miércoles, 16 de octubre de 2013

"Vicente Lampérez" y la Catedral de Cuenca. Un neogótico con sabor a Medievo


CONFERENCIA: “VICENTE LAMPÉREZ Y LA CATEDRAL DE CUENCA. UN NEOGÓTICO CON SABOR A MEDIEVO”.
José María Rodríguez González, profesor e investigador histórico.

Biblioteca “Fermín Caballero” de Cuenca. Día 20 de noviembre de 2013, a las 19:30h

La catedral de Cuenca luce su tercera fachada, ésta es debida al arquitecto Vicente Lampérez y Rodea. A principio del siglo XVIII se desmonta la fachada original, sustituyéndola por una del estilo dominante del momento, el Barroco, que durará 180 años. A principio del siglo XX se vino abajo la torre del Giraldo, llevándose consigo parte de la fachada principal. Lampérez es el arquitecto elegido para su reconstrucción. Sustituyendo el barroco por un neogótico.
Boceto iconográfico

José María Rodríguez González, profesor e investigador nos presentará el proyecto que Lampérez había trazado para la fachada principal. Qué elementos están integrados y cuales quedaron por integrar. Nos presentará un mundo nuevo iconográfico que el arquitecto diseñó y aquellos que quedaron por desarrollar e integrar en la fachada inacabada, con cierto sabor a Medievo, al ser el espíritu restaurador del autor: “volver a construir las partes arruinadas, o a punto de arruinarse, en el mismo estilo arquitectónico original” ¿Qué pensaba Lampérez para desarrollar su proyecto imitador de las grandes catedrales francesas? ¿Quería integrar en ella el carácter pedagógico de las fachadas góticas? ¿Qué elementos iconográficos reflejo? ¿Qué símbolos existen en la fachada actual? ¿Qué quiso trasmitirnos Lampérez, a través de su obra, a la sociedad actual?
Medallón de cabeza de perro

Encontrarás las respuestas en la conferencia del día 20 de noviembre, a las 19:30 horas, en la Sala 1 en la Biblioteca Pública “Fermín Caballero” de Cuenca.
José María Rodríguez González
Cuenca, 15 de noviembre de 2013


domingo, 6 de octubre de 2013

Cómo visitar al detalle una catedral inigualable

Cómo visitar al detalle una catedral inigualable.

Con este título arranca el artículo, que firmado por Irene Pérez Nova, publica el periódico La Tribuna de Cuenca, el domingo,6 de octubre de 2013.
Mi agradecimiento tanto a la redactora Irene como al fotógrafo Reyes Martínez, por su excelente trabajo.
Como el mejor escribano echa un borrón, he de corregir alguna errata que hay. Es interesante destacar que la Catedral de Cuenca recibe el nombre de Catedral de "Santa María" sin más. Que la ménsula tricéfala es una de las pocas que quedan a raíz de ser consideradas figura herética por el Concilio de Trento. Que los armadillos tiene  cuatro patas en todo la especie y son la formación de su cuerpo por un número de bandas, entre tres y nueve, lo que varía en ellas, encontrándose el de tres, seis, nueve y el armadillo gigante esculpido en los arcos góticos de la catedral. El libro sobre la "Iconografía e iconología de la Catedral de Santa María" de Cuenca fue publicado por la Diputación de Cuenca patrocinado por Iberdrola y es de agradecer al Presidente de la Diputación de Cuenca, D. Benjamín Prieto, el interés mostrado por la obra ya que fue él, personalmente, quien realizó los trámites para su posible publicación. El cual ha mostrado siempre su interés por sacar a la luz el rico patrimonio que posee la Catedral conquense.

Al preguntarme sobre ¿Cuáles son sus proyectos para este año? diré que el próximo mes de noviembre, el día 20, quiero dar una conferencia en el salón de actos de la Biblioteca "Fermín Caballero" de Cuenca, sobre Vicente Lampérez, arquitecto que realizó la portada que luce nuestra catedral, donde quiero dar a conocer el proyecto iconográfico que Lampérez tenía pensado y que parte de él se ve reflejado en la fachada.
Para el próximo año estoy trabajando sobre las crónicas que fueron publicadas a raíz del derrumbamiento de la torre del Giraldo, que tuvo lugar el día 13 de abril de 1902 y por último estoy desarrollando un trabajo de mayor envergadura, sobre el siglo XVI, es decir el renacimiento en la Catedral de Cuenca, del que quiero darlo a conocer mediante una exposición en la misma Catedral y hacer una publicación sobre ello.
Mi intención es poner mis investigaciones a público lo antes posible, pero me temo que todo depende de la ayuda que pueda encontrar en las instituciones, y de las aportaciones económicas que pueda recabar, ya que el costo de las publicaciones es algo elevado al igual que las reproducciones fotográficas.
José María Rodríguez González
06 de octubre de 2013
 

martes, 17 de septiembre de 2013

Leonor de Pantagenet. Una reina para Cuenca


LEONOR DE PANTAGENET. UNA REINA PARA CUENCA

Mucho hemos oído hablar los conquenses de Alfonso VIII, pero ¿Qué sabemos de Leonor? Si repasamos las biografías de ambos,  nos encontramos con ciertos problemas comunes en la niñez.
El día 11 de noviembre de 1155 nace en Soria Alfonso VIII, es el primer hijo y único del rey Sancho III y Dña. Blanca de Navarra que fallece en el parto, viéndose privado de la figura materna. El 31 de agosto de 1158 fallece su padre, quedando heredero del trono.  Es nombrado como tutor (custodio) del Rey, D. Gutiérrez Fernández de Castro y como Regente, D. Manrique de Lara.
Recreación toma de Cuenca- 2013
Leonor de Plantagenet , nació en 1160, en el Castillo de Domfront (Normandía),hija del rey Enrique II de Inglaterra y de su esposa, la reina Leonor de Aquitania, sus abuelos paternos fueron Godofredo V de Anjou y su esposa Matilde de Inglaterra, hija del rey Enrique I de Inglaterra.  Por parte materna fueron sus abuelos Guillermo X de Poitiers, conde de Poitiers, y su esposa Leonor de Châtellerault, duquesa de Aquitania. Tuvo varios hermanos, entre ellos los reyes Ricardo Corazón de León y Juan sin Tierra, monarcas de Inglaterra.
El matrimonio sirvió para reforzar la frontera pirenaica, y Leonor de Plantagenet aportó además como dote de boda el condado de Gascuña que Alfonso VIII nunca pudo anexionar a la corona de Castilla. Sin embargo, numerosos caballeros gascones vinieron a la península para ayudar a su señor en la lucha contra los almohades.
Iniciemos un pequeño recorrido por la vida de los monarcas. Alfonso es armado caballero en el Monasterio de San Zoilo (Carrión de los Condes), el día 11 de noviembre de 1169 y a sus catorce años de edad, pasa a reinar efectivamente sobre Castilla, siendo su primera intención la de recuperar los territorios perdidos durante su minoría de edad, estableciendo para ello una alianza con Alfonso II de Aragón el Casto.
Corriendo el mes de Agosto del año 1170 y encontrándose en Zaragoza con el rey aragonés, envía a Burdeos, una embajada de obispos, condes y ricos hombres de Castilla, al objeto de traer a su futura esposa la princesa Leonor de Plantagenet, hija del Rey de Inglaterra, Enrique II, para entonces la princesa ya estaba en camino habiendo abandonado la Corte normanda, dirigiéndose hacia su nuevo hogar.

Alfonso VIII

Metámonos en la piel de Leonor, niña de diez años. Durante el viaje a tierras aragonesas no dejaría de pensar a quien se encontraría, pues no conocía a Alfonso. Ella seguramente no tendría miedo ante lo que se le avecinaba, Castilla no sería como Normandía donde jugaba con sus hermanos y disfrutaba de la compañía de su madre, hermanos y sobre todo de los juglares que tanto le divertían, es por ello que pidió ser acompañada por trece juglares. Según se decía era una niña resuelta, inteligente y con un fuerte espíritu independiente.
Me imagino cómo pudo ser el primer encuentro de Leonor con Alfonso. Cuando por fin su comitiva llega a Tarazona (Zaragoza) y se encuentra con un apuesto joven. A Leonor le daría un vuelco el corazón, ¡tantos días soñando con él y al fin se encuentra con su futuro marido, era como en un sueño hecho realidad!. Alfonso por su parte se muestra solícito con su bella princesa, de cabellos de oro y ojos azules como el cielo. Él que nunca ha tenido el afecto de nadie cercano, se ve prendado de tanta dulzura y de ese cariño que le transmite Leonor al mirarle. Siente en su corazón la fuerza interior que le trasmite su prometida. Siendo la primera vez que se ven y es como si retornara la frescura amorosa de su madre que la vida le privo desde su tierna infancia.
En septiembre de 1170, Alfonso se encuentra en Tarazona (Zaragoza) lugar escogido para la celebración del matrimonio con Leonor de Plantagenet. La razón de celebrarse en esta villa episcopal aragonesa y fronteriza con Castilla no era otro que buscar el acercamiento con Alfonso II de Aragón el Casto.
Alfonso se desvive por ella, pues no hablaba ni una palabra en castellano, bien es verdad, que el amor lo vence todo y en poco tiempo, gracias a su constancia y tesón y a los conocimientos del latín que poseía, logra habla con cierta fluidez. Su madre les había obligado a aprender a leer y escribir tanto a sus hermanos como a ella.
Recreación de la toma de Cuenca por Alfonso VIII - 2013
Estoy seguro que Leonor no tendría miedo en esos momentos, pero debería pasarle por la cabeza mil pensamientos, entre ellos tendría presente los problemas de matrimonio que había vivido su madre. Pese que Alfonso la había recibido con gran regocijo y se mostraba en todo momento solícito con ella, sentiría en su pecho el dolor de la separación de sus padres. Ellos también se habían amado con locura y en esos momentos, cuando se iba a celebrar su boda, sólo quedaba entre su padre Enrique y su madre, odio, rencor y reproches. ¿Podría sucederle lo mismo a ella? Pero se encontraba tan feliz al lado de Alfonso que el miedo se disipaba y la felicidad volvía a fruir en sus venas, volviendo las fantasías fruto de sus sueños al pensar en Alfonso.
Pasaban los días y la fecha de la boda se acercaba. El día llegó. Leonor ayudada por las damas que vinieron con ella, es vestida con un espléndido traje de novia que con su pelo dorado y su ojos azules luciría: hermosa, bella, y resplandeciente como una estrella bajada del cielo.   
Las crónicas de la época describen el enlace que paso a trascribir textualmente para que seáis vosotros los que descubráis en un castellano viejo lo que allí se aconteció:
"E venieron ý muy grandes gentes de condes e de ricos omes e de perlados, e de otros omnes onrrados, e ovieron su acuerdo en vno, pues que el rey avía doze años, que asaz era tiempo que lo cassasen. E enbiáronle demandar a dona Leonor, fija de don Enrique, rey de Inglaterra, que era de nueue años, para que fuese su mugier; e fueron mensajeros dos obispos e dos ricos omes. E el rey de Ynglaterra diógela de muy buenamente e fízoles muncho bien e muncha honrra. E venieron con la ynfanta para Burgos, e fueron muy bien reçebidos. E fízoles ý el rey sus bodas con ella muy nobles e muy ricas; e fueron ý munchas gentes de Castilla, e de León, e de Aragón, e de Nauarra, e de Ynglaterra, e de otras partes. E dio el rey a sus bodas munchas nobles donas e fizo munchas nobleças. E la dueña salió muy buena e muy cuerda e enseñada, e era muy fermosa e de buen donayre; e ésta fue hermana de Enrique e del rey Jouen e del rey Ricarte, que fue muy buen rey e esforçado que más non podría ser; e el duc de Bretaña e el rey Johan sin Tierra, e ovo dos hermanas: la vna fue reyna 129r°a de Cecilya, la otra duquesa de Sansoña."
Así pues, reyes, condes y prelados junto con el pueblo, disfrutaron del acontecimiento de la boda de su joven rey Alfonso VIII, el noble, con Leonor, la linda princesita normanda. Toda Castilla acogió y celebró la feliz unión.
José María Rodríguez González
Cuenca, 15 de septiembre de 2013

 Fuentes:
ALVAREZ, MARÍA TERESA. Ellas mismas, Mujeres que han hecho historia contra viento y marea. La Esfera de los libros S.L. 2003
MÁRQUEZ DE LA PLATA, VICENTA. Reinas medievales españolas. Alderabán Ediciones S.L 2000
http://eldiadigital.es/not/36159/leonor__una_reina_para_cuenca/
http://www.medievalwalltapestry.com/medieval-couple1.html

 

viernes, 6 de septiembre de 2013

Alfonsípolis. Principios de la Cuenca cristiana. Alfonso VIII

Principios de la Cuenca Cristiana. Alfonso VIII y Alfonsípolis


Catedral de Cuenca
    No pensemos que Alfonso VIII, con relación a la conquista de Cuenca, hizo célebre la frase del cónsul romano Julio César, al dirigirse al Senado romano describiendo su victoria sobre Farnaces II de Ponto en la batalla de Zela: “vini, vidi, vici” y que se traduce por "Vine, vi, y vencí".
    En el año 1176, el rey Alfonso VIII se dirigió hacia Cuenca, llegando a sus puertas a finales de diciembre de ese mismo año. El sitio donde acampó fue en la confluencia de los ríos Júcar y Huécar, se conocía el lugar como la Albufera, lo que hoy conocemos como el Sargal, la UNED y el barrio de San Antón.

    Por las características orográficas del terreno, Cuenca era una ciudad difícil de tomar sin gran derramamiento de sangre, es por ello que el rey determina cercarla para que fuera el hambre el que les obligara a rendirse. El sitio se completó el 6 de enero de 1177.
Escudos en las paredes Catedralicias
    Toda contienda precisa de una gran inversión de capital. El asedio se alargaba, ello llevo a la falta de fondos para continuar, obligando a Alfonso VIII a partir para Burgos con la intención de solicitar nuevos impuestos en las Cortes que permitiera seguir pagando la campaña de Cuenca, dejando al cargo del asedio a su tío Alfonso II de Aragón y de Don Pedro Ruiz de Azagra, señor de Albarracín.

    Acompañaban a Alfonso VIII en esta conquista los obispos de Burgos, Sigüenza, Ávila, Palencia y los representantes de los grandes linajes de Castilla, además los caballeros de la Orden del Temple.
    Disuelta las cortes de Burgos, en el mes de septiembre, el rey Alfonso VIII regresa a Cuenca, en esos momentos la ciudad está muy asfixiada por el cerco de nueve meses. Por fin el día 21 de septiembre de 1177 se rinde la ciudad, coincidiendo con la festividad de San Mateo.   

    Era costumbre de Alfonso VIII llevar consigo una imagen de la Virgen, además del estandarte Real. Con ellos entró triunfante en la ciudad conquistada. El estandarte se exhibe el día de San Mateo, desplazándose desde la Catedral al Ayuntamiento, regresando de nuevo, al final de las fiestas. La imagen de la Virgen quedó depositada en la Catedral. Es una talla románica. En el año 1655, fue partida en dos para vestirla y poder colocarla en la hornacina central del retablo de la capilla del Sagrario, donde hoy es venerada.     
Virgen del Sagrario o de las Batallas
    Otra de las curiosidades de esos primeros años fue la elaboración del escudo de la ciudad. Compuesto por una estrella y un cáliz. Según la versión oficial, la estrella representa el astro que guió a los Reyes Magos, coincidiendo con el primer día de asedio a la ciudad. El 21 de septiembre, se rinde la ciudad, festividad de San Mateo al que dicen representar bajo el símbolo del cáliz.

Lo chocante es que a San Mateo, se le representa simbólicamente, con un libro o un rollo de pergamino. Si examinamos su biografía, observamos que fue recaudador de impuestos, ello dio pie a ser simbolizado también, con una bolsa de dinero o un tablero de contar, pero nunca con un cáliz.

Si profundizamos en los orígenes del rey Alfonso VIII, tal vez, encontremos otra explicación más razonable.

Contando con la idea de que el rey Alfonso VIII tenía pensado hacer de Cuenca su residencia y el establecer su Corte, tomando el nombre de “Alfonsípolis  es normal pensar que quisiera dejar constancia simbólica, en el escudo de la ciudad, de la estirpe a la que él y su esposa pertenecían.

    Según el texto de Wolfram von Eschenbach (*) tanto Alfonso VIII como su esposa pertenecían a la estirpe Real, descendientes directos del rey David. Teniendo en cuenta esto, el Grial y la estrella encima del cáliz, habría que buscar su significado en el libro del Apocalipsis según San Juan, en él encontramos que el planeta Venus, es el lucero de la mañana que distingue a los descendientes del rey David y no en la fecha del asedio. Así dice el libro de las Revelaciones: “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias.  Yo soy la raíz y el linaje de David,  la estrella resplandeciente de la mañana” (Ap. 22,16).
Escudo de la Ciudad de Cuenca

    Las páginas finales del poema épico de Eschenbach (**)son una copia de lo sucedido en la vida de Alfonso VIII y Leonor de Plantagenet con nombres cambiado. Me explico: en ellas una vez concluida la aventura de la búsqueda del Grial, el autor nos cuenta lo que ocurre con sus principales protagonistas. Parsifal se casa con la reina Condwiramurs y se convierte en el rey del Grial y tienen un hijo, Lohengrin, llamado el "Caballero del Cisne". Se trata de un personaje al que los romances medievales convertirán en héroe mítico de la cultura sajona. Como vemos, Lohengrin es descendiente del rey David, al igual que el rey Alfonso VIII y también es un Anjou, como la reina Leonor. Pues bien, una narración del siglo XV, para señalar el origen de este "Caballero del Cisne", dice que ha venido "del monte en el que Venus está dentro del Grial". De manera que aquí tenemos la referencia directa a este símbolo contenido en el escudo de Cuenca: la estrella Venus, el lucero del alba, suspendida sobre el Grial, señalando a otro ilustre miembro de la estirpe sagrada.

Visto esto no resulta extraño que Alfonso VIII, casado con Leonor de Plantagenet que llevaba sangre de Anjou,  escogiera la estrella en representación del Rey y el cuenco o cáliz en representación de la Reina.
José María Rodríguez González
(*) Wolfram von Eschenbach. Poeta épico alemán, considerado el poeta épico más importante de la Alemania medieval. Nació en Eschenbach, cerca de Ansbach (Franconia). Se sabe que fue un caballero y, durante algún tiempo, un Minnesinger en la corte de Turingia. La fama de Wolfram von Eschenbach se debe sobre todo a su Parzival, un poema épico sobre el Santo Grial, de aproximadamente 25.000 versos, y que fue terminado hacia el año 1210.
(**) La revista Enigmas, en el número 124 (marzo, 2006), ha publicado un artículo dedicado al Santo Grial: “El Grial de Cuenca”, firmado por Javier Navarre, en el que se plantea la relación de Alfonso VIII conquistador de Cuenca y los reyes castellanos y aragoneses con los condes de Ajou y los duques de Aquitania y su relación con el Grial.

jueves, 1 de agosto de 2013

El barrio de Mangana. Su sinagoga y su iglesia


¿Una parroquia en Mangana?
La sinagoga se convierte en iglesia y las sepulturas de los Montemayor a la catedral

Enterramiento de los Montemayor
en la Catedral de Cuenca
Para encontrar referencias sobre esta parroquia hay que sumergirse en la historia del barrio judío de Cuenca, situado en la zona de Mangana. La antigua sinagoga es transformada en iglesia y dedicada a Santa María, que para evitar confusiones con el nombre de la Catedral, la llamarán “Santa María la Nueva”. Es la familia de Montemayor quien funda la nueva capilla en 1426, su titular fue Juan Alonso de Montemayor.
Hagamos algo de historia. Según avanzaba la reconquista iban floreciendo diversas juderías en ciudades como en León, Toledo, Cuenca, etc. Un gran número de los judíos pasan a ser súbditos de los reinos cristianos y en Castilla fueron considerados propiedad de los monarcas. La judería en Cuenca se sitúa en el barrio del Alcázar, en la actualidad Mangana.
En 1290, Cuenca es una de las ciudades con mayor presencia judía, al ocupar la cuarta posición en Castilla, por su situación socio-económica con un sector industrial y mercantil muy desarrollado, que facilita el enriquecimiento de estas familias.
Judíos y conversos han estado presentes en la Corte de los reyes de Castilla desde antes de la Reconquista, ejerciendo cargos de financiero contadores, tesoreros, arrendadores de impuestos, prestamistas, etc. Sin embargo con el paso del tiempo su presencia empezó a ser cada vez más molesta. La enemistad entre la comunidad judía y cristiana se estuvo fraguando durante siglos.
En el año 1391 los cristianos se lanzan sobre la judería, hecho que se da a nivel nacional. En Cuenca el asalto a la judería se maquilla al circular la leyenda de los amores de un caballero cristiano, Fernando Sánchez de Jaraba y una hermosa hebrea llamada Isabel. Dispuesta a contraer matrimonio, la muchacha se convirtió al cristianismo, despertando los celos de un pretendiente judío. Reunida secretamente la comunidad hebrea para juzgar su traición, la joven desapareció, corriendo la voz de que había sido crucificada y enterrada. Los cristianos, exaltados por el rumor de que los judíos sacrificaban niños y doncellas en el transcurso de sus ritos, asaltaron la judería, provocando una matanza que ha pasado a los anales de la ciudad. Después de la matanza de judíos la mayoría de los judíos decidieron convertirse.
El obispo Juan Cabeza de Vaca, en 1403, la iglesia de Santa María La Nueva es trasformada en parroquia. Lo notable es que el barrio del Alcázar pasó a ser un barrio de conversos que acudían al culto cristiano en Santa María la Nueva. Hasta finales del siglo XV podía leerse las bendiciones de Yahvé al estar escritas en letras hebreas en el friso que corría a lo largo de los muros en el interior del templo y que persistieron a la vista de los fieles, según testimonio de Cuéllar, hasta que fueron borradas en 1489 por mandato de la Inquisición, fecha en que se hizo patente su presencia. El Texto pertenecía al Deuteronomio 28,8; según la Biblia de Bover-Cantera decía así: “Yahve ordena la bendición que esté contigo, en tus cilleros y en todas tus empresas y te bendecirá en el país que Yahve, tu Dios, va a darte”.

Escudo de armas de los Montemayor
La aparición de la Inquisición, autorizada por bula del papa Sixto IV, a instancia de los Reyes Católicos, instaurado en 1478, tiene gran relevancia en la vida española. La persecución atroz a los judíos y a los cripto-judios tendría su punto final con el edicto de expulsión del 31 de marzo de 1492.
El primer edicto de gracia que promulga la Inquisición en Cuenca fue en la primavera de 1489, organizando una procesión penitencial desde la ermita de San Roque, situada en extramuros hasta la Parroquia de Santa María la Nueva, donde los confesos recibirían la absolución y se comprometieron a reedificar y reparar la iglesia. Fue entonces cuando se taparon las letras hebreas de la inscripción y se cambió el nombre de “Santa María la Nueva” por “Santa María de Gracia”.

Los judíos conversos eran dados a la construcción de capillas y hacer donaciones a la iglesia de Santa María para demostrar socialmente su conversión. Las capillas de la citada iglesia pertenecían a la familia de Montemayor y Teruel, ambas emparentadas por el matrimonio de Alfonso de Montemayor con Catalina  de Teruel, y otro hermano de Alfonso de Montemayor estaba casado con Inés Alfonso, hermana de Alfonso de Montemayor. De este matrimonio fue hijo Diego Pérez de Teruel, el cura de San Andrés, cuya estatua yacente se hallaba en la Capilla de los Teruel de la iglesia de Santa María. Pedro estuvo casado en primeras nupcias con María de Cañizares, hermana de Diego Ramírez de Cañizares, también descendientes de conversos y que tenían capilla en Santa María.
La iglesia era de una sola nave, de medianas proporciones, con dos capillas laterales adosadas. La nave era de figura irregular, un rectángulo con un ensanche a la altura de la capilla de Cristo de los Esclavos. La obra de los muros era de mampostería con pilastras que sostenían la techumbre. La torre, en la que había dos campanas, estaba adosada a la cabecera del templo, junto a las casas también adosadas. Había dos puertas al exterior; la principal, con su cancela en el muro de la izquierda o muro norte, cerca de los pies de la iglesia, se abría bajo arco de medio punto y tenía tejadillo protector. Delante de ella había un patio empedrado. La otra parte salía al mediodía, a través de una navecilla de cielo raso, aprisionada entre otras edificaciones. El retablo mayor había sido construido en el siglo XV. En el siglo XVII se sustituye por el realizado por el escultor Martín Fernández y del pintor y dorador Jerónimo de Mayorga, según las cuentas parroquiales de 1624.

Por un inventario de 1722 sabemos que en este retablo figuraban 8 imágenes de cuerpo entero y 2 ángeles. Había un Crucifijo en el remate, con Ntra. Señora y San Juan. Luego estaba San Pedro, San Francisco, San Julián y San Blas. En medio del retablo estaba la imagen de Ntra. Sña. de Gracia, la titular, con cerco de rayos, todo dorado. Esta imagen era gótica.
En el cuerpo de la iglesia había dos altares, uno a la derecha dedicado a San José y otro a la izquierda dedicado a Santa María Magdalena. Junto al altar de San José es donde se hallaba la puerta del mediodía y en la misma banda el púlpito. La capilla bautismal estaba debajo del coro.
Las capillas laterales pertenecían a las familias de los fundadores, como la de los Cañizares, situada a la derecha. A continuación se haya la de los Montemayor, dedicada a San Ildefonso. En ella estaban los enterramientos con figuras de alabastro de cuerpo entero.
Escultura de alabastro de D. Juan Alfonso de Montemayor el Viejo
Estos sepulcros fueron trasladados a la Catedral en 1912. Así los describe Bermejo: “Puede observarse, empotrado bajo un hermoso y estilizado arco de medio punto, con adornos y baquetones góticos, otro arco más pequeño y rebajado, de bella decoración gótica, formada principalmente por caireles y hojas de cardo, bajo el cual se encuentran, escalonadamente dispuestos, los dos espléndidos sepulcros, trabajados en alabastro de Juan Alfonso de Montemayor el Viejo y Juan Alfonso de Montemayor el Mozo… Son dos  encantadoras estatuas, de la mitad del siglo XV, de una gran sencillez de línea en el tratamiento de paños y dotadas de gran verismo, no obstante su antigüedad y el arcaísmo que ostentan”.

Este enterramiento se encuentra actualmente en la Catedral de Cuenca a continuación de la capilla de San Martín, en la nave sur.
Escultura de alabastro de Juan Alfonso de Montemayor el Mozo
 
Ante la sicosis despertada por la caída de la torre del Giraldo de la Catedral, en 1902, el número de denuncias, por parte de los vecinos de la zona se duplicaron en el Obispado, por el mal estado de la parroquia de Santa María de Gracia. En reunión extraordinaria del Cabildo Catedralicio de Cuenca, celebrado el 17 de diciembre de 1912 daban cuenta al Señor Obispo Wenceslao Sangüesa, que era preciso demoler la antigua parroquia por amenazar ruina perdiéndose para esta ciudad un baluarte histórico muy significativo para la historia de esta real ciudad.

 
 
Cuenca, 1 de agosto de 2013
José María Rodríguez González

martes, 23 de julio de 2013

El reloj de la Catedral de Cuenca


Reloj Catedral de Cuenca. Siglo XVI

EL RELOJ DE LA CATEDRAL

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

Los hombres siempre hemos vivido al amparo del tiempo, unas veces hemos pensado si este concepto ha sido inventado o es algo real, lo cierto es que controla el devenir de nuestras vidas.

Hasta que el reloj se generalizó socialmente y se hizo portable han pasado muchos siglos. Intentaré centrarme en la época más importante, socialmente hablando, que tuvo el reloj, como fue el Medievo entre los siglos XIV al XVII.
El concepto del tiempo para el hombre del Medievo está enclavado en dos conceptos distintos. El primer lugar tiene un carácter físico: el Sol, en segundo lugar un carácter espiritual: el repique de campanas, de esta manera se manifiesta la dependencia del hombre respecto a la naturaleza. Hasta esa época los relojes de sol, de arena, la clepsidra o las velas eran los instrumentos que se usaban para calcular el tiempo que durante siglos estuvo en mano de la iglesia al introducir en el calendario cristiano los tiempos litúrgicos acomodados a las grandes divisiones del año, como el Adviento, Epifanía, Cuaresma, etc.

Las horas estaban inspiradas en las reglas monacales y las campanas de las iglesias y monasterios se encargaban de recordarlas. Este sistema dividía el día y la noche en períodos iguales: Maitines, Laudes, Prima, Tercia, Sexta, Nona, Vísperas y Completas.

Es en estos siglos cuando el concepto de tiempo cambia radicalmente con el nacimiento de las ciudades y la introducción del reloj en la vida urbana.

Se entabla una conflagración entre la iglesia y la burguesía que con la ayuda de los progresos tecnológicos y la aparición del reloj en las ciudades modifica el ritmo del tiempo. Los relojes de las torres y atalayas se consolidan frente al tiempo clerical del repique de campanas en las iglesias y conventos, produciéndose una alteración en la hora nona, es trasladada al mediodía. Esta pequeña variación es debida a la necesidad de subdividir el tiempo de trabajo más racionalmente, permitiendo una jornada de trabajo de sol a sol, didividas en dos medias jornadas equivalentes en cualquier época del año. Sin embargo aún pasarán varias décadas para conseguir llegar a controlar la división del día en 24 horas.

El nuevo tiempo ya no es divino y propio de Dios, sino que pasa a pertenecer al hombre que tiene el deber de administrarlo y utilizarlo con sabiduría. La utilización de sistemas de medición del tiempo fue fundamental para el desarrollo de las diversas actividades del tiempo a través de los relojes instalados en las torres de las iglesias y de los ayuntamientos.

La respuesta a los nuevos tiempos nos la da el reloj mecánico europeo; documentado en torno al 1300, que sustituirá a los anteriores sistemas.

El primer reloj mecánico, más antiguo que ha llegado hasta nuestros días es el de la catedral de Salisbury en Inglaterra, del año 1386. Durante los siglos XIV y XV aparecen relojes mecánicos en muchas ciudades de Alemania, Francia e Inglaterra. En Italia, fue Milán la primera en instalar en la torre del campanario el reloj mecánico.

Fue el rey Carlos V de Francia quien mandó colocar en la torre de la Cité de París el primer reloj público. Este reloj aún se conserva, al igual que el de Praga, uno de los más famosos de Europa. Se trata de un reloj astronómico, denominado “Orloj”, que fue realizado alrededor de 1486 por Nicholas de Kadan y Jan Sindel.

El hecho de tener este tipo de relojes provocó que naciera el nuevo oficio de RELOJERO que fue tan relevante en la ciudad de Colonia que disponía de su propio gremio.

En reloj de la Catedral de Cuenca se desconoce el momento de su colocación (sobre el siglo XVI) y el de su autor. Se tiene conocimiento de los relojeros que lo asistieron por los apuntes en el libro de fábrica de la Catedral. Es un reloj con calendario lunar, indicando gráficamente las fases de la Luna. El primer relojero que atiende el reloj data del año 1547 por lo que probablemente fuera por esas fechas cuando fue instalado en la Catedral.

Los relojeros que en ella se nombran son los siguientes:

Alonso Beltrán (el viejo) fue relojero de la catedral de 1547 a 1574, percibía por ello un salario de 3000 maravedíes y 18 fanegas de trigo al año.

En 1554 se le paga su salario de relojero de la catedral y a demás 50 ducados a cuenta del reloj que estaba haciendo (ACC, Libro de fábrica, 1548.1790, fols. 66v, 67c).

Francisco Beltrán obtiene el nombramiento de relojero a la muerte de Alonso Beltrán, en 1575 hasta 1613, con un salario de 3000 maravedíes y 18 fanegas de trigo al año. A partir de 1605 le aumentan el salario a 5000 maravedíes.

Francisco Beltrán era cerrajero, herrero y relojero, desde que en 1575 obtuvo el nombramiento su actividad en la catedral se centraba principalmente en el cuidado del reloj y en todo lo relacionado con las albores del hierro, también hay que destacar la fabricación de cohetes que desde 1585 se lanzaban en la fiesta del Corpus Chisti. A demás participó en la construcción del chapitel de la torre de las Campanas, cuya traza había realizado el arquitecto conquense Francisco de Mora, fallecido en 1613.

En 1609 se le pagan a Francisco Beltrán la cantidad de 3264 maravedíes por ocuparse de aderezar y hacer ciertas piezas que le faltaban al reloj.

En 1610 se hace efectiva la subida de su salario que años atrás los señores capitulares habían acordado. También se anota que recibe ayuda para reparar el reloj de un oficial de Pedro Arenas.

En 1613 se notifica el fallecimiento de Francisco Beltrán, recayendo el nombramiento en Pedro de Arenas. En ese mismo año de 1613 le sucede de relojero, Pedro de Arenas que cobraría un salario de 5000 maravedíes y 18 fanegas de trigo anuales.

Pedro de Arenas, además de la labor de relojero, ejecutó una serie de trabajos. En 1617 realiza unas lenguas para las campanas de la catedral que le obligan a viajar a Tragacete. En 1618 fabrica llaves para la puerta principal del claustro y las de una alacena que el entallador Juan del Villar había hecho para los libros (Mª Luz Rokiski Lázaro, “Las rejas de la catedral de Cuenca en la primera mitad del siglo XVII).

Pedro de Arenas cobra su último salario en 1644 al morir ese año.

Algunos personajes acaudalados del siglo XVI y gente de la aristocracia presumían de tener un reloj en su domicilio, aunque no dejaba de ser una rareza eran considerados más un juguete que un instrumento de precisión. Es un hecho que el pueblo del Renacimiento, a pesar de los avances técnicos en cuestiones de cálculo del tiempo, sigue rigiendo su vida diaria por las campanas, han de pasar algunos años más para contar su tiempo de forma natural.

Con relación a la torre de MANGANA que alberga el reloj de la ciudad de Cuenca, cuenta Cabeza de Vaca que emergía entre un abigarrado conjunto de casas, a partir del siglo XVI, una torre de piedra edificada con la exclusividad de situar en ella el reloj. En las crónicas de este siglo encontramos que el reloj era propiedad de Hernando de Montemayor, regidor de la ciudad, el cual cansado de soportar sobre su cabeza el constante ruido de la maquinaria, hizo construir la torre. La obra fue ejecutada por Juan Andrea Rodi, según demuestra Elena Lázaro en su artículo, cuyo título es “Historia del reloj de la ciudad”. Gracias a este hecho la ciudad de Cuenca tuvo su reloj público, que en la actualidad sigue manteniendo el nombre de Torre de Mangana.

Cuenca, 23 de julio de 2013

José María Rodríguez González





jueves, 18 de julio de 2013

Torre de Mangana. Latido de una ciudad

TORRE DE MANGANA. LATIDO DE UNA CIUDAD


Torre de mangana. Principios del siglo XX

La ciudad de Cuenca, una vez conquistada, no tardó en cambiar su aspecto urbano. Los musulmanes quedaron en su barriada. Los judíos se establecieron en la zona de Zapaterías. El resto de la ciudad fue ocupada por los cristianos.

Como en cualquier ciudad medieval, la vida del pueblo se desarrollaba alrededor se su Plaza Mayor y de la que partía un entramado de calles con sus casas, donde se ubicaban los talleres de artesanos y tiendas de mercaderes.

Las murallas fueron restauradas; poseían seis puertas y tres pórticos comunicándose por ellas con el exterior, en las noches seguían siendo cerradas para defender a la ciudad de posibles ataques inesperados.
La primera iglesia, levantada en el siglo XIII, que se construyo fue la de San Pantaleón, en la actual calle de San Pedro, sólo queda el arco de la puerta y algunos partes de la fachada, donde podemos encontrar algunos símbolos y elementos referentes a la Orden del Temple como un caballero alanceando a un dragón en el capitel derecho del arco de la portada.

En la misma época se construyeron las iglesias de San Miguel y la de San Juan en la parte del río Júcar. La iglesia de San Juan fue construida adosada a la muralla y cerca de ella se abría una de las puertas de la ciudad. Los musulmanes llamaban a ese acceso “Al Jara” (La esquina). Por esta puerta era costumbre que la cruzaran los rebaños que pastaban en las proximidades al río Júcar.

En la vertiente del río Huécar, nos encontramos con las iglesias de San Gil, que fue construida en el siglo XV y que a finales del XVIII el obispo Flórez de Osorio decidió hundirla al considerar su mal estado. Pegado a la iglesia existió un hospital y un colegio, llamado, de Santa Catalina. Fue una de las primeras iglesias conquenses.
Torre de Mangana. Siglo XVII

La iglesia de la Santa Cruz, se sabe que a mediados del siglo XVI, Juanes de Mendizábal el Viejo, inició la reforma del templo en el año 1568 y dos años después realizó el ábside y la sacristía.

Otra de las iglesias que hubo, fue la iglesia de San Martín, que da nombre al barrio. Era una iglesia de estilo románico. Quedan resto de la transformación que sufrió en el siglo XVI al estilo plateresco.

En el centro de la ciudad estaban las iglesias del Salvador y San Andrés. La iglesia de San Andrés fue construida en el siglo XVI y la del Salvador en el XVIII sobre una antigua parroquia del arrabal del mismo nombre, construida tras la conquista de Cuenca. De su exterior destaca la torre y la portada barroca.

Con relación a las habitantes de la ciudad hay que destacar las contiendas entre bandos nobiliarios entre las familias de Lope Vázquez de Acuña y la de Diego Hurtado de Mendoza. 
Entre los siglos XIV y XV, se configura la parte de extramuros de la ciudad, dando lugar a la aparición de los barrios de San Antón y el de los Tiradores.

Con todo esto el aspecto de la ciudad de Cuenca fue de una ciudad con muchas iglesias, una muralla que circunda la ciudad y un conjunto de casas que se van adosando a esas murallas. Con todo ello, Cuenca el siglo XVI, se convirtió en una ciudad pujante e industrial atribuido, sobre todo, a la producción textil y ganadera, con la transformación de la materia prima, aparecen los lavaderos, tintorerías y tejedores; todo esto da lugar a la producción de alfombras y al comercio de paños.

Es en este siglo XVI cuando sufre una transformación la torre de Mangana, convirtiéndola en el reloj de la ciudad. El 11 de julio de 1585 murió quien mandó construir la torre para el reloj de Mangana que fue D. Hernando de Montemayor. En un documentos sobre las sinagoga de Cuenca ubicada en el llamado barrio del Alcázar, puede comprobar que el reloj estaba situado, primeramente en la parte alta de una casa, que en el siglo XVI era propiedad de Hernando de Montemayor, regidor de la ciudad, el cual cansado de soportar sobre su cabeza el constante ruido de la máquina, hizo construir la torre. La obra fue ejecutada por Juan Andrea Rodi.

En 1531, el Ayuntamiento le encarga el cuidado del reloj, que estaba en el barrio del Alcázar, a Esteban Limosín. Este importante maestro, era francés de Lomoges. Tras una corta estancia en Sevilla y Burgos, se estableció en Cuenca en el año 1523. En 1527, contrajo matrimonio con Ana García de Torremocha. El Concejo de la ciudad le estableció un salario de ocho ducados al año por la conservación y cuidado del reloj de la ciudad. El Concejo, el 19 de diciembre decidió alquilarle la casa que Julián de Guadalajara tenía al lado de la torre, en la cual se instaló, siendo necesario pasar por ella, para acceder al reloj.

El 6 de febrero de 1532, el Ayuntamiento de Cuenca pagó cuatro ducados por la cruz y veleta de hierro con las que coronó la torre en la que estaba el reloj de la ciudad (AMC Actas del Concejo 1532 (leg. 244. fol. 33v). Otro dato importante sobre la torre nos la da el libro de Actas del Concejo de este mismo año, adjudicando al carpintero, Alonso de León, la obra del chapitel de la torre del reloj, según se estipula en las condiciones, tendría que ser hecha “a contentamiento” de Limosín (AMC leg. 1495, exp. 20).

Tres años más tardes en día 16 de octubre de 1534, los señores del Concejo acuerdan designar un nuevo relojero pues el que había, se supone que aluden a Esteban Limosín, “no sabía lo que hacía”, y para justificar su decisión recurren a la Providencia Real, según la cual el nombramiento de relojero sólo se podía tener durante un año. (AMC, Actas del Concejo, 1534 (leg. 245), fol.127).

El siguiente relojero que aparece en las Actas del Concejo de 1535, es Alonso Beltrán (El viejo) al que se le da un salario de 2000 maravedíes.


Mangana con cúpula de chapa

El 3 de marzo de 1575, Juan Alonso de Valdés, en nombre del Ayuntamiento de Cuenca, le comunica a Francisco Beltrán, que han acordado que su padre siga teniendo el nombramiento de relojero de la ciudad y por tanto que también continúe cobrando su salario pues “ha servido mucho tiempo y es muy viejo” aunque realmente quien se encargará de todo el trabajo, relativo al cuidado del reloj, será él.

El 8 de marzo de 1575, se informa a los Sres. del Concejo de la muerte de Alonso Beltrán y estos proceden a nombrar nuevo relojero a su hijo Francisco Beltrán, que cobrará 3000 maravedíes y 18 fanegas de trigo al año.

El 20 de octubre de 1589, los Sres. del Concejo fijan el salario del relojero de la ciudad en 20 ducados al año.

El arquitecto Juan Andrea Rodi realiza unas obras de mantenimiento en el siglo XVI y pasa inalterable hasta el siglo XVIII que con la caída de un rayo debe de ser de nuevo reparada encargándose de ello el
arquitecto Mateo López, reparando los importantes daños sufridos en la torre.

En el siglo XIX el Ayuntamiento decide cambiar el remate de la torre ya que en 1862, el chapitel se encontraba en muy mal estado.
Torre Mangana. Aspecto actual

Ya en el siglo XX el aspecto de la torre cambia notablemente con la reforma del arquitecto Fernando Alcántara, inclinándose a un estilo neo-mudéjar. Suprime el chapitel por completo y en su lugar realiza una pequeña construcción para albergar las campanas, de planta cuadrada que cubre con una pequeña cúpula. Las paredes fueron decoradas con motivos islámicos y las almenas escalonadas nos recuerdan a la mezquita de Córdoba.

En 1968 se robustece la torre, encargando el proyecto a Víctor Caballero, que le da un carácter fortificado y de arquitectura militar. Dotó a la construcción con un matacán y lo remató sin tejado.

La última remodelación que sufre la torre es en 1970. El proyecto pretendía dignificar la torre, al haberse convertido, en estos tiempo, en un monumento artístico y uno de los símbolos de la ciudad de Cuenca.

18 de julio de 2013

José María Rodríguez González