martes, 5 de abril de 2016

La torre del Giraldo. Crónica de un suceso


114 años del hundimiento de la torre del Giraldo de la Catedral de Cuenca


El suceso ocurrió el 13 de abril de 1902, a las 10:00 horas

No hacía mucho que la Semana Santa había concluido y con ella todo el bullicio que se formaba en la Plaza Mayor había desaparecido. La plaza estaba tranquila con sus habituales vecinos. Al ser algo temprano para la misa de doce nos sentamos para hacer tiempo en el bordillo de la barandilla del lado izquierdo de la plaza.
Vista panorámica de la Hoz del Huécar con la Torre del Giraldo

Mi abuelo mirando a la catedral se le escapó la expresión “que mocha queda la catedral sin torres”. Preguntándole ¿cuántas torres tenía? Cuatro, la del Gallo, la de la Saeta, la torre del Ángel que es la única que queda y la gran torre del Giraldo que el 13 de abril de 1902 se vino abajo.

¿Tu lo viste abuelo? Si te refieres a que si estuve aquí después del suceso pues te diré que sí, como todos los jóvenes de Cuenca. ¿Cuántos años tenías? Eso me lo vas a decir tú. Yo nací el 2 de enero de 1886 y el suceso ocurrió el 13 de abril de 1902. Echa las cuentas en la libreta Josemari. Pues 16 años, 3 meses y 11 días. Tampoco hacía falta que el cálculo fuera tan exacto, pero esta bien.

Cuenca en aquella época era una ciudad pequeña, gozábamos de una paz franciscana, la gente vivía sin preocupaciones y los chicos a mi edad ya éramos hombres con trabajo. El hundimiento de la torre de nuestra catedral conmovió extraordinariamente a todos. La noticia corrió como pólvora y en un momento se congregó casi toda la vecindad en la Plaza de la Constitución, que así se llamaba por entonces la actual Plaza Mayor. Acudimos unos atraídos por la curiosidad y otros temerosos de que entre las víctimas hubiera algún familiar o amigo.
Fachada de la catedral después del hundimiento

Aproximadamente serían sobre las diez de la mañana, yo me encontraba trabajando en el convento de las Angélicas, con mi patrón, haciendo unos arreglos de carpintería cuando oímos un fuerte estruendo, pero seguimos trabajando hasta que se oyó una gran agitación en el exterior, así que dejamos de trabajar y salimos a ver lo sucedido. Al salir la plaza estaba cubierta de una gran nube de polvo ocultando lo sucedido. No tardó en aparecer el Sr, Alcalde D. Arturo Ballesteros que ordenó a los serenos municipales salir por los pueblos limítrofes en busca de auxilio, según se oía habían quedado sepultadas algunas personas y era preciso organizar rápidamente el rescate.

Al inclinarse la torre hacia el norte, los sillares cayeron sobre dos casas que estaban pegadas a la torre, la de Anselmo Sanabria y su esposa Visitación Navalón, que tuvieron la suerte de que hacía unos días se trasladaron a la casa de la huerta que tenían en arrendamiento en  el Huécar. La otra casa era de un horno de pan que se llamaba como tú, José María García y su esposa que tenían de familia cinco hijos, nos contó que en ese momento estaban en la casa la mujer y los cinco hijos ya que él había salido a llevar el pan a las monjas. Al oír el fuerte ruido tuvieron miedo y se metieron en lo más profundo de la vivienda, en la cueva, donde guardaban los alimentos. Una vez pasado el momento comenzaron a gritar con la suerte de que los escuchó Sotero Palomo y Cruz Gómez, el hijo del zurdo y arrastrándose entre los huecos de los sillares llegaron a ellos después de desescombrar, liberando a todos ellos.

El Obispo Wenceslao, lejos de sobrecogérsele el ánimo, rodeado de los fieles que acudían a su paso a besarle el anillo se puso de rodillas y elevó sus preces al Altísimo y a San Julián para que les librase de una catástrofe pues creímos en un principio que toda la Catedral se venía abajo. Los canónigos salieron del interior empolvorados y aún tuvo que pasar más de una hora  para contemplar el inmenso montón de escombros que se había producido con la caída del Giraldo.
Puerta de Jamete. Compañía de Zapadores de Madrid

En primer lugar se pensó en la familia del campanero que ocupaba las habitaciones interiores de la torre, al producirse el hundimiento tuvieron que bajar por una escalera de mano, único modo de salir del peligroso sitio ya que sólo había quedado la espadaña de las dos campanas  más grandes. En ese momento se echaron de menos a María Antón y a quienes con ella estaban repicando las campanas en ese momento. Se hablaba que con ella estaban los niños Gregorio López, Reyes López Ochoa, José López, Ángel Mena, Segundo de León y Francisco Requena que eran los monaguillos del Templo.

Los trabajos de salvamento comenzaron de inmediato al acudir los vecinos del Castillo. Gregorio Montero, Cruz Gómez, Máximo Martínez, Ramón Verdú, Andrés Evole, Vicente Cantero, Eleuterio Alonso, Andrés Leganés y Eulogio Serdán lograron sacar al joven Francisco Requena con vida, indicando que sus compañeros iban delante por haberse vuelto él para recuperar la capa que se la había dejado en las campanas.

Fue D, Ventura Durango, dependiente de la Catedral, quien ordenó hacer un boquete por la puerta del Claustro, donde se descubrió el cadáver de María Antón, joven de 22 años, que estaba aprisionada por el pecho, entre dos sillares y una viga.

Puerta de Jamete después del hundimiento de la
torre del Giraldo
Dos días más tarde se presentaron, procedentes de Madrid, dos compañías de Zapadores, comenzando el desescombro para intentar salvar a los niños enterrados. Ese mismo día se consiguió extraer con vida a Gregorio López y Ángel Mena. Los otros tres niños, Reyes López, Segundo de León y José López, fueron encontrados muertos. El entierro se realizó al día siguiente, asistiendo el Gobernador Civil, Sr. Gurrea; el Senador por Cuenca, Sr. Correcher quien dio una abundante cantidad de dinero a los damnificados.

Durante algún tiempo se temió por el hundimiento del resto de la Catedral e incluso por el Palacio Episcopal, por lo que D. Wenceslao Sangüesa, decretó la clausura del Templo, sacando de él las joyas del tesoro y el cuerpo de San Julián, siendo trasladados a la Iglesia de la Merced y al seminario.
¿Se volverá a ver la Catedral con la torre del reloj? Pregunté ingenuamente a mi abuelo. Josemari, estoy seguro que yo no la volveré a ver pero os corresponde a las generaciones venideras, como la tuya, que debéis de hacer fuerza para devolver a esta gran Joya de la arquitectura gótica el esplendor que tuvo en sus mejores momentos.

Cuenca 13 de abril de 2016.


José María Rodríguez González. Profesor e investigador historio.

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