martes, 23 de julio de 2013

El reloj de la Catedral de Cuenca


Reloj Catedral de Cuenca. Siglo XVI

EL RELOJ DE LA CATEDRAL

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

Los hombres siempre hemos vivido al amparo del tiempo, unas veces hemos pensado si este concepto ha sido inventado o es algo real, lo cierto es que controla el devenir de nuestras vidas.

Hasta que el reloj se generalizó socialmente y se hizo portable han pasado muchos siglos. Intentaré centrarme en la época más importante, socialmente hablando, que tuvo el reloj, como fue el Medievo entre los siglos XIV al XVII.
El concepto del tiempo para el hombre del Medievo está enclavado en dos conceptos distintos. El primer lugar tiene un carácter físico: el Sol, en segundo lugar un carácter espiritual: el repique de campanas, de esta manera se manifiesta la dependencia del hombre respecto a la naturaleza. Hasta esa época los relojes de sol, de arena, la clepsidra o las velas eran los instrumentos que se usaban para calcular el tiempo que durante siglos estuvo en mano de la iglesia al introducir en el calendario cristiano los tiempos litúrgicos acomodados a las grandes divisiones del año, como el Adviento, Epifanía, Cuaresma, etc.

Las horas estaban inspiradas en las reglas monacales y las campanas de las iglesias y monasterios se encargaban de recordarlas. Este sistema dividía el día y la noche en períodos iguales: Maitines, Laudes, Prima, Tercia, Sexta, Nona, Vísperas y Completas.

Es en estos siglos cuando el concepto de tiempo cambia radicalmente con el nacimiento de las ciudades y la introducción del reloj en la vida urbana.

Se entabla una conflagración entre la iglesia y la burguesía que con la ayuda de los progresos tecnológicos y la aparición del reloj en las ciudades modifica el ritmo del tiempo. Los relojes de las torres y atalayas se consolidan frente al tiempo clerical del repique de campanas en las iglesias y conventos, produciéndose una alteración en la hora nona, es trasladada al mediodía. Esta pequeña variación es debida a la necesidad de subdividir el tiempo de trabajo más racionalmente, permitiendo una jornada de trabajo de sol a sol, didividas en dos medias jornadas equivalentes en cualquier época del año. Sin embargo aún pasarán varias décadas para conseguir llegar a controlar la división del día en 24 horas.

El nuevo tiempo ya no es divino y propio de Dios, sino que pasa a pertenecer al hombre que tiene el deber de administrarlo y utilizarlo con sabiduría. La utilización de sistemas de medición del tiempo fue fundamental para el desarrollo de las diversas actividades del tiempo a través de los relojes instalados en las torres de las iglesias y de los ayuntamientos.

La respuesta a los nuevos tiempos nos la da el reloj mecánico europeo; documentado en torno al 1300, que sustituirá a los anteriores sistemas.

El primer reloj mecánico, más antiguo que ha llegado hasta nuestros días es el de la catedral de Salisbury en Inglaterra, del año 1386. Durante los siglos XIV y XV aparecen relojes mecánicos en muchas ciudades de Alemania, Francia e Inglaterra. En Italia, fue Milán la primera en instalar en la torre del campanario el reloj mecánico.

Fue el rey Carlos V de Francia quien mandó colocar en la torre de la Cité de París el primer reloj público. Este reloj aún se conserva, al igual que el de Praga, uno de los más famosos de Europa. Se trata de un reloj astronómico, denominado “Orloj”, que fue realizado alrededor de 1486 por Nicholas de Kadan y Jan Sindel.

El hecho de tener este tipo de relojes provocó que naciera el nuevo oficio de RELOJERO que fue tan relevante en la ciudad de Colonia que disponía de su propio gremio.

En reloj de la Catedral de Cuenca se desconoce el momento de su colocación (sobre el siglo XVI) y el de su autor. Se tiene conocimiento de los relojeros que lo asistieron por los apuntes en el libro de fábrica de la Catedral. Es un reloj con calendario lunar, indicando gráficamente las fases de la Luna. El primer relojero que atiende el reloj data del año 1547 por lo que probablemente fuera por esas fechas cuando fue instalado en la Catedral.

Los relojeros que en ella se nombran son los siguientes:

Alonso Beltrán (el viejo) fue relojero de la catedral de 1547 a 1574, percibía por ello un salario de 3000 maravedíes y 18 fanegas de trigo al año.

En 1554 se le paga su salario de relojero de la catedral y a demás 50 ducados a cuenta del reloj que estaba haciendo (ACC, Libro de fábrica, 1548.1790, fols. 66v, 67c).

Francisco Beltrán obtiene el nombramiento de relojero a la muerte de Alonso Beltrán, en 1575 hasta 1613, con un salario de 3000 maravedíes y 18 fanegas de trigo al año. A partir de 1605 le aumentan el salario a 5000 maravedíes.

Francisco Beltrán era cerrajero, herrero y relojero, desde que en 1575 obtuvo el nombramiento su actividad en la catedral se centraba principalmente en el cuidado del reloj y en todo lo relacionado con las albores del hierro, también hay que destacar la fabricación de cohetes que desde 1585 se lanzaban en la fiesta del Corpus Chisti. A demás participó en la construcción del chapitel de la torre de las Campanas, cuya traza había realizado el arquitecto conquense Francisco de Mora, fallecido en 1613.

En 1609 se le pagan a Francisco Beltrán la cantidad de 3264 maravedíes por ocuparse de aderezar y hacer ciertas piezas que le faltaban al reloj.

En 1610 se hace efectiva la subida de su salario que años atrás los señores capitulares habían acordado. También se anota que recibe ayuda para reparar el reloj de un oficial de Pedro Arenas.

En 1613 se notifica el fallecimiento de Francisco Beltrán, recayendo el nombramiento en Pedro de Arenas. En ese mismo año de 1613 le sucede de relojero, Pedro de Arenas que cobraría un salario de 5000 maravedíes y 18 fanegas de trigo anuales.

Pedro de Arenas, además de la labor de relojero, ejecutó una serie de trabajos. En 1617 realiza unas lenguas para las campanas de la catedral que le obligan a viajar a Tragacete. En 1618 fabrica llaves para la puerta principal del claustro y las de una alacena que el entallador Juan del Villar había hecho para los libros (Mª Luz Rokiski Lázaro, “Las rejas de la catedral de Cuenca en la primera mitad del siglo XVII).

Pedro de Arenas cobra su último salario en 1644 al morir ese año.

Algunos personajes acaudalados del siglo XVI y gente de la aristocracia presumían de tener un reloj en su domicilio, aunque no dejaba de ser una rareza eran considerados más un juguete que un instrumento de precisión. Es un hecho que el pueblo del Renacimiento, a pesar de los avances técnicos en cuestiones de cálculo del tiempo, sigue rigiendo su vida diaria por las campanas, han de pasar algunos años más para contar su tiempo de forma natural.

Con relación a la torre de MANGANA que alberga el reloj de la ciudad de Cuenca, cuenta Cabeza de Vaca que emergía entre un abigarrado conjunto de casas, a partir del siglo XVI, una torre de piedra edificada con la exclusividad de situar en ella el reloj. En las crónicas de este siglo encontramos que el reloj era propiedad de Hernando de Montemayor, regidor de la ciudad, el cual cansado de soportar sobre su cabeza el constante ruido de la maquinaria, hizo construir la torre. La obra fue ejecutada por Juan Andrea Rodi, según demuestra Elena Lázaro en su artículo, cuyo título es “Historia del reloj de la ciudad”. Gracias a este hecho la ciudad de Cuenca tuvo su reloj público, que en la actualidad sigue manteniendo el nombre de Torre de Mangana.

Cuenca, 23 de julio de 2013

José María Rodríguez González





jueves, 18 de julio de 2013

Torre de Mangana. Latido de una ciudad

TORRE DE MANGANA. LATIDO DE UNA CIUDAD


Torre de mangana. Principios del siglo XX

La ciudad de Cuenca, una vez conquistada, no tardó en cambiar su aspecto urbano. Los musulmanes quedaron en su barriada. Los judíos se establecieron en la zona de Zapaterías. El resto de la ciudad fue ocupada por los cristianos.

Como en cualquier ciudad medieval, la vida del pueblo se desarrollaba alrededor se su Plaza Mayor y de la que partía un entramado de calles con sus casas, donde se ubicaban los talleres de artesanos y tiendas de mercaderes.

Las murallas fueron restauradas; poseían seis puertas y tres pórticos comunicándose por ellas con el exterior, en las noches seguían siendo cerradas para defender a la ciudad de posibles ataques inesperados.
La primera iglesia, levantada en el siglo XIII, que se construyo fue la de San Pantaleón, en la actual calle de San Pedro, sólo queda el arco de la puerta y algunos partes de la fachada, donde podemos encontrar algunos símbolos y elementos referentes a la Orden del Temple como un caballero alanceando a un dragón en el capitel derecho del arco de la portada.

En la misma época se construyeron las iglesias de San Miguel y la de San Juan en la parte del río Júcar. La iglesia de San Juan fue construida adosada a la muralla y cerca de ella se abría una de las puertas de la ciudad. Los musulmanes llamaban a ese acceso “Al Jara” (La esquina). Por esta puerta era costumbre que la cruzaran los rebaños que pastaban en las proximidades al río Júcar.

En la vertiente del río Huécar, nos encontramos con las iglesias de San Gil, que fue construida en el siglo XV y que a finales del XVIII el obispo Flórez de Osorio decidió hundirla al considerar su mal estado. Pegado a la iglesia existió un hospital y un colegio, llamado, de Santa Catalina. Fue una de las primeras iglesias conquenses.
Torre de Mangana. Siglo XVII

La iglesia de la Santa Cruz, se sabe que a mediados del siglo XVI, Juanes de Mendizábal el Viejo, inició la reforma del templo en el año 1568 y dos años después realizó el ábside y la sacristía.

Otra de las iglesias que hubo, fue la iglesia de San Martín, que da nombre al barrio. Era una iglesia de estilo románico. Quedan resto de la transformación que sufrió en el siglo XVI al estilo plateresco.

En el centro de la ciudad estaban las iglesias del Salvador y San Andrés. La iglesia de San Andrés fue construida en el siglo XVI y la del Salvador en el XVIII sobre una antigua parroquia del arrabal del mismo nombre, construida tras la conquista de Cuenca. De su exterior destaca la torre y la portada barroca.

Con relación a las habitantes de la ciudad hay que destacar las contiendas entre bandos nobiliarios entre las familias de Lope Vázquez de Acuña y la de Diego Hurtado de Mendoza. 
Entre los siglos XIV y XV, se configura la parte de extramuros de la ciudad, dando lugar a la aparición de los barrios de San Antón y el de los Tiradores.

Con todo esto el aspecto de la ciudad de Cuenca fue de una ciudad con muchas iglesias, una muralla que circunda la ciudad y un conjunto de casas que se van adosando a esas murallas. Con todo ello, Cuenca el siglo XVI, se convirtió en una ciudad pujante e industrial atribuido, sobre todo, a la producción textil y ganadera, con la transformación de la materia prima, aparecen los lavaderos, tintorerías y tejedores; todo esto da lugar a la producción de alfombras y al comercio de paños.

Es en este siglo XVI cuando sufre una transformación la torre de Mangana, convirtiéndola en el reloj de la ciudad. El 11 de julio de 1585 murió quien mandó construir la torre para el reloj de Mangana que fue D. Hernando de Montemayor. En un documentos sobre las sinagoga de Cuenca ubicada en el llamado barrio del Alcázar, puede comprobar que el reloj estaba situado, primeramente en la parte alta de una casa, que en el siglo XVI era propiedad de Hernando de Montemayor, regidor de la ciudad, el cual cansado de soportar sobre su cabeza el constante ruido de la máquina, hizo construir la torre. La obra fue ejecutada por Juan Andrea Rodi.

En 1531, el Ayuntamiento le encarga el cuidado del reloj, que estaba en el barrio del Alcázar, a Esteban Limosín. Este importante maestro, era francés de Lomoges. Tras una corta estancia en Sevilla y Burgos, se estableció en Cuenca en el año 1523. En 1527, contrajo matrimonio con Ana García de Torremocha. El Concejo de la ciudad le estableció un salario de ocho ducados al año por la conservación y cuidado del reloj de la ciudad. El Concejo, el 19 de diciembre decidió alquilarle la casa que Julián de Guadalajara tenía al lado de la torre, en la cual se instaló, siendo necesario pasar por ella, para acceder al reloj.

El 6 de febrero de 1532, el Ayuntamiento de Cuenca pagó cuatro ducados por la cruz y veleta de hierro con las que coronó la torre en la que estaba el reloj de la ciudad (AMC Actas del Concejo 1532 (leg. 244. fol. 33v). Otro dato importante sobre la torre nos la da el libro de Actas del Concejo de este mismo año, adjudicando al carpintero, Alonso de León, la obra del chapitel de la torre del reloj, según se estipula en las condiciones, tendría que ser hecha “a contentamiento” de Limosín (AMC leg. 1495, exp. 20).

Tres años más tardes en día 16 de octubre de 1534, los señores del Concejo acuerdan designar un nuevo relojero pues el que había, se supone que aluden a Esteban Limosín, “no sabía lo que hacía”, y para justificar su decisión recurren a la Providencia Real, según la cual el nombramiento de relojero sólo se podía tener durante un año. (AMC, Actas del Concejo, 1534 (leg. 245), fol.127).

El siguiente relojero que aparece en las Actas del Concejo de 1535, es Alonso Beltrán (El viejo) al que se le da un salario de 2000 maravedíes.


Mangana con cúpula de chapa

El 3 de marzo de 1575, Juan Alonso de Valdés, en nombre del Ayuntamiento de Cuenca, le comunica a Francisco Beltrán, que han acordado que su padre siga teniendo el nombramiento de relojero de la ciudad y por tanto que también continúe cobrando su salario pues “ha servido mucho tiempo y es muy viejo” aunque realmente quien se encargará de todo el trabajo, relativo al cuidado del reloj, será él.

El 8 de marzo de 1575, se informa a los Sres. del Concejo de la muerte de Alonso Beltrán y estos proceden a nombrar nuevo relojero a su hijo Francisco Beltrán, que cobrará 3000 maravedíes y 18 fanegas de trigo al año.

El 20 de octubre de 1589, los Sres. del Concejo fijan el salario del relojero de la ciudad en 20 ducados al año.

El arquitecto Juan Andrea Rodi realiza unas obras de mantenimiento en el siglo XVI y pasa inalterable hasta el siglo XVIII que con la caída de un rayo debe de ser de nuevo reparada encargándose de ello el
arquitecto Mateo López, reparando los importantes daños sufridos en la torre.

En el siglo XIX el Ayuntamiento decide cambiar el remate de la torre ya que en 1862, el chapitel se encontraba en muy mal estado.
Torre Mangana. Aspecto actual

Ya en el siglo XX el aspecto de la torre cambia notablemente con la reforma del arquitecto Fernando Alcántara, inclinándose a un estilo neo-mudéjar. Suprime el chapitel por completo y en su lugar realiza una pequeña construcción para albergar las campanas, de planta cuadrada que cubre con una pequeña cúpula. Las paredes fueron decoradas con motivos islámicos y las almenas escalonadas nos recuerdan a la mezquita de Córdoba.

En 1968 se robustece la torre, encargando el proyecto a Víctor Caballero, que le da un carácter fortificado y de arquitectura militar. Dotó a la construcción con un matacán y lo remató sin tejado.

La última remodelación que sufre la torre es en 1970. El proyecto pretendía dignificar la torre, al haberse convertido, en estos tiempo, en un monumento artístico y uno de los símbolos de la ciudad de Cuenca.

18 de julio de 2013

José María Rodríguez González

miércoles, 26 de junio de 2013

Hoy hace 112 años de la caida de la torre del Giraldo de la Catedral de Cuenca

LAS CUATRO TORRES DE LA CATEDRAL DE CUENCA

Tercera parte: La torre del Giraldo

Por José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico

El nombre de Giraldo proviene de los giros que se producían en la figura que culminaba la torre, hacíendo las veces de veleta. Con el tiempo ese nombre paso a ser el propio nombre de la torre de las campanas.
Panorámica de Cuenca. Torre del Giraldo de la Catedral
En el año 1902 se produce el hundimiento de la Torre del Giraldo de la Catedral de Cuenca adosada exteriormente al rincón formado por la Iglesia y el Claustro, en el brazo norte del Transepto. Su ruina, y lo mediático de una noticia con fallecimiento de personas, sitúa al edificio en primera página de la prensa del momento. El periódico “El Progreso conquense” y bajo la pluma de Eusebio Chust, relata paso a paso lo sucedido ese día fatídico.

A continuación trascribo textualmente el artículo.

EL PROGRESO CONQUENSE 14/04/1902

Cabecera del "Progreso Conquense" del 14 de abril de 1902

La desgracia ha tendido una vez más sus fatídicas alas sobre esta desventurada tierra, inundando el corazón y el alma de los conquenses de duelo y de tristeza. La Giralda, hermosa y majestuosa torre, digno coronamiento de nuestra magnifica Catedral, hundiéndose ayer mañana.
La que durante cinco siglos, ha sostenido erguida y arrogante, fuerte donde las haya con los elementos, cayó sobre su misma base, cumpliéndose la inapelable sentencia de muerte, de que todo lo que existe ha de morir; caída que nos recuerda aquellos versos que dicen:
“Las torres que despreció el aire fueron
a una gran pesadumbre se rindieron”.

LAS PRIMERAS NOTICIAS:
Con la velocidad del rayo circuló la noticia, en la mañana de ayer de que sobre las diez o diez y cuarto, La torre de la Catedral Basílica, hubiese hundido.
Increíble pareció en un principio dudándose mucho de la variedad de tal versión, confirmada poco después, por la insistencia de los que la referían, y por la multitud que afluía hacia la parte alta de la población.
En un momento, la Plaza de la Constitución se vio totalmente llena de numeroso público que con la sorpresa natural que producen las grandes catástrofes, contemplando mudo y anonadado un enorme montón de ruinas.
El estupor y el desconsuelo se reflejaba en todos los semblantes, aumentado después, al saber que sobre poco más o menos había que lamentar desgracias personales y que sería un número imposible de calcular.
Sobre las 10:30 horas, acudieron al lugar del suceso siempre imposible en aquel momento recoger datos que con certeza nos pusieran en conocimiento el tan sensible desgracia.
Dos canónigos y beneficiados, sorprendidos por un estruendo al que siguió una espesa nube de polvo que impedía el distinguir a las personas a una distancia de 4 metros – aún no terminado el rezo del Coro y de las Horas Canónicas – salieron a temor dado ante el peligro inminente de la destrucción de la fábrica, precipitándose a la calle con los mismos trajes que llevaban puestos seguidos del público que había en el interior de la Catedral y blancos completamente por el polvo.

PRIMEROS AUXILIOS:
Un grupo de hombres del pueblo, repuesto del susto y de la impresión lanzasen a prestar auxilio a una familia compuesta de la madre y cuatro hijos de corta edad que se hallaban en la casa cubierta por los escombros del hundimiento, consiguiendo sacarlos después de infinitos sacrificios y despreciando su vida,
pues el único machón que ha quedado de la torre con dos enormes campañas amenazan caer inmediatamente.
Casi asfixiados por el polvo que produjo el hundimiento han sacado, y merced a los auxiliados en un estado satisfactorio.
Machón con dos campanas

LAS AUTORIDADES:
Poco a poco han acudido a la Plaza Mayor todas las autoridades.
En ella se encuentran y transmiten órdenes importantes el Excmo. Sr. Gobernador, el Sr. Alcalde que han subido de un juicio oral en el que actúa de magistrado y el que ha sido suspendido, varios jefes de la Guardia Civil y poco después alguna pareja del benemérito Instituto.
Todas las autoridades, así como el vecindario han dado ánimo a los afectados de la desastrosa catástrofe de ayer, distinguiéndose el Excmo. Sr. Gobernador y los agentes a sus órdenes cuyas felices iniciativas son dignas de mayor elogio.
EL juez Sr. Torres, se ha multiplicado en los sitios de mayor peligro, impulsando siempre por sus excelentes deseos, de rebuscar en los más recónditos y ocultos lugares a las víctimas que en ellas se ocultan.
El Sr. Gobernador militar, Sr. Vela, fue de los primeros en visitar las ruinas. Los jefes y oficiales de la Guardia Civil, organizaron el servicio de la tropa.
Pero ante el tremendo desastre se ha distinguido la primera autoridad popular. EL Sr. Ballesteros, oyendo a todos y cercado de entusiasmo ya que no tuvo a mano personal técnico, acudió al primer sitio de la catástrofe, visitó las casas contiguas, ordenó la retirada de los vecinos, acudió a la escombrera de la torre y recorrió la catedral por todos sus naves y dependencias, animando con su ejemplo al vecindario que tan valiosamente ha secundado sus órdenes.

LA FAMILIA DEL CAMPANERO:
A casa del barbero, Manuel Sancho es llevada la familia del campanero que ocupaba las habitaciones interiores de la torre en el momento del hundimiento y que ha tenido que bajas por una escalera que une la salida por la iglesia catedral junto al altar de Ntra. Sra. De las Nieves.
Toda la familia reunida menos una hija que estaba repicando y la que ha sido sepultada entre el escombro, representa una escena por de más desagradable y difícil de relatar.
Llantos de angustia y de dolor salen de los labios de la desolada familia que a todo el público arranca lágrimas a varios circundantes.

¡A SALVAR A LOS ENTERRADOS!
De boca en boca recorre una cifra de muerte que aterra. Ha caso ascender dicho número a 15 ó 21 y un numeroso grupo de gente del pueblo de hijos del trabajo despreciando su vida lanzándose a quitar piedras para ver de cómo extraer a alguno de los que hallan entre aquel enorme montón de piedras.
Ramón Verdú, Andrés Ebole, Cruz Gómez, Jesús Guijarro, Máximo Martínez, Vicente Cantero, Antonio Cavero, Ricardo …, Gregorio Montero, Sotero Palomo, Andrés …, Julián Niño y nuestro querido amigo D. Eulogio Serdan y el otro acompañados de un apareja de la Guardia Civil, suben al ver desde aquella pirámide de escombros y arañando con las manos – pues ni un pico tenían - las grandes piedras de sillería que se hallaban en la parte superior, consiguen quitar algunas pero sin hallar ni rastro de ser viviente. De este hecho nos ocupamos en otro lugar.
De pronto, unas voces, salidas de entre las piedras y maderas les lleva hacia allí y con un valor propio de la noble clase obrera, consiguen poner al descubierto un bulto humano que la vida alienta.
Comunicando a la muchedumbre la noticia, un clamoroso y un rumor de ansiedad renueva por toda la Plaza Mayor.
Es un niño el que acaban de descubrir y para poder ya sacarlo hace falta picos que puedan mover enormes piedras que impiden su salida.
Varios vecinos de la calle San Pedro los facilitan y logran sacarlo a las 11:20. Extraen al pequeño con dos heridas en la cabeza de las que mana abundante sangre y todo el cuerpo sucio del volvo blanco de las ruinas.
Como triunfo victorioso es bajado a la calle a Francisco Requena que así se llama el niño y desde allí lo trasladan a una casa próxima donde fue asistido y curado de primera atención por el médico D. Joaquín Lumbreras, el que desde los primeros momentos no se apartó del sitio del suceso por si hacía falta sus servicios.
Reconocido por este señor de le aprecian las dichas heridas, las que calificó de leves.
Mientras tanto prosiguieron los trabajos para buscar a los demás que faltan sin resultado alguno.

LAS VÍCTIMAS:
Las personas que se hallaban tocando las campanas y que indudablemente han perecido son:
María Antón, agraciada joven de 20 años. Hija del campanero. Gregorio López Ochoa, de 10 años.
Reyes López, de 8 años; José López, Alejandro Mena y el ya salvado:Francisco Requena, que tiene 15 años de edad.

A más de estos, aseguran que había varios niños jugando en la puerta de entrada a la torre, los que sin duda habían perecido y se añade que algún serrano que estaría buscando las cargas de leña ha sufrido igual suerte.

CONTINUAN LOS TRABAJOS:
Toda la mañana de ayer continuaron los trabajos para quitar piedras con el fin de ver si se consiguen hallar algún niño; pero aquel resultaron infructuosos, hasta las dos de la tarde, hora en que se halló el cadáver de María Antón en un hueco de la escalera, hallazgo hecho por haber abierto un boquete en el interior de la Catedral en la puerta de estrada al Claustro.
Hallase el cadáver de la infortunada María, medio cuerpo suspendido en el aire y el de la parte superior empotrado entre unas enormes vigas y una millonada de escombro.
Se le ve la falda y las piernas a una de las cuales le falta un zapato.
Es imposible sacarle por su posición, so pena de que salga hecha pedazos, por lo que se desiste de ello, después de haber intentado hundir más de la escalera, cosa que ha prohibido el arquitecto municipal para evitar que de los golpes pueda hundirse la pared que queda con las campanas.
Durante toda la tarde y por la noche (a cuyo fin se instalarán focos eléctricos) han continuado los trabajos hasta las tres de esta mañana, que se suspendieron por la pertinaz de la lluvia, sin que se haya conseguido extraer ningún cadáver.

FRANCISCO REQUENA:
Con la intención de visitarle fuimos a su casa, calle de San Pedro, nº 28, donde se nos recibió con gran amabilidad por toda su apreciable familia, y solicitados algunos datos nos lo facilitó su ilustrado hermano Ovidio diciéndonos que el herido había dicho que es lo siguiente: Estando tocando las campanas, empezaron a caer arenilla y piedras ante lo cual les dijo María que se bajaran enseguida, que se desplomaba la torre. Habiéndose él parado para coger la capa y echaron a correr escalera abajo, donde les sorprendió el hundimiento, habiendo quedado sepultado todo el cuerpo excepto la cabeza, que él cree haber tenido metida en el biso de una campana no perdiendo el conocimiento durante el tiempo que estuvo entre ruinas hasta que le sacaron.

EL SEÑOR OBISPO:
Atribulado nuestro venerable Prelado a quien las lágrimas bañaban sus ojos, recorría el lugar del suceso acompañado de sus familiares, sin darse cuenta de la tremenda desgracia que presenciaba. Sus dulces palabras expresaban el profundo sentimiento que embargaba su ánimo y su estado denunciaba la intranquilidad de todo su ser.
El Cabildo Catedral y el clero parroquial lamentaba la catástrofe, que priva por mucho tiempo a los fieles conquenses de utilizar el magnífico templo cuya primera piedra colocó el monarca Alfonso VIII.

UN DETALLE HERÓICO:
Tan pronto comenzaron a secundarse las disposiciones de los señores Alcalde y Juez de instrucción y único muro de la de ruinada torre, a fin de salvar, si era posible a las desgraciadas víctimas de tan terrible accidente, ofrecieron sé denodados y valerosos obreros, sin ningún género de herramientas a practicar tan filántropo como arriesgado registro.
La ascensión, dificilísima, a través de los derruidos sillares de las campanas de los restos del famoso Giraldo y de un montón de cascotes, no fue obstáculo para coronar la eminencia y escuchar los ayes lastimosos de un muchacho que envuelto entre miles de toneladas de piedra debió su milagrosa salvación a la colocación de unas vigas colocadas a gaisa de soporte, y que sostuvieron, no se cabe como la considerable avalancha del material desprendido. Procedió se con sumo cuidado a separar las enormes piedras que amenazaban por segundos la existencia de aquel pequeñuelo al mismo tiempo que una pareja de la Guardia Civil y otros varios obreros, tan valientes como los primeros, vivalizaban en heroísmo para arrancar a la muerte una de sus víctimas.
De pronto y cuando el éxito casi coronaba a tan gigantescos esfuerzos, oyóse una voz alarmante tan desolada como terrible ¡Que se cae el muro! ¡Que se viene abajo! ¡Fuera! ¡Fuera! Y ante el instinto de conservación inicióse un movimiento de retirada ¡Quietos! Gritó nuestro amigo Sr. Serdán ¡No hay cuidado todavía! ¡Vamos a sacar a este muchacho! Y aunque el desmoronamiento del muro era incesante y los cascotes, las piedras y el polvo impedían las faenas del desescombro consiguióse, merced al denodado arrojo de Cruz Gómez Lozano, de Antonio Molteceres, un guardia de seguridad, Andrés Leganés y de algún otro, extraen al pobre muchacho, que auxiliado por estos, por la Guardia Civil y por Ciriaco Collado, Vicente del Castillo, D. Juan Verde, el tabernero del Castillo y otros cuyos nombres sentimos ignorar, trasladaron al herido fuera de tan siniestro lugar, haciéndose cargo de él el inteligente facultativo, D. Joaquín Lumbreras, presente en aquellos momentos de angustia y de tribulación.
Entrada provisional a la Catedral tras el derrumbe
Bien lucharon exponiendo generosamente sus vidas, los que realizaron actos tan heroicos que debe remirarse con señalada distinción; pero testigos presenciales del hecho que narramos, nos es muy grato el consignar en aras del respeto y entusiasmo que sentimos por el buen mérito cuerpo de la Guardia Civil que la serenidad y sangre fría demostrada por los guardias segundos, Sres. Julián Niño Ballesteros y Eleuterio Alonso Gómez, quienes con su honroso uniforme y su armamento oyeron impávidos y sin inmutarse las voces de alarma desafiando a la muerte con estoico valor, y permanecieron inalterables en aquellos momentos de estupor y de pánico que su conducta, así como la de su compañero Fausto Martínez Ruiz, que minutos más tarde, se encontraba en la cima de aquel informe montón de escombros, sea conocida de sus dignísimos jefes y recompensaba en la forma que determinen los sabios Reglamentos de ese benemérito Instituto.
No es lo mismo utilizar las armas en defensa propia, batiéndose contra el enemigo o contra los bandidos, que aguantar inmóviles y con estupenda indiferencia la muerte que pudo sobrevenir, por segundos, en tan desolado lugar.
La Providencia ha mantenido enhiesto aquel formidable muro, cuya caída hubiera causado en esta población desgracias sin cuento.
Esperamos que el Ilmo. Sr. Gobernador consigne en la hoja de servicios del guardia Leganés, el nuevo que hoy ha prestado y hacemos la misma súplica en infatigable Alcalde de esta ciudad en obsequio de los valientes obreros cuyos nombres quedan apuntados.

LO QUE SE DICE:
Durante todo el día de ayer, han circulado rumores y se han hecho comentarios que para insertarlos no habría espacio en todo el periódico.
Se censuró ayer mañana, la falta de herramientas y personal idóneo para haber efectuado los primeros trabajos, así como la tardía llegada del señor Arquitecto al sitio de la catástrofe.
Estando tan cerca el almacén de herramientas del Municipio ¿Por qué no se llevaron? ¿O es que no las hay?
Dícese que su SS Ilma. Se sintió enfermo ayer tarde habiéndose que acostarse. Hablase de una suscripción a favor del desventurado campanero. Desearemos que así se haga, para lo cual cuenten sus organizadores con nosotros, ofreciendo desde ahora nuestras columnas para el indicado objetivo.
También se nos ha dicho que se preparan solemnes funerales por el descanso eterno de las víctimas del siniestro, a los cuales se piensa invitar a las autoridades y al pueblo.
Parece ser que el Arquitecto indicó al señor Navarro, que al reponerse de su enfermedad, consultaría al Cabildo, sobre su arreglo.
Ha sido comunicada la noticia por telégrafo a los Senadores de la provincia.

ÚLTIMA HORA:
A la hora de entrar en máquina este número continúan los trabajos en máquina este número continúan los trabajos sin haberse hallado ningún cadáver.

Soldados de la Compañía del Cuerpo de Zapadores
Se asegura que esta tarde llegarán dos compañías de Ingenieros del Cuerpo de Zapadores Minadores.
Al telegrama puesto por el Sr. Obispo al Excmo. Señor Ministro de Gracia y Justicia, ha contestado anoche.
Se ha reunido esta mañana el Cabildo Catedral ignorando o que habrán tratado. Hoy no se han celebrado ningún culto en la Catedral y las horas canónicas y el rezo del coro se hará en la iglesia de la Merced.

José María Rodríguez González
Cuenca, 13 de abril de 2014










miércoles, 19 de junio de 2013

Torres del Gallo y de la Saeta de la Catedral de Santa María de Cuenca

LAS CUATRO TORRES DE LA CATEDRAL DE CUENCA. Segunda parte.
Torres del Gallo y de la Saeta

Por José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico

Catedral de Cuenca. Siglo XVIII. Estilo Barroco

En esta segunda parte hablaré sobre la primera fachada que tuvo la catedral. Hay un testimonio gráfico en un cuadro de Bartolomé Matarana, realizado en 1595, en la actualidad exhibido en la capilla Honda de dicho templo. El nombre de las puertas son: la de la izqueirda "La Piedad"; la del centro "El Perdón" y la de la derecha "San Lorenzo". En el ángulo superior izquierdo de la pintura figura una monumental portada gótica, que con toda probabilidad se trata de la catedral conquense. Otra referencia sobre la primera portada es en la capilla del Transparente, en el lado izquierdo hay tallado, en la parte superior del mármol, una vista panorámica de la ciudad, como un segundo plano, donde se aprecian una torre con su chapitel. Esta obra está realizada en la segunda mitad del siglo XVIII, aunque el relieve es posterior a la primera portada nos da una idea de las torres con chapitel que había en la ciudad por lo que nos podemos hacer una idea de lo que fueron las torres de la catedral.

A partir del siglo XVII los libros de Acuerdos Capitulares nos dan constantes noticias sobre las reparaciones que se van haciendo constantemente en la fachada de la catedral.

- El 2 de marzo de 1600 se pagaban al cantero Alejandro Escala la cantidad de 1000 reales por las obras que se llevan a cabo en la torre de la fachada, sin especificar cuál de ellas.

- En el Cabildo de 21 de febrero de 1606, Luis Marquina da cuenta de la traza que tenia para el chapitel la torre de la fachada realizada por Francisco Moya, trazador de su majestad.

- En el informe presentado al Cabildo, por el Capellán Mayor el 7 de noviembre de 1643 afirma que la fachada está totalmente desfigurada de su aspecto original, decidiendo desmontar hasta la cinta por debajo de los Pares para quede fortalecida la fachada, encargándose la traza a José de Arroyo. En 1668 se finalizaron los trabajos. Esta nueva fachada durará 55 años.

- El 30 de abril de 1670, el Cabildo decidió llamar a José Sopeña para que volviera a reconocer la fachada. El 13 de julio de 1673 emite el informe diciendo que sería conveniente hacer calas y catas en los dos pilares de la parte de afuera.

En 1723, se le encarga una nueva traza para la realización de una nueva fachada a Luis Arteaga según el arte del momento. Esta nueva fachada duró 180 años.

Fue en 1902 cuando Vicente Lampérez decide desmontarla y realizar una portada neogótica en 1902.

Ateniéndolos a las fotografías que se conservan de la segunda fachada, podemos comprobar que las torres conservan la estructura octogonal inicial. Las torres siguieron manteniendo el nombre de gallo y saeta, pero los chapiteles fueron sustituidos por tejadillos a ocho aguas, quedando diluida la construcción primera en las innumerables reparaciones y cambios que sufrió el templo a lo largo del siglo XVI y XVII. Es de suponer que las tres esbeltas agujas de las torres del Ángel, Saeta y Gallo dispusieron de chapitel que le otorgaba el nombre. Así pues es de suponer que la torre del Gallo dispondría de un gallo en su altura máxima, como la de la Saeta el emblema que le daba el nombre.

El mayor daño causado a las torres fueron las descargar electicas, los rayos, así en el libro de la Catedral de Cuenca Monumento Nacional (4*) dice: “En las actas del Cabildo de la Catedral de Cuenca de 19 de mayo de 1432, 31 de mayo de 1509 y 9 de mayo de 1597, se consignan daños causados en las torres por descargar eléctrica e incendios y se anota que las torres estaban formadas por cruceros de madera recubiertos de tablas escamadas y el chapitel guarnecido de hoja de Milán, las del Gallo y de la Saeta con unos trescientos cruceros”.

De esto se puede interpretar que entre los años 1432 y 1590, los remates de las tres torres, contando con la del Ángel, los remates estaban formados por tres chapiteles piramidales, octogonales de considerable altura. Su construcción consistiría en un entramado de vigas de madera cubierto por tablas solapadas y forradas con chapas de cobre o de latón. Un ejemplo que podría ser útil para su comprensión, sería la de la catedral de Chartres en Francia la torre sur de su fachada que es del mismo tipo que los descritos (5*).

Torre de la Saeta. Logroño
Con relación a la torre de la Saeta, es difícil imaginar que no haya ningún apunte sobre ella. Parece que necesariamente hay que sospechar la existencia inicial de un chapitel de piedra con formación de flecha a tipo como el de Logroño, construida con bóveda octogonal, posiblemente idéntica a la que tuvo nuestra catedral, al cumplir todas las condiciones estructurales, técnicas y constructivas que se dan en nuestro templo (5*). Es lícito pensar que para 1208 la torre estaba rematada por una airosa flecha de piedra, alzada sobre ocho cuerpos triangulares que debido a alguna razón desconocida (incendio, deterioro de la piedra, etc.) desapareció para no volver a lucir más a lo largo de los siglos. Esperemos que en algún momento de nuestra historia se llegue a culminar la restauración de las torres, que hoy lucen sesgadas, se llegue a su culminación teniendo en cuenta la decisiva importancia , al más alto nivel de este monumento de Cuenca.

José María Rodríguez González

19 de junio de 2013

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(4*) La Catedral de Cuenca Monumental Nacional. Imprenta Provincial, 1932. Pág. 58

(5*) La Catedral de Cuenca del siglo XIII. Cuna del gótico Castellano. 1978. Rodrigo de Luz.







jueves, 16 de mayo de 2013

Presentación del libro: "Iconografía e iconología de la Catedral de Cuenca"

Quedáis invitados a la presentación del libro "Iconografía e iconología de la Catedral de Santa María, Cuenca" que tendrá lugar el domingo, día 19, a las 20 horas en el salón de actos de la Diputación de Cuenca.

sábado, 4 de mayo de 2013

El Misterio de la Luz en la Catedral de Cuenca (España)


El misterio de la luz en la Catedral de Cuenca

Si quieres ser testigo de ello este año puedes subir a la catedral del 19 al 22 de mayo a las 9:45 horas y podrás ver cómo llega el sol a la capilla del Transparente.

Capilla del Transparente de la Catedral de Cuenca
Debería suceder el 21 de junio, Solsticio de verano, pero a causa de la ampliación de la girola que se hizo en el siglo XV, el efecto se adelanta un mes, al variar el óculo por donde entra el sol. La alineación del Sol con el agujero del transparente  sucede en la  catedral del 19 al 22 de mayo a las 9:45 horas.

Nada fue casual en la construcción y diseño de los templos. La ubicación y orientación está apoyada en las leyes naturales, trazada por las órbitas descritas por el sol en su ciclo anual. A lo largo de los siglos y debido a las variaciones sufridas en las creencias de cada época ha quedado más o menos oculto el simbolismo inicial a los ojos de los profanos, no obstante ha dejado una huella indeleble para los estudiosos que han sido capaces de capturar los pequeños símbolos que ofrecen las pistas básicas para su entendimiento en la actualidad.

La orientación de Oeste-Este está basada en la idea de San Agustín que dice: “El sol saliendo por el Oriente es para nosotros el símbolo de Cristo. Él es el Sol de Justicia y la Luz del mundo que alumbra a todos los hombres que hayan querido recibir su verdad”.

Este simbolismo fue heredado de antiguas construcciones egipcias, griegas y romanos. El ritual solar establecía un vínculo entre el templo y el cosmos transformando el recinto en un “axis mundi” (*) de aquí parte el momento que determina la dirección del eje longitudinal de la nave central y eso conlleva el resto de líneas de proyección que están condicionadas al movimiento del sol quedando fusionado la obra del templo a los fenómenos celestes astronómicos.

En las primeras culturas, los templos se disponían de forma que el sol entrara por la puerta principal hasta el lugar de la deidad contenida. Con la puerta de entrada en el Este, a la salida del Sol, los rayos de luz iluminaban la estatua del dios contenido en lo más profundo del templo. Tras el Concilio de Nicea (año 325) se establece que fuera el ábside el que estuviera orientado a la salida del Sol; de esta forma al amanecer los rayos solares llegan al centro del templo, iluminando el altar, imagen del origen de la luz que anuncia el nuevo día, este hecho fue considerado como imagen del Mesías simbolizando “La luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo” (Juan 1, 9).

Los arquitectos del gótico hicieron un uso magistral de los vitrales permitiendo el paso de la luz natural al interior de las catedrales por medio de ventanales ojivales y rosetones. Este ha sido uno de los recursos más bellos del empleo de la luz para lograr un clima excepcional de misterio en el interior de los templos para los fieles y creyentes que en nuestro templo se adelanta un mes al solsticio de verano.

Este año el 19 de mayo es domingo. No te lo pierdas y sé testigo del “misterio de la luz” en la primera Catedral gótica de Castilla en Cuenca.

JOSÉ MARÍA RODRÍGUEZ GONZÁLEZ
MAYO DE 2013
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(*) Axis mundi o 'eje del mundo' es un símbolo ubicuo presente en numerosas culturas. La idea expresa un punto de conexión entre el cielo y la tierra en el que convergen todos los rumbos de  una brújula. 
 

miércoles, 10 de abril de 2013

El último Glauka de José Luis Sampedro

La veintiuna edición del premio Glauka del año 2012 recayó sobre mi persona. Un premio sacado de la novela “La vieja sirena” de José Luis Sampedro. Ha sido el propio autor quien ha ido apoyando este premio que se ha consolidando, a través de estas 21 ediciones en un premio de prestigio nacional cuyos premiados son gente de renombre literario como Soledad Puértoles, Lorenzo Silva, Rosa Navarro, Emilio Pascual y el mismo José Luis Sampedro entre muchos otros.

Fue para mí un orgullo el ser premiado con tan digno galardón en comparación de mis colegas anteriormente premiados y agradezco, de corazón a la Asociación Amigas de la Lectura de Cuenca en pensar en mí para el mencionado premio.

Hoy nos ha dejado la musa impulsora pero tenemos su rica obra. Tuve la suerte de conocerlo durante estos años que ha venido a la entrega de los premios, siempre me ha parecido una persona cercana, sencilla y llena de un espíritu joven en contraposición de su avanzada edad.

Es para mí una persona admirable porque ha levantado su voz contra el hambre y la pobreza en el mundo, ha puesto de manifiesto las privaciones sociales que coexisten con la opulencia de ciertas clases privilegiadas, es decir, no se ha callado ante las grades desigualdades que se dan en le economía mundial.

Él decía: “Cada cultura ha tenido su referente. Los griegos, el hombre; el Medievo, Dios y ahora el dinero. Para mí el referente es la vida. Hemos recibido una vida y vamos hasta el final. Pero para eso necesitamos de la libertad, para que esa vida sea la nuestra y no la que nos mandan tener”.

Gracias maestro por tus palabras. Descanse en paz.

José María Rodríguez González