jueves, 9 de mayo de 2019

Un santo manchego, San Juan de Ávila


Juan de Ávila nació en Almodóvar del Campo (Ciudad Real), de una familia de cristianos nuevos, lo cual iba a crearle no pocas dificultades en el curso de su vida. Estudió Derecho y Teología en Salamanca y Alcalá y fue ordenado sacerdote en 1525.

Quería ir a cristianizar las Indias, pero no fue posible y se quedó muy cerca de su tierra natal, en Andalucía, predicando en Sevilla, Granada, Córdoba, Écija, Baeza, Montilla y muchos lugares más. Es el gran predicador, sabio, austero, fogoso, que arrebataba con la fuerza de su palabra a los oyentes.

El Santo Oficio se alarmó ante la vehemencia de su celo y el eco que tienen sus sermones, considerándose que tal vez perturba el orden social e incurre en algún aspecto de la herejía luterana; por lo que fue llevado ante el Tribunal de la Inquisición y sufrió cárcel  durante unos meses, hasta  que se reconoció su absoluta ortodoxia.
San Juan de Ávila Obra del pintor francés Pierre Subleyras 1746

Fervoroso y mortificado, incluso más hombre de oración que de palabra, Juan de Ávila sigue su camino encendiendo inquietudes de más exigente espiritualidad en seglares, clérigos y religiosos; por ejemplo, en carmelitas, como san Juan de la Cruz, en dominicos como Fray Luis de Granada, que será su primer biógrafo y en los jesuitas. Coincide tanto con San Ignacio, que piensa en ingresar en la Compañía de Jesús.

Pero es un hombre aparte, que atrae y asusta, siempre rodeado de entusiasmo y de suspicacias, hasta el punto de no ser canonizado hasta 1970. Un gran santo sin temor por las aristas de la verdad, hirientes en primer lugar para él mismo.

Cuenta su biógrafo que cuando murieron sus padres, que fue antes de terminar su carrera eclesiástica, el día de su primera Misa se llevó a su casa a doce pobres, los vistió, les lavó los pies, les dio de comer y les sirvió él mismo a la mesa.

Como dije anteriormente, sus ideas fueron el convertir al mundo infiel y determinó embarcarse para América. Vendió la hacienda de sus padres, repartió el dinero entre los pobres de Almodóvar y se traslado a Sevilla para buscar una nave que lo llevara a cumplir sus sueños. Don Alonso Manrique, arzobispo le rogó primero y luego le mandó bajo obediencia, que desistiera de ese viaje, porque Dios lo quería en Andalucía.

Su primer sermón lo predicó en el Salvador de Sevilla. Antes de subir al púlpito se sintió tan desconcertado, que volviendo sus ojos a un crucifijo, le dijo: “Señor mío, por aquella vergüenza que Vos padecisteis cuando os desnudaron para poneros en esa Cruz, quitadme esta excesiva vergüenza y dadme vuestra palabra para que en este sermón gane alguna alma”.

Este sermón, que predicó entre los veintiocho o treinta años, es considerado como uno de los mejores. Desde entonces fue el maestro de los predicadores. Fray Luis de Granada, el Crisóstomo español, dice que, sentándose en la escalera del púlpito para oírle mejor, se aprovechaba más con los sermones del maestro Ávila que con muchos años de estudio.

Otro día le pidió el sermón para copiarlo y el Santo sacó de su bolsillo un papel pequeño, doblado, donde en pocos renglones estaba el esquema del sermón. Generalmente solía hablar durante dos horas seguidas. Fray Luis de Granda comparaba sus sermones con un arcabuz cargado de mucha munición, que de un tiro hace muchos estragos.

Del púlpito pasaba al confesionario, donde, como dice su biógrafo: “seguía la caza que dejaba desde el púlpito, hasta que la ponía en manos de Dios”.

Cuando llegó la hora de su muerte. Uno de los discípulos le entregó el santo Crucifijo. Él lo tomó, lo abrazó y besó, sin cesar de pronunciar los Dulcísimos Nombres de Jesús y María, así falleció santamente en Montilla, el 10 de mayo de 1569, a la edad de setenta años y cuarenta y cinco de fecundo apostado.

Su cuerpo se conserva en la iglesia de la Compañía de Jesús de Montilla. Fue beatificado por León XIII en el año 1894 y canonizado el 31 de mayo de 1970 por el Papa Pablo VI. El Papa Benedicto XVI, lo proclamó Doctor de la Iglesia el 7 de octubre de 2012.

Cuenca, 10 de mayo de 2019.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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