jueves, 4 de enero de 2024

Santos Telesforo y Simeón Estilita. Festividad del 5 de enero.

     Hoy, vísperas de la Epifanía, el Misal Romano hace conmemoración de San Telesforo, Papa y mártir. Su fiesta no entró en el Misal  sino muy avanzada la Edad Media. Fue sucesor en el pontificado de Sixto I, y no sabemos de él sino el hecho glorioso de su martirio, que menciona en el siglo II San Irineo: “sufrió gloriosamente el martirio”. Su cuerpo fue colocado en la necrópolis vaticana, junto al de San Pedro. Murió en el reinado de Antonino Pío (138-161).

También hoy conmemoramos a San Simeón Estilita. Es un santo admirable y genial en sus penitencias, humildad y espíritu de oración. Nació en el pueblo de Sisán, entre Siria y Cilicia, de padres pobres, pero cristianos, que dedicaron al niño a la guarda del ganado. En sus primeros años fue pastor y un día que iba al campo con su ganado, día de mucha nieve, entró en la iglesia al tiempo que el lector cantaba estas palabras del Evangelio: “Bienaventurados los que lloran, bienaventurado los limpios de corazón”. Se entusiasmó con esta máxima y preguntó a un anciano qué tenía que hacer para gozar de aquella bienaventuranza. El viejo le respondió que el medio más seguro era renunciar al mundo y recogerse en seguida en un monasterio. Se encomendó  Dios y tuvo un sueño en donde se creía cavando en el suelo. Una voz le animaba a cavar más y más. Por fin le dijeron: “Basta, ya has cavado bastante. Ahora levanta el edificio”. Hay que cavar primero en el vencimiento de sí mismo y así el edificio de la perfección resulta fácil.

Ante todo esto, se encaminó hacia el monasterio más cercano y allí estuvo sin comer varios días hasta que se compadecieron de él y lo recibieron como aspirante.

Su primera tarea fue la de aprender de memoria el Salterio. En este monasterio permaneció dos años y no satisfecho con la austeridad que se seguía se fue en busca de otro. Su penitencia y mortificación llegó a extremos, el cilicio que llevaba puesto le hacía sangrar y hasta manar podre y gusanos, a tal terrible penitencia el abad le mandó que se lo quitara y los monjes se asustaron. Ante tales circunstancias creyeron conveniente que abandonara el monasterio.

Entre las muchas penitencia que se imponía estuvo la de permanecer durante un año entero en el interior de un pozo dedicado a la oración y silencio. Imitó el ayuno del Señor y estuvo 40 días y 40 noches sin probar bocado. En su peregrinación llegó a una montaña cerca de Antioquía de Siria y allí levantó una tapia en torno a una cueva y se encerró sin ver más luz del que el azul del cielo. Para impedirse el salir se encadenó  y el obispo de Antioquía, Melecio, le dijo que las cadenas eran para las fieras y que el hombre se gobernaba por la razón y el dominio de sí mismo. Desde entonces rompió las cadenas.

San Simeón Estilita

La gente del lugar sabiendo de su santidad iba en su busca para admirarlo y pedirle favores. Los milagros se escapaban de sus manos sin él darse cuenta. Ya no sabía dónde esconderse por la gran acumulación de personas que acudían y pensó en construir una columna y subirse en lo alto. La noticia corrió por todo Oriente. 35 años tenía cuando escogió esta penitencia singular y vivió en ella 48 años seguidos. Con la particularidad de que la columna fue creciendo, la primera tenía 12 codos, la segunda 22 y la última llegó hasta treinta, todo ello por el deseo de alejarse cada día más de la tierra y acercarse más al cielo. El diámetro siempre fue el mismo, sólo un codo (un codo equivale a 47,3cm). Día y noche allí de pie en la columna como una estatua, no podía sentarse ni arrodillarse, ni tenderse. Así rezaba, predicaba y obraba milagros. Por la noche rezaba y en la madrigada dormía un poco hasta que salía el sol. Para no caerse durante el sueño, se ataba a un hierro en lo alto de la columna.

San Simeón Estilita

De todas partes de la Tierra, entre ellos, de Francia y de España iban a verlo. Así se inauguró en la Iglesia un género nuevo de vida monacal, que es conocido con el nombre de los Estilitas, que despertaron mucha admiración. San Simón murió el año 458. Los habitantes de Antioquía recogieron sus reliquias y entre cantos de gloria y alegría le dieron honrosa sepultura.

Publicado en Cuenca, 5 de enero de 2021 y 5 de enero de 2024.

   Por:  José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:

-Año Cristiano para todos los días del año. P. Croiset. Madrid. 1846.

-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.

-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.

 

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