sábado, 11 de enero de 2014

San Julián de Cuenca. Padre de los pobres.

SAN JULIÁN. PADRE DE LOS POBRES. 28 de enero

Se acerca la festividad del patrón de Cuenca y siempre viene bien el repasar su biografía y hablar de su obra y milagros.
¿Quién no ha ido al paraje de San Julián “El Tranquilo” a comerse un bocadillo de tortilla en su festividad y recoger los panecillos de caridad que ofrece la hermandad?

San Julián nació en Burgos en 1128. Recibió las órdenes sacerdotales en 1166, dedicándose por completo a su ministerio sagrado y a visitar a pobres y enfermos, a quienes socorría con abundantes limosnas.
Al ver que en su época tantas personas desconocían los mensajes de Cristo, en particular moros y judíos, sin descartar a los cristianos, decidió salir a esparcir la luz de la verdad, recorriendo España en su predicación, acompañado de un muchacho de gran santidad, llamado Hermes. Unos veinticinco años llevaba predicando la doctrina de Jesús, cuando al Arzobispo de Toledo, Don Martín López de Pinaga, le nombró Arcediano de la Catedral Primada en el año 1192.
Ermita de San Julián el Tranquilo

Al quedar vacante el Obispado de Cuenca, el rey Alfonso VIII, conquistador de esta ciudad y fundador de su iglesia Catedral, resolvió nombrar Obispo para la misma. En el mes de junio de 1196 fue consagrado por el mismo Arzobispo de Toledo, tomando posesión de su diócesis en agosto del mismo año.
Durante su vida en Cuenca, no hizo otra cosa que remediar necesidades; las rentas de la Mitra las repartía entre los pobres, juntamente con el producto de la venta de las cestas que él mismo fabricaba con mimbres; visitaba y socorría enfermos, consolaba a los huérfanos, enterraba a los muertos y pedía constantemente al Todopoderoso por el bienestar moral y material de los hijos de esta tierra.

Durante su vida, y aún después de su muerte, obró sorprendentes milagros. Uno de los milagros que más repercusión social tuvo fue el que paso a relatar:
Al quedar arrasados los campos de Ocaña, Ucles, Huete y Cuenca  por el avance de las tropas del Califa de Córdoba, Yacub Aben Yucep,  las reservas de trigo se agotaron en la ciudad, quedando patente el milagro que obró San Julián. Lesmes, fiado de la Santidad de su Obispo y Señor más que en el testimonio de sus ojos que le decían que no quedaba en los trojes ni un grano de cereal, volvió y encontró los graneros llenos, socorriendo a aquellos pobres que pedían pan para sus hijos y que propagaron la fama del trigo milagroso. Dios, haciendo otro alarde de su amor por su santo, obró el prodigio del trigo. Multitud de acémilas, grandes recuas cargadas de trigo entraron en Cuenca, sin conductores y sin guías. Se dirigieron a la casa episcopal, deteniéndose a las puestas como término de su viaje, reparando de esta forma la hambruna del pueblo conquense.
Capilla del Transparente o de San Julián

San Julián murió en nuestra ciudad a la edad de ochenta años, y doce de pontificado. Dicen los libros que antes de morir fue visitado por la Reina del Cielo acompañada de multitud de ángeles que entonaban esta antífona: “He aquí un gran sacerdote, que en sus días agradó al Señor y fue hallado justo, el cual sirvió de reconciliación en los tiempos de venganza”. La Virgen trajo un ramo de palma verde, que entregó al moribundo diciendo: “Toma siervo de Dios, esta palma en señal de la virginidad y pureza que siempre has guardado”. Después puso la Virgen una corona de rosas sobre la cabeza del santo y se retiró majestuosa. Al morir salió de su boca un ramo de palma blanca que se elevó  hasta el cielo; se oyeron cantos angélicos y todas las campanas de la ciudad dejaron oír sus sonidos sin que persona alguna las tocara.
En el cuarto Concilio de Letrán, en el año 1215, fue elevado a la categoría de Santo y colocado en el martirologio en el siglo XVI por los Papas Gregorio XIII y Sixto V.

En distintos épocas ha sido abierta la caja que guarda su cuerpo incorrupto, para contemplación del pueblo de Cuenca.
Urna con los restos de San Julián
La primitiva urna fue colocada en la desaparecida capilla de Santa Águeda; pasando después a la del Sagrario en 1518, y posteriormente a la de la Reliquia. En 1695 se encerró la caja de sabina en una urna de plata repujada que hoy existe, siendo colocada definitivamente el 5 de septiembre de 1760 en el altar de San Julián o del Transparente, levantado con mármoles, serpentina y bronces dorados.

Los medallones de mármol blanco, tallados en alto relieve por Francisco Vengara de la Academia de Roma, representan distintos pasajes de la vida del Santo, siendo lo más notable de este soberbio altar el grupo escultórico de las virtudes teologales, debidas también al cincel de ese glorioso Vergara y que se hallan colocadas en el coronamiento del retablo.
José María Rodríguez González
 Cuenca, 11 de enero de 2014
 

 

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