sábado, 21 de diciembre de 2019

22 de diciembre. ADVIENTO.

    La venida del Hijo de Dios, esto significa adviento, es la columna miliaria que divide el largo curso de la historia. De un lado, los siglos precristianos que preparan la plenitud de los tiempos, el año de la redención, la revelación del gran misterio; del otro lado, que es el nuestro, la era cristiana, los tiempos novísimos o últimos, Belén mirando hacia el norte o valle de Josefat, donde dirige sus pasos la humanidad y donde tendrá lugar la segunda venida o adviento de Jesús.

Los antiguos Misales empezaban el año litúrgico con la fiesta de Navidad, porque hasta el siglo IV no existían las cuatro semanas o domingos que llamamos de Adviento, como período preparatorio al magno acontecimiento. En el siglo V, como reacción a la herejía de Nestorio, que negaba la divinidad de Jesús, surgió con máximo esplendor la fiesta natalicia del Redentor y se dio una Vigilia de cuatro semanas.

Felices días para todos. Que el Niño Dios vuelva a renacer en todos los corazones.

Cuenca, 22 de diciembre de 2019.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

miércoles, 11 de diciembre de 2019

Luna llena Fría o de las Largas Noches.

Plenilunio del mes de Diciembre. Luna llena Fría.

Con esta Luna llena corona las largas noches del mes de diciembre. Toma su nombre debido al tiempo que pasa en el cielo, llamándose también Luna de las Largas Noches. En esta noche las antiguas civilizaciones agradecían a la diosa el próximo renacimiento de la naturaleza, el despertar del nuevo Sol  sabiendo que estamos viviendo momentos de oscuridad, pero que se aproximan momentos de luz con el solsticio del invierno. Es en este tiempo cuando el Sol empezará a tomar más fuerza venciendo a la oscuridad que se irá empequeñeciendo desde el 21 de diciembre.

Esta Luna llena simboliza un importante cambio ya que las noches se acortan y los días se alargan poco a poco. Ni siquiera se gana más que un minuto de luz al día, pero aún así, sin darnos cuenta, algo está cambiando en la naturaleza que nos rodea.

Según algunas creencias, será la noche ideal para renovar tus compromisos, eso se hace como un ritual enterrando tres bellotas de robre como símbolo de tu mente, tu espíritu y tu cuerpo y pidiendo a tus dioses interiores la fuerza para continuar tu camino, cambiar de dirección o corregir cualquier error que hayas cometido durante el año trascurrido.

Esta es una noche para meditar y relajarse, para dar la bienvenida al nuevo periodo que comienza tras el Solsticio de invierno. Es una noche para relajarnos y prepararnos para despertar del largo letargo invernal y enfocar nuestras energías a todos aquellos objetivos que nos hayamos propuesto para el nuevo año que pronto comenzará.

Feliz plenilunio de la Luna Fría y de las Margas Noches.

Cuenca, 12 de diciembre de 2019.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.


Secuenciación de la puesta de la Luna Llena del mes de diciembre. Desde las 7.05h hasta las 7.18h
del 12 de diciembre de 2019

martes, 10 de diciembre de 2019

San Dámaso I, el Papa español. Festividad del 11 de diciembre.

  “Doctor virgen de la Iglesia Virgen”, así llama San Jerónimo a San Dámaso, insigne Papa español, natione hispanus, como dice el Libro Pontifical, a finales del siglo V principio del VI.

Debió nacer entre los años 304 y 305. Su padre se llamaba Antonio y fue notario, diácono y presbítero de la Iglesia de San Lorenzo in Dámaso. La madre se llamaba Lorenza, vivió en continencia durante sesenta años. Una hermana de San Dámaso, llamada Irene, consagró a Dios su virginidad a la edad de veinte años.

De la juventud de Dámaso sólo sabemos que era muy devoto de los mártires, hasta el punto de que siendo niño se hizo contar el martirio de los Santos Pedro y Marcelino por el mismo verdugo que los mató.

Sus padres se casaron muy jóvenes en España y se llevaron enseguida a Roma al pequeño Dámaso, que desde edad muy temprana debió de entrar a formar parte del clero romano.

Llego a alcanzar un lenguaje claro y melodioso; tenía en la conversación la elegancia del poeta, la piedad del sacerdote y la erudición del sabio.

En el año 355 fue desterrado de Roma el Papa Liberto por el emperador Constancio. Nuestro Santo, que era todavía simple diácono, lo acompañó al destierro y volvió con el Papa a Roma dos años después.
El Papa San Dámaso I

En el año 367 fue elegido Papa San Dámaso. Los comienzos de su Pontificado fueron muy dolorosos. Algunos clérigos apasionados eligieron un antipapa, el diácono Ursino. Cerca de catorce años duró el cisma en la ciudad de Roma, hasta que en el año 381 murió Ursino. San Jerónimo nos dice de Dámaso, no solo venció a sus adversarios, sino que perdonó a los vencidos, que es gloria todavía mayor.

Como buen español, fue acérrimo campeón de la fe católica. “Diamante de la fe”, le llaman las Actas de un Concilio. Convocó varios Concilios en Roma para reprimir la herejía, los apolinaristas y macedonianos.

En los dieciocho años que San Dámaso gobernó la Iglesia creció enormemente la autoridad del Papa frente a los emperadores. En medio de sus múltiples y trascendentales ocupaciones tuvo todavía tiempo, el Papa español, para dedicarse a estudios de la Sagrada Escritura. Conociendo personalmente  a san Jerónimo en Roma en el año 382, lo retuvo a su lado, como fiel secretario y consejero. Con él trabajó en traducir al latín los expositores griegos y a rehacer la versión antigua de las Sagradas Escrituras, fruto de estos trabajos fue la Biblia Latina, conocida con el nombre de Vulgata, texto oficial de la Iglesia Católica.

Murió casi octogenario, bajo el príncipe Teodosio, el 11 de diciembre del año 384, diecisiete años, dos mese y veintiséis días, después que fuera elegido, por el juicio de Dios, sacerdote de la Iglesia Romana.

Hizo esculpir sobre su tumba este epitafio: “Aquel que halló con sus plantas olas del mar, que hace revivir la simiente muerta en la tierra, que pudo soltar las letales ataduras de la muerte y entregar a Lázaro vivo después de tres días de tinieblas a su hermana Marta; ese mismo creo que resucitará a Dámaso, después de haber estado convertido en cenizas”.
Es patrono de los arqueólogos, a causa de las basílicas que edifico, de las restauraciones que llevó a cabo en las catacumbas y de las hermosas inscripciones con que adornó los sepulcros de los mártires.

Cuenca, 11 de diciembre de 2019.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

domingo, 8 de diciembre de 2019

Santa Leocadia, virgen y martir. Festividad del día 9 de diciembre.

Santa Leocadia.
   En la oración de la Misa de esta Santa ruega así la Iglesia de Toledo: “Señor, os pedimos que seamos ayudados por los méritos y ruegos de la bienaventurada Leocadia, vuestra virgen y mártir, para que nos veamos libres de la cárcel eterna, por el patrocinio de la que por confesar vuestro nombre, sufrió la cárcel y la muerte”.

Y con más concesión decía la antigua liturgia española: “Fue interrogada, confesó, la atormentaron y Dios le dio la corona”. En esto se condensa todo lo que sabemos del martirio de esta virgen toledana, tan honrada de la Iglesia visigoda:

Había nacido en Toledo de padres nobles y cristianos. En los círculos paganos de la ciudad era muy conocida, pues apenas llegó Daciano con órdenes de acabar con los cristianos, le dieron en seguida el nombre de Leocadia. Le ponderaron su nobleza, su hermosura y su juventud, pero sobre todo su fervor religioso. El tirano lo hizo compadecer en su presencia, seguro de que renegaría de la fe por los halagos y promesas o por las amenazas y tormentos.

La religión cristiana era de gente pobre, de esclavos y plebeyos, ¿Cómo una joven rica y noble podía pertenecer a ella? Así arguyó Daciano a Leocadia. Más ella le contestó que toda su gloria se cifraba en adorar a Cristo, y que por nada dejaría su fe. Estaba dispuesta a morir como su Maestro. De esta resolución nadie la apartaría en el mundo.

El tormento era la respuesta común de los tiranos y nuestra Santa fue sometida a los azotes. Chorreaba sangre todo su cuerpo y su pudor virginal se cubría de una túnica morada y roja, mientras su rostro se iluminaba por un júbilo y paz celestial. Más fuerte que las varas y los golpes era su fe, pues siguió confesando su creencia cristiana.

La retiraron y encerraron en un calabozo para que curase de las heridas y estuviese preparada para nuevas torturas. Lloraban los cristianos al ver aquel cuerpo inocente destrozado por los látigos, surcado de cardenales, abierto por las heridas y deformado por el furor y la fuerza de las varas. La mártir se consolaba, porque sus heridas eran otras tantas puertas abiertas para que por ella saliese más presta su alma.

En la cárcel supo de la muerte dolorosa de Eulalia de Mérida; con sus uñas hizo una cruz en la pared y allí, abrasada en encendido amor de Cristo, expiró el 9 de diciembre del año 304. Las rosas de la sangre con los lirios blancos de la virginidad velaron su cuerpo sagrado.

Los cristianos toledanos le dedicaron muy pronto tres templos: uno, en la casa donde había nacido; otro donde estuvo presa y el tercero, en el lugar de su sepultura. El último fue célebre iglesia de Santa Leocadia, teatro de los grandes Concilios de Toledo.

Dios la honró después con múltiples milagros, pregoneros de su gloria y santidad. El más célebre tuvo lugar en su misma tumba. Oraban ante ella dos personajes más influyentes entonces de Toledo: su arzobispo y su rey, San Ildefonso y Recesvinto. De repente se levanto la losa que cubría el cuerpo de la santa y apareció vestida de amplio manto inmortal  Santa Leocadia, para felicitar y alentar al gran devoto de la Madre de Dios y defensor infatigable de su virginidad. La tradición añade que el Santo, con el puñal que se ceñía el rey, cortó una punta del manto de Santa Leocadia, preciosa reliquia que hoy muestran en el sagrario de la Iglesia de Toledo. 

Aparición de Santa Leocadia

Es patrona de la Ciudad de Toledo.

Cuenca, 9 de diciembre de 2019.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

sábado, 7 de diciembre de 2019

La Inmaculada Concepción. Una festividad muy conquense.

    Hay dos imágenes de la Inmaculada. Una trazada por mano divina y otra por el pincel humano. La divina es escrita; la humana pintada. Ambas universales. La divina es obra del Espíritu Santo, con mediación de un Ángel de una mujer, recogida por un escritor médico que se llama San Lucas. La humana se inspira en la divina y es la de Murillo, que, aunque española y local, ha adquirido proporciones de universalidad.
Inmaculada Concepción de Murillo 1665
   En la definición de este dogma fue España la adelantada, paladín esforzado en la defensa de la verdad de la Virgen y el pueblo conquense ha sido y es eminentemente mariano. Este sentimiento mariano en el pueblo fue anterior a la definición del dogma y cooperaron sus personajes más grandes en el Concilio de Trento. Fue Menéndez Pelayo quien dijo que este Concilio que fue: “tan español, como ecuménico”. Para convencernos de que la aseveración no es hiperbólica, sobra con decir los nombres de los nuestros que estuvieron presentes, famosos teólogos tridentinos como: Soto, Solís, Torres, Salmerón, el conquense Melchor Cano, el Arzobispo Guerrero y sobre todo, el del Cardenal Pacheco, aquel que en Trento hizo de su verbo ardiente, tanto que algunos se atrevieron a llamar a este Concilio “el Concilio del Cardenal Pacheco”. En él estuvo a punto de hacerse realidad, aquel dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen, que se definió más tarde el 8 de diciembre de 1854. El sentimiento estaba grabado en la España viva del pueblo mucho antes de la definición del dogma, era sentimiento y anhelo, esperanza y verdad de los conquenses que se anticiparon y cooperaron a la definición del dogma de la Inmaculada Concepción como lo refleja la catequética de la rejería del siglo XVI en la Catedral Conquense.

Constantemente estuvo Cuenca al lado de ésta Verdad, como así lo prueban los tratados de nuestros eminentes teólogos. Ejemplo de ello es el tratado de La Concepción de Nuestra Señora, de Fray Ambrosio de Montesinos, de Huete, que compuso también un Breviario de la Inmaculada para los religiosos de su Orden, era franciscano. “Defensa de la Inmaculada Concepción”, del Padre Fernando Chirino de Salazar, Jesuita; el del licenciado Don Baltasar Parreño, cura de Sacedón, titulado “De la limpia concepción de Nuestra Señora”; el escrito por Fray Melchor de Huélamo, de Tarancón, sobre “Discursos predicables sobre la Salve”, franciscano de San Clemente. Los escritos del famoso Padre Luis Molina y Gabriel Vázquez; Padre Andrés Marcos Burriel, de Buenache de Alarcón; Fray Francisco Herráez, de Albendea; Don Jacobo Capistrano de Moya, de Hontecillas y cura de Fuente de Pedro Naharro. Alguno de estos eminentes citados en esta incompleta lista de escritores inmaculista conquenses, porque ellos recogieron en sus escritos el pensamiento inmaculista conquense, aún antes del Concilio de Trento,  y que apoyaba y preparaba la definición de la Virgen María y honor de España y de Cuenca.

Ahí está, cómo la habíamos de predecir el “Vito” de Horcajo de Santiago, con sabor y ambiente inmaculista que se remonta a siglos desconocidos, pero que sin duda es anterior, no solo a la definición de 1854, sino a la época del mismo Concilio tridentino. Con esta preparación, Cuenca hace acto de presencia en la Asamblea ecuménica de Trento por sus grandes teólogos al que asistieron, como anteriormente cite sus nombre y valga la redundancia, nombro con más detalle ahora: Don Diego Ramírez de Villaescusa de Haro, Canónigo de León y Cuenca y más tarde nuestro Fray Francisco de Zamora. El Taranconero Fray Melchor Cano. También Don Pedro Guerrero, que había sido canónigo de Cuenca. También asistió nuestro Fray Martín de Portalrubio, canciller de la Orden de San Juan de Jerusalén a quien llama Don Roque Pirro “Ilustre por su ciencia y por su prudencia” y por último lugar, no por ello de inferior valía, estuvo estuvieron los ilustres conquenses: el Cardenal Francisco de Mendoza y Bobadilla; Don Alfonso Merchante de Valerio, hombre eminente hijo de los marqueses de Cañete y enterrado en la capilla del Espíritu Santo de nuestra Catedral.

Como vemos mucho contribuyo la diócesis conquense, con sus gentes preparadas, a esta festividad que hoy celebramos.

¡Viva la Inmaculada Concepción!

Cuenca, 8 de diciembre de 2019.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.


martes, 3 de diciembre de 2019

Visita guiada gratuita sobre la rejería del siglo XVI en la Catedral de Cuenca

Visita guiada gratuita sobre el arte Grutesco en la Catedral de Cuenca.
   Siguiendo con las visitas gratuitas de la Catedral de este curso, este sábado, primero de mes, día 7 de diciembre, a las 11 de la mañana, realizaremos la visita guiada explicando la catequética de la rejería del siglo XVI. 

Detalle de la reja del Coro de la Catedral de Cuenca.
Foto: José María Rodríguez González.
   En Cuenca, en el siglo XVI se dieron unas circunstancias especiales, sobresaliendo en el arte de la rejería, al disponer de la materia prima, en las minas de Tragacete y de los medios económicos suficientes para crear en la ciudad una tradición del trabajo del hierro, naciendo una escuela conquense que fue conocida por todo el reino, como lo demuestra los trabajos de Sancho Muñoz en Sevilla y Hernando de Arenas en Sigüenza.

En el siglo XVI, el Renacimiento plantea un enfoque distinto del que se había llevado hasta entonces, los elementos decorativos buscan su inspiración en modelos grecorromanos tendiendo a crear un mundo ficticio, fundiendo caprichosamente elementos de diferentes naturalezas y creando un mundo fantástico, cuyos elementos fueron denominados GRUTESCOS.

La Catedral de Cuenca posee gran cantidad de este arte y centrándonos en la rejería, el sábado intentaré explicar la enseñanza catequética que encierra cada una de estas magníficas rejas, donde se combina la traza creada con el contenido figurativo existente en cada una de ellas, acorde con la idea de su benefactor, donde se funde y se crea un camino y una puerta de comunicación entre lo humano de este mundo y lo divino del otro.

Cuenca, 3 de diciembre de 2019

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

lunes, 2 de diciembre de 2019

Efemérides conquenses del 3 de diciembre.


 El tres de diciembre el rey Enrique III hace un señalado privilegio a Garci Ruiz de Alarcón, valeroso guerrero, nacido en Valverde de Júcar, primer señor de Buenache, fundador de esta casa y afamado capitán castellano, para premiar los servicios hechos a él y a su predecesor en el trono, Don Juan I (Siglos XIV al XV).

El 3 de diciembre de 1664 nacía en Villanueva de la Jara Don Francisco Valero Lossa, primado de España, Obispo de Badajoz y Arzobispo de Toledo.

Nació en el seño de una familia de baja nobleza rural, sus padres fueron Felipe Valero y Ana de Lossa. Realizó sus estudios elementales en la Casa-Concento de la Compañía de Jesús que había en Belmonte. Luego se trasladó a Alcalá de Henares donde en la Universidad se licenció en Arte y Filosofía, doctorándose en 1690 en Filosofía y finalmente se licenció en Teología en el año 1691.

Finalizado sus estudios fue ordenado sacerdote y ejerció como cura en su pueblo Villanueva de la Jara. Su vida cambio con la Guerra de Sucesión. El 20 de septiembre de 1706 las tropas del Archiduque Carlos con el Archiduque a la cabeza se acercaron a Villanueva de la Jara con la intención de descansar y avituallarse. Sin embargo, los vecinos les cerraron las puertas con su cura, Francisco Valero, al frente. Se inició el sitio, pero parte de la población, junto con el cura, consiguieron eludirlo y unirse a las tropas borbónicas que no estaban lejos. Finalmente las tropas del Archiduque entraron en Villanueva de la Jara donde según la crónica mandó quemar la villa después de saquearla. No muy lejos del lugar se entabló batalla los dos ejércitos, terminándose con la victoria borbónica en la Batalla de Almansa en abril de 1707.

Debido al estado en que quedó Villanueva el concejo decidió enviar una delegación a la Corte, encabezada por su cura Valero que causó sensación al conocer la defensa que hizo de su pueblo y por ello, a propuesta de Felipe V, fue nombrado el cura Valero Obispo de Badajoz.

 Siendo Obispo de Badajoz mandó realizar en nuevo retablo barroco del Altar Mayor de la Catedral, que todavía se conserva. En marzo de 1715 fue promovido a la Sede Arzobispal de Toledo, que estaba vacante por fallecimiento del Cardenal Portocarrero en 1709.

Falleció en Toledo el 23 de abril de 1720 por complicaciones derivadas de la gota. Está enterrado a los pies de la Capilla de Ntra. Sra. de la Estrella de la Catedral de Toledo

Cuenca, 3 de diciembre de 2019.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.