viernes, 10 de enero de 2020

San Paulino de Aquilea (726-802). Festividad del 11 de enero.

    Dicen que era hijo de pastores y que cuidaba rebaños al pie de los Alpes, en el Ducado de Friuli donde nació, y de él sabemos que era menudo. Por obra del estudio Paulino se fue haciendo muy grande en saber, y su fama llegó al corazón de la Europa carolingia, Aquisgran, donde el emperador de la barba florida convocaba a los hombres más eminentes de su tiempo.

En la corte de Carlomagno será íntimo amigo de Alcuino de York, otra de las lumbreras, enseña gramática y maravilla a todos por su ciencia, su piedad y lo afable de su trato. El gran Alcuino se declara inconsolable cuando le ve partir, su ausencia es para él como una soledad rota por las cartas que viene de Italia.

Porque acabaron por nombrarle Obispo de Aquilea, en el año 787, cerca del Adriático, la misma tierra en que nació, tierra fronteriza de la fe y la cultura que siglos atrás había devastado el propio Atila. Obispo con función de baluarte, destinado a la primera línea, “centinela de las puertas de la ciudad de Dios”, según palabras de su amigo el anglosajón. Participó en los Concilios de Aquisgrán (789), Ratisbona (792) y Francfort (794). Estuvo involucrado en la reforma de la iglesia y en la lucha contra la herejía adopcionista que tendía a ver a Jesucristo como hijo adoptivo de Dios. Sus escritos polémicos lo convirtieron en un defensor de la ortodoxia.

Paulino evangeliza a los bárbaros que tenía más próximos, vela celosamente por la pureza de la fe –él es quien combate el adopcionismo nacido en tierras españolas- y deja tan buen recuerdo que en su muerte la Iglesia le eleva a los altares. Quizá su vocación le empujaba a quedarse en la docta y resguardada Escuela Palatina, entre amigos, aprendiendo y enseñando, pero por obediencia se metió en el fragor de la actividad pastoral, y volvió como en su niñez a apacentar turbulentos rebaños, haciéndose maestro en el más difícil de los ejercicios de esta vida, ser bueno y gobernar bien.

San Paulino de Aquilea fue uno de los grandes impulsores del Renacimiento Carolingio.

Cuenca, 11 de enero 2020.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

San Pedro de Orséolo (928-987)

   Nació en Urdine en una de las familias más poderosas de la República de Venecia. A los 20 años fue nombrado comandante de la flota veneciana. Prestó servicios distinguidos como soldado, dirigió campañas exitosas contra los piratas dálmatas. Cuando se acercaba el fin del primer milenio y Venecia va a iniciar su época más gloriosa de poderío y fastuosidad toma la decisión de apartarse del mundo.

En el año 978 resulta asesinado en una revuelta el candidato a Dogo, Pedro IV y según el cardenal Pedro Damián posiblemente Pedro Orséolo tomó parte en la conspiración, pero también es verdad que nunca llegó a demostrarse. Luego fue él quien lo sucedió como Dogo. Durante el periodo que ejerció de Dogo demostró un gran talento para restaurar el orden en Venecia y una gran generosidad. Construyó hospitales y ayudó a viudas, huérfanos y peregrinos. Reconstruyó a sus expensas el palacio del Dogo y la capilla Ducal (hoy Basílica de San Marcos) que habían sido quemadas durante la revuelta.
Basílica de San Marcos en Venecia

El día 1 de septiembre de 978, sin avisar a nadie, sin prevenir siquiera a los suyos, renuncia a todos los honores y a la fortuna, sale de Venecia ocultamente y marcha en peregrinación a un monasterio del Pirineo Resellonés, San Miguel de Cuxá, donde se hace monje benedictino.

No le bastará una decisión tan radical, y al cabo de unos años elige una vida más solitaria, será ermitaño cerca del monasterio que la confirma y siglos después le canoniza la iglesia en el año 1731.

Cuenca, 10 de enero de 2020.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

sábado, 4 de enero de 2020

La Estrella de los Reyes Magos.

    Siempre me he preguntado cómo surgió una estrella en el cielo que anunciara el nacimiento de un gran rey. ¿Qué misterio escondía? ¿Qué esperaban aquellos que la buscaban y como supieron el significado que entrañaba la aparición de este astro?

La mitología grecorromana me ha fascinado siempre como fascinó a los artistas del renacimiento y a cuantos han profundizado en ella. Todos volvemos a nuestras raíces para encontrar el sentido a la existencia. Pues bien, Varrón, en sus obra Antiquitates rerum humanarum, recuerda la leyenda de Eneas, salvando a su padre y a sus penates de las llamas de Troya, y llegando después de largas peregrinaciones a los campos Laurentinos (1*) término de su viaje. De ello nos da la razón siguiente: “Cuando hubo partido de Troya, vio todos los días y durante el día, la estrella de Venus, hasta que llegó a los campos Laurentinos, donde dejó de verla, lo cual le dio a entender que aquellas eran las tierras señaladas del destino” (2*).

Sigamos descubriendo enigmas y tomemos ahora una leyenda de la obra que tiene por título Libro de Set, y que un autor del siglo VI relata en estos términos (3*): “He oído hablar a algunas personas de una Escritura que, aunque no muy cierta, no es contraria a la ley y se escucha más bien con agrado. Leemos en ella que existía un pueblo en el Extremo Oriente, a orillas del Océano, que poseía un Libro atribuido a Set, el cual hablaba de la aparición futura de esta estrella y de los presentes que había que llevar al Niño, cuya predicción se suponía transmitida por las generaciones de los Sabios, de padres a hijos. Eligieron entre ellos a doce de los más sabios y más aficionados a los misterios de los cielos y se dispusieron a esperar  a esa estrella. Si moría alguno de ellos, su hijo o el más próximo pariente que esperaba lo mismo, era elegido para remplazarlo.

Les llamaban, en su lengua, Magos, porque glorificaban a Dios en el silencio y en voz baja. Todos los años subían a un monte que, en su lengua, llamaban monte de la Victoria, en el cual había una caverna abierta en la roca, agradable para los riachuelos y los árboles que la rodeaban. Una vez, llegados a este monte, se lavaban, oraban y alababan a Dios en silencio durante tres días; esto lo hacían durante cada generación, siempre esperando, por sí casualmente aparecía esta estrella de dicha durante su generación. Pero al fin apareció, sobre este monte de la Victoria, en forma de niño pequeño y presentando la figura de una cruz; les habló, les instruyó y les ordenó que emprendieran el camino de Judea.

La estrella les precedía, así, durante dos años, y ni el pan ni el agua les faltaron jamás en sus viajes”. Lo que hicieron después, se explica en forma resumida en el Evangelio.

El Evangelio de San Lucas dice con relación a este hecho: “Estaban velando en aquellas cercanías unos pastores y haciendo centinela durante la noche a sus rebaños. Cuando he aquí que un Ángel del Señor apareció junto a ellos y una luz divina los cercó con su resplandor, por lo que empezaron a temer grandemente. Más el Ángel les dijo: No temáis, porque vengo para todo el pueblo; y es que os ha nacido hoy el Salvador, que es Cristo Señor nuestro, en la ciudad de David. Y ésta será la señal para conocerle: Hallaréis un Niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre. En ese instante se dejó ver con el Ángel una multitud de la milicia celestial que alababa a Dios y decía: Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”. (Lc. 2, 1-7).

En el evangelio de San Mateo continúa con el relato: “Habiendo nacido Jesús en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes, he aquí que unos Magos de Oriente llegaron a Jerusalén diciendo: ¿Dónde está el que ha nacido Rey de los Judíos? Porque hemos visto su estrella en Oriente y venimos a adorarle. …. Entonces Herodes, llamando en secreto a los Magos, se informó de ellos sobre el tiempo en que la estrella ser les había aparecido; y encaminándolos a Belén, des dijo: Id e informaros cuidadosamente, para que yo vaya también a adorarle.

Ellos, luego que oyeron al rey, partieron; y de pronto, la estrella que habían visto en Oriente iba delante de ellos, hasta que vino a posarse sobre el lugar donde estaba el Niño.

A la vista de la estrella, se regocijaron con inmensa alegría. Y entrando en la casa, hallaron al Niño con María su madre y prosternados, le adoraron; y abrieron sus tesoros, le ofrecieron presentes de oro, incienso y mirra” (Mt. 2, 1-11).

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-        1* Cabalísticamente, el oro injerido, injertado.

-        2* Varro, en ervius, AEneid, pág, 386.

-        3*Opus imperfectum in Mattheum. Hom II, incorporado a las (Euvres de saint Jean Chysostome, Patr, grecque, t, LVI, pág 637.



Cuenca, 5 de diciembre de 2019.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.


jueves, 2 de enero de 2020

Visita guiada gratuita por la Catedral de Cuenca, sábado 4 de enero de 2020, a las 11 horas.

  Tras el paréntesis Navideño seguimos mostrando, siglo a siglo, el desarrollo artístico de la Catedral de Cuenca.
  El sábado a las 11.00 horas de la mañana, el investigador José María Rodríguez González realizará una visita guiada por el siglo XVII.
Pintura al fresco. Andrés de Vargas.
Capilla de la Virgen del Sagrario. Catedral de Cuenca.
  A lo largo de la visita y si el tiempo da para más cosas, al estar cerrada al público la capilla de la Virgen del Sagrario (siglo XVII) hará un recorrido por el resto de los siglos explicando lo más relevante de sus investigaciones y de la que está llevando a cabo en estos momentos.

Cuenca, 02 de enero de 2020.


lunes, 30 de diciembre de 2019

San Silvestre, festividad del 31 de diciembre.

    San Silvestre es el último santo del año. ¿Qué sabemos de él? Que construyó iglesias, muchas iglesias por lo que es el patrón de albañiles y canterios.
San Silvestre

El Pontifical lo hace romano, hijo de Rufino. Su biógrafo Surio, nos ha dejado este retrato: “Varón divino, de angelical aspecto, elegante y claro en el hablar, honesto en su cuerpo, santo en sus obras, grave y maduro en sus consejos, católico en la fe, pacientísimo en la esperanza, generoso en la caridad, adornado por el Señor con tales gracias, que le granjearon la simpatía de cristianos y gentiles”.

A la muerte de San Melquiades fue elegido Sumo Pontífice por el clero y el pueblo romano en el año 314. Este Papa cierra el período sangriento de las primeras persecuciones  y abre el áureo de los grandes Concilios y Padres Teólogos.

En las Actas y en el Libro Pontifical aparece que San Silvestre bautizó al emperador Constantino.

 La liturgia y el culto romano salen de la oscuridad de las catacumbas y casas particulares y despliegan su magnificencia en las grandes basílicas. A San Silvestre se debe la costumbre de que el crisma (*) no se consagre sino por el obispo, de que los diáconos usen dalmática y manípulo en la iglesia, de que la Santa Misa se haya de celebrar nada más que con manteles de hilo. El también prohibió que los laicos acusasen criminalmente a los clérigos y que éstos compareciesen ante los tribunales civiles. Fue el organizador que pedían entonces las circunstancias históricas de la iglesia recién salida de los subterráneos de las catacumbas a la luz de los focos y vías del Imperio Romano.

San Silvestre murió el 31 de diciembre del año 335 y fue sepultado en el templo que había mandado construir en la Vía Salaria, sobre las catacumbas de Santa Priscila. Su cabeza se venera hoy en Roma en la iglesia de San Silvestre in Capite.

(*) El Crisma es aceite y bálsamo con el que consagran los obispo católicos el día de Jueves Santo para ungir a los que se bautizan, confirman o se ordenan.

Cuenca, 31 de diciembre de 2019.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

jueves, 26 de diciembre de 2019

San Juan Evangelista. Festividad del día 27 de diciembre.

   Terminando el año y nos encontramos con un personaje muy importante en la vida del Salvador, San Juan Evangelista. Fue uno de los doce elegidos, pescador como la mayoría de ellos, el hermano de Santiago, a quien se parece en la impetuosidad irrefrenable. Hijo de Zebedeo y de Salomé, había nacido en Galilea, probablemente en Betsaida, aldea pequeña de pescadores y pescador de oficio.
San Juan Evangelista. Cuenca
¡El discípulo a quien el Señor amaba! Está cerca de Él en el Tabor, en la resurrección de la hija de Jairo, en la agonía del Huerto; reclina su cabeza sobre el pecho del Maestro en el último convite de despedida; le sigue en la noche de Pasión hasta la casa del pontífice e intercede para que entre también Pedro. En el Calvario está junto a la Cruz y recibe el supremo encargo, la encomienda más dulce, de mayor confianza, la Madre de Jesús, que desde ese momento será “su Madre”.

 y uno de los pocos que asisten a la Transfiguración, como más tarde también uno de los que permanecen al lado de Jesús en la noche de Getsemaní. En el resplandor de la gloria y en las tinieblas de la agonía del huerto de los olivos allí esta Juan.

Meditando sobre San Juan siempre me he preguntado ¿Por qué él y no Pedro, por ejemplo, a quien entregará las llaves del Reino, u otro de los suyos? Me contaron en cierta ocasión uno de los hermanos Maristas donde estudié el bachillerato, que una tradición muy antigua afirmaba que ello se debía a su virginidad, San Juan fue el discípulo que por serlo es el receptáculo preferido del amor de Dios, y así la iconografía le representa jovencísimo e imberbe, aunque también, con cierto aire de ternura débil y casi afeminado. En cambio en las citas evangélicas lo presentan, en varias ocasiones enérgico e impaciente.

San Juan fue quien escribió el cuarto evangelio y el libro del Apocalipsis a través de las visiones que experimenta. Es San Juan el águila de la teología, es quien más profundiza en la verdad porque amó más, como fue el más amado por Él. Dos hombres se dice en los Evangelios que Jesús les amaba: de Lázaro, a quien rescató de la muerte y de Juan, a quién dio larga vida y las luces más altas para escribir sobre la salvación.

La mayor parte de su apostolado la ejerció en Asia. Hizo una corta escapada a Roma para dar testimonio de la fe con el martirio, sumergido en una caldera hirviendo de aceite. Salió más sano y joven y fue desterrado a la isla de Patmos en tiempos de Domiciano. Allí escribió su primera obra, el Apocalipsis, y vuelta a Éfeso, bajo el reinado de Nerva, le pidieron los cristianos que escribiera sus memorias sobre Jesús, y de su corazón virgen brotó el Evangelio, ¡la Flor de las Escrituras”. Murió siendo emperador Trajano, en una ancianidad muy gloriosa.

Cuenca, 27 de diciembre de 2019.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

Orígenes del champagne. Elemento especial en estas fiestas.

   El vino de Champagne o Champaña, también llamado en nuestros días, vino espumoso, es posible que pensemos que, este tipo de vino, pudiera ser una creación relativamente moderna, he de decir que su creación es muy antigua, veámoslo.

Si nos remontamos a la tribu gala de los “Remos”, (los Remos eran una tribu belga en el noreste de la Galia en el siglo I a.C. que ocuparon la parte septentrional de la llanura de la Champaña) establecida en las llanuras inmediatas de los bosques de las Ardenas algunos siglos antes de ser conquistadas la Galia por Julio César, elaboraba, según testimonio de varios historiadores, un vino sonrosado, agridulce y muy grato al paladar. Gran aficionados al licor de la vid como eran los romanos fomentaron la producción del Champagne primitivo, que los emperadores hicieron figurar en sus mesas junto a los mejores vinos de Italia, Grecia y España.

El cruel Domiciano, para castigar una rebelión de los Remos, no halló mejor medio que talarles las viñas. Marco Aurelio, años después, puso enmienda a tal desaguisado, mandando repoblar aquellas, desde Reims a Chalons, a cargo del tesoro imperial.

Del siglo IV existe un precioso documento que hace referencia a los viñedos de esta región. Se trata del testimonio de San Remigio, según el cual éste legaba a su sobrino y a los monjes de Reims unos viñedos que él mismo había hecho plantar en las inmediaciones de la ciudad de Reims.

En el siglo X, los vinos de la Champaña cobraron gran fama; se recomendaba su uso como bebida medicinal y era algo indispensable en la mesa real. El Papa Urbano II, que era de la región de Champaña, bebía en sus comidas vino de ahí. El nombre de la región fue con el que se denomino al champagne hasta el siglo XVII.

Felipe IV de Francia, con motivo de su coronación en 1288, regaló a cada personalidad de la Corte un tonel de buen vino de esta región, como prueba especial de su estima.

Su fama creció con el tiempo, alcanzando en los siglos XV y XVI enorme prestigio en toda Europa. Se sabe al respecto, que Wenceslao de Bohemia, emperador de Alemania, tuvo que ir a Reims para negociar un tratado de paz y amistad con Carlos VI de Francia, fue llevado allí principalmente por su deseo de apreciar sobre el terreno los méritos del vino de esa zona, del que hizo tan abundante consumo durante sus negociaciones que más de una vez hubieron sus pajes de sacarle en andas de las regias estancias.

También el emperador Segismundo hizo en 1410 una visita especial a los viñedos de Reims, tanto para gustar sus productos como para enterarse por sí mismo de su cultivo. Carlos V fue igualmente devoto de este vino haciéndose acompañar en sus campañas por unos cuantos toneles del famoso vino. Viejo y enfermo en su retiro de Yuste, aun seguía fiel a su bebida favorita. De igual afición al Champagne participaron: Enrique VIII de Inglaterra, Francisco I, Enrique IV y Luis XV de Francia, el Papa León X y los reyes de España Felipe V, Carlos III y Fernando VII.

El Champagne no fue espumoso hasta finales del siglo XVII, en que el fraile benedictino Don Perignon, procurador de las Abadías de Hautvillers, señaló la época en que habían de vendimiarse las uvas y su mejor manipulación para obtener del fruto, tinto vinos limpios y espumosos. Los benedictinos conservaron en secreto tal descubrimiento y hasta mediados del siglo XVIII no lo pudieron averiguar y explorar los cosecheros de la región. Desde entonces, el vino de Champaña ha venido creciendo todavía más en celebridad, a causa del grado de perfeccionamiento a que se ha llegado.

Cuenca, 26 de diciembre. 2019.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.