sus padres Santa Ana y San Joaquín.
Nacimiento de María por Andrés del Vargas. Siglo XVII
Capilla de la Virgen del Sagrario. Catedral de Cuenca
Es curioso que la Liturgia Oriental celebre esta festividad cantando poéticamente el preludio de la alegría universal, es el momento en que se inicia la salvación anunciada desde los profetas en el Antiguo Testamento.

Hoy nace una clara estrella,

tan divina y celestial,

que, con ser estrella, es tal,

que el mismo Sol nace de ella.



Con el devenir de los tiempos, María se convirtió en el vehículo de Salvación. Hoy celebramos el aniversario de su nacimiento como una nueva manifestación de fidelidad de Dios con los hombres.
En la plenitud de los tiempos, María se convirtió en el vehículo de la eterna fidelidad de Dios. Hoy celebramos el aniversario de su nacimiento como una nueva manifestación de esa fidelidad de Dios con los Hombres.
Nacimiento de María. Siglo XVI
Capilla del Pozo
Catedral de Cuenca
Cada ocho de septiembre, la Iglesia Católica celebra el día del nacimiento de la Virgen y nueve meses después, el día 8 de diciembre celebramos la festividad de la Inmaculada Concepción.
Nuestra Catedral es un cantar de alabanzas a la Virgen María y en sus paredes el arte renace para recordar dicho acontecimiento. Ventura Rodríguez lo expresa en su obra del Altar Mayor, Andrés de Vargas lo canta en su magnífica obra de la Capilla de la Virgen de Sagrario, y el Canónigo, Juan del Pozo lo plasma en su retablo, al igual que el Deán Juan Barreda lo hace en la Capilla de la Asunción, obra del artista Martín Gómez el Viejo y su cuñado Pedro de Castro.

El origen de esta festividad se remonta al siglo V en Jerusalén, fruto de la festividad del Nacimiento de la Bienaventurada Virgen María, celebrada en la Basílica de Santa Ana y que fue incluida en el Calendario Trinitario, permaneciendo como tal hasta nuestros días.
Esta celebración es mencionada en los evangelios apócrifos, concretamente en el Protoevengelio de Santiago.
El Protoevangelio de Santiago debe su título a su primera edición que se remonta a  finales del siglo XVI. Con anterioridad, fue conocido con el nombre de Libro de Santiago o el de Historia de la Natividad de María, título que corresponde más exactamente con su contenido.

Cuenca, 8 de septiembre de 2018

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.